INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

CORONA DE FAVORES

 

Fernando Cabrera

 

 

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Quisiera preguntarles, ¿quiénes fueron los hermanos que hicieron el aseo este fin de semana? Muchas gracias hermano, el que hayas tomado el tiempo para venir, limpiar y poner las sillas, esto nos permite llegar a nosotros y sentarnos. Podríamos voltear y decirle al hermano ¡muchas gracias! A veces nos olvidamos de los favores de Dios y no nos atrevemos a darle gracias porque los desconocemos. Dios mueve a las personas de tal manera que hagan algo, que nosotros disfrutamos de esa bendición y pensamos que lo merecemos, sin darnos cuenta que es un favor de Dios.


Nosotros ayer estuvimos haciendo todas nuestras actividades, pero una persona se tomó el tiempo para venir, limpiar y poner las sillas; y llegar nosotros en la mañana y sentarnos. Y Dios siempre está preparando cosas para nosotros, siempre. Se nos olvida la gratitud, dar gracias por todo. Dice la Biblia: dad gracias por todo. Dice la Biblia: entremos por sus puertas con acción de gracias, y por sus atrios con alabanza. Entonces, se nos olvida a veces agradecer.

 

Tanto se nos olvida que anteriormente el decir gracias, pues era un valor que nos enseñaban en casa; y normalmente los papás decían: cada que digas algo es por favor y gracias, son dos puertas que siempre van a estar abiertas: por favor y gracias. Y hoy pocas veces he escuchado a la gente decir: gracias. Pensamos que todo lo merecemos. Y hoy tiene que ver con este tema lo que vamos a hablar en esta hora.

 

Dios nos ha coronado de favores. Así dice su Palabra: Dios nos ha coronado de favores. No es que el Señor vaya a hacernos un favor, el Señor ya nos hizo un favor. ¡Wow, es una gran bendición!

 

Salmo 103:1-5 Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. 2Bendice,  alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. 3El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; 4El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; 5El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.

 

Dice la escritura: Bendice, alma mía, a Jehová, y podemos ver que David le envía una instrucción de manera directa a su alma y le dice: alma mía, Bendice a Jehová. Y no olvides ninguno de sus beneficios. A veces olvidamos todo lo bueno que Dios nos ha dado. Olvidamos toda su bondad. Y David decía: Y no olvides ninguno de sus beneficios. Nosotros tenemos muchísimos beneficios estando en el Señor, y aun hay gente que tiene beneficios fuera del Señor.


Dice la Biblia que el Señor hace salir el sol sobre justos e injustos, y justamente el sol alumbra exactamente a los justos y a los injustos. Pero los justos sabemos darle gracias a Dios de que es por Dios que tenemos ese sol. Los injustos creen merecerlo todo, inclusive se enojan cuando el sol no sale, bueno si sale pero está escondido entre las nubes; o se enojan cuando es de más, están inconformes.

 

Y dice David: Y no olvides ninguno de sus beneficios. Y entre ellos menciona parte de estos beneficios que tenemos de parte de Dios cuando le conocemos. Dice la Escritura: El es quien perdona todas tus iniquidades. Uno de los favores que recibimos de parte de Dios cuando le conocemos, es justamente el perdón. No merecemos absolutamente nada pero Dios, ya nos dio el perdón, pensó en nosotros y hace más de 2 mil años fue a la cruz del calvario pensando en nosotros.

 

Y si nosotros verdaderamente teniendo conciencia de esto, cuando llegamos al Señor no hicimos otra cosa más que una sencilla oración diciéndole: perdona mis pecados, entra a mi corazón, te reconozco como mi Señor y Suficiente Salvador. Fue la oración que hicimos que nos regaló la vida eterna con Jesús.

 

Es un beneficio que tenemos aquellos que llegamos al Señor, y que por primera vez alguien nos comparte y decimos: Sí, si quiero recibir al Señor Jesús en mi corazón. Pero mira, yo he hecho esto, y esto, y esto. Y tenemos una cantidad enorme de pecados.; y justamente uno de sus beneficios es que si tú te arrepientes Jesús, Dios perdona nuestros pecados. Y eso no lo debo de olvidar jamás, que Él ya me perdonó.

 

Hay quienes todavía hoy en día se siguen culpando de sus pecados del pasado, sin saber que Dios dice en su Palabra, que Él, una vez que nos arrepentimos no tiene más memoria de nuestros pecados, Él los sepulta en lo profundo del mar y no tiene más memoria de ellos.  Señor, perdóname por el pecado de ayer. ¿De qué me estás hablando? Es que ayer yo vine y te pedí perdón por este pecado. Perdón, ¿de qué me estás hablando? Señor del pecado que te confesé. ¿De qué me estás hablando?


Dios no tiene más memoria del pasado de nosotros, no tiene más memoria de nuestros pecados, sin embargo, el hombre sigue con ese problema; ha olvidado el favor de Dios que Él ya perdonó nuestros pecados, y ano tenemos nada de qué estar acusados.

 

Y continúa diciendo: 4El que rescata del hoyo tu vida. Como éramos antes de venir a Jesús, ¿cómo somos ahora? El hoyo en donde nos encontrábamos al menos en mi caso, si puedo decirte: era un hoyo de donde yo no iba a poder salir por mis propias fuerzas. Fue Jesús el que vino, me tomó y me rescató de ese hoyo, me sacó de ese hoyo; no tengo que olvidarme de que Jesús me rescató de ese lugar. Que no solamente iba el precio de la cruz del calvario para perdonar mis pecados, sino aun venía al auxilio de parte de Dios. No era solamente: si te perdono. Sino era que Jesús decía: si te perdono y dime ¿en qué te ayudo?  ¿Qué es lo que tú necesitas? Yo necesito salir del hoyo.

 

Es como aquel que está hundido en un pantano y estuviera gritando: ¡ayúdenme, me caí! Y alguien le extendiera una vara y dijera: está bien, salte. Ya te escuche. Pero no solamente hace eso Jesús, sino también te ayuda, y Él es quien nos recata y nos saca de ese lugar con un propósito: que no volvamos a ese lugar. Olvidamos el favor que ya estamos limpios y nos volvemos a ensuciar. La Biblia dice: el perro vuelve a su vómito. Y a veces olvidamos que Jesús ya nos perdonó, que Jesús ya nos sacó de ese hoyo y volvemos a veces atrás, no queremos ya saber que estamos limpios. Y a veces es regresar, es estar jugando con la salvación.

 

Sigue diciendo: 3El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias. Todas mis dolencias; ahí en la cruz del calvario hay una palabra con un decreto de sanidad para mi vida. Ahí dice que por su yaga fuimos nosotros curados (Isaías), que por esa yaga de Jesús nosotros ya fuimos curados.  No olvidemos el favor de la sanidad en nosotros, no podemos estar pensando que estamos enfermos; ¡ya estamos sanos, Jesús ya nos sanó!

 

Dice: El que te corona de favores y misericordias. No es un favor nada más, son miles de favores que están a favor de nosotros. Dice: 5El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila. Que sacia de bien tu boca; de manera que las palabras que yo digo van a hacer que yo rejuvenezca como las águilas. Yo tengo el poder que a través de mi boca voy a rejuvenecer.


A través de mi boca yo voy a ser transformado, Dios ya me dio su Palabra. Y si yo conozco los favores de Dios, lo que yo voy a declarar con mi boca son los favores de Dios. En toda circunstancia de mi vida, yo debo declarar sus favores, no importa cuál sea la situación de mi vida; yo estoy completamente convencido que aun en el momento más difícil de mi vida, si yo declaro su favor es porque estoy creyendo en Él, y que Él va a hacer las cosas.


Entonces, al declarar, al pensar, al creer y al declarar el favor de Dios yo estoy rejuven
eciendo, yo estoy teniendo fuerzas, yo me estoy levantando y yo estoy con la esperanza que el Señor en su momento hará las cosas.  Todos estamos bajo el favor y la misericordia de Dios, cada mañana, cada mes, cada semana, cada día; cada mañana cuando tú te despiertas al momento de abrir los ojos ya estás disfrutando, ya estás teniendo el favor de Dios a tu favor.


Cuántos al abrir sus ojos pueden decirle: Dios gracias, y ver a la persona que está a tu lado; los que son casados.  Ver a tu familia, ver a tus hijos y decirle: Gracias. Porque el favor de Dios se manifiesta desde ese momento, desde que abrimos nuestros ojos, ya está el favor de Dios en nuestra vida.

 

Si me lo permiten, podría ser como el que cada mañana al levantarte, alguien ya se haya levantado antes que tú, y haya bajado y haya preparado un desayuno para cuando tú te levantaras; nada más bajaras y te sentaras a la mesa y te deleitaras de un gran banquete. ¡Wow, qué cosa tan maravillosa! Poder despertarte, y cuando te despiertas llegue un aroma hasta tu habitación.

 

¿Cuántos se despiertan con hambre? Al menos yo soy uno de esos. No importa cuánto haya cenado, pero yo me levanto con hambre si o si; no sé qué suceda pero tengo hambre en las mañanas. Despertándome no pasan ni cinco minutos y ya me está demandando mi cuerpo alimento. Entonces, qué padre sería el poder levantarnos muy de mañana, nos paramos a las 5 de la mañana mi hija y yo; entonces no le voy a decir a mi esposa: párate a las cuatro ¿verdad?

 

Pero a las 5 de la mañana levantarme y de repente sentir un aroma, bajar a la cocina y que la mesa estuviera servida con un súper desayudo. ¡WOW! ¿Quién hizo esto? Y de repente la esposa te dice: ¡YO! Oye, muchas gracias. Todos los días se levanta y hace lo mismo todas las mañanas; oye, muchas gracias. Y en las mañanas cuando nos levantamos tenemos ya el favor de Dios, y pareciera como que no estamos tan interesados en ello; seguir desperdiciando la vida.

 

Es como dejar el plato servido, es como si por las prisas nos metemos a bañar, nos arreglamos y nos salimos corriendo y ahí está la esposa muy contenta de haberte preparado un desayuno, y decirte: ven siéntate. Y tú sales corriendo y le dices: Nos vemos en la noche. ¿Cómo se quedaría el corazón de la esposa?

 

De la misma manera se queda el corazón de Dios cuando él con alegría; porque además déjame decirte que la corona de favores, los favores que Dios te da te los da con alegría, te los da con gozo, te los da con contentamiento, el Señor te los da con amor.  Entonces en la mañana nos levantamos, ya tenemos la misericordia, ya tenemos el favor de Dios, con alegría el Señor nos espera, con alegría el Señor nos está anhelando.

 

Y de repente nada más ve que corres de un lado para otro, de un lado para otro. Ya te aventaste un round con alguien, ya saliste, córrele ya me voy al trabajo y de repente el Señor te dice: Hey. Y tú le dices: ¡Nos vemos en la noche!  Y después nos quejamos, y nos acordamos cuando tenemos hambre que alguien había dejado una mesa servida.  Cuando tenemos hambre nos acordamos que cuando yo salí de la casa se quedó un desayuno servido, y cómo se me antojaría desayunarme eso porque ya tengo hambre.


Cuando tenemos el problema es cuando nos acordamos que necesitamos de Dios, que necesitamos de sus favores, y es cuando deseamos estar en su presencia. Pero, ¿sabes? Queremos entrar a su presencia y no podemos porque los problemas nos afligen de tal manera que ya no sentimos su presencia.

 

Entonces decimos: ¿Dios dónde estás? Dios, no siento tu presencia. Dios mío ¿por qué me has abandonado? Y nos dice Dios: Yo siempre he estado ahí, lo que pasa es que este desayuno se sirve todas las mañanas. Para cuando tú regresas ya está frío y no te sabe igual. Por eso no sientes mi presencia porque ya te enfriaste, porque ya te alejaste, porque ya tus problemas te han agobiado, ya no sientes mi presencia, por eso no te sabe igual.

 

Esos son los favores que tenemos de parte de Dios todos los días, todos los días tenemos el favor de Dios. Él ya nos dio a manos llenas, Él ya derramó todo su favor a favor nuestro, valga la redundancia, Él ya está desde temprano esperando que nos levantemos y disfrutemos de esos favores.

 

Te quiero platicar una historia que aprendí, que un amigo me platicó. Un hombre tenía el deseo de viajar y de ir a otra ciudad a otro país. Entonces ese joven dijo: voy a comprar mi boleto. Y con mucho esfuerzo él trabajó para comprar su boleto y poderse subir a ese barco y cruzar hasta el otro lado. Iban a ser semanas donde él iba a tener que viajar, pero él no tenía muchos recursos, entonces trabajó muy fuerte y pudo juntar el dinero.


Fue y compró el boleto y entonces dijo: me queda un poco de dinero, ¿qué voy a hacer durante todo este tiempo, cómo me voy a sostener, cómo voy a vivir estando embarcado aquí, cómo le voy a hacer? Y vio el dinero que tenía y dijo: Está bien, voy a hacer algo: voy a comprar galletas y voy a comprar queso, y eso es lo que yo voy a comer durante todos los días. Mi porción va a estar servida todos los días con tal de sobrevivir y llegar hasta aquel sueño que yo tengo.

 

Entonces se llegó el día de este joven, se sube al barco, lleva su maleta; pero en el momento justamente cuando venía el momento de desayunar, de comer y de cenar este joven lo que hacía era irse a una esquina, ahí se quedaba, sacaba su porción de galletas y queso, lo partía y empezaba a comer.


Mientras él comía escuchaba que allá adentro en el restaurante se escuchaba el ruido de la vajilla, el olor de los alimentos y él decía. Pues qué pena, pero tengo que ajustarme a esto. Y así fue un día, dos días, una semana, un mes. Y faltando un día para llegar al lugar donde tenían que llegar a su destino, un hombre lo ve y se le acerca a la hora de la comida justamente, después de que terminaron y todos hablaban de lo bien que había estado la comida.

 

Este hombre sale y lo ve y le dice: oiga, quiero hacerle una pregunta: ¿Por qué cuando nosotros entramos a comer usted se queda siempre en esa esquina comiendo galletas y queso? Y le contesta: mi amigo, porque no tengo el dinero suficiente para haber comprado pues más comida, solamente es lo único que tengo y yo me ajusto a esto que tengo. Y le dijo: oiga joven, ¿y usted no sabía que en la compra del boleto estaba incluido el desayuno, la comida y la cena?

 

Y así somos con Dios. Dios pagó un precio y lo pagó por todo incluido amado, Dios pagó todo, nos dio todo. Y a veces estamos en la esquina comiendo galletas y queso porque no sabes que en el boleto que Jesús pagó, ya está pagando absolutamente todo. Solamente es entrar, sentarte a la mesa y comer. En el boleto está incluido todo, tu pase dice: “Todo incluido”. ¿Ya escuchaste bien? Está todo incluido. Y todo incluido es todo incluido, absolutamente todo.

 

Entonces ahora amados hermanos yo les puedo decir: ¡ya tiren sus galletas y su queso por favor! Y aquí de repente los ves sí apachurrados, contando las monedas. Señor, ¡somos hijos del Rey de reyes, y los hijos del rey no traen galletas y queso; los hijos del rey se sientan a la mesa! ¡Ese es el favor de Dios! Y queremos hacer a un lado el favor de Dios para estar comiendo galletas y queso.


Te podrás fastidiar el día de mañana de estar comiendo galletas y queso, pero jamás te vas a fastidiar de los banquetes que Dios prepara para los hijos de su reino. Y tú y yo no hicimos absolutamente nada para merecerlo, pero ya gozamos de su favor.

 

Si Él dice que perdonó nuestros pecados, el libro de Juan nos dice que nuestros pecados fueron perdonados por su nombre. Si Él dice que nosotros somos sanos, es porque en Isaías dice que él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su yaga fuimos nosotros curados. ¡Ese es el favor de Dios!

 

Dice la Biblia que Él me rescata, (1 Pedro), dice: que fuimos rescatados de nuestra vana manera de vivir, fuimos rescatados. Ya no era conveniente que los hijos del Rey siguieran vistiendo el mismo tipo de vestiduras rasgadas, el mismo tipo de vestidura mugrosa, mal oliente. Ese era nuestra vana manera de vivir, Dios nos rescató y nos puso a nosotros vestiduras nuevas, que corona nuestra cabeza de favores.

 

¿Sabes una cosa? La Biblia dice que por la sangre de Jesús derramada en la cruz del calvario, él mismo dice, él mismo nos hizo reyes y sacerdotes para Dios. Puso una corona en nosotros para comportarnos como hijos del Rey. Y dice que Él sacia nuestra boca para rejuvenecernos como las águilas.


El Salmo 119 dice: cuán dulces son a mi paladar tus palabras. Y él nos sacia de esas palabras. Hay una corona sobre nuestra cabeza que está llena de los favores de Dios. Cuando tú dejas de visualizarla, estás dejando de creer que Dios te sostiene, él ya tiene la solución a cada situación  de tu vida amado, Él ya tiene la solución de cada problema.


Ahora, yo quiero pedirte que te acomodes tu corona en tu cabeza, haz como si te estuvieras peinando tal vez, pero es para acomodarte tu corona. Y si alguien te dice ¿te estás peinando, te estás bañando? De aquí en adelante quiero verlos que se estén haciendo así. Y acuérdate de esto, y esto no es broma lo que te estoy diciendo es real, porque el día que te encuentres ante una situación difícil y pierdas la fe y sientas que Dios no está a tu favor; levanta tus manos y tócate la cabeza.

 

¿Sabes qué significa? Significa que te estás acomodando tu corona de favores. Porque muchas veces entre el estar cabizbajo, cae tu cabeza, tu corona puede caer. Tu corona se puede desviar, lo que tenemos que hacer es levantar nuestras manos y tocarla, y saber y recordar que tenemos una corona sobre nuestra cabeza, que Jesús ya nos dio esa corona porque somos hijos del Rey.

 

Entonces, yo me acomodo mi corona, me doy cuenta que Dios me ha coronado de sus favores, aquí tengo sus favores, en mi mente están sus favores, en mi mente está su Palabra. Si yo no sé quién sirvió esa mesa, ¿a quién le doy gracias? Si yo no sé que en la mañana alguien ya preparó un desayuno, ¿a quién le doy gracias? Puedo salir corriendo y no darme cuenta que alguien ya había hecho el desayuno por mí. Pero si yo sé quién lo hizo, iré y le diré: ¡Gracias!


Si yo sé que alguien hizo el desayuno, me levantaré, bajaré y desayunaré. Si alguien ya hizo alguien por mí, entonces yo solo voy y lo tomo. Pero y si no me doy cuenta, entonces tengo que levantar mis manos y tocarme la cabeza. Y cuando vienes a veces a escuchar un consejo, nada más a lo mejor vas a escuchar que te digan: hermano solamente acomoda tu corona, acomoda tu corona se está cayendo, está de lado.

 

O tanto tiempo has estado cabizbajo que ya se te está cayendo. O hermano, recójala porque la acaba de tirar. O agáchate y levántasela, límpiala y dile: Hermano déjeme decirle que está coronado de favores. Esa corona va en tu cabeza, una corona representa autoridad, una corona representa distinción; una corona representa reinado. Una corona representa sacerdocio. Los favores son esas palabras que hay de parte de Dios para mi vida, y si yo no las conozco yo desconozco sus favores.

 

Proverbios 3:1-4 Hijo mío, no te olvides (nuevamente aquí nos habla en relación a nuestra mente), Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; 2Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. 3Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; 4Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres.

 

Significa que si yo sé sobre los favores de Dios, si yo camino en sus estatutos, en sus mandamientos, creyendo en Él; no solamente yo voy a hallar gracia delante de Dios sino que también dice la Palabra, que hallaré gracia delante ¿de quién? De los hombres. O sea, significa que el favor de Dios viene a través de Dios y viene a través de los hombres. Es impresionante cuando estás pasando por un problema difícil y alguien llega y te toca y te dice: oye, ¿sabes qué? Déjame ayudarte. Es impresionante, ¿sabes? O has escuchado que alguien te dice: oye, no sé qué tienes, pero me caes muy bien. O has escuchado que alguien te dice: oye, siento en mi corazón que necesito ayudarte.

 

Hallaste gracia delante de Dios no solamente sino también de los hombres, les caes bien, así literal. Les caes bien y te abren las puertas. Y llegas a hacer un negocio y te abren las puertas y te dicen: ok., pues vamos a hacer ese negocio, ¿por qué? Pues porque me caes bien, no sé, algo tienes pero me inspiras confianza. Ese es el favor de Dios y de los hombres.

 

Encontraste ese favor de parte de Dios, esa gracia delante de él; porque gracia es igual a favor; favor es igual a gracia. Encontraste esa gracia delante de Dios y delante de los hombres. Cuando vivimos así, créeme, los caminos se abren, las puertas se abren, las oportunidades se abren. Siempre hay oportunidades que se van abriendo en nuestra vida, no importa cuál sea la situación.

 

Entonces ese favor de Dios que nosotros tenemos, nos va a seguir toda la vida. Y entonces no importa la circunstancia o la situación en la que tú te encuentres, ya hallaste gracia delante de Dios y ya tienes el favor de Dios, va a haber mucha gente a tu alrededor que el Señor va a usar de manera impresionante para que te ayuden a salir de ese conflicto.

 

Es como si anduvieras en tu auto por la noche, y de repente se detuviera en medio de una avenida principal, y ya no pasa nadie y te quedas solo, y el carro no arranca, ¿qué haces? Y si hallaste favor delante de Dios y el favor de Dios va contigo, lo más seguro es que alguien vaya pasando por ese lugar y diga: vamos y le ayudamos. Y venga esa gente y te empiece a ayudar a empujar tu auto y lo saque  del problema en donde estaba.


Estoy haciendo comparativo, Dios envía gente, Dios mueve gente, Dios toca corazones, Dios va a hacer que esa gente te vea como Dios te ve, ¡eso es real! Cuando alguien te dice: oye es que yo veo algo distinto en ti. Es  porque Dios está poniendo en esa persona el ojo que Dios tiene acerca de ti, el concepto que Dios tiene acerca de ti.

 

Algún día yo le decía a una persona: yo no soy lo que muchas de las personas dicen que yo soy, yo soy lo que Dios dice que yo soy. Es algo distinto; entonces tú debes permitir que ese favor de Dios te siga de continuo, de continuo; no importa lo que esté pasando amado, tú ya tienes el favor de Dios no importa la situación. Y vamos a ver unos ejemplos de este favor de Dios.

 

Quiero hablarte un poco acerca de José el soñador. Dice la escritura en Génesis, que José fue amado por su padre más que todos sus hermanos porque lo tuvo en su vejez. Fíjate, quiero que veas esto: José es amado por su padre, le hace una túnica de colores, los hermanos comienzan a tener envidia de José. Y José encima de todo tiene un sueño y ese sueño se ve que sus hermanos se inclinan hacia él; bueno lo ve en esos montones de cosecha se inclinan hacia él.

 

Y se los platica a sus hermanos, y sus hermanos dicen: de tal manera que tú vas a estar al frente de nosotros, y nosotros nos vamos a rendir a ti. Y empiezan a tener aun más celo.  Va José donde estaban sus hermanos y sus hermanos lo venden a los ismaelitas; querían matar a José sus hermanos, sin embargo Rubén cuando lo vio dijo: eh, no hay que matarlo. ¿Tenían celo para matarlo? Si. Sin embargo Dios actúa y dice Rubén no hay que matarlo, hay que meterlo a esa cisterna.

 

Lo meten a la cisterna, vienen los ismaelitas, vamos a venderlo, lo venden. Cualquiera otro en su situación hubiera dicho: qué mala onda con mis hermanos, y se tira al llanto y llora y dice: es que mis hermanos no me quiere, ya me vendieron. Y lo venden como esclavo, y se va como esclavo y llegan a Egipto y lo venden a Egipto como esclavo y se lo venden a Potifar.

 

Y dice la Escritura que el Señor le dio a José gracia y halló gracia ante los ojos de Potifar. Y entonces le comienza a dar ciertas tareas; y vemos a José que entre las tareas que tenía él era fiel y la esposa de Potifar pues también lo vio con agrado, y dijo: este jovencito me gusta. Y entonces le dijo: ven acuéstate conmigo. Y él dijo: no, cómo crees. Finalmente nosotros conocemos la historia, que José sale del lugar, deja sus prendas y entonces la mujer lo denuncia.

 

¿Y qué crees? Que lo meten a la cárcel al pobre José. Y José pudo haber dicho: bueno caray, mis hermanos no me quieren, me metieron a una cisterna, me vendieron a los ismaelitas, los ismaelitas me venden a Potifar, Potifar me pone aquí, y ahora para colmo de mis desgracias, la mujer de Potifar quiere conmigo; y encima de que le digo que no, ahora estoy hasta en la cárcel. Bueno, qué está pasando Dios, ¿dónde estás? Pobre cuate.

 

Pero jamás, jamás dice la Biblia que José haya dicho: oye Señor qué pasa contigo. ¡NO! Dice el Señor ahí en su Palabra que entonces, Dios puso gracia en José y puso también que lo vieran con gracia el jefe de los que estaban en la prisión. Imagínate nada más, vas a la cárcel, llega y el Señor estaba con José y el favor de Dios estaba con él. Y de repente el jefe de los guardias lo ve y le dice: me caes bien.

 

Y después de ahí pues vemos que él revela el sueño y cuando llega delante del rey, habían dos hombres ahí el copero y el panadero; y cuando llegan delante del rey  le dicen: pues yo conozco a una persona que está ahí en la cárcel, y él es José. Y entonces sale José. Y cuando nos damos cuenta en la historia, podemos ver como José llegó a ser un hombre con poder en Egipto, después de haber sido esclavo fue un hombre con poder en Egipto.


A la mitad del camino cualquiera de los que estamos aquí no sé, pero al menos en mi persona hubiera dicho ¿qué está pasando? Cuántos han dicho, ¿qué está pasando? No entiendo lo que está sucediendo pero ¿dónde está Dios? Si el hermano Fernando me dijo el domingo que yo estaba coronado de favores, ¿por qué me está yendo como me está yendo? Espera la respuesta, espera la respuesta Dios no tarda su promesa.

 

¿Por qué me está pasando esto? Pues porque vas a ser promovido nada más, ¿no quieres ser promovido? Pues por eso nada más. Imagínate nada más: de esclavo a príncipe. ¿Cuántos quisieran de esclavo a príncipe? ¿Cuántos quisieran ser encerrados en la cisterna? ¿Cuántos aceptan el desprecio de su hermano o del hermano en la iglesia? ¿Me explico?

 

Queremos ser promovidos, pero eso que está pasando no lo entendemos y no lo queremos aceptar. Y ahí vemos a José con el favor de Dios, con inteligencia, con sabiduría que Dios le dio. Y entonces vemos como pues Egipto es levantado por un hombre de Dios, ¿amén?

 

David, pastor de ovejas, ¿qué se iba a esperar David? David solamente hacia una cosa: Obedecer, cantarle a Dios, cuidar a las ovejas de su padre, era todo. Y él quería ver ahí a sus hermanos, sus hermanos los que peleaban, sus hermanos los que eran guerreros y todo, y él pues un pastor de ovejas. Y de repente se le para un oso, ¡espérame tantito! Oye Señor cada que yo salgo pues pasa algo, un león, un oso pero en esas batallas Dios lo libró.

 

Pero también Dios lo preparó porque enfrentaría más adelante a alguien que parecería ser como uno de ellos; así lo dijo David cuando se enfrentó al filisteo. Yo maté osos y leones, y éste filisteo incircunciso es como uno de ellos.  O sea, es nada. Si Dios me libró de él cuando pelea y empieza a declarar la Palabra, Dios me libró de ellos también Dios me librará de ti.  ¡Wow!

 

Y dice la escritura que entonces Saúl empezó a tener problemas por su desobediencia y era atormentado por demonios y mandaron a traer a este joven David. Y David vino y empezó a tocar el arpa y entonces los demonios se ahuyentaban. Dice la escritura que entonces el rey Saúl le dijo a Isaí su padre: oye, yo quiero que  este joven que ha hallado gracia delante de mis ojos, se quede conmigo. ¡Wow, qué cosa tan impresionante!


El puro pastor que andaba por ahí ahora ya estaba cerca del rey. Y entonces le dijo: ha hallado gracia delante de mis ojos, yo quiero que esté conmigo. Pero eso no era todo, eso era como la antesala de lo que venía para David. Porque después conocemos la historia de David, y conocemos que después David comienza a tener fama y Dios le da gracia, y empieza a tener fama y en cada una de las victorias él empieza a conquistar reinos, territorios, naciones, el favor de Dios estaba ahí con David.

 

Pero de repente el celo de un hombre quiso atentar contra su vida, y el mismo Saúl que dijo: ha hallado gracia delante de mis ojos; era el mismo Saúl el que lo estaba persiguiendo. Pues entonces ¿cuándo se le acabó la gracia no? Primero halló gracia delante de sus ojos y ahora desgracia ¿no?  Entonces ahí podemos ver que la mano de Dios estaba con David.

 

Y ve lo que dice David, me encanta lo que David dice en el Salmo 57:2 Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que me favorece.
David sabía que Dios estaba con él. Alguien que sabe el favor de Dios, dice: voy a clamar a Dios, el Dios, mi Dios que me favorece. Oye, pero es que estás en una angustia. ¡Espérate tantito, déjame, voy a clamar a mi Dios, mi Dios que me favorece!


Todas las cosas nos sirven a bien a aquellos que amamos a Dios. Entonces, significa que justamente esas cosas que estoy pasando me van a favorecer, todo va a estar a mi favor. ¿Aunque sean situaciones difíciles? Todo va a estar a mi favor. Adereza mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores. Hay angustiadores pero también hay una mesa; hay problemas pero también hay una salida. Hay conflictos pero también hay una batalla, y esa batalla no la peleo yo, Dios está siempre conmigo.

 

Y David pensaba así, por eso decía: Yo clamaré a mi Dios, el Dios que me favorece. Mi Dios que me favorece. Esa es una convicción amado. David no decía: le voy a llamar a mi papá para que ore por mí. David no decía: Le voy a hablar al pastor para que ore por mí. David decía: ¡yo voy a clamar a mi Dios, y él es mi Dios que siempre, siempre, siempre me favorece!  Ese es el Dios que nosotros predicamos y es el Dios que nosotros conocemos. En cualquier circunstancia de mi vida Dios siempre está a mi favor. Debemos ver a través de los ojos de Dios, no a través de los ojos de los hombres. Y eso mismo dijo David.

 

Ester, otra mujer que halló gracia delante de los ojos de Dios, y justamente también ella halló gracia delante de los ojos del rey Asuero. Dice la Biblia: y halló gracia delante del rey. Tanta gracia vio, tanto favor que este rey le dijo: reina pídeme lo que quieras que aun la mitad de mi reino te doy.

 

O sea, imagínate que alguien te diga: oye, no te preocupes, tienes un conflicto, tienes una prueba, ¿quieres salir del problema? O sea, no importa puedes pedirme, pero ¿qué crees? Además todo esto, también puedo darte la mitad. Tu problema es pequeño, tú quieres que yo libere, pero no solamente, yo te puedo dar la mitad del reino. Señor dame una casita chiquita. Dice el Señor: tengo un palacio. Señor dame un cochecito. Dice el Señor: yo tengo un vehículo especialmente para ti. Señor, mis hijos. Tus hijos son mi especial tesoro, tus hijos son mi herencia. Señor, mi matrimonio. Y ahí podemos ver el favor de Dios, el favor de Dios en todo, en todo, en todo.

 

Dice el Señor en su Palabra: pídeme, pídeme y te daré por herencia las naciones y hasta los confines de la tierra. Pídeme y te daré. ¿Te suena algo lógico? ¿Qué dijo el rey Asuero? Pídeme y aun la mitad de mi reno te doy. En la casa de mi Padre muchas moradas hay, voy pues a preparar lugar para vosotros. Hay un reino del cual nosotros pertenecemos, no somos de esta tierra, no pertenecemos a esta tierra; nuestro reino está en los cielos y nuestro Padre es Dios.

 

Pídeme, pídeme, y eso dijo el rey Asuero: pídeme. Pero a veces no estamos en la condición de pedir. Para pedir delante de Dios se necesita creer. Pero no pedimos muchas veces porque no creemos. Dice el Señor: pide creyendo, no pidas incrédulo. El que pide con incredulidad no recibe nada. Pide creyendo. Pero a veces queremos pedir en tiempo: Señor, mañana. Es que Dios no me escucha, ya pasó una semana que el dije y esto pues todavía no.


Espérame tantito, estás pidiendo pero no con fe, no estás pidiendo creyendo. Cuando tú pides sabes que ya las cosas están hechas, punto. El momento, eso Dios lo dispone. A veces la fe se quebranta por loe hechos, no vemos nada entonces no hay fe. Yo tengo fe y Dios me va a sacar adelante.

 

Tengo broncas, Dios me va a sacar adelante. Tengo deudas, Dios dice en su Palabra que no pediré más a las naciones, yo prestaré a las naciones. ¿Cuál crees que es mi pensamiento? Que voy a prestar a las naciones. ¿Cuándo? El Señor sabrá en qué momento, pero cada día tengo que pelear por ello.  Ese es su favor y ya está su Palabra a mi favor.

 

Daniel, dice la biblia en Daniel 1:8-9 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. 9Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos.


Daniel propuso no contaminarse con el alimento que el rey estaba ofreciendo, entonces él habló y le dijo al jefe de los eunucos: ¿sabes? qué no me des de ese alimento, tráeme vegetales. Pero me encanta porque dice la Escritura: 9Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos.

 

Imagínate en una deportación, están en una ciudad deportados, no es su ciudad, están ahí en Babilonia ¿si? Y ahí hay un rey y ahí está el pueblo. Y se envía un alimento para esos hombres, pero él dice: yo no quiero comerlo. Lo que yo quiero es que me des este alimento. Imagínate de qué manera Dios le da gracia a Daniel para que la tenga delante del jefe de los eunucos.

 

Que cuando el jefe de los eunucos Aspenaz, acepta, le dice: mira, ¿sabes lo que me estoy jugando con esto? Que si ustedes palidecen, que si ustedes bajan de peso, que si ustedes se ponen flacuchos, entonces va a pasar algo: el rey se va a dar cuenta de lo que estoy haciendo y va a acabar con mi cabeza, punto.

 

¿Quién, quién se pone a favor de un esclavo? ¿Quién pone su vida por un esclavo? Pues este hombre Aspenaz le dijo: si. Pero ese si venía porque Dios le había dado gracia a Daniel delante de ese hombre. Alguien puede llegar y meterse, y dar la vida por ti sin que tú lo hayas pedido porque Dios ya movió el corazón de esa persona. De ese tamaño. Y vemos más adelante, vemos a Ananías, Misael y Asarías, estos tres varones que también estaban con Daniel; dice la Escritura que había un edicto, y en ese edicto dice que estaba que al sonar de la trompeta iban a postrarse y adorar la estatua de Nabucodonosor.


Entonces la Biblia dice que Daniel y sus amigos dijeron: el Dios que servimos puede librarnos; porque ellos iban a ser echados en el horno de fuego. Y entonces estaba el edicto que cualquiera que no hiciera esas cosas, iba  a ser arrojado en ese horno de fuego. Entonces vienen y le dicen a Nabucodonosor: ellos (Daniel y sus amigos), no se quisieron inclinar.

 

Se enoja de tal manera el rey y los manda llamar y les dice: ¿por qué no lo hacen? En ese momento va a sonar esa trompeta y ustedes se van a inclinar. Y dijo Daniel: ¡nunca tal cosa acontezca! Nosotros no nos vamos a doblegar ante tu imagen; y aunque tú nos metieras a ese horno, aun con todo, el Dios que servimos, Él mismo nos librará.

 

¿Sabes la convicción de estos tres varones, la convicción que Dios iba a estar con ellos en medio del fuego? Pues dice que de tal manera se enojó el rey que los echó al horno de fuego. Y después el mismo rey dice: ¿qué no fueron tres los que entraron al horno de fuego? Si. Entonces, ¿por qué veo a un cuarto que está ahí adentro y está danzando con ellos?

 

¿Y sabes qué sucede? Ahí adentro en el fuego, en el conflicto, en el problema, en la angustia, en el temor y en todo; por cuanto hubo hombres que dijeron: el Dios al que nosotros servimos, Él mismo nos libra. El mismo Dios en el que confiaron, era el mismo Dios que estaba con ellos. Y es el mismo Dios que está contigo, es el mismo Dios que está en medio de tus problemas y conflictos.

 

Es el mismo Dios que te dice: eh, levántate y alabemos, levántate y dancemos, levántate y alegrémonos no importa lo que está sucediendo; aun tus ropas no olerán a quemado. Eso es lo que hace Dios, ese es el favor de Dios.  Lo mismo pasó con Daniel más adelante.

 

El rey Darío. Él tenía que levantarse, él oraba y decía: ¿sabes qué? No hay otro Dios aquí en este lugar que se tenga que adorar. Y de la misma manera se hace un decreto, y Daniel es llevado al foso de los leones. Entra con los leones y el favor de Dios estaba con Daniel, a tal grado que cuando el rey va con  el dolor en su corazón; porque Daniel había hallado gracia delante de sus ojos. Él va y le dice, ¿Daniel estás ahí? Y Daniel sale y le dice: Mi Dios me ha librado. Y es algo impresionante.


Daniel 3:29-30 Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. 30Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

 

Había un decreto y el decreto era que adoraran la imagen, la estatua de ese rey. Pero cuando Daniel y sus amigos fueron librados por Dios, hubo un segundo decreto, y ese decreto era que se hablaran cosas buenas del Dios que habían librado a esos hombres. Y es lo que pasa en nuestra vida, podemos estar hundidos en muchas cosas, y la gente a veces va a decir: ¿dónde está el Dios de ellos?  ¿No que son llamados cristianos? ¿No que ellos claman a Dios y Dios les responde?


Pero cuando pasa el tiempo y somos fieles, esas mismas personas dicen: oye, ora por mí porque me he dado cuenta que al Dios que tú clamas es el Dios que responde. Ora por mí, necesito de tu Dios, necesito de tu ayuda, llévame a tu congregación, necesito congregarme; necesito que ores por mí, mi hijo necesita esto; mi hija necesita aquello. Y siempre están buscando del favor de Dios a través de nosotros.  Y eso es para gloria y honra del Señor. La gente piensa de una manera pero con el favor de Dios, la gente va a pensar de distinta manera.

 

María. El Señor envía al ángel y le dice en Lucas 1:26-28 Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. 28Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

 

Cuando el ángel se presenta le dice: ¡muy favorecida! Bendita tú entre las mujeres. Y ve lo que dice este ángel a María: María, muy favorecida. O sea, el favor de Dios está sobre ti. Por tanto, bendita tú entre las mujeres. Imagínate tú: bendito, el joven que está estudiando. Bendito, tú y favorecido de Dios. Bendito tú entre los estudiantes. Bendito tú entre las mujeres le dijo a María. O sea, las mujeres tienen bendición pero tú eres más bendecida que ellas.


Dios le da una distinción a María, y Dios por su favor te da una distinción a ti. Tú serás un empleado pero puedes ser el mejor empleado. Bendito entre los empleados porque tú eres el mejor que ellos. Puedes ser un empresario, puedes ser el mejor de los empresarios. Tener un  ministerio, el mejor de los ministerios. Ser un padre de familia, pero ser el mejor padre de familia.

 

Pertenecer a un grupo dentro de tu escuela, ¿sabes joven? Dios te va a dar una distinción solamente porque tienes el favor de Dios. Y así le dijo a María: María, muy favorecida, bendita tú entre las mujeres. Hay mujeres pero tú te vas a distinguir, yo te voy a ser distinguir. Y esa bendición que viene sobre ti, también viene sobre Jesús.

 

Elisabet su prima cuando la ve, dice: entonces al estar escuchando la salutaciones de María hacia Elisabet, el niño que tenía Elisabet en su vientre (Juan el bautista) brincó, y le dice Elisabet a María: María, bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¡Gloria a Dios! Estaba siendo reconocida, ya estaba el favor de Dios en ella, y ahí venía Jesús.

 

El favor de Dios en cada una de las personas que les he mencionado, y en muchas más, y en la Biblia vamos a encontrar muchos casos más, pero el tiempo es corto. Solamente hablé de lo que más hemos escuchado con relación a estos personajes. Pero aquí vemos a Jesús, dice la Escritura en Lucas 2:40 Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.

 

El pequeño (Jesús) Y el niño crecía y se fortalecía. Dice: y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.  Y luego 12 versículos más adelante, Lucas 2:52 Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.  Y ve lo que quiero mostrarte: en el 40 dice. Y el niño crecía. Y en el 52 dice: Y Jesús crecía.

 

Y date cuenta como de uno a otro, el tiempo hace que Dios en su favor tengas un crecimiento, pero nunca dejaras de tener gracia delante de Dios y delante de los hombres. Siempre debes de ir en aumento en un crecimiento. Dice: Y el niño crecía y se fortalecía. Y más adelante dice: Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura. Iba creciendo.

 

No vas a ser el mismo hoy, estoy convencido que la próxima semana habrás crecido. Estoy convencido que la siguiente mes habrás crecido y habrá más gracia en ti, y habrá mayor favor en ti. Pero debe de haber sabiduría, y debe de haber conocimiento para que tú vayas creciendo. ¿Tú quieres crecer? No estés esperando crecer en lo físico, crece en lo espiritual y por consecuencia se va a dar lo físico.


Pero Jesús crecía, dice en gracia y en sabiduría. Pero date cuenta en este inter de esos doce versículos, el niño se queda en el templo, el niño te estoy hablando y la madre lo busca y le dice: Jesús no nos hagas esto. Y Jesús le responde: madre, en los negocios de mi Padre yo debo estar.  ¡Wow! Un niño hablando en esa magnitud: ¡en los negocios de mi Padre yo debo estar!  Es impresionante ver la visión que Jesús tenía de las cosas de Dios.


Es como si le dijeras: Oye hijo, pues caray, íbamos a ir a la escuela, tienes cinco años vas al kínder y tienes que ir a la escuela. Y te dijera: madre, padre, espérate tantito. Estaba estudiando por la empresa que yo voy a poner. Oye, pero si a penas vas al kínder. Eh, eh, yo veo lo que tus ojos no ven, yo voy a ser un empresario mamá, no me limites. Yo voy a tener una empresa y voy a ser el Director de esa empresa. Pero eres un niño. ¡Y qué importa, el tiempo no se detiene, yo voy a ser un empresario! Pero es que a penas vas a la escuela. ¿Qué importa?

 

Yo no veo mi tiempo presente, yo veo mi tiempo futuro. Eso es lo que nos hace crecer. Jesús no estaba viendo el momento de que era un niño; Jesús ya estaba viendo los negocios de su Padre, Jesús ya estaba visualizando a futuro. Por eso más adelante en el versículo 52 dice: Y Jesús crecía, y seguía creciendo.

 

No puedes estancarte en pensar que sigues siendo siempre el mismo ni la misma. Los tiempos han pasado, el tiempo sigue avanzando, tú no eres el mismo. No puedes quedarte siendo el mismo, tienes el favor de Dios a tu favor. Tienes la gracia de Dios a tu favor, tienes que caminar hacia adelante. ¿Qué decían de Jesús? Sabemos quién es Jesús, pero mira cómo se expresaban de él.

 

Y decían de Jesús: el hijo del carpintero. ¿Cuántos saben que  así le decían a Jesús, que así se llegaban a expresar de él? ¿Qué, ése? Oye, pero si es el hijo del carpintero. No decían: es el hijo del empresario, no. Decían: es el hijo del carpintero. ¿Alguna vez se han expresado mal de ti? Ése, ése, es un bueno para nada. Y de Jesús decían: ése es el hijo del carpintero. Pero con el favor de Dios se convirtió en el Rey de reyes, y el Señor de señores.

 

El hijo del carpintero – el Rey de reyes. Si Jesús no hubiera crecido, se queda como el hijo del carpintero. Pero él creyó y se hizo Rey de reyes. El empleado, ¿quién? Ése. ¿El empleado? Con el favor de Dios te conviertes en el Director. A veces pensamos, es que necesito estar preparado. Si, es necesario. Peor el favor de Dios mueve cualquier corazón. El favor de Dios está siempre aunque no lo hubiéramos conocido.


Cuando yo empecé a trabajar yo no había terminado la preparatoria, pero halle gracia delante, yo no lo sabía, pero probablemente alcancé gracia delante de Dios; y me puso gracia delante del Director, y fui promovido a Gerente, no teniendo la preparatoria. Es así, yo me esforzaba pero Dios me promovía.

 

No es lo que otros digan de ti, el empleado, el bueno para nada, el divorciado, la divorciada, la desechada. El empleado con el favor de Dios será el Director. El pobre, con el favor de Dios será el rico. El despreciado, con el favor de Dios será el bienaventurado. Estas palabras que yo te estoy diciendo son palabras que están escritas en la Biblia. El despreciado con el favor de Dios será el bienaventurado. Y el enfermo, con el favor de Dios será el sano. El condenado, con el favor de Dios será salvo. El triste, con el favor de Dios tendrá gozo. El que llora, con el favor de Dios será saciado de bien.


Las cosas de cambian con el favor de Dios. Hoy estás aquí, espera el favor de Dios y deja que Él te transporte al lugar a donde él te quiere poner. Todos los días tenemos el favor de Dios mis amados. Disculpa lo que te digo, pero lo que tú estás viviendo ahora, tal vez tú estés pensando que es una prueba de Dios, o que es el pago de tus pecados, o que es lo único que tú tienes que vivir, o tal vez estás pensando que es lo peor que ya te puede pasar.

 

Déjame decirte esto: ¡Estás equivocado! Lo que tú estás pasando ahorita, es para que Dios manifieste su favor y seas promovido, mañana es otro día. Estoy seguro que mañana será mejor que hoy. Ese es el favor de Dios, estos hombres y estas mujeres, y todas las mujeres que aparecen aquí en la Biblia y hombres, que tuvieron el favor de Dios fueron mejores, fueron mejores, fueron mejores. 

 

Y tú vas a ser mejor mañana y pasado, y todos los días en adelante vas a ser mejor. Necesitas creerlo, que se rompan las ligaduras. Si había fuego, pues aun en medio del fuego el Señor está contigo danzando. Jamás inclines tu corazón a las cosas vanas y a las cosas del mundo. Haz como lo hizo Daniel, que él obedeció a la voz de Dios, y que prefiero estás en la voluntad de Dios, antes que inclinarse a las cosas que ofrecía el rey. Y halló gracia. José halló gracia. Moisés halló gracia. Jesús siendo Jesús, halló gracia.

 

Tú y yo ¿por qué no? Jesús ya derramó de su gracia ¿lo puedes creer? Es por su gracia, es por su favor que hoy estamos aquí. Ahora ya sabes quién prepara en la mañana el banquete; ya sabes quién abre tus ojitos en la mañana, ya lo sabes. Ahora, por qué no levantas tus manos y le dices gracias, gracias por tus favores. Dale gracias por todos esos favores que has recibido, por la vida, por tus hijos, por tu salud, por tu escuela, por tu promoción, por el recurso que tienes, por la ropa que vistes, por el auto que usas, por la familia que tienes.

 

Por todo eso dale gracias, no pares de darle gracias. Gracias Señor, gracias Espíritu Santo, gracias precioso Jesús. Gracias por tu favor y tu gracia Señor, gracias por lo que ha de venir, gracias por los tiempos difíciles, gracias por los tiempos fáciles, gracias por tus bendiciones, gracias por tu amor en la cruz del calvario, gracias por tu sangre, gracias por tu misericordia, gracias por tu bondad, gracias por mis pastores, gracias por mis hermanos.

 

Gracias por esta iglesia, gracias por mis fracasos, gracias porque a través de ellos te conocí, muchas gracias Espíritu Santo. Gracias porque a pesar de los problemas he sido favorecido, me has coronado de favores, vivo de tus favores, vivo de tu gracia, vivo de tu bondad y de tu amor. Tú eres la fuente de mi vida, tú eres el que alimenta  mi vida, gracias por tu misericordia.

 

Gracias por tu Palabra Espíritu Santo, gracias por tu amor, gracias por tu bondad amado Dios. Tú eres el Rey de reyes, el Señor de señores, el Príncipe de Paz, el Todopoderoso, gracias Señor, muchas gracias. Gracias Señor Jesús por tu sacrificio en la cruz del calvario, gracias por amarnos, gracias por entregarte y morir por nosotros, gracias por la salud, gracias por todo Señor. Muchas gracias pro tu favor, en el nombre de Jesús te alabamos Padre, amén.


Dios los bendiga.

 

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