INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

GUERRA ESPIRITUAL

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

REGRESAR

   

Hace unos momentos en la alabanza se sentía el gozo, se sentía la presencia del Espíritu Santo cómo fluía, y la iglesia en general toda la iglesia se sentía muy bien, una perfecta comunión con el Señor. Pero por desgracia, eso llega a suceder nada más en la Iglesia; porque muchas ocasiones nosotros salimos de la iglesia y nos olvidamos de ese gozo, nos olvidamos del Señor, nos olvidamos de su presencia, nos olvidamos de muchas cosas.  Como que al entrar en la iglesia nos ponemos un vestido de gozo, de paz, de cristianos y al rato nos lo quitamos. Y esto es grave.

 

2 Corintios 11:3-4 Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. 4Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis.

 

Yo les quiero comentar en mi espíritu yo tengo tiempo que estoy muy preocupado, porque yo puedo advertir a mi alrededor, platico con ustedes, veo lo que está ocurriendo y puedo ver como el enemigo está atacando a la iglesia, como el enemigo se está manifestando y está golpeando a las familias, a las personas en lo particular, a las familias en general, a toda la iglesia.

 

Y puedo advertir como la mayor parte de los cristianos no hacen nada al respecto; permanecer impávidos como si nada ocurriera, como si nada pasara, como que no importara, como que todo estuviera bien. Es más, muchas ocasiones ni siquiera se dan cuenta que el demonio les está desviando del Señor y esto es grave, es muy grave.


Veo la Palabra y me doy cuenta que no solamente nuestros sentidos están siendo engañados, sino puedo advertir como aun nuestro estado de ánimo y nuestros sentimientos están siendo engañados por parte del enemigo. Nos hemos vuelto cómodos, queremos permanecer en un área de confort imperturbable, que nada nos mueva, que sea un área de confort agradable. Y aunque haya cosas a nuestro alrededor o que nos estén pasando en lo personal, seguimos en nuestra área de confort delante del Señor.


Y como dice el apóstol Pablo: de alguna manera nosotros nos hemos extraviado de la sincera fidelidad a Cristo. Claro que podemos seguir diciendo que somos cristianos, que creemos en cristo, no creemos en nadie más, venimos el domingo, venimos  a reuniones, hacemos algunas cosas pero, hay una gran parte de nuestra vida que está desviada y que no está haciendo conforme y la voluntad del Señor.

 

Que no hay una sincera fidelidad a Él, o una completa fidelidad; como que nuestra fidelidad es en partes, es tal vez en algunos porcentajes y otros porcentajes de nuestra fidelidad están hacia otras cosas. Nos hemos hecho o tal vez culpando a alguien, el demonio nos ha movido a ser: apáticos, desganados, negligentes, despreocupados, indiferentes, tolerantes al pecado, irresponsables con el Señor, faltos de compromiso con Dios. Luego andamos cargando tristeza, depresión, angustia; y no hay nada que nos llene. Y vamos siendo apartados poco a poco de Dios.

 

Y eso que costó tanto trabajo que nosotros llegáramos al Señor, que lo reconociéramos y que empezáramos a caminar bajo su bendición, otra vez va para atrás. Y aun, veo como que no hay temor de Dios. Hemos perdido comunión con Dios o tal vez nunca la hemos alcanzado. Nuestro amor por Dios es mínimo; aunque digamos que lo amamos mucho, aunque digamos que daríamos la vida por Dios, que daríamos cualquier cosa por el Señor; la realidad, nuestra realidad bien personal e íntima es que ¡NO!

 

A Dios lo tenemos en un segundo o tercer término, excepto cuando tenemos algún conflicto, cuando hay algún problema, cuando tenemos alguna necesidad. Cuando hay algo así, entonces sí, nos preocupamos, entonces sí clamamos, entonces sí oramos, entonces sí nos acordamos de Él. Si no, no pasa nada. Está en un segundo o tercer término. Si nos sentimos un poco mal físicamente o emocionalmente, pues ya no venimos a la iglesia, ¿cuál es el problema? No pasa nada, no venimos, Dios no nos lo reclama.

 

Y me doy cuenta que no es realmente nuestra prioridad amara a Dios, no lo es. Y por supuesto tampoco hacer lo que él dice, lo que Él establece, hacer su voluntad. Y aunque conocemos el versículo que dijo nuestro Señor Jesucristo: amarás al dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; y ese es el primer mandamiento, lo amarás por sobre todas las cosas; lo pasamos a un segundo término y amamos más a otras cosas.

 

Amamos nuestro trabajo, amamos nuestros hijos, a nuestra esposa, a nuestro esposo. No es malo amarlos, el problema es ponerlos en una prioridad, eses es el problema, ¡que desplazamos a Dios por muchas otras cosas! Por los recursos económicos, por nuestro bienestar, por nuestro confort, por nuestra comodidad; por muchas razones. Y siempre tenemos argumentos desde nuestro punto de vista válidos, para ser así, siempre.


Como dice el apóstol: nos han predicado a un Jesús aun diferente al de la Biblia, y aun distinto al que nosotros mismos predicamos. Lo hemos hecho, y muchas ocasiones vemos que, no es que Jesús… Y nos dicen algo que no es, y por nuestra comodidad lo aceptamos. Nosotros lo sabemos pero tenemos que hacer esfuerzos por cumplir lo que dice el Señor de la manera que lo dice.


Dice el apóstol Pablo que hemos aceptado otro espíritu diferente al que tenemos. Dice que hemos recibido otro Evangelio, y que todo ello nosotros lo hemos tolerado. Y lo hemos tolerado ya que nuestros sentidos, aun nuestros sentimientos han sido engañados por comodidad, y algunas ocasiones por ignorancia.

 

Según el apóstol Pablo aquí en 2 Corintios, hemos recibido otro espíritu diferente al que tenemos, que es el Espíritu Santo. Es decir, tú podrías comentar: Es que yo no he recibido ningún otro espíritu. A nadie más he recibido, solamente al Espíritu Santo. Podríamos creerlo de esa manera, pero en realidad cuando lo analizamos, nosotros nos damos cuenta que además del Espíritu Santo existe otro dominio, otra influencia sobre nuestras vidas que no proceden de Dios; y actuamos de acuerdo a esas otras influencias.

 

Actuamos de acuerdo a las influencias por ejemplo de las circunstancias, que muchas ocasiones van en contra de lo que dice la Palabra. Influencias de nuestro cónyuge o de nuestros hijos; cuántas ocasiones los mismos hijos no nos presionan para que nosotros actuemos de un determinado modo, y nosotros nos hacemos de la vista gorda o decimos: está bien, por esta ocasión vaya y pase, pues total tantito con mi hijo, no hay problema. Y empezamos a ser tolerantes con nuestros hijos, lo permitimos.

 

Es por ello que es importante que nosotros nos detengamos y analicemos con cuidado ¿cuáles son nuestros pensamientos? ¿Cuáles son nuestros sentimientos? ¿Cuál es nuestra forma de ser, de actuar? Para que nos demos cuenta que hay muchas cosas que no estamos haciendo conforme y la voluntad de Dios, y lo estamos haciendo conforme y  la influencia  de otro espíritu o de otros espíritus.

 

No es necesario que alguien haya venido y te diga. A ver, ¿recibes el espíritu de rebeldía, el espíritu de desobediencia a Dios? No es necesario, las influencias y lo que está a nuestro alrededor nos llevan a ello. Seguimos haciendo alianzas con quienes no están en nuestro mismo yugo. Seguimos haciendo alianzas con quienes no están en Cristo, ¿cuál es el problema? Los seguimos aceptando, los seguimos tolerando.

 

Lo llevamos a cabo así y sabemos que está mal porque lo dice la Palabra, y aun cristianos de nuestro alrededor lo toleran, lo aceptan, lo soportan. No pasa nada. ¡Sí, sí pasa! Y son advertencias que dice la Palabra y que están claras en la Biblia. Dios cumplió en cada uno de nosotros una gran promesa, para que fuésemos sus hijos y además, nosotros hiciéramos su voluntad. Trajo a nuestra vida algo que se vino a amalgamar para darnos el poder y hacer lo que es su voluntad.

 

Hay una promesa que dice en Ezequiel 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.  Dice la Palabra de Dios que el Espíritu Santo es un Espíritu de poder, de amor y de dominio propio; está en nosotros porque el Señor ha determinado que venga a nuestra vida, una vez que nosotros aceptamos a cristo Jesús y aceptamos nacer a una nueva vida.

 

Morimos, dice la Palabra a nuestra vieja humanidad, somos sepultados en al agua y nosotros emergemos del agua purificados; y en ese momento dice que dice que recibimos el Espíritu Santo. En ese momento nos convertimos en hijos de Dios. En ese momento nosotros tenemos el Espíritu Santo que nos va a dar la fuerza y el poder para caminar de acuerdo a la voluntad de Dios. El recibir el Espíritu Santo significa que nosotros tenemos el Espíritu Santo y por lo tanto, tenemos de la esencia misma que tiene Dios, la misma.

 

Por lo tanto, Dios nos puede llamar hijos. Nosotros le podemos llamar Padre porque tenemos de su esencia, de su Espíritu. Y dice la Escritura que entonces, nosotros empezamos una nueva vida, que las cosas viejas pasaron, pero he aquí todas son hechas nuevas, todas. Es un cambio, yo ya no tengo que vivir como vivía antes, yo ahora tengo que vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.

 

Y aquí lo dice la Escritura, que el Espíritu Santo vino a nuestra vida no solamente para hacernos hijos de Dios sino para que nosotros andemos en los estatutos de Dios.  Una persona que no tiene el Espíritu Santo no puede andar en los estatutos de Dios, le es imposible, no puede. Y dice también que el espíritu Santo está para que guardemos sus preceptos y los pongamos por obra.

 

Insisto, una persona sin el Espíritu Santo no puede cumplir con esto, no puede cumplir con las cosas de Dios. Nadie puede cumplir con las cosas de Dios si no tiene el Espíritu Santo. Necesitamos el Espíritu Santo para poder cumplir con lo que Dios establece, y es la voluntad de Dios que nosotros caminemos de acuerdo a su voluntad, guardando sus estatutos, guardando sus preceptos, sus mandamientos, poniéndolos por obra.

 

Ya no tenemos nosotros pretextos para decir. No puedo. Ah es que esto es muy difícil, no puedo. No puedo dejar de fumar ni modo seguiré fumando. No puedo dejar de beber. No puedo dejar de adulterar. No puedo dejar de robar. No puedo dejar de ser chismoso. No puedo dejar de ser grosero. ¡No, sí, sí puedes, sí podemos, que no queramos es otra cosa! Que estemos en un confort y en una comodidad es diferente. Pero de acuerdo a la Palabra de Dios nosotros podemos.


Y Dios lo sabía, Dios no nos iba a obligar a cumplir con algo que él sabía de antemano que no podíamos cumplir. ¿Qué tenía Dios que hacer? Darnos los elementos, las herramientas para que nosotros lo pudiéramos hacer.

 

Si yo le digo a alguno de ustedes: hazme un favor, ¿podrías pintar la iglesia? Pues me puedes decir: sí, con todo gusto yo la pinto. Dame la pintura. Ah pue son tengo. ¿Las brochas? No tengo. La escalera. No tengo. ¿Y cómo quieres que pinte? Pues échale ganas, nada más concéntrate, échale ganitas y de algún modo.


Dios vio que nosotros como humanidad no podíamos cumplir con lo que Él establece, era imposible. Entonces dice, ¿qué tengo que hacer? Y Dios dijo: ah pues es sencillo, les doy mi Espíritu, el Espíritu Santo. Ahí está, para que puedan cumplir con todo, para que no tengan pretexto, para que verdaderamente sean mis hijos y se comporten como yo digo. Y nos da su Espíritu.

 

El tener el Espíritu Santo también nos ubica en una posición en la cual nosotros no debemos recibir ningún otro espíritu, ninguno. Que no tengamos ninguna otra influencia; que no tengamos ningún otro dominio. El único dominio que nosotros debemos de tener es el del Espíritu Santo.


Ve lo que le pasó a Adán por andar escuchando otro espíritu: ándale mi vida, cómele, tantito, sabe bueno, ándale, yo lo corté. No, no quiero. Ándele. Y ahí lo estuvo presionando, y ahí estuvo influenciándolo, y ahí estuvo ejerciendo una presión ¿hasta cuándo? Hasta que Adán dijo: va, ya. Yo no sé si Adán lo dijo en buen plan o en mal plan; yo no sé si Adán dijo: si mi vida dámelo, y lo comió. O llegó el momento e
n que dijo: Ah ya, dámelo, ya no me molestes; y se lo comió. ¡No sé! Hay que conocer a las mujeres para darse una idea qué fue lo que pasó. Bueno los solteros: vean a su mamá, es sencillo.

 

Y a pesar de que nosotros no debemos recibir otro espíritu, es decir otra influencia, otra presión; está ocurriendo que nosotros caemos como dice el apóstol: en la astucia del enemigo por diferentes motivos. El enemigo es astuto, y nosotros no le damos el valor que verdaderamente tiene. Hay cristianos que piensas que porque ya son cristianos, el enemigo no se les va a acercar. Que porque nada más por el hecho de que son cristianos, ya el enemigo les tiene miedo. ¡Y no, no es así!

 

Y nosotros no debemos dejarnos engañar por el enemigo, no podemos hacerlo. Y para no dejarnos engañar nosotros tenemos que estar alertas, tenemos que estar ahora si que a la s vivas. Porque si no, nos va a llevar a volver a vivir lo que nosotros ya dejamos atrás, lo que ya no vivimos, nos va a llevar a lo mismo.

 

Gálatas 5:25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

 

¿Qué es andar en el Espíritu? ¿Cómo podemos andar? Tenemos que vivir bajo la unción del Espíritu Santo no permitiendo que nos engañe el enemigo. Sujetándonos a todo lo que dice el Evangelio y no ignorando la voluntad de Dios, no lo podemos hacer. Tenemos que llenarnos de la plenitud del Espíritu Santo para entonces, nosotros fluir en el poder del Espíritu Santo, y hacer lo que dice.

 

Antes de estos versículos dice que nosotros tenemos que dar un fruto, el fruto del Espíritu de Dios. El fruto del Espíritu Santo: Amor, gozo paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza; tenemos que dar ese fruto. Si no estamos dando ese fruto entonces, no estamos viviendo en el Espíritu. Y si nosotros seguimos viviendo como vivíamos en algunas partes al menos, entonces, estamos viviendo en las obras de la carne. ¡Y no podemos vivir ya más en las obras de la carne!


La Palabra es clara: tenemos que cambiar, tenemos que hacer lo que dice el Señor. No podemos de ningún modo hacer tampoco nuestro propio Evangelio. Dice el apóstol Pablo: es que reciben otro evangelio del que les fue predicado. Y no es precisamente que alguien venga con un libro y te diga: mira, ahora te voy a leer el evangelio de Judas. Que por cierto ahí anda de moda. ¡No, no lo puedo aceptar porque es un libro apócrifo, no está dentro del Canon bíblico, no lo puedo aceptar!

 

Pero con nuestras actitudes nosotros aceptamos otro Evangelio, ¿por qué? Porque tomamos de la Palabra lo que queremos. Tomamos lo que nos parece y vamos desechando lo que no nos parece. Y eso es crear mi propio evangelio; y el crear mi propio evangelio no me va servir de nada, no voy a tener bendición.


Ah esto me gusta, sí lo hago. ¿Qué te gustó? Que Dios tiene promesas de bendición, de prosperidad para mí y para mi familia. Ah pues qué padre. Ah, pero esto lo desecho. ¿Y qué estás desechando? Que yo tengo que dejar las obras de la carne. ¡No, no va a funcionar! Yo tomo esto que dice que tenemos que ofrendar, y ofrendo de acuerdo a mis posibilidades. Ah perfecto. Pero desecho que tengo que dar un diezmo. ¡Estás haciendo tu propio evangelio y eso no está bien!

 

Por eso dice el apóstol Pablo: recibes un evangelio diferente o te creas un evangelio diferente, un evangelio cómodo para tu vida. Un evangelio conveniente para tu vida, así de fácil.  Y no nos damos cuenta tampoco que nosotros estamos en una guerra espiritual, no lo hemos visto. Parece como que estamos dormidos, como que por el hecho de ser cristianos ya todas las cosas están bien. Y como decía hace un momento, como que el enemigo ya no se va acercar, como que está muy lejos, como que ¡aguas, yo soy cristiano, y si te acercas te va a ir mal! Y entonces pues le da miedo y se mantiene lejos. ¡NO!


Creemos que ser cristianos es pertenecer a una religión y estar en una posición correcta para recibir todas las bendiciones y todas las promesas de parte de Dios. Y debemos hacer conciencia de que estamos en una guerra, de que el enemigo nos quiere derribar, el enemigo quiere que gallemos con lo que Dios dice. ¿Tú sabes que el enemigo se sabe la Palabra? El enemigo conoce a la perfección la Palabra, se la sabe de principio a fin, se la sabe; por eso tuvo la osadía de tentar a nuestro Señor Jesucristo con la misma Palabra.


Que no hubiera estado firme nuestro Señor Jesús, que no hubiera conocido bien la Palabra,  hubiera caído. Pero el enemigo es tan osado que vino a tentar con la Palabra de Dios a Jesucristo nuestro Señor. Y todavía se lo dijo: Y la Palabra dice… Y muchas ocasiones nosotros no nos damos cuenta que aun la Palabra la utiliza el demonio para hacernos caer. Nos quiere apartar del Señor.


Dice la Biblia que el infierno está preparado para Satanás y sus huestes, para ellos es el infierno. El infierno no fue preparado para el ser humano; Dios preparó el reino de los cielos para nosotros, pero hay un problema, el enemigo no se quiere ir solo al infierno, se quiere llevar a la humanidad. Una humanidad creada por Dios, que Dios ama y se la quiere llevar. Ah entonces, hace algo: hace que la humanidad peque para que no llegue al reino de los cielos. Y para que en aquel día, la humanidad lo acompañe a él y a sus huestes a su morada eterna, al infierno.

 

No es el lugar para nosotros, pero parece que nosotros no nos damos cuenta y con toda tranquilidad y con toda felicidad le hacemos caso al demonio para caer en pecados, para ser apáticos, para ser negligentes, para no estar comprometidos con Dios; y entonces vamos derechito al infierno, derechito.

 

Hay hermanos que no les gusta que hablemos de estas cosas, dicen que son “amenazas”. ¡No, no son amenazas, son cosas que se van a cumplir, están escritas! Y así como está escrito que hay bendición y que vendrá bendición, también hay otras cosas escritas que son fuertes, que no nos gustan claro.


El enemigo y sus huestes están golpeando a la Iglesia, a sus miembros; y los están golpeando fuertemente, y tú lo puedes ver tal vez en tu propia vida. El enemigo no golpea a los de afuera por una razón: porque esos están con él. Nosotros estuvimos con él mucho tiempo, anduvimos con él, andábamos felices, nos pasó. A veces yo agarraba al demonio y le decía. Vente, vámonos a beber, y me lo llevaba. Sí, eso hacemos. Por decir algo, hay cosas donde tú le llamaste y tú le dijiste: vente, vamos; claro que sí.

 

Y el demonio está golpeando a la iglesia, ¿por qué? porque no quiere que la Iglesia se vaya con Dios a vivir por la eternidad a su reino, no lo quiere.  Y está golpeando y nosotros no nos damos cuenta, y vemos que golpea a unos hermanos de un modo, y a otros de otro, a mí de otro, y no hacemos nada. Decimos. Bueno. Seguimos pensando que tal vez ésta sea la voluntad de Dios. Si me está yendo mal, es porque Dios quiere. ¡No! Si estoy enfermo es porque Dios quiere. ¡No, no es porque Dios quiera!

 

Dios no quiere que estemos enfermos, Dios no quiere que nos vaya mal; Dios quiere nuestra bendición, nuestra sanidad, nuestra prosperidad, Dios quiere que estemos bien. ¿Qué tenemos que hacer? Levantarnos y reprender, y luchar en contra de todo aquello que se levanta en contra nuestra.

 

No puedo aceptar por ningún modo cuando un hermano en Cristo me dice: es que tal vez sea la voluntad de Dios que me vaya mal. ¡No lo puedo aceptar! Mira, mejor ponte a orar, levántate y ora. Pero nos es más cómodo decir: Ah estamos en las manos de Dios, Dios ya sabrá si esto pasa o no pasa. Ya estará en la voluntad de Dios que siga enfermo o que me sane. ¡No, estamos mal!

 

Y el apóstol Pablo nos instruye en una carta dirigida a los Efesios  de cómo debemos ser. Él empieza a hablar de una serie de cosas y va instruyendo a la Iglesia de cuál debe ser su comportamiento, cómo se tienen que dirigir. Y después de todo esto, después de dar una serie de puntos importantes habla precisamente sobre la guerra espiritual.

 

Efesios 6:10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

 

Fíjate la recomendación que hace el apóstol. Lo primero que tú necesitas como creyente es mantener una relación estrecha con Dios. Es primordial esto, cada día tienes que crecer espiritualmente y fortalecerte en esa relación, en esa comunión con Dios, lo necesitamos. Cada día tiene que ser, no puede pasar un día sin que nosotros estemos en comunión con Él.

 

Y sin embargo, no damos tiempos de oración; estamos tan ocupados, tenemos tantas actividades, las distancias son tan largas que no tenemos tiempo de orar. Y nuestros tiempos de oración son consumidos por todo lo demás. En tanto nosotros no tengamos como dice el apóstol, una fortaleza en el Señor que viene a través de la comunión con Él, vamos a estar perdidos.


En el poder de su fuerza. Debemos tener, debemos buscar día tras día la llenura del Espíritu santo. Yo no puedo estar en el poder de la fuerza de Dios, si yo no estoy en una estrecha comunión con el espíritu Santo. Dice la Escritura que el espíritu Santo insisto, es un espíritu de poder. Y el Espíritu Santo nos da la capacidad para luchar, para pelear, para sostenernos. El Espíritu Santo nos fortalece, nos hace crecer.

 

Sin el Espíritu Santo nosotros no podemos ser victoriosos. Sin el Espíritu Santo nosotros no podemos fortalecernos, no es posible. Entonces, apóstol es lo primero que dice: tu comunión con Dios, la llenura del espíritu Santo, ¡la necesitas! El enemigo está atacándonos, y nos ataca todos los días, todos de un modo o de otro. Y ataca a nuestra familia, y ataca a la gente que amamos, ataca a nuestros hermanos en la fe, ataca a los que están a nuestro alrededor, y encontramos ataques de parte de gente muy cercana a nosotros; amistades, familiares, hermanos en la fe.

 

Y no nos explicamos luego por qué, pero ¿por qué, qué pasó, en qué momento cambió el hermano? No, no cambió, simplemente se dejó usar por el demonio para atacarte. Y el demonio se manifiesta a través de la gente y ataca, y no nos damos cuenta de sus ataques. Solamente nos entristecemos, no comprendemos, no entendemos, no sabemos qué pasa. Oramos al Señor y le pedimos que tome control de todas las cosas. Entonces, de acuerdo a la Palabra hay algo que nosotros tenemos que hacer.

 

Y después empieza a decir el apóstol Pablo qué es lo que debemos hacer. Versículo 11 Vestíos de toda la armadura de Dios. Es decir, Dios tiene una armadura. ¿Para qué es una armadura? ¡Para salir a la guerra, no hay otra! No te dice que te pongas tus bermudas y te vayas a la playa. O que te pongas tu traje de baño porque vas a ir a un deportivo y te vas a ir a nadar. ¡NO!


El señor habla de algo bien importante: ponte una armadura. Todos nosotros conocemos las armaduras que se usaban en la antigüedad, las hemos visto, hemos visto películas, hemos visto fotografía, conocemos las armaduras y sabemos cómo las utilizaban y para qué les servían. Y esto ocasionaba que los guerreros tuvieran victorias, y si peleaban contra alguien que no traía armadura, lo hacían añicos.

 

Y el apóstol Pablo te está diciendo: Ya están en comunión con Dios, ya estás en la llenura del Espíritu Santo, ahora, Vístete de toda la armadura de Dios, ponte la armadura de Dios. Y esto no significa que en las mañanas cuando te despiertes, hagas una oración de 30 segundos en la cual tú incluyas y le digas a Dios: Señor, me pongo tu armadura esta mañana para pelear todo el día. No, no va a funcionar. Y hay quienes así lo hacen y están mal.

 

Y continúa diciendo: para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Es decir, sin la armadura de Dios no vas a poder estar firme, no vas a poder. El demonio está asechando, está atacando y cuando ve algo en donde te distraes, en donde te descuidas por ahí ataca, porque está al asecho.


A mí me llama mucho la atención esto de las asechanzas, porque cuando yo veo reportajes relacionados por ejemplo con los grandes felinos, leones, pumas, tigres; es extraordinario ver como ellos están al asecho, como están esperando, observando a su presa y en el movimiento que hacen. Y hay una manada de animales y ellos están observando con toda tranquilidad, con toda calma; sabiendo que en algún momento uno de esa manada se va a descuidar.

 

Y en el momento que alguno se descuida, se aparta de la manada, se distrae, hace algo y se aparta tantito en ese momento le caen y se lo devoran. Y yo puedo ver como la Palabra nos enseña que Satanás está así, que sus huestes están así, están al asecho, están observando, están al pendiente. Muchas ocasiones creemos que porque no hacemos las cosas correctamente Dios se enoja y nos da de cocos. ¡Y no es así, Él no levanta su mano en contra nuestra, Él no nos manda el mal, no!

 

Pero si nosotros nos salimos de cobertura, si nosotros nos distraemos, dice la Escritura que ahí está el diablo asechando y en ese momento ataca. Y luego nos va mal, y nos pone unas golpizas terribles, ¡pregúntenle a mi esposa cómo me la dejó! Y nosotros tenemos que estar firmes para destruir sus propósitos, para destruir sus planes, para impedir que sus intenciones se lleven a cabo.

 

El Señor Jesús dice la Escritura que sometió al demonio y a sus huestes y los puso bajo sus pies, y así los puso a la Iglesia, bajo los pies de la Iglesia. Por lo tanto, nosotros estamos en una posición privilegiada en Cristo Jesús, teniendo debajo de nosotros al enemigo. ¿Cuándo se levanta y nos ataca? Cuando nosotros se lo permitimos, cuando nosotros nos descuidamos, cuando nosotros no estamos fortaleciéndonos en nuestra comunión con Dios ni en el poder del Espíritu Santo.

 

Y el apóstol Pablo nos recuerda contra quién es nuestra lucha, porque luego lo confundimos. Confundimos y creemos que el pelito es contra nuestro cónyuge, o contra nuestros padres, o contra nuestros hijos, o contra nuestros familiares, o contra hermanos en la fe. Y dice en el:

 

Versículo 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne. Es decir, no tenemos una lucha en contra de personas. Y si tú en estos momentos crees que alguien, que una persona te está haciendo la guerra, estás equivocado. La Palabra lo establece, no es contra ninguna persona. Es que me hace la vida imposible mi jefe. No es tu jefe, no es. Es que no sé ni por qué le caigo gordo. No le caes gordo a él, no.

 

Tu pleito no es en contra de ninguna persona dice el apóstol Pablo: sino (es decir, es contra), contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  

 

Ni siquiera es aquí en medio nuestro, ni siquiera es en un ámbito terrenal, es en las regiones celestes. El enemigo y sus huestes están golpeando fuertemente a la Iglesia, y seguimos pensando que tal vez sea la voluntad de Dios que así sea, y por lo tanto  tenemos que aceptarlo. ¡NO! Tenemos que levantarnos, tenemos que ubicar, tenemos que tener conciencia contra quién es la guerra espiritual.


Es contra todo esto en regiones celestes, es decir en alguna parte del cielo, ahí. ¿Y entonces, por qué nos ataca físicamente a través de personas? Porque esas personas se dejan influenciar, porque esas personas se dejan usar por el demonio aunque no saben que es el demonio, para atacarnos a nosotros, así de sencillo.


Si nosotros entramos a una guerra espiritual y entramos precisamente para pelear contra principados, potestades, gobernadores y huestes de maldad en las regiones celestes; si nos preparamos, si vamos a pelear ahí las condiciones físicas, materiales, terrenales van a cambiar. Si yo veo que una persona fulanito de tal, me está haciendo la guerra con algo específico. Mira, yo no tengo que agarrarla en contra de fulanito. Yo tengo que orar y entrar a una guerra espiritual contra el demonio que está manifestando fulanito.

 

Y yo entro as la guerra en las regiones celestes, y yo lo sujeto en el nombre de Jesús y ejerzo esa autoridad de Cristo Jesús nos dio, porque nos dio toda autoridad para hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del mal, y lo sujeto ahí en las regiones celestiales.  Entonces, nuestra condición terrenal va a cambiar, esa persona va a cambiar. Pero tenemos que hacerlo al modo del Señor.


Es llevar al enemigo al terreno que Dios dice que lo llevemos. Si yo permito que el enemigo me lleve a su terreno, me va a ganar, me va a vencer. En su terreno él tiene mucho más capacidad que nosotros, nos lleva demasiados siglos de ventaja y nos va a ganar. Pero si nosotros entramos a una guerra y lo llevamos a donde dice el Señor, ahí le vamos a ganar. 


Si nosotros usamos las armas que dice Dios, y estamos fortalecidos en nuestra comunión con Dios, si estamos fortalecidos en el poder de su Espíritu Santo, entonces lo vamos a vencer. No es como mucha gente que dice: ah es que se manifestó un demonio en la casa. ¿Y qué hiciste? Pues lo insulté, le dije de groserías para que se fuera. ¿Cómo? Si, es que cuando oyen groserías, se van, no las soportan. ¡Por Dios! Perdón, perdón, eso es una ignorancia demasiado grande.

 

Es que hay que poner estos amuletos. Hay que prender estas veladoras. Hay que hacer esto otro. ¡No es cierto, nada de eso va a funcionar, nada! Hay que llamarle a los caza-fantasmas. ¡No, no es cierto, es mentira! Ya hasta Carlos Trejo ya hasta les filmó y ya se vio cómo los atrapa y cómo los mete en una caja. ¡Si eso funcionara diría la Biblia: y agarras una caja y una aspiradora y los aspiras!  Pero no es cierto, no lo dice. Lo que dice la Palabra de Dios es que tenemos que entrar a las regiones celestes a pelear en contra del enemigo. ¡Esto es lo que tenemos que hacer!

 

¿Y cuál es la armadura? Efesios 6:13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, no solamente una parte, no solamente la parte que nos convenga. Sino tenemos que tomarla toda ¿para qué?                                Para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. ¿Cuántos días malos nosotros vivimos? Muchos. El enemigo nos quiere derribar.

 

¿Cuántos días malos más vamos a vivir? Me da mucha pena decírtelo y no quisiera decirlo pero: muchos, muchos. Y vamos a vivir cosas tremendas. ¿Por qué? Porque el enemigo nos ataca porque nos quiere derribar. El enemigo no quiere que tú creas en Dios; no quiere que tu fe se fortalezca; no quiere que tú permanezcas y que recibas las bendiciones y las promesas de Dios. No lo quiere.

 

El enemigo no quiere que te vayas a vivir por la eternidad al reino de los cielos, ¡no lo quiere! Por lo tanto te va a seguir atacando. Y te va a seguir atacando para que te apartes de Dios, o para que vengas a la iglesia y seas apático, negligente, sin compromiso, irresponsable con Dios. En fin, va a seguir atacando, lo dice la escritura.


Si estamos llenos del Señor, si estamos en comunión con Dios, en la llenura de su Espíritu Santo, entonces, vamos a luchar en contra del enemigo y cuando termine cada ataque nosotros nos vamos a dar cuenta que estamos firmes, más fortalecidos en el Señor.  Lo que no te mata, te hace fuerte, entonces, fortalécete.

 

Versículo 14 Estad, pues, firmes.  Otra vez el apóstol Pablo insistiendo: te tienes que afirmar, no puedes vivir en dos mundos: en el mundo de Dios y en el mundo del enemigo, no puedes, te tienes que afirmar en el Señor. Y continúa diciendo: y lo primero: Ceñidos vuestros lomos con la verdad. No hables mentira. Luego decimos cosas que no son ciertas, que no son verdad por muchas razones: para salir del paso, para no lastimar a alguien, para conseguir algo. En fin, decimos mentiras.


Recuerda que dice nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de Juan 8, que el demonio es el padre de mentira. Nuestro Padre es Dios, por lo tanto no tenemos nada que ver con la mentira, ¡sé veraz! Es lo primero. Después, segundo: Y vestidos con la coraza de justicia. Te vas a empezar a vestir con una armadura que va a cubrir tu corazón, que no entre nada a tu corazón que pueda destruir tu corazón. La coraza de justicia es para protegerte, para que todo lo que el enemigo mande a tu corazón no te destruya.

 

Y luego lo descuidamos. Ah un hermano me vio feo y ando deprimido. ¿Por qué? Me afectó a mi corazón, afectó mis sentimientos. ¿Y tu coraza de justicia? La coraza que tienes que usar para proteger tu corazón, ¿dónde está? Masa bien parecemos luego jarritos de Tlaquepaque, con cualquier cosa nos andamos quebrando. Ay es que no lo esperaba de ese hermano. ¿Qué te hizo? Es que a la hora de bajar la escalera no me saludó.  Y nos andamos preocupando por cada cosa tan superficial, en lugar de darnos cuenta que el demonio nos está atacando.

 

Versículo 15  Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

 

Que tu caminar sea de acuerdo al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Tenemos que caminar como él lo establece, y tenemos que caminar en un Evangelio de paz, ministrando paz; no ocasionando guerra, ministrando paz. La guerra es contra el demonio, no es contra la gente que está a tu alrededor. Llévate bien con todo mundo, sonríele a todo mundo. Ah es que tiene una cara

Bien fea y malhumorada. No importa, sonríele, háblale bien, háblale bonito, sonríele, bendícelo; haz lo que dice la Escritura, lo que dice nuestro Señor Jesucristo.

 

En nosotros tenemos que formar el carácter de Cristo y tenemos que ser como Cristo, y Cristo se tiene que reflejar en ti, lo tenemos que hacer. Si no lo hacemos estamos abriendo puertas para que el demonio nos ataque, para que nos debilite, para que nos golpee.

 

Versículo 16  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

 

Mi fe tiene que estar firme en el Señor. Mi fe es la que va a detener todos los dardos de fuego. Y ve lo que dice el apóstol Pablo, no solamente son dardos, no solamente son flechas que vienen a nuestra vida; son dardos de fuego. ¿Por qué de fuego? Porque vienen a ocasionar un incendio en nosotros.

 

En las películas que pasan de los pioneros en estados Unidos, nosotros podemos advertir cómo iba una caravana hacia un estado, ahí iban pioneros; y de repente les salían los indios, los apaches, algunos de esos, para atacarlos porque estaban pasando por su territorio, estaban invadiendo su territorio.


Y de inmediato hacían algo: la caravana hacía un círculo para protegerse, y entonces con rifles les disparaban a los indios. Y los indios empezaban a dar vueltas, eran muchos y entonces podían aguantar aunque mataran a muchos.  Entonces estaban dando vueltas y aventaban flechas al principio; y los pioneros seguían disparando.

 

Y un día a uno de esos indios se le ocurrió lanzar flechas con fuego. Y entonces empezaron a lanzar las flechas hacia las caravanas, y se empezaron a incendiar. Y al incendiarse se empezaron a abrir huecos, y quedaron al descubierto los pioneros; y entonces los indios fácilmente los mataban.

 

Dice la Escritura y esto Pablo lo escribió hace dos mil años: que el enemigo envía dardos de fuego. Es decir, ¿dónde va a ocasionar en tu vida un problema tan grave que te debilite, te tire, te mate, te destruya? Si te tira un dardo de fuego a tu brazo, pues tal vez te dolerá, tal vez tengas una fractura y te lo enyesas y sigues caminando, no hay problema. En donde te pegue no hay problema.

 

Pero estos dardos de fuego son para destruirte, entonces el enemigo los lanza a nuestra mente, para que aquí en nuestra mente ocasionen un incendio, y un incendio fuerte. Para que tú entonces, al no detenerlo con la fe, tu fe ya no está bien, no está firme, no está cimentada en el señor y entonces digas. ¿Por qué me pasa esto? Se supone que Dios está conmigo, si el pasado domingo fui a la iglesia y este domingo pienso ir otra vez este domingo? Si voy a ir el miércoles ahora a las reuniones que hay.

 

¿Por qué me ataca? Me anoté para ir al evento de varones. Fui con los varones, hablaron muy bonito, hasta comprendí muchas cosas que no he hecho pero bueno, por fin las entendí. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué Dios, por qué no me ves, por qué no me ayudas? Pastor, yo siento que Dios no me escucha, sigo con problemas, mi fe ya se debilitó, ya ni quería venir hoy a la iglesia.

 

¿Por qué? Porque el demonio sabe dónde atacar y lanza dardos de fuego a nuestra mente para ocasionar un incendio en nuestra vida. Cuando nuestra fe está firme, nosotros somos capaces de detener con nuestra fe los dardos de fuego. Si mi fe está firme, cuando venga el ataque del enemigo que quiera incendiar mi mente, yo lo voy a detener con mi fe.

 

¡En el nombre de Jesús, fuera! Y no importan las circunstancias, y no importa lo que yo esté viviendo, y no importa lo que yo vea; el señor dice en su Palabra… Y entonces decimos la parte que corresponde y echamos fuera lo que está viniendo a nuestra mente cuando nos está atacando, lo echamos fuera.  Y vamos a apagar los dardos de fuego. No hay de otra, pero nuestra fe tiene que estar firme.


Es que ya llevamos al doctor al niño, y resulta que no encuentran qué tiene, no saben. Y entonces, y ale mandaron una medicina, ya le mandaron otra medicina; perdón, ¿ya oraste? Sí ya oré pero no funcionó. Ya le mandaron unos estudios, y ya le hicieron unos estudios de esto, y ya nos dijeron que si no funcionan esos estudios le van a hacer otros. ¡Qué horror!

 

Cree en la sanidad, que tu fe esté firme en la sanidad y declara sanidad, y toma la Palabra y aplícala en tu vida. ¡Eso es estar firme en la fe! Es que empiezo un negocio y se viene para abajo. Claro, ora para que todo lo que tú emprendas el señor tome control de ello y pueda ser prosperado. Y cuando el demonio venga a atacar, que tu fe sea firme para poder detener esos dardos.

 

Versículo 17  Y tomad el yelmo de la salvación.  Nuestra cabeza también tiene que estar cubierta con la seguridad de que somos salvos en Cristo Jesús. Soy salvo porque Jesucristo dio su vida por mí, y no hay nada que lo vaya a cambiar. Yo estoy en una posición en la cual recibí a Jesús, creo en su sacrificio, yo me arrepentí de mis pecados, yo nací a na nueva vida, y mi salvación nadie me la quita. Y lo que dice la Palabra se cumple en mi vida.


Es triste escuchar cristianos que dicen: oiga pastor, ¿y de veras cree que va a venir el Señor por nosotros? Bueno, por mí sí eh, pero no sé por ti, pero por mí y por otros hermanos por supuesto que va a venir. ¿Y si va a ser así como dice? Como dice la escritura van a suceder las cosas, sostén tu salvación, no la pierdas, no dejes que el demonio te la arrebate.

 

Y continúa diciendo: Y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Tengo que conocer la Escritura porque a través de ella va a ser como una espada en contra del enemigo. Yo puedo declarar la Palabra de Dios para vencer al enemigo. Nuestro Señor Jesucristo lo hizo, cuando tuvo la tentación, el demonio aun le dijo: Dice la Palabra, dice la Escritura. Y nuestro Señor Jesucristo le contestó: si, y también dice que a tu Dios solo adorarás y a Él solo servirás, también lo dice. Y ahora, lo sirves.

 

No podemos emplear la espada, la Palabra de Dios si nosotros no conocemos la Escritura, Y uno de los problemas que tenemos como mexicanos, es que no nos gusta leer, no nos gusta, nunca nos ha gustado. Desde pequeñitos: tienes que leerte tal libro. Uf, no. Y en la secundaria que te dejaban en español, en literatura libros a leer, ¡qué horror! Tenías que andar viendo qué compañero ya lo había leído. Tenías que ver otros que ya habían pasado por ese grado para ver si todavía tenían guardados sus resúmenes.

 

¿Nunca lo hiciste? ¿No? De todo eso me salvó Cristo, de todo eso ya me arrepentí. Pero hacía así muchas cosas. O vas y agarras un libro y porque ves y lees la contraportada, crees que ya vas a poder copiar eso y que es un resumen del libro. Llegamos a Cristo y no nos gusta leer la Palabra, no tiene monitos, es horrible leer un libro sin monitos; y la Biblia no tiene monitos, entonces nos da flojera. Bueno, no la leas acostado en tu cama, a partir de hoy lee la Biblia caminando y camina; y vas a ver que moviéndote no te va a dar sueño.

 

Lee la Biblia, apréndela, no leas mucho, lee pocos versículos pero analízalos, que se te graven. No te estoy diciendo que te los tienes que aprender de memoria, ¡NO! Que sepas lo que dice, ¿por qué? Porque esto te va a servir para luchar en contra del enemigo. No es para luchar con ningún otro hermano, porque la Palabra de Dios no es para contienda, no es para decirles a hermanos de otra congregación: mira, tú estás mal porque… ¡No, no es para eso!

 

Versículo 18  Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu. La oración, la comunión con Dios, nuestra intercesión va  a permitir que nosotros no solamente estemos en esa comunión, sino que nosotros cubramos la espalda de nuestros hermanos en la fe. La armadura nos protege y nos da la capacidad para  luchar de frente en contra del enemigo.


Pero el enemigo es traicionero, y luego el enemigo ataca por la espalda. ¿Nunca te han atacado por la espalda? ¿Nunca has dicho: híjole, me dieron una puñalada por la espalda? ¿O soy un caso raro? No verdad, nos ha pasado. Para que no te pase eso, necesitas que alguien ore por ti. Necesitamos orar los unos por los otros. En tu tiempo de oración necesitas orar por los hermanos en la fe porque los vas a cubrir, vas a cubrir sus espaldas.


Con tu oración vas a hacer algo que los hermanos no pueden hacer por ellos mismos. Ora y cubre la espalda de los hermanos. En mi oración diaria yo oro por la congregación, oro por todos ustedes cubriendo sus espaldas, pidiendo bendición. Porque no podemos distraer la espalda porque nos van a atacar y nos van a derrotar.

 

El apóstol Pablo nos lo enseña y nos dice: Ora en todo tiempo con toda oración y súplica. Clama al Señor suplicando y también dice: en el Espíritu. Dos interpretaciones podemos dar para esto de: en el Espíritu. 1.- Metido profundamente en la presencia del Espíritu Santo orando y clamando. O la otra: haciéndolo en lenguas, Él entiende.  Y sigue diciendo el apóstol Pablo: y velando. No desmayes, que no te de flojera, vela en la oración.

 

¿Y cómo debo velar? Con toda perseverancia. No aflojes, no dejes de velar y orar. Uno de los graves problemas que tenemos nosotros es que nos somos perseverantes. Empezamos algo y no lo terminamos. Y lo empezamos muy bien con mucho ánimo, con ímpetu, vamos haciéndolo y de repente, mmm se nos olvida, ya no lo hacemos. Tenemos las mejores intenciones, ya no lo llevamos al cabo. Así somos y tenemos que cambiar.

 

Yo recuerdo mucho y he visto cantidad de casas medio pintadas, porque los papás les dijeron a los hijos que pintaran; y empezaron con mucho ímpetu, empezaron muy bien pero, no terminaron, se quedó a medias. ¿Cuántos se quedan a medias en la carrera? ¿Cuántos se quedan a medias en la escuela, en todos los niveles?

 

¿Por qué? Porque no somos perseverantes. ¿Cuántos cristianos desertan por no perseverar? Porque ya les dio flojera, por la apatía, por el desgano, por la negligencia, por lo que sea. Y la Palabra del Señor dice: Con toda perseverancia. Tienes que perseverar.

 

Y termina diciendo el versículo: Y súplica por todos los santos. Es un compromiso con Dios, es un compromiso con los hermanos en la fe, y lo tienes que llevar a cabo. Porque así como tú te comprometes con los hermanos en la fe, los hermanos se comprometen y oran por ti. Y oramos los unos por los otros, y cuidamos los unos por los otros, y nos protegemos los unos de los otros. Así tenemos que orar.


Si nosotros nos ponemos la armadura de Dios, dice la Palabra: nosotros estaremos firmes en contra de las asechanzas del diablo. Sus asechanzas no van a prosperar. Asechará y ahí se podrá quedar hasta que se aburra. No va a salir rebuznando pero se va a aburrir. No logrará engañarte. Si tú estás firme, si tú estás en comunión con Dios no te va a poder engañar el enemigo.


Dice la Biblia que nosotros somos más que vencedores en Cristo Jesús. Somos vencedores, pero para poder ser vencedores nosotros tenemos que entrar a la guerra. No puedes entrar a una guerra y decir que venciste. Si tú no entras a la guerra, nov as a vencer jamás. Y nuestro Señor Jesucristo nos dice que somos vencedores en él, pero tenemos que entrar a una guerra.


Hace tiempo una persona nos pidió que los apoyáramos en oración, porque eran dos personas; que porque iban a ir a orar a una casa de unos hermanos porque uno de ellos tenía problemas de una manifestación demoniaca. Entonces nos dijo: por favor oren, vamos a ir tal día a tal hora, y necesitamos que nos apoyen, que nos fortalezcan en oración. ¡Va! Y estuvimos orando, y el día que tenían que estar ellos nosotros  estuvimos orando a esa hora fortaleciéndolos, cubriendo sus espaldas.


Unos días después vimos al hermano y le preguntamos: ¿cómo les fue? ¡Bien, victoriosos en cristo Jesús, gloria a Dios! ¿Y cómo estuvo, qué pasó? Y nos dijo: pues llegamos nosotros antes, unos minutos antes de la hora del compromiso, ahí estuvimos, y el endemoniado nunca llegó, ¡victoria para Cristo! Perdón, perdón, no, no, así no se obtienen las victorias.

 

La victoria se obtiene cuando tú entras al campo de batalla y peleas. Y tú tienes que entrar con la plena seguridad de que vas a ganar, y vas a salir victorioso de esa guerra. No te va a vencer el enemigo. Cristo Jesús es victorioso y te da la victoria y la vas a obtener.


El apóstol Pablo le dijo a Timoteo: he peleado la buena batalla. Soy victorioso, ya salí triunfador, ya hice todo lo que tenía que hacer, ya triunfé, ya prediqué, ya hice todo lo que Dios me mandó. Ya luché, soy victorioso en cristo Jesús, pelee la buena batalla  porque la pelee en Cristo Jesús. 

 

Es tiempo de que hagas conciencia de que estamos en una guerra espiritual, que el enemigo se levanta para destruirte. No quiere que te vayas al cielo, entiéndelo, no es un juego. El demonio no está jugando, luego nosotros jugamos al cristianismo. Luego no creemos que el demonio se levanta en contra nuestra, sin embrago se levanta cada rato y nos golpea cada rato. Haz lo que dice la Palabra y vas a ser victorioso. ¿Amén?

 

Bendito Dios, Padre eterno gracias te doy por tu Palabra, porque ciertamente necesitamos conciencia, porque no hemos entendido que estamos en una guerra espiritual, y al desconocerlo, al no tener esa conciencia; luego somos vencidos por el mal. Luego no estamos firmes, luego nos tambaleamos, luego sentimos que nuestra fe se viene para abajo y viene la apatía, el desgano, la flojera, la falta de compromiso, la irresponsabilidad, y vienen tantas cosas, la tristeza, la depresión, la falta de gozo; tantas cosas Señor.; que nosotros no sabemos luego qué hacer.


Y sin embargo, tu Palabra nos enseña que el demonio es el que se levanta en contra nuestra, pero nosotros tenemos toda autoridad para derribarlo. Señor, que cada uno de nosotros entendamos que nos tenemos que vestir de esta armadura para pelear, para guerrear, para estar firmes porque el demonio está asechando, como dice tu Palabra está como león rugiente buscando a quién devorar.


Pero Señor, ¡no será a nosotros! Porque nosotros nos levantamos en tu nombre para pelear la buena batalla. Para que todo aquello que se levante en nuestra contra, en contra de las bendiciones que tú nos das, en contra de nuestra prosperidad, en contra de nuestra salud, en contra de cualquier cosa; Señor lo derribemos en tu nombre, en el nombre de Jesús. Y Padre en el nombre que es sobre todo nombre, a ti sea la honra y la gloria, amén.


Dios los bendiga.

 

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