INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

CONVIVENCIA DE HERMANOS

 

Fernando Cabrera

 

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Continuando con relación a la familia, con relación a lo que nosotros somos como hijos de Dios como familia, y vamos a continuar con este tema. Tenemos el mismo Padre y estamos en su casa, entonces debemos comportarnos como hijos, y también comportarnos como hermanos. Pero a veces hay pequeños problemas que no nos permiten comportarnos de esa forma. Mira que dice:

 

Marcos 5:18-19 Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.

 

El contexto de esta cita habla acerca de Jesús cuando llegó a la ciudad de los gadarenos. Dice la escritura que entonces Jesús llegó y había ahí un hombre que estaba endemoniado, que daba gritos, que se golpeaba, que muchas veces lo ataban con cadenas y las mismas se las rompía.

 

Y entonces, daba gritos y la gente tenía temor de ese hombre. Pero dice la Biblia que cuando Jesús llegó a esa ciudad, este hombre al verlo se echó a correr a él, y los demonios a través de él gritaban y le decían: ¿qué tienes con nosotros Hijo del Dios Altísimo? No nos atormentes.

 

Y comenzaron estos demonios a pedirle a Jesús que los dejase salir de ese lugar para irse a donde estaban unos cerdos. Entonces el Señor Jesús les da esa autorización de salir de este hombre e irse hacia donde están esos cerdos. Y dice que entonces ellos se despeñaron. Ellos si se fueron como dice López Obrador: al despeñadero. Ellos sí se despeñaron, cayeron.


Entonces dice la Biblia que ese hombre entonces, recobró su estado natural. Había estado desnudo y dice la Biblia más adelante que este hombre después de que se vio bien fue con el Señor Jesús y le dijo que le permitiese estar con él. Al mismo tiempo las personas que habían visto a ese hombre pegar tantos gritos y estar endemoniado, fueron y corrieron y les comentaron lo que estaba sucediendo en ese lugar.

 

Entonces vinieron, vieron a ese hombre y dice la Escritura: Marcos 8:15 vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. Entonces le dijeron a Jesús, ¿sabes qué? Vete de este lugar.

 

Y entonces fue cuando Jesús sube  a la barca, y este hombre corre y le dice: Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.

 

¡Wow! A mí me impacta lo que Jesús hace. Me impacta porque en el mejor de los casos hoy en día si una persona en una condición como tal viene a Jesús, y el señor lo libera, empiezas a orar por él y el Señor lo libera y te dice: oye hermano yo quiero estar aquí en la congregación y servir, y yo quiero ser parte del pueblo y yo quiero hacer. Por lo regular le decimos: si hermano, ven sirve; si hermano ven ponte en este lugar.


Sin embargo, Jesús no le dijo eso, Jesús le dijo: vete a tu casa y vete a los tuyos, ¿por qué razón? Cuando yo vi este contexto yo dije: ¿por qué razón Señor lo envías a su casa? ¿Sabes? Este hombre endemoniado pasaba su vida en el panteón, en algunos lugares. Y ¿sabes? El tiempo que él estuvo endemoniado estuvo ausente de su casa. Su familia sufría, yo no sé si era casado, si era soltero, si vivía con mamá y papá, no lo sé. El punto es que la ausencia de este hombre en su casa se había hecho notoria.

 

Tú te puedes maginar cuántas veces la familia le vio y sufrió de verlo en la condición en la que estaba. Sin embargo, Jesús le dice: vuélvete a tu casa, diles que estás restaurado. Imagínate a una persona que estuvo viviendo en las drogas y que de repente allá entre las drogas estaba perdido, Jesús lo restaura, Jesús lo saca de las drogas.

 

La mamá afligida, la esposa afligida, los hijos afligidos, y de repente alguien entre por la puerta y es justamente el hombre que había estado drogado durante muchos años y ausente de su casa. Y de repente entra a casa y les dice: Jesús me salvó y ahora quiero pasar tiempo con ustedes.

 

No solamente endemoniado sino hasta loco este hombre, ¿cómo en un día puede ser transformado? Algo así yo escuché cuando llegué a la iglesia. Venía como ese endemoniado y yo entré a la iglesia y el Señor me libera. Cuando yo ese día bajé de la iglesia y fui a mi casa, llegué y le dije a mi esposa: dame la última oportunidad. Imagínate, le había pedido 5 oportunidades y en las 5 había yo fracasado. Y le dije: dame la última oportunidad, solo la última.

 

Y entonces mi esposa me dice: la verdad no, yo no creo en ti, no creo que un hombre pueda cambiar en un solo día. Si es bien cierto que uno debe de cambiar su estilo de vida, Dios nos da la salvación pero nosotros debemos esforzarnos por cambiar nuestro estilo de vida. Y yo le dije a mi esposa: tienes mucha razón en no confiar en mí, pero dame la última oportunidad.

 

Y el Señor Jesús le dice: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Ahora yo noto algo importante aquí. Yo noto que las personas que vieron a ese hombre endemoniado y de repente el Señor lo libera, comienzan a tener temor; y van y le dicen al Señor Jesús que se vaya de ese lugar.

 

Mira, no observaron el milagro que sucedió, para ellos era preferible estar escuchando un endemoniado pegando gritos, y amarrándolo y teniendo miedo, a tener a Jesús ahí liberando. Para ellos era mejor: vete, vete por favor. Oye, ¿pero no viste lo que Dios hizo? Si no importa, pero que se vaya. ¿No? Y a veces la familia te ve que eres transformado, ¡qué, te convertiste a cristiano, te prefiero borracho antes de volverte cristiano!

 

Y así pasa en la casa, ¡qué, cómo! Ya no andas con otras personas, ¿cómo es posible? Dice la esposa: yo te prefiero como eras antes aunque me engañabas, pero eso de volverte cristiano eso a mí no me gusta, ni creas que te siga! ¿Sabes? Eso no es broma, lo hemos escuchado mucho. Y a veces la familia prefiere que la persona o el familiar siga siendo el mismo de antes de convertirse a Jesús.

 

Y estos hombres le decían a Jesús: vete, vete, vete. Y entonces el endemoniado dice: o.k, se va él pero yo me quiero ir también con él. Yo quiero dejarlo todo y seguirlo a él. Y entonces Jesús le dice: No, no puedes seguirme, tienes que regresar; vete allá a los tuyos, ve y cuéntales las cosas que Dios ha hecho contigo.

 

¿Sabes? Cuando llegamos al Señor y recibimos la salvación,  sentimos un gran gozo, nos sentimos alegres, nos sentimos contentos, pero, recuerda esto: la transformación es un proceso. Imagínate cuántos años las personas vivimos de cierta manera, y luego llegamos aquí a la iglesia, recibimos la salvación, y pensamos que en ese momento ya todo cambio, en ese momento mi pensamiento cambió, ¡todo es un proceso!

 

¿Por qué te platico esto? Porque justamente cuando estaba preparando este tema acerca de por qué no sabemos convivir como iglesia y como hermanos amándonos los unos a los otros; y dentro de todo eso comienzan a haber juicios, rechazos y tantas cosas más. Hay una sola razón que n hemos aprendido a vivir con un pensamiento distinto.


Y muchas veces lo que vivimos en casa cada uno, venimos y lo introducimos aquí a la iglesia. Imagínate nada más en un matrimonio, el esposo vive de una manera con sus papás, y la esposa vive de otra amanera con sus papás; cuando los dos se juntan, válgame Dios qué problema tan grande hay. Porque es que mi mamá así no me guisaba. Pues lo siento, la mía sí guisaba así. Pero es que mi mamá no le ponía picante. Ah, lo siento, pero la mía sí, y mira hasta van de árbol. Y comienzan los estilos de vida ahí a crear problemas.

 

Entonces, cuando nosotros venimos a la iglesia y queremos convivir entre nosotros hay muchas cosas que no nos parecen de los otros. Es que no me gusta como el hermano dirige. No es que el hermano no me gusta como esto, no es que lo otro. Y empieza a haber problemas, y hay conflictos muy grandes.

 

A mí me llamó mucho la atención lo que el Señor dijo en la profecía, decía: cerrar ciclos. Dijo el señor: Cierra ciclos, no dejes ciclos abiertos. Hay situaciones que no se han podido cerrar, pero es importante que se cierren y que comencemos realmente una nueva vida. Me digo que soy cristiano pero no he cerrado mis ciclos, todavía sigo conectado con el mundo y quiero que haya cambios en mi vida.

 

Peor aún, quiero que los demás cambien aunque yo no cambie. Que los demás tengan cambios, aunque yo no. Que los demás vean en mí lo bueno, aunque lo malo lo oculto y lo tengo bien guardadito. Pero resulta que cuando se trata de convivencia, es lo primero que sale, aquello tenía guardado, aquello que me enoja, que me molesta.

 

El Señor también dijo: no eres lo que tú piensas de ti mismo. Mira, el señor conoce nuestro corazón y dijo: no eres lo que piensas que eres de ti mismo. Dice: te auto juzgas y te autocriticas, aleja tu corazón de fariseo.  ¿Sabes? Hace unos días platicaba con mi esposa y le decía que muchas veces cuando tenemos ciertos errores cada uno de nosotros, pensamos que los demás nos juzgan de la manera como nosotros mismos nos juzgamos y por eso ya no nos acercamos; y a veces hasta nos alejamos de los hermanos o nos alejamos de la iglesia.

 

El juicio hacia nosotros mismos es muy fuerte, de tal manera que pensamos que los demás piensan lo que yo pienso de mí. Y entonces, comienza a haber un problema muy fuerte. ¿Sabes? Es necesario que tengamos un cambio, que entremos a ese proceso. Dios nos limpia de nuestros pecados, pero está en cada uno de nosotros cambiar nuestra manera de ser en cada uno de nosotros.


Estamos en la congregación y todos de alguna manera estamos recibiendo una enseñanza, pero ¿por qué surge efecto en unos cuantos y en otros no? Yo recuerdo nada más a Jesús, Jesús escogió a 12 discípulos, y a los 12 les enseñó exactamente lo mismo. ¿Por qué entonces Judas le entregó, si les enseñó exactamente lo mismo? Hay una sola razón: porque el corazón de Judas estaba en el dinero.


Jesús vino y le dio palabra, Jesús le instruyó, Jesús le enseñó; pero el corazón de Judas estaba en el dinero. Entonces no estamos exentos de que estamos en una casa de Dios, en donde nos están enseñando a todos, y no falte alguno que tenga su corazón en otro lado. Jesús les enseñó exactamente lo mismo, pero no surgió el mismo efecto en todos, hubo uno el cual dijo: ah, yo estoy de acuerdo en algo, pero hay algo de lo que no, porque en mi corazón todavía había esa parte que no quería yo quitarme. Y era su corazón ahí en el dinero.

 

Judas vendió a Jesús, su corazón estaba en el dinero. Había sido escogido por Jesús. imagínate nada más es como si de repente viene una persona, y sin conocerlo tú le das una palabra de parte de Dios, él recibe esa palabra y después lo pones a servir a los hermanos; al rato va a haber un conflicto entre todos ellos. Necesitamos conocer a cada uno de nuestros hermanos, conocer sus debilidades y sus virtudes; y no para juzgarlo sino para ayudarlo a ser mejor.

 

Imagínate nada más que de repente llegara por acá el Chavo del Ocho, y recibe al Señor; y lo pones en el ministerio en el Congreso a entregar tortas de jamón, así nada más. Lo más seguro es que de menos se come una. Imagínate nada más que hay una persona que le guste el dinero y le gustaba robar; y de repente le dices: Mire hermano usted se va  a hacer cargo del alfolí. Lo más seguro es que le meta un pellizco, ¿me explico? Y al rato tenemos problemas de esa magnitud.

 

Yo estoy de acuerdo en que todos, todos queremos servir en la casa de Dios. Pero primero antes de servir necesitamos poner en paz nuestra vida en nuestra casa. Necesitamos estar en orden en nuestra casa; el mismo apóstol Pablo lo dijo, los requisitos para el diácono. Ahí comienzan los problemas, ahí hay conflictos en casa.

 

Y venimos aquí y convivimos y tenemos gran parte aquí de convivencia. Y el pastor siempre se ha esforzado por darnos siempre un tiempo y querer que compartamos y que convivamos unos con otros, siempre lo ha hecho así, porque quiere que convivamos como hermanos.

 

Pero, ¿qué pasa con nosotros, con nuestras costumbres, con nuestra forma de ser, lo que traemos de casa? Si bien es cierto hay problemas que en casa surgen porque seguimos al Señor, es cierto, pero hay otros que nosotros los provocamos, también es cierto. ¿Están de acuerdo? Debe haber cambios en nuestros corazones, debemos adaptarnos a un nuevo estilo de vida. Todos los que estamos aquí batallamos cada día con algo, y si no permitimos la ayuda de los que están aquí, de los pastores, de los líderes, nos llevará más tiempo y consecuencias el poder corregirlo.

 

Muchas veces aun vivir en casa con los hermanos consanguíneos resulta un problema, imagina con los que no son de tu casa. A veces aun entre los hermanos consanguíneos, con los que convives todo el tiempo hay problemas. Es que mi hermana, es que mi hermano y hay problemas ahí.

 

Ahora imagínate qué pasa cuando llegamos aquí a la iglesia y queremos convivir con los hermanos en la fe. Tal vez por ahí te encuentras a una hermana que se parece a la de tu casa. O hay un hermano que se parece al de tu casa; y si no puedes convivir con los de tu casa, es difícil que puedas convivir con los de la casa de Dios, con los hijos de Dios, con tus hermanos espirituales. Entonces hay un problema muy grande.

 

Génesis 4:1-8 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. 2Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. 3Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 5pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. 6Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? 7Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. 8Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

 

¡Qué tremendo! La misma enseñanza en casa Caín y Abel. Primero nace Caín y la mamá dice: wow, mira mi hijo Caín, por voluntad de Jehová yo he adquirido varón. Wow, el primer hijo, varón, el primogénito. Y después dice la Escritura: y después nació Abel. Y ya nos e menciona nada de la mujer que haya dicho: Ah, mira mi segundo varón. No. Nació también su hermano Abel, y Abel fue pastor de ovejas, punto. A veces los papás tenemos un conflicto ahí, ah mira mi mejor hijo, el primogénito. Y después: ah ya nació el otro, sí qué bueno, ¿no?

 

La ropa del primero se la pasas al segundo. Y luego en el segundo empieza a haber como ciertos rencores ¿no? Pero en este caso fue distinto, Abel dice la Escritura vino delante de dios. ¿Los dos conocían a Dios? Amén. Pero uno fue y le ofreció nada más lo que había producido la tierra, llegó y se lo presentó a Dios, así como cualquier cosa, ahí está ¿no?


Pero de repente Abel dijo: no, es para Dios, le voy a llevar lo mejor. Y le lleva lo mejor a Dios, y se lo presenta y le dice mira aquí está. Y entonces el Señor se agrada de Abel y de la ofrenda que él traía. ¡Wow! Primero se agradó Dios del corazón de Abel y después de la ofrenda. ¿Qué es lo primero que ve Dios? El corazón. Primero Dios ve tu corazón y después tu ofrenda, eso es real.


Entonces vino Abel y le presenta su ofrenda, y entonces Dios se agrada con Abel porque ve su corazón y ve su ofrenda. Pero dice: pero no miró bien el corazón y la ofrenda de Caín. Pero entonces Caín empieza a tener ese celo y le dice: ven chiquito, ven para acá, vamos a dar una vuelta. Y cuando está afuera pum, lo mata.

 

Imagínate si Caín estuviera aquí entre nosotros, y de repente llega Miguel (es que siempre estás a la derecha hermano), llega Miguel de repente y está alabando a Dios, y le entrega su corazón, y le entrega su ofrenda. Y el Señor ve a Miguel y ve su corazón y ve su ofrenda y dice: ¡Wow! Y se agrada.  Y de este lado está el otro hermano Caín y se le queda viendo, y de repente le dice: Miguel vamos al OXXO. Yo no voy, yo no saldría con él. Te invito un agua. ¿No?

 

Y nada más en dar un paso al rato por allá alguien dice: ¿qué pasó con el hermano Miguel? Se le fue encima el hermano Caín. ¿Y sabes? A veces esas situaciones pasan dentro de la iglesia. Tú no sabes lo que el hermano pasa durante todo un mes, o una semana, pero él viene delante de Dios y le entrega lo mejor. Pero hay alguien que en su corazón tiene enojo, tiene celo, tiene ira, y dice: ¿y por qué él? ¿Y por qué lo escogieron para ser líder de esto? ¿Y por qué aquello? Y su corazón está lleno de enojo.

 

¿Y sabes? Justamente ahí empieza un problema, y si ese hermano va y contamina el corazón de otro, y el otro de otro; ah sí ya sabes cómo se cree mucho. Tal vez físicamente no lo mate, pero con su lengua lo aniquiló. Porque entonces empieza a pasar esa murmuración con otro hermano y: ya lo viste como se cree mucho, y ya lo viste como ahora ya hasta el pastor lo llama, y ahora ya ves como hasta juntos toman un café, y ahora ya ves esto, y lo otro.

 

Y empieza una murmuración dentro de la congregación, y zaz, acabas con el Abel. ¿Cómo podemos convivir realmente dentro de la congregación sin que haya estos problemas? Atendiendo tu problema. Atendiendo el problema. Cada uno tiene un problema y necesitamos sentarnos y arreglar ese problema.

 

Necesitamos tener cambios en nuestro corazón, necesitamos cambiar nuestra manera de pensar, nuestra manera de vivir. Si bien es cierto tenemos un Padre que es Todopoderoso, si bien es cierto que por su sangre nos redimió y cuando le reconocimos como nuestro Señor y Salvador a Jesús; el Señor nos hizo hijos de él, y ahora somos sus hijos. Ahora como hijos de Dios también somos hermanos. Y como hermanos debemos aprender también a comportarnos.

 

Pero creo que todavía no nos han cambiado ese chip, creo que todavía no pensamos que somos hermanos. Y no nos tratamos muchas veces como hermanos. Necesitamos despojarnos de ese viejo hombre.

 

Efesios 4:22-32 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

 

Fíjate lo que dice aquí: primero nos invita y nos exhorta que nos despojemos de ese viejo hombre, que renovemos el espíritu de nuestra mente, y que nos vistamos del nuevo hombre. Y continúa diciendo:

 

 25Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. 26Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27ni deis lugar al diablo. 28El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. 29Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

 

Y mira como la renovación en el espíritu en nuestra mente debe de haber un cambio en nuestra mente. Venimos al Señor, dice: despojémonos de esas vestiduras, de las cosas pasadas, el Señor también dijo hace un momento: Las cosas viejas pasaron, encuentra tu identidad como mi hijo. No es tiempo de queja, si bien es cierto tenemos problemas o tuvimos problemas antes de conocer al Señor, pero hace 30 años que recibió alguien al Señor y a la fecha sigue recordando su vieja vida, que lo lastimaron, que le hicieron daño. Y no se pone a pensar que es una nueva criatura, que Dios lo restauró, que Dios lo sanó, que ya es una nueva criatura.


Hace 2 ó 3 años que llegaron al Señor, y gente que se sigue quejando exactamente de lo mismo. ¡Tienes que cambiar, tienes que tener una mente distinta! Y justamente aquí es donde dice el Señor: Tienes que cambiar y tiene que salir de ti toda esa amargura, todo ese enojo. No levanten su mano, pero ¿cuántos de aquí se enojan con gran facilidad?

 

¿Cuántos de aquí tienen ira en su corazón? No les pueden decir nada porque inmediatamente se prenden. Ah pero qué pasó. Oye, espérame, espérame. No pero qué… No, espérame. Y de repente: oye es que mira…. A ver, habla. Es que te traje un presente. Ah pues por ahí hubieras empezado. Y no dejan hablar, y gritos y gritos; y enojos. Y dice el Señor: Que salga de ti toda esa amargura, porque todo lo demás genera exactamente en esa amargura, ahí radica todo, hay amargura.

 

Algo no te salió bien, tuviste fracasos en tu vida, yo no sé qué carambas generó esa amargura, pero desarráigala porque a causa de esa amargura hay enojo, hay oirá, hay gritería. Y si hay gritería ya no coinciden mis pensamientos con mis palabras; mira lo que viene también como consecuencia: hay maledicencia y toda malicia. Entonces todo está en nuestra mente.

 

Dice el Señor. De una misma boca no puede brotar agua dulce y agua salada. No podemos estar aquí y decir: hermano Dios te bendiga, gloria a Dios, qué gusto me da verte, wow, qué padre, que bonito. Y llego a mi casa y decir: y tú qué traes, y pa, pu, ca, uf, uf. Dios nos guarde. Yo no espero que alguien sea un ejemplo para mí en la iglesia, yo no lo espero. Yo espero ser un ejemplo para alguien.

 

Y yo te exhorto que no busques que alguien sea un ejemplo para ti para convertirte o ser distinto; mejor atrévete a ser un ejemplo para los que estamos aquí, yo te reto a que lo hagas.  No es fácil, es fácil decir que alguien se equivoca, y es difícil aceptar que el que se equivoca aquí soy yo. Entonces antes de esperar que alguien haga algo por mí, yo debo hacer algo por él.


Si quiero que realmente las cosas cambien, debo primero cambiar yo, debo empezar por mí. Hay gente que quiere conquistar el mundo como Pinky y Cerebro; quieren conquistar la tierra, quieren conquistar las colonias, quieren conquistar otras multitudes, quieren conquistar todo pero no pueden conquistar a su mujer. No pueden conquistar a su esposo, a sus hijos; y quieren conquistar a otras mujeres. Ah yo me rio, yo me rio.


En nuestra casa es donde está el problema. Para aquellos que se quejan de que en la casa de Dios hay tantos problemas, pregunta cómo está la tuya, ahí es donde se generan problemas. Y cuando vayamos y nos pongamos en paz, verás que las cosas van a ser distintas, estaremos en paz en la casa de nuestro Padre.

 

Es aquí donde deben de haber cambios, despojarnos. Y dices: bueno, ¿y cómo puedo hacer para quitarme la amargura, el enojo, la ira, la gritería, la maledicencia, y toda malicia, cómo le puedo hacer? Bueno aquí lo dice la Biblia:

 

Versículo 32  Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

 

Antes, ¿qué significa? De que antes que yo grite, antes que me enoje, antes que vaya yo a decir algo; antes debo ser benigno. Que si me voy a poner al brinco, antes debo ser benigno, debo poner a trabajar mi cerebro. Antes debemos ser benignos unos con otros. ¿Con los de la iglesia? Sí, pero también con los de tu casa.

 

Misericordiosos, y es algo que debemos ejercer. Perdonándoos unos a otros, ¡wow!  Y dices, ¿cómo lo logro? Pensando en algo: así como Dios también me perdonó y nos perdonó en Cristo Jesús. Ahí está la respuesta. Entonces, ¿qué es lo que debo de pensar para quitar todo eso de mi corazón? Pensar que Jesús me salvó, pensar que soy una nueva criatura, pensar que si bien es cierto estoy en un proceso de cambio, sí pero esa no va a ser mi excusa ni me voy a justificar diciendo: es que estoy en un proceso hermano, entiéndame estoy en un proceso.

 

¡Llevas 30 años en el Evangelio, estás en un proceso! ¿Cuándo vas a cambiar? Estoy en un proceso. Es que ya le dije que me entienda, estoy en un proceso. Esa es una justificación barata, y más para los hombres que estamos aquí; los que estamos acá principalmente como varones tenemos esa gran responsabilidad, entonces debemos cambiar nosotros, asumir ese compromiso: cambio yo y va a cambiar mi entorno.

 

Dice  Efesios 4:25b Porque somos miembros los unos de los otros. Y dice en:

 

1 Corintios 12:25-28 Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.  26De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

27Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. 28Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.

 

Y mira lo que el Señor nos habla: todos somos miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia, todos. Y dice: si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él (con ese hermano), y si un miembro (hermano) recibe honra, todos los miembros  con él se gozan. Todos nos gozamos con ese hermano, porque al final al que están glorificando es a Dios. El mismo Dios que tenemos como Padre.

 

Y luego dice la Escritura que el Señor puso a unos profetas, a otros apóstoles, a otros maestros, ¿para qué los puso Dios, si Él es la cabeza? Para que a través de ellos nosotros seamos edificados, para que a través de ellos nosotros seamos enseñados y seamos consolados.

 

Por ejemplo, ¿qué pasa cuando a alguien lo golpeas? Entonces si el cuerpo se riera de él diría: ja, ja, ja, mira nada más. Pero el otro brazo, el derecho va y se cubre el izquierdo donde fue golpeado, jamás lo va a abandonar. Si tú te das cuenta las manos casi siempre son las primeras que salen en la defensa del cuerpo, no es la cabeza, no es el estómago, a veces los pies también reaccionan; pero siempre es para cubrir y para blindar el cuerpo.


Entonces, imagínate nada más si yo golpeo a Miguel y él no se cubre, entonces yo puedo seguir golpeando, golpeando, golpeando hasta que le genere yo un moretón y jamás se va a defender de mí. Pero por lo menos los pies se hacen a un lado y dicen: espérame tantito, ya estuvo bueno. ¿Por qué los pies si yo no estoy pegando a los pies, yo le estoy pegando en el brazo, por qué los pies se están haciendo a un lado? Porque si yo golpeo aquí el pie se hace a un lado, porque si aviento una patada, él se hace a un lado.

 

 Aunque no estoy golpeando los pies, por qué justamente el brazo no es el que se defiende. ¿Sabes qué lo lleva a moverse a ese cuerpo? Es su mente, el impacto que recibe su mente, lo recibe y se va. ¿Sabes? Jesús es la cabeza, y cuando tú golpeas el cuerpo la cabeza se duele. Y cuando tú hablas de un hermano, Jesús sufre. Entonces Jesús es el que está diciendo: no me golpees más, yo ya recibí los azotes necesarios para salvar la iglesia. ¿Por qué sigues golpeándome?

 

Pero ¿sabes? Somos miembros del mismo cuerpo, y cuando amamos la iglesia, cuando amamos a Jesús y vemos padecer a un hermano, no podemos alegrarnos; tenemos que ir y abrazarlo y decirle: ¿cómo estás? Y tal vez se pasó una noche en el hospital, y llevarle algo, es visitarlo. Que murió el esposo, es ver a la viuda, preguntar por los huérfanos; eso es el saber convivir en la iglesia.

 

No se trata de un domingo aquí ni de compartir la comida aquí abajo que guisan delicioso; no se trata solamente de ese tiempo, se trata del lunes, del martes, del miércoles, del jueves, del viernes yd el sábado. ¿Cuántos saben cuántos comieron entre semana? ¿Todos comieron? ¿Qué creen? Hubo algunos que no y son de la congregación, ¿cuántos supieron eso? Pero nos sentamos a la mesa y nos alegramos con lo que tenemos.

 

Justamente es ahí, por nuestro corazón egoísta. Porque si el señor puso apóstoles, puso pastores, puso líderes; cuántos ven que están aquí que están en ese liderazgo y no se acercan para decirle; hermano traigo amargura en mi corazón. Y no dejamos que sane nuestro corazón. Déjame orar por ti. ¿Sabes? Si Dios puso en esta congregación y en su iglesia: pastores, líderes, profetas, ¿sabes por qué los puso? Porque te ama, porque desea tu bien, por eso puso gente a tu servicio.

 

Y los que estamos en el liderazgo, hermano, somos tus servidores, estamos para servirte a ti. Ve qué privilegio tienes. Dios te ama tanto que te puso un pastor para estar velando por ti, para cuidarte. Ve cuánto te ama el Señor, que te puso a un líder o a una líder para preocuparse y orar por ti. ¿Y luego qué pasa? Luego nos escondemos, nuestra soberbia luego nos lleva a decir: no tengo nada. ¿Qué ves aquí? Una ese. Pues claro soy Supermán, soy súper héroe, no tengo nada. Oye, pero veo que llegas a la iglesia y te vas y ya no convives con nadie. ¿Y eso qué? Lo que pasa es que no me gusta tener problemas con nadie.

 

No es eso, tu corazón está tan lastimado que huyes, que no quieres que toquen la herida, que no quieres que nadie te sane y eso se llama soberbia. Eso se llama decirle a Dios: Señor no quiero tu sacrificio, aunque me estoy doliendo no lo quiero. Tú los pusiste porque quisiste, pero yo soy autosuficiente para sanarme y para estar bien. Y a veces no permitimos la ayuda. ¿Cuántos corazones lastimados hay hoy en día? Yo te puedo decir muchos.  Somos el cuerpo de Cristo.


El Señor dice en su Palabra: Si tu ojo te es ocasión de caer, échalo de ti. Si tu brazo te es ocasión de caer, échalo de ti. Si tu pierna te es ocasión de caer, échala de ti. Pues es mejor que se pierda un miembro y no todo el cuerpo. Y ojo con esto, cuando el Señor se refiere a esta Escritura estaba hablando acerca de cuando uno miraba a una persona para codiciarla en su corazón, ya había pecado en su corazón de fornicación.

 

Y decía: así es que si alguno de tus miembros te hace pecar, quítalo porque es mejor entrar al reino de los cielos sin un ojo, sin una pierna, sin un brazo, a que se pierda todo el cuerpo. Ahora si lo llevamos al cuerpo del señor, dice: si un miembro te es ocasión de caer, dice: quítalo de ti; pues es mejor quitarte ese miembro a que toda la iglesia se pierda.

 

OJO, no estamos corriendo a nadie, hablo por aquellos por los que tú ves que tienen un problema y te acercas y le dices. Hermano quiero ayudarte, hermano quiero ayudarte. Y ese miembro sigue y dice: no quiero, no quiero. No quiero. No significa que lo corras, significa que lo dejes porque el Señor tratará con él.


La Biblia dice que Él fue por la oveja y la trajo, no se fueron todas corriendo por él. A veces la oveja quiere que toda la iglesia vaya y: hermano ¿cómo estás, cómo estás? Dios te bendiga. Y ese miembro dice: ah, no vino toda la iglesia, faltaron como tres, vinieron muchos pero no vinieron todos; y por eso ya ni me paro en la iglesia. Perdón, es el Señor el que va por él; tú ministras, tú hablas, tú ves para el crecimiento de la persona. Si no quiere, entonces tendrá en traro el Señor con él de manera específica, punto.

 

No significa que lo estoy desarraigando de mi corazón, ni lo estoy sacando ni lo estoy corriendo. Significa que no me voy a enganchar con él, porque después empiezo a tener problemas. Me engancho tanto con él que le digo: ay qué crees, he estado orando por el hermano y fíjate que el hermano no cambia. ¿Cómo? A mí se me hace que ha de andar esto, y esto. ¿Qué, de qué hablan? ¨Pues fíjate que el hermano tal esto y esto.

 

Entonces la iglesia se pone en riesgo y ese es el cuerpo de Cristo. Está bien hermano, no quiere está bien, tómese su tiempo, el que usted quiera. Pero si le digo: Dios no fue a la cruz para perderlo a usted, a usted lo ganó con su amor, con su misericordia, con su sangre; de que regresa, regresa. ¿Cómo? No le digo, pero aquí estamos para consolarlo. Así venga usted manco, tuerto, cojo, no sé como venga, pero aquí nosotros lo apapachamos.

 

Pero es que ¿sabes? A veces la iglesia pierde justamente esta visión: saber convivir, saber relacionarnos, saber amarnos. Nos olvidamos de ello, es mejor y piénsalo bien: es mejor que toda la iglesia se salve, y no por causa de alguien la iglesia se ponga en riesgo. Para aquellos que murmuran, para aquellos que causan división, jamás atenten contra la iglesia, jamás atenten contra el cuerpo de Cristo. ¿Tienen algo? Vayan y pónganse a cuentas, pero es mejor eso que estar murmurando del hermano o de la hermana, vayan y pónganse a cuentas.

 

Dos principios para vivir como hermanos, dos principios que vamos a poner en práctica. Dos principios que nos van a llevar a una verdadera convivencia en la  congregación: Amor y misericordia. Todos se pusieron una propuesta, un objetivo, cambios para este nuevo año, que sucede todos los años; pero todos tienen así como wow este es un año nuevo y yo voy a hacer tantas cosas nuevas.

 

Pero hagamos algo juntos: aprendamos a vivir como una iglesia unida con estos dos principios. La iglesia tiene un crecimiento, si verdaderamente queremos ver un crecimiento en la iglesia, el Señor dice así: todos estaban unánimes juntos, compartían el pan en las casas, todos eran de un mismo sentir, todos se alegraban, vivían con sencillez de corazón, amándose los unos a los otros.

 

Y fíjate lo que agrega el Señor, dice: y el Señor se encargaba de añadir a la iglesia los que habrían de ser salvos. Amén. ¿Quién creen que va a añadir todo este tiempo a la iglesia? El Señor. Pero hay una condición: que ustedes y yo aprendamos a vivir con alegría, con amor, de sencillez de corazón, amándonos los unos a los otros, perdonándonos los unos a los otros. Y el Señor estará viendo que en esta iglesia la gente es bien recibida, que en esta iglesia se ama; y el Señor estará añadiendo a la iglesia a aquellos que han de ser salvos.

 

Cuando tú tienes un hijo y vas a salir de viaje ¿con quién dejas ese hijo? ¿Con un desconocido, con tus familiares o con alguien de toda tu confianza que le va a dar  mucho amor y lo va a cuidar y lo va a proteger, con quién? Con el que lo va a amar y lo va a cuidar.  Y mira que también te ´puse a tu familia, aunque no siempre sucede lo mismo. Dejas al niño y te dicen: llévate a tu chamaco, mira nada más. Está bien.


¿Pero es con un amigo, con un familiar o con alguien que lo ama y lo quiere mucho? Está bien, entonces el Señor cuando ve que alguien es salvo siempre lo va a llevar a la iglesia en donde el principio en esa iglesia sea de amor, de misericordia. Con esos dos principios vamos a trabajar todo este año.

 

Marcos 12:29-30 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.  30Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

 

Vamos a trabajar en estos principios, son dos principios: amor y misericordia. En el primero cuando habla del amor dice: Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Está hablando de manera personal, nuestro primer reto es aprender, esforzarnos, experimentarlo, buscarlo, ese amor a Dios. Es meterte con Él y decirle: quiero amarte de la manera que tú me has amado. Quiero darlo todo por ti.

 

Primero comencemos por eso, por mi relación con Él, aprender a amarlo. Y aquí dice: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, aunque tu mente se oponga, tienes que obligarla y llevarla justamente a eso porque Él nos amó primero.

 

Marcos 12:31   Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

 

Amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¿Cómo a mí mismo? Así como tú te amas debes amar a los demás. Ahora, pregúntate ¿por qué no puedo amar a los demás? Porque no te puedes amar a ti mismo. A veces hay problemas con tu auto estima, a veces hay problema con la forma de amarte, o inclusive con el concepto de amor; no me puedo amar lo suficientemente yo, no puedo amar a mi hermano.


Si no puedo amar lo que es visible, tampoco puedo amar lo que es invisible. Pero si puedo amar lo que es invisible, voy a poder amar lo que es visible. Entonces empecemos por amor. Dice el Señor en
Juan 13:34-35 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

 

Y el Señor se antepone, este nuevo mandamiento les doy, que se amen como yo los amo a ustedes, que se amen los unos a los otros. Entonces ahí comienza, en el amor. Y ahora la misericordia.

 

Proverbios 3:3-4 Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; 4Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres.

 

Nunca dice la Escritura, se aparte de ti la misericordia. La misericordia de Dios para nosotros ha sido muy grande. El haber dado su vida por nosotros, Jesús haber dado su vida por nosotros por amor y por misericordia. Esto que ustedes ven aquí en el entorno, todo esto, cada uno de ustedes forma parte del cuerpo de Cristo. Algunos les ha tocado hacer alguna labor, alguna actividad, algo, fueron llamados par aun ministerio pero todos somos tan importantes para Él.

 

Todos tenemos una función específica, hay a quienes les toca enseñar, pero hay también a quienes les toca escuchar. Hay a quien le toca defender, hay a quien le toca estar en la retaguardia cuidando a los demás, yo no lo sé; pero todos somos tan importantes para Dios. Aquí Dios no le da un nivel de amor de acuerdo al ministerio que ejerza cada uno; si el Señor dice que Él no desprecia el corazón contrito y humillado, que de lo vil y despreciado escogió Dios; Dios nos ama a todos con la misma intensidad de amor, no se dio por partes por cada uno de nosotros.

 

Se dio en una totalidad, en una plenitud, absolutamente todo por nosotros. Antes de que tú y yo nos conociéramos, y ahora en Él somos un cuerpo. Pero tan importante eres tú como tan importante soy yo, como tan importante es la persona a la que le vas a compartir. Pero, todos formamos un solo cuerpo. Agarra cualquiera de tus dedos y trata de hacerlo hacia atrás, a ver si no te duele, puede ser que hasta lo fractures; y a veces oprimimos tanto al hermano, a veces le hacemos tanto daño al hermano, a veces no queremos convivir en la congregación que estamos, que estamos haciendo esto.

 

Hay hermanos que están lastimados, todos somos un cuerpo; y te ama tanto Dios que ha puesto a tu lado gente, personas que son valiosas. ¿Cuántas veces los hermanos han orado por su líder, de decirle: hermano déjame orar por ti, por usted? ¿Sabes la carga que lleva un líder? Le preocupa muchísimo, y a veces son tantos los casos que llegan a tener los hermanos, que a veces no les da tiempo de atenderlos a todos como se merecen.


Todos se merecen el mejor trato y el mejor tiempo. A veces son tantos los casos que dices, ¿qué hago? ¿Voy a ver al hermano o a la hermana que está a punto de morir? ¿O voy a ver al hermano que se está separando de su esposa? No sé qué hacer.  Y casi siempre te vas por la vida; pero así como esos casos muchos hermanos yo veo que corren de un lado para otro tratando de atenderá los miembros de la iglesia.

 

Pero yo quiero que hagamos algo toda la iglesia, me encantaría que todos los que estamos  aquí hemos recibido el favor de Dios, y ha habido días sin comer, noches sin dormir, sus fuerzas, su cansancio y aun con su cuerpo enfermo muchas veces han estado al pie por nosotros; y son del cuerpo de Cristo.

 

Y yo quisiera clamar al Señor para que haya una bendición sobre tu vida. El Señor dijo que era un año de gran bendición, y mira qué dijo el Señor, dijo así: cuando Abraham, le dijo: de cierto te bendeciré con bendiciones, al que te bendijere, yo le bendeciré; al que te maldijere, yo le maldeciré. Entonces  todo aquel que bendice a un hijo de Dios, Dios le bendice a él. Queremos bendición en la iglesia, queremos bendecir a nuestros pastores, ellos han cargado muchos años, y son el cuerpo de Cristo, y ahí comenzó esta maravillosa visión y misión. 

 

En tus oraciones personales también amado hermano ora y bendice a tus pastores. Honra a tus pastores, a nuestros pastores, ellos también son parte del cuerpo de Cristo. Pastores estamos agradecidos, muchas gracias, la congregación en general creo que tenemos no una, sino muchas cosas que agradecer, bendigamos y honremos a nuestros pastores porque hay una bendición sobre ustedes. Y sabemos que todos nuestros hermanos también van a ser bendecidos.

 

Empieza a declarar bendición, desata bendiciones sobre su vida. Nuestros pastores han pasado a veces por enfermedad, empieza a orar por ellos por su salud, por su economía, por su fortaleza. Señor gracias por los pastores que nos has dado, muchas gracias por la vida que tú nos has dado y porque nos alcanzaste, y porque has puesto a este matrimonio ejemplar, porque nos han bendecido con su amor. Porque se han dedicado muchos días y muchas noches a prepararnos, y hoy estamos aquí porque en ellos tú te agradaste.


Señor te damos gracias y los bendecimos. Padre la iglesia está declarando bendición sobre ellos. Bendecimos su vida, los bendecimos con salud, con su economía, con sabiduría, con sus fuerzas, los honramos y le damos gracias a Dios por sus vidas. Le damos gracias a Dios porque ustedes aceptaron este compromiso, que muchas veces les ha quitado el sueño, pero que han sido valientes para estar de pie.

 

Que los años que vengan, sean años de sobreabundante bendición en todas las áreas de sus vidas. Que en el nombre de Jesús sea levantada y cumplida la promesa: “Ahora me levantaré, dice el Señor, ahora seré exaltado”. Amado Señor gracias por la vida de ellos, perdónanos porque muchas veces los hemos juzgado, los hemos criticado, nos hemos enojado y muchas veces aun hasta hemos acortado nuestra mano para bendecirlos.


Pero hoy Señor queremos nuevamente levantarlos para bendecirlos. Que la carga que ellos están llevando les sea quitada y sea compartida por cada uno de los miembros, gracias por tu amor y misericordia en el nombre de Jesús.

 

Vamos a orar también por nuestros líderes, y bendecirlos también. A todos y cada uno de ustedes Dios les dio un llamado, y Dios nos ha preparado, y todavía faltan muchas cosas por hacer, todavía hay muchas cosas por luchar. Dios nos dio la maravillosa bendición de al igual que con nuestros pastores, somos llamados para defender a la iglesia, para amar la iglesia de Dios, para cuidarla, para bendecirla.


Hoy la iglesia también quiere bendecirlos. Comiencen a declarar bendición por los líderes, por el cuero ministerial, gracias por la bendición de cada uno de ellos, gracias por los ministros de alabanza, gracias por los líderes de varones, mujeres, jóvenes, gracias por todos de alguna manera forman parte de este equipo ministerial. Señor derrama tu bendición sobre ellos, que aumente su amor, su capacidad, su sabiduría, su pasión por tu iglesia.

 

Dales fuerzas, salud en su cuerpo, y que puedan seguir hacia adelante, porque toda la iglesia es edificada por ti, pero a través de estos hermanos tú estás haciendo cosas poderosas. Gracias amado Dios por tu amor y misericordia que siempre manifiestas a tus hijos, a tu iglesia, y gracias porque seguirás añadiendo a los que han de ser salvos a esta iglesia.

 

Y porque sabemos que los amaremos como tú nos has amado. Que tengamos una convivencia, una comunión los unos con los otros, s los unos a los otros; y  si alguien tuvo alguna diferencia con alguien más, nos pongamos a cuentas y Padre, que nos perdonemos unos a otros como tú nos has perdonado.


Señor te damos gracias por tu palabra, te damos gracias por compartir este tiempo con nosotros y te pedimos perdón porque a veces en nuestras equivocaciones nos hemos lastimado. Que estemos en paz los unos con los otros, y que mostremos de tu amor y misericordia con nuestros hermanos. En el nombre de Jesús, amén.  

 

Dios los bendiga.

 

 

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