INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EGOÍSMO Y EGOCENTRISMO

 

José Antonio Cano Mirazo

 

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2 Timoteo 3:1-5 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.

 

¿Conoces a alguien así como dice la Escritura? Yo creo que miramos a nuestro alrededor y nos encontramos precisamente lo que dice el apóstol, que en estos tiempos, y podemos advertir que son los tiempos postreros porque hay gente que encaja perfectamente bien con lo que aquí dice la Escritura: gente amadora de sí misma, vanagloriosa, soberbia, blasfema, ingrata, traidora, sin afecto natural, calumniadores, crueles, infatuados, amadores de los deleites.

 

Y cuando analizamos estos cinco versículos, creo que los podemos resumir en una sola palabra: EGOÍSMO. Uno de los problemas más graves de la humanidad es sin duda el egoísmo. El egoísmo no te permite actuar en beneficio del prójimo. Impide que los propósitos de Dios se cumplan en tu vida, y por consecuencia aun dentro del cristianismo que los propósitos de Dios se cumplan en ti y en la iglesia. Y sobre todo el egoísmo te impide amar, amar conforme y Dios lo establece, amar conforme y está estipulado por Dios de acuerdo a su Palabra.


El Señor nos ha estado llevando todas estas semanas en relación a que tengamos una mejor interrelación los unos con los otros. Nos está llevando a que nosotros no solamente tengamos un vínculo de una relación de conocidos, sino algo mucho más profundo. Y no solamente como miembros de la misma iglesia, miembros del mismo Cuerpo que es en Cristo Jesús, sino que seamos una familia, una familia con todas las características positivas que debe tener una familia.

 

Una familia integrada, una familia que se ame, una familia que se preocupen los unos por los otros, pero sobre todo una familia que se ame, del mismo modo que dice la Escritura que nuestro Señor Jesucristo nos ama a nosotros, y ama a su Iglesia. De ese modo nuestro Señor quiere que nos amemos. Pero nosotros no podemos cumplir con este propósito de Dios de amarnos los unos a los otros de acuerdo a sus propósitos, si nosotros tenemos problemas en nuestro corazón de egoísmo.

 

Tal vez tú puedas decir que no eres nada egoísta, pero la Palabra de Dios nos muestra una serie de características las cuales nosotros tenemos que analizar para saber si somos egoístas o no. Y si no eres egoísta, mira, ¡gloria a Dios! porque estás en la posibilidad de amar de acuerdo a lo que Dios establece. Y si hay algún problema de egoísmo en tu corazón, mira, qué bueno que Dios nos lo muestra para poderlo quitar, para desarraigarlo de nuestro corazón y así, cumplir con los propósitos de Dios. Por lo tanto, es bueno de un modo o de otro que nosotros veamos lo que dice la Escritura, lo que dice el Señor al respecto.

 

¿Qué es el egoísmo? Para esto es necesario recurrir al diccionario, y dice que es el amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma, y que la hace atender desmedidamente su propio interés. Hay otros que dicen que el egoísmo no se interesa por el prójimo y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia.

 

Junto con el egoísmo nosotros encontramos también que está el egocentrismo, que es la exaltación de la propia personalidad hasta considerarla el centro de atención. Es decir, una persona egocéntrica es la que pretende que todas las cosas giren alrededor de ella, no hay más. Es aquella que llega a un lugar y toma el control de inmediato de la plática, de la reunión y aunque no sea su fiesta se lo celebra como si lo fuera.

 

Es aquella persona que llega a un lugar y tú estás hablando y te quita la palabra porque ella sabe más, y toma el control de las pláticas. Es una persona que cree que todas las cosas tienen que girar a fuerza a su alrededor. Y conocemos mucha gente que es así, y muchas ocasiones como cristianos pues no logramos sacudirnos con algunos problemas que traemos del mundo.

 

¿Dónde nace el egoísmo? Nosotros podemos revisar la Escritura y vamos a encontrar el lugar de dónde proviene y de quién proviene el egoísmo.

 

Isaías 14:12-14 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

 

La palabra de Dios está hablando en relación a un ser que Dios creó llamado Luzbel, que él fue creado para alabar al Señor y él estaba en la presencia de Dios. Pero hay un momento en el cual su corazón se contaminó, y dice la Escritura que quiso ser semejante al Altísimo, y quiso que todo girara alrededor de él, y quiso aun imitar a Dios. Por eso es el “gran imitador”, es el “mentiroso”, es el “engañador”. Es el que engaña a la gente, el que le miente.


Dios lo echó de su presencia, y este ser viene y crea conflicto a la humanidad hablándole al oído y diciéndole las cosas de una manera que no lo son. Viene y confunde a la gente y le hace creer que ellos son primero antes que nadie, y aun antes que Dios.

 

Hay gente, conozco muchas personas que su egocentrismo es tan grande que se creen dioses, se sienten dioses. Dicen que ellos son una especie de dios y por lo tanto ellos no pueden creer en un Dios único y verdadero. Ellos para sí mismos son dioses y todo lo que hacen, consideran que está bien hecho.

 

Es grave su condición, es muy complicada y es muy riesgosa, porque ellos están en peligro de ir al mismo lugar que está destinado para precisamente este ser que fue echado de la presencia de Dios juntamente con esos ángeles caídos, esos ángeles echados del cielo, y van a estar en prisiones de oscuridad, en el lago de fuego que va a arder de día y de noche, y no se consumirá jamás; ahí estarán.

 

Y el enemigo viene y confunde y habla y nos hace creer cosas que no son; y nos hace ver las cosas de un modo diferente. Y hace que nosotros veamos a nuestro alrededor, y veamos las cosas distintas, y no le demos el valor que tienen las cosas y que nosotros no podamos apoyar. Por eso cuando el apóstol Pablo le escribe a Timoteo le dice: cuidado, vienen tiempos peligrosos. Y los vas a poder notar porque la actitud de la gente va a ser ésta. Y le describe como lo leímos, exactamente cómo sería la gente.

 

Y yo creo que si miramos a nuestro alrededor con cuidado, vamos a encontrar a una gran cantidad de personas que están viviendo así en un terrible egoísmo, y que no les importa nada, solo se preocupan por sí mismos, no les interesa más, no les importa. A muchos ni siquiera les interesan sus familias, no les importan sus hijos.

 

Conozco cantidad de personas, cantidad de matrimonios que ha llegado el momento en que han terminado su relación matrimonial teniendo hijos, y él se aparta y se desentiende de los hijos y no vuelven a saber nada de él. Y ahí está la mamá de los niños hablándole, rogándole que aporte para la manutención de los niños y él se desentiende. Un egoísmo completo, y todavía argumentan que no tienen recursos económicos porque ya están manteniendo a otra persona  a otra familia. Un egoísmo terrible.

 

Y nosotros analizamos lo que está pasando a nuestro alrededor y nos damos cuenta de esto. Y podemos mirar como efectivamente hay gente amadores de sí mismos. Los transexuales, ahora esta palabra, transexual; problemas con su identidad, problemas con lo que son, inconformes y cambiándose lo que son porque no están de acuerdo, se aman de un modo equivocado y quieren ser lo que no son; y hay conflictos.

 

Los metrosexuales, amadores de sí mismos. Yo recuerdo antes cuándo ibas a encontrarte un metrosexual. Veías a algún joven, siendo joven también, que traía las uñitas pintadas y uf, ya sabías que cuidado con ése, ni te le acerques porque tiene sus mañas raras. ¡Apártate, mantente alejado! Hoy es lo normal, se cuidan, se arreglan, se depilan, uf, tantísimas cosas. Y no es que tengan una desviación sexual, son amadores de sí mismos. Metrosexuales, palabrita también que tiene poco tiempo en el diccionario.

 
Amadores de sí mismos le dijo el apóstol Pablo, tan amadores de sí mismos que son avaros, que son vanagloriosos, que son soberbios; todo para ellos, todo lo quieren, todo lo quieren captar, todo lo quieren detener, todo lo quieren retener, todo. Que todos los demás den, ellos son incapaces de dar. No dan afecto, no dan atención, no dan cuidado, no dan recursos económicos, no dan absolutamente nada. Y es grave.


Y cuando nosotros lo vemos hacia afuera decimos: no hay problema, así es el mundo. Pero cuando nosotros miramos a la Iglesia y nos damos cuenta que hay quienes son así, o que tal vez nosotros tenemos un poco del problema de esto; entonces las cosas ya no están bien, hay que corregirlo. ¿Cómo puedo saber si yo soy egoísta? Vamos a ver brevemente algunas citas bíblicas, algunos pasajes.

 

Lucas 12:16-18 También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes.

 

La Palabra de Dios nos está hablando aquí de una persona que tiene un conflicto en su interior. No es malo que una persona piense en guardar, tenemos que ser también previsores, y tenemos  que ahorrar. Pero también dice la Palabra, que nosotros no nos podemos afanar por el día de mañana, cada día trae su propio afán y nosotros tenemos que confiar que Dios nos bendice. Nosotros, de lo que Dios nos da tenemos que repartir, tenemos que dar. No todo, pero sí debemos considerar una parte de lo que nosotros obtenemos, para dar.

 

No podemos guardar nosotros todos los frutos de lo que nosotros logremos cosechar, no puede ser, no es lo correcto. En el área material el egoísta busca  siempre tener más, captar más, guardar, atesorar; y ese es el problema. Nosotros podemos mirar en las noticias, nada más es cosa de entrar a las redes sociales y nos vamos a enterar de cuáles son los mexicanos que más dinero tienen, cuántos miles de millones de pesos, bueno de dólares porque los pesos están muy devaluados; de dólares tienen.

 

¿Qué hacen? ¿De qué les va a servir tantísimo dinero? Y son incapaces de dar. Siguen atesorando, siguen presionando al trabajador, siguen oprimiéndolo, siguen abusando. ¿Por qué? Porque quieren atesorar, quieren garantizar que su sexta y séptima generación tengan dinero, así lo hacen. Hay quienes por tener más, pasan encima de quien sea, no les importa. Y pisan a quien sea y destruyen a quien sea con tal de alcanzar sus objetivos económicos; no importa a quien despojen, así lo hacen.

 

Y esto no es nuevo, la humanidad desde que es humanidad así es. Cuando nosotros miramos a la Escritura, podemos leer en una de las historias, que el rey Acab quería una  heredad de una persona. Y fue y le dijo: yo quiero que me la vendas. Y esta persona el dijo: no, yo estoy muy contento con mi heredad, yo estoy contento con mi terreno, no te lo voy a vender. Y dice la Biblia que entonces este hombre, Acab se fue muy triste.

 

La esposa lo vio, era una esposa de esas muy especiales, Jezabel; y entonces le dice: ¿qué te pasa? Ay es que mi semblante está decaído, me siento mal porque yo quiero ese terreno, yo lo quiero tener y no me lo vende este tipo. Y entonces Jezabel le dijo: no te preocupes amorcito, yo te lo consigo, yo te lo voy a regalar. ¿En serio? Sí, para que tú estés contento y atesores este terreno. Y va y lo consigue. ¿A qué precio? De a gratis. ¿Cómo le hizo? Mató al dueño. Y llegó y le dijo a Acab: Ya es tuyo el terreno. Ah gracias, cuánto te amo.

 

Y estos problemas de las heredades siguen el día de hoy, están presentes. ¿Quién no ha sabido de un pleito entre hermanos por una casa, por un departamento, por un terreno, por una propiedad que ni vale la pena? Todos lo hemos sabido, todos conocemos los pleitos que existen por una propiedad.

 

Uy y no se muera intestado el papá a quien estaban las escrituras de esa propiedad, porque entonces los hermanos entran en un conflicto para hacer un juicio y entonces, poder vender y repartirse la propiedad. Casi nunca lo logran, y esto termina en que los hermanos dejan de hablarse; hermanos que se llevaban muy bien, que se amaban, que se apoyaban; en un momento determinado todo se acabó, todo se olvidó. ¿Por qué? Por culpa del dinero, por culpa de una propiedad, por el egoísmo de alguno o varios hermanos.

 

Para quienes son así, dice la Palabra:

 

Lucas 12:20-21 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

 

Y el señor Jesús dice: ¡cuidado! Dale el valor a las cosas de acuerdo a lo que debe ser. Primero es tu salvación, primero es tu relación con Dios. Es decir, quita el egoísmo, de qué te van a servir los bienes materiales, ¿de qué? De nada. Dicen que un padre de familia que tenía tres hijos, él había hecho mucho dinero, le había puesto empresas a los hijos, los hijos la habían trabajado.

 

Y ya cuando estaba por morir este padre de familia, le dijo a sus hijos: Yo les voy a pedir un favor, les voy a dejar todo lo que está a mi nombre, nada más yo quiero que ustedes me den, que pongan en mi caja cuando me entierren, cada uno un millón de dólares. ¿Están de acuerdo? Lógico los tres dijeron: Sí. Les había dado a ganar mucho, y todavía tenía muchas propiedades, muchas empresas, muchos recursos este hombre.

 

Pero de esos tres, había uno que era terriblemente egoísta, como dice la Palabra, así de egoísta. Entonces, cuando ya fallece este hombre lo velan, llegan a sepultarlo, y antes de bajar la caja dice el primer hijo: a ver, yo hice una promesa a mi padre y la vengo a cumplir. Y saca un millón de dólares y lo echa adentro de la caja. El segundo viene, echa otro millón de dólares. Pero el tercero que era un egoísta, de esos egoístas terribles, viene, saca el dinero, lo agarra y dice: ahí está un cheque por los tres millones de dólares.

 

Siempre el egoísta va a buscar la manera de salir bien librado. Debemos de tener mucho cuidado porque la Palabra de Dios es bien clara, tenemos que ser ricos para con Dios y esa es nuestra prioridad y debemos de pensar en ello. Si te gusta hacer tesoros materiales, tesoros aquí en la tierra, cuidado, estás en peligro, mucho cuidado.


Daniel 4:30  Habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?

 

Qué palabras tan tremendas de este rey. Qué egoísmo tan grande, y junto con el egoísmo viene aquí unido la vanagloria, la soberbia, el orgullo, la prepotencia, la vanidad y tantas otras cosas. Fíjate la forma de hablar: yo esto lo edifiqué con mi fuerza, con mi poder, yo soy autosuficiente, yo hago lo que quiero, yo puedo lograr lo que yo quiera. No necesito de nadie, no necesito de Dios, voy a la iglesia porque pues pues me siento a gusto, es un buen momento, la pasamos ben. Pero yo soy el que hago todo.

 

Y cuando hay este pensamiento debemos tener mucho cuidado, porque las cosas no las logras tú. Primero: Dios permite que tú las tengas. Y Segundo: Dios te da la fuerza y el poder para alcanzarlo, así. Y si tú no descansas en Dios, y no reconoces a Dios; entonces vas a tener un problema: va a llegar el día en que vas a fracasar.  O porque no tengas la capacidad de hacer las cosas, Dios te abandone, o porque Dios permita que te vaya mal.


Como dice aquí mismo.
Daniel 4:31-32  Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; 32y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.

 

¡Gloria a Dios, Él es Dios y hace lo que quiere, la tierra y su plenitud es de Dios, no hay más, a Él le pertenecen, de Él son todas las riquezas, y las va a dar a quien Él quiera dárselas! No es por tu fuerza, no es por tu poder, no es por tu capacidad, lo que tú tienes no es por ti es porque Dios te lo ha permitido tener, lo dicen las Escritura. Y debemos reconocerlo siempre.

 

Por lo tanto, en una parte nosotros vemos que se refiere al aspecto material, y aquí ya se está refiriendo a un aspecto interior de la persona: a la soberbia, a la vanagloria, al orgullo. No podemos ser así, no podemos decir: yo todo lo puedo porque yo tengo esta capacidad. Dios es el que lo permite.


El Señor nos habla también en su Palabra, sobre un hombre que estaba en el camino, que estaba herido.

 

Lucas 10:30-32  Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

 

Nosotros podemos advertir aquí dos tipos de personas, que en ambos casos tenían aparentemente a Dios en su corazón, ellos amaban a Dios. Está un sacerdote que era una persona que conocía perfectamente la Palabra del Señor. Una persona que entra a la presencia misma del Dios Altísimo. ¿Qué es un sacerdote?  Es aquel que entra a la presencia del Señor para ofrecer holocaustos. Ese es un sacerdote.

 

Nosotros somos sacerdotes porque Cristo Jesús nos ha hecho sacerdotes abriendo el camino para que nosotros podamos entrar a la presencia del Altísimo y ofrecer holocaustos a Él. Holocaustos de alabanza, holocaustos de adoración; nosotros podemos entrar a la presencia del Altísimo para ministrarle de nuestro amor, por eso somos sacerdotes. Alguien que no es sacerdote no está en la posibilidad de entrar a la presencia de Dios.


La Escritura nos está hablando de un hombre que era sacerdote, y que al ver a alguien tirado en el camino, porque lo vio, dice la Escritura que lo vio, y sin embargo se siguió de largo; lo hizo por una razón, por egoísmo. No le importó la condición de ese hombre, no le interesó. Lo vio y dijo: pues ni modo, pobre, allá él, ni lo conozco.  

 

¿Cuántas ocasiones nosotros actuamos de la misma manera? Y vemos una situación, la observamos y nos pasamos de largo, y no nos interesa más. ¿Por qué? Porque pensamos en nosotros mismos, o no tengo tiempo, tengo prisa, tengo otras cosas que hacer, y como ni lo conozco ni me interesa. Todavía fuera de mi familia, pues tal vez, pero como no lo es, nos pasamos de largo.

 

Y dice la Escritura que también un levita. Un levita pasó por ahí y tampoco le hizo caso. ¿Qué era un levita? Un adorador. Una persona como tú y como yo que adoraba a Dios, que levantaba sus manos al Señor, que cerraba sus ojos para cantarle, que tal vez se arrodillaba o se postraba delante de la presencia del Altísimo. Alguien que amaba profundamente a Dios, en su corazón había un gran amor por Dios, así como tú lo tienes; ese era un levita.

 

Cómo es posible que una persona que ame tanto a Dios, que le adore, que le exalte, que le cante, que se postre, que llore, que de gritos de júbilo, en un momento determinado viendo a una persona tirada y herida, tal vez casi muerto, no le haga caso y se siga y se pase. ¿Dónde está el amor de esa persona por el prójimo?

 

Dice Juan: ¿cómo dices amar a Dios cuando no tienes la capacidad de amar al hombre al que ves? Si tú no puedes amar a quien ves, menos vas a poder amar a quien nov es. Este levita, cómo es posible que haya visto a este hombre en esa condición y no le haya importado, ¿por qué? Por su falta de amor, por su egoísmo, porque también iba para la otra ciudad, porque tal vez llevaba prisa, tal vez tenía que ir a ministrar a otro lugar, a otro pueblo, a otra ciudad, llevaba prisa.

 

¿Cuántas ocasiones nosotros actuamos del mismo modo ante una situación, cuando sabemos que alguien está pasando por un momento difícil? ¿Cuántas veces nos detenemos a orar por alguien de una manera específica para decirle: no te preocupes vamos a orar, y en este momento voy a levantar mi voz delante del Señor para que te bendiga, para que te vaya bien? No importa a dónde iba, no importa lo que estoy haciendo te voy a atender; y lo hacemos.

 

En lugar de eso muchas veces decimos: voy a orar por ti en mis tiempos de oración; y ni oras, no tienes ni tiempos de oración. O la otra, les dices: le voy a decir al ministerio de oración de la iglesia que oren por ti. Y se te olvida. Así nos pasa. ¿Por qué? Porque somos egoístas. Y el Señor nos dice: ¡Cuidado!

 

El egoísmo no solamente está allá afuera, y aquí nos lo demuestra también, está dentro de su casa. Y esto es grave. ¿Cómo es posible que un sacerdote, un levita se pasen de largo ante el sufrimiento de un semejante? Sí, no les importó. Su corazón no se condolió, no tuvo misericordia; yo con lo mío y no me importa lo demás.

 

La pobreza puede ser también un resultado del egoísmo.

 

Hageo 1:9 Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.

 

¡Qué fuerte! El Señor, el Altísimo diciéndonos: Pueblo mío, hijos míos, mis amados, con todo su amor: son unos egoístas porque no me atienden, porque prefieren irse a sus casas antes de venir al templo a ver qué se necesita, antes de venir a arreglar mi casa se van a sus casas. Y sus casas están muy hermosas, están muy lindas. Habla de las casas arregladas muy hermosas que tienes, después lean el contexto; y dice: ¿y mi casa? Vacía. Vacía para la oración, vacía para la alabanza. Empieza el servicio y hay quien no llega a tiempo, ¿cómo es posible?

 

Esto es algo que yo todavía no he alcanzado a entender después de tantísimos años, no lo entiendo. No entiendo qué se le puede cruzar a un hermano en Cristo para que llegue tarde al servicio el domingo, no lo puedo entender, no sé qué pueda ser. No sé qué se le pueda atravesar para que no llegue a tiempo a un curso, a conocer más de la Palabra de Dios. Y lo único que puedo encontrar que se le atraviese es el egoísmo.

 

Dormí más; se me hizo tarde porque tenía sueño porque anoche me desvelé. Anoche fui a una reunión o me quedé viendo la televisión, una película. O como toda la semana me levanto muy temprano, ahora tenía que descansar más. ¡Egoísmo, egoísmo! ¿Por qué no estamos antes? A mí me impresiona ver como para los partidos de fútbol, antes de que empiece el partido el estadio está a reventar, ya está lleno.

 

¿Si han ido al Estadio Azteca? ¿Qué no les de pena, si han ido? Bueno, ¿han ido a otro tipo de evento deportivo? En todos los lugares, y no se diga para ir a Bellas Artes, a la Sala Ollin Yoliztli, si no llegas antes ya no entraste hasta el intermedio. Pues ya de qué sirve meterte en el intermedio.

 

Ah, pero a la iglesia hacemos nuestro intermedio y entramos e interrumpimos. Está la alabanza, estamos alabando a Dios, y estamos con los ojos cerrados, y nunca falta alguien que está llegando todo despistado que te agarra del hombro: hermano, hermano. Te desconcentra, volteas y le dices: ¿Si? Buenas tardes. No, por favor.

 

¿No les ha tocado así un vecino? A mí sí. Con permiso voy a pasar hermano. Llega más temprano para que no me interrumpas, y si no, espérate tantito hasta que termine la alabanza y te puedas sentar en algún lugar, espera. Pero no nos interesa, somos egoístas. Y vemos al hermano que está metido alabando al Señor, y le hablamos, lo desconcentramos. ¡Cuánto egoísmo tenemos en nuestro corazón que aun para las cosas de Dios no tenemos cuidado, no llegamos a tiempo! Y hace un momento lo decía el Señor.

 

Y esto sin hablar de la situación económica, para no hablar de los diezmos y de las ofrendas. Porque también dice el Señor: ¡me roban, se la pasan robándome! Pero sí queremos la bendición de Dios. ¿Cuántas ocasiones anteponemos nuestros propios intereses a los de Dios? Hay un evento, hay algo que se va a hacer, hay un Congreso, hay una Asamblea, va a haber una noche de Alabanza y de Adoración, va a haber un tiempo de 24 horas, de 50 horas para alabar y adorar al Señor. Ah pero tengo qué hacer, tengo otras cosas que son más importantes. ¡Qué pena!

 

Qué le podríamos argumentar al Señor si Él nos dijera: a ver, ¿por qué no llegas a tiempo al servicio, por qué siempre llegas a media alabanza? ¿Qué le podrías decir? Piénsalo. No pasaba rápido el metro, se venía deteniendo, estaba una manifestación, estaban los ciclistas. ¿Qué le puedes argumentar? ¿Mis hijos no estuvieron rápido? ¿Qué podemos argumentarle al Señor?

 

Qué le podrás decir al Señor el día que te diga: ¡dejaste mi casa vacía, no viniste! Cuántas ocasiones se hacen los llamados y no venimos a lo que tenemos que venir. ¿Por qué? Porque primero es lo mío y después es lo de Dios. Cuando dice la Palabra: Amarás a Dios sobre todas las cosas; amarás a Dios con toda tu mente, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Tenemos que amar a Dios con todo nuestro ser y lo tenemos que amar intensamente. No hay de otra.


Dios es Dios, no hay más. Y es el único y es el verdadero, y Él es nuestro Dios y lo merece todo. Merece tu tiempo, merece tu dinero, merece tu esfuerzo, merece todo lo que tú seas, Él lo merece y se lo tenemos que dar. Pero si al Altísimo a quien se lo tenemos que dar, no se lo damos, ¿qué pueden esperar nuestros hermanos? Qué pasó hermano, me dejaste plantado, llegaste tarde. Ay ni que fueras Dios para que llegara yo a tiempo.

 

El apóstol Pablo tiene una declaración terrible:

 

Filipenses 2:21  Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.

 

Dice mi hija: ¡Zaz! El apóstol Pablo lo está diciendo de parte de Dios: todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Cuántas ocasiones tú dejas lo tuyo, y no buscas lo tuyo para buscar lo que es te Cristo, lo que es de Dios, ¿cuántas veces? Y ahora bien, ¿qué es lo que nosotros tenemos que hacer, qué es lo que tenemos que llevar a cabo para que esto sea diferente en nuestras vidas, para que el egoísmo sea quitado?

 

La respuesta es muy sencilla de acuerdo a: Efesios 4:22-23  En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente.

 

El apóstol Pablo nos está diciendo exactamente lo que nosotros tenemos que hacer. Hoy que nosotros creemos en Cristo Jesús, hoy que queremos caminar de acuerdo a lo que Dios establece; entonces tenemos que dejar la pasada manera de vivir. Ya no podemos seguir viviendo como antes vivíamos, ya no podemos penar ni sentir, ni actuar como antes lo hacíamos. Porque antes nosotros estábamos respondiendo dice la Escritura: a deseos engañosos. Nuestras prioridades estaban fuera de lugar, no eran correctas delante de Dios.

 

Teníamos prioridades que no tenían que ser prioridades, y lo sabemos. Y le dábamos importancia y poníamos interés en cosas que no teníamos que hacerlo. ¿Qué es lo que hay que hacer ahora? Dejar todo lo que nosotros éramos del viejo hombre, de nuestra pasada manera de vivir, de la forma antigua o en otras palabras: como vive el mundo; haciendo a un lado el egoísmo y entendiendo las cosas de acuerdo a como Dios las establece.

 

Me tengo que renovar  aquí en mi mente. Si yo no renuevo mi mente, si yo no pongo nuevos conceptos en mi mente, y yo no abro mi mente a lo que Dios establece; nunca lograré avanzar. Nunca lograré hacer nada de acuerdo a lo que Dios quiere. Siempre estaré viciado, y siempre estaré cayendo en los mismos errores, en las mismas situaciones, siempre.

 

Por eso la Palabra de Dios dice: renuévate en el espíritu de tu mente. Conoce la Palabra, ve qué es lo que quiere el Señor, empápate de las cosas del Señor y ponlas en tu mente para que tú tengas el pensamiento, los sentimientos que dice el Señor; y entonces tu forma de actuar sea también de acuerdo al Señor, no hay de otra. Lo tenemos que hacer si nosotros queremos avanzar.

 

El egoísmo que hay en nosotros se va a quitar en el momento que nosotros pongamos en su lugar, que pongamos en el espíritu  de nuestra mente humildad y servicio. Si yo no pongo humildad y servicio, siempre seré egoísta. Si yo no pongo amor por los demás, siempre seré egoísta, siempre voy a querer que me atiendan, que me sirvan, que me den, que se preocupen por mí. Que yo llegue a algún lugar y que todo mundo se desviva por atenderme, que todo mundo se quede callado para que yo hable.


Y la Palabra de Dios nos dice otra cosa, le dijo nuestro señor Jesucristo a sus discípulos:

 

Mateo 20:26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,  

 

Lo más importante es servir a los demás, es despojarte de tu egoísmo y servir y atender a los demás. Esto siempre tiene que ser y no solamente con un determinado grupo de personas o en un núcleo; tiene que ser en todo momento.

 

Versículo 27  Y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo.

 

¿Quieres ser primero? Sirve. Ah hermano es que a mí no me interesa ser primero. ¿Ah no? Entonces sirve, no hay de otra. No quieres ser el primero, pues entonces a servir. Quieres ser primero, dice la Biblia que a servir. ¡Tienes que servir!  Y dice el por qué:

 

Versículo 28  Como el Hijo del Hombre (es decir, nuestro Señor Jesucristo) no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

 

Jesucristo nuestro Señor pudo haber venido para que le sirvieran todos. El Hijo de Dios, Dios mismo en la tierra, Dios encarnado. Imagina, le pudo haber dicho a sus discípulos: atiéndanme, sírvanme, denme de comer, denme el primer lugar. Y sin embargo, nuestro Señor Jesucristo no lo hizo así, y atendió a sus discípulos y atendió a toda la gente, les sirvió y amó a toda la gente. No puedes servir sino amas, tu servicio estaría vacío.


Sería como dijo el apóstol Pablo en
1 Corintios 13,  sin amor no tiene sentido lo que hagas, no tiene validez, ni se va a ver bien ni se va a oír bien. Por lo tanto nosotros en amor tenemos que servir, tenemos que seguir el ejemplo de Jesucristo. Decimos que somos creyentes en Jesucristo, es decir, nosotros creemos en Jesús porque creemos su doctrina, creemos lo que él hizo, lo que él dice.

 

Queremos ser como Jesús, por lo tanto nosotros tenemos que hacer lo mismo que hizo Cristo Jesús, lo mismo y tenemos que servir. Tenemos que despojarnos de nuestro egoísmo. ¿En qué momento nuestro Señor Jesucristo fue egoísta? En ninguno. Ni siquiera pudo ver en un momento para sí. Un momento en el cual está en el Getsemaní orando porque su tiempo se acercaba para ser crucificado, y está ahí y sin embargo, en ese momento ora y le dice al Señor: Señor, esto es difícil, no es fácil. El momento en el que me encuentro es muy duro en mi vida y yo no quisiera pasar por esto. No quisiera, pero no se haga mi voluntad, hágase tu voluntad. Y el Señor va al sacrificio.

 

¿Qué pudo haber dicho el señor Jesús? Padre, esto va a ser muy difícil, sabemos lo que me va a pasar: voy a cargar con todo el pecado de la humanidad, es decir, me van a golpear, me van a humillar, voy a tener el dolor más terrible en lo físico y en lo espiritual porque tú te vas a apartar de mí. Muchas ocasiones decimos: yo estoy en la posibilidad de pasar por lo que sea en Cristo Jesús. Teniendo a Dios, vamos, lo que sea. Sin embargo, en estos momentos nuestro Señor Jesucristo sabía que el Padre se iba a apartar de él, por una razón: Porque iba a llevar el pecado de la humanidad. Y Dios no tiene ninguna relación con el pecado, Dios no habita con el pecador.

 

Y Cristo Jesús a pesar de ser santo y no ser pecador, se hizo pecador por llevar nuestro pecado. Imagina el peso que iba a llevar Jesús. Y le pudo haber dicho al Padre: Padre sabemos lo que va a venir, sabemos lo que va a pasar, ¿para qué? Para una humanidad egoísta, para tener creyentes que ni siquiera se interesan por tus cosas.

 

Creyentes que no van a tener la capacidad de ser transformados, de que no van a querer ser transformados; que van a querer seguir viviendo como antes vivían, llenos de vicios en todos sentidos. ¿Con una iglesia llena de egoísmo? Padre, ¿para eso? No muero, aquí el dejamos y no hay problema. Yo regreso contigo y que la humanidad pues que se atenga a las consecuencias por su mal comportamiento.

 

Sin embargo, damos gracias a Jesús que no fue egoísta. Y damos gracias a Jesús porque a pesar de saber lo que venía siguió adelante. Muchas ocasiones nosotros no queremos hacer algo porque sabemos lo que va a pasar. Ah, ¿y para qué voy a ir? No, ya sé como va a estar, mejor ni voy, mejor ni me presento, ni pierdo mi tiempo, ya sé como va a estar.


Y tal vez tengas razón en saber cómo va a estar. No te presentas, no vas, no haces, no te importa. Y Jesucristo siguió adelante, y gracias a que siguió adelante, a que no fue egoísta, nosotros tenemos hoy salvación, tenemos vida eterna, ¡gloria a Dios! Para cumplir con el propósito de Dios, nosotros  de ser más que una iglesia, de ser una familia; necesitamos tener amor y por  lo tanto, necesitamos despojarnos de nuestro egoísmo.

 

Tenemos que hacer a un lado el egoísmo, en donde está el egoísmo no puede estar el amor. 1 Corintios 13:5b El amor no busca lo suyo. Es decir, el amor no es egoísta. El amor es generoso, el amor es dador, el amor se preocupa por los demás, el amor ve los intereses de los demás antes que los suyos propios. Mi amor así tiene que ser. No buscar lo mío, es ver por el bien de los demás, es ver por el bien de mis hermanos en la fe.

 

Es ver por el bien de la iglesia, ver por el crecimiento, por la fortaleza y por el bien caminar de la iglesia. Y muchas ocasiones nosotros echamos a perder esto con los chismes, con los juicios, con las críticas, con los comentarios adversos, negativos que hacemos de otros. Frena tu lengua, retenla, no critiques, muestra amor, muestra compasión, muestra que está antes que lo tuyo, el interés de los demás.

 

Y la Iglesia va a cumplir con los propósitos de Dios, la Iglesia va a caminar como Dios quiere y va a hacer y ser lo que Dios quiere. Y Dios va a poder hacer no solamente en ti sino en la Iglesia y hacia afuera lo que tiene que hacer. Cosas grandes quiere hacer el Señor este año, pero necesitamos estar firmes en todos estos conceptos que hemos estado hablando.

 

Bendito Dios y Padre eterno, te doy gracias por tu Palabra. Porque como dice la Parábola del sembrador, yo sé que tu Palabra cae en buena tierra, y que todos los que estamos congregados en este lugar recibiendo de tu Palabra, hemos recibido y fructificaremos al ciento por uno, porque tus propósitos se van a cumplir en nuestra vida de una manera personal y en nuestra iglesia en conjunto.


Porque vamos a impactar hacia afuera de acuerdo a tus propósitos para alcanzar a aquellos que no son salvos. Para que aquella gente que está perdida encuentre la salvación y la vida eterna. Te doy gracias por cada uno de mis hermanos. Que todos podamos renovar el espíritu de nuestra mente, poniendo las cosas nuevas conforme y tu Palabra; y desechando y quitando todo aquello que procede del viejo hombre, de nuestra vieja humanidad, la cual Señor ciertamente no solamente estaba viciada, sino que tal vez en muchas áreas sigan viciadas.


Rechazamos y renunciamos a ello para que lo nuevo, lo tuyo venga a nuestra vida, y todo sea para darte a ti la honra y la gloria, y esto en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Cristo Jesús, amén.


Dios los bendiga.

 

 

 

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