INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

SOMOS EL CUERPO

 

José Antonio Cano Mirazo

 

REGRESAR

   

Colosenses 1:18 Y él (Jesucristo) es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.

 

Estos últimos domingos hemos venido hablando en relación a los propósitos del porqué nos congregamos. Hemos visto varios aspectos importantes del porqué; no solamente se trata de que como dice la palabra del Señor en sus Mandamientos: en seis días harás tu obra, mas el sétimo lo dedicarás a Jehová tu Dios. Tenemos que ir más profundo y ver  cuál es el propósito, por qué es necesario que nosotros nos congreguemos.

 

Y aquí la palabra del Señor está hablando de algo muy importante: Y él (Jesucristo) es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia. Y nosotros tenemos que hacer conciencia en el hecho de que como Iglesia somos un cuerpo, y que Jesucristo es la cabeza, él es quien nos guía en todo momento.

 

Jesucristo es quien nos va diciendo por dónde caminar, hacia dónde tenemos que ir, cómo tenemos que hacer las cosas. En fin, él se va manifestando como cabeza y nos va dando dirección. Nuestra cabeza le dice a nuestro cuerpo qué tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer.

 

Yo puedo advertir como el apóstol Pablo es guiado por Dios precisamente para hacer una comparación entre el funcionamiento de nuestro cuerpo y de la Iglesia, para que nos quede bien claro, para que no haya dudas. Nosotros lo sabemos y podemos analizar nuestro cuerpo, nuestro cuerpo no le ordena a nuestra cabeza lo que tiene que hacer, ni le ordena cómo lo tiene que hacer; es más ni siquiera le sugiere, ¡no lo hace!


El cuerpo no tiene la voluntad propia para hacerlo. El cuerpo hace lo que le dice nuestra cabeza que tiene que hacer, así de sencillo. No puedo yo decir: ah es que yo le digo a mi cuerpo que haga una cosa, y hace lo contrario.  ¡No, no es así! Y si en algún momento nuestro cuerpo no hace lo que la cabeza le está ordenando, algo está fallando, algo está mal. Hay algo anormal, hay algo que no está funcionando de una manera correcta, y por lo tanto, es algo bastante grave. Tiene un problema que tiene que ser atendido.


Nosotros lo sabemos, que cuando la cabeza de alguien le da una orden a su cuerpo, a alguno de sus miembros para que haga algo, y el miembro no lo hace, necesita atención médica. Necesita tal vez medicamentos, tal vez alguna terapia, tal vez alguna cirugía, algo necesita pero se tiene que hacer algo.

 

Imagina que tú quieres agarrar algo que está de tu lado derecho, y tu cuerpo, tu mano se mueve hacia el lado izquierdo. La orden está mal, hay algo que no está funcionando correctamente. Tú nov as a hacer, tu cabeza no va a hacer lo que el cuerpo quiera; y cuando sucede algo así pues, necesitas atención.


Es importante por lo tanto, analizar en primer lugar nuestro cuerpo. Rápidamente ve cómo funciona tu cuerpo, y tú vas a poder advertir cuáles son los propósitos que Dios tiene para con la Iglesia. Si nosotros entendemos nuestro funcionamiento, vamos a entender cuál es el funcionamiento de la Iglesia, qué es lo que quiere Dios.

 

Tenemos este cuerpo desde que nacimos, y a pesar de ellos luego no lo analizamos profundamente para ver cómo reacciona; simplemente estamos acostumbrados al cuerpo. Y muchas veces así sucede con los miembros de la Iglesia, estamos acostumbrados a la Iglesia.

 

Y venimos a la Iglesia y la pasamos tal vez bien, tal vez no, tal vez con interés, tal vez sin interés, en fin; pero estamos acostumbrados a la Iglesia y venimos a la Iglesia. Pero es necesario hacer una conciencia clara de cuál es la importancia de venir a la Iglesia.

 

Romanos 12:4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función.


Lo primero que tenemos que advertir es que cada uno de nuestros miembros tiene una función única y diferente a los demás miembros del cuerpo. Es decir, cada miembro de nuestro cuerpo es especial, y a mí me agrada. Cada parte de nosotros es una parte especial porque va a desarrollar algo diferente a los demás, hace algo distinto que los demás.

 

La función de uno de mis miembros no se multiplica con otros miembros; cada uno interviene en su función a la perfección. Tú analiza tus miembros y vas a ver que aunque tengamos dos manos, son diferentes y tienen diferente función. Aunque tengamos cinco dedos en cada mano, son diferentes y cada uno tiene una función diferente.


Entonces, cada uno es único, como en la Iglesia, cada uno de ustedes es único, son miembros especiales. Me agrada cuando Dios nos habla y nos dice que nos ama, y nos ama profundamente, y somos especiales, y somos únicos para con Él. Formamos parte del cuerpo de Cristo, parte del cuerpo que es la Iglesia.

 

Versículo 5  así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

 

Es decir, la Iglesia es exactamente igual que el cuerpo. Cada uno de nosotros formamos parte de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, formamos parte del Cuerpo de Jesucristo. Por lo tanto, cada uno de nosotros tenemos una función específica dice la Palabra. Somos muchos miembros, pero todos tenemos una función diferente, única, específica; y todos los miembros somos miembros unos de los otros.

 

Nuestro cuerpo está perfectamente bien unido entre sí. Y está unido dice aun la Palabra: como la Iglesia, por las coyunturas. Las coyunturas que se ayudan mutuamente, las coyunturas que están perfectamente bien ligadas para que ningún miembro se zafe. Tenemos que vivir en la Iglesia como está diseñado nuestro cuerpo, Dios lo diseñó de este modo, y es extraordinario.

 

Versículos 6-8  De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

 

Cada miembro de la Iglesia o del cuerpo del Señor debe de llevar a cabo una función, una función para la cual fue creado. Nuestros pies fueron creados de una manera específica para desarrollar una función, y sabemos cuál es la función de nuestros pies. Y nuestros pies les ordenamos que caminen y ellos van a caminar, y van a llevar a todo el cuerpo hacia donde nuestra mente, nuestra cabeza les ordena que vayan. 

 

Cada parte de nosotros, cuando nosotros lo analizamos, tiene una función y lo hace bien; nadie hace algo que no le corresponde. No vemos que en la calle vaya una persona caminando de manos, no lo hace. Nadie come por la oreja; y cosas similares e irrisorias pero la verdad es que, cada no nos ajustamos a lo que hace cada miembro de nuestro cuerpo. Y así es igual en la Iglesia.

 

En la Iglesia, cada uno de nosotros tenemos diferentes dones, diferentes habilidades, diferentes talentos, Dios nos ha bendecido con dones naturales, con dones espirituales los cuales nosotros tenemos que llevar a cabo, y tenemos que utilizarlos, tenemos que ejercitarlos para el buen funcionamiento de la Iglesia, del Cuerpo de Cristo.

 

Lo que tú sabes hacer en lo que tú eres hábil, tú lo tienes que desarrollar, lo tienes que ejercitar en la Iglesia, con todos los miembros. Todos estamos unidos unos a otros, todos formamos parte del Cuerpo; y si queremos un cuerpo normal, todos tenemos que cumplir con la parte que nos corresponde. No hay una parte, un miembro de tu cuerpo que se rebele, que diga: ah no, hoy no hago nada. Y una mañana a la hora de levantarte tu pie diga: ¡no camino! Uno de tus pies diga: no camino.

 

Tú no le dices: está bien, ahí te quedas yo voy a hacer todas las actividades que tengo; y te vas de cojito. ¡No, no lo haces! Tu cuerpo tiene que funcionar siempre de acuerdo al diseño que tiene, cada miembro tiene que funcionar de acuerdo a la función que tiene. La cabeza le da una dirección al cuerpo, y todo el cuerpo se dirige hacia donde la cabeza quiere, tiene que caminar como la cabeza le ordena que camine.


Así es la Iglesia, nuestro Señor Jesucristo que es la cabeza nos dice hacia dónde tenemos que ir, y cómo tenemos que ir. Muchas ocasiones no alcanzamos a entender plenamente esto y por lo tanto, nos es fácil decir: no voy a la Iglesia, hoy no voy, no tengo ganas, tengo un compromiso, o tengo esto, o tengo lo otro.

 

Pero no estamos pensando que nosotros formamos parte de ese cuerpo, y que nosotros nos estamos quedando atrás y que no estamos caminando al parejo de todo el cuerpo, y que esto finalmente nos va a traer problemas. Por lo tanto, tenemos que hacer conciencia como decía en un principio para realizar la función para la cual nosotros fuimos creados.

 

Si yo realizo una función, la que a mí me corresponde llevar a cabo en la Iglesia, entonces seremos bendecidos. Si tú haces la función que a ti te corresponde en la Iglesia, toda la Iglesia será bendecida.  Cada uno tiene que hacer lo que Jesucristo establece de acuerdo a los dones, a las habilidades, a los talentos que ha puesto en nosotros para caminar correctamente, para ir hacia donde el Señor nos quiere llevar.


Si en un momento determinado los miembros no quieren caminar, no queremos caminar hacia donde Jesucristo quiere, mira, el cuerpo se queda detenido, no va a ir a ningún lado, ahí se va  aquedar. Aunque algunos miembros del cuerpo quieran ir, la cabeza no le va a ordenar a todo el cuerpo que se mueva porque hay quienes no quieren hacerlo. Por lo tanto, todos los miembros del cuerpo, cada uno de nosotros tenemos que hacer para lo cual Dios nos creó, para poder caminar en excelencia dentro de lo que Dios establece.


Cuando nosotros no estamos plenamente integrados a la Iglesia, somos como una prótesis. Una próstesis que suple algún miembro del cuerpo. Por ejemplo si yo tengo una prótesis porque tuve un accidente y perdí una mano, y me pusieron una prótesis en la mano, entonces mi cuerpo va a funcionar casi normal cuando yo tenga puesta esa prótesis. Si yo no tengo puesta esa prótesis, entonces mi cuerpo no va a funcionar al 100%, necesito ponerme la prótesis para que mi cuerpo funcione casi correctamente, casi en su normalidad.


Nosotros somos miembros del cuerpo no somos prótesis. Es decir, no somos personas, miembros que en un momento determinado podamos estar integrados y en otros no. No podemos estar entrando y saliendo del Cuerpo como una prótesis. Una prótesis nos la podemos quitar en un momento determinado.

 

La gente que usa una prótesis por lo general en la noche cuando va a descansar, cuando va a dormir, se quita la prótesis, es normal, para descansar de la prótesis. Cuando se levanta se vuelve a poner la prótesis. Y sabemos que hay prótesis hoy día muy avanzadas. Son impresionantes esas prótesis que hay por ejemplo para las piernas, en donde tienen la habilidad las prótesis de tener los movimientos de una pierna, de un pie y camina la gente normal; es impresionante lo que ha alcanzado la ciencia, la tecnología.

 

En la Iglesia no, Dios no quiere prótesis, Dios no quiere que nosotros seamos algo que de repente se pone, y en un momento determinado se quita. Quiere que estemos siempre unidos, y por eso dice la Palabra que nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo. No hay prótesis, entendámoslo, no existen prótesis en el cuerpo de Cristo.

 

Y así como en el cuerpo  tiene que funcionar correctamente con cada uno de sus miembros, y cada miembro con la función para la cual fue creado; la Iglesia es exactamente lo mismo, no hay de otra, así tiene que ser.

 

El apóstol Pablo explica esto, nosotros hemos visto, y tal vez haya algunos versículos que tal vez digas: estos ya los vimos, pero es que todo está entrelazado; de los propósitos del Señor y del por qué nos congregamos, está entrelazado siempre una cosa con otra. No está en un punto 1, 2, 3, 4; sino que muchos de los puntos están interrelacionados, ¿por qué? Pues porque somos el cuerpo. 

 

1 Corintios 12:14-28  Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

 

Por supuesto que el cuerpo no está formado por un solo miembro o por algunos; dice la Palabra: sino muchos. Son muchos los miembros y todos tienen una función. Es decir, todos los que estamos en la Iglesia somos miembros del cuerpo. Si yo estoy en la Iglesia, yo no puedo decir que yo no formo parte del cuerpo. Desde el momento que yo estoy dentro de la Iglesia, formo parte de la Iglesia.


Tal vez no esté integrado como debiera, pero formo parte; y el Señor quiere que me integre de una manera plena. Ninguno de nosotros que forma parte de la Iglesia nos podemos excluir, no hay un argumento válido para no caminar junto con la Iglesia. Es decir, no existe argumento válido par ano caminar junto con el cuerpo. Como cuerpo tenemos que caminar, a donde va la cabeza tiene que ir el cuerpo, no hay de otra. A donde la cabeza dice que va el cuerpo, hacia allá se tiene que dirigir, y se tiene que dirigir todo el cuerpo, todos los miembros, ninguno se excluye.


Tú en un momento determinado que por decir algo vas a jugar dominó, y como vas a jugar dominó te vas a sentar y vas a utilizar tus manos. Entonces no le puedes decir a tu cuerpo, a las piernas, ¿saben qué? Ustedes se quedan, ahorita no les toca jugar, cuando vayamos a jugar fútbol y haya necesidad de correr, entonces vienen conmigo. ¡NO! Nuestro cuerpo es completo y va a todas partes junto, donde dice la cabeza, va el cuerpo. Donde va la cabeza que es Cristo, va la Iglesia, no hay de otra.


Tú no puedes tampoco decir en un momento determinado: bueno pues esto dice Jesucristo pero nosotros como Iglesia vamos a opinar lo contrario; y si Jesucristo quiere que caminemos hacia el norte, nosotros Iglesia acabamos de determinar que vamos a caminar hacia el sur. Por lo tanto, si Jesucristo quiere ir hacia el norte pues que se vaya la cabeza sola; y nosotros cuerpo nos vamos hacia el sur.

 

Tu cuerpo no lo puedes separar, tu cuerpo no puede entrar en un conflicto. Tal vez en un momento determinado tú digas: ¿hacia dónde voy? Me quiero ir de vacaciones, ¿hacia dónde voy, hacia el Pacífico, Acapulco o me voy hacia el Golfo de México, a Veracruz, o al Caribe, a Cancún? Y tu mente puede entrar en un momento difícil para determinar hacia dónde dirigirse.


Tu cuerpo no le puede decir: ¿Sabes qué cabeza? Vámonos para Cancún, vámonos a Acapulco por los caminos del sur. ¡No, no lo va a hacer tu cuerpo! Tu mente es la que tiene que determinar hacia dónde vas a ir. Y ya que tu mente lo determinó, tu mente le dice al cuerpo: o.k., está bien vámonos para Ixtapa. Y el cuerpo va junto con la cabeza para Ixtapa. No se va a ir la cabeza para Ixtapa y el cuerpo para Cancún.

 

Imagina, ¿cuándo has visto ir caminando a un cuerpo sin cabeza? Claro que existen leyendas, el jinete sin cabeza por ejemplo, hay muchas cosas así pero no son reales, son leyendas. Nadie de ustedes, ninguno de nosotros ha visto un cuerpo solo o una cabeza sola por ahí. Uy, ¿hacia dónde irá esa cabeza, se ve muy inteligente esa cabeza, para dónde irá? ¡No, en lo absoluto!


Jesucristo que es la Cabeza le va a decir al cuerpo hacia dónde ir, no hay más. Y va a ir el Cuerpo, va a ir la Iglesia en el camino que el Señor le determine. Por eso es importante que siempre estemos consultando al Señor para saber qué vamos a hacer. ¿Por qué estamos hablando todos estos domingos de estos temas?

¿Por qué tuvimos otra serie prácticamente en relación a que la Iglesia es una familia, por qué?  Porque nuestro Señor Jesucristo nos dijo que así lo teníamos que hacer para ir teniendo todos los miembros conciencia de cómo es la Iglesia, de cómo tiene que funcionar, cómo tiene que caminar. Y así lo hemos venido haciendo.

 

Nadie se puede excluir, y si alguien se quiere excluir está fuera de lugar. Y hay algo importante que tenemos que entender también: Nosotros, cada uno de nosotros fue puesto por el Señor en este lugar para desarrollar funciones específicas. Si alguno sale va a dejar un vacío, que nadie va a poder llenar.

 

Y a donde tú llegues, a donde tú vayas, vas a llegar tal vez a ocupar un lugar que no es el tuyo. Y no puedes llegar a ser un miembro sino tal vez te conviertas en ese lugar en una prótesis. Entonces, tenemos que analizar muy bien qué es lo que el Señor quiere en nuestra vida. Tenemos que estar firmes, y por eso es importante nuestra comunión, nuestra relación con Dios.

 

Porque luego nuestros sentimientos nos pueden decir algo, algo que va en contra de lo que es la voluntad y los propósitos de Dios, y nosotros hacerle caso. Pero tenemos que ver cuál es la voluntad de la Cabeza que es Cristo, para hacer de acuerdo a lo que Cristo establece.

 

1 Corintios 12:15-17  Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 16Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 17Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?

 

O sea, muy sencillo, y podemos mirar y decir qué absurdo todos sabemos esto. Sí, y lo podemos saber en relación a nuestro cuerpo, pero luego no lo sabemos en relación a la Iglesia. Y luego no funcionamos en la Iglesia como debe de ser porque no estamos entendiendo esto tan elemental.


Todos tenemos un ministerio diferente; todos tenemos dones diferentes; todos tenemos habilidades diferentes; yo tengo ciertos dones, habilidades o talentos y no porque yo no tengo los de otro hermano, resulta que entonces yo ya no soy parte del cuerpo. ¡NO! Si todos fuéramos exactamente iguales, y todos tuviéramos los mismos dones, las mismas capacidades, los mismos talentos, las mismas habilidades; mira, ¡no habría cuerpo, no lo habría!

 

Yo no me puedo imaginar a la Iglesia, a un cuerpo donde absolutamente todos nosotros fuéramos pastores. O todos nosotros fuéramos evangelistas. O todos fuéramos maestros. O todos fuéramos administradores. No habría cuerpo, y lo dice la Palabra; por lo tanto, tiene que haber variedad en los miembros. Una variedad tal que permita que el cuerpo camine de acuerdo a los propósitos de Dios, tiene que ser así, así tiene que funcionar.

 

Por lo tanto, tenemos que entender que cada miembro de nuestro cuerpo es único, es especial y es diferente. Cada miembro del cuerpo de la Iglesia, es único, es especial y es diferente. Cada uno de nosotros tiene que cumplir con una función específica. Es por ello que es importante que cada uno de nosotros sepamos cuál es nuestra parte en el cuerpo, qué es lo que tenemos que hacer, cómo lo vamos a desarrollar, a qué estoy yo comprometido, cuáles son mis responsabilidades con el Cuerpo.

 

Yo sé que hay hermanos que tienen un gran talento para ciertas actividades, para ciertas cosas, y sin embargo, no lo están poniendo al servicio, al trabajo del Cuerpo, al servicio del Cuerpo, al servicio de la Iglesia. Tendrán sus razones, pero la verdad es que nos son razones válidas de acuerdo a la Escritura, porque tenemos que estar integrados.

 

Cada miembro del cuerpo, de nuestro cuerpo es necesario, cada uno es necesario. A mí en algunas ocasiones me han llegado a preguntar que si yo tuviera un accidente, ¿qué miembro de mi cuerpo yo preferiría perder? No sé si en alguna ocasión tú te lo has preguntado. Luego vemos situaciones que pasan, nos comentan cosas que suceden, personas que perdieron algún miembro y pensamos en que si nos pasaría a nosotros ¿cómo reaccionaríamos?

 

Hay gente que me ha dicho: es que yo creo que lo más importante es la vista. Y hay gente que me ha dicho: no, para mí lo más importante es el poder caminar. Y hay quien tiene tal vez preferencias y desde su perspectiva personal, ven las cosas de un determinado modo y no se podrían ver sin algún miembro. Pero tal vez sí podrían perder otro miembro sin que les afectara tantísimo.

 

Y yo analizando esto, yo creo que Dios en su grandeza nos creó de este modo como nosotros somos en una perfección. Y que cada miembro que nosotros tenemos es necesario, y que cada miembro de nuestro cuerpo se complementa el uno con el otro. Cada parte de nuestro cuerpo se ayuda mutuamente para que se desarrolle de una manera correcta, para que de su máximo potencial.

 

Por lo tanto, yo creo que yo no podría decir: pues yo preferiría que me faltara tal miembro. No lo podría hacer. Cuando te lastimas un dedo, un simple dedo lastimado te das cuenta que hay muchas cosas que ese dedo hace, y que no las puedes llevar a cabo, es impresionante.

 

Yo hace unos meses me di un portazo en el dedo gordo de mi mano derecha, fuertísimo, nada más porque se me olvidó quitar el dedo a la hora de cerrar la puerta. Y fue terrible, terrible, un dolor que me subió hasta el hombro, fue especial.

 

Los próximos días a partir de ese momento, yo no podía aun abrocharme un botón de una manera correcta, me costaba trabajo, ¡un botón de una camisa! Sin una mano, ¿cuánta incapacidad tendría, o sin un pie, o sin un ojo? Es terrible. Y esto es lo que pasa con la Iglesia, con el Cuerpo de Cristo.  Cada uno de nosotros es especial y tiene una función especial dentro del Cuerpo, y debemos de estar integrados para que el cuerpo cumpla los propósitos de Dios.


La Iglesia tiene un propósito, tiene una visión, la Iglesia Universal. Cada congregación local tenemos a demás de los propósitos que Dios tiene para su Iglesia en general, tiene propósitos específicos los cuales nosotros tenemos que cumplir. Y tenemos que trabajar por esos propósitos y esas visiones de Dios. Y si Dios nos los da, es porque sabe que existen los miembros suficientes, capaces para llevarlo a cabo.


Por lo tanto, tenemos que estar integrados, tenemos que estar perfectamente bien unidos entre unos y otros para alcanzar esa visión de Dios. Si no estamos bien unidos, si no estamos bien integrados, no vamos a lograr la visión que Dios tiene para la Iglesia. Es más, ni siquiera vamos a alcanzar el propósito y la visión que Dios tiene para cada uno de nosotros en lo particular, no lo lograremos, no podría funcionar.


Yo lo puedo ver en diferentes deportes, por ejemplo el fútbol. Me llamaba la atención el día de antier creo que estaba yo leyendo que Ronaldo, saben que es un crack del Madrid, decía: que él lograría muchísimo más si su equipo fuera mejor. Dices: bueno, por supuesto que todo el equipo fuera un equipo crack, digo, sería extraordinario. ¡Pero no lo es, y por lo tanto está tal vez hasta limitado!

 

Qué sería Ronaldo con un equipo no en el Varsa, con el Nezahualcóyotl, ¿qué podría hacer él, él solo como un gran crack? Quejarse más, llorar más que no tiene el equipo que lo impulse, que lo apoye, que lo ayude, por supuesto.

 

La función en la Iglesia, yo he visto Iglesias en donde el pastor lo hace todo. El pastor ora, el pastor recibe a los miembros de la Iglesia; el pastor toma la guitarra y canta y dirige la alabanza. El pastor predica, el pastor levanta las ofrendas y los diezmos; el pastor despide a los miembros;  nada más el dinero se lo gasta la esposa del pastor, todo lo demás lo hace el pastor. No es sano, no está bien.

 

¿Qué pasa el día que el pastor se enferma o que se tiene que ir de vacaciones, o se muere? La Iglesia se acaba, porque no hay quien haga lo que hacía el pastor; porque el pastor estaba acostumbrado a hacerlo tanto. Por lo tanto es importante que todos los miembros hagan lo que tienen que hacer.

Yo siempre lo he dicho, en la Iglesia aquí en Levantaré no pasa nada el día que no viene el pastor, no pasa nada. Tal vez alguien diga después: ah lo extrañamos. Si pero ya. Continúa la alabanza, continúa el servicio, continúa la predicación, continúan la enseñanza, continúa la oración, todo continúa. ¿Por qué? Porque los miembros están entendiendo su función y hacen lo que tienen que hacer, así de sencillo.

 

Pero no lo son todos, y todos necesitamos participar, para que el cuerpo funcione mejor y el Señor nos pueda llevar como cabeza a todo el cuerpo hasta su propósito último, necesitamos todos estar integrados y entender nuestra función, y hacer lo que nos toca hacer. Y de ese modo, mira, vamos a alcanzar todos los propósitos de Dios.

 

La visión, siete visiones principales que nos ha mostrado; las vamos a alcanzar, no hay otra forma. Pero todos necesitamos entender estos conceptos. ¿Por qué nos tenemos que congregar? Porque somos un cuerpo. Porque tú a donde vas de una manera personal, no dejas en tu casa a alguno de los miembros de tu cuerpo, todo lo llevas. Y si alguno de los miembros de tu cuerpo se siente mal, está enfermo; la cabeza le ordena a todo el cuerpo que hay que ir al doctor.

 

Y le ordena al cuerpo que tiene que tomar medicamento, y que se tiene que recuperar, y si es necesario manda al cuerpo a reposar. Y ya no fue a donde quería ir, pero es todo el cuerpo. Así es la Iglesia, toda la Iglesia se tiene que mover. Por eso continúa diciendo la Escritura en:

 

1 Corintios 12:18  Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.


Dios en su perfección colocó cada miembro de nuestro cuerpo en un lugar indicado para cumplir con una función específica. Cuando un miembro se atrofia al no poder cumplir con su función de una manera correcta como está establecido, todo el cuerpo tiene problema, todo, no hay de otra.

 

Si tú te lastimas un pie, con algo tan sencillo: una piedrita en el zapato. Te empieza a lastimar y empiezas a caminar mal, te empieza a lastimar, empiezas a cojear, te empieza a incomodar, empiezas a caminar mal; al rato te duele la cadera, te duele la columna y estás todo desajustado por causa de una piedrita en el zapato, en el pie. Así de sencillo.

 

Tu función en la Iglesia ocasiona lo mismo cuando tú no estás bien, tú miembro no estás en óptimas condiciones, y no estás de acuerdo a los propósitos de Dios y no cumples con tu función de una manera correcta, todo el cuerpo tiene conflicto, todo el cuerpo tiene problema. Dios nos acomodó dice la Palabra, como él quiso.

 

Así como Dios quiso acomodar en cada uno de nosotros los miembros que tenemos, y Dios cuando nos creó  dijo: ah pues ahí le van dos orejas, tal vez alguno sea más orejón que otro. Bueno. Y una nariz, y una boca, y dos ojos, y nos fue creando, y dos brazos, el izquierdo, el derecho; dos manos, cinco dedos en cada mano. En fin, nos fue creando todo nuestro cuerpo y lo fue poniendo como Él quiso; Él lo pudo haber puesto de otro modo si hubiera querido, o más bien si él hubiera considerado que era mejor.


Si Él hubiera considerado que era mejor igual y nos pone una oreja en la cabeza , aquí arriba nada más; tal vez tendríamos una oreja como radar que se moviera; pero, dentro de la perfección de Dios no fue así. Por lo tanto, Él pone en cada uno de nosotros los miembros y los puso como él quiso, como vio que era lo mejor. Y si Dios te ha puesto en este Cuerpo, en esta Iglesia es porque Él quiso, porque es lo que Él considera lo mejor para que este cuerpo camine correctamente.

 

Tú eres necesario para el cuerpo, tú cumples una función específica en este cuerpo, Él te acomodó. Yo no puedo entender que una oreja, mi oreja derecha le diga a Dios: Oye, ¿por qué me pusiste del lado derecho? ¿Por qué me hiciste oreja? Perdón, yo hubiera preferido ser ojo. Y tal vez ser ojo de pues tal vez del Presidente de Estados Unidos, igual.

 

Ser ojo de una persona que esté en preeminencia; pero no, a mi oreja derecha le tocó estar aquí en este cuerpo, le guste o no le guste. Que ya no tiene con qué cubrirse del sol; ni modo, así es y te lo tiene que aguantar, y lo tiene que superar, y tiene que estar en buen plan. Y no porque no hay pelo que la cubra, va  a decir: ya no quiero ser oreja, yo preferiría ser la clavícula que siempre está cubierta. ¡No lo puede hacer!  Sigue su función, la sigue realizando a la perfección y de la mejor manera, así de fácil.

 

Por lo tanto, tal vez si yo entiendo que hay momentos en los cuales nosotros no estamos conformes con algo, o con alguien aquí en la Iglesia. Pero, quisiera decirlo de un modo que no suene violento, pero ¿sabes? Aquí nos puso Dios. Y si vas a otro lugar no te vas a sentir bien, tal vez te quieras auto convencer que si, pero no, porque éste es tu lugar.

 

Es como si alguien viniera y te dijera: mira tengo esta oreja que me sobra, ¿dónde te la pongo? ¿Dónde? Úes en la basura. O sea, yo traigo mis dos orejas, tal vez estén feítas pero son mías, a mí me gustan, a mi me agradan y es más, a mí me sirven.  Dios aquí las puso, y Dios aquí los puso. Y no es como para resignarnos y decir: híjole pues ya ni modo, pues ni hablar, tendré que seguir batallando con estos. ¡NO, no es así!


Aquí me puso Dios y ¡gloria a Dios! Porque en su perfección Él me acomodó aquí porque es aquí el lugar donde debo estar para desarrollarme, para funcionar correctamente y hacer que este cuerpo funcione en perfección. Sencillo ¿no?

 

1 Corintios 12:19-21 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. 21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

 

¡No! Todos somos necesarios. Yo no le puedo decir a alguno de ustedes, ¿sabes? Búscate lugar en otra Iglesia aporque aquí no te necesitamos. ¡NO! Al contrario, busca bien tu lugar, busca bien la función que tú tienes que hacer.

 

Vienen y me dicen: Quiero participara ahora en el ministerio de enseñanza. Adelante, gloria a Dios, desarróllate ahí. Es que quiero participar ahora en evangelismo. Quiero dejar del ministerio de enseñanza y ahora pasar al ministerio del pastorado. ¡Pues adelante, no hay problema! Ve encontrando el lugar que tú tienes en el cuerpo, funciona dentro del cuerpo.

 

No podemos excluir a nadie ni podemos decir que ninguno de nosotros no es necesario, todos somos necesarios. Así como, y por eso me gusta esta revelación que Dios le dio a Pablo, y hace una analogía entre el cuerpo y la Iglesia, así es. El cuerpo necesita cada uno de los miembros que tiene; la Iglesia necesita a cada uno de ustedes, los necesita. Tal vez tú puedas decir: ¿cómo me va  a necesitar si ni hago nada? Te necesita, ¡ponte a hacer algo!

 

Definitivo, todos somos necesarios, y si todos funcionamos correctamente para el cuerpo; amados hermanos, esta Iglesia va a alcanzar los propósitos de Dios y se va a levantar con gran poder, no hay de otra. Pero hagámoslo, hagamos como dice la Escritura.

 

1 Corintios 12:22-23  Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; 23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

 

Así es, cada uno de nosotros es importante, cada uno de nosotros es necesario y así como yo con mi mente ama a cada uno de los miembros de mi cuerpo; Jesucristo como cabeza de la Iglesia, como cabeza de su Cuerpo nos ama a cada uno de nosotros. Y hace un momento en profecía nos lo decía el Señor. Y nos lo ha repetido y cada vez que puede nos lo reitera. Jesucristo nos ama, Dios nos ama y nos ama profundamente y nos quiere en su cuerpo.

 

¿Dónde va a estar el cuerpo de Jesucristo?  La Iglesia, con él por la eternidad, en la presencia del Padre, ahí estaremos. Si yo me separo del cuerpo, ¿dónde estaré el día que el cuerpo se vaya con Jesucristo? ¿Dónde estará ese miembro que se apartó? ¿Se quedará, después se irá? No sé, pero por lo pronto no va  a estar cumpliendo con el propósito de Dios y no va a caminar junto con el cuerpo. Cuidado, hagamos conciencia de esto.

 

1 Corintios 12:24  Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba.

 

Dios observa a cada uno de nosotros, nos ve y nos conoce a la perfección. Y tal vez tú no te sientes digno, pero ¿sabes? Dice la Palabra que el Señor te ama, que te coloca en el cuerpo y que te trata con mayor honor. Yo he visto a través de los años cómo nos habla Dios, con cuán profundo amor nos trata. Y eso a mí me llena de gozo, de felicidad, de paz.

 

Y yo sé que todos nosotros al ser amados por Él, y que Él está teniendo una especial atención para con cada uno; nosotros va a llegar el momento en que podamos estar perfectamente bien unidos unos a otros, haciendo lo que la Cabeza que es Jesucristo, establece. Y vamos a cumplir con sus propósitos, y vamos a hacer que el Reino de Dios sea establecido en más gente a nuestro alrededor.

 

1 Corintios 12:25 Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

 

Cuando existe esta integración de los miembros en un Cuerpo, hay un interés entre unos y otros, hay una preocupación. Hay el querer saber cómo se encuentran los otros miembros, y hacer lo que se debe hacer por ellos. Así lo establece la Palabra; si tu cuerpo tiene alguno de sus miembros algún problema, mira, los demás lo atienden.

 

Si tú vas caminando y te das un golpazo en tu rodilla por alguna situación, ¿qué hacen tus manos? De inmediato atienden y empiezan a sobar. Si fue muy duro, ¿qué hacen tus ojos? Empiezan a llorar, de inmediato cada miembro de tu cuerpo se activa para atender a la rodilla que se golpeó, al miembro que está necesitando.


Por eso dice en el
Versículo 26  De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y esto es lo que debe ser en la Iglesia por eso somos un cuerpo perfectamente bien unido los unos a los otros. Para que si alguno de nosotros está padeciendo, los demás se duelan y hagan lo que tienen que hacer, o lo consuelen, o le ayuden a salir adelante. Es así de elemental.

 

¿Te sientes mal? Yo voy a orar por ti. ¿Te sientes mal, tienes problemas? Yo te voy a sostener, yo te voy a apoyar. Yo voy a hacer la parte que a mí me corresponda, y el ministerio de oración siempre está dispuesto y dicen: vamos a orar, y se ponen a orar por aquellas necesidades del cuerpo. Y les pasamos una petición o un motivo de oración, y ellos son fieles y están orando constantemente, ¿por qué? Porque están preocupados porque se están doliendo de los demás.

 

Y dice aquí mismo en la segunda parte del versículo 26  Y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Qué maravillosos es cuando pasa alguno de nuestros hermanos, algún miembro del cuerpo de Cristo y dice: le doy gracias a Dios porque Dios actuó en mi vida de este modo. Todos nos gozamos. Le doy gracias a Dios porque me sanó. Y todos nos gozamos por la sanidad que recibió ese miembro.

 

Que tiene un nuevo trabajo; que tuvo un ascenso; que está esperando un hijo. ¡Nos gozamos todos con ellos! Y no es algo fingido, es algo que sale del corazón, ¿por qué? Porque somos parte del mismo cuerpo. ¡Qué maravilloso! Y tenemos que entenderlo, y para funcionar así necesitamos hacer lo que Dios dice, estar plenamente integrados, sabiéndonos que somos miembros del cuerpo de Cristo.

 

1 Corintios 12:27  Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

 

Ah Dios, la forma en que nos habla, la forma en que nos ve, la forma en que quiere que seamos. Somos parte del cuerpo de Cristo, sí, formamos parte de un cuerpo y estamos integrados a ese cuerpo. Pero, también somos miembros con una individualidad, somos miembros con una función específica.

 

Y eso que eres tú, bendice a los demás, bendice al cuerpo, así de sencillo. Lo que tú eres, trae bendición a todo el cuerpo, las cualidades, las características, los dones, los talentos que tú tienes, traen bendición a todo el cuerpo. Todo el cuerpo se ve beneficiado, o se ve bendecido por lo que tú eres, así. ¡Qué extraordinario la forma en que el Señor nos habla!

 

Pero también surge una pregunta, ¿cuándo somos el cuerpo, cuándo formamos parte del cuerpo de Cristo? ¿Un día en específico o todos los días de la semana? Y entonces la pregunta sería: ¿qué estamos haciendo para estar integrados toda la semana? Porque muchas ocasiones aquí en la Iglesia, ¡qué maravilla, somos extraordinarios! Y nos abrazamos, nos apapachamos, nos damos un beso, no hombre pura miel aquí.

 

Y en transcurso de la semana, ni me acuerdo de los hermanitos, ni me acuerdo del cuerpo de Cristo, no me acuerdo de los miembros que están a mi alrededor. Y eso es algo real, por lo tanto, ¿qué es lo que nosotros tenemos que hacer? Ser el cuerpo de Cristo no solamente un día a la semana, sino todos los días. ¿Cómo? Teniendo interrelación los unos con los otros. ¿Con quiénes? Bueno, pues con los que están cerca de nosotros que forman parte de nosotros, y que somos también tal vez estamos unidos por la coyuntura.

 

Mi brazo y mi hombro están unidos por una coyuntura diferente a lo que es mi pierna de mi pantorrilla, tienen otra coyuntura que los une. ¿Qué tenemos que hacer? Estar en interrelación. Hoy en día es muy fácil, tenemos acceso de muchas formas para estar en contacto unos con otros; tenemos las redes sociales, tenemos el teléfono, tenemos el WhatsApp. Hay cosas a través de las cuales nosotros nos podemos comunicar y estar en contacto.


Esto no significa que nosotros estemos metidos todo el tiempo en ello, ¡no! Pero sí que podamos en un momento tener una comunicación con alguien. Breve, sencilla, no necesitamos hablar horas. Yo sé que a muchos les gusta que se hable horas, no están conformes con media hora, quince minutos, no, no, quieren dos horas.

 

Si me vas a hablar por teléfono, que sean dos horas. No pues no, no te voy a hablar, es mucho tiempo. Pero si podemos estar al pendiente a través de un mensaje, a través de una llamada, ¿cómo estás, cómo te encuentras, cómo está la familia, cómo estás en el trabajo? ¿Alguna necesidad, algo que quieras que yo levante en oración? ¿Cómo te ha ido? Algo breve, empieza a pedir; si no lo tienes que es raro, teléfonos, correos electrónicos, el celular para añadirlo a tu WhatsApp, en las redes sociales; inclúyelos y empieza a estar en un mayor contacto con ellos.

 

Colosenses 2:18-19 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto (yo creo que era más fácil poner aquí: chismosos, pero bueno), vanamente hinchado por su propia mente carnal, 19Y no asiéndose de la Cabeza (que es nuestro Señor Jesucristo), en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

 

Si nosotros estamos unidos, y estamos como dice la Escritura: uniéndonos por las coyunturas y los ligamentos entonces, vamos a tener crecimiento. Pero advierte, no andemos en chismes, no andemos en cosas que nos son las de Dios;  caminemos de acuerdo a los propósitos del Señor y entonces, habrá bendición. Entonces busquemos estar unidos, no hagamos Iglesia solamente el día que venimos a la reunión general; hagámosla cada día de la semana, fortalezcamos el cuerpo cada día de la semana.


Hagamos lo que tenemos que hacer cada día, para que este Cuerpo esté fortalecido, para que este cuerpo no sea derribado, para que este cuerpo pueda crecer, avanzar y ser edificado de acuerdo a los propósitos de Dios. Lo tenemos que llevar a cabo. Esto es otra de las razones por las cuales es importante que nos congreguemos, y es importante que llevemos la Iglesia todos los días de la semana, que la saquemos por llamarlo así, de las cuatro paredes.

 

Por eso dice la Biblia que la Iglesia de los Hechos creció, porque la Iglesia se atrevió a salir de las cuatro paredes en donde se encontraba. Por eso dice la Escritura que aquellos primeros creyentes como dice la Palabra en Hechos 2, ellos partían el pan en las casas con sencillez y alegría de corazón.

 

¿Por qué? Porque estaban interactuando, estaban integrados a la Iglesia, al cuerpo que estaba creciendo. ¿Cuál fue el resultado? Que el Señor le dio un crecimiento tremendo. 120 personas en un lugar congregados orando, clamando al Señor, partiendo el pan, haciendo lo que tenían que hacer, perfectamente bien unidos los unos con otros, sin chismes, sin soberbia, sin vanagloria, sin nada del enemigo. Resultado: descendió el Espíritu Santo, se manifestó en ellos y ese día hubo 3 mil varones convertidos al Señor.

 

Y vemos que después hubo 5 mil que se agregaron al Señor, y vemos el crecimiento de la Iglesia, del cuerpo. Nosotros no vamos a alcanzar los propósitos de Dios si no estamos perfectamente bien integrados como dice la Palabra. Hagamos lo que dice el Señor.

 

Bendito Dios y Padre eterno en el nombre de Jesús, cuántas gracias te doy por este cuerpo, por cada uno de sus miembros. Señor yo sé que existen miembros que están en momentos difíciles, que están debilitados, Padre yo te pido en el nombre de Jesús que sean fortalecidos, que reciban en esta hora un doble honor. Que tu Espíritu Santo les llene de tu plenitud para que Señor, se levanten con fuerza.


Cada uno de los aquí presentes forman parte de la Iglesia, son miembros de este cuerpo, por lo tanto Señor todos son necesarios, todos son importantes porque todos son únicos, distintos, todos son especiales. Que en cada uno se pueda cumplir tu propósito, y podamos estar perfectamente unidos entre las coyunturas y los ligamentos, para crecer de acuerdo a tu voluntad.

 

Para que nuestra cabeza que Cristo Jesús nos guíe y nos lleve a esos lugares que quieres Señor, para que haya esas manifestaciones que él quiere llevar a cabo. Señor, gracias por tu Palabra, por tu amor, por tu bendición y en Cristo Jesús, tu Hijo amado nuestro Señor y salvador, a ti sea la gloria y la honra para siempre, amén.

 

Dios los bendiga.

 

 

 

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