INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

¿CUÁL ES TU CIMIENTO?

 

Fernando Cabrera

 

 

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¿Listos para la Palabra? Hay palabra que de repente cuando nos llega a dar el Señor, y vemos que es una palabra así pues que viene a fortalecernos, que viene como un agua que viene y nos trae alegría y dice uno: ¡Wow! Pero de repente cuando hay una palabra de exhortación dice uno: Ay. Por eso les pregunto, ¿listos para la Palabra? ¿Nos vamos a aguantar?

 

Isaías 28:16 Por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.

 

1 Corintios 3:10-11 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

 

Yo he puesto, yo puse y nadie puede.  El tema que vamos a ver hoy es ¿cuál es tu cimiento? ¿Sobre qué cimientas tu vida? De acuerdo a la Escritura, en Isaías nos dice que el Señor nuestro Dios él mismo dice así: Ha puesto en Sion por fundamento una piedra. Y ve las características de esta piedra: piedra probada.  Es una piedra que ha sido pasada por prueba, es una piedra que no tiene error alguno, es una piedra que está comprobada por Dios no por los hombres, por el mismo Dios que Dios es perfecto. Él mismo dice: esta piedra ha sido probada.

 

Otra de las características dice que es una piedra angular. Es una piedra preciosa, de cimiento estable. Estable, y quiero repetir esta palabra, estable. ¿Cuántas cosas hoy en nuestros días en cuántas cosas hay inestabilidad? De repente en la economía sucede algo y se empieza a ser inestable la economía. Hay problemas en el matrimonio y hay inestabilidad. Hay muchas cosas que no están como muy estables. Aquí la Biblia dice que eta piedra es de cimiento estable.

 

En 1 Corintios 3:10-11 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento. ¿Cuál fundamento? Jesucristo.  Y continúa diciendo: Y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Tenemos una responsabilidad de mirar cómo estamos sobreedificando, porque dice: 11Porque nadie puede poner otro fundamento. Nadie, hay un fundamento comprobado, ya no hay otro fundamento.


El fundamento que nos fue dado que es Jesucristo está comprobado. Por qué entonces a veces alteramos las cosas y queremos cambiar esos fundamentos. Fundamento es principio, es cimiento, es donde nosotros edificamos. ¿Cómo edificamos nuestra vida? ¿A través de qué edificamos nuestra vida? La Tierra se sostiene sobre un principio, sobre una base, sobre un fundamento; y esta se sostiene hasta el día de hoy.

 

Por ese fundamento, por ese principio, por esa Palabra que Dios dio la Tierra hasta el día de hoy se sigue sosteniendo, Dios no ha tenido que cambiar absolutamente nada ni se equivocó, ni dijo: ahora le voy a hacer ciertos arreglos para que la Tierra se siga sosteniendo. La Tierra se sigue sosteniendo desde su creación y fue por la Palabra de Dios. Si la Palabra misma de Dios sostiene el Universo, cuánto no la Palabra de Dios va a sostener nuestra vida. Entonces no hay nada que cambiar.

 

La Palabra de Dios nos ha sido dada a cada uno de nosotros para conocer justamente ese fundamento. Si tomamos un tiempo par leer la Biblia nos daremos cuenta quién es ese fundamento. Aprenderemos a conocer ese fundamento y ese fundamento lo haremos nuestro. Lo más complicado en una construcción es cavar en lo profundo y poner cimientos sólidos. La Biblia nos habla con relación a este fundamento: Nadie puede sostener una casa si antes no cavó y puso un fundamento.

 

Anteriormente los cimientos eran cimientos de roca, el que le llamaban mamposteo, era un tipo de estructura que se hacía desde abajo, era una piedra y otra piedra, y otra piedra. Hoy de acuerdo a la ingeniería, de acuerdo a los avances hoy hay otro tipo de cimientos. Pero no existe una casa que no tenga un cimiento. Cuando la ingeniería cambió la forma de construcción, estaba mirando también las características de esa construcción para que fuera lo igual de sustentable y firme para sostener edificios.

 

Y la Palabra de Dios sostiene hasta el día de hoy el Universo y sostiene la vida del ser humano. La Biblia nos fue dada para que nosotros conociéramos la Palabra de Dios, para que conociéramos de qué manera podemos edificar nuestra vida.

 

Dice la Escritura: Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia (2 Timoteo 3:16). Entonces hay una inspiración por parte de Dios que es su Palabra. Y esta inspiración de Dios tiene como propósito el redargüir, el edificar, el levantar, el exhortar, el mantener y el sostener nuestra vida. Cuántos están de acuerdo conmigo que cuando empezamos a conocer la Biblia, muchos de nuestros pensamientos empezamos a dejarlos.


Conociendo la Biblia te das cuenta que lo que veníamos haciendo que creíamos que era bueno, al darnos cuenta en la Palabra, dijimos: esto no es tan bueno como yo pensaba. Y justo para eso es la Palabra y nos ha sido dada, y es una inspiración de Dios. Yo no sé en cuántas cosas tú te llegas a inspirar, pero en las cosas que Dios se inspiró no solamente es hacia las cosas que en aquel tiempo se crearon sino aun para trascender hasta nuestros días. Hoy por hoy, y por los siglos de los siglos Dios es Dios, y su Palabra es eterna.


Entonces, esa inspiración es para que hasta el día de hoy siga cambiando vidas, siga transformando vidas. Esa es la Palabra de nuestro Dios,  yo me agrado porque esa misma Palabra es la Palabra que compartieron los discípulos, ¡wow, qué impresionante! Es la misma Palabra que hoy compartimos, ¡qué impresionante! Y así como fue transformado Pablo, hemos sido transformados nosotros por el poder de la Palabra de Dios.

 

Pero ¿qué sucede muchas veces? Si conocemos la Palabra, la Palabra la adaptamos a nuestra vida, o nosotros nos adaptamos a la Palabra. Nosotros debemos adaptarnos a esa Palabra. Si conocemos la Biblia y el Señor nos dice: no robarás. Yo como persona y al conocer de esa Palabra, yo me tengo que meter en esa línea de principio y decir: no voy a robar porque Dios dice que no debo robar, y por amor a Él no lo voy a hacer. Entonces yo me adapto a esa Palabra, yo ajusto mi pensamiento a esa Palabra.


Si alguien no conoce la Escritura va a tratar de adaptar las cosas, algunas si, algunas no y va  a tratar de interpretarlas a su manera.  Aquí es donde viene la parte muy peligrosa mis amados, y es algo de lo que yo quiero hablar en esta hora, es la parte en donde está en peligro y en riesgo el malinterpretar la Escritura y andar conforme a las costumbres de este mundo.


Una persona que realmente tiene el conocimiento de la Palabra, no titubea en la forma de conducirse, en su forma de actuar. A mí me preocupa mucho que, hace unos días hablaba yo con mi hermana, mi hermana está en Los Ángeles; tuve la oportunidad de ir allá y conocer a los pastores donde ella se congrega, y yo prediqué en aquella ocasión en Los Ángeles.  En ese tiempo tan corto tuvimos una muy buena conexión, hicimos muy buena amistad.

 

Posterior a eso pues de repente nos conectamos, les mando n saludo a los pastores, ellos de igual manera y así traemos esa comunicación. De repente, mi hermana me llamó a mitad de semana muy triste y me dijo: Fer, quiero que ores por favor por nosotros y por la iglesia. Le dije: ¿qué está pasando? Y me dice: mira, el problema es de que hubo una división en la iglesia. ¿Por qué? Porque nuestros pastores fueron a México, fueron a un congreso, estuvieron aquí en México con la iglesia cede, la que les da cobertura allá en Estados Unidos, y de repente hablaron sobre un tema que es muy delicado, que los jóvenes se están perdiendo muy fácilmente; que hoy por hoy la iglesia está queriendo tomar como ciertas costumbres que no provienen de Dios.

 

Y esta hermana llegó con su corazón conmovido, comparte esto al Evangelio, habla a la iglesia y les dice: hermanos necesitamos nosotros orar por México, levantarnos, hacer conforme y la voluntad de Dios, no estamos a favor del pecado, no vamos a vivir conforme al pecado, vamos a vivir conforme la voluntad de Dios.

 

Y entonces resulta que por ahí un hermano dijo: yo tengo un testimonio que quiero dar. Y entonces él se levanta y empieza a dar un testimonio de Dios y dice: así como dice la hermana que ella no va a tolerar nada aquí, discúlpenme pero yo me retiro. Y se lleva a unos tantos de la iglesia. ¡Así de fuerte!

 

Pues los pastores están muy dolidos, muy tristes porque alguien interpreta la Escritura de una manera que es incorrecta. Y tan mal la interpreta que se está llevando unas ovejas de la iglesia que no son ovejas de él sino son del señor, para irse a congregar a su casa, y ahí tener un tanto de personas que le siguieron.  Mira, al diablo también lo siguieron, y perdóname que te diga esto, al diablo también lo siguieron.

 

Pero a veces la mala interpretación de las Escrituras lleva a que empecemos a querer adaptar a Dios a nuestra forma y estilo. Si algo no está escrito decimos: si esto no está escrito creo que si lo puedo hacer. Aquí la Escritura no dice que no me debo drogar. Entonces de repente un pasón no es tan malo. No, no lo dice la Biblia como tal, y por ahí van muchas de las cosas. Justificamos, porque ¿sabes qué pasa? Y lo más peligroso es que en esta Tierra la corriente de este mundo, lo que está sucediendo allá afuera, está atrayendo la atención de los jóvenes y no solamente de ellos, también de los que no conocen la Escritura, están siendo atraídos, están siendo seducidos.


Las costumbres mis amados, no se adaptan a los principios de Dios, ni los principios de Dios a las costumbres de este mundo ¡no se acostumbra, no se adapta! El Señor dice que la luz no tiene ninguna relación con las tinieblas; y las tinieblas no tienen ninguna relación con la luz. 

 

Romanos 12:2 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

 

Entonces hay un entendimiento que tiene que renovarse, hay un entendimiento que a través de la Palabra se renueva. Si nosotros no leemos la Escritura, no profundizamos en lo que Dios quiere, nuestro pensamiento seguirá siendo exactamente el mismo y seguiremos siendo exactamente las mismas personas. Pero si nosotros leemos la Escritura, buscamos, escudriñamos, oramos a Dios nos vamos a dar cuenta que muchas de las cosas que hacemos están erróneas, y vamos a empezar a tener cambios. Los cambios surgen a través del conocimiento de Dios y de la relación con Él, esa es la forma como cambian las cosas y como cambia nuestra vida.

 

Ezequiel 11:12 Y sabréis que yo soy Jehová; porque no habéis andado en mis estatutos, ni habéis obedecido mis decretos, sino según las costumbres de las naciones que os rodean habéis hecho.

 

El mismo Dios hablando esta palabra a través del profeta Ezequiel, y dice: Y sabréis que yo soy Jehová; porque no habéis andado en mis estatutos, ni habéis obedecido mis decretos, sino según las costumbres de las naciones que os rodean habéis hecho. Las costumbres que nos rodean. ¿Cuáles costumbres? La Biblia dice claramente que Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos; Dios es eterno. Dios no cambia. Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, Dios no está de moda, el cristianismo no es una moda, Dios no está de moda. Dios no tiene que adaptarse a nosotros.

 

Hay un solo Evangelio, hay un solo Maestro, que él nos enseñó y solamente este Evangelio debemos predicarlo. Lo dice Mateo: Y será predicado este Evangelio. No tu evangelio, no el evangelio de las naciones. Dice Dios: mi Evangelio es el que se tiene que predicar en todas las naciones. No hay cambio, es inmutable, no hay una trasformación del Evangelio.  El Señor advierte que cualquiera que ponga un punto o quite un punto, tendrá un castigo. No podemos alterar el orden de Dios.

 

Me decía un compañero del trabajo, a mí me sorprende de verdad porque hoy las cosas que suceden en el mundo a veces tratamos como de verlas tan normales. Y ojo con eso, no es normal, y si es necesario defender el Evangelio lo hago. Pero este compañero un día publica ahí en Facebook un comentario con relación a la homosexualidad, y entonces cuando yo llego a la oficina él siguió compartiendo este mensaje en favor de la homosexualidad.

 

Y yo estaba en mi  escritorio trabajando y él estaba atrás de mí y ahí habían ya dos o tres personas, y entonces volteo y le digo: no sé qué te está pasando, le dije a él. Él no se cansó  de publicarlo, y yo no me cansé de decirle: no sé qué te está pasando amigo, pero hace tiempo habíamos hablado en relación a este tema, y entiendo tu molestia porque públicamente ahí donde subiste en tu red social; tu propio papá y tu propia familia te dijo no estar de acuerdo y los exhibiste en una red pública.

 

¿Cuál es el favor que tienes hacia esa homosexualidad? Y me dio sus argumentos. Y le dije: susténtame tus argumentos. No supo argumentarlos. Lo único que me dijo es que las cosas cambian, el ser humano cambia. Que los genes van evolucionando, que las cosas van cambiando poco a poco y que el hombre tiene que irse adaptando a las costumbres. Que las costumbres de hoy es que un varón se acueste con un varón, o una mujer con una mujer. Y se atrevió a decirme: ¿Tú crees que Dios va a tener algún problema si se duerme un hombre con un hombre o si tiene relaciones?

 

Que saco la Biblia y le dije: mira, si, si tienes un problema, y Dios no está a favor de eso. ¿Sabes cuál fue su respuesta? La Biblia o las palabras que están escritas ahí son de gente de hace muchos años, ya con pensamientos antiguos, eso ya no es para hoy; lo de hoy es eso. Y le dije: Oye pero tú tienes un hijo y una hija. Y todavía me dijo: Y t digo una cosa, si ellos el día de mañana me dice mi hijo que es homosexual, yo lo apoyo. Y si mi hija me dice que es lesbiana, yo la apoyo. Yo dije: ¡Wow!

 

¿Sabes qué declaró sobre sus hijos? Homosexualidad y lesbianismo. Yo no me puedo acostumbrar. Entonces lo tomé y lo senté y le dije: tú no te pasas acá, y empecé a hablar con él. No me escuchó. Pero de repente se paró un varón de Dios con un celo de Dios, y que Dios usó y que lo sienta y que le pone una de aquellas con argumentos y también utilizando la ciencia. Nuestro hermano es un hombre muy letrado, se pone a estudiar muchas cosas, pero, utilizó la ciencia y le dijo: mira, de acuerdo a la ciencia, esto. Y pues el otro nada más bajó las manos.


Yo le doy gracias a Dios por la sabiduría que le dio. Yo no hablé de ciencia con él, hablé de la Palabra; pero él utilizó ciencia y le dijo: a través de la ciencia esto, ahora esto es lo que Dios quiere en tu vida. Y bajó las manos. Y le dije: te tengo prohibido que aquí en mi oficina tú vuelvas a hablar sobre el tema.

 

Yo no puedo acostumbrarme, no puedo permitir que alguien en mi oficina, en donde yo estoy lidereando en un momento dado, en donde yo estoy como jefe; alguien a mis espaldas esté derribando lo que he llegado a plantar que es a nuestro Señor Jesucristo, y que alguien le ponga oídos y le diga: pues si, tienes mucha razón.

 

Yo le dije: cámbiate de oficina porque te hace mucho daño pasar por la Zona Rosa, no lo sé, pero te está haciendo demasiado daño, te estás contaminando, te estás viendo las cosas normales. Tú pasas por las calles de la Zona Rosa y tú lo ves, ¡no me puedo acostumbrar, ni me voy a acostumbrar!

 

Dios ama al ser humano, lo ama profundamente. Y le he compartido a homosexuales y les he dicho: Dios te ama profundamente. Lo que tú haces no lo ama, porque tú tienes un valor más grande de lo que te han hecho pensar que tú tienes. Pero si nosotros no ponemos un alto a esto, ¿a dónde van a ir a parar nuestras generaciones? ¿Cómo se van a defender nuestros hijos? ¿Viendo las cosas normales? ¿De esa manera? ¿El que puedan adoptar ahora a un pequeño, y ese pequeño con su inocencia crezca en medio de una aberración?

 

¿Estamos conformes los cristianos? ¿Estás conforme en no hablar el Evangelio? ¿Sigues sentado en tu silla pensando que Dios tiene que enviar ángeles para pelear esta batalla? ¿Dónde está nuestra Palabra, dónde está el conocimiento de su Palabra? En dónde está para que nosotros hagamos frente a esto. Y yo no sé si el día de mañana hay un problema con esto pero yo me subo en el metro y en el metro hay homosexuales y se van besando ahí, y hay niños. ¿Y sabes? Cuando yo me encuentro estas cosas yo empiezo a hablar el Evangelio ahí.

 

Yo no sé quién se va a incomodar más, ¿si esos demonios o yo? La verdad yo no me incomodo, pero me da celo porque Dios dio a su Hijo en la cruz del calvario para salvarnos a nosotros, dio su Palabra parta que creciéramos en ella. Y yo no me puedo conformar que alguien venga y quiera derribar lo que Jesús hizo en la cruz del calvario, yo no me puedo conformar con eso. Es demasiado celo que siento por la casa de Dios, por mí mismo, yo mismo me exijo todos lo días ser mejor cada día. Y yo no puedo permitir que de la noche a la mañana alguien venga y quiera destruir lo que Dios hizo con tanto amor, no lo puedo permitir.

 

El Señor dice: no erréis, no erréis. No cometas errores, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. No te equivoques, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. A veces jóvenes, hay muchos aquí, jóvenes a veces tienen conversaciones muy, como muy ligeras. Oye, ¿qué se siente fumar? Y le dices a tu amigo de la universidad o de la prepa, oye, ¿qué se siente fumar? Ah no, pues… Ah qué tanto es tantito. Oye ¿qué se siente tener relaciones? Y hay una presión sobre eso.

 

No pasa nada. Oye, ¿qué se siente esto, qué se siente aquello? Y estamos tratando de indagar, qué se siente esto, qué se siente drogarse, qué se siente tener sexo, qué se siente fumar, qué se siente perforar mi rostro, qué se siente perforar mi cuerpo. Y como la gente dice: no se siente nada, no pasa nada. Pensamos que sucede lo mismo que cuando Eva tomó de ese fruto y dijo: mira, dijo Dios que íbamos a morir, y mira, vivita y coleando. Ahí tú dices. Y entonces ve Adán y dice: bueno pues si es cierto, estás viva. Pues a ver dame.

 

¿Qué se siente? Oye ¿Qué las drogas matan? Pues si mataran ya estaría yo 3 metros bajo la tierra. Y mira, vivito y coleando. ¿No? Date un jalón. Amados, el problema, déjame decirte: el problema no está en la primera vez, el problema está en lo que viene después de la primera, ahí está el verdadero problema. El problema está después de lo que viene de la primera vez.


Hace tiempo les decía: si es difícil dejar lo que no conoces, es difícil a veces decir: híjole, es que no quiero aunque no he probado esto, no quiero, es difícil. Imagínate cuando ya lo pruebas, imagínate cuando ya estás sumergido en eso, es mucho más difícil. A cuántos Dios no nos ha sacado de las drogas, del adulterio, del alcohol; de dónde Dios nos sacó a cada uno de nosotros. ¿Nos fue difícil? Claro que nos fue difícil.

 

¿Por qué vamos a permitir que nuestros hijos también pasen esa escuela o ese proceso, o esa situación? Si hoy podemos defender a nuestros hijos con la Palabra de Dios. No acostumbrarnos nosotros a lo que pasa alrededor. ¿Qué pasa? Lo que pasa es algo muy sencillo, lo que pasa es que después de esa primera vez quieres una segunda. Yo no fumaba cuando tenía 17 años, y mis amigos fumaban y yo decía: guácala huele muy feo, horrible. Y un día estábamos ahí en una colonia y estaban sacando su cigarro, y entonces yo los veía y dije ¿qué se siente?

 

Y no falta el amigo que te dice: ah pues dale una. Me pasó su cigarro y le fumé, y sentí que me quemaba acá la garganta, y dije: ¡qué es esto! Pero cuando trabajé y tuve mi primer sueldo, fui y compré una cajetilla de cigarros pero que fueran mentolados para que no me dañara tanto mi garganta. ¿Sabes? Es como cuando traes tu primer sueldo en la bolsa y te sientes grande. Y así andaba yo.

 

Hasta llegaba a la fiesta y les andaba yo invitando el cigarro, para que vieran que yo ya fumaba. ¡Qué vergüenza! Pero después de ahí no le paré, mi garganta se empezó a adaptar, mis pulmones se empezaron a adaptar, yo me empecé a adaptar, no pasaba nada. ¿De acuerdo? Yo antes corría, empecé a fatigarme más. Fue hasta que conocí del Señor, imagínate desde los 18 años, a los 31 que conozco al Señor, ¡Dios me guarde! Claro no era de los que acá fumaba mucho, y no me estoy justificando pero, no me gustaba ni siquiera el sabor del cigarro; pero era ya una costumbre.


Antes de llegar al Señor yo no bebía, como un año antes que empecé a tener un cúmulo de bronca enorme, por ahí escuchaba de algunas personas que decían: Mira, por lo menos un traguito y ahí te la vas pasando ligera. Y yo dije: ah, pues un traguito. Y me empecé a ir los viernes a echarme un traguito ¿no? Y el día que el Señor me alcanzó estaba yo ya solo porque ya mi esposa se había ido. Y yo dije: un traguito. Gracias a Dios no encontré a alguien con quien echarme el traguito ese día, y al otro día llegué a los pies de Cristo.

 

¿Sabes? Es una mentira: poquito no afecta, qué tanto es tantito.  ¡Tu muerte! Punto y se acabó, así literal. A ver date un trago de veneno. ¿Verdad que no? Tantito, al fin que no pasa nada. ¿Sabes por qué las botellas traen una calaca así dibujada? Porque es veneno y eso te advierte. Pero no hablamos a veces las cosas como son. ¡Es pecado, punto y se acabó! Queremos disfrazar las cosas: ah no pasa nada. ¡Es pecado, punto, Dios no está de acuerdo! Y se acabó, aquí no hay de que quiero o de que si no quiero; Dios no aprueba eso y se acabó.

 

Oye, ¿qué pasa si yo hago esto, si yo hago aquello, qué pasa si me visto así, qué pasa si me visto asá? Algún día le dije yo a un joven: Mira, has lo que quieras lo único que te voy a decir es que si estás buscando en la Palabra de Dios una justificación, que te permita hacer lo que estás haciendo. Lo único que quiero decirte es que ¡no la vas a encontrar! Algo que te justifique de lo que estás haciendo. Lo único que te tengo que decir es lo siguiente: lo que tú haces, como te ves, y como tú te expresas, ¿glorifica a Dios? No. Entonces, deja de hacerlo, sencillo.

 

Estamos buscando, estamos rodeando el evangelio qué nos dice para hacer. Y la Palabra es correcta, es perfecta. Por mucha moda que haya mis amados, debemos ver los principios y meditar sobre los cimientos de nuestra vida. Por mucha libertad que yo puedo llamarla libertinaje, por mucho libertinaje que haya, yo no me puedo acostumbrar a ello. Yo no debo aceptar vivir como vive el mundo. NO, ustedes mismos se permiten. Y es ahí el tema cuando estamos en una necedad de yo quiero hacer esto. Mira, haz lo que tú quieras, pero esto no es lo que Dios mandó.

 

Y queremos adaptar las cosas. Bueno, como ya es una moda el divorcio, pues entonces, ya ni modo nos divorciamos y al cabo que Dios es grande en misericordia, y acepta al hombre con su segunda mujer, con su tercera mujer, con su cuarta mujer. Mira, Dios no rechaza a aquellos que se separaron sin conocerlo, dios no los rechaza.


Si una persona viene como yo llegué, pues separado de mi esposa que gracias a Dios restauró mi matrimonio, pero, así hubiera llegado con drogas, con alcoholismo, hubiera llegado en cualquier situación lo hice en desconocimiento de la Palabra de Dios, y Dios me recibió, me restauró, me amó, me levantó, y me dio un nombre. Lo malo es cuando yo conociéndolo voy y hago lo mismo. Alguien ha visto el partido de béisbol, y ven como de repente golpean la bola y dicen: home run, home run, home run.  Y va la pelota, y va la pelota y cuando está el muro golpea ahí, y zaz se regresa.

 

A veces muchos cristianos están así. Dios les da tal impulso y tú lo ves  y dices: Wow, el hermano ahí va, ahí va liberando sus cosas, sus broncas, su familia, su matrimonio; y pum pega y ahí va de regreso. El hermano ya cayó en adulterio, ya cayó en esto. Parecemos pelotas que no clavaron el home run, sino que golpean en la pared y se regresaron. Dios ya nos dio una dirección para hacer un home run, Dios ya nos dio dirección para rebasar cualquier altura. Pero el hombre es necio y a veces golpea y quiere regresar a su vida pasada.

 

Lo que Dios quiere mis amados, es que los que ya conocemos el Evangelio, ya no estemos mirando hacia atrás. Si en el mundo hoy por hay la gente se divorcia y es común que se divorcien porque dicen que no se entienden; déjenme decirles a todos los matrimonios que en Jesucristo terminas entendiéndote por supuesto. Aquellos que piensan que es bueno dejar a su marido, que es bueno dejar a su esposa, déjame decirte que Dios te da la sabiduría para vivir con esa persona en felicidad, en gozo y en paz.

 

Si aquellos que se están divorciando, que piensan divorciarse, que piensan que ya no se aman, déjame decirte que Dios es amor. Y cuando le permites que entre a tu casa, Dios llena ese hogar de amor. Hoy te puedo decir que amo más a mi esposa que cuando la conocí de novios, te doy mi palabra que yo a amo más, porque el amor de Dios que está en mí, permite que yo se lo de a ella. 

 

Pero la manera en la que yo la venía amando era una costumbre que el mundo dice, es que ya se me fue el amor, es que ya no siento que haya amor. Pues sí es cierto, ya no sientes que haya amor, pero me acostumbro a eso. Hoy es una costumbre tener una esposa y una amante. Hoy es una costumbre para los jóvenes no casarse por si no nos entendemos, pues nos separamos y cada quien para su casa. Hoy es una costumbre ni siquiera comprometerse, tener relaciones sexuales. Hoy es una costumbre hacer muchas cosas, es una costumbre.

 

¿Y qué crees? En la Palabra no existen las costumbres. La Palabra de Dios es correcta. ¿Cuesta trabajo ser cristiano? Por supuesto pero acepto el reto. ¿Cuesta trabajo vivir en santidad y en rectitud? Por supuesto, pero acepto el reto. Mi galardón no está aquí, está con Él, mi lugar está con Dios, mi eternidad está con Jesucristo. Si yo comparo este mundo con la eternidad, es como una gota de agua en el inmenso mar, punto. Esa pequeña gota es mi tiempo de vida en esta tierra, es muy poca a la eternidad que voy a vivir con Jesús.

 

 ¿Por qué la voy a desperdiciar? ¿Por qué voy a dejar que se derrame esa gota en un lugar que no tiene que derramarse? Yo dejaré que esa gota se conserve para Él, para vivir por la eternidad con Jesús. Ahí donde es el lloro y el crujir de dientes, justamente ahí es donde la gente quisiera una nueva oportunidad. Pero ¿qué crees? Ya no la va a haber. Y ve lo que pasó con Lázaro el leproso. Es en esta tierra amados, donde debemos tener una convicción de seguir a Jesucristo.

 

Es en esta tierra en donde se necesita hombres y mujeres valientes y sabios. Es en esta tierra donde Dios está clamando por hombres que defiendan la Iglesia. Hombres que realmente se atrevan, discúlpame no alguien que intente ser un varón o una mujer, o que finja ser un cristiano y no lo sea. Perdóname si esto está llegando a tu corazón, pero yo te dije que hoy esta palabra no es para ti nada más, también es para mí. Yo defiendo el Evangelio y de verdad, de verdad no tienes una idea cómo lo hago, en la calle o donde sea.

 

¿Dónde estamos los cristianos? ¿Por qué estamos dejando que el mundo esté apagando el corazón de los jóvenes, de los matrimonios? ¿En qué estamos perdiendo el tiempo cristianos, en qué estamos perdiendo el tiempo la iglesia? ¿En qué lo perdemos? Estamos al tanto de la última moda. Estamos al tanto de la última noticia. Estamos al tantos de  en el Facebook criticando a los Presidentes, y estamos desocupándonos de orar por él, estamos desocupándonos de orar por nuestra nación.


La oración se está perdiendo y el cristiano se está durmiendo y acostumbrándose a las modas. Una forma de no acostumbrarte es orar para que sean derribadas ellas. Había un testimonio de un hombre que estaban poniendo un bar en su casa, y dijo: este bar va a ser de perdición. Y empezó a orar y dijo: Señor, que se seque como la higuera y que se clausure este negocio. ¿Sabes? La quisieron levantar 3 veces, y las mismas 3 que se secó y no prosperó ese negocio, ese antro, ese lugar de vicio.

 

¿Cuántos estamos dispuestos a hacer eso? Nos acostumbramos. No son de mi familia pero, ¿y si fueran de la tuya? Ve a esas personas como si fueran tu familia. Eso es no acostumbrarnos. Jesús les dijo: mira, al principio no fue así, varón y hembra los creó. Quiero que se vayan al principio, déjense de las costumbres, déjense de las escuelas que les están metiendo tanta basura; al principio no fue así, la Biblia no dice eso.

 

Hoy si viene alguien a decirme: es que me quiero divorciar. ¡Perdóname, el consejo que yo te voy a dar va a ser este! Y luego va por ahí con otro líder, y el líder le dice lo mismo. Y va con otro y le dice lo mismo. Termina yendo con su amigo que le dice: Déjala, déjalo, traes bronca. Y dice. Mira, éste hombre o mujer es más consciente que los cristianos, yo por eso no soy cristiano. Buscan algo que les ajuste, una cuña que les permita sostener su pecado; pero no lo encuentran con nosotros.

 

¿Cuántos invocan el nombre de Jesucristo? ¡Apártate de toda iniquidad! Así de sencillo. Ve lo que dice la Escritura: 2 Timoteo 2:19b Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Nuestra obligación, nuestra responsabilidad es apartarnos de toda iniquidad.

 

Todos sabemos que Salomón edificó un templo para Dios, ese templo que él edificó tenía cimientos. Los cimientos los hizo de material muy costoso, demasiado costoso mis amados; y pensó perfectamente bien cómo iba a edificar esa casa. Y puso los detalles en la construcción de esa casa. Decía el hermano Jesús en la mañana en el curso, que él estaba frente a un lugar, y estaba viendo todos los detalles que tenía. Con mucho detalle habían fabricado y habían hecho todas esas cosas.

 

Está bien, hubo una dedicación, finalmente un templo pagano, pero hubo una dedicación. Y deberíamos avergonzarnos que alguien le ponga más atención a los ídolos que nosotros a la casa de Dios. Pero dice que Salomón puso lo mejor y se fue a los cimientos y construyó los cimientos para hacer el templo de Dios. Pero ¿qué creen? Los cimientos no se ven mis amados, los cimientos están tapados y de ahí para arriba. Sin embargo les puso demasiado cuidado.

 

Esos cimientos están en nuestro interior mis amados, casi nadie los ve, pero sí deben de sostener el templo que eres tú, el templo del Espíritu Santo. Esos cimientos son su Palabra y está en nuestro corazón. Pero fíjate lo que dice el Señor con relación a esos cimientos:

 

1 Reyes 6:11-13 Y vino palabra de Jehová a Salomón, diciendo: 12Con relación a esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos e hicieres mis decretos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré contigo mi palabra que hablé a David tu padre; 13y habitaré en ella en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.

 

Ahí está el fundamento. Podría poner un templo, podría construir valga la redundancia una construcción, pero dice el Señor: espérame no estoy en todo lugar. Estoy en un lugar que tiene estos principios, estos fundamentos. Tú quieres que Dios esté en tu vida, en tu matrimonio, con tus hijos, en tu casa en tu trabajo, a donde tú estás quieres que Dios esté porque tú eres un templo y él ha puesto su Palabra en tu corazón por cimiento.

 

Dice el Señor: ¿Sabes? Con relación a esta casa, con relación a ti, con relación a tu vida; si tú andas en los  estatutos, si tú haces los decretos, si tú guardas todos mis mandamientos y andas en ellos; el Señor va a cumplir su Palabra sobre tu vida. El Señor va a cumplir su Palabra de bendición sobre tu vida, pero solamente si tú lo haces. No es que los demás lo hagan, es si tú lo haces, y estos son los cimientos, estos son los fundamentos.


Salomón construyó y buscó el mejor material, pero aunque hubiera habido el mejor material, si no hubiera hecho esto Salomón Dios no hubiera estado en ese lugar por mucho que tuviera muy buenos cimientos, por mucho que tuviera muy costosos cimientos. ¿Sabes una cosa? Dios puso en ti su Palabra, así como hay cimientos en base a la Palabra que es nuestro fundamento, también el mundo tiene cimientos, también el mundo fundamenta sus actos y sus obras.

 

Hay fundamentos bíblicos, hay principios, y también el mundo tiene fundamentos con los que se defienden. Lo dice claramente la Escritura en 2 Samuel 22:16  Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo. Y los cimientos de ese mundo son justificaciones para sus obras. Entonces, ¿sobre cuál edificas, sobre cuál te levantas, sobre cuál quieres caminar? 

 

¿Sabes? Hace un rato que estábamos en la alabanza, tomé esta nota y te la quiero compartir. Recuerdan ustedes la historia de esa mujer que entró ahí donde estaba Jesús sentado, y traía en un alabastro un perfume de nardo costosísimo, ¿se acuerdan?  Y se acuerdan cómo lo derramó y subió un aroma agradable al Señor, ¿se acuerdan? ¿Sabes? Tú vales más que ese perfume. Ese perfume era muy costoso, pero tu vida es mucho más costosa, y Dios pagó un precio.


Jesús cuando fue a la cruz del calvario, estando en la cruz él sabía el precio tan caro que eres y que vales. Pero ¿sabes? Nosotros mismos a veces no lo hacemos valer, cuando andamos en el mundo. Es como si le gastáramos un poquito a ese perfume de nardo. Qué te parecería esto: que guardarás un poquito de aceite por ahí, y  a ese otro aceite, a ese otro perfume tú le agregaras alcohol.
 Lo adulteras, lo alteras y después lo agitas y le dices: toma Señor, yo te doy eso, mira está bien llena, huele igual, pero tiene un buen fijador. No es de Fraiche, pero huele igual que el original.

 

¿Sabes? Eso se llama piratería, Dios no quiere hijos piratas, Dios no quiere cristianos piratas. Cristianos que de la cabeza a la cintura estén llenos de aceite, y de la cintura a los pies, estén llenos de alcohol. Perdóname lo que te digo: ¡Dios no quiere cristianos piratas! Donde él derramó su unción, donde él derramó su aceite; está hasta la mitad nada más de tu cuerpo y todo lo demás ya lo llenaste de alcohol, ya lo llenaste de humo de cigarro, ya lo llenaste de adulterio. ¡Eso no puede subir delante de Dios como algo genuino!


Dios no contaminó su sangre para derramarla en la cruz. Una sangre adulterada, una sangre alterada, ¡no! Fue una sangre pura la que Jesucristo derramó en la cruz. ¿Qué hubiera pasado si el Señor se empieza a comer grasa, grasa? Él no hubiera entregado en la cruz su sangre pura, la sangre hubiera estado llena de triglicéridos y de colesterol.

 

Discúlpame, la sangre de Jesús es santa y limpia. Y nosotros queremos presentarnos delante de él como un perfume de nardo con la mitad de unción, y con la mitad del mundo. ¡Eso no sube delante de Dios! Mira, necesitamos ser llenos de su Espíritu para que se empiece a vomitar de nosotros la inmundicia. ¿A quién queremos parecernos, a Jesús o a la última moda? ¿A quién quieres parecerte? Cada día que pasa tenemos que parecernos cada vez más a él.

 

Decía el hermano Jesús aquí en la alabanza: es que Dios es así como ese sol que resplandece, y nosotros como esa lupa que a través de nosotros filtra y llega hasta esos lugares, y enciende cualquier lugar.  ¿Qué onda con nosotros jóvenes? Así se hablan ¿no? ¿Qué onda contigo? ¿Qué pasó con nosotros? ¿Estamos siendo genuinos, auténticos cristianos, o somos mitad mundo y mitad Jesús? ¿Qué somos? Por eso perdemos la identidad, no sabemos qué somos. Si miramos hacia abajo, decimos. Somos cristianos. Y si miramos hacia arriba decimos. Somos mundanos. ¡Así nos vemos!

 

Es como mitad pez, mitad hombre o mujer. ¿Serás un tritón o una sirena? ¡Ni existen! Pero espiritualmente así andamos, como la mitad de una cosa y la mitad de otra. ¡Dios no quiere eso! No debemos estar contaminados de las costumbres de este mundo. Tenemos un fundamento y es Jesús.

 

La Biblia habla con relación a dos personas que edificaron su casa, y los que edificaron esa casa uno edificó y cavó hasta que encontró la roca y sobre esa roca edificó su casa. Otro edificó sobre la arena. Es más fácil edificar sobre la arena porque no tienes que rascar. Pero a eso llamamos fundamento, un fundamento ligero, un fundamento que no tiene mucho trabajo que hacer, un fundamento que es muy fácil hacer.


Pero hay otro que tiene que hacer mucho trabajo, y es hasta encontrar la roca. ¿Sabes? Esa Roca es Jesucristo. Jesús le dijo a Pedro: ciertamente tú eres Pedro, tú eres piedra; pero sobre esta Roca (o sea Jesús mismo), edificaré mi Iglesia, no sobre tus fundamentos, no sobre lo que tú quieras. La voy a edificar sobre lo que yo digo, sobre los principio, sobre la Palabra de mi Padre. Yo soy esa Roca en donde las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.


Esa Roca es Jesús, ese fundamento es Jesús, tu fundamento es Jesús, esa construcción eres tú mismo. Y si muchas veces te caes, solamente piensa si tus cimientos están bien sustentados en esa Roca, o a lo mejor estás parado por ahí en la arena. Piensa en tu fundamento, ¿en qué estás fundamentando tu vida? Piensa, ¿en qué lo estás haciendo?

 

Todo lo que quieras hacer en este mundo piensa si Dios lo aprueba, piensa si con eso agradas a Dios, piensa si con ello glorificas a Dios. Todo lo que tú hagas, pregunta si realmente todo lo que estás haciendo glorifica a Dios, o solamente te estás dejando llevar por un gusto, por una costumbre, por una moda.


Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.  Si no pones tú el fundamento que es Jesucristo en tu vida; si no permites que ese fundamento esté en tu vida; en vano lo que hagas va a edificar tu vida. Si tú no permites que Dios sea el que entre a tu matrimonio, entre con tus hijos, si tú eres permisible con tus hijos, si tú les permites que hagan lo que quieran; déjame decirte que entonces, esos jóvenes, esos niños el día de mañana pueden perderse. Tienes que hacer frente, tienes que hablarles de Dios, tienes que hablarles de la Palabra.  

 

No es sencillo seguir a Jesús, hermanos no es nada sencillo. Como no es sencillo cuando eres niño, caminar. Como no es sencillo dejar a tus padres la primera vez que te inscriben en la escuela, no es fácil. Como no es fácil la primera vez que dejas a tus padres para casarte y enfrentar toda una vida. Hay muchas cosas que no son fáciles en la vida, yo creo que en todas tenemos que trabajar en todas, para poder lograr lo que queremos.

 

Seguir a Cristo no es nada fácil. Absolutamente nada fácil. Aquel que haya dicho que es bien fácil, híjole si así fuera el Señor no hubiera dicho: el que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Es impresionante. Pero mira lo que cuesta seguir a Cristo:

 

Lucas 14:25-33 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que  viene contra él con veinte mil? 32Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

 

Hay cosas que nos estorban para poder seguir al Señor, cosas que nos estorban para no poder continuar con esta misión; pero si aun el Señor nos dice que nosotros mismos debemos aborrecernos. No significa que a nuestra persona, sino a nuestras costumbres. Porque el Señor dice que amemos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; y amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

 

Nos ama de amarnos a nosotros mismos. Y aquí en esta Escritura dice que no se aborrece a sí mismo. Ah caray. ¿Sabes? Es algo muy sencillo, significa que aborrezcamos todo aquello que todavía está en nosotros que nos impide seguir a Jesús. Esta palabra yo quiero dejarla en tu corazón; yo no sé si estés viviendo bajo ciertas costumbres, y yo te lo estoy diciendo, y te pediría si en tu corazón naciera por ahí un pensamiento de: este hermano es algo religioso. Déjame decirte que una persona que ha buscado la santidad ha crecido tanto en su ministerio, en el ministerio de Dios de una manera impactante, y Dios lo usa de una manera poderosa.


Si tú quieres ser usado de tal firma que se pueda mostrar el poder de Dios en tu vida, tienes que empezar a ver claramente en tu vida y en tu corazón, y ponerlo delante de Dios y decir qué es lo que no te agrada. Yo no sé si algunos de los que están aquí, tenga todavía por ahí algunas costumbres que les están impidiendo que reciban de parte de Dios, aquellas cosas que Dios ya tiene preparadas para cada uno de nosotros.

 

Y yo quiero retarte en esta hora, a que si es ese tu caso, en este momento tú te despojes, y te despojes de lo que te está estorbando para poder ver, para poder vivir y para poder anunciar las glorias del Reino. ¿Hay algo que te estorba? Entrégaselo al Señor. Este es un altar demasiado grande donde el Señor en su misericordia nos quiere dar una segunda o una tercera, o una cuarta oportunidad. Tal vez has luchado mucho para dejarlo y no puedes hacerlo, pero has peleado con tus fuerzas.

 

Pero Dios quiere manifestar su gloria en tu vida. Y tú tal vez dices: pero ¿cómo le hago? Si en mi vida pasada fui… No importa lo que fuiste, importa lo que serás a partir de hoy hacia adelante. Hay cosas que todavía tú quisieras dejar, ven a ese altar, entrégaselo al Señor. Demos la oportunidad y miremos a lo profundo de nuestro corazón, ¿hay algo que debas entregar en esta hora? Ven y entrégalo. Sal de la comodidad de tu silla y muévete y entrégalo al Señor. Deja que a través de la ministración en este momento empiece el Señor a darte las fuerzas, la sabiduría, el carácter para ir dejando aquellas cosas que hay en el corazón que todavía no puedes dejar.

 

El problema más grande que hay a veces en nosotros como seres humanos, es que nos cuesta aceptar que nos hemos equivocado. Dios ha puesto su Palabra en nosotros para que nosotros hagamos conforme y su voluntad. Pero si algo en este momento quieres entregar algo al Señor, entrégaselo ahora.

 

Padre en el nombre de Jesús aquí están tus hijos entregando sus debilidades, entregando aquellas cosas que en este momento ellos con sus fuerzas no han podido vencer. Peor tú Padre que eres bueno, y que das las fuerzas ayúdalos por favor. Levántalos en el nombre de Jesús, todo lo que en este momento están entregando tus hijos, en este momento les sea quitado de una vez y para siempre en el nombre de Jesús. Que sea tu Espíritu Santo trayendo la sabiduría y la fortaleza.

 

Padre, gracias por tu Palabra, gracias por esos cambios que mis hermanos van a tener en ti, y para ti. Gracias Padre por tu misericordia, conoces el corazón, la necesidad de mis hermanos, conoces las áreas en donde están peleando, donde están batallando; que tu Espíritu Santo les de la fuerza y la sabiduría para poder enfrentarlo y poder derribar aquello que se ha levantado. Gracias por tu Palabra, te bendecimos, te damos toda la honra y toda la gloria en el nombre de Jesús. Amén.

 

Dios te bendiga.

 

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