INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

CONGREGADOS POR AMOR

 

Fernando Cabrera

 

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Quiero pedirte que respondas a esta pregunta que quiero hacerte, pero vamos a pensar que esta pregunta que yo te quiero hacer te la está haciendo de manera directa el Señor. Responde a esta pregunta mi hermano, ¿por qué estás aquí? ¿Por qué en la mañana tomaste un tiempo y te arreglaste, y llegaste a este lugar? ¿Por qué estás aquí?

 

Algunos tal vez tengan problemas, algunos tal vez tengan la necesidad de algo en particular. Algunos tal vez tengan alguna enfermedad y saben que Dios los va a sanar. Algunos vienen porque tal vez alguien los levantó y les dijo: ven, vamos. ¿A cuántos les generó incomodidad el venir esta mañana, y cuántos se alegraron que era un día domingo y que iban a venir a la iglesia?

 

¿Recuerdas tu primer amor, la primera vez que llegaste a la iglesia? Era un gozo levantarte en la mañana y saber que venías  ala casa de tu Padre. ¿Cuántos siguen sintiendo ese gozo? Y eso estuvo moviendo el Señor en mi corazón para esta predicación ¿por qué te congregas? ¿Quién te obliga a venir, quién te levanta para venir? ¿Cuál es el propósito por el cual te levantas y vienes? Y esa respuesta que tú tienes en esta hora analízala, y espero que coincida con lo que Dios está esperando que tú le respondas.

 

En muchas ocasiones hay cosas que hacemos, y las hacemos a veces de buena voluntad a veces las hacemos obligados, a veces de buenas o a veces de malas. Pero, ¿cuántas veces has hecho cosas por amor? Se ha estado predicando con relación a la importancia de congregarnos; y hemos escuchado porque la iglesia es un lugar donde aprendemos, donde somos edificados.

 

Y hemos escuchado de parte de Dios una palabra que llega directamente a nuestro corazón y que realmente el Señor cada día que nosotros estamos aquí, está edificando nuestras vidas. Creo que en muchos de los casos las palabras que recordamos, las citas bíblicas que recordamos es porque las hemos escuchado aquí; desgraciadamente no hay la cultura del auto-estudio; desgraciadamente no hay la cultura de la lectura.

 

¿Cuántos tienen problema con eso? Pero muchas veces hay problema con la lectura, de la disciplina. Tenemos desgraciadamente una falta de cultura de leer, de edificarnos, de prepararnos. Si no lo hacemos en lo secular mucho menos lo hacemos en lo espiritual; hay un problema tan grave.

 

Entonces por aquellos que dicen: “es bueno quedarme en mi casa y yo ahí, voy a estudiar”. O “no voy a ir a un curso y yo aquí en mi casa voy a estudiar”. Realmente es una gran mentira, y es muchas veces engañarse a sí mismo el pensar que en tu casa puedes edificarte.

 

No podemos sustituir el día que el Señor hizo para reunirnos, y utilizarlo para otras cosas, no lo podemos hacer. Si tu propósito es edificarte, bien lo lograrás, y probablemente estudiando en tu casa, probablemente teniendo esa cultura de lectura; probablemente escudriñando las Escrituras podrías lograrlo, probablemente.

 

Pero esa no debería de ser la única razón por la cual nos congregamos. Mira hacia dónde el Señor me llevó en la preparación de este mensaje. Y cuando me hizo esa pregunta, ¿por qué se congregan? Hubo una sola respuesta que apuntaba hacia el corazón de Dios, ¿cuántos se congregan por amor a Él?

 

Cuando hay cosas que hacemos que nos cuesta trabajo hacer, que nos causa molestia; probablemente en el intento de hacerlo llegamos a claudicar, no siempre lo logramos, se nos hace pesado hacer algo que no queremos hacer. Pero qué tal cuando hacemos cosas que nos agradan, cosas que amamos. Yo algún día les platicaba sobre cuando estás enamorado, cuando ves a esa chica, no importa a qué distancia ella viva, tú te mueves desde ese lugar y vas hasta ese lugar con tal de pasar tiempos con ella o con él.

 

Y los tiempos que pasas con él o con ella son tan cortos que dices: Híjole, cómo me gustaría vivir con él o con ella. Digo, yo hablo por mi caso. Yo era mucho el tiempo que pasaba con mi esposa cuando éramos novios, pero yo decía: quiero pasar más tiempo con ella, yo quisiera ya vivir con ella. Y a veces mi esposa por la distancia que iba a la Universidad, yo tenía que ir a mi trabajo y luego trasladarme hasta donde ella estaba; ella estaba hasta Cuautitlán Izcalli en campo 4.

 

Y yo salía a las 8 de la noche, y de allá yo me trasladaba porque el último camión que salía era a las 10 de la noche; pero no me importaba porque iba a ver a la persona que yo amaba. Y no importa que no alcanzáramos a la mejor el camión y teníamos que tomar un transbordo para otro lugar y luego de ahí hasta la casa, y llegábamos cerca de las 12 de la noche 1 de la mañana. Pero ¿sabes algo? Esos fue durante todos los 4 ó 5 años de carrera y no me importó, por el amor que yo sentía por ella, y sigo sintiendo pero ya no voy hasta allá.

 

Entonces, el punto a donde voy es de que, hoy en la mañana que tú te levantaste, que tú te metiste a bañar o que preparaste tus cosas para venir aquí, ¿realmente en tu corazón había la pasión o la alegría de decir: voy a la casa de mi Padre? El verdadero gozo cuando fue tu primer amor.

 

¿Recuerdas tu primer amor? ¿Recuerdas cuando te invitaron a al iglesia que tú llegaste aquí y que tú escuchaste esos cantos, y fuiste a tu casa y ya querías que fuera domingo para regresar a la iglesia? ¿Cuántos siguen sintiendo ese mismo sentir, ese mismo amor?  ¡Gloria a Dios!

 

¿Y sabes? Eso es porque no has dejado tu primer amor. Dios no solamente quiere que nos congreguemos para edificar nuestra vida, para que crezcamos; Dios lo dijo hace un momento a través de la profecía, y ahí es cuando nos damos cuenta que el Señor confirma su Palabra. Dijo: Te deseo y te anhelo, te amo tanto que quiero pasar tiempos contigo. Dijo: ven y métete a tu cámara y pasa tiempos conmigo.

 

No quiero preguntar cuántos pasan tiempos con Dio entre semana, ni tampoco esta es una predicación par aun juicio, por supuesto que no. ¿Sabes? Me encantaría que este mensaje pudiera cambiar un poquito en nuestro corazón hacia el porqué nos congregamos, y que empezáramos a ver por amor a Él, porque ÉL nos ama y nos desea tanto que justamente nos está esperando. Él no espera que todos lleguemos, cuando nosotros llegamos Él ya está aquí, y nos desea y nos ama. 

 

Lucas 13:34-35 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! 35He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

 

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! Fue un intento no fue una sola vez, es cuántas veces quise hacerlo pero tú no quisiste.

 

Cuando yo veo esto y veo la comparación que hace el Señor Jesús cunado dice: como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas.  Yo veo el amor de Dios, y déjame decirte que me fui un poquito a investigar sobre qué hace una gallina para cuidar y cubrir a sus pollitos. Y podemos ver el amor de un ave como una gallina, podemos ver el amor que tiene hacia sus hijos.

 

Y dice que cuando hay algún gavilán o algún halcón que normalmente asecha a esos polluelos, va sobre ellos, los toma y se los llevas. La gallina normalmente está atenta, aunque sus pollitos están dispersos, aunque sus polluelos están jugando, la gallina está atenta y no pierde a ninguno de vista. Fíjate bien, no los pierde de vista son sus hijos.

 

Y entonces cuando ve el asecho de esta ave que está queriendo atacar a sus hijos, lo que hace la gallina no es correr por ellos, ¿sabes qué es lo que hace ella? Se sienta a un lado, extiende sus alas y comienza a llamarlos a través de un sonido.  Lo que ella empieza a hacer es a cloquear, ella empieza a hacer ese ruido; y lo que hacen los pollitos al escuchar ese ruido, es correr y meterse debajo de sus alas.

 

La gallina lo que hace es acomodarlos ya que están cerca de ellos y cubrirlos con sus alas. Y el gavilán no se acerca. La gallina está dispuesta a morir por sus hijos, está dispuesta a pelear, tiene carácter para pelear por sus hijos, por sus pollitos. Y el gavilán la piensa para poder llegar. Pero podemos ver el amor de una madre que está dispuesta a morir por sus hijos.

 

¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Cuántas veces yo quise juntarte como la gallina! ¿Por qué? Porque los veo dispersos, porque los veo que están en peligro. La Biblia dice claramente que Satanás anda como león rugiente buscando a quién devorar. ¿Y sabes? No está queriendo buscar devorar a los que ya están afuera, ellos ya están devorados, son de su club. Pero, ¿sabes? El diablo está sobre los hijos de Dios queriéndolos devorar, queriéndolos destruir.

 

Y justamente lo que hace el Padre es extender sus alas y entonces clama y ÉL dice: cuánto te amo, estás en peligro. Pero pareciera que los hijos de Dios a veces no tienen oídos para oír; y aunque saben del peligro andan dispersos. ¿Sabes qué pasa si un pollito no corre hacia las alas de su madre? Aunque la gallina quisiera salir y pelear por él, no puede soltar a los que ya tiene bajo su resguardo, puede que pierda uno pero no pierde a los 99, no pone en riesgo a todos los demás, los cuida.

 

Pero son tan obedientes los pollitos, que me encantaría ser como uno de ellos. Cuando yo veo a los animales, cuando yo veo como el Señor hace siempre comparación con los animales, con la hormiga, con varios animales; yo me doy cuenta que a veces son más entendidos que yo mismo. Y me sorprendo, porque esa obediencia debería tener yo. ¿Quiénes subieron al arca? Los animales, y los hombres dijeron que no. Esa arca representaba como las alas, y no quisieron.

 

Y cuántas veces Dios nos habla y nos dice: Necesito que vengas. Necesito que nos reunamos, que estemos juntos. En este momento no tengo tiempo, tengo otras que hacer. Oye, ¿pero te has dado cuenta que el gavilán está rodeando tu casa? Si, pero hay otras cosas que hacer. El pollito ya no se siente tan pollito, ya se siente gallo, y cree poder hacer todo. Pero Dios quiere guardarnos, quiere cubrirnos, ÉL quiere liberarnos muchas veces y librarnos de muchos problemas. Sin embargo, no lo aceptamos.

 

Salmo 91:1-10  El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. 2Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. 3El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. 4Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, 6Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. 7Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. 8Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. 9Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, 10No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada.

 

Wow, y cuántos no hemos pasado por este tipo de problemas; pero hay una sola decisión, y dice la Biblia: El que habita al abrigo. Solamente el que habita; entonces el que habita es aquel que va y se mete ahí en la congregación y se mete en los lugares en donde Dios está. Ese es el que habita, ese es el que busca, ese es el que Dios atrae, ese es al que Dios guarda y libra; lo demás escúchame, no es castigo y no es prueba de Dios, lo demás a veces son consecuencias de los caminos y decisiones que tomamos.


Pero todo eso que habla aquí en el Salmo 91, de todo lo que hay de día, de todo lo que hay de noche, de todo aquello que aqueja al ser humano; todo eso lo podemos evitar si nosotros tomamos la decisión de habitar bajo el abrigo la sombra, bajo sus alas del Altísimo.

 

Si es bien cierto estamos siendo edificados, y conocemos la Palabra y muchas veces la tenemos aquí en nuestros labios, y en nuestro corazón; pero cuando hay problemas ¿sabes? A veces se nos olvida qué decir. A veces se nos olvida cómo orar, se nos olvidan las promesas. Una cita bíblica me aprendí pero en el momento de la angustia ya se me olvidó qué decir, y a lo mejor hasta tergiverso la Palabra. Pero ¿sabes? Es importante aprender a habitar y vivir en Él.


Dios nos ama tanto, tanto que ÉL está ahí en el mismo lugar, extendiendo su misericordia, su amor, sus alas. Si nosotros pudiéramos ver en este momento Dios en su presencia está extendiendo sus brazos, nos está abrazando, se está alegrando de vernos aquí. Y justamente aquí es donde no pasa nada, donde el enemigo no pasa por esas puertas, y siempre está esperando que nos salgamos. Dios siempre tiene el cuidado de todos nosotros.

 

Lucas 13:35  He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

 

Imagínate nada más en esta cita en donde el Señor dice: ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! Por esa razón y esa decisión de no querer,  35He aquí, vuestra casa os es dejada desierta. Quiero preguntarte algo, ¿te puedes imaginar nuestra iglesia sin la presencia de Dios? ¿Te puedes imaginar que el Señor tomara la decisión de no estar aquí y retirarse? ¿El servicio sería lo mismo, tendría alguna razón este servicio, te sentirías igual?

 

Si muchas veces tu corazón es quebrantado, tu corazón se alegra, tu corazón se llena de júbilo es porque el Espíritu Santo está aquí, y él se está deleitando y alegrando. Pero sin Él no tiene ninguna razón que estemos aquí. Para vernos pudiéramos vernos tal vez otra ocasión tal vez para comer o para platicar.

 

Pero la razón por la que estamos aquí es porque se trata de Él, por amor a Él. Y Él responde a ese amor con su presencia; por eso nos sentimos así, por eso nos vamos así a casa cuando estamos aquí. Dios es fiel a su Palabra, y el Señor dice en su Palabra: Donde están dos o tres congregados en mí nombre, yo estoy en medio vuestro.

 

Por los que vienen de alguna manera obligados, desanimados, tristes o que dicen: ¿qué caso tiene que yo vaya? Tal vez hayan dos o tres que vengan con gozo, con alegría y con el gran deseo de estar en la presencia de Dios; por esos dos o tres todos los demás somos bendecidos. Por esos dos o tres nada más, dice el Señor: Cumplo mi promesa, y Yo en la congregación estoy viendo corazones, y Yo veo corazones dispuestos a adorarme.

 

Por esos cuantos Yo me manifiesto, porque Él es fiel. Y entonces todos sentimos, y todos nos alegramos, pero no significa que haya sido por mi corazón, fue por el corazón de unos cuantos. Yo quiero participar de ese gozo, y yo quiero participar que la presencia de Dios descienda porque voy con ese gozo y me uno en espíritu y en verdad, para que se provoque la presencia de Dios a mi vida, ¿amén? Este lugar estaría desierto si el Señor no estuviera presente.

 

Continúa diciendo Lucas 13:35  Y os digo que no me veréis. Aunque nosotros espiritualmente no vemos al Señor, sabemos que está aquí y confiamos en Él. Y cuando estamos en medio de situaciones difíciles, clamamos a Él y sabemos que Él está ahí. Y déjame decirte que muchos han sentido hasta su presencia de que Él está físicamente ahí porque Él así está.

 

Pero dice la Escritura: Y os digo que no me veréis. Que en el momento que Yo me aleje, que en el momento que Yo no esté presente; todo lo que tus ojos han podido ver por la manifestación de mi Espíritu, no se verá más. ¿Te puedes imaginar una relación así? Estamos acostumbrados a ver el poder de Dios en nuestra vida, a clamar y que el Señor responda; y eso permite que nosotros veamos su gloria y su poder. Pero si el Señor no está y no se manifiesta su poder, realmente creo que no estaríamos sintiéndonos como nos sentimos esta hora aquí.

 

Dice la Escritura: Y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.  Aunque sabemos que los tiempos están cerca y que el Señor Jesucristo vendrá; aunque sabemos que sin su presencia, sin la manifestación de su poder, sin poder tener nosotros tiempos con Él, así faltara una semana, así faltara un año, así faltaran 10 años, así faltara toda mi vida; seria mucho tiempo sin su presencia.


Dice el Señor: dejaré desierta esa casa, y no me verás sino hasta que yo venga, hasta ese tiempo. ¿Sabes? Me aterra el solo pensar que algo así pudiera suceder con nosotros. Dice la Biblia en:

 

Apocalipsis 1:3-7  Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca. 4Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; 5y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. 7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

 

Todo ojo le verá, todo ojo; y significa que nosotros también le veremos, y aun los que no creyeron también le verán, y en muchos habrá lamentación. Peor yo no quiero esperar que el Señor aparte de nosotros su presencia, porque en nosotros no haya el amor suficiente para reunirnos, congregarnos, adorarlo, amarlo y estar aquí. Dime una cosa, ¿tú estaría al lado de tu esposo o de tu esposa sabiendo que te desprecia, que no te ama?

 

U obligarías a tu hijo que estuviera en tu casa sabiendo que te desprecia, sabiendo que no quiere estar contigo, y que un día tú prepararas una buena comida para él y le dijeras: hijo te espero para que vengas y comas, y pusieras una mesa con un platillo, el que le agrada a él y le dijeras: ven siéntate conmigo. Y entonces tu hijo simple y sencillamente sin una llamada telefónica, él no se presentara, dejara la mesa servida y estuviera ahí, y no una vez sino todos los fines de semana te estuviera dejando con la mesa servida, ¿estarías feliz? ¡NO!


Si algo duele es el desprecio de un hijo. Si algo duele es el menosprecio de un hijo. Duele que tu hijo y sobre todo en las mamás que son un poquito más sensibles a ello; que lo llevaron durante 9 meses en el vientre. Y de repente sientan el desprecio de su hijo, mi pregunta es ¿cómo se siente esa madre?

 

Si aun nosotros tenemos ese sentimiento, te imaginas Dios que sobrepasa todo ese sentimiento, ¿cómo se sentirá cuando ve que en la congregación muchos de los que están ni siquiera quieren sentarse a la mesa a deleitarse de lo que el Señor está hablando, de lo que el Señor está manifestando? Y Dios tiene el deseo de amarnos, el deseo de que estemos con Él, nos desea, nos anhela lo dijo hace un momento en la profecía.

 

Cuando nosotros vemos en Éxodo 20, cuando el Señor da el mandamiento y habla con relación a que debemos trabajar durante seis días pero el séptimo dice el Señor, Él lo apartó. Dice el señor: y él descansó de toda la obra que Él hizo. Y nos da como Mandamiento este descanso también, ¿sabes? Si nosotros hacemos esto por mandamiento, lo más seguro es que el día de mañana nos cansemos de ello.

 

Pero cuando lo hacemos por amor a su Palabra, cuando lo hacemos por amor a Él, no nos va a cansar este mandamiento. No solamente el congregarnos es un mandamiento, no solamente es eso, se trata también del amor a Dios. Dice la Biblia en Génesis, que el Señor hizo toda la obra que Él hizo, la hizo en 6 días, Él trabajó, Él creó todas las cosas. Y yo puedo asegurarte que en toda su creación estuvo pensando en Él, en su Familia, en una relación; Él estuvo pensando por eso lo hizo lo hizo todo de la magnitud y de la manera como lo hizo.

 

Entonces hizo a Adán, hizo a su mujer y les dio mandamientos, y su deseo es pasar tiempos con ellos. Pero el hombre se corrompió en su corazón, se apartó de su presencia, se apartó de Él. Y Dios desde aquel entonces ha venido siguiéndonos y ha venido buscándonos; y es como cuando te anuncian que va a llegar tu primer hijo, y te dicen: ¿sabes? Ya va a venir tu primer hijo. Y el hijo que viene es aquel que estás esperando, puede ser niño, puede ser niña pero lo anhelas con todo tu corazón.

 

Entonces, vas y preparas una habitación y compras todo, y compras lo mejor. Y preparas la habitación, y pones una cama, y compras juguetes, y compras todo pensando solamente en él, deleitándote en él. Y cuando el niño empieza a caminar, te deleitas. Y cuando el niño empieza a corres, te deleitas. Y cuando corre y te abraza, te deleitas; y sus besos te llenan y dices: Wow, éste es mi hijo. Y comienza a ir a la escuela y dices. Wow, ese mi hijo. Y tu hijo se gradúa, dices: wow, ese es mi hijo.

 

Y cuando lo buscas tu hijo ya no está, solo te queda el recuerdo de esa habitación. Y entras a la habitación y ves solamente las fotografías de aquellos tiempos que pasaste con él. De aquellos tiempos en donde conviviste con él, pero tu hijo ya no quiere más estar contigo porque él quiere hacer otras cosas. Porque le suena aburrido pasarse y tomarse un café contigo. Porque a tu hijo le suena aburrido pasar tiempos con su viejo. Y entonces él se va, solo te queda el recuerdo.

 

Y yo veo que cuando Dios empezó a pensar en el hombre, Él creó las cosas y dijo: Wow, y esto, y eso, y aquello; y lo hizo perfecto. Y le hizo el Edén y ahí puso al hombre y le dijo: mira, todo esto es tuyo, tómalo hijo. Pero ¿qué ha pasado con el hombre? Y el deseo de Dios sigue siendo el mismo: Deseo que pasemos tiempos juntos, deseo que estemos juntos, no quiero vivir solo del recuerdo, quiero vivir de realidades. La realidad que quiero saber y escuchar de ti es: que me amas tanto como te amo yo a ti. Que te deleitas tanto conmigo como me deleito yo contigo.

 

Hace unos días estuvimos de vacaciones, y estaba yo sentado y estaba viendo yo a mis hijas. Y Kathy por un lado quería que jugáramos de una forma, y Nahomi de otra. Entonces, procuré hacerlo, pero hubo un momento en que me aparté y las vi de lejos. Peor yo veía a cada uno de ellas, era un tiempo familiar, era un tiempo entre nosotros; y yo ver a mis hijas correr, brincar y correr y abrazarse de ti. Y cuando llegaba el momento en donde nos metíamos un poquito ahí en la playa, ver como mi hija se abrazaba a mi pierna y ver cómo eso le daba seguridad. Ver como mi hija mayor al momento en que nos metíamos, me tomaba de la mano y le daba seguridad.

 

¿Sabes? Yo me deleite de esos momentos, ¿cuándo los volveré a pasar? En otro tiempo, pero hoy me quedó solo el recuerdo, lo viví y lo sigo anhelando. Algún día ellas partirán pero me quedo con todo eso. ¿Cuándo fue el día que te soltaste de la mano de tu Padre? ¿Cuándo fue el día que dijiste: ya no necesito más de ti; que dijiste lo puedo hacer solo? Y el Señor nos ve correr de un lado para otro,  y nos sigue amando igual, nos sigue deseando y anhelando exactamente igual. Y vamos corriendo por un lado y el Señor se deleita, pero más se deleitará nuestro Padre cuando corramos y nos abracemos a Él.

 

Congregarse, amado, no significa venir y sentarnos en una silla. Congregarse es venir y adherirnos a Él, ser atraídos como un imán hacia Él, eso es congregarnos. Sabes que la Biblia habla con relación a que la iglesia es el cuerpo y Jesús es la cabeza. Cuando está la cabeza es como un imán donde el cuerpo se adhiere a Él. ¿Y sabes? Hace un momento estaba yo orando y entonces, yo veía al cuerpo, y eres tan importante para Dios.

 

La Biblia dice que tú y yo somos miembros de su cuerpo. Cuando de repente por alguna razón uno no viene, es como presentarse el cuerpo sin un brazo o una pierna. Y yo puedo estar frente a ustedes, pero anhelo ese brazo o esa pierna. Me es importante mi brazo, mi pierna; si me faltara un dedo no estaría completo, me faltaría mi dedo.

 

Si no tuviera un ojo, puedo estar aquí pero me falta mi ojo. Y tú y yo formamos parte de ese cuerpo de Jesús, y él está aquí, pero cuando no estás le falta algo importante de su cuerpo y eres tú, justamente eres tú. Yo no sé qué parte del cuerpo seas, pero si no estás el cuerpo nos e ve igual, el cuerpo no luce igual.  El cuerpo tiene que estar completo, unido en uno solo.


La importancia de congregarnos tiene que ver con el amor a Dios, y cuando nos unimos todos formamos ese cuerpo que es la Iglesia. No es si quiero o no quiero, nadie obliga a nadie, y Dios es un caballero. Peor tenemos que hacer conciencia en esto, debo hacerlo por amor, porque amo mi cuerpo, porque amo su cuerpo, porque amo a cada miembro, porque lo amo a Él, Él es mi cabeza, Él es mi Señor. Y afuera decimos que Jesús es el Señor, que Jesús es nuestro Señor; aquí tenemos también que demostrar que Él es nuestro señor y que Él se nuestra cabeza.


El pueblo de Dios se dispersó y el deseo de Dios era ver a sus hijos juntos. Cuando vino Jesús trajo la reconciliación con el Padre, por medio de su sacrificio.

 

Juan 11:51-52  Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; 52y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

 

La muerte de nuestro Señor Jesucristo trajo reconciliación a nosotros con Dios. Cuando leemos la Biblia y decimos que nosotros recibimos al Señor Jesucristo, y al momento de recibirlo y confesarlo como nuestro señor y Salvador, dice: nos constituyó ser hechos hijos de Dios. Justamente la Escritura a esto se refiere, por la muerte de Jesús, él nos reconcilió con el Padre y nos hizo uno solo con Él, nos unió con el Padre.


Y muchas veces este sacrificio nosotros no lo tomamos en cuenta. Cuando decimos: es mi decisión ir o no ir a la congregación. Es mi decisión buscar o no buscar de Jesús; después de que nosotros ya lo recibimos como Señor y Salvador, después de que Dios ya nos constituyó como sus hijos. Tomar una decisión así es tomar algo a la ligera, ¿por qué? Porque es como invalidar, hacer nulo ese sacrificio de Jesús.

 

Es decir: si soy hijo de Dios, si pero ¿y qué? Cuando nosotros pensemos así, debemos irnos al punto de que Jesús murió y padeció por mí allá en la cruz del calvario, justamente ahí. Y eso le va a dar un valor a mi existencia, eso le da va a dar un valor al por qué debo estar aquí. Porque ese amor que Jesús manifestó ahí pensando en mí, es el mismo amor que me debe unir a Él, por ese mismo amor.  Por el amor como él me miró a mí en el momento de ir a la cruz; es de la misma manera como yo debo de mirarlo a él, y eso nos va a mover a estar aquí.

 

Jesús sabe perfectamente el valor que tiene cada uno de nosotros. El valor que nosotros nos damos a nosotros mismos, no es el mismo que Dios nos da a nosotros. El valor que Dios nos da no lo alcanzamos a ver, y la preocupación que Dios tiene, que Jesús tiene por nosotros, no es la misma preocupación que nosotros tenemos como iglesia. Fíjate la manera como el Señor oró al Padre y la petición que él le hizo:

 

Juan 17:11-12  Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

 

Versículos 20-26 Mas no ruego solamente por éstos (hablaba de sus discípulos), sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos (aquí habla de nosotros), 21para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

 

24Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. 26Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

 

Y mira el deseo de Jesús. El deseo de Jesús no era solamente el cuidar de ellos, sino el dejarles Palabra para que más creyeran en él por la palabra de ellos. Y cuando la Palabra llegó a nosotros empezamos a congregarnos. Y cuando empezamos a congregarnos empezamos a crecer.

 

Pero hay una oración que hasta el día de hoy sigue siendo efectiva: Padre que aprendan a ser uno como tú y yo somos unos. Y Señor que ahí en ese lugar donde yo estoy; fíjate en ese anhelo de Jesús, porque ese anhelo de Jesús no es solamente para este tiempo, le dijo: Señor que así en ese lugar donde yo esté, donde yo estoy ellos también estén.

 

¿Cuántos anhelan estar el reto de la eternidad, toda la eternidad al lado de Jesús? Esta oración no solamente fue para que hoy aprendiéramos a estar uno solo, aprendiéramos a ser uno solo con el ¨Padre, sino esta oración también va dirigida a que el lugar en donde Jesús está, también estemos tú y yo.   Debemos aprender a convivir entre nosotros, debemos aprender a ser uno. El Señor va a tomar un cuerpo completo, a ninguno pierde el Señor, a ninguno va a perder.


El Señor pelea todos los días por nosotros, y es por su amor. El día que tú no estás aquí no creas que te escapas, Dios sabe en dónde estás, Dios sabe lo que piensas, Dios sabe lo que sientes. Pero algo sí te digo amado, y estoy convencido y te lo garantizo: que no importa el tiempo pero aquella persona que se va, vuelve al camino del Señor, estoy convencido de ello. ¿Hay consecuencias? Claro, pero vuelve. ¿Sabes por qué? Por el amor que el Padre le tiene a sus hijos.

 

El hijo pródigo se fue, pero volvió a su casa. No a casa de un amigo, volvió a la casa de su padre. Porque en la casa de su padre los jornaleros vivían mejor que él. Y él dijo: señor, hazme como uno de tus jornaleros. Y e señor dijo: no, no te voy a hacer como uno de mis jornaleros, eres mi hijo y ese mismo lugar yo te doy.

 

Tú eres mi hijo, no importa cuánto hayas pecado, no importa cuánto tú te hayas caído, no importa cuánto te hayas tropezado; no importa cuánto tiempo tardaste en venir. ¿Estás avergonzado? ¿Sabes? Eso me basta para ver que estás arrepentido, pero para mí tú sigues ocupando un mismo lugar, y ese lugar es el lugar que yo te doy, eres mi hijo y te amo con todo mi corazón; y me deleito que entres a mi casa.

 

¡Ese es el amor de Dios! Y aun en medio de nuestra apatía, o nuestro desánimo; Dios nos sigue amando igual, ¡ese es e amor de Dios! Hay una exhortación para que nosotros nos congreguemos, para que estemos reunidos, para que todos nosotros clamemos y nos ayudemos unos a otros. Todas las cosas que nosotros como congregación clamemos al Padre, el Señor las responderá porque somos su cuerpo, somos su iglesia, somos sus hijos.

 

Y todas las respuestas que tú has tenido, aun en los momentos de debilidad, han sido porque el Señor es fiel y ha respondido a ellas. Has sido edificado, el Señor te ha dado Palabra, el Señor te ha instruido a través de los maestros, a través de los pastores, a través de cada una de las personas que aquí te han dado un mensaje. Y tú has sido edificado, y esas palabras en un momento han hecho un rhema en ti.

 

Esa palabra algún día quedó grabada en tu corazón y te hizo volver, esa palabra quedó grabada en ti que te trajo vida. Esas palabras son las que escuchaste en este lugar y son las que el Señor puso a través de un predicador, de un pastor, de un maestro para enseñártelas. Pero ¿sabes? No para todo ahí, y no es todo eso. Sino es hora, es tiempo de que busques a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu alma.


Es tiempo que salgamos de nuestra casa con alegría y con gozo. Es tiempo de preparar nuestras cosas desde el sábado para decir: mañana es el día que hizo mi Padre para congregarme. Mañana es el día donde no solo donde voy a ver a mis hermanos, a mis pastores, no es solamente eso; es el tiempo en donde voy a estar con mi Padre, es un tiempo donde voy a ser edificado. Pero también es un tiempo donde yo voy a tener una relación todavía más estrecha con Él.

 

Si bien es cierto entre semana hay tiempos con Dios, hay relación con Dios, no es lo mismo. Es muy cierto, cuando tú estás congregado las cosas son distintas, son diferentes; la manifestación y el poder de Dios es distinto porque hay más de uno congregados en su nombre clamando por él.

 

Hablaban la semana pasada el pastor de como el Señor daba dones espirituales, y cada uno intercedía en base a esos dones espirituales. Y que estando todos unidos en esos dones espirituales, fluían de tal manera que habían milagros, sanidades, lenguas, discernimiento de espíritus, tantas cosas maravillosas que son para edificación de la iglesia.

 

Pero estando solo en casa, no tengo los 9 dones, pues por ahí se manifiesta un espíritu, no sé ni de qué fue, no tengo el discernimiento. Hay muchas cosas que son necesarias y las encontramos en la iglesia. La importancia de congregarnos no solamente por edificar nuestra vida y crecer; se trata de Él, se trata de Jesús.

 

Me sorprende como Jesús predicando el Evangelio pasaba de un lugar a otro. Y era tarde y él después de haber predicado el evangelio cruzaba del otro lado del mar, del otro lado del río. Estaba del otro lado y a la mañana siguiente ya había gente que lo buscaba.


Y justamente el Señor Jesús estando frente a Pedro, Pedro le decía: Señor, y le decía: o.k., vayan con ellos. Si aquellos que han escuchado mi Palabra les ha sido muy dura; ojo, es para los que a veces dicen: es que la Palabra es dura. Y dijo: Aquellos que sintieron que la palabra era dura y se apartaron, y venían conmigo y se apartaron porque les parecía dura; ¿ustedes quieren seguirlo? Síganlo.

 

Y Pedro le dijo: Señor, ¿a quién iremos? Si solo tú tienes palabras de vida eterna. ¿A ellos? ¿Qué me van a enseñar? En ti hay vida, tú eres el maná que descendió del cielo, tú eres el pan de vida. ¿En dónde compras el pan? En la panadería. Cuando el Señor Jesús dijo: yo soy el pan de vida, el que tenga hambre venga y coma de mí. ¿A dónde tienes que ir a comer, dónde está él? Cuando quieres ir a comer pan del que vende la panadería, pasas a la panadería y compras pan.

 

Pero el pan que descendió del cielo, Jesús, no lo encuentras en una panadería; lo encuentras en la intimidad y en la congregación. Los que tienen hambre vengan y coman. A lo mejor muchos no se levantan con mucha hambre los domingos. Duérmanse sin cenar, hagan un ayuno el sábado y vas a ver que el domingo te levantas porque te levantas, y te da hambre porque te da hambre, y corres hacia donde hay alimento. O sea, a la iglesia.

 

A veces no tenemos hambre de Dios porque muchas veces el estómago se ha saciado de otras cosas. El hambre viene cuando falta, cuando hay necesidad de alimento. Por eso el Señor dijo: El que tenga hambre. Y habla de necesidad de él; pero aquellos que no tienen hambre seguramente es porque comieron en otro lado. Aquí en la iglesia es donde debemos comer ese alimento.

 

Estamos deseosos de pasar ese tiempo con Él, pero no solamente en este tiempo sino por la eternidad con Él.

 

Apocalipsis 22:17, 20  Y el Espíritu y la Esposa (¿a quién se refiere cuando habla de la esposa? A la Iglesia) Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

20El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

 

La esposa dice Ven, el esposo dice: ciertamente vengo en breve. ¡Wow, qué relación de amor! Somos la esposa, el Espíritu y la esposa dicen: Ven. Ven Amado. Ven Jesús, ya ven. Ya estoy cansado, ya ven. Y el esposo dice: sí voy a ir, en breve voy amada mía. La iglesia dice: ven. El esposo dice: te deseo. La esposa dice: me siento sola. El esposo dice: no tengas miedo. La esposa dice: me siento vacía., te deseo con todo mi ser. Y el esposo dice: Nada te faltará hasta el día que tú y yo estemos frente a frente amada mía, princesa mía.

 

Somos la esposa, la iglesia; por qué no intentamos adorarle de manera distinta. Nos han venido enseñando la forma de adorar y a veces se nos olvida, porqué no hacemos esto que dice Apocalipsis, la esposa dice: ven, ven, ven. ¿Cuánto has deseado algo? Yo no sé cómo te levantaste en la mañana, como te metiste a la regadera, como arreglaste tus cosas, como llegaste acá; no lo sé pero ya estás acá y gracias a Dios por eso.


Pero quiero pedirte que juntos hagamos esto: Dice que la esposa dice: Ven. Y también la Escritura dice que Jesús dice: Ciertamente voy en breve. El Señor Jesús vendrá y muy pronto, pero porqué no hacemos algo en esta hora, y comenzamos a decirle: Ven, te deseo. Con toda sinceridad, ¿cuántos desean a Jesús? El Señor está escuchando tu corazón, está viendo tu sinceridad.


Señor aquí está tu esposa, cada uno de ellos; en cada uno de ellos hay un deseo en particular, por favor escúchalos. Hay una promesa que dice que ciertamente vienes en breve, pero nuestro deseo es que nos escuches que como iglesia y como pueblo, Señor nos prepararemos para venir con alegría a ti. Y hoy la iglesia clama diciéndote: Ven Señor Jesús, ven amado mío.

 

Cuando tú tienes el deseo de algo, tú clamas por ese deseo. Dice la Escritura que el ciervo brama por las aguas, clama por las aguas, brama por las aguas; dice: así mi alma clama Señor, así mi alma clama por tu Espíritu, por tu presencia. Es un clamor de decir: Ven, ven señor Jesús. Estoy en este lugar para edificar mi vida, para crecer, para congregarme pero también estoy en este lugar por amor a ti, porque tú me has amado primero.

 

Ven Seño Jesús, ven y toca mi vida, ven y toma el control de todo mi ser. Ven y llena de tu presencia mi corazón. Ven y llena de tu presencia mi mente. Si alguien por alguna razón se le fue ese primer amor que le tenían en un comienzo, ¿sabes? No hay otra cosa más que decirle a Él: Señor quiero volver a sentirte, quiero volver a sentir ese amor por ti, donde no callaba de hablarle a las personas.


¿Cuánto me anhelas dice el Señor, cuánto es tu anhelo por mí? ¿Cuánto deseas que me manifieste a tu matrimonio? ¿Cuánto deseas que me manifieste a tus hijos? ¿Cuánto deseas que me manifieste a tu corazón? Ven a mí Jesús. Estamos reunidos por amor a ti, te doy infinitas gracias por tu Palabra Señor, gracias por tu misericordia, gracias por este pueblo, gracias por cada uno de los que están aquí, grandes y pequeños, todos formamos parte de tu iglesia, somos tu pueblo, tu congregación tu iglesia.

 

Se trata de ti Señor, y no nos congregaremos más por apatía ni obligados por alguien; saldremos con alegría y con gozo de nuestros hogares. Con alegría y gozo de encontrarnos contigo Señor, porque si algo es cierto es que en este lugar tú habitas,  ya hay una mesa donde tú has servido lo mejor para tus hijos. Alabamos tu nombre y te glorificamos, y te exaltamos, solo tú eres Rey. Aleluya, gracias amado Señor, gracias amado Padre. Te damos gracias, te damos la gloria y la honra, en el nombre de Jesús. 

 

Dios te bendiga.

 

 

 

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