INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

ANDAMOS POR FE

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

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2 Corintios 5:7  Porque por fe andamos, no por vista.

 

Analizando todos estos años en el ministerio, en el pastorado, he podido advertir que el mayor problema del cristiano es que precisamente andamos por vista no por fe, como debería ser, como dice el apóstol Pablo. Por eso nosotros no podemos ver cumplidas las promesas de Dos en nuestra vida, por eso leemos en la Palabra, leemos promesas que Dios tiene, vemos bendiciones, el Señor nos hace promesas específicas a cada uno de nosotros.

 

Y va pasando el tiempo y vemos que las cosas no suceden, no vemos los milagros, no vemos las sanidades, no vemos la prosperidad económica, no vemos cosas grandes y maravillosas como la Palabra lo dice, como Dios lo promete. Y la pregunta en términos normales es ¿por qué? ¿Qué está pasando? ¿Qué estamos haciendo o qué estoy haciendo mal en lo personal, en lo particular por lo cual no vienen las promesas de Dios, por lo cual no se manifiestan? ¿Por qué aun muchas ocasiones las cosas se tornan más complicadas, más difíciles?

 

Y cuando miro la Palabra  me doy cuenta que precisamente lo que dice el apóstol Pablo es lo que nos está fallando. Él dice: Porque por fe andamos. Y creemos que la fe  simplemente luego es creer en Jesucristo. Ah yo creo en Jesucristo y ya tengo fe, y ya es suficiente para que todas las cosas sucedan de acuerdo a como dice al Escritura, para que todas las bendiciones vengan. ¡Y no es así! Tiene que haber en nosotros una verdadera fe. No podemos andar por vista, es decir, nosotros no podemos dejarnos guiar por lo que vemos, por nuestras circunstancias o por nuestras situaciones. 

 

Nosotros, y lo sabemos, somos espíritu, alma y cuerpo; y le damos prioridad al cuerpo, le damos prioridad a lo material, a lo que nosotros vemos. Como nosotros no vemos lo que hay en el espíritu, lo abandonamos, no lo cuidamos, no estamos al pendiente de su fortaleza, de su crecimiento. Como no vemos lo que sucede a nivel espiritual pues también hay cosas que no creemos hasta que nosotros lo vemos.

 

Somos como aquel discípulo de nuestro Señor Jesucristo, como Tomás, cuando le dijeron los demás discípulos: ¡Jesús ha resucitado! Y entonces Tomás dijo: bueno, hasta que yo vea su costado traspasado y en sus manos meta mis dedos, dice, hasta entonces yo voy a creer que ha resucitado. De ahí el dicho de: hasta no ver no creer. Pero bienaventurado dice el Señor, el que sin ver ha creído. Y la Palabra nos mueve a que nosotros tenemos que creer.


Ayer me llamó mucho la atención algo que escuché. Me comentaron de una familia que se dedica al espiritismo, es decir a la invocación de muertos. Una práctica que va  en contra de lo que dice la Palabra de Dios. Ah pero son creyentes de Jesús. Entonces dices: ¿cómo es posible que por un lado seas creyente de Jesucristo y por otro lado seas espiritista? ¡Es incongruente! Lo que pasa es que quieren las bendiciones de Jesús, creen en Jesucristo, creen que es el Hijo de Dios, creen que es el salvador pero no hacen absolutamente nada de lo que dice su Palabra, siguen viviendo de acuerdo a como quieren vivir. 

 

Entonces, cuando yo miro aquí en la Escritura que dice el apóstol Pablo prácticamente: los cristianos por fe andamos. Es decir, tenemos una fe perfectamente bien cimentada, una fe de acuerdo a la Palabra de Dios, una fe que se mueve conforme y dicen las Escrituras. Les decía también, nosotros como somos espíritu, alma y cuerpo, y lo material, lo que está en el cuerpo nosotros lo vemos y vemos a nuestro alrededor; pues entonces de manera normal ignoramos lo que sucede a nivel espiritual.


Tan es así que curiosamente luego los cristianos nos escondemos de otros cristianos para que no vean que estamos haciendo algo mal. Nos escondemos de los cristianos para que no vean que pecamos, nos escondemos de los cristianos para que no vean lo que nosotros hacemos. Y nos olvidamos de que Dios nos está viendo en todo momento. Es decir, no le damos importancia de lo que está en lo espiritual, finalmente seguimos viendo y nos seguimos guiando por lo que vemos no por la fe, sino por lo que vemos.


Hace tiempo salieron unas calcomanías especiales para los autos que se ponían prácticamente en la parte de atrás del coche, en la cajuela. Era un pescadito principalmente, y entonces ponían ese pescadito y decían: ah, ahí va un cristiano. Y ese es cristiano. Y yo pongo el pescadito para que sepan que soy cristiano.

 

Ah pues una persona de mi familia, mi esposa dijo: yo no voy a poner ese pescadito, porque si me equivoco manejando, porque si hago algo que está mal, entonces van a decir: ah, y es cristiana. Dice: mejor así que nadie sepa. ¡No, no lo entiendo, no lo puedo entender! O sea, ¿somos o no somos? Y es lo que dice el apóstol Pablo.


El problema es que no le creemos a Dios lo que dice, no creemos del todo lo que dice la Palabra del Señor. Si Dios nos dice: ¡eres sano! Nosotros lo creemos siempre y cuando veamos la sanidad, siempre y cuando yo me sienta bien, siempre y cuando no tenga alteraciones, siempre y cuando no haya ningún problema. Si Dios dice que somos prosperados en lo económico, lo creemos hasta que vemos la prosperidad. Si no la vemos, no le creemos a Dios.

 

Aunque el Señor nos diga: eres prosperado, ¡no lo creemos! ¿Cómo voy a ser prosperado y sigo en mi misma situación? ¡No es posible! Cómo me está diciendo Dios que soy prosperado y que este año hay prosperidad, y yo sigo con mismas circunstancias, las mismas deudas, los mismos problemas económicos, ¡no es cierto, las cosas  no están bien! Y precisamente es de lo que se trata lo que dice el apóstol Pablo, que tenemos que andar por fe no por vista.  

 

Por eso es que el enemigo para vencernos hace algo muy especial: siempre, siempre ataca a nuestra fe, siempre lo va a hacer. Es ahí donde está su blanco, en nuestra fe. Siempre, siempre la va a atacar y va a  hacer que nosotros veamos las circunstancias. Que no importa lo que diga Dios, que nosotros veamos las circunstancias.

 

Por ello Pablo dijo cuando habló sobre la armadura de Dios, allá en Efesios 6, dijo que una de las partes es el escudo y dice: vestíos del escudo de la fe con que podamos apagar todos los dardos de fuego del maligno. Los dardos de fuego del maligno vienen a nuestra mente, vienen a decirnos: Dios no es lo que Él dice, no es cierto lo que Él te promete, Él no es fiel, Él no es verdadero. Mira, El…

 

Y nos empieza a hablar en contra de Dios para que nosotros estemos en contra de Él, para que nuestra fe se caiga y nosotros dudemos de Dios, y entonces nos apartemos de Él. Y finalmente acompañemos al enemigo a su morada eterna, ¿si sabes cuál es? ¡El infierno! El infierno dice la Palabra de Dios fue preparado para Satanás y sus huestes, ¡no para la humanidad! Pero la humanidad por su desobediencia, por su falta de fe, por no creer lo que dice Dios, ¡lo va a acompañar! Nosotros tenemos que afirmarnos en la Palabra de Dios, en nuestra fe.


El apóstol Pedro hace una advertencia importante:

 

1 Pedro 5:8  Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.

 

Lo primero que tenemos que hacer es analizar dos palabras que utiliza aquí Pedro: 1) Sobrios y 2) velar.  De acuerdo al diccionario sobrio se aplica a la persona que se controla, que es moderada, discreta y austera en su forma de actuar. Velar, es estar sin dormir el tiempo normalmente destinado al sueño.

 

Cuando Pedro habla sobre ser sobrio y velar, se está refiriendo a algo muy importante, y es que hagas lo que tú debes de hacer como creyente, como hijo de Dios, como una persona que conoce de la Palabra, que hagas según Cristo, que hagas según su voluntad y que estés alerta en todo momento. Que estés alerta en lo espiritual porque viene el enemigo a atacarte.


Si tú te confías, si tú no estás alerta, si no estás velando, y si no estás en la actitud correcta que es estar de una manera constante orando, buscando tener relación, comunión con el Señor; entonces el enemigo te va a golpear. Y va  a golpear y va a venir y va a quebrantar tu fe. Lo material es una consecuencia de lo espiritual.

 

Y si en lo espiritual él te golpea, y golpea tu fe haciéndote creer que Dios no es poderoso, que Dios no está contigo, que si tiene todo el poder y es el creador de todas las cosas pero, que a ti no te hace caso, que a ti no te escucha, entonces va a haber problemas severos. Y entonces él va a ganar terreno y entonces te va a devorar.


El enemigo dice la Biblia anda como león rugiente,
como león rugiente, buscando a quien devorar.

Yo no sé si tú has visto documentales de cómo asechan los leones. Están atentos, pendientes, y pasan horas y pueden pasar días; y están pendientes para que en el momento indicado atacar. Atacan a su presa, en el momento que la presa se descuida, el león las ataca.  

 

Dice el apóstol Pedro: así es el enemigo, anda como león rugiente, buscando a quien devorar. ¿Qué devoran los leones, qué comen los leones, tú sabes? ¡Carne! Si tú como creyente, como cristiano dejas que la carne te domine, si no andas en lo espiritual ¿qué crees? Le vas a oler muy rico al enemigo. Va a decir: esta carnita yo me la como, y te va a devorar, lo dice la Palabra.

 

El enemigo anda como león rugiente, buscando a quien devorar. Y si encuentra cristianos que no están velando, cristianos que no son sobrios, cristianos que no hacen lo que Dios manda, mira, los va a devorar. Por eso podemos encontrar en todas las iglesias cristianos en todo el mundo, gente que se ha apartado del Señor. ¿Por qué te apartaste? Ah es que me hicieron caras. Es que me hablaron feo. Es que mi líder no me habló. Es que el pastor no me dio los buenos días. Es que… Y tenemos una serie de pretextos para apartarnos, tremendos.


Y cuando nos apartamos es porque no estamos en comunión con Dios, no estamos mirando las cosas que Dios establece que miremos, ni estamos teniendo comunión, relación con Él y esto va a ocasionar que nosotros, nuestra fe se venga para abajo, nos desviemos y volvamos al pecado, y volvamos a andar ya no en el espíritu sino en la carne. Y cuando andamos en la carne dice la Escritura, entonces somos una presa fácil del enemigo, así de sencillo.

 

Dice la Escritura: 1 Pedro 5:8   Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.


Pero en la misma Palabra el apóstol Pedro nos dice qué es lo que nosotros tenemos que hacer para evitar esto. Nos dice cómo podemos ser victorioso, cómo el enemigo no nos va a devorar.

 

1 Pedro 5:9 Al cual resistid firmes en la fe.


Es decir, que yo para vencer al enemigo lo tengo que hacer con mi fe, no con mi vista. No mirando a las circunstancias, no mirando a las situaciones que me rodean. No mirando las circunstancias que yo estoy viviendo, sino con fe. Lo voy a vencer creyendo lo que Dios dice aunque no lo vea. Pero nuestro problema, insisto, como somos espíritu, alma y cuerpo y le damos prioridad al cuerpo, entonces nuestro problema es que creemos más en lo que vemos que en lo que no vemos.

 

Creemos más en lo que vemos, en nuestras circunstancias, en nuestros problemas, en nuestras adversidades, en nuestras crisis que en Dios, que en nuestra fe en Dios. Creemos más en todo lo que nos dice el enemigo, creemos a su voz y hacemos a un lado aun la voz de Dios. A todos nos pasa; el Señor viene y nos da una promesa de bendición y nos dice: vas a ser bendecido en esto, en esto y en esto. Va a haber prosperidad.

 

Uy en ese momento nos gozamos, somos felices, le damos gracias al Señor, comentamos con los hermanos en la fe que el Señor nos va a bendecir, nos va a prosperar, que ya lo dijo, ya lo declaró. Y empiezan a pasar los días y el demonio nos dice: ve tus circunstancias ¡no han cambiado, son las mismas! Y entonces empezamos a mirar nuestras circunstancias y decimos: Sí, son las mismas. No, no sé, creo en Dios pero no sé si suceda algún día lo que Él dijo.

 

Y nos empezamos a olvidar de las promesas de Dios, nos empezamos a olvidar de la palabra que Él nos dio, y empezamos a mirar una vez más a nuestras circunstancias y volvemos a estar tal vez no en la misma condición que antes sino peor. ¿Por qué? Porque alguien vino a taladrarnos y nos lanzó dardos de fuego diciéndonos: No es cierto lo que Dios dice, no te va a bendecir, las cosas están peor, ve las noticias. No vas a salir de tus deudas. No vas a tener prosperidad. Tus circunstancias van a ir de mal en peor, no es cierto lo que Dios dice.

 

Y nosotros aparentemente seguimos creyendo en Dios, pero, nuestra fe se debilita y se debilita mucho y ya no le creemos a Dios. Y eso es grave, porque entonces ya le quitamos la posibilidad a Dios de actuar con poder en nuestra vida. El enemigo siempre ataca del mismo modo, siempre. Gracias a Dios el enemigo no es creativo, ¡no lo es! Y nosotros podemos conocerlo y saber de qué manera nos va a atacar, y estar listos, estar preparados para cuando venga el ataque.

 

Pero somos olvidadizos, se nos olvidan las cosas y olvidamos lo que Dios dice y cómo Dios nos alerta. Y el enemigo es así desde el principio, así pasó con Eva.

 

Génesis 3:1-6 Pero la serpiente era astuta (no era inteligente eh, el enemigo no es inteligente, grábatelo, es astuto pero no es inteligente; si fuera inteligente no se le hubiera puesto al brinco a Dios, así de fácil) Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; (Y fíjate la siguiente frase) la cual dijo a la mujer:

 

O sea, el enemigo viene y le habla al oído, ¿a quién? A la mujer. Cuidado mujeres, hay que estar listas. ¿O tengo otra versión? No verdad, le habló a la mujer. Y fíjate lo que dice: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Es decir, lo primero que viene a hacer es confrontar a Dios y a decirle a Eva: Mira, lo que Dios te dijo ¡no es cierto! Lo que Dios te dijo ¡es de otro modo! ¡Dios no te dijo la verdad!

 

Versículo 4  Entonces la serpiente dijo a la mujer. Una vez más le habló, le dijo. Todo lo que Dios les había dicho a Adán y a Eva de que no comieran del árbol, de que estuvieran apartados de él, de que no se acercaran a él, de que tenían todo el huerto para ellos excepto ese árbol, en ese momento con una insistencia lo olvidaron, se le olvidó a Eva. Le dijo la serpiente, el enemigo a la mujer: No moriréis.

 

O sea, lo que Dios te dijo que ibas a morir, ¡no es cierto! Lo que Dios te dice que viene prosperidad a tu vida, ¡no es cierto! Lo que Dios dice que viene sanidad a tu vida, ¡no es cierto! Lo que Dios te ha dicho, ¡no es cierto, no va a pasar nada de lo que Dios dice! Casi, casi le dijo la serpiente: ¡lo digo yo, ve!

 

Y dice la Escritura en el versículo 5  sino que sabe Dios que el día que comáis de él, ¿qué sucederá? serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.


Fíjate lo que le advierte el enemigo: tus ojos van a ser abiertos. Es decir, cuando tú comas de esto te vas a empezar a guiar por la vista, no por lo que Dios dice, sino por vista. Y en el momento que hagas, eso ya no se lo dijo Satanás, en el momento que lo hagas habrás perdido ¡absolutamente todo! Primero le habla, primero le convence y después le dice: ahora tus ojos serán abiertos si tú haces lo que yo digo. Ahora vas a mirar tus circunstancias, ahora, vas a ver las cosas como son; ya no las vas a ver en la fe. Hazme caso, y vas a ver como las cosas van a ser distintas. ¡No le creas a Dios, no va a ocurrir! ¡Abre los ojos!

 

¿De dónde va a venir prosperidad a tu vida? ¿Por qué razón vas a tener sanidad? Tienes una enfermedad incurable, como ¿por qué vas a sanar? Ya lo dijeron los médicos, ¡no se puede!  Cuando no escuchamos al enemigo, le decimos al médico: Dios dijo, no hay de otra, Dios dice. Y no es nada contra los médicos.

 

Ustedes saben que hace unos meses a mi hija se le encontró un tumor, le mandaron estudios y la doctora dijo: no hay medicamento, hay que operar, se tiene que operar. Salimos del consultorio y dijimos: vamos a orar por la sanidad de nuestra hija. Y empezamos a orar; la doctora nos dijo que podíamos esperar un poco no mucho, pero que si en algún momento había un problema fuerte se tenía que operar de emergencia.


Venía el campamento de jóvenes y mi hija tenía que participar. Entonces le dijimos a la doctora: ¿podría ser para tres semanas? Y nos dijo: si no hay problema. Nos dio la orden para el hospital, para que el día indicado nosotros llegáramos al hospital y con esa orden se internara mi hija. Empezamos a orar y estuvimos orando; antes del campamento de jóvenes, unos días antes dijimos: no se va a operar, creemos que Dios ya nos respondió, hemos estado orando, vamos a hacerle un estudio para comprobar lo que Dios ha hecho. Hicimos el estudio, y en el estudio ya no había tumor.

 

Vamos con la doctora, la doctora lo ve, ve las radiografías, ve los estudios que se le hicieron, ve los estudios anteriores, veía uno, veía otro; y finalmente dijo: es que no hay nada, yo creo que le hicieron mal el estudio. Le dijimos: No, no creemos que le hayan hecho mal el estudio. Es que se lo hicieron en equis laboratorio, yo les voy a decir en qué laboratorio. No, ¡está sana, no tiene nada!

 

Bueno, vamos a auscultarla, a ver si hay algo, si clínicamente hay algo. La auscultó y dijo: no hay nada, no se palpa el tumor; ni clínicamente ni en estudios, no tiene nada. Bueno. Es que como le comentamos hemos estado orando, orando por su sanidad. Dijo ella: bueno, la verdad es que, ¿quiénes han estado orando? Los miembros de la iglesia. Ah, me los felicita. Si yo se los felicito, gracias. Y nos dijo: y cuando yo tenga un problema le voy a avisar para que oren por mí. ¡Con todo gusto! Cuando usted tenga una necesidad díganos y vamos a orar y el señor le va a responder. Y ¡gloria a Dios!


El enemigo siempre va a pretender poner a Dios como un mentiroso siempre, y va a querer poner a Dios en contra tuya, como si Dios fuera tu enemigo. Es que Dios te dijo y no ha cumplido, pues ¿qué pasó? No pues reclámale a Dios. Yo no me atrevo a reclamarle eh, en verdad no me atrevo. Y a veces pienso que tengo razón, pero no me atrevo, mejor me la llevo en paz con el Señor y le platico las cosas, y se las comento y ya.

 

¿Qué es lo que pretende el enemigo? Que tengas una idea diferente de Dios. Que tu fe no actúe, porque si tu fe actúa entonces, van a venir las promesas que Dios te da. Entonces el enemigo pretende que tu fe se caiga para que no tengas fe, para que no hagas que las cosas se manifiesten en lo material, que no pasen de lo espiritual a lo material.

 

Pero cuando estamos oyendo la voz del enemigo y nos dejamos convencer y no estamos velando, y no estamos orando, entonces pasa lo que dice aquí en Génesis 3:6  Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos. Lo que nosotros vemos son circunstancias y vemos si las circunstancias son agradables o no son agradables, y nos basamos en las circunstancias y de ningún modo en nuestra fe.


Y si vemos algo que nos agrada, decimos: pues se ve bien, se ve bueno, pues claro que sí, esto es de Dios. Y si no lo vemos bien, lo rechazamos. Y no hemos entendido que tenemos que caminar en la fe, creyendo lo que Dios dice, creyendo en sus promesas, creyendo en sus bendiciones, creyendo en lo que está escrito en la Palabra. 


En Hebreos 11, nosotros vemos que el escritor nos habla sobre la fe de los grandes varones de Dios de la antigüedad. Y nos dice lo que sucede cuando tenemos fe en lo que Dios dice. Y va hablando en este sentido y después que el escritor ya mencionó a varios gigantes de la fe del Antiguo Testamento. Dice en:

 

Hebreos 11:32-34   ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; 33 que por fe (y mira lo que hicieron por fe, te lo voy a numerar) 1) conquistaron reinos, 2) hicieron justicia, 3) alcanzaron promesas, 4) taparon bocas de leones, 34 5) apagaron fuegos impetuosos, 6) evitaron filo de espada, 7) sacaron fuerzas de debilidad, 8) se hicieron fuertes en batallas, 9) pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

 

¡Gloria a Dios! Ve todo lo que hace la fe, y lo hizo con estas personas. Y el mismo Dios que actúo ahí, actúa hoy en tu vida. Y Dios está dispuesto a hacer cada una de estas cosas que actuó en la antigüedad. Qué risa me da cuando existen cristianos que por no querer dar el diezmo argumentan que el diezmo es del Antiguo testamento. Sí, el diezmo del Antiguo Testamento porque estamos en el Nuevo Testamento. Pero este Dios que actuó en el Antiguo Testamento y que hizo todo esto en la gente que tuvo fe, es el mismo Dios que actúa hoy en día en ti.

 

Y Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, es el mismo. Por lo tanto, si yo quiero que sucedan cosas maravillosas en mi vida, cosas extraordinarias, sanidades, mejores oportunidades de trabajo, mejores niveles de vida, lo que yo quiera necesito tener algo aquí en mi mente: FE. No mirar las circunstancias, no dejarme guiar por la vista. Nos tenemos que dejar guiar por la fe.

 

Si nosotros nos dejamos guiar por la vista, nos vamos a hundir, no vamos a alcanzar ninguna de las promesas de Dios. No vamos a vivir como Dios quiere que vivamos. Andar por la fe es permitirle a Dios actuar en tu vida para hacer lo que quiera hacer y bendecirte. Dios va a actuar para bendición tuya, pero tienes que creerlo, no tienes que mirar a las circunstancias.

 

Yo recuerdo lo que hace un momento decía mi esposa, hace 32 años, un poco más; estábamos en una célula de oración, yo empezaba en las células, empezaba a ir a alguna de ellas. Y ahí, de repente mi esposa que en ese entonces era mi novia, tuvo una crisis convulsiva pero no se concluyó sino que empezó a darle y los hermanos que estaban ahí en la célula (yo era la primera vez que iba a esa célula) se levantaron y se pusieron a orar.

 

Y entonces el problema empezó a disminuir. Dejaban de orar y empezaba a aumentar el problema, la crisis. De repente una hermana que era profeta se acercó, la tomó y le dijo al enemigo: ¡Apártate de ella! Porque ella es para mí, yo la he creado para mí. ¡Sana eres! Y la sanó el Señor. En ese momento este problema se cortó.

 

Empezó a pasar el tiempo, empezó a quitársele el medicamento que tomaba; de repente tenía algunos problemas que parecía como crisis, pero nosotros siempre dijimos: ¡no es una crisis convulsiva! No sé qué sea, pero no es una crisis porque Dios la sanó. Años después le hicieron una resonancia magnética, le hicieron tomografías y demás para ver qué hacían con los medicamentos, y encontraron que no había problema y le disminuyeron todos los medicamentos y le dejaron nada más uno y una dosis mínima.

 

Pasaron los años y hace un par de meses tuvo como un desmayo, se golpeó, se lesionó muchísimo la cara; no supimos qué fue lo que pasó. Fuimos con el médico, le hicieron unos estudios, no salió nada mal en los estudios. Hace dos o tres domingos tuvo de nuevo otro problema como un desmayo, como que parecía una crisis convulsiva; fuimos con el doctor y le dijimos: son dos seguidos ¿qué está pasando? Le mandó una resonancia magnética.

 

Nosotros siempre creímos que el Señor lo que hace es total, es completo. Y consideramos que si Dios la había sanado no le iba a regresar la enfermedad, que era y es sana, nunca creímos que la había sanado a medias. ¡No cabía en nuestra mente! Le hicieron el estudio y el viernes recogí los estudios en la tarde y todo está normal, no encontraron una sola alteración. No encontraron una inflamación, no encontraron absolutamente nada. ¿Por qué? Por una razón: Porque es sana de acuerdo a la Palabra de Dios, no hay de otra.

 

Ese es nuestro Dios, y es el mismo ayer, hoy y siempre, es el mismo Dios. Y si nosotros estamos firmes en nuestra fe, las cosas van a ocurrir. No camines por vista, no camines por lo que veas; camina por lo que crees, cree. Y lo que viene a hacer el enemigo, lo que viene a mostrarnos, lo que quiere que veamos no lo vamos a ver. No me interesa ver las circunstancias, me interesa escuchar la voz de Dios y saber que lo que Dios dice, eso se cumple.

 

Vamos a mirar cuando el pueblo de Israel salió de Egipto. Sabemos por lo que está escrito que después de más de un año de estar en un pleito interno, finalmente el Faraón le dice a los israelitas que salgan de Egipto para que vayan a servir a Jehová su Dios. Y los israelitas salen y empiezan a caminar en el desierto. Pero el Faraón se enoja, se arrepiente de lo que había hecho, y además los que estaban a su alrededor le dijeron: cómo que los dejaste salir. ¡Ve por ellos y mátalos, ve tras ellos! Y dice la Escritura, que se alista el ejército de Faraón y va tras ellos.

 

Éxodo 14:9-14 Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón. 10Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová.

 

Fíjate, salen felices, después de ver un año de milagros de parte de Dios, de ver el poder de Dios de una manera constante, en este momento como ven a lo lejos que viene el ejército de Faraón, pues se espantaron y clamaron a Dios y continúa diciendo: 11Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? Le reclaman al libertador lo que hizo.


Después de un año de ver la mano poderosa de Dios en contra de los egipcios, resulta que en estos momentos que ya salieron y que además habían despojado de sus bienes a los egipcios.  Ante esta situación los israelitas se atemorizan y le reclaman a Moisés. Ay mira nos van a enterrar aquí en el desierto, habiendo unas grandes tumbas maravillosas en Egipto. ¡Sí seguro gozaban de ellas! ¿Cuál? ¡Se iban a la fosa común! Se engañan.

 

¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? 12¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Habían visto al ejército, y ya estaban reclamándole, y ya le estaban diciendo: ve Moisés, nosotros te lo dijimos: era preferible servir a los egipcios, seguir de sus esclavos. Llevaban ahí adentro 430 años, y estaban chillando por su condición de esclavos, y en este momento se les olvida.


Las circunstancias ocasionan que ellos olviden lo que ellos tenían o lo que había en su corazón, además que se olviden de Dios, se olviden de la tierra prometida, de las promesas de bendición, del poder de Dios, ¡de todo! Para reclamarle a Moisés. Y le dicen: Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto. 13Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.

 

Moisés estaba firme en algo: ¡en su fe! Moisés no estaba viendo las circunstancias, no estaba viendo que venía sobre ellos un gran ejército. Moisés estaba viendo cumplidas las promesas de Dios. Estaba viendo cumplido que ese ejército que venía detrás de ellos, Dios iba a tomar el control de ellos, y los iba a destruir, y que los israelitas nunca más serían esclavos de ese pueblo, nunca más.  Se los dice Moisés, se los profetiza, ¿por qué? Por su fe. 

 

Y continúa diciendo: 14Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. ¡Qué impresionante! Imagínate lo que pasaba por la mente en esos momentos de los israelitas: ¿Jehová va a pelear por nosotros? 430 años y no lo habían visto pelear, ¿cómo va  a pelear Jehová por ellos? Dios es espíritu, no lo vemos, ¿cómo va a pelear, cómo se va a levantar por mí? Mira, yo no sé cómo lo va a hacer, pero yo sí sé una cosa: ¡que Dios pelea tus batallas, que Dios se levanta por ti! Pero necesita algo: ¡Que tú tengas fe, qué tú no te dejes guiar por la vista!


No importa lo que los demás vean, importa lo que tú veas. Y si tú ves a un Dios poderoso y si tu fe te hace ver que tienes la victoria, ¡la vas a tener! Y se levantó con poder. Imagínate los israelitas, pobres. Pues yo veo al ejército que viene, y de este lado veo el mar; o me matan éstos o me ahogo acá. ¿Para dónde me hago? ¿Para dónde te vas a hacer?

 

Éxodo 14:15-16  Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí?

 

Uf, esta frase siempre retumba en mi mente. Imagínate ese momento en que el libertador del pueblo de Israel, está frente a todo el pueblo, está con ellos; ese pueblo está enojado, le está reclamando, le está protestando, se levanta en contra de él, lo quieren linchar, le están diciendo que por qué los sacó de Egipto. Clama al Señor como su solución, porque sabe que el Señor tiene el poder en su mano, y entonces Dios le dice: ¿Por qué clamas a mí?

 

¿Tú, qué harías? ¿Tú, qué le dirías a Dios en ese momento? Cuando vienes con Dios y te dice: ¿Por qué clamas a mí? Lo menos que le dices es: Pues porque tú eres Dios, porque creo en ti, es más porque tú me metiste en esta bronca. Moisés estaba muy a gusto allá con su suegro, con el ganado, atendiéndolo, feliz de la vida, no tenía problemas, ninguno

 

Yo estaba contento, estaba feliz siendo periodista de Excélsior, me iba muy bien, ganaba bien, tenía mi casa, o sea, todo estaba bien, ¿cuál era el problema? Y Dios me habló y me dijo: ven. Dije: va, voy. Y cuando hay broncas fuertes en la iglesia, cuando hay situaciones difíciles vengo y le digo algo, y si el Señor me dice: ¿Por qué clamas a mí? ¡Cómo que por qué, Tú me metiste en esto! ¿A quien quieres que recurra? Como dijo Pedro, para ser bíblicos: ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna. Solamente tú eres Dios, fuera de ti no hay.

 

Imagínate qué momento tan especial, en el cual vienes con Dios para expresarle lo que hay en tu corazón y como te sientes, tienes a un ejército, al mejor ejército de la época, de aquella época y que viene en contra del pueblo para hacerlo trizas. Y tienes a un pueblo que está viendo a ese ejército, un pueblo temeroso, un pueblo con miedo y un pueblo que te está reclamando.

 

Volteas al Todopoderoso, y el todopoderoso te dice: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. 16Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco. ¡Tenía la autoridad Moisés!

 

Y uno de los errores nuestros, es que venimos con Dios para cualquier cosita, cuando Él ya nos ha dado la autoridad para tomar control de las cosas, para poder sujetar al enemigo, para atarlo, para ponerlo a los pies donde lo puso Jesucristo, y no dejarlo que se levante de ahí. Ese poder y esa autoridad nos han dado.


Cuando vengas con el Señor y el Señor te diga. ¿Por qué clamas a mí? Ubica que tienes la autoridad que Él te ha dado, que tienes la potestad que Cristo Jesús te ha dado, y tienes que ejercerla. ¡No eres un recién nacido que no pueda ejercer una autoridad! Eres un cristiano que tiene la autoridad y que la tiene que ejercer. Pero analiza algo que es importante:

 

Versículo 15 Di a los hijos de Israel que marchen.

 

¿Qué hizo el pueblo de Dios, ver circunstancias o tener fe? ¿Y qué le dijo Dios que tenía que ver el pueblo? Estaban frente al mar, y Moisés por orden de Dios le dice a los israelitas: marchen, marchen. Si tú estás al frente en esos momentos, tú ¿qué pensarías? ¿Marchabas? Yo creo que no.

 

Imagínate, están ahí y Dios le dijo: Di al pueblo que marchen. Que empiecen a caminar hacia el mar, que caminen al mar. Vamos a probar su fe. Vamos a ver en qué tienen su mente, si  tienen su fe en Dios o la tienen en las circunstancias. Si la tienen en las circunstancias se van a detener y van a decir: ¡no marcho, me voy a ahogar, no marcho! ¿Sabían nadar los israelitas? No, para nada, eran esclavos en Egipto, en el desierto. No sabían, no tenían albercas en sus casas, no tenían su club deportivo, no había.

 

Entonces, la orden que Dios les estaba dando era muy arriesgada: Di al pueblo que marchen. Y entonces Moisés voltea y ve al pueblo y les dice: ¡Marchen, dice Dios! Y yo creo que vieron a Moisés y dijeron: ¡está loco! Pero ¿o marchamos o nos matan? Marchemos. Y marcharon, y ya que empezaron a marchar, que empezaron a tocar el agua, empezaron a caminar, entonces Moisés hizo algo: en ese momento toma la vara, la extiende sobre el mar y abre el mar, hasta entonces.

 

Lo que Dios te diga que hagas, tiene un orden. Y la forma en lo dice es porque así tiene que ser para que funcionen las cosas como Dios quiere. Y lo primero que Dios quiere que nosotros hagamos es que caminemos en fe, no viendo nuestras circunstancias. Cuando te pide algo Dios y te diga: ¡Camina! Camínalo, no lo dudes.

 

No esperes: es que lo voy a hacer hasta que a Dios me dé todas las circunstancias que yo necesito. ¡No, no va a funcionar y nunca las vas a tener, créemelo! No lo va a hacer así Dios. Dios tiene sus formas y son para nosotros muy raras, son extrañas y son peligrosas. Pero así son las formas de Dios, no nos queda de otra. Si te estás muriendo y el Señor te dice: ¡ve a la iglesia! Mira, no le contestes a Dios: voy cuando me sane. ¡NO! Ven a la iglesia porque algo va a ocurrir, porque el Señor te va a sanar. Haz y muévete como Dios dice que lo hagas.

 

Éxodo 14:21-27  Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. 22Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. 23Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo.

 

24Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios, 25y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.

 

26Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería. 27Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar.

 

¿Y qué sucedió? Que Jehová peleó la batalla de los israelitas. Como lo había dicho Moisés, como lo había profetizado. Por la fe Dios hizo milagros, Dios actuó y le dio libertad a un pueblo, le evitó la muerte. Andamos por fe no por vista, dice el apóstol Pablo. Y en contra posición con esto, por la falta de fe, por dejarse guiar por vista, mira que el pueblo estuvo 40 años en el desierto. ¡Qué fuerte! Después de ver todos los milagros que hizo, después de estar caminando en fe sucedió algo.

 

Dice la Biblia que Dios le dice a Moisés que envíe 12 espías, uno de cada tribu de Israel, para reconocer la tierra prometida, la tierra de Canaán, la cual Dios les estaba dando a los israelitas. Anduvieron 40 días los 12 espías por aquellas tierras viendo, observando, recogiendo los frutos. Y regresaron al campamento para dar el informe.

 

Números 13:27-33 Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. 28Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac (era gigante, eran los gigantes). 29Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán. 30Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.

 

31Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. 32Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.

 

¡Qué pena! Después de ver el poder, los milagros que Dios hizo, todo lo que estaba haciendo el señor, todo lo que el señor había hecho día tras día; resulta que en este momento ven, y dicen: hay gigantes que a nuestro parecer nosotros somos como langostas delante de ellos, nos van a matar, nos van a deshacer. No podemos entrar a esa tierra. ¡Pero es la tierra que Dios nos da, es la tierra prometida!  No importa, yo creo que Dios se equivocó, y esto es lo que hay.

 

Números 14:7-11 Y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. 8Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. 9Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. 10Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel, 11y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?

 

Ve el corazón de Dios cuando tú dudas, cuando tú no crees lo que Dios puede hacer en ti. Cuando tú le crees más a las circunstancias que a Dios. Cuando crees más en las circunstancias que a Dios, él se duele en su corazón. Y dice: ¿Hasta cuándo voy a contender con este pueblo?  No me creen, a pesar de todo lo que yo he hecho, a pesar de todo lo que hago, a pesar de lo que les muestro, ¡no me creen! Qué fuerte. 

 

Esto ocasionó que el pueblo de Israel estuviera en el desierto 40 años, un año por cada día que estuvieron los espías, 40 años. Por eso el pueblo de Israel vagó por el desierto tanto tiempo, por su falta de fe. Porque pudieron haber entrado a la tierra prometida de inmediato, antes de vagar 40 años por el desierto. Si hubieran creído a Dios, si hubieran creído en su Palabra, en sus promesas, hubieran entrado de inmediato.

 

Yo puedo advertir que nosotros luego estamos en una misma condición, y que nosotros finalmente no recibimos lo que Dios nos quiere dar porque dudamos, porque no estamos donde debemos de estar. Porque estamos viendo a nuestras circunstancias y no creyendo en el poder de Dios. Y cuando no creemos en el poder de Dios, Dios no puede hacer absolutamente nada.

 

Dice el Evangelio de Lucas que el Señor Jesús iba a Jerusalén, iba caminando entre dos ciudades: entre Samaria y Galilea. Cuando de repente le salieron al encuentro 10 leprosos, conocemos la historia. Y le dicen al Señor que él tenga misericordia de ellos, que los vea en la condición en la que se encontraban, leprosos, apartados de su familia, viviendo desterrados. Y Jesucristo les dice que vayan a los sacerdotes y se muestren a ellos.

 

¿Por qué lo hizo así Jesucristo? Porque el sacerdote era el que determinaba si la persona tenía o no lepra. Entonces dice la Biblia que mientras ellos iban caminando, fueron sanados.

 

Lucas 17:14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

 

Quiero resaltar algo aquí en este pasaje. El Señor Jesús no sanó de inmediato a estos leprosos, los 10, tuvieron que mostrar primero su fe, caminando en fe lo que el Señor les estaba diciendo. Ellos se vieron leprosos, ellos seguían leprosos, entre ellos se veían y se veían todavía leprosos. Sin embargo, aquel que estaba haciendo grandes sanidades, grandes milagros, grandes liberaciones, el Hijo de Dios, les estaba diciendo: vayan con los sacerdotes. Es decir, ellos van a  determinar.

 

Y a pesar que ellos estaban viendo su misma condición, que estaban en la misma situación, ellos caminaron en fe hacia los sacerdotes. Mientras ellos caminaban sucedió algo: fueron sanados. Nosotros tenemos que ejercer nuestra fe de ese modo, caminando, haciendo lo que debemos hacer sin importar las circunstancias. No importa lo que tú veas, importa lo que tú crees, importa en quién crees, ¡eso es lo importante!

 

No importa tu enfermedad. Es que los doctores dijeron que es mortal, que está desahuciado. ¿Y? ¡Qué importa! Es que no tengo dinero para pagar esto. ¡Camina! Dios va a hacer algo, camina, ten de en Aquel que todo lo puede, cree en el Señor. Cree que va a hacer lo que tiene que hacer, lo que promete que va a hacer. No lo dudes.

 

Hace 32 años el Señor nos hizo promesas para la iglesia. Cuando nos llamó me dijo lo que quería hacer y lo que iba  a ser la iglesia, lo que iba a ser Levantaré. Hasta el momento después de todos estos años no ha sucedido todo, pero seguimos creyendo. Y creo lo que Dios dijo, y no nos apartamos. Y no importan las circunstancias, y no importa lo que hemos vivido, no importa absolutamente nada; lo que importa es que Dios dijo y Dios hará.

 

¿Por qué? Porque dice la Palabra que Dios es Fiel y Verdadero, y Dios nunca miente. Y Dios lo que dice lo cumple, y lo que dijo lo va a cumplir. Pero si nosotros miramos a las circunstancias, si miramos a los problemas, a las crisis, mira, no le vamos a dar la oportunidad a Dios de actuar. Es lo mismo que pasó con Pedro, recuérdalo. Media noche, la barca en medio del mar y viene el Señor Jesús caminando sobre las aguas.

 

Los discípulos lo ven y se espantan, y el Señor les dice: ¡no tengan temor, no tengan miedo, yo soy! Reconocen su voz. Pero Pedro, audaz como siempre, le dijo: si eres tú, manda que yo vaya a ti. Es decir, que yo camine sobre las aguas. Sabemos que esto no es algo normal. ¿Quién ha visto caminar a alguien sobre las aguas? ¿Tú lo has visto? ¡Nadie lo hemos visto! Ni Pedro lo había visto, era pescador, nunca lo había visto.

 

Sin embargo el Señor le dice: ¡Ven! Y dice la Escritura que Pedro se baja de la barca y empieza a caminar sobre las aguas. ¿Por qué caminó Pedro sobre las aguas? Claro, sabemos que por el poder de Dios, pero ¿qué ejerció él? Su fe. Él tuvo la fe suficiente para creer lo que le decía el Señor, y se bajó y empezó a caminar sobre las aguas. Algo imposible, lo empezó a hacer. ¿Por qué?  Porque no miró a las circunstancias.


Si hubiera mirado a las circunstancias, no se hubiera bajado. Miró a su fe y caminó en fe, y él mismo se dijo: lo hago porque tengo fe, porque creo en el Señor. Y se bajó y caminó sobre las aguas. Ninguno de los otros discípulos lo hizo, se quedaron viéndolo. Cuando tu fe actúa, los que están a tu alrededor que no se atrevieron a caminar en fe, se quedan viendo y dicen: ¡Wow! Si Dios es poderoso, Dios cumple lo que dice, es cierto, yo me acuerdo lo que era, y hoy lo que soy. Porque Dios tiene el poder, pero para que ese poder actúe tú necesitas fe. Sin fe no va a pasar nada.

 

Y entonces dice la Escritura que vino una prueba. Yo no sé si el demonio hizo algo o no hizo algo, o si fue el Señor el que lo permitió, o si fueron las circunstancias, no lo sé. El caso es que el viento empezó a arreciar para llamar la atención de Pedro. Cuando Pedro mira a su alrededor, mira a sus circunstancias, mira el fuerte viento, mira lo que está pasando, las grandes olas que se estaban levantando, y dice la Escritura que entonces tuvo temor y se empezó a hundir.

 

Cuando tú miras a tus circunstancias vas a tener temor y te vas a hundir, no hay de otra. Pero si tú miras a tu fe, y tú te sostienes en tu fe a pesar de las circunstancias, el Señor te va a sacar, y te vas a levantar, y vas a caminar como quiere el Señor que camines, mirando milagros, prodigios, señales, maravillas, ¡lo vas a ver! Pero tienes que creerlo, tienes que caminar en fe, tienes que decir: no me importan las circunstancias y voy a caminar como si mis circunstancias fueran diferentes. Voy a caminar como si tuviera el dinero, voy a caminar como si estuviera sano porque estoy sano, porque tengo dinero, porque Dios lo dijo.

 

Vamos a caminar sabiendo que es una iglesia de multitudes, sabiendo que es una iglesia universal, sabiendo que vamos a tener escuela, sabiendo que vamos a tener todo lo que Dios ha dicho, por una razón: ¡Porque Él lo dijo, no hay más, nada más por esa razón!

 

Vamos a mirar un pasaje del Antiguo Testamento, pero les comento el contexto. Dice la Escritura que el rey de Siria tenía guerra contra Israel, y el profeta Eliseo le mandaba decir al rey de Israel todo, todo lo que iba a hacer el rey de Siria y los sirios. Dónde los iban a emboscar para que no fueran a esos lugares. Llega el momento en que el rey sirio pensó que entre su gente había un espía, un delator.

 

Y entonces lo comenta y le dicen: no hay ningún espía. Uno de los siervos del rey de Israel que se llama Eliseo y que es profeta, le dice al rey todo lo que tú dices rey en tus cámaras secretas. Todo lo que tú mencionas, él se los declara. Entonces se enoja el rey y dice: está bien, ¡detengan al profeta Eliseo! Deténganlo, tráiganlo porque lo vamos a matar. Y dice la Palabra, que el rey envió a un gran ejército con soldados de a caballo y carros que vinieron de noche y saltaron sobre la ciudad, sobre Dotán.

 

2 Reyes 6:15-23 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios (el que servía a Eliseo), y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos? 16Eliseo le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.

 

Imagínate qué declaración tan fuerte. Eliseo y su siervo, ellos dos y una ciudad sitiada por el ejército, con gente, con soldados a caballo, y con soldados en carro listos para la guerra; y era un ejército fuerte, temible. Y Eliseo le dice a su siervo: no tengas temor de todo lo que ves, porque más están con nosotros. Yo creo que el siervo ha de haber dicho: ¡éste está loco, viejito loco! O sea, ¿de dónde se le ocurre? ¿Qué podrías tú pensar?  

 

Imagínate que aquí de repente uno sitiado por todo el ejército, y te digo: no Tengas miedo, más están con nosotros. Y ves todo el ejército alrededor con todo su armamento. Vas a decir: no, este pastor ya anda muy mal, ya que se jubile.  Pero dice la Palabra, y fíjate qué oración: 17Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Que abra los ojos de su siervo. 

 

No le pidió un ejército, no le pidió que actuara en contra; le pidió que abriera sus ojos para que viera lo que en lo espiritual hay. Para que no viera solamente en lo material, para que no se dejara guiar por la vista, sino también que viera en el espíritu. Y continúa diciendo:

 

Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo. 18Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo (ve qué importante es la oración eh).

 

19Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis. Y los guió a Samaria. 20Y cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y se hallaban en medio de Samaria (Samaria eran sus enemigos).

 

21Cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Los mataré, padre mío? 22El le respondió: No los mates. ¿Matarías tú a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a sus señores. 23Entonces se les preparó una gran comida; y cuando habían comido y bebido, los envió, y ellos se volvieron a su señor. Y nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel.

 

Todo ¿por qué? Porque una persona vio en lo espiritual, una persona creyó lo que Dios hace. Y ese es nuestro problema, insisto, como dije desde un principio, el problema nuestro como cristianos es que no caminamos por fe, caminamos por vista. Caminamos de acuerdo a lo que vemos en lo material. ¡Y está mal! Caminamos tan por vista que vemos a los que están a nuestro alrededor, y vemos cómo vienen, y cómo están vestidos, y cómo están peinados y los criticamos y los juzgamos y todo.

 

Y somos incapaces de ver para adentro, para ver cómo estamos nosotros. Caminamos por vista viendo todo lo que sucede a nuestro alrededor, viendo las circunstancias, viendo las situaciones, viendo las crisis. Y no vemos en fe, y no vemos en lo espiritual. ¿Quieres ser un cristiano victorioso? Empieza a ver por fe, ya no veas más en lo material, ya no camines por vista camina por fe.

 

Bendito Dios y Padre eterno, gracias te doy Señor por tu Palaba. Gracias Señor porque tú te manifiestas con poder a nuestra vida, para que nosotros tomemos el lugar que Cristo Jesús ha tomado para darnos. Para que nosotros tomemos ese lugar en donde las promesas, las bendiciones, las sanidades, la prosperidad se manifiesta. Porque Señor no queremos más enfermedad, más crisis, más pobreza, más de todo lo negativo que estamos viviendo.


Porque no queremos preguntarnos más ¿por qué nos suceden cosas? Señor, que tengamos el valor de caminar por fe. Que tengamos el valor de no mirar a las circunstancias para que podamos ver en lo espiritual, caminar por fe y recibir de tus promesas, de tus bendiciones. Te alabo y te bendigo, y pongo delante de ti a este remanente, pidiéndote que cada uno de ellos camine por fe no por vista para que tu gloria se pueda manifestar en todo momento.


Y en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador a ti sea la gloria por la eternidad, amén.


Dios te bendiga.

 

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