INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN

 

Iván López

 

 

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La última vez que prediqué que fue hace algunas semanas, hablé acerca del sermón que dio Jesús en el monte, en donde habla acerca de bendiciones. Hoy voy a continuar en esta misma línea, este sermón que da Jesús en mateo 5, habla de 8 bendiciones que nos establece Jesús y que nos dice que somos bendecidos.  La vez pasada hablamos de una, hoy vamos a hablar de la segunda.

 

Mateo 5:4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

 

Qué contrario parece la Palabra, y qué difícil a veces es tratar de entender lo que la Palabra nos quiere enseñar, qué difícil a veces es entender a Dios. Él es muy simple, Él es muy sencillo, tener la salvación es muy sencillo pero, a veces nos encontramos con partes en la Biblia, y con partes en las palabras que nos quiere enseñar algo que no tienen sentido.

 

Encontramos en esta cita de Mateo 5:4, que nos dice: Bienaventurados. Es decir, bendecidos, les va a ir bien, van a estar bien, van a tener un futuro bueno, va a ser catalizada su vida a aquellos ¿Que qué? Que lloran. Y esto causa realmente como una contradicción en nuestra vida, porque podemos decir: a ver, me va a ir bien, cómo voy a estar bien, como se supone que voy a ser bendecido cuando la Palabra me está diciendo: te va a ir bien si lloras, chillón.

 

Dice: Bienaventurados los que lloran. ¿Y sabes? Esto me lleva a pensar y el Señor quiere hablarnos hoy, esta predicación se trata de cómo manejar las pérdidas, cómo manejar el dolor, cómo bendice Dios a los corazones que están quebrantados, a los corazones que tienen quebranto. Esta predicación y este mensaje es ¿cómo manejo el dolor? ¿Cómo manejo la pérdida?

 

Y cuando te hablo de pérdida no solamente estoy hablando de pérdida de un ser querido, de alguien que murió. Te estoy hablando de pérdida de tu trabajo, de pérdida de la salud, te estoy hablando de pérdida de oportunidades, de pérdida de sueños, de pérdida de tiempo. Te estoy hablando de dolor por muchas situaciones que vivimos en nuestra vida.

 

Yo creo que aquí todos sabemos y entendemos muy bien lo que es el dolor, lo conocemos todos, hasta Juan Gabriel, ¿no? Lo conoció cuando conoció a esa mujer desdichada ¿no? Porque su mamá le enseñó mucho amor pero esta mujer le enseñó lo que es el dolor ¿no?  Y si juan Ga lo vivió ¿por qué nosotros no?  Y todos los que estamos aquí hemos vivido y hemos atravesado situaciones súper difíciles, es más, yo estoy seguro y he percibido que hoy en día aquí, hay o muchos que están sufriendo pérdidas.

 

Yo no sé cuál es tu condición hoy, no sé cómo te sientes hoy pero sé que hay muchos de los que estamos aquí, que hoy estamos sufriendo pérdidas y estamos sufriendo dolor.  Dolor por algo específico. ¿Y sabes, cómo podemos manejar y cómo podemos vivir estas pérdidas y este dolor en el señor? ¿Cómo ser bendecido en un mundo dañado? La verdad es que vivimos y estamos en un mundo que a ´partir de que Adán desobedeció, a partir de que Adán fue echado del Edén es un mundo que está corrompido, es un mundo corrupto.

 

Es un mundo corrupto, es un mundo en donde hay dolor, hay enfermedad, hay muerte, en donde hay problemas, en donde hay situaciones, y en donde como mi mamá dice: “no nos falta”. Y salimos de una ¿para qué? Para entrar a otra. Qué bien nos sabemos esos dichos, nos sabemos esos dichos que la Biblia ¿verdad? Mi mamá siempre es así: ay es que no nos falta. Y salimos de una y de repente ¡pum! Otra. Cómo es posible, qué está pasando.

 

¿Qué está pasando? Que vivimos en un mundo que está corrompido, vivimos en un cuerpo que es corrupto. Dice la Biblia: cuando esto corruptible se vista de incorrupción. Quiere decir que un día vamos a ser incorruptibles, porque nuestro cuerpo que es imperfecto va a ser perfecto. Pero, ¿qué crees? Mientras ese tiempo llega, nuestro cuerpo va a sufrir. No, no es así. Seguramente vas a volver a sufrir algún retortijón y te vas a retorcer en la cama o en el baño, y ahí vas a pedir perdón de nuevo por todos tus pecados creyendo que es castigo de Dios.

 

¡No es castigo de Dios! Vivimos en un mundo que está corrompido, vivimos en un cuerpo que es imperfecto por lo tanto, vamos a estar viviendo dolores. La gente que está a tu alrededor ¿qué crees? Que no es perfecta. La gente que está contigo tu esposo, tu esposa, tus hijos, tus papás, tus amigos, tus jefes; toda la gente que te rodea ninguna de esas personas es Jesús en carne.

 

Y esas personas ¿qué crees? Las vas a lastimar, y tú las vas a lastimar.  Y siempre de aquí a que venga Jesús vamos a estar atravesando dolores, pero el Señor nos dice: Yo quiero enseñarte cómo manejar ese dolor. Quiero enseñarte cómo manejar esas pérdidas.

 

Primero que nada para poder ser bendecidos; porque creo que todos aquí queremos ser bendecidos, y es bueno que lo queramos. ¿Cómo ser bendecido en un mundo dañado? ¿Cómo ser bendecidos en situaciones tan reales como la pérdida de algo o alguien o el sufrimiento de una enfermedad, o como el reincidir en un problema, o como tener cualquier situación dura y difícil en nuestra vida? ¿Cómo ser bendecidos en medio de eso?

 

Porque estar aquí arriba predicando, estar aquí el domingo escuchando la Palabra de Dios o en la alabanza es muy padre y nos sentimos bien. Pero la realidad es que nuestra vida está allá afuera. Al rato, mañana, toda la semana, el sábado; ahí en la casa, ahí en el trabajo, ahí en la escuela, ahí en la calle.  ¿Cómo, cómo ser bendecidos en medio de todo eso?


Primero que nada debemos de entender algo: debemos de entender que Dios no espera que estés feliz todo el tiempo. Dios no lo espera. Yo me acuerdo que una vez hace algunos año, que fui a un campamento de jóvenes, de adolescentes; yo en ese entonces tendría como unos 15 años, o sea, no hace tanto pero bueno hace unos años, tenía como 15 años e hicieron una actividad en donde tú te dibujabas y ese dibujo hablaba de ti y de tu personalidad, ya saben ¿no? Como este tipo de cosas como de darte cuenta de cosas de ti ¿no?


Entonces yo pasé bien emocionado con mi dibujo, le hice acá unos rayones y así, y la persona que en ese entonces era la encargada de esta dinámica dijo: no pues este dibujo dice que tú tienes dolor en tu corazón, y que esto y esto. Y yo así ya con la lágrima a punto de salirse de mis ojos, diciendo: no, no es cierto. Bueno eso es lo que dice el dibujo. Y también dice que te gusta aguantarte el dolor y que te gusta aguantarte la tristeza, eso dice tu dibujo. Y yo: snif, snif, claro que no. Eso dice que tienes dolor en tu corazón, es más mira (así me dijo eh), vete, tienes los ojos llorosos y ni así eres capaz de decir que si. Y yo: claro que no.

 

Y a veces vivimos así en nuestra vida, traemos un dolor, traemos una laceración, traemos algo que nos duele, que nos pone tristes y queremos andar con la sonrisa a flor de labios. ¿Por qué? Porque somos cristianos, porque creo en Jesús, yo no puedo estar triste. Bueno, ¿sabes qué? La Palabra nos dice: Dios no espera que todo el tiempo estés contento.

 

Eclesiastés 3:1-4  Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Y esto es súper importante: 2Tiempo de nacer, y tiempo de morir  (nacemos, pero ¿qué crees? Que también vamos a tener gente a nuestro alrededor que va a morir, tiene su tiempo); tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3tiempo  de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar.

 

Todo tiene su tiempo, la Palabra nos enseña y nos dice: ¿sabes qué? Va a haber tiempos en los que tienes que llorar. Va a haber tiempos en donde tienes que entender primer punto, para poder ser bendecido en medio de un mundo que está roto, tienes que llorar. Dios no está esperando que siempre estés feliz, es más, sabe que va a haber tiempos en donde vas a llorar. Y a veces llorar es bueno, y de hecho es necesario, es muy necesario.


Hay muchas pérdidas en la vida y esto nos causa dolor, y necesitamos llorarlas, necesitamos dejar que fluya. Pero muchas veces, y más en los hombres, nacemos y crecemos en una cultura de: ¡Oh, no sea chillón! ¿No? Pero también vivimos en una cultura en donde llorar a veces no entendemos la importancia que tiene, ¿por qué? porque la mayoría de las hermanas, no quiero ofender a nadie; ve 6 horas al día mujeres llorando en las telenovelas, ¿no? Y se devalúa tanto lo que significa llorar realmente, y a veces solo hacemos drama.


Pero vamos a entender la importancia y la profundidad que significa esto. Dios nos dice que la forma de afrontar apropiadamente un dolor no es fingir, es enfrentarlo. Y hay pérdidas en nuestra vida, a lo mejor tú estás muy contento y de repente hay una enfermedad enfrente de ti en tu vida, la forma de afrontar esa enfermedad, y la forma de atravesar esa enfermedad es hacerle frente. Y a lo mejor si me preocupa esta enfermedad y me va a hacer sentir triste, ¡pues lo hago!  Estoy triste por esa enfermedad, adelante.


Estoy triste porque perdí mi trabajo. Adelante. No nos vamos a quedar así, pero tenemos que entender que en primer punto Dios no está esperando que siempre estemos felices. A veces la única respuesta apropiada para la vida, lo único que podemos hacer para algunas situaciones que vivimos en nuestra vida es llorar. Simplemente es llorar, como cuando las mujeres se pelean con los hombres; como cuando las esposas se pelean con el esposo. Como el esposo va ganando, ¿qué hace la mujer? Se pone a llorar. ¿No? Y entonces el esposo baja la guardia y le dice a la mujer: no mi amor, ya no llores. Y entonces la mujer empieza a ganar ventaja y dice: bueno está bien ya ¿no? Es una broma.

 

Entonces hay veces y hay situaciones en nuestra vida que donde lo único que podemos hacer es llorar, es lo único que podemos hacer. No sirve que te digan cosas. No sirve escuchar cosas y que te lo repitan y que te digan. Es más, hasta me arriesgo a decir: no sirve ni siquiera que alguien venga y te abrace y ore por ti. Hay veces que no sirve absolutamente nada, más que llorar. Hay tiempo para todo, a veces solamente es eso.

 

Dios no está esperando que suprimas lo que pasa en ti en medio de esas situaciones difíciles, no quiere que lo suprimas, no quiere que te hagas el fuerte, eso no funciona. Por eso dice: Mateo 5:4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Es una bienaventuranza, es una bendición llorar. No sé si alguna vez lo has pensado así, pero es una bendición llorar, y aquí lo está diciendo Jesús.


Entonces, primero tenemos que entender que Dios no está esperando que tú estés feliz todo el tiempo, y tenemos que entender otra cosa, el duelo o la tristeza es esencial para nuestra salud. Lo necesitamos para estar bien, lo necesitamos para estar bien emocional, espiritual, física y mentalmente, es necesario es algo que necesitamos. Si nunca estás triste por algo, ¡tienes un problema, hay un problema en ti!

 

La primera puede ser que no estés en contacto con la realidad y vivas en un mundo de fantasía. Porque basta con que salgas a la calle y camines unos metros y veas a personas que no tienen ropa o que están sufriendo. Si eso no te hace sentir triste, no sé en qué planeta vives. Si eres humano y vives en el planeta Tierra y nunca has sentido tristeza o no te sientes triste por algo, ¡NO sé quién eres! Dime tu nombre en el nombre de Jesús, porque no sé quién eres. No eres normal, tienes un problema.


Otra cosa por la que a lo mejor nunca te has sentido triste, es porque no estás en contacto con tus emociones y vives en la negación. Así como lo que yo te dije que hice ese día ¿no? Estaba ya con la barbilla arrugada y los ojos llorosos, y me dijeron: es que estás triste y vas a llorar. ¡Claro que no! O has visto a esas personas que van a llorar ¿y qué hacen? Casi se arrancan la cara por quitarse las lágrimas, ¿las has visto?

 

Empieza a correr una lágrima por su mejilla, y se arrancan casi la cara para secársela. Y otra lágrima y lo mismo. ¿Por qué? Porque no se permiten sentir emociones, porque no quieren sentir el dolor, no quieren sentir la tristeza de lo que están viviendo o de lo que vivieron un día. Y en serio, casi se arrancan la cara.

 

Entonces no estás en contacto con tus emociones o estás en negación, o la otra puede ser que simplemente no amas, no sabes amar, porque el amor es sufrido, y si amas le sufres, fácil. La tristeza es una emoción dolorosa pero esa emoción dolorosa nos ayuda. Es un poco arriesgado, y les decía al principio, este versículo  nos confronta pero, la tristeza es una emoción dolorosa pero es de ayuda. Es más es un regalo que Dios nos da para atravesar transiciones en nuestra vida.


Y me gustaría que anotaras o te memorizaras esto: No hay crecimiento en tu vida si no hay cambio. No hay cambios en tu vida si no hay pérdida. Y no hay pérdida sin dolor. Y no hay dolor sin tristeza. No hay crecimiento en tu vida si no hay cambios en tu vida. No hay cambios en tu vida si no sufres pérdidas. No hay pérdidas si no te duele. Y no hay dolor si no te hace sentir triste.

 

Es decir, te pones triste porque algo te duele, te duele algo porque estás perdiendo algo. Estás perdiendo algo porque algo está cambiando en tu vida. Y está cambiando algo en tu vida porque estás creciendo. Y el Señor lo ve desde este punto de vista, el Señor lo ve al revés, es está bien, estás triste porque te está doliendo porque estás perdiendo, porque estás cambiando; pero eso te está haciendo crecer.


Entonces tenemos que entender que Dios no está esperando que siempre estemos felices, y también tenemos que entender que es bueno sentirnos tristes. Ahora, voy a desglosar esto un poco más porque también tenemos que saber que no tenemos que estar llorando toda la vida ¿Verdad? No se trata de eso ¿verdad? Pero tenemos que entender que atravesar la vida sin dolor y sin preocupaciones es imposible.

 

Cuando tú atraviesas una situación difícil de dolor en tu vida, hay dos cosas que a veces hacemos de forma equivocada: reprimimos nuestro dolor o lo suprimimos.  ¿Qué significa esto? Cuando lo reprimes significa que inconscientemente lo estás metiendo en una cajita y no quieres enfrentarlo, no lo quieres ver y no le quieres entrar. Y suprimir significa que conscientemente cuando estás enfrente de esa situación tú dices: No, no, yo no, no. Oye pero es que necesitas. No. Oye pero es que tienes que hablarlo. No quiero. Oye pero esto que te pasó te está lastimando, te está doliendo y no te está dejando avanzar. No quiero, no me importa. Eso es supresión.

 

Cuando lo reprimimos es inconscientemente. Pero cuando lo hacemos conscientemente, estás suprimiendo; y Dios no quiere que hagas ninguna de las dos. Cuando se te está rompiendo el corazón y vives un momento difícil en tu vida, Dios no quiere que hagas eso. Lo que Dios quiere que hagas es que lo hables con alguien y que se lo entregues a Dios. Dios quiere que cuando estás viviendo este momento tan difícil en tu vida, Él quiere que lo hables con alguien y que se lo entregues a Él.

 

Y seguramente cuando lo hables con alguien vas a chillar, a llorar. Y cuando lo hables con Dios también vas a chillar, y si no quieres chillar no vas a poder ni hablarlo con alguien ni vas a querer hablarlo con Dios, no lo vas a poder enfrentar. Pero tenemos que entender que Dios no espera que siempre estés contento o feliz, y tenemos que entender que a veces la tristeza y el duelo son bueno para nosotros, es saludable porque me ayuda a cambiar.

 

 

Ahora aquí hay un punto importante del por qué tenemos que enfrentarlo, el por qué no tenemos que suprimirlo ni tampoco tenemos que reprimirlo. Hay algo bien importante: si tú no lo dejas salir de una forma saludable se va a reflejar de formas nocivas en tu vida. Si tú el dolor, las pérdidas, los problemas que atraviesas en tu vida con culpa o sin culpa; que tú hayas provocado o hayan sido sin querer; si tú no enfrentas ese dolor, si tú no lo hablas con alguien, si tú no lo sueltas con Dios, si tú no le entras a llorar y a sanar tu corazón va a suceder algo: que de formas nocivas se va a manifestar en tu vida. Tu esposo lo va a sufrir, tu esposa lo va a sufrir, tus hijos lo van a sufrir, tu jefe lo va a sufrir, tus amigos lo vana  sufrir, la gente a tu alrededor lo va a sufrir, tú mismo lo vas a sufrir; y no va a haber crecimiento, no va a haber cambio, no va a haber eso que Dios nos está llamando, hacia el punto donde Dios nos está llamando: A ser bendecidos.

 

Y a veces no nos damos cuenta que hay áreas de nuestra vida que no están siendo bendecidas o que no podemos percibir la bendición de Dios pero, también no nos damos cuenta que estamos reprimiendo y estamos suprimiendo dolores, pérdidas, sufrimientos que vivimos o que estamos viviendo hoy.

 

Has conocido personas que dicen: no, no quiero que nadie sepa, no quiero que nadie sepa. Represión, supresión. Yo te estoy hablando ahorita muy tranquilo, pero yo tenía este problema, yo reprimía mis sentimientos y los suprimía conscientemente, y era: no, no, no, y me negaba, y era negación. Pero Dios nos dice: no siempre tienes que estar feliz, se vale que estés triste y además es saludable que estés triste.


Ahora, si estás triste y necesitas hablarlo, y Dios nos dice: ¡Háblalo! Ve con la comadre de la iglesia no con la comadre de afuera. Porque a veces lo hablamos pero lo hablamos con las personas equivocadas. No sé si has hablado con estas personas que dices: ay comadre ¿qué crees? Ay comadre es que no nos falta comadre, ¿qué crees comadre? Que fíjate que me pasó esto, esto y esto. Y ¿qué crees que te dice la comadre? Eso no es nada comadre. ¿No?  A mí, no hombre me fue… Y terminas peor, terminas sintiéndote culpable ahora porque tu problema no es tan grande como el de ella y tú eres un superficial de lo peor ¿no?

 

Si lo vas a hablar con alguien, tienes que hablarlo con alguien Primero: que sea una persona sabia, que tenga a Jesús, que conozca a Jesús y que pueda ayudarte y darte dirección. Y segundo: Con el Señor. Pero no podemos quedarnos sin hacerle frente a ese dolor, a esa tristeza que hay en tu corazón que hubo, que hay por una lesión, ¡tienes que hacerle frente, tienes que atravesarlo, no hay atajos, no lo puedes brincar o darle la vuelta, no lo puedes rodear, no puedes pasar por debajo de él; tienes que atravesarlo!

 

Y en ese atravesarlo, ¿qué crees? Que vas a chillar, vas a llorar. Fuiste lastimado y tal vez nunca supiste como vivir esa tristeza. A veces no sabemos como vivirla, y solamente nos ponemos en defensiva, y como así yo crecí así es como yo reacciono, no sé, nadie me enseñó, no sé cómo vivir una tristeza. No sabía que tenía que hablarlo con alguien, no sabía que tenía que hablarlo con Dios; y me puso duro. Bueno pero hoy lo estamos aprendiendo, ¿verdad?

 

Si no lo sacas, si no sacas esto te vas a quedar estancado emocionalmente en esa etapa. En esa etapa te quedas, y por eso a veces, sobre todo en los hombres; es un hombre de 40, 50 años y está viviendo problemas de inmadurez de los 15 años. O mujeres, si no lo sacas, te vas a quedar estancado y vas a vivir reaccionando solamente; no vas a vivir  una vida en donde tú tomes el control con un carácter, sino que solamente vas a ser reactivo.

 

Oye, que… ¡Por qué me gritas! No te grité. ¿No? O el hay es que mi jefe me odia, me trae de encargo. ¿Por qué? Pues es que llegué un poquito tarde y ya me quiere correr. ¿Te ha pasado? Yo creo que a todos o a la mayoría nos ha pasado, a mí sí me ha pasado que te sientes atacado por todo el mundo, y todo el mundo ¡ni te pela! En serio. Es como cuando traes una uña enterrada, no sé cuántos han traído una uña enterrada alguna vez en su vida. Es de los dolores más fuertes de la vida.


A mí se me enterraba súper seguido hasta que me la cortaron de raíz y ya nada más tengo la mitad de la uña. No les voy a enseñar, pero cuando traes la uña enterrada es uno de los mejores ejemplos. Traes la uña mega enterrada y además te toca ir a una hora y media a tu escuela en metro y a la hora pico, cargando tu guitarra y tu mochila. Entonces ahí vas, ¿no? Y entras y de repente se les ocurre meterse junto a ti y te dan un pisotón, bueno no uno, te dan dos, tres, cuatro y ¿tú qué sientes? ¡Que te odian, sientes que quieren que tú llores, sientes que quieren que te humilles porque por eso te están castigando!

 

¿Qué crees? No. Ellos ni siquiera saben que traes una uña enterrada. Y ellos siguen con su vida normal y ellos caminan así, pero como yo traigo una herida, como yo traigo un dolor cargando, como yo no he ido a que me saquen la uña; me rosan, me dan un rosecito y siento que la vida se me acaba. ¿No? Pues nos pasa exactamente lo mismo, traemos heridas en nuestro corazón, traemos dolores en nuestro corazón que no hemos enfrentado, que no hemos atravesado, y vemos a alguien, es más vemos a alguien que está feliz y nos da coraje.

 

¿No es cierto? Los que se ríen es porque es verdad. Tengo amargura en mi corazón y veo que alguien está contento, y ni me pela y es: ay éste, de seguro tiene la vida muy fácil ¿no? Porque hay dolores en nuestro corazón. O vivimos cualquier situación y me siento atacado, me siento yo como si fuera  en contra mía. ¡No, no es contra tuya! Tenemos que atravesar el dolor, tenemos que atravesar la pérdida.

 

Salmo 32:3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día.

 

Te callas tus huesos se van a ir secando poco a poquito. Hay pérdidas en tu vida, hay tristezas en tu vida, estás atravesando hoy una situación difícil tú lo sabes, no te calles. Si te callas tus huesos se van a ir carcomiendo, se van a ir envejeciendo.

 

Salmo 39:2 Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor.

 

Mientras más calles el dolor que tienes, mientras más calles la pérdida que estás teniendo, mientras no la trates y no la enfrentes, más grave se va a hacer tu dolor. Es como cuando te raspas, o cuando te abres o te cortas y no limpias la herida, no lo sanes bien, después de un tiempo parece que te va a salir otro brazo porque se hincha, se llena de pus, y ahora lo vas a tener que abrir más profundo, lo vas a tener que raspar más profundo y vas a tener que sacar todo eso porque si no, puedes perder hasta el brazo. Si tú te callas se va a hacer más grave tu dolor.

 

Ahora, ¿cómo Dios nos bendice en esto? Está bien ya entendí, tengo que hablar. Si Iván ya está bien, tengo que hablar, ya entendí que no siempre tengo que estar feliz, entiendo que es sano y que tengo que hablarlo y tengo que enfrentarlo. Está bien, pero, ¿cómo me va a bendecir Dios en esto? Jesús lo dijo en el sermón en el monte. ¿Cómo nos bendice Dios, cómo bendice Dios a los que lloran? ¿Cómo bendice Dios a la gente a pesar de todo lo malo que nos pueda suceder, cómo lo hace?

 

¿Por qué? porque nos está diciendo en Mateo 5:4 Bienaventurados los que lloran. Es decir, me está diciendo: tienes que llorar. Vas a ser bendecido porque lloras. ¿Cómo? Vamos a ver cómo lo hace. Debes de atravesar el dolor, primero tienes que entender eso y ya lo dije. No puedes sobreponerte, no puedes esperar que las cosas se solucionen, no puedes esperar que pase el tiempo y que el tiempo lo vaya a sanar. ¡No, no va a suceder, tienes que enfrentarlo y tienes que atravesarlo!


Tal vez y esto es bien importante, tal vez te va a dar miedo, vas a tener mucho miedo, no vas a saber cómo manejarlo; es más, vas a llorar de esas formas de llorar muy raras ¿no? El llorar como dicen hasta con sentimiento. Donde hasta te falta la respiración, tal vez no te gusta sentirlo, es horrible, y te da miedo enfrentarlo porque no sabes qué va a suceder. ¡Si, tal vez lo vas a sentir, pero tienes que enfrentarlo! ¿Por qué? Porque Jesús nos dijo: Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

 

Ellos recibirán consolación. La Palabra nos dice: cambió mi lamento en baile. Entonces te voy a mencionar ahorita 6 puntos de cómo Dios bendice a los que lloran, y por qué somos bendecidos cuando lloramos, por qué somos bendecidos cuando le hacemos frente a las pérdidas. Por qué somos bendecidos cuando decimos: está bien le entro. Si, estoy pasando esta situación difícil, pero la voy a enfrentar aunque me duela y aunque llore, porque sé que voy a ser bendecido, ¿cómo?

 

Punto número 1: Dios nos acerca más a Él mismo.  

 

Dios es una persona tan buena, es una persona tan bella, es una persona tan especial; no es una persona dura, no es una persona a la que no le importa tu dolor, no es una persona que te vea sufriendo y se pase como si nada. ¡Ese no es Jesús, ese no es el Espíritu Santo, ese no es Dios!

 

No es el Dios con el que crece México y la cultura y la costumbre mexicana, en donde está crucificado y está petrificado y no habla, y aunque tú le llores ahí no hace nada. ¡Ese no es nuestro Dios! Dios se acerca más más, y cuando tú estás llorando, cuando tú estás dolido, cuando tú estás atravesando un problema, él te va a acercar más a Él, más.


Salmo 34:18 Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.

 

Él está cercano, tú estás quebrantado en tu corazón, estás sufriendo no importa porqué estés sufriendo, a lo mejor estás viviendo algo súper difícil, súper intenso; a lo mejor nunca jamás en tu vida habías vivido algo tan feo. Él va a estar contigo. Si tú estás quebrantado y quebrantas tu corazón y le dices. Me duele Señor.

 

Y voy con la persona que tengo al  lado y le digo: me duele, esto me está doliendo no puedo con esto, me duele, se me está rompiendo el corazón porque me acordé de esto y esto, y esto. Y porque me acordé que mi papá me hizo esto y mi mamá me hizo esto otro. Me acuerdo que se burlaron de mí, me acuerdo que me lastimaron es más hoy me acuerdo y me dijeron que tengo esto, o que pasó esto, u hoy me corrieron, o lo que sea que vivas hoy o puedas vivir mañana. Si tú vienes con el Señor y tú quebrantas tu corazón delante de Él, Él no se va a dar la vuelta, Él te va a abrazar, Él se va a acercar más a ti, Él no te va a alejar.


Cercano está Jehová, Él está cercano, Él es una persona a la que tú le importas, y le importas mucho. Y muchas veces nos sentimos tan lejanos de Dios, y sentimos que en nuestros momentos duros y difíciles es cuando más lejos está. ¡Te tengo una noticia: en tus momentos difíciles, en tus momentos duros es cuando más cerca está! Él no se aleja. Estás triste, estás llorando, estás con tu corazón quebrantado, Él no se va a alejar, se va a acercar más, te va a abrazar más, va a ser amoroso contigo, Él no se va a apartar de ti.

 

Él no le tiene miedo a tus mocos, Él no le tiene miedo a que le embarres la playera o la túnica, no sé qué traiga puesto. No lo vas a espantar, y quiero que lo pienses de esta forma: has tenido a un amigo o un hermano que amas tanto, que cuando esa persona llora no puedes hacer nada mas que tú llorar también, ¿te ha pasado? Has estado con una persona que amas tanto que lo ves de frente y lo estás abrazando, y esa persona está sufriendo por algo y está derramando lágrimas, y a ti se te rompe el corazón y lo abrazas, y ni siquiera le dices nada, no le dices ni una palabra, lo único que haces es que te pones a llorar con él.

 

¿Lo has vivido? Dios hace eso con nosotros. Por qué Dios nos lo haría, si nosotros siendo hombres podemos amar, si nosotros siendo hombres podemos sufrir por alguien y podemos sufrir lo que alguien sufre. Dios siendo perfecto y Él siendo amor, Él lo hace; por eso eres bienaventurado, por eso eres bendecido cuando lloras, porque Dios se va a acercar más a ti, y porque él te va a agarrar y te va a decir: ven. Y te va a abrazar.


Lo que pasa es que muchas veces estamos inconscientes de él, no estamos conscientes de su carácter y de su forma de ser, y no estamos conscientes de que si tenemos una bronca Él va a esta ahí. Yo creo que todos somos bendecidos con al menos una persona que si tú sabes que tienes una bronca, en donde estés y como estés esa persona va a estar ahí. Yo creo que todos tenemos por lo menos una persona cerca de nosotros así.

 

Y tú confías y sabes que si le echas un telefonazo a esa persona, esa persona va a hacer lo imposible para estar contigo, para ayudarte, para abrazarte, para lo que sea necesario. ¡Dios es más que esa persona! Pero necesitamos tener consciencia de que Dios es así para entrarle.

 

Punto número 2: Dios se aflige con nosotros.

 

Isaías 53:3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

 

Jesús, si pudiéramos decir y describir algo de Jesús, entre tantas cosas hay una cosa también: que es un varón de dolores, experimentado en quebranto. La Palabra lo dice, varón de dolores, y tiene experiencia en el quebranto. Jesús sabe lo que es sufrir, Jesús sabe lo que es el dolor, Jesús sabe lo que es la tristeza.

 

En Juan cuando la muerte de Lázaro, se nos revela un Jesús que llora; un Jesús en el que llega a un lugar en donde ya fue enterrado Lázaro y ve a las hermanas llorar y ve a la gente llorar, y Jesús nos e queda como si nada, Jesús no se queda duro, Jesús no es un hombre duro. Jesús es un hombre que dice la Biblia que llora; incluso la gente que lo ve dice: mira está llorando, cuánto lo amaba.

 

Jesús era un hombre, y fue y es un hombre que sabe lo que es el dolor. Cuando tú vengas con Jesús y le hables de tu dolor, cuando tú vengas con Jesús y le hables de preocupación, le hables de tristeza; Jesús sabe de lo que estás hablando, Jesús lo sabe, lo entiende porque él lo vivió, él lo experimentó, Jesús se aflige con nosotros. Jesús es movido por el amor, y el amor es sufrido. Él no es rígido, él no es duro.

 

Dicen que las penas con pan ¿son buenas? ¿Si es así el dicho? Las penas con pan son buenas. Pues las penas con Jesús son mejor. Cuando estás bien acompañado y estás pasando una pena, puf, como ayuda. Y cuando ves a la persona afligida por lo que tú estás viviendo, ayuda. Y somos bendecidos por eso. Jesús se aflige, cuando tú estás afligido, Jesús se aflige contigo, él te entiende.

 

No así de: ah este humano, ah Dios pues ¿qué no ha leído la Biblia? ah ya me hartó. Y a veces nosotros como iglesia, como líderes le hacemos creer a la gente que así es Jesús, porque nosotros nos hartamos de la gente, porque nosotros no sabemos tratar a la gente con amor. Pero Jesús no es así, Jesús se aflige con nosotros. Cuanto más amas a alguien, más te afliges y no hay nadie que haya mostrado más amor que Jesús. Cuando tú atraviesas algo con sufrimiento, Jesús te acerca más a él, Dios te acerca más a Él y Él se aflige contigo.

 

Punto número 3. Familia de la iglesia como apoyo.

 

Tenemos una familia en la iglesia como apoyo. La intención de Dios no es que atravieses nada solo, nada. Dios no nos creó solitarios, seres solitarios y como este meme que está en Facebook que hay perritos ahí bailando y jugando, y hay perrito ahí en la esquina así todo como diciendo ¿qué les pasa a éstos? Dios no nos creó así, no nos creó para estar en una esquina como la pobre muñeca fea llorando, Dios no nos creó para que estemos solo nosotros con nuestros lamentos, ¡NO! Dios nos creó para estar unidos, para estar juntos. Dios nos creó para ser un cuerpo, para ser una familia.

 

Romanos 2:10-11 Pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; 11porque no hay acepción de personas para con Dios.

 

Aquí estamos reunidos como una familia, y aquí hay una iglesia, y hay personas diferentes, de diferentes pensamientos, de diferentes familias, de diferentes culturas familiares, de una misma nación pero con diferentes costumbres; pero para Dios no somos diferentes. El sufrimiento que puede tener un hermano, una hermana, el sufrimiento que puede tener Emanuel a lo mejor no es el mismo sufrimiento que puede tener Carlos. Pero la Biblia nos enseña que somos un cuerpo y si el dedito se duele, el dedito está sufriendo, la cabeza también sufre.

 

Y lo hemos vivido, y lo vives diario cuando a lo mejor no te sientes bien de alguna parte de tu cuerpo. Pero desafortunadamente muchas veces como iglesia nosotros mismos hacemos acepciones. Tenemos que entender esto: Dios nos puso en este lugar, Dios te puso a ti en este lugar, y nos puso aquí en este lugar para que seamos una familia, una familia que se preocupa por los dolores, por las preocupaciones, por las tristezas, por las pérdidas y lo que está sucediendo y lo que está pasando con la persona de al lado.

 

No se trata de que yo jalo para mi rancho, y jalo solamente para mí; se trata de yo abro y volteo, y veo a mi familia que son ustedes para ver quién está mal, qué tiene, qué problema está atravesando, qué está cruzando para poder ayudarlo, para a entrar  poder abrazarlo, para poder simplemente, a lo mejor yo no lo veo diario, y a lo mejor lo veo solamente el domingo pero ese día que lo veo va a recibir amor, va a recibir fraternidad en mí y de mí.

 

A lo mejor esta persona está sufriendo porque no tiene para poderle comprar unos tenis a su hijo que va a entrar a la escuela. Y a lo mejor yo tengo la posibilidad de bendecirlo con esos tenis. O a lo mejor tengo unos tenis que mi hijo nunca usó y se los puedo dar. A lo mejor mi hermana que vive sola está sufriendo porque se siente abandonada, y ahorita no tiene ni agua caliente para bañarse. Y a lo mejor yo sé cómo poner el gas para que tenga agua caliente; y a lo mejor yo voy a poder ayudar para que ella no se sienta abandonada con un simple y sencillo hecho.

 

Pero esta familia la hacemos todos, no nada más uno o dos, sino todos. Debemos de tener este pensamiento. Muchos de los que venimos como cristianos atravesamos como unas etapas. Una de las etapas es primero llego a la iglesia y empiezo como a conocer, y empiezo como a ambientarme ¿no? Y luego llega un momento en el que todos llegamos a pensar esto: ¿qué ministerio voy a tener? ¿O qué ministerio tengo o qué puedo hacer para servir a Dios o para seguir sirviendo?

 

Pues yo les tengo aquí un ministerio, y este ministerio no está en la Biblia, pero este ministerio se llama el “Ministerio de la Presencia”. Sólo tienes que estar.  Y a lo mejor tú no te sabes la Biblia, a lo mejor no eres buen consejero, a lo mejor no estás dentro de la iglesia como un líder que esté aconsejando; pero ¿sabes qué? Sí puedes estar. Sí puedes invitarle un cafecito, sí puedes invitarle unos frijolitos, sí puedes estar.  Nadie puede decirte que no, puedes estar. Simplemente puedes estar presente, puedes estar ahí, no tienes que decir nada, no tienes que hacer nada, solamente tienes que estar.

 

Es más con que estés aquí hoy, estás haciendo algo para la iglesia. Porque a lo mejor algunos en la iglesia dirigen la alabanza, otros predican, otros enseñan, pero la iglesia somos todos. Y con estar estás haciendo algo. Ahora dentro de este punto hay dos partes que yo te diría:

 

A)    Tú necesitas apoyo, hoy estás aquí y tú necesitas apoyo. Te sientes mal, tienes dolor, tienes una bronca, estás triste, estás atravesando problemas en tu vida y estás mal. Esa es una posición.  Pero también hay otra posición:

B)    A lo mejor estás bien, pero tú necesitas ayudar. Aquí hay de dos sopas: o estamos tristes, o estamos atravesando y estamos mal, o estamos en la posición en la que yo puedo ayudar a alguien.

 

¿Qué tengo que hacer? Si yo estoy mal y estoy en la posición de que estoy en un problema y en medio de algo que me duele, tengo que decirlo. ¡Fácil! Y si tú estás en la posición de que puedes ayudar a alguien, tienes que hacer algo: ¡Tienes que ayudar!  No puedes estar sin hacer nada. O vas a recibir ayuda o ayudas, no hay de otra. No podemos ser “NINIS”, o ayudamos o recibes ayuda.


Ahora, si tú te sientes bien y puedes ayudar, y quieres ayudar, cuando platiques con alguien no minimices su dolor. Lo que les decía de la comadre, que hay comadre eso no es nada. ¡No lo hagas! Solamente hazte presente y escucha, abraza. No apresures a la gente. Ay ya por favor deja de llorar, ya, ya. Ay ya eso ya hace cuánto, y tú lo vienes cargando todavía. ¡No lo hagas, no lo apresures, solamente tienes que estar ahí! Iglesia, familia de Levantaré ¿necesitas ayuda? ¡Háblalo! ¿Te sientes bien, estás fortalecida? ¡Ayuda! Porque un punto es que la familia de la iglesia, Dios la usa y es un apoyo.

 

Punto número 4: Dios usa el dolor y la tristeza para hacernos crecer.

 

Dios es un poco duro pero dentro de esta forma en que Dios nos hace crecer a través del dolor y la tristeza, hay tres puntos.

 

A)    Dios usa el dolor para ganar nuestra atención.

 

El escritor C. S. Lewis que dice: “Dios nos susurra con el placer pero nos grita con el dolor”. Pocas veces cambiamos cuando todo está tranquilo y cuando todo está en paz y en calma ¿o no? ¿Qué pasa en la mañana y qué pasa en la noche cuando estás dormido bien rico? Estás dormido súper rico, súper delicioso y de repente un sonido del infierno suena.  No sé cómo suene tu alarma hermano, pipi pipi, un sonido del infierno, del mismo infierno viene a tu cierto y rompe la paz de tu sueño.

 

Y estás muy cómodo y estás muy tranquilo, placentero; pero de repente algo viene a romper ese placer, esa quietud, esa tranquilidad ¿para qué? Pues para que te levantes, para que hagas algo, para que avances, para que crezcas, no te puedes quedar igual siempre. Y hay dolores en nuestra vida, hay tristezas en nuestra vida, hay circunstancias difíciles en nuestra vida y lo que nos está haciendo es: nos está queriendo despertar, está queriendo que nos levantemos, nos está queriendo llevar a un lugar más alto, a un lugar mejor, nos está queriendo pulir, nos está queriendo hacer más como Jesús.

 

La Biblia nos habla del horno de aflicción ¿no? Pero somos probados en el calor, somos probados en las cosas difíciles. Es bien fácil darle gloria a Dios cuando todo está bien, es bien fácil decir: yo creo en ti Jesús, cuando todo está bien. Es bien fácil decir: yo soy cristiano cuando todo está bien. Es bien fácil venir a la iglesia cuando todo te sientes bien. Es bien fácil hablarle bonito a tu esposa cuando estás bien. Es bien fácil hablarle bonito a tus hijos cuando estás feliz.

 

Es bien fácil llegar puntual al trabajo cuando tu vida es mágica y sencilla, súper fácil. Lo difícil es cuando tienes problemas, cuando estás sufriendo, lo difícil es cuando las cosas no se ven bien en tu vida, ahí es difícil decirle: Señor para ti toda la gloria y toda la honra; ahí es difícil hablarle bien a la gente, ahí es difícil ver por los demás, ahí si es difícil y por eso lo necesitamos vivir.

 

Proverbios 20:30 Los azotes que hieren son medicina para el malo, Y el castigo purifica el corazón.

 

No se espanten hermanos. Pero, a veces necesitamos vivir cosas difíciles para cambiar. A veces necesitamos y nos ayuda.

 

B)    Dios a través del dolor saca lo bueno de lo malo.

 

Romanos 8:22-24 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. 24Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

 

Cosas que vives que no son bonitas, tienen la opción de dos cosas: que formen en ti algo bueno, que tú las domines, que formen un carácter en ti y que te dirijan a la esperanza, que te dirijan a Dios. Que tú tomes control de ellas, que las afrontes y eso va a llevarte, y lo va a hacer como un escalón que te va a ir subiendo a una posición en la que nunca estuviste, que nos acerca más a ese tiempo, y que vamos más cerca a ese tiempo a donde Él viene. Con esperanza.

 

O puede ser y puede resultar que todo lo que tú estás viviendo, que todas las cosas difíciles tú las guardes, no las enfrentes, no vayas tras ellas y lo único que hagan es que ellas te dominen a ti, y ellas marquen tu vida. Dios saca de lo malo Dios saca cosas buenas. A los qua aman a Dios todo les sirve. Y dentro de este punto, lo que el dolor hace es que:

 

C)    Dios nos prepara para la eternidad.

 

Todos nuestros problemas van a desaparecer, todo se va a acabar. La gloria que nos espera y lo que vamos a ver es mucho más grande que cualquier cosa que tú estés viviendo o que puedas vivir, muchísimo más grande. Cuánto creen que una persona muy sana, muy saludable ¿viva en esta tierra? ¿Cien años? La persona promedio vive entre 70, 80 años. ¿Cuánto podemos comparar 70, 80 años con la eternidad? ¿Cuánto equivale 80, 100 años a una eternidad? No es nada, literalmente no es nada.

 

Y todo este tiempo que estamos viviendo nosotros tenemos que entender algo: nos está preparando para la eternidad, nos está preparando para lo que viene. No es algo que así va a durar siempre, no es algo que nunca se va a acabar, no es algo que va a acabar conmigo. Es algo que me está catalizando, que me está llevando a ese punto, por eso es una bendición. Porque a pesar de que sea difícil, a pesar de que me duela, a pesar de que llore; yo tengo una esperanza.

 

Y la esperanza es que va a llegar un día en el que yo voy a ver a Jesús descendiendo y yo me voy a ir con él. Y ya se va a acabar todo, y no va a haber nada de dolor, no va a haber nada de sufrimiento, se va a acabar todo. Nos está preparando para eso.


Dios está interesado en tu carácter y no en tu comodidad. Cuando nos vayamos al cielo no  nos vamos a llevar nada, solo vas a ir tú. Y él está preocupado por formar tu carácter, por formarte a ti, quién eres. Y a través de todo esto que vivimos aquí. Él lo aprovecha para formarnos, Él lo aprovecha para formar nuestro carácter.

 

Muchos de aquí, no sé quiénes pero mucho o varios de aquí alguna vez han practicado algún deporte hablando específicamente por ejemplo de hacer pesas. Las primeras dos semanas es horrible, porque empiezas a hacer ejercicio y empiezas a romper tus músculos, literal, y rompes las fibras y duele horrible. Las bailarinas tienen que hacer sesiones de estiramiento y flexibilidad, y duele horrible.

 

No sé si alguna vez hicieron las famosas mariposas, que te sientas así y llega el maestro y te empieza a abrir; ¡lo odias, duele! Pero cuando tú sigues yendo al gimnasio, y le entras porque te duele, o sigues yendo a entrenar o a bailar, o lo que sea que hagas y te duele; lo haces ¿por qué? Porque sabes que va a haber un resultado. Aunque te duelan los brazos sigues yendo al gimnasio y llega un momento en que ya no te duele. Cambias la rutina y te vuelve a doler, pero sigues yendo porque sabes que hay algo al final que vale la pena esforzarte.


Cuando das a luz un bebé, yo no sé de aquí cuántas mujeres quisieran tener un dolor de parto sin que salga un bebé. ¡Pues ninguna, ninguna! Hay un video en Youtube que le ponen a los hombres unos electrodos y que les hacen sentir como dolores de parto a los hombres ¿no? Está padre ¿no? Como para saber qué sienten las mujeres ¿no? Dicen que cuando un hombre tiene gripe, alcanza a entender lo que significa un parto para una mujer. O que cuando la mujer está dando a luz, entiende lo que siente un hombre cuando tiene gripe.  Así es que mujeres por favor.

 

¿Te imaginas? Estar en una sala de hospital y teniendo dolores de parto, y que te diga el doctor: Señora ¿qué cree? ¿Qué? Era aire. ¿No? Y los dolores, el sangrado. Digo, yo nunca he sentido ni voy a sentir algo así, pero, imagínense, ¡pues no vale la pena! Pero qué tal sentir eso y que salga el chamaquito llorando y que lo abraces y digas: ah mi hijo. ¡Es hermoso porque sabes que el final es bueno!

 

Pues mira, todo lo que estamos viviendo hoy, lo que viene es mejor, lo que viene es hermoso, y no significa que toda nuestra vida vamos a sufrir, ¡no! No estoy diciendo eso. Pero cuando estés sufriendo y cuando estés en un momento difícil, tienes que entender que el dolor que estás viviendo Dios lo va a catalizar para bendecir tu vida, Dios te está preparando, Dios te va a llevar a otro lugar, Dios lo utiliza para bendecirte.

 

Punto número 5: Dios consuela dando esperanza del cielo.

 

Tenemos esperanza. ¿Sabes? La semana pasada uno de nuestros amigos, que la mayoría conoce a Alex, su papá falleció. Y pues un fallecimiento, la muerte de un ser querido pues no es fácil, es algo súper difícil, muy duro. Yo creo que la mayoría de los que estamos aquí podemos haber sufrido esto, y yo llegué y lo fui a ver y la mayoría de sus familiares y amigos son cristianos; entonces estábamos ahí, llegué con Alex lo abracé, estaba afligido, estaba triste y estábamos afuera sentados platicando.

 

Y después empezaron a contar chistes, casual; y Alex es muy simpático, es muy chistoso, y Alex hasta se paró y empezó a contar chistes. Y llegó una persona de la iglesia y lo abrazó, y empezó otra vez a llorar, y a estar triste. Entonces suelta a esta persona, se limpia la cara y nos dice: ¿qué les decía? Pero al punto al que voy es este, y llega una hermana de la iglesia y le dice: ¿sabes? Qué hermoso es esto, qué hermoso es un funeral cuando conocemos a Jesús, porque lloramos con esperanza.

 

Porque nuestra tristeza no es una tristeza sin esperanza, es una tristeza con esperanza. Porque sabemos que ese hombre ya la armó. Nosotros somos los que nos amolamos, y es normal que haya tristeza porque perdió a un ser amado, porque ya no lo va a ver, y porque sufrió al perderlo, es normal. Pero lo que también debe ser normal hermano, acostúmbrate a esto: debe ser normal que tu tristeza tenga esperanza, tu tristeza debe tener esperanza.

 

Sí se vale ponerse triste pero con esperanza. Nuestra esperanza es Jesús, nuestra esperanza es que yo sé que estoy pasando un momento difícil, si lo sé, pero yo sé que esto se va a acabar, y yo sé que hoy en la noche estoy triste, estoy llorando; pero yo sé que mi alegría viene de mañana, yo sé que mi gozo viene de mañana; yo sé que mi bendición viene de mañana.

 

A lo mejor hoy me corrieron, hoy perdí mi trabajo y estoy triste, pero yo sé; y mi esperanza es que va a venir un trabajo, y que va a haber provisión, y que va a haber bendición, ¡esa es mi esperanza! Y a lo mejor hay situaciones súper difíciles que te van a poner triste, pero tienes que pensar que nuestra esperanza es Jesús, él es eterno, él no muere, él no miente, él es el Todopoderoso, él nos ama, él está de nuestro lado, él está a nuestro favor, él nos está esperando y está preparando una morada en el cielo. ¡Esa es nuestra esperanza!

 

Una vez yo tenía un conejito, bueno lo compramos entre un amigo y yo, nos costó 15 pesos, y pusimos 7.50 y 7.50, lo compramos entre los dos, entonces unos días se lo quedaba él y otros días me lo quedaba yo. Entonces un día me lo quedé yo y lo sacamos a pasear al conejito ¿no? Chicos, si alguien tiene un conejo, no lo saquen a pasear. Entonces lo sacamos a pasear para que hiciera ejercicio el conejito, entonces vamos en el jardín y ahí va brincando el conejito. Y lo alcanzábamos y ya.

 

Y en una de esas el conejito se va brincando, y que se nos va, y ahí voy corriendo tras el conejito, y en eso se regresa y ¿qué creen? ¡Que lo piso! Calzo del 10, o sea, el conejo fácil, fácil podía morir aplastado por mi dedo gordo, ¡y lo aplasté! Fue dramático porque el conejito se empezó como a convulsionar, le empezó a dar el patatús y le salía sangre de la nariz y de la boca. Y lo agarré y lo cargué, y fue todo un drama, fue muy fuerte porque todo me manché de sangre la ropa, llegué a mi casa llorando, mi mamá me vio y me dijo: ah hijo.


Todo fue muy triste, fuimos a enterrarlo al parquecito detrás de mi casa, y empezó a llover, entonces imagínense, truenos, lluvia y ahí lo enterramos. Pero me dijeron: mira no estés triste, te vamos a regalar un perrito. Yo siempre había querido un perrito, y pues de un conejo a un perrito, pues un perrito ¿no? Y yo ¿qué dije? Pues va, que venga el perrito ¿no? Y ya le lloré, le hice luto por el conejito, pero ya que venga el perrito ¿no?

 

Pero ¿qué creen? Que llega el perro, era de la raza Siberian Hosky que soy perros muy grandes, muy altos y entonces lo empezamos a educar. Pero el perro imagínense estaba muy grande y hacía del baño también muy grande; entonces las primeras veces no lo podíamos sacar porque no estaba vacunado, entonces le enseñamos a hacer en el baño, le poníamos periódico. Entonces llegó el momento en que ya lo podíamos sacar, entonces no se quería hacer afuera y solamente se hacía en el baño; se esperaba todo el tiempo que lo tuviera afuera, y se hacía en el baño.

 

Entonces llegó un momento en que era imposible tener a ese perro ahí en casa, era imposible. Entonces mi mamá me dijo esto: vamos a hacer una cosa hijo. Y yo: ¿qué mamá? Mira, el perrito pobrecito, mira que está muy grandote y el lugar muy chiquito, y el baño no sé qué. Vamos a hacer una cosa: yo ya conseguí un lugar en donde se lo pueden llevar y va a ser muy feliz, porque hay praderas, hay todo y ahí va a poder correr todo. Y yo: no mamá pero es que mi perrito. Ya saben no, como somos de tercos a veces.

 

No mamá, yo quiero mi perro. Bueno tengo algo para ti. Dime. Mira, vendemos el perrito y te compro un Playstation. Y yo dije: ¿Perro? ¿Playstation? Perro que hace que apeste la casa, playstation, pues bueno. Le dije: pues sale mamá, pues órale, ya mejor pues si que el perrito para que esté más contento porque la verdad estaba muy grandote y pues no se podía ya. Y mi mamá me dijo: está bien.


Entonces llegó el día en que fueron por el perro, yo me metí a mi cuarto a llorar desconsoladamente porque se iba mi perrito Lobito, y se fue el perro. Y yo le dije: mamá cuándo vamos por nuestro play? Espérate hijo, la otra semana nos dan el dinero.  Sale mamá. Y llegó la otra semana: mamá, mamá ¿cuándo vamos por el Play? Espérate hijo, la próxima semana nos dan el dinero. Está bien mamá. La otra semana: mamá, mamá. Espérate hijo, espérate hijo.  Y así, eso fue cuando tenía 12 años, tengo 31 y todavía no llega mi Playstation.


Pero hubo un día que mi mamá me lo confesó y yo estaba enojado y le dije: no mamá es que tú me mentiste que no sé qué. Oye ¿qué onda con lo del Playstation? Yo le voy a hablar a ese brother que mejor me regrese a mi perro; después de año ¿no? Y mi mamá me dijo: ¿qué crees hijo? Que lo regalé no lo vendí. Pues mi mamá me mintió, me choreó, me chamaqueó. Entonces yo vivía con una esperanza falsa de que me iba a llegar algo bueno, algo bonito y lo intercambié. Y es horrible.


Pero ¿sabes qué? En nuestra vida tenemos que tener la certeza de que Dios no nos va a decepcionar, Jesús no nos va a decepcionar, el Espíritu Santo no nos va a decepcionar. No nos va  a decepcionar, Él tiene palabra, Él cumple. Y si tú le entregas tus aflicciones, tú hablas de ese dolor que tienes, de  esa situación que estás viviendo, y la atraviesas; si tú se la entregas a Él, en Él hay esperanza y Él no te va a  fallar. Él es nuestra esperanza. Que tu tristeza tenga esperanza.

 

Apocalipsis 21:4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

 

Va a llegar este día hermano, va a llegar cuando venga Jesús. y va a llegar aun estando aquí en vida, y aun estando aquí en tu situación difícil, en tu dolor, va a llegar el día en donde él va a venir y va a secar tus lágrimas, en donde no va a haber muerte en tu vida, en donde no va a haber dolor. Y eso que estás viviendo y que estás atravesando y eso que está siendo difícil, vas a ver cómo Dios se manifiesta a tu vida, ¡esa es nuestra esperanza!

 

Nuestra esperanza no está puesta en cualquier cosa, nuestra esperanza no está puesta en el Melate, no está puesta en los doctores, no está puesta en descubrir una nueva medicina. No está puesta en que el Gobierno mejore, nuestra esperanza no está puesta en mi esposa o en mi esposo; nuestra esperanza no está puesta en que tengan buenas noticias o malas noticias. No está en que haya nacido en México o en Estados Unidos; mi esperanza no está en que gane mucho dinero o gane poco. Mi esperanza no está en que haya vivido una vida fácil, difícil o no. Mi esperanza no está en que tenga padre o madre, mi esperanza no está en nada.

 

¡Mi esperanza está en Jesús! Él no falla. Mi esperanza no está en que tenga dinero para pagar una situación para pagar un tratamiento. Mi esperanza no está en nada más que en Jesús, y él no falla, él es nuestra esperanza. Él es nuestra esperanza. Tu dolor, tu tristeza, tu lamento ponlo en su esperanza, y eso trae bendición a tu vida.

 

El Señor te dice: déjame entrar, déjame ayudarte, déjame echarte la mano no estás solo. ¿Es difícil? Si. ¿Tienes que atravesarlo? Si hijo, tienes que atravesarlo. ¿Cuántos de aquí de chiquitos se rasparon? O ¿cuántos de aquí sus hijos se han raspado bien feo? ¿Y qué le tienes que hacer? Le tienes que raspar, le tienes que abrir, le tienes que sacar porque si no después se va a poner peor.


Yo me acuerdo uno de mis dolores más fuertes fue cuando me arreglaron la nariz a la viva México, horrible, con unas pinzas literal, prácticamente me amarraron como si fuera un loco. Y me pusieron y sacaron unas pinzas como con dedos, y recuerdo, muy, muy fuerte recuerdo ese día que estaba ahí y me dijo: te va a doler mucho. Tenía la nariz fracturada y me la arreglaron sin anestesia. Pues claro que iba a doler.  Y me acuerdo ese día que estaba acostado, y me acurdo que el pastor fue conmigo ese día.

 

Y me acuerdo que el pastor hizo algo: me agarro las manos, y mientras este salvaje bruto me estaba destrozando (arreglando) la nariz, porque de verdad tenía que acomodarla a su lugar. Mientras yo estaba atravesando ese dolor, el pastor me estaba agarrando las manos fuerte.  Y yo en mi mente pensaba: ya que lo detenga, ya, ya, que lo detenga. Y en mi mente gritaba: ¡ya, ya, ya no quiero este dolor, me duele! Y sentía que esas pinzas estaban hasta mi cerebro. De verdad y me dolía muchísimo y estaba gritando y llorando. Y mientras el doctor tenía que acomodar los huesos en su lugar.

 

Pero recuerdo que la mano del pastor estaba ahí, y yo estaba apretando fuerte su mano, y él me estaba apretando fuerte y él me decía: ya casi, ya casi, ya casi. Y llegó el momento en que sacaron esas pinzas, y mi nariz estaba perfecta. Y el pastor no agarró a golpes al doctor, pudo hacerlo pero no lo hizo. ¿Por qué? porque estaban t4ratando con mi nariz.

 

Y Dios puede agarrar tu situación y agarrarla a golpes, y puede hacerla que desaparezca en un tris, rapidísimo. Pero el Señor está contigo agarrándote de la mano diciéndote: ya casi, ya casi, aguanta, veme a mí, apriétame la mano, estoy aquí contigo, estoy cercano a ti, ya casi, aguanta. ¿Cuál es ese dolor, cuál es esa pérdida? Él está ahí, Él no te deja, Él es nuestra esperanza.  Y por último, apréndete esta frase: 

 

Punto número 6: Jesús nunca desperdicia un dolor o una herida tuya, nunca.

 

Él no desperdicia tus dolores, Él no deja pasar y él en tus dolores, en tus heridas, en tus momentos difíciles Él no los desperdicia. En Él no se desperdicia una lágrima, una situación difícil en tu vida, en Él no se desperdicia nada. El no lo desperdicia, él lo aprovecha al máximo. Jesús usa nuestro dolor para ayudar a otros; para que a través de ti todo sea hecho y sea utilizado lo que has vivido, todo.


Dios nos consuela para que nosotros podamos consolar también a los demás. Dios nos deja vivir situaciones difíciles, para que tú un día te pares de frente a un adicto y le digas. Yo también fui así y destruí a mi familia. Pero hoy yo soy libre de eso, yo enfrenté todo eso y mi familia está aquí junto conmigo. ¿Por qué? Porque Jesús lo hizo. Y si yo pude, tú pudiste y tú puedes. ¿Y sabes qué? Te paras para que te puedas parar enfrente de un matrimonio destrozado y le digas. Mi familia estaba destrozada, mi matrimonio9 estaba destrozado, sufrí muchísimo, hice sufrir a mi esposa, pero hoy yo te digo: Jesús está en mi corazón y yo entregué mis cargas a él y ahora mira a mi familia.

 

Y Jesús te permite vivir ciertas cosas para que él se glorifique en ti. A lo mejor pasas una enfermedad o pasaste una enfermedad, y te puedes parar delante de alguien que tiene esa enfermedad. A lo mejor Dios te sanó del cáncer y puedes decir delante de una persona que tuvo o que tiene cáncer y decirle: mira, yo tuve cáncer como tú y veme, Él me salvó y sufrí mucho, y lloré muchísimo y atravesé. Pero ¿sabes? Él cambia tu lamento en baile. Él cambia tu tristeza en alegría, porque lo hizo conmigo.

 

¿Y sabes? Nadie está más autorizado para hablar de dolor que una persona que lo vivió. Nadie tiene más poder ni más autoridad de un dolor, que la persona que ella misma o él mismo lo vivió. Por eso Dios nos permite a veces, y atravesamos dolores y él utiliza esas vivencia que tú tienes para que vayas allá afuera y para que voltees a todos lados, y veas las personas que están viviendo lo que tú un día viviste, o lo que estás viviendo hoy; y veas cómo su vida se transforma así como tu vida se transformó.

 

Nadie está tan autorizado, por eso Jesús lo vivió, y por eso Jesús está intercediendo delante del Padre por nosotros, por nuestras necesidades, por nuestras dolencias. Y el Padre está escuchando y está cediendo, y está cediendo porque Jesús lo vivió. Hermano no sabes el poder que hay en tu sufrimiento, no sabes el poder que hay en tu dolor. El del hombre Perfecto y el hombre que no pecó, su dolor y su sufrimiento se transformó en salvación a nosotros.

 

Las cosas buenas y las cosas bellas de la vida no traen resultados tan hermosos, tan padres, no traen resultados tan trascendentales. El sufrimiento si, el dolor si, el sacrificio si. El sacrificio trae bendición, el sacrificio tare vida, el dolor trae vida. Jesús de la muerte trajo vida; de lo más feo que puede vivir una persona, él trajo vida, él trajo salvación, él trajo bendición; él desató todo a nosotros.

 

Pero ¿sabes qué? Él lo vivió. ¿Y sabes? Dios a través de nuestro sufrimiento quiere bendecir a este mundo. Dios quiere bendecir a este mundo.  A lo mejor el dolor más profundo en tu vida, y no a lo mejor, el dolor más profundo en tu vida es el llamamiento más grande para ti. Te violaron, abusaron de ti, te mintieron, no tuviste padre, no tuviste madre, engañaste a tu esposa, engañaste a tu esposo, robaste, fuiste adicto. ¿Cuál es tu dolor más grande? Porque ése, es el mayor llamado que tiene Dios para ti. Es lo que más poder va a tener en ti.

 

Hay una persona que predica a prostitutas y a gente que se dedica a hacer películas pornográficas; y esa persona era una actriz pornográfica, era una mujer que era prostituta. Y esa mujer es la mujer que más impacto tiene porque puede ver a los ojos y puede decirle: yo sé lo que es que te paguen por tener sexo, yo lo sé, yo lo viví. Yo sé lo que es sentirte devaluada, yo lo viví, a mí nadie me lo contó. Peor también sé lo que es tener esperanza y tener amor.

 

Lo que tú has sufrido y lo que tú estás sufriendo, nadie te lo puede contar, tú lo sabes, en carne propia lo sabes. Y no hay mayor poder que vivir en la realidad de las cosas, pero vivirlas en el Espíritu Santo. Y si tú vives algo difícil en tu vida, Dios te está llamando a que te levantes de eso, a que lo atravieses. ¡Atraviésalo! ¿Necesitas llorarlo? Llora, atraviésalo porque eso va a ser un escalón que te va a levantar para las naciones, para el mundo, para la gente para que puedas ser luz.

 

Y entonces tu tristeza se convierte en gozo pero no solo para ti, también para tu familia, para los que están a tu alrededor, para tus amigos, para los que están afuera, para la gente, para los que no tienen esperanza. Es lo que vino a traer Jesús, vino a traer esperanza al mundo. Y entonces entendemos que la tristeza y el lloro no son tan malos. Lo que da credibilidad a tu propia vida es lo que sufres y atraviesas sufriendo.

 

Y concluyo: en un mundo dañado y en un mundo donde hay sufrimiento, necesitamos atravesar el dolor, y necesitamos ayudar a los demás a atravesar el dolor. Porque como él lo dice, no lo digo yo, lo dijo Jesús mismo: Mateo 5:4 Bienaventurados (benditos) los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Si estás teniendo un problema acércate al Señor, acércate a alguien y háblalo, suéltalo, atraviésalo y vas a ser bendecido, el Espíritu Santo te va a consolar.

 

Padre eterno cuántas gracias te doy por este tiempo, gracias porque tu Palabra está en medio de nosotros, porque Espíritu Santo tú nos enseñas, tú nos guías, tú nos llevas. Padre, te pido que esta palabra que hemos hablado no solamente se quede en palabras, sino que las podamos llevar a cabo. Y que Espíritu Santo, tú que has estado tocando a las personas, que has estado tocando los corazones, los espíritus yo te pido que tú termines tu obra en ellos; que no se quede inconclusa tu obra.

 

Tú lo vas a hacer, te pido que lo hagas, te pido que nos muevas a este entendimiento y a esta verdad de saber que en medio  de lo difícil, en medio de las dificultades, en medio de las tristezas somos bendecidos en ti Señor. Que las atravesemos por muy grandes que sea, por muy fuerte que sea no se puede mantener ahí, las vamos a atravesar, las vamos a perforar y las vamos a atravesar en el nombre de Jesús.

 

Yo declaro bendición en la vida de cada uno de mis hermanos, y te pido que aquellos que están atravesando alguna pérdida, que están atravesando algún dolor, que están atravesando algún momento de duelo Señor, yo te pido que tú los lleves a hablar, que hablan, que no se queden con una emoción nada más, sino que actúen Señor.

 

Y Padre, que los que podemos y estamos en una condición de ayudar, lo hagamos, que sepamos consolarlos, apoyarlos, sostenerlos, estar ahí con ellos, aun Señor que podamos hacer las dos cosas que aunque estemos sufriendo, podamos bendecirnos y podamos apoyarnos unos a otros.

 

Gracias Señor Jesús porque tú eres nuestra esperanza; gracias Espíritu Santo porque no nos dejas, porque nos acompañas. Gracias Padre porque eres bueno, porque eres amor y porque te acercas a nosotros. Padre que podamos crecer en el conocimiento tuyo, pero no solamente de la Palabra sino de ti mismo Dios. Que lo vivamos Dios, gracias Señor en el nombre de Jesús, amén.


Dios los bendiga.

 

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