INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EL AMOR DE DIOS

 

Rebeca Hefzi-Ba Cano

 

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Todos tenemos una concepción de lo que es el amor, ya sea por lo que hayamos visto, vivido, experimentado; sea bueno o sea malo. Tengo una gata que se llama Campanita, creo que ya te había platicado de mi gata. Mi gata desde que estaba chiquita es muy rara, mi gata es rara. Y como todos los animales, ellos también piden de nosotros o demandan de nosotros afecto y cariño, y mi gata no es la acepción.

 

Pero los felinos, o los gatos en este caso, tienen una característica en especial: son muy independientes. Cuando quieren algo ahí están contigo molestándote, pero cuando no, no importa si tú quieres estar con ellos, si ellos no quieren pues no quieren,  no los molestes. Entonces mi gata desde que estaba chiquita, cuando pedía amor, si tú estabas sentado se te quedaba viendo fijamente. Si te parabas, en ese momento la gata corría delante de ti a tus pies y se echaba. Y tanto era así que si no te fijabas te andabas tropezando, porque se aparecía y se te atravesaba de la nada.


Entonces para mi gata esa era la manera de pedir, de exigir amor, acaríciame, dame amor, necesito atención y afecto. Entonces, yo me agachaba para acariciar su lomo, o le hacía piojito. Pero después de cinco segundos, ¿qué pasaba? Mi gatita me tiraba la mordida. Entonces yo decía: bueno esta gata quiere amor y me muerde, entonces me paraba y empezaba a caminar nuevamente, ¿y qué pasaba? Nuevamente mi gata se me adelantaba y se volvía a tirar al suelo enfrente de mí. Otra vez pedía amor.


Entonces yo me agachaba para acariciarla, y acariciaba su lomo o le hacía piojito, ¿pero qué crees? Que unos segundos después volvía a hacer lo mismo que la primera vez, te muerde, te araña. Es algo muy curioso ¿no? Porque te está pidiendo amor, pero resulta que la acaricias y te muerde. Y resulta que si me paro me empieza a morder las pantorrillas exigiéndome que la acaricie.


Esto es algo muy contradictorio, ¿pero qué creen? Encontré algo: que si en vez de acariciarla suavemente y amarla, si yo le doy de golpes, le gusta. Entonces ¿qué hay que hacer? Pegarle, literal, pegarle a la gatita, en serio. Entonces entre más fuerte le pegues a la gata, luego le doy sus nalgadas pero a la gata le gusta, le gusta sentir esa agresión, esa agresividad, le gustan los golpes. Suena raro, pero cuando yo le quise mostrar algo, cuando yo le quise mostrar un amor suave, un amor limpio, un amor delicado, me mordió y me arañó. Pero cuando yo la golpee más fuerte, duro, ahí está, ahí se queda.

 

¿Saben qué hermanos? Eso es lo que hacemos con Dios. Cuando Dios quiere mostrarnos su amor, cuando viene y nos quiere enseñar lo que es el verdadero amor, lo arañamos, lo mordemos, no nos gusta que nos trate lindo. Preferimos que nos peguen, preferimos que nos hieran, preferimos las malas palabras así como mi gatita.

 

Y mira, estamos tan mal acostumbrados a lo que conocemos como amor, que cuando le estamos conociendo a Él, o cuando le conocemos, cuando Él nos muestra el verdadero significado de lo que es amor; nada más y no queremos, le ponemos barreras, ¿por qué? Porque estamos heridos, porque estamos lastimados, porque tenemos barreras en nuestro interior. Y hoy, Dios quiere tratar con las barreras en tu vida.

 

Juan 4:5  Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

 

Quiero darte dos significados, la ciudad de Samaria, significa: vivir con un cerco alrededor. También Samaria significa un lugar como un atalaya. Un atalaya es aquel que vigila, es aquel que mira al mundo para ver qué hay afuera, para ver cómo me va a afectar, cómo va a afectar a mi ser, cómo me va a afectar a mí personalmente. Si lo que viene de afuera me va a penetrar, si me va a lastimar o no.


Ahora, Sicar tiene que ver con una bebida intoxicante. Es como la embriaguez, como la borrachera. Y cuando estoy dentro de mi cerco es como aquel que está embriagado, tienes un sentimiento de sopor, de mareo y de un letargo. Te sientes lento, todo lento, pierdes la realidad, el sentido de la realidad y el sentido de la perspectiva. Pierdes la capacidad de identificación con las cosas, con la realidad. Sigamos leyendo:

 

Juan 4:6-26 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. 7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. 10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. 11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 

 

13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. 16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. 17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con  verdad.

 

19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

 

Estos versículos no solo hablan de adoración. Casi siempre la gente que habla de adoración habla estos versículos y este capítulo como referencia. Pero el día de hoy te voy a enseñar seis barreras que Jesús tuvo que romper con la mujer samaritana. Este capítulo va más allá de lo que podemos leer.

 

Juan 4:7-9 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.

 

1.- Barrera del Prejuicio.

 

¡Cómo un judío podía estarle hablando a una samaritana, y más cómo le podía estar pidiendo agua! Recordemos que los judíos y los samaritanos no se llevaban bien, no se llevan bien. Porque los samaritanos son una raza mixta, no son una raza pura, no son judíos; y por eso son así como de fuchi, así de no, tú eres samaritano no me hables, yo soy judío no te hablo. Así que esta mujer ya tenía un juicio anticipado sobre Jesús.


Ahora, te voy a dar un ejemplo, aquí en la iglesia conocemos al Pastor, el Pastor sabemos que es un hombre amoroso, sabio, un hombre que se sienta y te escucha, un hombre que te da consejo. Un hombre que si tú le pides ayuda te la va a dar. Pero, ¿qué crees? En mi caso es un poco diferente porque es mi papá, y con mis amigos la situación cambia. Cada vez que yo llevo o que llevé a algún amigo a mi casa, ven a mi papá; pero mi papá se ve con cara de pocos amigos.


Entonces mis amigos entraban y les presentaba a mi papá, y decían: -señor, buenas tardes. Y mi papá: buenas tardes. -Papá, voy a esto o lo otro. -Sí está bien. -Hasta luego señor. -Adiós que te vaya bien. Y mis amigos me decían: Oye no inventes, es que tu papá se ve bien rudo, tiene cara de matón. Y mi papá es un osito, y es para mí. Y ellos: no, cómo crees, en serio tu papá si se ve bien serio, bien rudo, que sí te golpea. Bueno si me haces algo obviamente me va a defender.

 

Le digo: pero ¿sabes qué? Ellos estaban teniendo un juicio anticipado sin haberlo conocido. Sin haberlo tratado, sin haberle hablado. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Que eso mismo que te estoy diciendo con mi papá, es lo que sucede aquí en la iglesia; tenemos prejuicios de los hermanos, tenemos prejuicios de la gente. No es que no le hablo al hermano porque se ve bien payasito eh, acá se ve bien sobre espiritualizado. Oye, ¿y no le hablas a tal hermano? No, es que ese hermano si se ve acá con problemas, si se ve que te va a decir cosas feas.


Y entonces nos creamos prejuicios y cosas e ideas anticipadas, sin antes haberle hablado a la gente. Y creamos una barrera de prejuicio; entonces cuando Jesús está con la mujer ¿qué es lo que le responde Jesús?

 

Juan 4:10  Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

 

En otras palabras: si supieras lo que Dios te puede dar y conocieras al que te está pidiendo agua, contestó Jesús: tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua. Ahora, ¿qué pasa con el amor? Cuando tenemos una mala experiencia en el amor, ¿qué sucede? Tenemos un prejuicio cuando vamos a tener una relación con otra persona. Como ya nos lastimaron, entonces creemos que la persona con la que vamos a estar, o con la que vamos a interactuar o a la que vamos a conocer; nos va hacer lo mismo.


Y eso mismo pasa con Dios, como ya tenemos una idea de lo que es amor, porque muchas veces nos maltratan, porque muchas veces nos hieren; porque la gente no sabe amar como Dios ama. Cuando empezamos a tratar a Dios así como que nos acercamos pero inmediatamente nos retiramos de Él. Queremos pero no queremos porque creemos que Dios nos va a hacer lo mismo. Y tenemos una idea de lo que Dios es.

 

Queremos que nos peguen, o que nos hieran, que nos hablen mal porque no sabemos el verdadero significado del amor. Pero Dios quiere romper con tus prejuicios, Dios quiere romper con todo lo que tú has pensado y has creído durante todos estos años, o durante todo este tiempo que es amor. Quiere romper con tus ideas preconcebidas de lo que es el amor.

 

Y por eso Jesús dice que si supiéramos lo que Dios puede darnos, entonces estaríamos pidiendo más. Pero a veces no lo dejamos, porque tenemos aquí en la mente esta barrera del prejuicio, y estamos atorados. Si realmente le dejáramos amarnos, entonces le estaríamos diciendo: Señor dame más, Señor quiero más de tu amor. Porque el amor de Dios es diferente.

 

Juan 4:11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

 

2.- Barrera de la carnalidad.

 

¿Qué crees? Que somos superficiales, solo vemos lo que está afuera, lo que vemos a simple vista. Y a parte, hasta a veces somos sarcásticos. Señor, ¿tú vas a transformar la vida de ese hombre? Ay Padre, ¿qué no  lo ves? Es un ratero, es un mentiroso, es un fraudulento. Mira al hermano Señor, es un chismosito, es un payaso, no puede seguir los mismos caminos.

 

¿Tú, tú vas a cambiarlo? Señor, yo creo que tu amor, como que sí Dios es amor, sí; pero como que no tiene el poder, como que no puedes. Yo creo que pues solamente la vida y el tiempo dirán con esta persona a ver si tiene remedio, porque no creo que tú puedas hacerlo.

 

Juan 4:12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 

 

3.- Barrera de orgullo.

 

A veces no creemos que el amor de Dios sea lo suficiente, ni que Dios es suficientemente grande. Vemos lo que queremos ver. Creemos lo que queremos creer. Nuestras opiniones son más altas y de más estima. Es así de: no, lo que yo digo es lo que importa, no lo que Dios diga, no. Ahora que estuve en Dallas, conocí a un hermano que bueno allá como que suele darse la gente que se siente muy espiritual. Y conocí a este hermano que se sentía el regalo de Dios sobre la tierra. Y yo decía: Dios mío.


Se sentía tan superior a todos los demás, porque claro que tenía conocimiento de la Biblia, claro que tenía experiencias; pero él mismo se ponía en un concepto mayor de lo que era. Y no importa si tú tenías razón, no importaba inclusive si le demostrabas las cosas con base en la Biblia, él siempre tenía que tener la razón, él siempre sabía más que tú. Y no importaba lo que le mostrabas, te lo refutaba con otra cosa. No, es que tú estás entendiendo mal, no, no, no, es que yo, o sea dios, la sabiduría acá de lo alto, yo soy el regalo.

 

¿Y sabes qué? Eso le hacemos a Dios, así le hacemos. Cuando el Señor nos dice algo, o sea, ya sé que es Dios pero no creo que sepas. ¿Te ha pasado? Cuando Dios te dice algo y tú le dices: ay no inventes, no que lo supieras todo. ¡De verdad, suena muy ridículo pero es lo que hacemos! Ay no que lo supieras todo, ni que supieras lo que va a pasar, ni que conocieras mi corazón.


Y entonces aquí la mujer samaritana estaba presentando tres barreras: 1.- Prejuicio. Y Jesús la rompe al hablarle. 2.- La carnalidad. 3.- El orgullo. ¿Y qué le dice Jesús?

 

Juan 4:13-14 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

 

En ese momento Jesús rompe con esas dos barreras, porque el amor, el amor siempre va a ser amable. Jesús siempre va a ser amable a pesar de que lo ofendas, a pesar de que lo golpes, a pesar de que lo ataquemos, a pesar de que seamos sarcásticos, a pesar de que seamos burlones y a pesar de que tengamos una idea errónea de él, él siempre va a ser amable.


Pero no obstante Jesús quería romper con todas sus barreras. Y ya que había roto la barrera del orgullo, dice:

 

Juan 4:15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

 

4.- Barrera del egoísmo.

 

La mujer no quería compartir de lo que Jesús le iba a dar, ella solamente quería que ella fuera saciada. ¿Alguna vez te han regalado algo, un chocolate, dulces, comida, y has dicho: no le voy a dar a nadie, es mío? Pues fíjense que a mí me pasa algo así con la ensalada de manzana de mi abuela; cuando mi abuela hace ensalada de manzana soy muy egoísta y no le quiero dar a nadie, pregúntenle a mi familia.

 

Llegan y me preguntan, oye ¿viste la ensalada? No, quién sabe, desapareció. O sí, está en el re..ri. ¿En dónde? En el r..fri. No le quiero dar a nadie, de verdad. ¿Pero sabes? Dios es un Dios al cual le gusta compartir, y le gusta compartir lo que hace por nosotros. Dice la Palabra que más bienaventurado es dar que recibir.

 

Y Dios quiere que cuando nos da algo, lo compartamos. Así Que yo también tengo que compartir de mi ensalada de manzana, aunque no me guste compartirla, pero lo tengo que hacer; para que los demás puedan disfrutar de lo que yo estoy disfrutando.

 

Y ya que vemos a esta mujer siendo egoísta, ¿qué es lo que le dice Jesús? Inteligentemente Jesús le dijo:

 

Juan 4:16  Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.

 

O sea, ¿quería ser egoísta? Pues, qué crees mi chava, ¡no! Ve y llama a tu marido.

 

Juan 4:17a Respondió la mujer y dijo: No tengo marido.

 

5.- Barrera de deshonestidad.

 

Cuando decimos verdades a medias, cuando Jesucristo te confronta con una realidad en tu vida. Cuando decimos la verdad a medias entre hermanos para poder manipular las cosas. Cuando te preguntan por algo y sacas una situación y manipulas para quedar bien; porque ¿sabes? A veces vivimos o decimos vivir algo que no vivimos; hablamos algo que no hacemos; y mostramos algo que no somos. Y entonces, ¿qué sucede?

 

Continúa diciendo el Versículo 17-18 Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con  verdad.

 

¿Te suena familiar? Cuando queremos ser sinceros, cuando queremos manipular una situación; no mentimos pero tampoco decimos toda la verdad. No le dijo: Señor no tengo marido porque con el que vivo no es mi esposo. Pero tampoco le dijo: sí, sí tengo esposo. Es una verdad a medias, la mujer estaba manipulando una verdad.

 

Y el hecho de que esta mujer no dijera que tuviera esposo y que estaba viviendo con alguien, y que estaba haciendo vida marital con él; la estaba llevando a una vida deshonesta, a una vida sucia. Y dice en 1 Corintios 13 que el amor no hace nada indebido, el amor no se goza en la injusticia mas se goza de la verdad.

 

Jesucristo quería darle una vida digna a esta mujer, quería darle un matrimonio, quería llenarla, quería darle un amor limpio. Cinco veces había fracasado, y este hombre no la estaba llenando. Jesucristo quería darle un amor limpio, quería darle un amor sincero. Y cuando rompe su barrera de deshonestidad, yo creo que ella se quedó impactada. Porque Jesucristo quiere darte un amor sincero, un amor sin golpes, un amor que no te maltrate, un amor que no te hiera.

 

Porque el amor de Dios lo llena todo. Y Dios quería llenar la vida de esta mujer, y Dios quiere llenar tu vida, con su amor quiere llenar todo lo que tú eres. Porque el amor quita la vergüenza, tú sabes la vergüenza que probablemente tenía esta mujer, por estar viviendo como vivía. Pero el amor de Dios quita la vergüenza, el amor de Dios borra tu pasado, a Dios no le importa; porque el amor de Dios transforma vida. El amor de Dios hace nuevas todas las cosas. El amor de Dios regresa la inocencia, regresa la ingenuidad, ¡ese es al amor de Dios!

 

Y Jesucristo estaba rompiendo sus barreras de deshonestidad para decirle: hey, yo tengo un amor puro, un amor limpio; y no importa lo que hayas hecho y los fracasos que hayas tenido, yo puedo hacerte nueva, yo puedo darte algo mejor de lo que tienes. Y al romper su barrera de deshonestidad entonces, ¿qué pasa? Jesucristo aun no acaba con sus barreras, ¿por qué? Porque la mujer se resiste. Pero parece que la mujer había guardado la mejor barrera para el final.

 

Juan 4:19-20 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.

 

6.- Barrera de religiosidad.  

 

La barrera más peligrosa, la religiosidad. ¿Por qué no buscas tú? Porque crees que lo que te enseñaron es cierto, y por más que te muestren la verdad, no quieres lo que Dios te está mostrando, estás cegado. Porque vives regido por conceptos, por costumbres, por tradiciones ya sea por tus antepasados o inclusive por tus mismos padres.

 

¿Y sabes qué? Jesús no aguanta la religiosidad, y es ahí cuando Jesús ya no pudo ser paciente. Fue de poco a poco rompiendo las barreras de esta mujer, mostrándole suavemente su amor. Pero cuando la mujer se quiere poner religiosa, Jesús no la tolera. Porque a Dios no le gusta la religiosidad, no le gustan los patrones. ¿Y qué le dice Jesús?

 

Juan 4:21-24 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

 

Jesús quería un encuentro personal con ella, quería enseñarle una relación con Dios. Jesucristo quería mostrarle el amor de Dios, quería enseñarle algo diferente. Olvida tus patrones, olvida lo que te han dicho, olvida de cómo crees que es el amor de Dios, olvida de cómo crees amar a Dios, yo quiero que tengas una relación con Dios. Yo quiero que ames a mí, es lo que le estaba diciendo Jesucristo.


Y en ese momento cuando rompe su última barrera, cuando rompe con la religiosidad de ella, ella logra darse cuanta de algo:

 

Versículo 25  Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.

 

En ese momento es: me han hablado del amor, se que hay alguien, se que hay un Dios que es amor. Claro, lo he escuchado, hay alguien. Saber que sí existe y sí se puede tener una vida diferente; alguien que la pudiera amar. Alguien que hubiera roto sus barreras, y en ese momento dice:

 

Versículo 26  Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

 

¿Por qué? Porque el amor la había encontrado, el amor le había salido al encuentro a esta mujer. Esta mujer como Sicar, como su ciudad tenía un muro alrededor de ella. Había construido sitios para que nada ni nadie la lastimara. Ella estaba intoxicada, estaba embriaga con una realidad, estaba mareada en una perspectiva que no era. Ella creía que su única realidad era lo que ella estaba viviendo.

 

Pero ella tuvo que salir de su ciudad para ir a encontrar lo más básico: agua; ¡qué es el amor de Jesucristo! Ella tuvo que salir. Te voy a decir algo: esta mujer tenía seis barreras, esta mujer tenía seis hombres; pero había llegado un hombre a su vida que iba a ser el número siete, el de la perfección, el del amor de Dios.

 

Por cada relación fallida que tú tengas, es una barrera que le pones al Espíritu Santo. Por cada relación fallida que tú tengas, es una barrera para que Dios pueda ministrarte con su amor, y por lo tanto, para que tú puedas darles amor a los demás. Cuando nos creamos barreras eso es lo que hacemos, ¿cómo vamos a demostrarle al hermano que tenemos al lado, que Dios es amor, si no lo dejamos a Él primero que nos llene de su amor?


¿Cómo vamos a ir afuera, en el mundo a demostrar amor, si entre nosotros no tenemos amor? Si entre nosotros somos prejuiciosos, somos carnales, somos orgullosos, somos deshonestos, somos religiosos. Y el amor de Dios no solamente se habla, el amor de Dios se vive. Y no sé si has escuchado, pero cada persona que entra aquí, yo he escuchado que sale y dice: es que en esta iglesia se siente el amor de Dios.


Qué triste saber que tal vez las demás iglesias no son así, porque no han entendido, porque no se han dejado llenar con el amor de Dios, porque no lo han conocido bien.

 

Colosenses 3:14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

 

Te voy a contar rápidamente una anécdota, una historia. Cuando estaba en Dallas yo era parte del grupo teatral, y como parte de este grupo yo salía a ministrar a las iglesias y ministrábamos con una obra de teatro o con alguna danza. Y en una ocasión que salimos a ministrar, llegamos a la iglesia, estaba la alabanza y éramos once de nosotros. De repente llega una mujer en silla de ruedas, sin piernas, con un parche en el ojo, con lentes oscuros, oscuros; con una gaza en el cuello, y con sus manos como de guante, envueltas en gaza. La mujer se veía mal.

 

Y en eso volteo y el Espíritu Santo me señalaba: ¡aquí está, ella! Y yo: Ya la vi, ya la vi, luego. Ministramos y en eso nos empiezan a decir: oren por la gente, bla, bla, bla. Y en eso esta mujer estaba hasta el final de la fila, y esta mujer tenía la cabeza agachada. Y en eso voy pasando como haciéndome la loca, y el Espíritu Santo me vuelve a decir: ¡aquí está, ella! Y yo: Ya voy. 

 

Entonces yo sigo así como queriéndome pasar de largo y en ese momento el Espíritu Santo me tomó de la oreja y me regresó hasta donde estaba esta mujer. Y yo: O.k, ya voy a orar por ella, ya voy. Y ella tenía a un señor parado atrás de ella, y le pregunto: ¿está despierta? Sí. ¿Puedo orar por ella? O sea, yo todavía así como diciendo: por favor que no esté despierta. Y dice: sí, sí claro por favor. Y yo: Señor, Espíritu Santo ayúdame.

 

En mi mente se daba el hecho de que igual esta señora me podía decir: ¡vete! O me va a decir: ¿qué haces aquí? Y en eso me siento al lado de esta mujer, y la llamo y se me queda viendo. Le digo: Disculpe, ¿puedo hacer una oración por usted? Y me dice: ¿Tú quieres orar por mí? Y hubo un impacto en mi corazón, y le dije: ¡sí! Y me dice: sí, por favor ora por mí.

 

Yo empecé a orar por ella, y el Señor, y el Espíritu Santo me empezó a dar palabra de conocimiento, y el Espíritu Santo me hacía sentir lo fracasada que se sentía esta mujer; lo rechazada que se sentía esta mujer, de tantos años de una enfermedad. Y que después de siete años la enfermedad se la haya comido y se haya quedado sin piernas, se le haya ido a los ojos, se le haya ido a la piel, se haya quemado, que casi no tuviera brazos y manos.

 

Y el Señor empezó a hablar a su vida. Y en ese momento la mujer empezó a llorar. Y cuando yo terminé de orar, me dijo: me has declarado todo lo que yo había estado orando y sintiendo. Y en ese momento entendí y estaba viviendo el amor de Dios para con ella. Y empecé a tener una compasión por ella, y un amor por ella que lo único que pude decirle fue: ¿me permite abrazarla? Y esta mujer volteo y me dijo: ¿Tú me quieres abrazar? Oh Dios mío, cuán lastimada estaba esta mujer.


Como la mujer samaritana, cuánta vergüenza había en esta mujer. Por cuantos años había tenido que pasar así, y nadie la había visto. Hasta que un hombre la miró, hasta que el amor decidió salirle al encuentro para salvarla. Y cuando abracé a esta mujer de la silla de ruedas, ella me abrazó gozosa, y empezó a llorar de alegría, y me dice: es que no sé pero me siento muy feliz. No sé que es esto pero me siento muy feliz. Y le dije: eso es el amor de Dios, eso es lo que cambia vidas.

 

Esta mujer ya no tenía sus piernas físicas, pero ¿sabes qué? El amor de Dios iba a cambiar su vida, y estaba cambiando su vida. Cuando estaba muerta, Jesucristo la levantó. Y cuando el dije: ¿me permite darle un beso? Ella me dijo: ¡sí, dame los que quieras! ¿Por qué? Porque la mujer necesitaba amor, porque el amor lo puede llenar todo. Porque el amor de Dios lo llena absolutamente todo.

 

La mujer no necesitaba dinero, no necesitaba casa, no. Necesitaba que alguien la viera. Y Dios ya la había visto. Cuando nosotros no podemos ser perceptivos al amor de Dios, no podemos dar amor. ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera sido perceptiva? Llevaba a once de mis compañeros conmigo, y solamente uno oró por ella. Si yo hubiera sido prejuiciosa, ay, ¿cómo me le voy a acercar a esa señora? Yo creo que no ha de querer que ore por ella. A lo mejor me va a gritar.


Si yo hubiera sido carnal Señor, la veo muy mal, ¿cómo crees que vas a hacer algo con ella? Pues ya peor no le puede ir, que se muera. ¡Así de fuerte! Si yo hubiera sido orgullosa, ay Santo cómo me dices que ore por ella, yo siento que no necesita de ti; bueno poquito, pero o sea, aquí con la movida espiritual, con la presencia de todos se le quita. Si hubiera sido egoísta, o sea, yo estoy bien en mi zona de confort, voy a orar por todos los demás, que ella se quede ahí tirada con la cabeza agachada.

 

Si yo hubiera sido deshonesta, bueno Señor yo ya oré por ella, bueno no exactamente por ella, pero oré por las mujeres. Y si yo hubiera sido religiosa: Señor, pues que se hagan cargo de ella en su iglesia ¿no? Que oren los líderes de su iglesia. Si yo no estoy vestida de amor, no puedo demostrar el amor perfecto. Si yo no he dejado que Dios me llene de su amor, entonces no puedo estar vestida del amor perfecto. Porque ¿sabes? El amor perfecto es lo que te hace más fuerte, es lo que te llena, es lo que transforma vidas.

 

El amor de Dios se ve reflejado a través de nosotros. Y dice su Palabra en: Juan 13:35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.  Y mucha gente que está afuera ha sido lastimada lamentablemente por gente de la misma iglesia. Y por un mal testimonio de amor, la gente no quiere volver.

 

¿Por qué? Porque a veces nos comportamos como fariseos. Como cuando le llevaron a la adúltera a Jesús, ¿qué querían los fariseos? ¡Apedrearla! ¿Y qué fue lo que hizo Jesús? La amó y la levantó, y le quitó la vergüenza, y la cubrió. Y a veces, nos portamos como los fariseos.  Ah ese hermano, no hermano estás mal, bye. Hermano ¿llevas esta vida? Dios mío, te vas a ir al infierno. Y lamentablemente la gente sale tan herida de la iglesia, y estoy hablando de iglesia en general.

 

Y la gente está enojada con Dios por un mal testimonio de amor. Porque no tuvieron compasión por ellos, porque en vez de amarlos y darles la mano, los apedrearon. Pero tú y yo podemos demostrarles como un Cuerpo de Cristo, lo que es el amor de Dios. Tú y yo podemos ser la diferencia allá afuera y entre nosotros mismos. Y te voy a decir, te voy a poner un ejemplo: para que una imagen se vea bien, tú necesitas pixeles. Entre más pixeles tengas la imagen se va a ver mejor, va a tener alta resolución.

 

Y tú y yo somos un pixel, y cuando todos nos amamos, cuando todos estamos en el mismo sentir, cuando todos estamos en el amor de Dios, entonces juntos hacemos muchos pixeles, y formamos una imagen. Y esa imagen es: reflejar el amor de Cristo. Eso es lo que somos. Tú eres un pixel, yo soy un pixel, y juntos somos muchos pixeles para que el mundo vea lo que el amor de Cristo es.  Y volviendo a la mujer samaritana,

 

Juan 4:28-30 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 29Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? 30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.

 

Cuando Jesucristo había acabado con todas sus barreras y había roto todas sus barreras, ¿qué hizo? Dejar el cántaro. ¿Qué hizo? Volver a la ciudad y decirle a todo mundo lo que este hombre había hecho por ella. Lo que el amor de Dios había hecho en su vida. Eso fue lo que hizo esta mujer, y cuando Dios hace algo por ti y por mí, y cuando vemos el amor de Dios y sentimos y experimentamos el amor de Dios; es imposible que no vayamos afuera y digamos: ¡Hey, conocí al hombre que me cambió la vida! ¡Ven!

 

¿Por qué? El mundo se rige bajo cosas, y el mundo está tan triste y desesperado buscando amor y buscando identidad en lo que no es. En la fama, en el dinero, en el poder, en la prostitución, en las drogas, en las adicciones. Y tú y yo tenemos el amor perfecto. Yo me imagino a Jesús sentado, y la mujer yendo y diciéndoles: hey, hay un hombre que se llama amor, que me vino a cambiar la vida, ¡es él! Y yo me imagino a Jesús sentado, saludándolos con la mano. Hola, ¿cómo están? ¡Y todos viniendo!

 

Porque es imposible que la gente no venga cuando tú y yo le hablamos de lo que realmente es Dios. Cuando tú y yo le hablamos a la gente de quién es Dios, del amor de Dios, de cómo ama Dios. Y entonces dice la gente: ah, a ver, quiero conocer al Dios del que tú me estás hablando. ¿Quién es ese Dios que ama sin condición? ¿Quién ese ese Dios que vino a dar su vida por mí, para que yo tuviera salvación?

 

Y acabo de ir a un velorio esta semana, y lamentablemente el papá de uno de mis amigos cercanos murió. Y cuando yo entré, Dios mío qué escena tan más lúgubre. La gente estaba en grupitos así como echa como bolita, se sentía la tristeza, la muerte, el panorama se veía gris. Había gente llorándole al féretro, y yo así viendo esa escena y a la vez recordando el funeral de mi abuela. Y ahorita les voy a decir por qué.

 

Pero a veces esta gente en vez de venir a consolar el corazón de la persona o de la familia, yo creo que le hacían peor porque se ponían a llorar con ella o más que ella. ¿Y en qué momento encontró consuelo esta mujer y esta familia? Yo creo que no hubo casi nadie que le dijera: Hey, acabas de perder a tu esposo, o a tu padre, pero Dios puede ser tu esposo. El amor de Dios lo puede cubrir todo y puede ser tu Padre, puede ser tu amigo; porque lo he vivido y porque lo sé.


Dicen que en esta vida solamente hay una cosa que no tiene remedio, y es la muerte. Pero no es cierto, los que creemos en el Señor sabemos que la muerte tiene remedio, ya está vencida y un día resucitaremos con Él. Esa es nuestra esperanza, y esta gente no tiene esperanza, esta gente no tiene amor en sus vidas. Y para eso estamos tú y yo, para infundirles el amor de Cristo. Para decirles: Este es el momento tal vez más doloroso de tu vida, pero el amor de Dios siempre va a ser más fuerte que el dolor. El amor de Dios siempre va a ser más grande que todo lo que estás viviendo.

 

Y menciono el velorio de mi abuela porque mi abuela era una persona que conocía del Señor, y cuando murió, no es por nada, pero el ambiente no voy a decir que era la fiesta, pero estábamos bien. Que se sentía dolor, claro que había dolor, es inevitable que cuando un ser querido muere no sientas dolor, no eres de piedra. Pero estaba el amor de Dios sustentando todas las cosas.

 

Estábamos cantando o cantamos alabanzas, y mis hermanos que en ese entonces fueron, estábamos platicando, contando chistes, ji, ji, ji, ja, ja, ja. De verdad, ¿por qué? Porque el amor de Dios sustentaba las cosas. Y había ahí dos o tres inconversos llorando desconsoladamente. Ya ni mi mamá, de verdad ¿le dolió mucho? Claro que le dolió, pero el amor de Dios, dice la Palabra, es más fuerte que la muerte.

 

Así que hermano tú y yo tenemos que reflejar el vínculo perfecto que es el amor de Cristo. Tú y yo somos como iglesia la imagen de Cristo. Así que no importa si tienes alguna o varias barreras como la mujer samaritana, que a veces pensamos que la gente, los personajes de la Biblia, pues es gente que Jesús se la encontró.

 

Pero a veces son o somos tan parecidos a ellos en nuestro interior, somos tan parecidos que tal vez Dios necesita trabajar y romper barreras contigo para que entonces puedas experimentar su amor. Y para que entonces puedas ser amado, y tengas un encuentro personal con él y a su vez, puedas dar el amor de Dios entre hermanos y allá afuera.

 

Padre Santo gracias porque eres bueno, gracias Señor porque tu amor es más grande que todas las cosas. Yo pongo delante de ti a mis hermanos para que tú tengas un encuentro de amor, y que no importe lo que están pasando ni viviendo en sus vidas, que tu amor sea más grande y lo supere, y los sorprenda. Te alabamos y te bendecimos en Cristo Jesús, amén.


Dios los bendiga.

 

 

 

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