INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

UN LUGAR DE EDIFICACIÓN

 

José Antonio Cano Mirazo

 

REGRESAR

   

1 Corintios 14:12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la Iglesia.

 

Antes de entrar al tema déjenme comentarles que, Dios en su profundo amor y en su gran misericordia por la humanidad, envió a su Hijo sabemos, a nuestro Señor Jesucristo, para que nosotros tuviéramos comunión con Dios. Lo envía a hacer el sacrificio santo, el sacrificio perfecto, el sacrificio suficiente para nosotros poder entrar a la presencia de Dios y estar ahí con Él. Y esto es maravilloso, no se puede hacer de otro modo.

 

Cuando nosotros miramos en la antigüedad, nosotros vemos que solamente había una persona, el sumo sacerdote, que era el que podía entrar a la presencia de Dios, una vez al año. Cuánta limitación había. Y hoy nosotros gracias al sacrificio de Cristo Jesús estamos aptos para entrar en todo momento a la presencia de Dios, ahí podemos estar siempre. Dios con nosotros, y nosotros en Él, y podemos permanecer ahí.


Pero el amor de Dios no se limita, y nosotros podemos advertir que va todavía aun más allá de haber entregado a su propio Hijo para un sacrificio, para morir en una cruz. Y envía y promete enviar a la Iglesia a su Espíritu Santo. Y lo envía con diferentes propósitos, nosotros lo podemos advertir en la Palabra lo que está escrito.

 

Y dice que uno de los propósitos es que el Espíritu Santo da testimonio de la labor, de la presencia y de la obra de Jesucristo nuestro Señor. El Espíritu Santo es el que te convence de pecado para que tú te puedas arrepentir, sin el Espíritu Santo el hombre no se puede arrepentir de sus pecados, necesita que alguien le esté tocando en el interior diciéndole: estás mal, arrepiéntete.

 

El Espíritu Santo también dice la Palabra es un espíritu de amor, de poder y de dominio propio. Por lo tanto, el Espíritu Santo nos fortalece a nosotros para hacer conforme y la voluntad de Dios. Estamos convencidos y Dios lo sabe también que sin el poder del Espíritu Santo el hombre no puede caminar de acuerdo a la voluntad de Dios, no podríamos, no tenemos la capacidad para hacerlo.


Sin embargo, con el Espíritu de Dios, ese espíritu de poder y de dominio propio, nosotros estamos en la posibilidad de hacerlo. Y nos va guiando y también da testimonio el Espíritu Santo de que nosotros somos hijos de Dios. Él nos ha hecho sus hijos, y entonces nosotros podemos encontrar que dentro de todos estos propósitos está el consolarnos.

 

Nuestro Señor Jesucristo dijo: le pediré al Padre que les envíe un Consolador, al Espíritu Santo. Y envía al Espíritu de Dios y nosotros lo tenemos y está en nuestro interior, y nos fortalece; y todo esto es maravilloso, es grandioso. Dios mismo entregándose en la persona de Jesucristo y en el Espíritu Santo a nuestras vidas para que nosotros hagamos de acuerdo a la voluntad de Dios.

 

Pero también nos encontramos con algo maravilloso que nosotros sabemos, y es que el Espíritu Santo tiene dones, dones los cuales manifiesta en nosotros los creyentes. Estamos viendo en estos últimos domingos el por qué es importante congregarnos. Muchas ocasiones nosotros no tenemos una idea clara ni amplia de los porqués nos congregamos. Y es necesario que nosotros entendamos los porqués.

 

Y como estamos viendo aquí en 1 Corintios 14:12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la Iglesia.  Los dones del Espíritu Santo son para edificar a la Iglesia.

 

1 Corintios 12:8-11  Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

 

Nosotros podemos encontrar aquí en la Palabra nueve dones del Espíritu Santo que el creyente recibe de acuerdo a la voluntad de Dios. Conforme y Dios lo establece nosotros vamos a recibir de estos dones. Pero los dones tienen, insisto, un propósito específico. No es como muchas ocasiones la gente lo piensa o como muchos cristianos piensan, que los dones son para mi edificación personal, son para que yo los use, son para que yo incluso los presuma, y que yo ande diciendo que tengo tales o cuales dones. ¡NO!


Dice la Escritura que es
para edificación de la Iglesia de Jesucristo. Este es el propósito principal. Sin estos dones espirituales la Iglesia no puede ser edificada. Vimos que la Iglesia es un lugar de esperanza, vimos hace ocho días que la Iglesia es un lugar de crecimiento; y vemos de acuerdo a la Escritura que la Iglesia es un lugar de edificación.

 

En ningún lugar te van a poder edificar espiritualmente como en la Iglesia. Es el único lugar que se te puede edificar de acuerdo a los propósitos de Dios. Por lo tanto, aquellos cristianos apáticos, aquellos cristianos que no conocen la Escritura, que quieren no congregarse, que les da lo mismo venir o no venir a la Iglesia, están equivocados.

 

¿Por qué? Porque no van a tener edificación en sus vidas, ni van a ser utilizados por Dios para edificar la vida de los demás. No van a poder ser edificados por la Iglesia, ni podrán edificar a la Iglesia. Y los propósitos de Dios son que todos estemos perfectamente unidos para ser edificados y edificar.

 

La Palabra de Dios nos establece de una manera clara, como estamos viendo, que la Iglesia es un lugar de edificación, éste es su propósito. No podemos pensar en otras cosas: ah es que vamos a reunirnos porque no tenemos otra cosa qué hacer. ¡NO! O aquí nos distraemos, ya encontré aquí buenas amistades; hay buenas personas, tenemos el mismo propósito. ¡NO, Es un lugar de edificación espiritual!

 

Nueve dones del Espíritu Santo que se tienen que mover, que se tienen que dar en la Iglesia para que todos sus miembros, para que todos nosotros seamos edificados de acuerdo a la voluntad de Dios. Estos nueve dones son: 1) Sabiduría, 2) palabra de ciencia, 3) fe, 4) sanidades, 5) hacer milagros, 6) profecía, 7) discernimiento de espíritus, 8) diversos géneros de lenguas y, 9) interpretación de lenguas.

 

Nueve dones del Espíritu Santo, a Dios le gusta el nueve, nueve son las partes del fruto del Espíritu de Dios; nueve son los dones del Espíritu Santo. Y vamos a resaltar algo de ellos. Dice la Escritura que fe. Podemos advertir por lo tanto que la fe es un don del Espíritu Santo, que viene con el Espíritu de Dios; y dice la Palabra que sin fe nadie puede agradar a Dios.

 

Dice la Palabra, como lo veíamos también, que la fe viene por el oír la Palabra de Dios. Entonces en la Iglesia la fe se fortalece, la fe crece, con la fe que se mueve nosotros estamos en la posibilidad de sostenernos, de salir adelante, de saber que las promesas de Dios se cumplen. Vemos aquí los testimonios de una manera constante, testimonios de lo que Dios está haciendo, cómo se está moviendo con gran poder.

 

Dice la Escritura que otro de los dones es: sanidades. No solo sanidad, sino diversas sanidades, todo tipo de sanidades. El Señor Jesucristo vino a morir por nosotros y trajo sanidad, vino a sanar toda enfermedad y toda dolencia. Y es un don del Espíritu Santo la sanidad, por lo tanto, si alguien está enfermo, si alguien se siente mal, si alguien tiene algún padecimiento el Espíritu de Dios le puede sanar.

 

Y para eso está en medio del pueblo, está en medio nuestro y se manifiesta para que haya sanidades. Por eso también dice la Palabra: si alguno está enfermo, que llame a los ancianos, que impongan las manos, y éstos (los enfermos) sanarán. Nuestro Señor Jesucristo dice: que también estas señales seguirán a los que creen: sobre los enfermos pondrás tus manos y éstos sanarán.


Entonces, estos dones se tienen que mover aquí en la Iglesia, en medio nuestro, en cada uno de nosotros. En cada uno no se van a mover los nueve dones, pero sí se van a mover algunos de acuerdo a los propósitos, de acuerdo a la voluntad que Dios tiene.

 

Dice la Escritura que otro de los dones es: el hacer milagros. No es que solamente Dios hace los milagros. Nosotros estamos en la posibilidad de clamar al Señor, de pedirle que haga milagros. Y nosotros aquí oramos y van a venir los milagros. Y viene así como han venido sanidades, vienen milagros y viene fe, y viene todo lo que dice su Palabra. ¿Por qué? Porque de este modo el Señor va a edificando la Iglesia.

 

Si yo necesito un milagro, yo no le voy a ir a pedir a una piedra, a una estatua ¡para nada! Yo voy a venir en donde yo sé que la Iglesia es edificada en los dones, porque yo sé que aquí en la Iglesia es donde van a ocurrir los milagros. Yo puedo pedirle en lo personal, en mi oración personal a Dios un milagro, y sé que el Señor me escucha, porque lo dice su Palabra. Sé que Dios se mueve y se manifiesta y me va a responder.

 

Pero si yo en la Iglesia lo pido, va a haber quienes tengan dones de milagros. Simplemente veamos lo siguiente: nueve dones, divididos estos nueve entre toda la congregación. Si es una congregación de noventa personas, diez por lo menos, diez personas, diez hermanos en Cristo tienen el mismo don. Si son novecientos, cien hermanos en Cristo tienen este don. Así de sencillo. Si somos nueve mil, en mil personas habrá el mismo don. Ya no es que solo esté clamando al Señor, sino todos los que tienen ciertos dones van a orar, y van a interceder y se va a edificar la Iglesia, y se va a fortalecer. Son propósitos que el Señor tiene, y los marca de una manera bastante clara.

 

Y luego dice, después de hacer milagros, discernimiento de espíritus. Poder saber cuándo las cosas proceden de Dios y cuándo no. Muchas ocasiones nosotros creemos que algo procede de Dios porque nos conviene que así sea. Porque queremos que eso pase, queremos que Dios nos bendiga; le pido algo a Dios y yo siento, y tal vez hasta yo escuche la voz que me dice que sí, que va a hacer de este modo. Y realmente puede no ser la voz de Dios, puede ser mi corazón.

 

Porque aun la Palabra dice que el corazón del hombre es engañoso. Y mi propio corazón me puede engañar haciéndome creer que una palabra procede de Dios, o al contrario, que algo procede del enemigo. Y no es del enemigo, puede ser de Dios. Hay quienes dicen: si sientes paz para hacer algo, es que es de Dios. Si hay intranquilidad no es de Dios, no lo hagas. 


Eso no es un discernimiento de espíritus; eso simplemente es tratar de poner parámetros de qué sentir. De que cuando algo siento sea determinado para saber más o menos de qué se trata. Pero eso está muy equivocado, yo puedo pretender hacer algo, orar al Señor y sentir paz. Y eso no significa que sea de Dios, eso significa que yo estoy en paz, que yo puedo sentir paz porque quiero hacer eso.

 

O lo contrario, le pido algo al Señor y siento mucha intranquilidad. Y al sentir intranquilidad digo: Ah es que esto no es de Dios, por lo tanto, no lo voy a hacer. No estoy discerniendo, tal vez si es de Dios y el enemigo está haciendo algo para que yo tenga intranquilidad y no haga lo que Él establece. Entonces, en la Iglesia es dice la Palabra, donde este don, un don del Espíritu Santo, discernimiento de espíritus se mueve para que todos nosotros seamos edificados en esta área.

 

Y dice también: diversos géneros de lenguas. Las lenguas se manifiestan, las lenguas las hablamos conforme y los propósitos de Dios. Y luego dice: interpretación de lenguas, interpretar las lenguas. Saber qué es lo que está diciendo Dios en el espíritu cuando no es en el entendimiento.

 

1 Corintios 14:2-3 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. 3Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.

 

La profecía es algo bien importante para la edificación de la Iglesia. La profecía es algo que debe estar presente en la Iglesia para que sea edificada, porque es el instrumento que Dios utiliza para edificar, exhortar y consolar. A través de la profecía Dios cumple con estos tres aspectos; no es solamente la profecía algo que sea para hablarnos muy bonito y decirnos que todos somos muy maravillosos. O al contrario, que todos somos unos pecadores y que estamos condenados. ¡NO!

 

La profecía es para edificar, exhortar y consolar. De otro modo Dios no lo va a hacer. En tu trabajo no vas a recibir esto, en tu casa no lo vas a recibir, no lo vas a recibir con tus amistades, ni aun en las células en donde nos congregamos de oración. Esto se mueve en la Iglesia. Muchas ocasiones aun hay cristianos que a pesar de que haya profecía no creen en la profecía.

 

Conozco pastores, supuestamente en la libertad del Espíritu Santo, conociendo los dones del Espíritu Santo que no tienen profecía o que no aceptan la profecía. ¿Por qué? Porque también han tenido experiencias difíciles en donde no creen lo que dice un profeta, pero esa es su situación muy personal. La Palabra de Dios nos establece que la profecía es para edificar, exhortar y consolar a la Iglesia, no es de otro modo.

 

¿Dónde vamos a ser edificados, exhortados y consolados? En un don espiritual que se llama profecía, y esto se va a dar en la Iglesia, aquí adentro. No puede ser en otra parte. Son tres características que tiene la profecía que se tienen que dar. Y yo tengo que estar atento a la profecía. Si no crees en la profecía no puedes ser edificado, exhortado ni consolado, tu corazón está tan duro que no vas a recibir absolutamente nada de parte de Dios, a través de este don del Espíritu Santo.

 

Versículo 4 El que habla en lengua extraña (es decir, el que habla en lenguas que no se le entiende), a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la Iglesia.


Si yo hablo en lenguas es un momento en el cual el Espíritu Santo en mí está hablando a Dios de una manera directa, y yo no sé qué le está diciendo, pero yo sé que está intercediendo y que le está hablando, y yo me estoy edificando al hablar en lenguas. Yo me edifico de una manera personal.  Pero, la profecía dice: edifica a la Iglesia. Todos somos edificados a través de una palabra profética.

 

Y sigue hablando aquí el apóstol Pablo en relación a la profecía y a las lenguas, sigue mencionando esto, y esto se lo dice también a los Corintios, porque allá en Corintio había mucho desorden, había mucho problema. Y hubo un momento en el cual tuvo Dios que poner orden de cómo hacer las cosas en la Iglesia, porque todos con el argumento de que tenían el Espíritu Santo y fluían en los dones del Espíritu Santo, habían hecho un desgarriate. Y tiene que venir Pablo a poner normas, a poner reglas para decir cómo tienen que ser las cosas. 

 

1 Corintios 14:22 Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.

 

Es decir, tú no puedes profetizar algo a un incrédulo porque no le va a ser por señal y ni te lo va a creer. Y lo único que vas a hacer es orillar a esta persona que te está escuchando a que te diga: estás loco, Dios no habla, estás mal. Por lo tanto, la profecía tiene que estar dirigida a los creyentes. Valga la redundancia: creyentes que creen, porque hay creyentes incrédulos.

 

La Iglesia denominacional no cree en los dones del Espíritu Santo, no cree en la profecía, no la acepta, no la recibe. Algunos creyentes o llamémosles cristianos, porque creen en Jesucristo, en las Iglesias en donde se mueven los dones del Espíritu Santo, tampoco creen en la profecía. Por lo tanto, no son creyentes. Y la Palabra de Dios nos establece que: pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes. ¿Eres creyente? Reconoce la voz de Dios a través de un profeta, y sabes que Dios te va a edificar, que te va a consolar y que te va a exhortar.

 

1 Corintios 14:23 Si, pues, toda la Iglesia se reúne en un solo lugar.

 

No es que algunos se reúnen, toda la Iglesia, todos sus miembros. El problema es que luego tenemos otras cosas que hacer, y entonces no nos reunimos y no le damos importancia. Y no nos damos cuenta que si no vamos a la Iglesia no somos edificados. La Palabra de Dios es clara, y por eso Pablo establece todo esto y dice: mira, toda la Iglesia se reúne toda, en un solo lugar, no se reúne en diferentes lugares.


Cada congregación local, los que pertenecen a esa congregación local se tienen que reunir todos en ese lugar. Yo no puedo decir: hoy me dio flojera, anoche me desvelé, hoy no voy a la Iglesia, aquí en la casa me pongo a orar, me pongo a leer un poco la Biblia, entro a internet y escucho un mensaje. No está funcionando, el propósito de la Iglesia no está funcionando, no va a suceder nada en tu vida.

 

¿Por qué? Porque dice la Palabra del Señor que necesitamos reunirnos en un solo lugar. Tú no te puedes quedar en un lugar, y yo en otro, y otro hermano en otro; todos tenemos que estar en el mismo lugar. Y continúa diciendo: y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?  24Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; 25lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros. 26¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.

 

El apóstol Pablo aquí está hablando de los diferentes dones, está hablando de los diferentes propósitos de la Iglesia. Y si nosotros tenemos esto, necesitamos usarlos como dice, y hace insistencia en ellos para edificar la Iglesia. No puede ser de otro modo, se tiene que edificar la Iglesia conforme y los propósitos de Dios.

 

La Iglesia está siendo tratada por nuestro Señor Jesucristo para crecer, para ser edificada, para presentarse a sí mismo una Iglesia santa, una Iglesia gloriosa, una Iglesia sin mancha y sin arruga. Esto no será posible si nosotros no somos edificados. Yo no me puedo edificar a través de los mensajes que escucho en internet, o a través de mensajes en televisión o del radio.

 

Ah es que es un canal cristiano. ¡No importa! la Palabra de Dios establece que nosotros nos tenemos que congregar para ser edificados en la Iglesia, no hay otra. Podemos tener nuestros propios argumentos, podemos poner cantidad de cosas, lo que sí es real es que nos tenemos que congregar.


Ahora con la venida del Papa, dijeron que iban a cerrar una gran cantidad de calles, iba  a haber muchos cierres. Y de hecho aquí en el municipio de al lado ahí llegó y pusieron gradas para recibir a 800 mil personas. Movieron a 23 mil policías, llevan dos semanas trabajando ahí, y arreglando para  poner y dejarle todo listo a este señor.

 

Claro, como se escuchó que iba a haber cierres, muchos hermanos dijeron: No voy a la Iglesia. ¿Por qué? Porque va a ser difícil salir. No voy a la Iglesia porque van a estar calles cerradas. Ah me agradó mucho antier en la noche que hablé con una de las hermanas que vive por esa zona, y ya cuando iba a colgar me dijo ella: bueno entonces, en el nombre del Señor nos vemos el domingo. Y si hay cierres por mi casa, no importa, me voy caminando.

 

Cuando tienes disposición de hacer algo y de cumplir con lo que Dios establece, le buscas, haces lo posible para cumplir con lo que Dios establece. Pero no  puedes decir: Ah como hay la amenaza de que hay cierres, entonces no voy. ¿Qué pasaría con la Iglesia si todos pensáramos así? ¿Qué estaría haciendo nuestro Señor Jesucristo con una Iglesia irresponsable que no cumple? ¿Qué haría? ¡Nada! ¿Qué pasaría? La deja cuando él venga.

 

Ah es que son amenazas. No, no son amenazas, son realidades; y el Señor nos está preparando para llevarnos con él. Y un día va a venir y nos vamos a ir con él, y vamos a vivir por la eternidad con él. No te preocupes, ese día no vas a tener necesidad de congregarte en la Iglesia. Pero hasta ese día, antes de que él venga nos tenemos que congregar para que sus propósitos se cumplan en nosotros, en la Iglesia, en cada uno de nosotros.

 

1 Corintios 14:27-28 Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. 28Y si no hay intérprete, calle en la Iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.

 

¿Por qué? Porque el que habla en lenguas a sí mismo se edifica. Pero si alguien habla en lenguas y esto se refiere al don, es decir que alguien en lenguas no esté hablando en un nivel normal sino por arriba de los demás, y habla en lenguas porque tiene un mensaje de parte de Dios, tiene que haber una interpretación. ¿Por qué? Porque también de este modo Dios edifica a la Iglesia.

 

Y Dios se manifiesta y Dios va edificando a su Iglesia, y todo lo que nosotros hagamos en la Iglesia tiene que ser, dice la Escritura, para edificación. En la Iglesia nosotros somos edificados y vamos a edificar. Por eso son las clases, los cursos, por eso tenemos clases para los niños., para los adolescentes, para los jóvenes; por diferentes áreas hay clases. ¿Para qué? Para ser edificados.

 

¿Quiénes nos edifican? No le hablamos a nadie de otra Iglesia que venga a darnos clases, no le hablamos al pastor de otra Iglesia y le decimos: pastor fíjate que necesito que tus maestros vengan a mi Iglesia y le den clases a los niños, que me los edifique conforme y la voluntad de Dios.

 

Nosotros mismos tenemos que ser maestros de nuestros hijos, de los niños; y nosotros los tenemos que edificar de acuerdo a la voluntad de Dios. Necesitamos fluir en el Espíritu Santo para estar capacitados, preparados para poder edificar. Si hay algo que no edifica a la Iglesia, no lo hagas en la Iglesia, sencillo.

 

Romanos 12:6-8 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, 

 

Es decir, cada uno tiene dones diferentes de acuerdo a la gracia que hay en cada uno de parte de Dios. Todos, todos los que recibimos el Espíritu Santo tenemos dones espirituales, todos. Porque el Espíritu Santo viene a nosotros completo, no viene en partes; y viene con sus dones. Por lo tanto, nos da dones. En el momento en que un cristiano, un creyente recibe el Espíritu Santo, en ese momento está recibiendo también de los dones del Espíritu Santo, pero se van a manifestar de acuerdo a los propósitos y la voluntad de Dios para edificar a la Iglesia.

 

Y dice: Según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe. Vemos que otro de los dones del Espíritu Santo como ya lo mencionamos, es la fe. ¿Por qué necesitamos los dones, el don de fe? Para que los otros dones también puedan fluir y se puedan usar conforme y los propósitos de Dios.

 

Si yo no tengo fe, ¿cómo voy a usar los otros dones? Si yo no tengo fe, aunque me haya dicho a mí el Señor que tengo, por decir algo, el don de sanidades, no pasará nada. Y yo veo que impongo las manos sobre los enfermos y los enfermos sanan, si yo no tengo fe no voy a ser usado por Dios, porque yo mismo no voy a creer que Dios pueda hacer algo.

 

Es una de las limitaciones del cristiano. Muchas veces no creemos que Dios pueda hacer algo en nuestro caso. Creemos que Dios puede hacer algo en los demás, pero en el nuestro propio decimos: no, aquí no, esto está muy difícil, está muy complicado no creo que Dios lo haga. Y Dios se manifiesta y Dios lo hace; y nosotros necesitamos la fe. Y aquí el apóstol está diciendo que nosotros vamos a utilizar los dones como el de profecía de acuerdo, y los tenemos que usar a la medida de la fe.

 

Romanos 12:7 O si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza.

 

No puedes tú quedarte con un don guardado, no lo puedes guardar y decir: Ahí para después. La Palabra de Dios nos muestra de una manera bastante clara que nosotros tenemos que poner en práctica los dones que hemos recibido de parte del Señor. Aunque luego nos encontramos con un problema, vienen hermanos en Cristo y me dicen: Es que no sé qué dones tengo. Hay que orar, hay que fortalecernos para que fluyan.

 

Versículo 8  El que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

 

Los dones del Espíritu Santo, los dones de parte de Dios los debemos de poner al servicio de los miembros de la Iglesia, ¿para qué? Para que la Iglesia sea edificada, para que todos nosotros seamos edificados. Y conforme y yo utilice un don, conforme y lo ponga en práctica ese don va  acrecer en mí, se va a desarrollar. 

 

Cualquier don que tú tengas, que utilices constantemente, el don va a crecer. Lo tenemos que poner en práctica, y tiene que ser al servicio de los miembros de la Iglesia. Lo dice la Palabra, y lo debemos poner con solicitud y con alegría. Lo tenemos que hacer gozosos, porque es algo de parte de Dios. Los dones del Espíritu Santo son  de Dios, no nos pertenecen. Y Dios nos va a pedir cuentas sobre ello. Nuestro Señor Jesucristo lo dijo muy claro.

 

Mateo 25:14 Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.

 

Es decir, el reino de los cielos es como el Espíritu Santo que vino y te entregó sus dones, los depositó en ti.

 

15A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.

 

No nos está dando Dios dones que nosotros no tengamos la capacidad de utilizar. Nos da dones de acuerdo a nuestra capacidad. Lo dice la Escritura, por lo tanto, lo que Dios a mí me entrega, es lo que yo puedo utilizar y debo de utilizar porque tengo la capacidad para utilizarlo. Y si a mí me dio cinco dones, los tengo que trabajar los cinco. Si me dio dos, tengo que trabajar los dos.

 

Si me da uno, tengo que trabajar uno; tal vez le tenga que pedir al Señor que me da más capacidad para poder trabajar un poquito más. Pero si no, no hay ningún problema, Dios sabe cuál es mi capacidad y me está dando de acuerdo a mi capacidad.

 

Y dice: Y luego se fue lejos. 16Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 18Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.  21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

 

22Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 24Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

 

26Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

 

La Palabra y nuestro Señor Jesucristo son fuertes, estamos en un lugar de edificación, para ser edificados y para edificar. El Espíritu Santo en su inmenso amor y en su gran misericordia viene con dones y nos da dones conforme y él quiere; y nosotros los tenemos que utilizar y tenemos que edificar a la Iglesia con esto que estamos recibiendo. Es un compromiso que tenemos.


Si tú no quieres trabajar poniendo los dones al servicio de la Iglesia para su edificación, va a haber un resultado: Cuando el Señor haga cuentas contigo, te lo va a demandar y te va a decir: ¿por qué no los pusiste a trabajar? Te di el don de la enseñanza y nunca enseñaste, nunca edificaste en la Iglesia. Te di el don de sanidades y nunca oraste por un enfermo en la Iglesia. Te di el discernimiento de espíritus y nunca liberaste, nunca echaste fuera un demonio ahí en la Iglesia; nunca hiciste lo que debiste haber hecho.

 

Te di el don de fe y nunca lo pusiste en práctica, es más, te di el don de profecía y nunca hablaste, nunca profetizaste para edificar a la Iglesia. Dios nos va a pedir cuentas. ¿Qué estamos haciendo con los dones que hemos recibido? Lo peor, te puse en una Iglesia y luego ni ibas; ni fuiste edificado ni edificaste. O sea, ¿de qué se trata? Tenemos que estar con la Palabra de Dios clara en nuestra mente de cuáles son sus propósitos para nosotros llevarlos a cabo.

 

Subieron en internet una imagen donde se supone que está Jesucristo preguntándole al Papa, ¿por qué engañaste a los feligreses? Y el Papa le responde: porque no leen la Biblia. ¡Qué fuerte! A la gente no le interesa leer la Biblia, y luego ni a los cristianos nos interesa leer la Biblia. Y aprendemos lo que dice en la Biblia, y sabemos lo que es el pensamiento y el sentimiento de Dios y lo tenemos que poner por obra.

 

De nada sirve que Dios nos diga cuáles son los propósitos por los cuales nos tenemos que congregar, si no nos interesa. Ah si, eso dice ahí pero bueno, yo voy a seguir mi vida como la llevo. ¡Cambia! Cambia porque la Palabra de Dios establece que él va a venir, que Jesucristo va a venir  por nosotros una vez que la Iglesia esté lista, cuando la Iglesia esté sin mancha, sin arruga, ese día va a venir Jesucristo y nos va a llevar con él a la presencia del Padre para vivir por la eternidad. Y yo quiero que ese día sea.

 

Por eso es también una de mis preocupaciones como Pastor, de que vengan a los cursos, de que aprendan, de que se congreguen. Ah es que el Pastor quiere que vaya a la Iglesia porque soy muy bonita y así se adorna la Iglesia. Bueno, no precisamente. Es que ahí nos quiere ver a todos, es como una mamá gallina. ¡NO!

 

Es porque la Palabra de Dios establece que necesitamos ser edificados, y solamente aquí en la Iglesia podemos ser edificados en lo personal. Solamente en la Iglesia está este fluir de los dones del Espíritu de Dios, para ser edificados y para edificar. Todos aquí tenemos la capacidad de edificar, porque todos hemos recibido dones. ¿Cómo los estás poniendo por obra?

 

Efesios 2:4-6 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

 

Fíjate qué maravilloso, espiritualmente hablando nosotros estábamos muertos por nuestro pecado, pero nuestro Señor Jesucristo nos dio vida y nos hizo sentar, dice la Palabra, en lugares celestiales. Y estamos sentados espiritualmente hablando ahí junto con Cristo Jesús con Dios Padre. En ese lugar estamos porque nosotros tenemos acceso a Dios gracias a Cristo Jesús, gracias a su sacrificio. Nosotros tenemos acceso a él y estamos en él y podemos hacerlo, y estar donde él está y hacer lo que él hizo.

 

Versículo 7  Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.


Nosotros le vamos a mostrar por la eternidad, en todos los siglos que vienen la gran misericordia, la gran bondad, esa riqueza que tuvo con nosotros Dios a través de Cristo Jesús. Si no hubiera sido así nosotros no tendríamos posibilidad de estar delante de la presencia de Padre. Ni podríamos pensar ni siquiera en una vida eterna en la presencia de Dios. Pero gracias a Cristo Jesús nosotros vamos a vivir por la eternidad, todos los que estamos aquí vamos a vivir por la eternidad en cristo Jesús, para siempre.

 

Versículo 8  Porque por gracia (que no nos costó absolutamente nada) por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

 

Hasta en eso Dios nos tuvo que echar la mano, porque si no fuera por fe no hubiéramos creído en Jesucristo. ¿Y quién trajo la fe a nuestro corazón? El Espíritu Santo. Por eso antes de ser cristianos nosotros creíamos en tantas diferentes cosas, por eso tanta gente está tan engañada,  creyendo que porque un tipo pasa y le toca la cabeza a un niño, el niño se va a sanar. ¡Qué tristeza!


Cuando esa gente que tiene hijos enfermos podría ir a las Iglesias cristianas para ser edificados y para recibir de los dones del Espíritu Santo, y recibir sanidad. Tan sencillo como eso, pero como no conoce la gente no lo hacen, como no les interesa a la gente, no lo hacen. Y cuando les predicas pues tampoco quieren recibir de la Palabra del Señor.  

 

Efesios 2:19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.


Fíjate qué hermoso. No eres extranjero para con Dios, no eres extranjero para con Jesucristo, no eres un advenedizo; eres conciudadano de los santos, conciudadano de los creyentes en Cristo Jesús, y miembro de la familia de Dios. Todos nosotros somos miembros de la familia de Dios, por eso somos hermanos.

 

Versículo 20  Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas.

 

Si no tenemos los dones del Espíritu Santo no se podría cumplir esto. Nosotros somos edificados como dice la Palabra, en los fundamentos que nuestro Señor Jesucristo estableció, en los fundamentos que están escritos en la Palabra y que nos son trasmitidos.

 

Versículos 20-21 Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. 21en quien todo el edificio (toda la Iglesia), bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.

 

La edificación que Dios está haciendo en cada uno de nosotros, dice aquí, tiene un gran propósito, y el propósito es que tú seas edificado, que seamos edificados para ser morada Dios, morada del Dios Altísimo, así. Nosotros necesitamos abrir nuestra mente y entender la magnitud de lo que son las cosas.


¿Qué necesidad tenía Dios de estar batallando con nosotros que somos tan reacios, que somos tan apáticos? No tenía ninguna necesidad con toda honestidad. Dios no nos necesita, nosotros necesitamos a Dios. Qué triste aquellos creyentes que piensan que Dios los necesita, que son capaces de hacerle desplantes a Dios; porque el día del juicio se quedarán. Y todo el tiempo que aparentemente estuvieron en la Iglesia no les habrá servido de nada.


La Iglesia es un lugar para nuestra edificación y lo tenemos que entender. En ningún lugar te vas a edificar espiritualmente, solo en la Iglesia. No te vas a edificar en una escuela en las cosas espirituales. No te vas a edificar con los amigos, ni en las células, ni en tus reuniones personales, ni en tu oración personal; en ningún lugar te podrás edificar espiritualmente como en la Iglesia. Este es el lugar que el Señor creó para edificarte espiritualmente.

 

Lo creó y por eso se lo dijo a Pedro, y yo te digo que tú eres la roca sobre la cual estará edificada mi Iglesia. Claro que hay quien no entiende esto y cree que la roca se refería a Pedro. Pedro es piedra. Roca, ¿quién es la Roca? Jesucristo. Sobre Jesucristo mismo se edifica la Iglesia, su Iglesia, y él lo anunció.

 

De no ser necesaria la Iglesia Jesucristo no la hubiera levantado. Hubiera dicho: cree en mí, serás salvo y no hay mayor problema. Ora en tu casa todos los días un momentito si te da tiempo, y con eso es suficiente. Pero nuestro Señor Jesucristo habló de la creación de la Iglesia porque ya tenía propósitos específicos para ella, porque ya sabía dónde y de qué manera se iba a edificar.

 

Por eso el apóstol Pablo también lo dice, por eso Jesucristo mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas; a otros maestros, a otros evangelistas, y a otros pastores. Dios lo hizo todo y Dios lo hace para edificar conforme y su voluntad. Nadie entrará al reino de los cielos que no sea edificado, que no esté dentro de la Iglesia de Jesucristo.


Por lo tanto, ponte a pensar ¿cuáles son los dones que Dios te dio? ¿En qué dones Dios te usa para que tú participes en la edificación de la Iglesia? ¿Y qué necesitas para seguir siendo edificado por la Iglesia?

 

Bendito Dios y Padre eterno en el nombre de Jesús, te doy gracias por tu amor, por tu bondad, por tu misericordia, por la atención, por el cuidado que tú tienes por cada uno de nosotros, porque Padre tu gloria resplandece en medio nuestro. Guíanos conforme y tus propósitos, llévanos de la mano para que nosotros no nos perdamos y seamos de acuerdo a lo que tú estableces.

 

Y gracias Padre por el cuidado que tú tienes por cada uno, y en Cristo Jesús a ti sea la gloria y la honra para siempre, amén.

 

Dios los bendiga.

 

 

 

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