INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

MENOSPRECIÓ LA BENDICIÓN

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

REGRESAR

   

Génesis 25:27-34 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. 28Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. 29Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, 30dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. 32Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

 

Antes de entrar en el tema, yo quiero explicar lo que es el primogénito. En términos normales nosotros sabemos y es de todos conocido, que el primogénito es el primer hijo que se tiene. Pero en la antigüedad el trato al primogénito era diferente al trato que hoy tenemos para con los primogénitos. En la antigüedad el primogénito tenía un lugar muy especial, una posición privilegiada en la familia y en relación a sus hermanos, era algo especial.


En ausencia del padre, precisamente el hijo primogénito tenía la autoridad sobre sus hermanos, y él podía guiarlos a hombres y mujeres conforme y él considerara que debería ser. En el caso que hubiera repartición de bienes que en términos normales lo había, entonces el primogénito le heredaba el doble de lo que heredaba cada uno de sus hermanos. Entonces era una situación de privilegio muy especial.


En el caso de los reyes, el primogénito tenía derecho a al sucesión, podía ser rey, él podía aspirar a ser el rey. No podía aspirar otro de los hermanos a menos que el primogénito muriera, y en el orden conforme habían nacido es el lugar que podían acceder a ser el rey. Por lo tanto, la palabra primogénito siempre evocaba un lugar especial. Y un lugar especial tanto en lo afectivo como en lo físico y lo económico.  El primogénito era como el privilegiado.

 

Dice la Biblia en Romanos 8:29  Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

 

Nuestro Señor Jesucristo es el primogénito de entre muchos hermanos, y él lo sabemos, tiene autoridad sobre todos nosotros, y en él es en quien primero se cumplen todas las promesas del Padre como la resurrección. Sencillo, en el primogénito, en Jesucristo. ¿Dónde está el primogénito de Dios? Sentado a la diestra del Padre. ¿Dónde vamos a ir nosotros el día de mañana? A estar en ese lugar en el mismo que el Padre.


Pero bueno, vamos a resaltar algunos aspectos importantes de este pasaje que acabamos de leer de Génesis 25. De entrada nosotros sabemos que Dios le prometió a Abraham y a Sara que iban a tener hijos, ellos no podían tener hijos, ya eran grandes de edad, y entonces Abraham viene la visita de Dios, le habla y le dice que va a tener un hijo, y tiene un hijo llamado Isaac. Un hijo a la edad de q00 años de edad. Sara tenía 90 años.

 

Y bueno de este Isaac cuando se casa, se casa con Rebeca, dice la Palabra que entonces tienen dos hijos, prácticamente eran gemelos, Esaú y Jacob.

 

Génesis 25:27a Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo.

 

Todos sabemos que tenemos preferencias, entre los hermanos luego aun somos muy diferentes unos con otros, y tenemos diferentes deseos, diferentes gustos, pensamos distinto. En fin, en este caso Esaú era alguien a quien le gustaba el campo y salía y cazaba, y preparaba de comer de lo que él cazaba y le compartía a su papá, a Isaac, y esto le encantaba a Isaac. Que su hijo fuera así, le gustaba.

 

Pero dice la Escritura: Génesis 25:27b Pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Es decir, no le gustaba andar asoleándose, no le gustaba la caza; le gustaba estar tranquilo, en paz, descansado, tenía otra forma de vida, era mucho más calmado. Y dice en el Versículo 28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca (la mamá) amaba a Jacob.

 

Isaac amaba a su hijo Esaú, y Rebeca amaba a su hijo Jacob. En un principio nosotros podemos advertir aquí algo que es algo bien importante: un conflicto de preferencias y rivalidad. Hay un problema ahí generado precisamente por los padres. Muchas ocasiones nosotros aunque no queramos ocasionamos problemas entre los hijos, ocasionamos rivalidades ¿por qué? Por las preferencias que nosotros los padres tenemos por nuestros hijos.


Si nosotros nos inclinamos hacia un hijo, entonces el otro se molesta, el otro se enoja, no está de acuerdo. Si la mamá tiene preferencia por alguno de los hijos, entonces ya saben el bullying de que pues eres el consentido de mamá, no se te puede decir nada, todo te lo pasan, todo te lo soportan, en fin, hay problemas.

 

Y para esto nosotros como padres debemos tener mucho cuidado porque si nosotros manifestamos abiertamente preferencias, vamos a ocasionar en primer lugar una rivalidad entre los padres, entre los cónyuges; y en segundo lugar una rivalidad con los hijos y va a haber problema con ellos.

 

Entonces, aquí yo puedo advertir que había esa rivalidad y Esaú y Jacob tenían problemas; y cuando lees la Biblia y lees capítulos posteriores te puedes dar cuenta cuál era la situación de ambos. Cómo ambos al ser tan diferentes y al estar protegidos uno por el papá, y el otro por la mamá; había conflictos de intereses entre ellos y había rivalidades fuertes.


Por lo tanto, padres yo les recomiendo, les sugiero que tengan cuidado en la forma de tratar a sus hijos, porque si hay preferencias pueden ocasionar rivalidades que después les repercutan de una manera negativa.


Dice el pasaje que Jacob preparó un potaje. ¿Qué es un potaje? Que no es otra cosa que es un cocido o un guisado. Pero le ha de haber quedado maravilloso, y entonces cuando llega Esaú lo ve, le ve buena cara, venía cansado, venía fatigado, venía asoleado y lo único que quiere hacer era comer. Y le dice al hermano: dame de eso que tú estás preparando, yo quiero que me des.

 

Versículo 31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.  

 

Fíjate qué audaz. Una cosa es que era quieto Jacob y otra cosa es que era abusivo. Y buscaba las oportunidades para él salir lo mejor librado. Y en estos momentos le pide a Esaú que le venda la primogenitura. Mira yo te voy a dar de lo que preparé siempre y cuando tú me vendas algo que tú tienes. Aunque nosotros nacimos el mismo día, tú saliste primero y yo en segundo lugar, por lo tanto tú eres el primogénito. Y al ser el primogénito tú, tú llevas bendición en todo, y tú vas a ser más grande que yo.


Claro que esto no se lo dijo, esto lo sabía Jacob. Y es el momento indicado para Jacob para decir: yo quiero lo que tú eres, dámelo. Yo quiero ser el primogénito. Quiero que me vendas tu primogenitura y con todo gusto yo te doy lo que tú me pides. Y continúa diciendo la Escritura:

 

Versículo 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?

 

Esaú no tenía conciencia de lo que estaba diciendo. No había por supuesto una conciencia de la realidad de una primogenitura. No la tenía, no le importaba, Esaú tenía su vista puesta en las cosas momentáneas, a corto plazo y no podía ver más allá como decimos de su nariz, no podía. No entendía las cosas, él solamente estaba entendiendo que estaba cansado, que venía de cazar, estaba asoleado, quería comer, tenía hambre; la primogenitura ¡qué le importaba!

 

No hay una conciencia, qué me va a interesar a mí el día de mañana tener el doble de lo que va  a tener mi hermano, o qué me va a importar heredar tierras o propiedades; me interesa ahorita en estos momentos satisfacer mi hambre. Esto es lo que yo quiero. Por lo tanto, no veía a futuro Esaú, lo que había en su mente era disfrutar, deleitar su paladar y dejar que sus sentidos se recrearan con una excelente comida.


Yo no sé si en algún momento tú has vivido alguna situación similar, en donde lo único que te interesa es disfrutar el momento. Que mañana hay que ir a la iglesia, qué importa eso es mañana, ahorita estamos en la fiesta, ahorita estamos en el antro, ahorita es un momento muy agradable para disfrutar, qué importa mañana, no me interesa.


Que hay que ir a la iglesia. No, mira mejor aquí seguimos en el baile, seguimos en el reventón bien y todo, y la pasamos muy agradable. Y no me importa si mañana hay servicio, si tengo que estar bien con el Señor, si el Señor me exige que yo viva en santidad, no importa, ahorita importa que yo disfrute, soy joven y lo tengo que disfrutar, tengo que ser feliz, y tengo que hacer todo lo que es necesario que haga como cualquier joven.

 

Y bueno, muchas ocasiones nosotros tenemos prioridades muy a corto plazo que solo satisfacen a nuestros sentidos, y no vemos más allá en las cosas de Dios. Y no nos interesa ver más allá, como a  Esaú. Y entonces dice en el:

 

Versículo 33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.

 

Es decir, Esaú le dio su palabra a su hermano de que le vendía su primogenitura. La palabra siempre ha sido algo muy importante en la Biblia. Es lo más importante, si yo me comprometo con alguien a algo, si yo le digo: yo voy a hacer esto, como dijo nuestro Señor Jesucristo, que tu si sea si y que tu no sea no. Y si digo que si estoy dando mi palabra de que las cosas las voy a hacer como lo estoy diciendo.

 

No podemos estar cambiando, yo no puedo decir: si hermano mira te voy a ayudar a hacer este trabajo. Y después: ay ¿qué crees? No puedo, no tengo tiempo, hace calor, está lejos. O sea, no hay pretextos, tengo que cumplir con lo que yo dije. Nuestra palabra es lo más importante que tenemos. El día que tú te comprometas con algo, el día que tú digas si a algo, sostente y cumple. Cumple, no dejes de cumplir. Si dices: no. Está bien no hay problema.


Aquí este Jacob sabía, y le dijo al hermano:
Véndeme y júramelo. Júramelo para que quede un pacto establecido entre los dos. Y entonces, le jura Esaú y le dice: si yo te vendo mi primogenitura. Y entonces queda establecido el pacto y por lo tanto, Esaú en ese momento pierde todo derecho a la primogenitura, y lo adquiere Jacob.


Claro Jacob no salió en ese momento gritoneando: Ahora yo soy el primogénito, ya me vendió mi hermano su primogenitura. ¡No! Se quedó callado porque iba a llegar el día en que lo iba a ocupar. Entonces se aguantó y se esperó. Esaú en ese momento era responsable de este acto, y no podía culpar a nadie por lo que estaba haciendo, por lo que estaba juramentando.

 

Cada persona, cada uno de nosotros somos responsables de nuestros actos, no puedes culpar a nadie, no puedes echarle la culpa a alguien ni le puedes echar la culpa a las circunstancias ni a las situaciones, a nada. Tú eres responsable de tus actos. Esaú era responsable del acto que estaba llevando a cabo vendiendo su primogenitura.


Jacob una vez que su hermano le jura que le vende su primogenitura, entonces con toda tranquilidad le sirve la comida, lo sienta, lo pone a gusto, le da de comer, le da de beber y dice en el:

 

Versículo 34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue.

 

Y me llama la atención cómo termina el relato de este pasaje porque dice: Así menospreció Esaú la primogenitura. Menospreció es decir, desestimó, despreció, no le importó la situación privilegiada en la que él se encontraba, lo hizo a un lado. Le pasó su condición, su situación a su hermano.


Y analizando yo creo que exactamente así le pasa a una enorme cantidad de cristianos. No somos conscientes de lo que tenemos en el Señor, no lo somos. Tenemos la bendición de tener al Señor en nuestra vida, y no lo apreciamos. Se nos hace tan común, se nos hace tan normal que ya no lo apreciamos. Dejamos que los diferentes placeres envuelvan nuestros sentidos y nos aparten del lugar privilegiado en que Dios nos ha puesto. Del mismo modo que pasó con Esaú.

 

Cuando leemos la historia de Esaú, luego decimos. ¿Cómo es posible? Yo no sé si luego tú al leer algunos pasajes de la Biblia te enojas, yo sí. Yo hago corajes, la verdad. Y hago corajes por ejemplo cuando conocí esta historia de Jacob y de Esaú, me enojé muchísimo. Dije: Cómo es posible, cómo se atreve a vender su primogenitura, está loco, está mal. Si hubiera estado ahí lo hubiera regañado y fuerte, en verdad.

 

Me apasionan muchas cosas, y entonces  yo puedo ver lo que hizo Esaú, digo: no es posible. Y miro a mi alrededor, y miro la forma en que luego actuamos, aun como actúo y me doy cuenta que estamos actuando del mismo modo que Esaú. Las bendiciones que Dios nos da, el privilegio que tenemos al ser hijos de Dios, mira, no somos capaces de retenerlas, no somos capaces de retener la bendición que es tener al Señor ni de retener las bendiciones que Dios nos da.

 

Las perdemos, se nos van entre as manos, entre los dedos fácilmente. Las cambiamos por algo que nosotros consideramos que es bueno, que es mejor para el momento. Y la realidad es que nada justifica el cambio. El Señor nos exige un determinado comportamiento como sus hijos, y la verdad hay un momento en el cual se nos olvida que somos sus hijos, y hacemos lo que queremos y actuamos como actúa el mundo.

 

Y actuamos según las circunstancias, y actuamos según las presiones; y si tenemos amigos medio especiales con los que todavía convivimos y nos presionan para algunas cosas, caemos. O despertamos en nosotros el antiguo hombre, ese que se supone que ya murió lo volvemos a despertar para nuestro deleite, para nuestros placeres. Porque de repente viene a nuestra mente algo del pasado, lo recordamos y lo empezamos a vivir y entonces, lo añoramos. ¿No sé si te pase? A mí si.

 

Y de repente ves una situación, escuchas una canción, ves algo de un programa, ves algo y entonces, eso te conecta en tu mente porque es rapidísimo, con algo que tú viviste que te que te traía placer, y dices: Pues híjole qué bonito, como que estaría bien repetirlo, como que estaría bien volverlo a vivir. Y lo vuelves a vivir y muchas veces esto te lleva a una situación de separación con Dios.

 

Yo puedo advertir que casi la totalidad de los hermanos en Cristo que se apartan de la iglesia, se apartan porque regresan a sus placeres, a sus deleites. Regresan a vivir lo que antes eran. Esaú dice la Palabra, cambió su primogenitura por un guisado de lentejas. Y nosotros cambiamos la bendición, cambiamos la gloria de Dios, el reino de Dios y por otras cosas más, por cosas que impactan en un momento determinado a nuestros sentidos, que impactan a nuestra vista, a nuestro paladar o a nuestro oído.

 

Y las cambiamos y no tenemos problema, total, después nos arrepentimos. Nos arrepentimos y le decimos al Señor: perdóname y tú que eres fiel y yo que vivo en un permanente estado de perdón, y yo que vivo en la gracia; porque eso es muy bonito, ahora para todo: estoy en la gracia, estamos en la gracia, no hay problema para nada. Aja, sí, síguelo creyendo así.


Damos prioridad en lugar de retener las cosas de Dios, las bendiciones de Dios o la bendición de Dios, damos prioridad a una persona. No importa quién sea, el cónyuge, el hijo o los hijos, los padres, la novia, el novio, la pareja, o el trabajo, la diversión, el auto, el descanso, la comida, la comodidad, una serie de televisión, etc., etc., etc.

 

Si analizamos, cada uno de nosotros tiene ciertas preferencias así como Esaú; para Esaú su deleite era la comida. Hay cosas que nuestro paladar las recibe y se deleita con ellas, y nos agradan y las disfrutamos aun antes de comerlas. Ayer platicando con el hermano Arturo le decíamos: pues vamos a hacer una carne asada, pero por favor te preparas unas quesadillas de sesos. Ya las estábamos disfrutando, las conocemos, sabemos que le quedan riquísimas; la disfrutamos aun antes de que estén servidas, y esto es maravilloso.


Esaú traía un problema con la comida y él tenía en especial un problema con el guisado de lentejas. Tenemos debilidades y debemos tener cuidado con ellas, porque si nosotros permitimos y le damos paso a los placeres, mira, algunos no nos afectaran; pero habrá otros que sí nos metan en un conflicto con el Señor. ¿Por qué? Porque va a haber un momento en el cual tomemos algunas cosas, hagamos algunas cosas y no nos demos cuenta y empecemos a dejar a un lado las cosas de Dios.

 

Por darle paso a nuestros gustos, a nuestros placeres, entonces vamos a empezar a hacer a un lado las cosas de Dios. Aun decía yo la comodidad o la flojera; ay qué flojera ir a la iglesia. Todos tenemos prioridades y a veces decimos: está lloviendo y me voy a mojar, o me siento cansado, o está retirado, u hoy trabajé mucho.


Esaú tuvo algo mejor que retener una bendición que Dios le había dado desde que nació, la primogenitura, así de fuerte. Esaú cambió su lugar de privilegio, que no se veía por un plato de lentejas que sí se veía, y que le alteraba los sentidos. Y analízalo, todas aquellas cosas que a nosotros nos alteran los sentidos, o nos causan placer son cosas que vemos, y las cosas de Dios son cosas que no vemos.

 

Y nos dejamos ir por nuestros sentidos como dijo el apóstol Pablo: que no dejemos que nuestros sentidos gobiernen nuestra vida, nuestro espíritu. Porque en el momento que lo hacen entonces, nosotros entramos en conflicto con el reino de los cielos, entramos en conflicto con Dios. Nosotros por lo tanto necesitamos estar conscientes y ubicados en lo que tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer, y estar conscientes para retener las cosas que Dios nos da.

 

¿Qué puede alterar los sentidos? Todo aquello que te haga perder la bendición o el reino de Dios. Si algo te altera tus sentidos, lo más probable es que te haga perder lo que Dios te da. Y por otra parte existe un ser con todo su ejército que está a las vivas para ver de qué manera te hace caer, para ponerte tentaciones, para acercarte las cosas que te causen placer, las cosas que te agraden y te alteren tus sentidos.

 

Y entonces ese ser, el enemigo nuestro, está al pendiente y está viendo una cosa y otra, y te acerca otra, y diferentes para que algo que haga caer y te apartes de la voluntad de Dios. El problema es que mientras no estamos conscientes, mientras no nos damos cuenta del error, es que seguimos cayendo poco a poco pero, va a haber un día y desgraciadamente será muy tarde en que ya no lo podamos remediar.


Ahorita el Señor nos está dando oportunidad de remediar todo lo que en nosotros está mal, y está trabajando en nosotros como decía hace un momento, para formar y afirmar en nuestro interior el reino de los cielos. Pero, va a haber un día en el cual ya no va a ser posible esto, así le pasó a Esaú.

 

Génesis 27:1-4 Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí. 2Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte. 3Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; 4y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.

 

Fíjate qué maravilloso. El papá ya se sabe viejo, ya se sabe que en cualquier momento puede morir, y entonces hay un deseo en su corazón. Un deseo que lo más probable haya estado en su corazón aun antes de que naciera Esaú; el deseo de bendecir a su hijo al que iba a amar. Cuando tiene a Esaú y empieza a tener esa interrelación con él pensaba en lo que le iba a dejar de bendición a Esaú.

 

Lo voy a bendecir el día que me muera, le voy a dejar a mi hijo esto, o le voy a dejar lo otro, voy a hacer esto y de esta manera. Y estaba todo emocionado, y estaba llegando el momento en el cual él iba a cumplir lo que anhelaba su corazón: voy a bendecir al hijo que amo. ¡Qué maravilloso momento, qué especial! Y este Esaú feliz, feliz sale corriendo y en su mente está el hecho de que: ahora me va a bendecir mi padre, soy el primogénito; me va a heredar todo lo que tiene, pobrecito Jacob, eso le pasa por no estar cerca de mi papá.


Había como leímos en un principio, una persona que amaba a Jacob, y esa persona era Rebeca, la mamá de ellos, esposa de Isaac. Y oyó lo que iba a hacer Isaac; y entonces viene con Jacob y le dice: Jacob, necesito que hagas algo porque te van a ganar la primogenitura que ya tú ganaste. La bendición que ya es para ti porque te la vendieron a ti, ahora se la quieren dar a Esaú.

 

Por lo tanto, lo que tú tienes que hacer es ir al campo y traerme… Y le dice todo lo que quiere que le lleve para prepararle un guisado a Isaac que le alterara, y le encantara y estuviera feliz. La esposa sabía qué prepararle. Varón tu esposa sabe lo que te gusta, sabe qué prepararte, sabe qué hacer para que tú te deleites. Sale Jacob caza lo que necesitaba, se lo trae a la mamá, y la mamá le prepara todo.

 

Y le dice: ahora se lo vas a llevar a tu padre, para que él coma y al terminar te bendiga. Dice: pero yo soy diferente a Esaú, Esaú es muy. Muy velludo parece oso yo  no, yo soy lampiño. Y aunque mi padre no ve se va a dar cuenta, si me toca se va a dar cuenta que yo no soy Esaú. Y le dijo la mamá astuta: Ah mira vamos a hace runa cosa, de un animal te vas a poner la piel, para que a la hora que te toque tu padre, crea que eres Esaú.

 

Y así lo hace, y dice la Escritura que llega Jacob con Isaac y le dice: Aquí está lo que tú me pediste para que comas. Y vamos a leer:

 

Génesis 27:24-26 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. 25Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. 26Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.

 

Ya Isaac a estas alturas ya había tocado a Jacob, ya creía que era Esaú porque estaba siendo engañado, y ya acababa de terminar de comer, ya había bebido, ya estaba todo preparado para la bendición. Una bendición que él había negociado, una bendición que él había pactado con su hermano. Tal vez fue algo ilícito, tal vez Jacob se aprovechó, el punto es que Esaú hizo algo que no debió haber hecho: no debió de haber vendido la primogenitura.

 

Del mismo modo que nosotros no debemos soltar nuestra bendición, lo que Dios nos da no lo podemos soltar, no debemos dejar que nadie nos lo quite, debemos y tenemos que luchar por ello. Y sin embargo lo hizo, y dice en el:

 

Versículo 27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos,

 

Bien que conocía Isaac cómo olía Esaú y cómo olía Jacob. Iba con las pieles de animales Jacob, y lo huele Isaac, y ahora sí lo olió a animal y dijo: mmm, eres tú.  Yo creo que como a Jacob le gustaba estar tranquilo, en paz en su casa, pues y más hijo de mami, ha de haber olido bonito. Entonces de seguro lo agarraba Isaac y le iba a dar un beso y lo olía y hasta decía: ah hueles a mi esposa y lo hacía como a un lado.

 

Lo huele y le dice: es el olor de mi hijo Esaú.  Y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido. Y en el versículo 28 empieza a bendecirle, esa bendición que era para Esaú y que Esaú había vendido a Jacob, y le dice así:

 

Versículos 28-29  Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. 29Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.

 

Esta bendición era para Esaú, pero no la tenía porque había vendido su primogenitura por un plato de lentejas. Nosotros tenemos grandes bendiciones de Dios, y por un detalle, y por un placer, o por una circunstancia, o por una situación andamos perdiéndola. Y debemos tener cuidado.

 

Versículos 30-32 Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar. 31E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga. 32Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.

 

Perdón, olvidó Esaú que había vendido su primogenitura. Y todavía estaba pretendiendo recibir una bendición por esa primogenitura que él ya había vendido años atrás. Nosotros no vamos a poder llegar delante del Señor y pedirle algo, una promesa de bendición cuando nosotros ya hicimos lo incorrecto, cuando no retuvimos la bendición de Dios, cuando no retuvimos la gloria de Dios o cuando no retuvimos el reino de Dios.

 

¡Cuidado! Es claro, ¿quién eres tú? Esaú tu primogénito. ¡No es cierto, ya no era el primogénito, ya no se merecía la bendición!

 

Versículos 33-38 Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito. 34Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. 35Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. 36Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura (fíjate, no se apoderó, la compró, no se l robó, no se la quitó; Esaú estuvo de acuerdo en venderla porque prefirió un plato de lentejas), se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición.

 

No tomó la bendición, la primogenitura llevaba bendición. El reino de Dios en tu vida lleva bendición, la presencia de Dios en tu vida lleva bendición. Lo que Dios pone en tu vida lleva bendición. No son dos cosas separadas, el que Dios esté contigo trae bendición.

 

Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? 37Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? 38Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.

 

Y como decía un hermano: y Esaú lloró como un niño lo que no pudo defender como un hombre. ¡Qué fuerte! Yo no puedo permitir que la bendición de Dios que está en mí, yo la pierda por un placer, por un absurdo, por una circunstancia, no puedo; porque el día de mañana me voy a arrepentir, me voy a arrepentir de ello. Y lo más probable es que llore.

 

Yo pienso mucho ese momento en el cual nuestro Señor Jesucristo venga por segunda vez por su Iglesia, venga a la tierra por su iglesia. Y va a descender de entre las nubes el Señor Jesús. Y dice la Palabra que todo ojo le verá, todos, cristianos y no cristianos, creyente y no creyentes; convertidos y no convertidos. Todos lo vamos a ver y lo vamos a ver descender de entre las nubes.

 

Los creyentes en Cristo, los convertidos en Cristo dice la Escritura: nos iremos con él, nos iremos. Será como un imán que nos jale, y nos iremos hacia el cielo en donde él está. Si tú te vas, ¿te imaginas lo que pensarán algunos de los hermanos de la congregación que no se van a ir, que se queden? ¿Te imaginas lo que dirán? El llanto que vendrá y la desesperación que vendrá sobre ellos, que estén viendo que muchos de los miembros de la iglesia se empiecen a ir y ellos se queden.

 

Y en ese momento va a venir a la mente lo que no hicieron, lo que perdieron que lo tuvieron y lo dejaron ir. Así le pasó a  Esaú, dejó ir la primogenitura, dejó ir toda la bendición, la dejó ir por un placer. Y en el momento de la verdad, lo único que le quedó fue llorar. Va a ser fuerte, es fuerte lo que dice la Palabra, y esto nos debe llevar a hacer lo que tenemos que hacer delante del Señor.

 

Versículos 39-40 Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba; 40Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz.

 

Es una tremenda historia que tenemos que analizarla, tenemos que estudiarla en lo particular ahí en tu hogar. Y tienes que revisar qué es lo que tú tienes en tu vida que te aparta de la bendición de Dios. Cuáles son los placeres, cuáles son las circunstancias, las comodidades, qué es lo que hace que tú te apartes del Señor y pierdas la bendición.


Porque es muy fácil decir: es que Dios no me bendice. Es que yo no veo la bendición de Dios. Es que yo no veo prosperidad. Es que el Señor ya dijo en la iglesia que todos vamos a ser prosperados, y yo veo la prosperidad en mí. ¿Qué es lo que estás haciendo? ¿Qué estás permitiendo que se deleite en tus sentidos, qué es? Porque eso necesitas tomar control de ello y quitarlo de ti.


Tenemos que hacer conciencia de Dios, porque no la tenemos. Creemos que el día que venga el Señor Jesús, todavía está muy lejos. Todavía nosotros podemos hacer lo que queramos hacer, y vamos a tener tiempo de cambiar, de enderezar las cosas, de caminar como él dice, en fin. Creemos que vamos a poder hacer muchas cosas. Ah si hoy yo no voy ala iglesia no hay ningún problema, ya iré los siguientes domingos.

 

Y si no puedo los siguientes domingos pues no importa, al fin el Señor todavía no viene, de todos modos no se me va a quitar la bendición. ¿Por qué no se me va a quitar la bendición? Pues por una sola razón: porque vivo en la misericordia, en la gracia de Dios y Dios es bueno todo el tiempo. Y como Dios es bueno todo el tiempo y solo hace el bien, a mí me va a seguir haciendo el bien aunque yo no haga lo que tenga que hacer. Fácil ¿no? Y se oye bonito.

 

 Y nos gusta, y nos emocionamos. Dios solo hace el bien, Si, amén, gloria a Dios, Dios solo hace el bien. Cuidado. La bendición que Dios ha traído a tu vida por ser su hijo, no la pierdas. Esa gran bendición que tú tienes  al ser hijo de Dios, con todo el paquete de bendiciones y de promesas que Él trae, no la pierdas, porque si la pierdes no vas a tener absolutamente nada y vas a sufrir y vas a llorar. No es amenaza, simplemente es que hagas conciencia. Haz conciencia de las cosas y valora lo que tienes, y valora lo que puedes perder.

 

Bendito Dios y padre eterno en el nombre de Jesús, levanto delante de tu presencia a este remanente, dándote gracias por la vida de cada uno de mis hermanos, a quienes pongo delante de ti pidiéndote que tú te manifiestes con poder, para que cada uno de nosotros retengamos Señor lo que nosotros tenemos de parte tuya.

 

Tú los bendices día tras día, pero muchas de las veces esas bendiciones no las vemos o las perdemos, por estar inmersos en deleites, en circunstancias, en situaciones que no son las que deben de ser. Que nosotros podamos tener la conciencia clara de las cosas para que trabajemos y luchemos por las cosas que debemos luchar, aquellas que no se ven, aquellas que proceden de ti. Y todas aquellas que se ven y que alteran nuestros sentidos, las dejemos pasar.


Fortalece a esta iglesia, permite que cada uno de nosotros, que cada uno de los miembros se fortalezca conforme y tus propósitos, para caminar de acuerdo a tu voluntad. Y Padre, en el nombre de Cristo Jesús a ti sea la honra y la gloria por la eternidad, amén.


Dios los bendiga.

 

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