INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

PON GUARDA EN TU BOCA

 

Rebeca Hefzi-Bá Cano

 

 

REGRESAR

   

Me da gusto estar aquí otra vez; y me gusta, me gusta el Señor porque siempre trae confirmación en la profecía de lo que él va a hablar en la predicación.  Eres bendecido.

 

Salmo 141:3 Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.

 

El día de hoy me gustaría mostrarte algo diferente en este versículo. Así que este versículo lo voy a partir en dos partes.

 

Primera parte del versículo: Pon guarda a mi boca, oh Jehová. ¿Qué significa la primera parte? La primera parte en el hebreo está diciendo: coloca un centinela en mi boca, oh Jehová. ¿Qué es un centinela? Un centinela es una ´persona que guarda o que vigila, es una persona que está en observación de alguna cosa. En otras palabras, esta parte del versículo quiere decir: que haya una persona que observe lo que digo con mi boca. Habiéndote dicho esto, vamos a:

 

Santiago 3:2  Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

 

Versículo 5  Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

 

Versículos 9-10 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. 10De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.


El arma más poderosa del ser humano: ¡la lengua! Lo que sale de tu boca tiene la capacidad de traer vida, de traer bendición o también de traer maldición. Y te voy a dar dos ejemplos del poder de la boca. A mí me encantan los libros de Narnia, ¿no sé si alguna vez has escuchado mencionar de Narnia? Narnia tiene la intención de mostrar a Jesucristo de una manera más sencilla; el autor era cristiano. Así que formó todo este mundo de Narnia para que tú y yo a través de un cuento, pudiéramos entender las verdades del reino.

 

Ahora hace unos años salió una película que se llamó: Narnia, el león, la bruja y el ropero; ¿alguna vez alguien la vio? Sí. Asemeja la vida de Jesucristo; cuando matan a  Jesús y el sacrificio que él hace. Pero esta película es el segundo libro reamente de Narnia. El primero viene de dónde se formó Narnia. Y cuando uno está leyendo y está leyendo la creación de Narnia dice que había un león llamado Aslan. Y Aslan caminaba por un espacio vació, caminaba en un espacio en donde no había absolutamente nada.


Y dice el libro que Aslan iba como cantando, iba cantando una melodía, iba exclamando cosas de su boca. Y al ir exclamando cosas de su boca, empezaba a crearse Narnia; empezaba a crearse la flora, empezaba a crearse la fauna. Absolutamente en el momento en que el león pasaba y cantaba, y proclamaba y exclamaba,  las cosas que salían de su boca tenían el poder de dar vida y empezar a crear.

 

Esto, ¿a qué imagen me lleva? A la Creación. Justamente veo en el Génesis cómo absolutamente todo se creó por la palabra de Dios. Dios no necesitó mover un solo dedo, hasta que llegó al hombre, solamente hablaba, hablaba, hablaba y las cosas aparecían, hablaba y las cosas eran. Así como Aslan, Él, Dios, Jesús tenía y tiene la capacidad de dar vida. Por lo tanto, tú y yo con nuestra lengua tenemos la capacidad de dar vida. Esta es la número uno.

 

El número dos: el poder bendecir o maldecir la vida de alguien, y nuestras propias vidas.


A todos nos gusta la parte de la bendición, o ¿habrá alguien a quien no le guste ser bendecido? No, a todos nos gusta ser bendecidos. Si yo quiero ser bendecido. Si yo quiero prosperidad. Si, yo quiero sanidad. A todos nos gusta ser bendecidos. Pero, cuando llegamos a la parte de la maldición, aunque a veces pensamos: Uy es que yo no he maldecido, yo no he dicho por ejemplo: maldito seas. No. A veces pensamos que maldecir a alguien significa decirle literal: te maldigo. O cuando nos maldicen: te maldigo. ¿No? Y eso está en nuestra cabeza.

 

Pero  te quiero mencionar rápidamente tres cosas que tal vez hayas escuchado, cosas como: ah en el trabajo por ejemplo. Cuando hay alguna persona que te hace la vida de cuadros, cuando hay una persona que está tras de ti, tu jefe o tu compañero está tras tus huesos. ¿Y qué es lo primero que decimos? Ah esa persona se la pasa haciéndome la vida de cuadros. No le deseo mal pero, le va a ir mal. ¿No, no lo han escuchado? Porque yo sí.

 

Otra: esa persona me lastimó, no le deseo mal pero, lo van a lastimar, le va a ir mal.  Otra frase: ah, a mí ni me importa su vida, que haga de su vida lo que él o ella quiera; pero, la vida se lo va cobrar, la ven a la vida se lo va a pagar. Y nos la pasamos deseándole “bien” a la gente.  Y no nos damos cuenta que por ignorancia estas cosas son maldición a nuestras vidas, y maldición para la otra gente.

 

Y esto tiene una grave consecuencia; y muchas veces hablamos de esta manera por ignorancia, porque no sabemos, porque creemos que estamos bendiciéndole. No les estamos deseando mal pero, “la vida se encargará”. No le estamos deseando mal pero, “ya sabrá Dios qué hacer con esa persona”. ¿Ya sabrá Dios, en serio?

 

Génesis 12:3  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

 

Este fue el pacto que Dios le hizo a Abraham. Abraham le creyó a Dios y este mismo pacto sigue vigente para ti y para mí. ¿Por qué? Porque nosotros somos hijos por el pacto de Abraham, ¿por qué? Porque somos hijos de la fe, y lo dice en Gálatas 3:7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

 

Y esto es muy delicado porque así como puedes bendecir tu vida, también la puedes maldecir sin que tú te estés dando cuenta. Y a veces, en nuestras situaciones, en nuestra vida nos preguntamos, ¿por qué me va mal en el trabajo? ¿Por qué los negocios no salen? ¿Por qué están pasando cosas? ¿Por qué no puedo salir de esto? ¿Por qué no puedo salir de lo otro?  ¿Ya te has preguntado de qué manera estás hablando? ¿Te has preguntado qué es lo que está saliendo de tu boca?

 

Y hay dos cosas: lo que declaras para ti y lo que declaras para la persona que está al lado. Cuando hablas de una manera pesimista; es que no soy nadie; es que no me gusto, es que no va a haber; es que no hay dinero; es que no hay sanidad. Ta, ta, ta, es que no hay, es que no, es que no. Pues sí, no va a haber nada y te vas a quedar en la misma situación, ¿por qué? Porque lo que sale de tu boca eso es lo que vives. Porque lo que sale de tu boca, esas son tus realidades.

 

¿Sabes? Hay veces que creemos que la bendición es sí hermano bendiciones, bendiciones. Pero en la bendición también está la sanidad. En la bendición también está la prosperidad. Están todas esas cosas y cuando tú y yo hablamos de esa manera uy ya no. ¡Ese hermano nunca va a cambiar! Ya lo estamos condenando. Uy no, esa persona jamás va a salir de las adicciones, mira es bien adicto. 

 

¿Qué le estamos deseando a la otra persona? Uy, por envidia muchas veces porque queremos ser mayor que los demás. Ay cómo quisiera ser como él de exitoso; pero ojalá le vaya mal en algo. ¡Qué fuerte! ¿Y sabes? Cuando yo veo a Jesucristo, Jesucristo solamente declaraba cosas de bendición.

 

Y yo te voy a contar algo rápido, hace un mes aproximadamente mi hermano Jesús y yo fuimos al mercado a comprar algo para comer. En la casa éramos seis contándonos mi hermano y yo; fuimos a comprar un kilo de cecina, bajamos al mercado a comprarla. A parte de que estaba un poco cara, ya no traíamos más dinero, a mi hermano le dieron la bolsa con la cecina, y los dos nos quedamos viendo el uno al otro, ¿por qué? Porque era muy poca comida para los seis.

 

Y dijimos: ¿cómo vamos a comer seis personas con esto? Y entonces los dos nos vimos y mi hermano preguntó: ¿para cuántas personas es esto? Y esta persona le contestó: pues ya así a lo mucho cuatro personas alcanzan, pero ya por mucho eh. Y dijimos: ¡No inventes! Y mi hermano dijo: ¡Pues Dios proveerá! Pues que Dios provea y que comamos todos.

 

Todavía preguntó: ¿cuánto cuesta el medio kilo? 160 pesos. No, ya no traemos nada. Pues , que Dios provea y que nos llenemos todos. Así que nos fuimos para la casa, en el inter dijimos: vamos a comprar tortillas para que nos llenemos más, para que hagan más bulto a la panza. Entonces, compramos las tortillas, llegamos a la casa, pusimos la mesa.

 

Estábamos ya los seis comiendo ¿y qué crees? Que la comida empezó a abundar, y empezamos a comer y a comer y a comer. Porque todos en esta casa comemos mucho, somos unos tragones todos, mi papá, mi hermana, mi mamá, todos somos unos tragones. Pero ¿sabes qué? La comida abundó. ¿Por qué? Porque alguien declaró y bendijo la comida. Porque alguien dijo: va a haber para todos. Y se cumple lo que dice la Escritura. Y empezó a haber, a haber y haber comida, hasta que todos estuvimos satisfechos, entonces se empezó a acabar; sin embargo todavía sobró como para unos cuatro tacos más. ¡No tenemos a un Dios maravilloso!

 

Por supuesto, ¿por qué? Porque lo que tú declaras eso vives. Si tú sigues declarando en tu vida que no  va a haber, hermano, no es que yo lo quiera, es más, no es ni siquiera que Dios lo quiera, ¡no va a haber en tu vida! Si no declaras sanidad en tu vida, si crees que nunca vas a ser sanado en tu vida; no es que yo lo quiera, Dios tampoco; ¡No va a haber sanidad en tu vida! Lo que tú declaras eso es lo que va a haber en tu vida.


Ahora, es tan importante este principio que vamos a
Lucas 6:27-28 Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Versículo 31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

 

Jesucristo nos enseña este principio, y lo más importante ¿qué crees? Son las palabras que salen de nuestra boca. Y él nos dice: bendice a la gente que no te cae bien. Bendice a la gente que te causa problemas. Bendícela, hazle bien. ¿Y sabes por qué? Porque lo que tú desees para la otra persona, eso mismo deseas para ti. Y es bien difícil cuando tenemos una situación en donde nos han lastimado, en donde nos fastidian, tal vez en el trabajo o en nuestra propia casa, es bien difícil desearles algo bueno.

 

¿Pero sabes? Yo una vez también lo aprendí así: Deséale lo que tú misma quieras para tu vida. Y con lágrimas en mi corazón lo aprendí y dije: que les vaya bien. Señor, lo bendigo. ¡Es difícil! No te estoy diciendo que es lo más maravilloso del mundo. ¡No hermano, es difícil, cuesta! Pero ¿sabes qué? Jesucristo enseña y sabía este principio: lo que tú desees para tu vida, eso mismo vas a tener.


Si tú le deseas a la otra persona que le vaya mal, que no tenga éxito, que se enferme, que tenga problemas, ta, ta, ta. ¿Sabes qué? Eso mismo te va a pasar a ti. Y luego estás en una situación en la cual no sabes cómo salir, ¿por qué? Porque tú solito te enredas con tus palabras, con lo que dices.

 

Santiago 3:10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

 

Que de nuestra boca no pueden ni deben salir dos fuentes de agua. No puede salir una fuente de agua dulce y no puede salir una fuente de agua amarga. No podemos bendecir y estar bien con Dios o con algunos hermanos; sí Señor amén a tus promesas, hermano sé bendecido. Porque a veces bendecimos de dientes para afuera. Ha hermano que te vaya o te va a ir súper bien. O sea, pero ni me importa su vida.  Y esa es la verdad.

 

Hermano, sé bendecido, o sea, no me importas, bye. O sea, es algo como ya repetitivo. ¿Y sabes? no podemos maldecir a la demás gente. ¿Cómo la maldecimos? Con las cosas que ya te dije, inclusive los podemos maldecir con el solo hecho de bendecir todo forzado. Ah que te vaya bien. Que tengas un buen trabajo eh. ¡Ojalá no gane más que yo! Porque a veces así es el ser humano, es competitivo.

 

Y cuando vemos que a la otra persona que está al lado, que tal vez no cree en Dios o tal vez si cree en Él pero que le está yendo mejor a él que a nosotros, luego, luego empezamos a decir: ah qué padre que ya tienes un carro nuevo. ¡Desgraciado! Ah qué padre, oye hermano qué bien, qué bueno que eres bendecido. Ya te vas a casar y yo no he encontrado al amor de mi vida. O sea, ¿me entienden? No podemos hacer eso, no se puede. ¿Por qué? Porque es una manera de maldecirnos a nosotros mismos también.

 

Así que no podemos avanzar, y cada vez que avanzamos cuando tú y yo tenemos esa clase de palabras, cuando tú yo hablamos de esa manera ¿sabes qué? Vamos retrocediendo, vamos retrocediendo en vez de ir avanzando.

 

Proverbios 13:3 El que guarda su boca guarda su alma; Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.

 

Es importante entender que refrenar nuestra lengua protegerá nuestra vida. Pero si somos ligeros de labios, si hablamos luego pura barbaridad, provocaremos una ruina en nuestra vida. Y como te dije, nuestro caminar con Cristo; imaginemos un camino en donde vamos caminando y vamos diciendo: Sí Señor y bendecimos, y hacemos esto, y declaramos la Palabra; vamos rectamente. Pero si de repente decimos: ah ese hermano como me cae bien gordo, ojalá le vaya mal. En ese momento nuestro caminar se desvía o simplemente retrocedemos.

 

Y de repente otra vez: ah si Señor, gloria a Dios y volvemos al camino, y por equis o zeta situación volvemos a decir otra cosa. Y vamos zigzagueando en el camino, vamos retrocediendo y avanzando. Por eso no llegamos a ninguna parte, porque vamos de un lado a otro, vamos adelante y vamos atrás. Por eso nuestra vida a veces es un caos, porque unas veces hablamos cosas buenas y otras veces hablamos cosas que nos desvían.

 

Por eso el salmista dijo: Pon guarda a mi boca, oh Jehová. Dios mío, que haya una alguien que observe lo que sale de mi boca. Que haya una persona que vea lo que estoy hablando. ¿Por qué? Porque el ser humano es muy dado a enojarse y se le nubla el entendimiento y dice puras cosas sin sentido, hirientes. El ser humano se deprime tantito y lo primero que dice es: no soy nadie, nadie me quiere, me voy a morir solo, no tengo trabajo, soy un bueno para nada. ¡Pues sí!

 

Y empezamos a crear una realidad en nuestras vidas, y empezamos a crear. Y justamente después vivimos todas esas cosas, ¿por qué? Porque estamos duro y dale, duro y dale y estamos repitiéndolas.

 

Segunda parte del versículo Salmo 141:3b  Guarda la puerta de mis labios.

 

Para mí esta es la mejor parte del versículo, ¿por qué? Porque en hebreo lo dice de na manera diferente. En hebreo no dice esto, lo que dice es: observa cómo va en ascenso el agua que sale de mis labios. Y cuando yo leí esto, ah me emocioné y me entusiasmé, ¿por qué? Porque el salmista está adelantando por muchos años a lo que Jesucristo diría después en Juan 7:38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

 

¿Tiene sentido? El salmista está diciendo: observa cómo va en ascenso el agua que sale por mis labios. Y luego Jesucristo dice: de tu interior correrán ríos de agua viva. Estaba hablando del Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo es el río que sale de ti, es lo que tú hablas, es lo que emana de tu interior, es la realidad que vives. Una relación con el Espíritu Santo es una realidad que tú vives, él es quien nos da vida; por lo tanto, nosotros podemos dar vida.

 

Romanos 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

 

¿Qué tiene esto? ¡Tiene vida! Y entonces puedes voltear con el que está al lado de ti y decirle, y declararle: ¡Tienes vida! ¡Tienes al mismo Espíritu que resucitó a Jesucristo de los muertos! Por lo tanto tú también estás vivo. ¿No e sesto increíble? ¿Sabes? Por lo tanto debemos de vivir de una manera diferente, y tenemos que ser diferentes.

 

No podemos ser cristianos zombis, o sea, no podemos estar vivos pero estar muertos, así como caminan los muertos, ¡NO! Jesucristo ya trajo al Espíritu Santo, y ese Espíritu es lo que te hace tener vida a ti y a mí, ¿para qué? Para que tú puedas ir y hablar vida a alguien más, para que puedas hablar vida a tus situaciones. ¡Tú puedes traer una realidad diferente a tu vida! Te lo voy a repetir: tú puedes traer una realidad diferente a tu vida.

 

¿Y sabes qué? También puedes frenar lo que sale de tu boca, aquello que te perjudica, aquello que te entorpece.  Yo también soy hija de familia, y a veces me enoja lo que me dice mi mamá, me peleó luego mucho con mi mamá. Y a veces su carácter es muy difícil, su temperamento es muy difícil. Y es tan fácil alebrestarse y querer contestar, de verdad. Y todos hemos pasado por esa situación, que queremos gritar y decir: ¡Cállate!

 

Pero descubrí que con ella, entre más grite yo, ella más grita. Y esto se vuelve como un volcán en erupción. Y explotamos, explota ella y exploto yo. ¿Pero sabes qué? Como tengo al Espíritu Santo, digo: respiro hondo, porque a veces no es fácil; respiro hondo y le pregunto mamá ¿qué tienes? Es que aaahhhh. Y mi mamá está muy enojada; pero en vez de yo contestarle y decirle: no mira mamá, y entiende. Eso no nos va a llevar a ninguna parte.

 

¿Sabes qué? Freno mi lengua antes de contestar alguna barbaridad. Antes de lastimarla o lastimarme, porque ella también me va a contestar a lo que yo le estoy diciendo. Dice la Palabra en Proverbios: La palabra blanda aplaca la ira.  El poder utilizar al Espíritu Santo nos va a sacar de situaciones en las cuales no debemos llegar. Para que en vez de maldecir tu vida, bendigas tu vida.

 

¿Para qué? Para que guardes tu vida, para que la refrenes del mal; para que no digas algo que no quieres decir. Bueno, yo creo que sí quieres decir pero dices: no, no, bendigo mi vida, la bendigo y por eso me callo.  

 

2 Timoteo 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

 

¿Sabes? El Espíritu que resucitó a Jesucristo de los muertos, es quien vive en ti y ese Espíritu trae consigo amor, poder y dominio propio. ¿Puede refrenar tu lengua? Por supuesto. Se puede refrenar lo que decimos, podemos refrenar lo que nuestra mente y yo creo que nuestro corazón quiere gritarle. Pero ¿sabes qué? Tienes al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo es dominio propio. Y por lo mismo mira: pone freno a nuestra boca.

 

Y Jesucristo tuvo muchas, muchas oportunidades de contestarles algo a los fariseos, tuvo muchas oportunidades cuando iba a ser crucificado; les pudo decir: sí, ¿sabes qué? Si y aquí mismo te hago lo que yo digo. Pero ¿sabes qué? Jesucristo guardó silencio. Pero a veces no sé quién nos sentimos que no podemos hacer lo mismo. Y estamos hable, y hable, y hable cosas que no tienen sentido. Y estamos trayendo una realidad a nuestras vidas.

 

Si Jesucristo pudo en sus momentos más difíciles, yo creo que tú y yo también podemos para bendecir nuestras vidas. Con esto no quiero decir que no hables bendición, no  me malentiendas. Te estoy diciendo que no hables barbaridades, que  no vayas a maldecir tu vida: 1.- Para ti mismo, y para con los demás, Y 2.- Que hables tus realidades, que hables lo que quieres vivir, que hables, que lo expreses, que lo digas.

 

¿Y sabes otra cosa? Es que el Señor nos dio las lenguas para que pudiéramos hablar en lenguas. Para que pudiéramos hablar en lenguas tú y yo, para que pudiéramos ser diferentes. ¿Y sabes? Así como te estoy contando del dominio propio, también es un Espíritu de poder. ¿Por qué? Muchas veces afuera da miedo evangelizar, no sé si tú lo has hecho, pero a mí me ha dado miedo. Es difícil, muchas veces es difícil llegar con una persona y decirle: Dios te ama o platicar con la persona de Jesucristo, ¡da miedo!

 

Y te voy a contar algo rápido. Hace unos años yo iba en el metro, y había un hombre con la cadera mal, no caminaba bien. Tenía cosas en sus manos y yo escuché como el  Espíritu Santo me dijo: Ayúdale con sus cosas. Y yo dije: Estoy loca. Y otra vez volvía  escuchar: ayúdale con sus cosas. Y yo: ah: no escucho, no escucho, no escucho. ¿Por qué? Pues porque da miedo, por supuesto que da miedo. Y volví a escuchar: ¡Ayúdale con sus cosas! Y yo así de: oh mi voz en mi cabeza, estoy loca.


Entonces este señor empezó a bajar las escaleras agarrando el barandal y con la otra mano agarrando sus cosas. Va bajando y vuelvo a escuchar: ¡Por última vez te digo que le ayudes con sus cosas! Y yo: estoy loca. Así que en el momento en que me iba yo a pasar de largo, en el momento en que iba  a pasar yo, ¡zaz, que se le caen sus cosas! Y de repente escucho: ¡Te lo dije!

Y yo así de: oh.

 

Y como yo estaba ahí a su lado me agaché, le ayude y le dije: señor, sus cosas. Ah te agradezco, muy amable. Y en eso escucho: ¡Ora por él! No, no, o sea, Espíritu Santo estás mal. O sea, estás mal, estás equivocado, no voy a orar por él, qué miedo. O sea, si de por si da miedo orar por alguien de la congregación, imagínate uno de afuera Señor, no, por favor. Estoy loca, no escucho, no escucho.


Así que me bajé, venía ya el metro y escucho nuevamente: te dije que oraras por él. Y le dije: bueno,
si tanto quieres que ore por él, pues que se vaya en el mismo vagón que yo. Y agarré y me fui del otro lado. Y dentro de mí dije: Bien, me libre, me libre de bendecirlo. Así que estaba esperando, veo que estaba hasta el otro lado y dije: bien, de aquí somos.

 

Entro al vagón del metro, me siento, reclino la cabeza, me tapo los ojos con la mano y digo: Ah, ya pasó esto. Y en eso veo unos pies enfrente de mí y ¿qué crees? Era el señor que tenía mal la cadera. Y yo así de: ¿Es en serio? Y vuelvo a escuchar: ¡Te dije que oraras por él! Entonces, estaba enfrente de mí, era como forzoso. Me quedé paralizada, y de repente le digo al Señor: bueno, sí oro por él pero ahorita que vaya en la estación de Tacuba. Ya estando en Tacuba ya le digo.

 

Y vuelvo a escuchar: ¡no, ahorita, ahorita te dije que ores por él! Y yo así de: esta bien Señor. Y yo empecé a decirme a mí misma: inhala, exhala, inhala, exhala. Así que en eso íbamos como en Aquiles Serdán es una o dos estaciones antes de Tacuba, y escucho del Señor: ¡Apúrate! Y yo: Ya voy, ya voy. Y le digo a esta persona: disculpe. Y me dice: ¿si, qué pasó? Y le pregunto ¿en qué estación se baja? Y me contesta: En Tacuba.

 

Y yo: ah se baja en Tacuba, y yo ya nada más veía al Espíritu Santo viéndome fijamente. Y yo diciéndole: ya voy. Y le digo a esta persona: ah gracias. Y me regresé a sentarme. Y esta persona me pregunta: ¿por qué? Cristo redentor, y digo: bueno ahí voy, venga, venga, porque no nos ha dado un espíritu de cobardía sino de poder. Y yo le dije: bueno es que quiero saber ¿si puedo o...ar por usted?  ¿Qué? Oh Dios mío. Quiero saber, y ya en ese momento ya me estaba dando casi tortícolis; quiero saber ¿si puedo orar por usted?

 

Y se me quedó viendo y me dice: Por favor ora por mí. Y yo ya no sabía si iba a llorar él o yo. Entonces empiezo a orar por él, y digo: Señor cuántas gracias… y empecé a orar y le digo: Señor te doy gracias por la vida de este hombre. Y me dice este hombre: Soy Federico. Y yo: Señor te doy gracias por la vida de Federico. Así que en cuanto terminé de orar ¿qué crees? Llegamos a Tacuba y él se paró, me agarró la mano y me dijo: te agradezco lo que hiciste hoy.

 

Hermanos, el agua que está en nosotros, el río que está en nosotros tiene que ir en ascenso ¿para qué? Para que salga por nuestros labios, para que el Espíritu Santo haga lo que tenemos que hacer. Para que el Espíritu Santo haga lo que tiene que hacer. No te paralices, es horrible, yo lo he vivido y he estado así muchas veces, y digo: ¿cómo le hablo?

 

Pero ¿sabes qué? Muchas veces la gente solamente necesita escuchar un: Todo va a esta bien. A veces la gente solo necesita escuchar un: confía. No necesitas tener una larga profecía o decirle todo, ¡no! A veces el Espíritu Santo solamente quiere traer una palabra de vida, por unas palabras de vida puedes hacer que alguien más viva.

 

Y eso fue lo que pasó con Lázaro, no necesitó Jesús ir a orar por Lázaro cuando estaba ya en la tumba. ¿Qué fue lo que dijo?: ¡Lázaro, sal fuera! Y eso le trajo la vida a Lázaro. Y eso hermanos es lo que tú y yo hablamos, cuando el permitimos al Espíritu Santo hablar. ¿Y sabes? Él va a interceder por ti. ¿Quieres hacer algo útil con tu lengua? Habla en lenguas. ¿Estás triste? Habla en lenguas. ¿Estás enojado? Habla en lenguas. ¿Estás feliz? Habla en lenguas. ¿Tienes miedo? Habla en lenguas. ¿No sabes qué hacer en alguna situación? Habla en lenguas. ¿Ya no sabes qué orar en el entendimiento? Habla en lenguas. ¿Quieres ir a la batalla? Habla en lenguas.

 

Habla en lenguas, habla en lenguas, habla en lenguas es la manera en la que Él intercede por ti, es la manera en que él te va a ayudar. ¿Tienes que hablar como él habla? Habla en lenguas. Señor cuantas gracias te doy, y hablas en lenguas por un minuto, ¿y esa ya fue toda mi oración? ¿Y así queremos cambiar nuestra realidad? ¡NO! Si Pablo le decía a los apóstoles: todos ustedes hablan en lenguas, pero ¿qué creen? Yo hablo más que todos ustedes.


Tampoco es casualidad de que a Pablo se le dieran tres cuartas partes del Nuevo Testamento. ¿Por qué? Porque tenía una relación, tenía una revelación del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo se manifestaba para traer vida, para bendecir a los demás. Haz que de tu interior corran ríos de agua viva, haz que le agua que hay en ti salga. Habla en lenguas porque eso es muchas veces lo que nos pasa: nos quedamos callados, y a vece nos da miedo.

 

Te voy a contar otra situación en mi vida. Cuando estuve en Dallas, a mí se me da que cuando hay algún demonio, yo lo siento. Así que cuando estaba en Dallas me acuerdo que tuve una mala experiencia con la presencia de un demonio. Esta primera experiencia me asustó y a través de ella aprendí. Oré, reprendí, etc., etc. Y después me volvió a pasar otra situación similar, ¿pero qué crees? Estaba yo tan asustada que estaba yo en mi cama así como feto, y yo sentía una presencia, una presencia que no me dejaba. Y yo decía: no, ahorita se tiene que ir.

 

Y me decía el Espíritu Santo: habla, habla, habla en lenguas. Y yo: No, ahorita se tiene que ir. Y yo estaba toda asustada, estaba toda encogida en mi cama, deseando que no me pasara algo. Digo, no me iba a pasar nada más que un buen susto. Pero ¿por qué tener que dormir con inseguridad, por qué tener que dormir con temor y terror?

 

Y cualquier cosita, cualquier ruido que yo escuchaba, ya decía. El demonio. Y decía. No, mejor me callo. Y eso es lo que a veces tú y yo hacemos: quedarnos callados. No hermano, habla, habla, habla en lenguas. Ora, ora en lenguas. No solamente cuando esto te pase sino en tu vida diaria habla en lenguas.  El Espíritu Santo es quien sale de ti para bendecir, por eso también te da los dones espirituales, para que puedas bendecir a otros, para que puedas edificar a otros.

 

1 Corintios 12:13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

 

Tenemos que dejar al Espíritu correr, por eso dice Jesucristo: De tu interior correrán ríos. No dice un arroyito, no dice: una fuentecita ¡NO! Dice: ríos, ríos. ¿Y sabes que? Cuando recibes al Espíritu Santo viene con dones espirituales. ¡Úsalos, úsalos! A veces como cristianos, y te lo voy a poner así, y es como a veces yo lo enseño: tenemos un Vochito, y de repente vienen y nos regalan un Ferrari o un Maserati o el carro que más te guste. ¡Wow! ¿Y qué crees? Que prefieres usar el Vocho.


Si tú tuvieras un carrazo ¿utilizarías un Vocho? Pues no, no, te subirías al Ferrati y lo correrías. ¡Eso es lo que el Espíritu Santo es!  El Espíritu Santo quiere que te dejes llevar por él. El Espíritu Santo quiere que tengas una relación con él, ¿para qué? Para que también uses los dones que él te ha dado, para que puedas bendecir tu vida, para que puedas bendecir la vida de los demás, ¡ese es el punto! bendecir la vida de los demás, hablar vida a la vida de los demás, hablar propósito, lo que Jesucristo hacía: hablar vida, hablar propósito, hablar destino, para eso es el Espíritu Santo.

 

Habla, que el agua suba, que el agua ascienda y que salga por tu boca. Como te dije: tal vez aquí mismo o allá afuera hay una persona que solo necesita de una, de una sola palabra. Y tú puedes ser esa persona que se la de. No tengas miedo, hazlo. La gente está desesperada por tener vida, y va y la encuentra en todos lados menos en donde debe de encontrarla. Hazlo, hazlo.

 

Hermano refrenemos nuestra lengua primeramente para no decir barbaridades, para cuidar lo que sale de ella. Para no maldecirnos primero a nosotros mismos y la de los demás. Cuidemos las palabras, ¿Por qué sabes? Hay poder en lo que decimos. Y Jesucristo lo sabía. Hay poder en lo que dices, hay poder para cambiar tu situación, hay poder. Y tan hay poder que por eso, por una sola palabra, por las palabras que dijo Dios, el mundo fue creado.

 

Hay poder en lo que dices, ten cuidado, utilízalo para lo que debe de ser. Y así como el Espíritu Santo te ha dado vida, ten el mismo poder para infundir vida en otros, para impartir vida en los demás. Allá afuera te necesitan; y aquí adentro también se necesita. Bendice a tu hermano, escucha al Espíritu Santo, que los dichos de tu boca vayan en ascenso para ser de bendición.

 

Ahora sí hermano puede voltear y puedes decirle a los que están a tu alrededor: ¡Sé bendecido! ¡Cambia tu vida, tú puedes hacerlo! Por supuesto, tú puedes hacerlo.

 

Señor cuántas gracias te damos porque nos has dado tu Espíritu, y porque Padre tienes una palabra para nosotros y porque día a día nos quieres renovar. Señor que seamos transformados y que seamos ejemplo de lo que tú eres, de cómo piensas, de cómo sientes y de cómo hablas, en el nombre de Cristo Jesús, amén.

 

Dios te bendiga.

 

 

REGRESAR