INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EL PODER DE LA FE

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

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Marcos 9:23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.

 

La fe es poder, y la fe es poder para el que tiene fe. Si tenemos la capacidad de tener fe, entonces, como dice nuestro Señor Jesucristo, nada nos será imposible, absolutamente nada. Y me gusta la Escritura como nuestro Señor Jesucristo habla de un todo, no habla de partes, no habla de que algunas cosas sí y otras no, o que depende de o los si condicionales. Simple y sencillamente nos dice que si nosotros tenemos fe, que si nosotros tenemos la capacidad de creer, entonces todo, todo, todo es posible, absolutamente.

 

Nosotros vemos en la Escritura, nosotros cuando leemos el Evangelio Podemos advertir que nuestro Señor Jesús hace sanidades, hace milagros, maravillas; pero todo lo hace de acuerdo a la fe de la gene. Si nosotros estudiamos detenidamente el Evangelio en sus cuatro versiones, vamos a encontrar como siempre, nuestro Señor Jesucristo le dice a la gente que vine a él: ¿crees que lo puedo hacer? ¿Crees que puedes ser sano? ¿Crees que puede ocurrir algo en tu vida?

 

Si tu fe es suficiente para creer que Dios puede hacer algo grande, algo maravilloso en tu vida, mira, ¡Dios lo hará! Si por la fe crees que Dios te puede sanar de un leve dolor de cabeza ¡Dios te sanará! Pero si tu fe es suficiente para creer que Dios puede sanar enfermedades aun terminales, ¡Dios las sanará! Todo depende de tu fe como dice nuestro Señor Jesucristo, si yo puedo creer que Dios me puede sanar de una enfermedad incurable, ¡Dios lo va a hacer!


No importa lo que digan los médicos, no importa lo que digan los laboratorios o los estudios; importa lo que yo creo, importa mi fe, eso es lo importante. Dios me sana si yo tengo la fe como dice la Escritura. Si yo tengo fe suficiente para creer que Dios me puede dar un mejor trabajo del que tengo, mira, me lo va a dar. Si yo creo que Dios me puede dar una vida mejor de la que llevo, ¡Dios me lo va a dar!  Todo depende de tu fe, no hay de otra, depende de lo que tú creas.


Vamos a mirar algunos ejemplos en la Biblia. Primero, vamos a mirar al Centurión. Nosotros sabemos que un Centurión en aquella época estaba al frente de una parte del ejército romano, y andaban conquistando por todos lados, andaban haciendo ciudades para Roma, y cobraban impuestos y demás; y era gente temible, gente muy especial.

 

Y vamos a mirar que viene este Centurión con el Señor Jesús y le dice:

 

Mateo 8:6 Y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.

 

Fíjate la condición de este siervo del centurión. Yo puedo imaginar que ya habían recurrido a lo que tenían a su alcance en esa época, sin embargo el siervo del Centurión seguía mal, estaba paralítico, postrado en un lecho, atormentado, su condición era muy desesperada.


Versículos 7-8  Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. 8Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.

 

Un soldado del ejército romano, alguien que había sido enseñado desde pequeño a tener fe en los ídolos, viene precisamente con el Señor Jesús, con el enviado de Dios, viene con el Verdadero a plantearle una situación, una necesidad, a pedirle que sane a una persona que a él le interesaba. Cuando Jesucristo le dice que va a ir a sanar a su criado, que va a ir a su casa hasta donde él está, entonces el Centurión se opone.

 

Dice: no Señor, yo no soy digno, no soy digno de que entres a mi casa, no te puedo recibir. Yo solamente necesito que tú des una orden, que ordenes y que digas la palabra para que mi siervo sea sanado. Le agrega el Centurión y el dice: Yo soy un hombre que está en autoridad y bajo autoridad. Es decir, él era un hombre que conocía de la autoridad, por lo tanto él sabía que cuando alguien tiene autoridad y da una orden, esa orden se cumple.

 

Las órdenes no se discuten, las órdenes se cumplen. Que bueno, entre paréntesis, eso es algo que hay que enseñarles a nuestros hijos. Y también dice el Centurión: Y yo estoy bajo órdenes y cuando a mí me ordenan algo yo lo hago. Tú eres un hombre de autoridad, tú eres el Hijo de Dios, yo creo en ti, yo creo en lo que tú has hecho, en lo que tú estás haciendo, en lo que tú harás. Por lo tanto, yo solamente necesito que tú des una orden, que tú digas la palabra aquí, y mi siervo va a ser sano allá.

 

Versículo 10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

 

Fíjate qué impactante, y cuando analizamos el evangelio nosotros nos damos cuenta que nuestro Señor Jesucristo se maravilla por dos cosas: 1.- por la incredulidad de la gente. Y 2.- cuando la gente tiene mucha fe como en este caso. Cuando tu fe es mucha, mira el corazón de Jesucristo, el corazón de Dios se maravilla; y cuando el corazón de Dios se maravilla hace lo que le estás pidiendo. ¡Qué extraordinario!


Impactar el corazón de Jesús no es tan difícil, lo podemos hacer teniendo una fe grande y firme como lo dice la Escritura. Cuando tu fe es mucha le das la posibilidad a nuestro Señor Jesucristo de actuar en tu vida, de actuar en lo que tú le estás pidiendo. Y Él puede hacer milagros puede hacer maravillas, puede hacer sanidades, señales, puede hacer lo que tú le estés pidiendo porque tú crees que lo puede hacer, y lo va a hacer.

 

Por lo tanto, yo te quiero pedir que tú te grabes algo en tu mente en esta hora: para responder a tu oración el Señor no ve tu necesidad, el Señor ve tu fe. Porque muchas ocasiones venimos delante del Señor a decirle: Ah es que mira Señor, cuánta necesidad tengo, tengo muchísima necesidad, las cosas no están bien, tengo estos problemas económicos; y le planteas unas situaciones bien difíciles que estás viviendo.

 

Como que con eso queremos tocar el corazón del Señor como para que el Señor diga: Ay pobrecito, sí mira, veo que tu necesidad es mucha, veo que realmente me necesitas, te voy a hacer un milagro. Ay Señor es que mira estoy enfermo, no puedo dormir, no puedo respirar, no puedo comer, me siento muy mal, me duele la cabeza, me duele la espalda no me acomodo de ningún modo y estoy todo mal y camino todo chueco y jorobado. Veme, veme, ve cómo estoy.

 

Como para que el Señor diga: Sí, sí estás muy mal. Te hago un milagro para que todo se te quite y te compongas. Y venimos como queriéndole hacer como se dice vulgarmente, manita de puerco al Señor. ¿Y sabes? Dios no va a responder. El Señor no responde a una oración así en donde tú le presentas la necesidad. Para nada. No puedes, no puedes según la Palabra venir y decirle: Mira mi gran necesidad, es mucha, necesito que me bendigas. Porque Dios no lo va a hacer.


Sin embargo, si tú vienes delante del Señor y le presentas tu fe por delante, y el Señor ve que tú tienes mucha fe, entonces el Señor va a suplir tu necesidad, es diferente. Es diferente venir delante del Señor y decirle: tengo una necesidad pero tengo la fe suficiente para creer que tú vas a actuar en mi vida.

 

Tengo la fe suficiente para saber que tú vas a sanar al enfermo. Para saber que tú me vas a prosperar en lo económico. Para saber que vas a cambiar la vida de mi cónyuge. Para saber que vas a cambiar la vida de mis hijos, para saber que los vas a apartar del mal. Tengo la fe suficiente, solamente necesito que tú actúes, yo lo creo.


Y entonces el Señor no ve la necesidad, ve tu fe. Es lo primero que ve, y al ver tu fe el Señor va a responder. A nadie le dijo el Señor: vete porque tu necesidad es solucionada. ¡No, no está en el Evangelio! No lo dice en ninguna parte, no dice. Ve tu necesidad será suplida. Siempre dice: ¡hágase conforme y tu fe! ¡Hágase de acuerdo a la fe que tú tienes! No de acuerdo a la necesidad que tú tienes.


Por lo tanto tenemos que venir de una manera correcta delante del Señor para presentar una petición. Señor yo  creo que puedes sanar a mi enfermo, creo que lo puedes hacer, sánalo. ¡Y lo hará! ¿Qué fue lo que hizo el Centurión? Esto fue lo que hizo: Señor, mi siervo está muy enfermo, está gravemente atormentado, está mal. Y el Señor le dijo: Sí, no te preocupes voy a ir a sanarlo, voy a ir allá a donde él está.

 

Y el centurión le dice: No soy digno, soy un soldado. Para llegar a Centurión he participado en muchas guerras, he matado a mucha gente, he hecho barbaridades, y no soy digno de que tú entres a mi casa. Tú eres santo, santísimo, cómo vas a estar en mi casa que soy un pecador; pero yo tengo fe y por eso te digo que tú digas la palabra aquí, para que él sane allá.

 

Y el Señor Jesús lo escucha y se maravilla y dice: sí. Y voltea y le dice a los discípulos: vean la fe de este hombre, ni en Israel he encontrado esta fe. Y el Señor actúa. El Centurión sabía que el Señor lo podía sanar. Muchas ocasiones nosotros queremos que alguien especial de la iglesia, del liderazgo ore, y ore en nuestra casa. Y ahí estamos haciendo citas: Hermano por favor vayan a mi casa a orar, y lleven el aceite para que la unja porque se sienten como presencias raras, como espíritus chocarreros se manifiestan ahí.

 

Ya  me dijeron que ahí antes vivía una persona que se dedicaba a la idolatría, a la hechicería, a la santería; hacía tantas cosas, tantas barbaridades, aun sacrificios de animales. No qué cosa, entonces quiero que vaya con todo un equipo de la iglesia para liberar la casa. ¿Si lo has oído?

 

Y entonces dice, si tuviéramos la fe suficiente, le diríamos al hermano: hermano, ora porque en la casa hay estos problemas, y ora aquí para que se solucione el problema allá. Porque cuando yo llegue allá, las cosas ya van a estar solucionadas porque yo creo en Jesús lo que está actuando. ¡Y se sana!

 

Viene una persona y me dice: Pastor necesito que ore por mí, necesito otra casa donde vivir. En donde vivo se sienten las presencias del enemigo, porque a unas casas hay unas personas que se dedican al espiritismo, y nos llega todo eso, y no puedo vivir así. Y digo: ¿cuál es el problema? Mejor oramos para que tú estés en paz, porque a donde vayas va a haber los mismos problemas, a donde sea. No, mejor por otra casa.

 

Bueno entonces tal vez lo que quieres es estrenar casa. Si quieres estrenar casa vamos a orar a Dios creyendo que puedes estrenar casa, pero no pongamos pretextos. En verdad es por esta familia santera, espiritista. Pues vamos a orar por ellos. O sea, todo tiene una solución cuando nuestra fe está firme, cuando es mucha como dice la Escritura.

 

Vino la respuesta de Jesús al Centurión, dice en el Versículo 13  Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. Cuando en oración pides algo al Señor, tienes que ver si tu fe va a de acuerdo a lo que tú estás pidiendo, porque verás la respuesta según tu fe, no hay otra. 

 

Si yo tengo fe para creer que el Señor me va a quitar un dolor de cabeza. Mira, el Señor me lo quita. Pero si no tengo fe para creer que el Señor pueda actuar, no me lo va a quitar. Aunque ore el más ungido de la iglesia, aunque ore el hermano que sabes que acaba de orar por un desahuciado y el Señor lo sanó. Si tú no tienes fe el Señor no va a actuar.

 

A mí en términos personales me gusta leer mucho el Evangelio del Señor, porque me apasiona su vida, me apasiona su obra, la forma en la que Jesús hace las cosas, me gusta mucho. Yo veo la forma en que las hace, veo lo que le dice a la gente para que sucedan las cosas y aun lo que hace la gente para que las cosas se den.

 

Y nosotros vemos en la Biblia muchos ejemplos en este sentido. Dice en Mateo 9:27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!  Es decir, estos ciegos sabían que ahí estaba Jesús, habían oído que ahí estaba, escuchaban el escándalo que se hacía cuando Jesús caminaba por las calles, lo escuchaban. Sabían algo, sabían que Jesús Hijo de Dios tenía misericordia de la gente.

 

El Señor tiene un corazón lleno de misericordia, de compasión, el Señor se duele por la gente y el Señor actúa para bendecir a la gente, no hace acepción de personas, el Señor se manifiesta con poder. Entonces ellos escuchan que viene Jesús, se acercan a la multitud y entonces, claman y dicen: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!  

 

Mateo 9:28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos. Es decir, Jesús en ese momento no les hizo caso, él siguió caminando y los ciegos siguieron gritando. Y esto nos enseña algo: tú tienes que seguir clamando cuando tienes una necesidad. Si tú realmente crees en el Señor, tú tienes que seguir orando, clamando a Él, buscándolo, tienes que ir hasta tu casa y clamar al Señor.

 

Y dice que estaba ya el Señor ahí en la casa cuando vinieron a él los ciegos  y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. ¡Qué fuerte! ¿Crees que te pueda devolver la vista, tú que has estado ciego toda tu vida, crees que ´puedas tener la vista? Y ellos le contestan que sí.


Mucha gente venía a Jesús, en todas las ciudades se hablaba de los milagros, se hablaba de las sanidades, de las maravillas, se hablaba aun de las señales que venía haciendo Jesucristo. La gente buscaba a Jesucristo para recibir una sanidad. Se movían, la gente traía aun a sus enfermos, a sus paralíticos, traía  a la gente que necesitaba de bendición. Y siempre encontraban una respuesta de parte de Jesús.


Pero Jesús siempre les preguntaba ¿crees que puedas ser sanado? ¿Crees que pueda hacer esto? ¿Crees que lo pueda llevar a cabo? Y Jesús esperaba la respuesta de ellos. Una vez que el Señor recibía la respuesta de ellos, entonces actuaba. Cuando tú le pidas algo al Señor, el Señor siempre te va a preguntar ¿crees que lo pueda hacer? Y es un momento en el cual tú le pides, debes guardar silencio y contestar si crees que lo pueda hacer o no. 

 

Si tú crees que el Señor lo puede hacer, le tienes que decir al Señor: Creo que tú puedes hacer esto, y lo creo firmemente. Y entonces el Señor actúa. Versículo 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.  Y los ojos de ellos fueron abiertos. Puedo advertir que ellos tenían fe en que iban a ver, no estaban medio creyentes, porque igual hubieran visto como a medias y lo diría la Palabra como lo dice en el otro caso.

 

Cuando dice: ¿ya ven, qué ven? Y dicen los ciegos: vemos a las personas como a árboles que se mueven. Y entonces el Señor vuelve a tocar sus ojos y entonces, abren sus ojos y ya ven bien. Aquí la Palabra nos muestra como ellos recibieron una sanidad, como ellos recibieron la vista de inmediato, una vista absoluta. ¿Por qué? Por una razón: ¡Porque ellos creyeron! Cuando vinieron a Jesús creían que Jesús podía hacer algo.


Si tú tienes fe, insisto, que Jesús te pueda sanar, él te sanará. Si tú tienes duda que el Señor lo pueda hacer, mira, Dios no lo va a hacer. La sanidad que tú busques, la sanidad que tú necesitas, no depende del Señor, depende de ti. Es que el Señor no me quiso sanar, no me ha querido sanar todavía. ¡NO! Yo creo que todavía no tienes la fe suficiente para creer que Dios lo puede hacer. Depende de tu fe, depende del tamaño de tu fe de lo que tú estás creyendo para recibir lo que le estás pidiendo al Señor.

 

Porque el Señor Jesús siempre está dispuesto a bendecirte, siempre. Él no pone pretextos, él siempre tiene tiempo para actuar, él no es como nosotros. ¿Puedes venir al servicio para el Señor? Sí. Y a la mera hora: ah ¿qué cree pastor? No pude. No te preocupes, por mí no hay problema. El Señor siempre va a tener una respuesta positiva y pronta, rápida.


Jesucristo el que hacía los milagros es el mismo ese día, hoy y lo será mañana. Jesús como dice la Escritura es el mismo ayer, hoy y siempre, y él no cambia, él es el mismo. Y no se trata de decir. Bueno, me siento mal, tengo una enfermedad, pues que oren los hermanos a ver si me sirve de algo. ¡Si no es como el melate!  Supongo que tú no participas en el melate, ni en la lotería, ni en ningún juego de azar.

 

Cuando participan en un juego de estos van dicen: pues, por si gano, quien quite. Y entonces le meten al melate o a la lotería esperando pegarle, ganarse todos los millones que están en la bolsa, y dicen: pues ojalá. Y le ponen una lanita y esperan recibir una millonada. Si no se la sacan, no pasó nada, no hay ningún problema.


Al siguiente concurso van y compran otro melate, otro progol, otro cachito de la lotería, lo que sea, y es tan rentable para las autoridades este tipo de negocios que ahora ya también por internet, y de diferentes formas se puede jugar; qué vaciado, estaba viendo un anuncio el otro día, pero bueno. La gente le juega, la gente le apuesta esperando ser millonaria. Pero si no es millonaria pues no importa, finalmente estoy jugando un poquito.


Y luego tenemos ese mismo pensamiento cuando venimos en busca de un milagro de parte de Dios. Se lo voy a pedir a Dios, si me lo concede ¡qué bueno! Y si no, pues no hay problema. Le voy a pedir una camioneta 2017 al Señor, de lujo. Si no me la da no importa me quedo con mi Vochito, no pasa nada, no hay ningún problema sigo con el cochecito.

 

Pero eso no es tener fe, y nosotros debemos tener fe para pedirle al Señor. Necesito para que suceda un milagro, para que haya sanidad, para que haya prosperidad, para que haya cambios en mi vida, necesito creer que el Señor lo puede hacer, necesito creer que va a suceder. Si no, no va  a pasar nada.

 

Mateo 21:21-22 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. 22Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

 

El grave problema que tenemos los cristianos es que a veces dudamos de que Dios pueda hacer algo. Otras veces nosotros mismos no estamos seguros si quiera que Dios nos esté oyendo, sentimos que Dios está alejado. Nosotros sabemos que hay cosas que no estamos haciendo de acuerdo a la voluntad de Dios, y por lo tanto, nosotros mismos nos censuramos.

 

Y decimos: yo ando así, pues si yo sé lo que hago cuando no me ven mis hermanos, cuando no está la familia, yo sé cómo soy. Claro, a mis papás los engaño y ni cuenta se dan, pero yo sí sé, entonces, Dios no me va a responder. Dios no responde, y si yo le pido algo, Dios no me lo va  a dar. Y creemos que Dios no nos oye, que estamos alejados de Él.

 

En otros momentos vemos a nuestro alrededor las circunstancias, vemos lo que está sucediendo y decimos: Dios no me lo puede dar. Dios no me va  a prosperar en medio de un país que está en la desgracia. En medio de un país que se muere de necesidad y que sus gobernantes todo se lo roban, no puede.

 

Y entonces nosotros mismos estamos limitando el poder de Dios, no estamos creyendo lo que Dios pudiera hacer como dijo nuestro Señor Jesucristo. Y aquí el Señor Jesús es claro y es enfático: Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. Es una promesa de Jesús. Y una promesa cuando dice la Escritura que él es fiel y verdadero. En él no hay mentira, en él no hay engaño, él es verdadero; y él es fiel para cumplir su Palabra.

 

Por eso en su Palabra todas las cosas en él son sí y amén. Fácil, entonces si el Señor dice: si en oración pides creyendo, lo vas a recibir. Es decir, yo voy a pedir en oración, y en oración si creo voy a recibir. Y voy a recibir porque el Señor está dando su palabra de que así será, sencillo. Y me impacta porque dice al principio del Versículo 22 Y todo.

 

Todo, no solamente algunas partes, o algunas cosas, no solo en algunas áreas, no bajo ciertas circunstancias. ¡No! El Señor dice: todo. Por lo tanto, si tú tienes fe, ¿qué es lo que tú necesitas? Pide creyendo que lo vas a recibir y entonces lo recibirás. No dudes, cree, ten fe y vendrá. La Palabra es clara, es sencilla y es enérgica. Y si hacemos lo que dice, se va a cumplir lo que dice, no hay de otra, Dios no miente. Y si Dios te dice que vas a recibir todo, y si tú crees, mira, lo vas a recibir.

 

Otro ejemplo: Mateo 17:20 Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

 

¡Qué palabra tan fuerte de parte del Señor! Mira, si tú tienes fe, si tú crees, nada te será imposible, nada. Dice la Escritura que no hay nada imposible para Dios, sin embargo, aquí dice el Señor que a ti nada te será imposible, pero necesitas una sola cosa: ¡Tener fe, creer que va a ocurrir!


Hay una anécdota que dice que había una persona que vivía con su familia, era una niña ella, allá en las montañas. Para ir a la iglesia salían de su casa, caminaban, subían un monte muy alto que había, bajaban, caminaban y llegaban a donde estaba la iglesia. Pasaron los años, lógico esta niña creció, esta niña se hizo adulta, esta adulta se hizo mayor de edad, se hizo de edad avanzada, se hizo viejita, y entonces llegó el momento en que le costaba muchísimo trabajo subir ese gran monte para ir a la iglesia.


Cada día le era más pesado, le costaba muchísimo trabajo. Un día, una noche decidió orar y decirle al Señor. Señor dice tu Palabra que si yo tengo fe y le digo a este monte que se mueva, este monte se moverá. Y Señor yo te pido que tú muevas este monte, para que yo pueda ir a tu iglesia y me pueda seguir congregando, porque yo ya no puedo subir este monte.

 

Ve esta necesidad que tengo, necesito que quites el monte para que yo vaya en línea recta, y llegue a la iglesia. Y se duerme. Y en la mañana en cuanto despertó va a la ventana, corre las cortinas y ve al frente y ve el monte, y en ese momento dijo: Ya sabía que no lo ibas a mover.

 

Y muchas ocasiones así nosotros actuamos, oramos simplemente para ver si ocurre, no porque tengamos fe, sino por no dejar. Porque luego aun los hermanos nos dicen cuando les planteamos algún problema que tenemos, lo primero que nos dicen los hermanos es: ¡Ora, ora! Ahí está la respuesta. Ah hermano es que me siento mal, que esto, y que lo otro. Y alguno lo escucha y le dice: pues ora, ora y Dios te va a responder.

 

Ah es que no tengo trabajo, no hay suficiente trabajo. Mmm, no estás orando, ¡ora!  Ah pastor es que no puedo dormir, tengo insomnio. Claro, de seguro te acuestas sin orar, ¡ora! Y nada más le decimos a la gente: Ora, y ya. Como si fuera una varita mágica la oración, ¡y no es así! Con todo respeto, la oración es comunión con Dios. Entonces, necesito yo tener comunión, pero necesito cuando vengo delante del Señor creer que Él va a hacer las cosas. Tengo que tener la certeza de que Él las va a solucionar.


Dice la Escritura que nuestro Señor Jesucristo estaba compartiendo de la Palabra, estaba predicando, estaban sus discípulos, estaban las grandes multitudes, ya llevaban tres días ahí cuando nuestro Señor Jesús dijo: ¿Cómo los vamos a mandar a sus casas sin darles de comer? Y volteo y le dijo a sus 12 discípulos, ¿qué vamos a hacer? Tenemos que darles de comer. Entonces sus discípulos se quedaron viendo, vieron la multitud y dijeron: ¡Son cinco mil varones! ¿De dónde les vamos a dar de comer?

 

Imagínate que ahorita tengamos a cinco mil varones (gloria a Dios, que me escuche), sus esposas, mujeres y niños. Entonces le digo al liderazgo: hay que darles de comer a estos cinco mil varones y a sus familias. ¿Qué van a pensar? Pues podemos hacer unas tortas, rápido, fácil. Ok., vete a la panificadora de la esquina y trate ocho mil panes, ocho mil bolillos.

 

¿Tú crees que tengan ocho mil bolillos? ¿Que en la tienda tengan jamón para ocho mil tortas, para ponerle todo lo que llevan? ¡No lo tienen! Entonces como que las cosas se complican un poco. ¡Ah pues háblale a Alejandra a ver qué hace de volada!  Las cosas se nos complican bastante.

 

Y entonces el Señor les deja con toda intención este problema en sus manos; ¡soluciónenlo! Pero nadie lo puede solucionar. Pero uno de los discípulos buscando entre la gente, entre la multitud ¿quién traía algo? venía un muchacho y les dijo: Yo tengo tres peces y cinco panes. Yo no sé para qué sirva esto pero yo los pongo para alimentar a quienes sean necesarios.

 

Y el discípulo Felipe lo toma, y viene con el Señor, y le dice: Señor aquí está esto, a ver qué es lo que tú puedes hacer, a ver si tú puedes alimentar a esta multitud con esto. Y lo pone en sus manos. Resultado: el Señor alimenta con esos cinco panes y esos tres peces, alimenta a toda la multitud. Y todavía le dice a los discípulos: no vamos a dejar un tiradero aquí, no se vale. Tome cada uno una cesta vacía y recojan las migajas, los desperdicios. Y dice la Biblia que recogieron 12 canastos llenos de desperdicio, 12. ¡Qué impresionante!

 

En las manos del Señor Jesús las cosas se multiplican, las cosas se hacen. ¿Qué necesitamos nosotros? Creer que el Señor lo puede hacer, nada más. No necesitamos más. Si yo creo va a suceder. Pero cuál es el otro problema que sucede con el cristiano: Creemos, tenemos fe, decimos firmemente que sí, que yo creo que van a suceder milagros. Y entonces clamo al Señor y no veo nada.

 

Hace unas semanas en la página de internet, me manda un mensaje un joven de otro estado, y me dice: Pastor, tengo problema con mi fe. Yo estoy semi-sordo, soy cristiano, he orado y le he pedido al Señor sanidad, y el Señor no me ha sanado. ¿Debo seguir esperando o ya no? Entonces le dije: Si tienes fe el Señor te va a sanar. Ten fe porque el Señor de hecho ya te sanó, espera la sanidad.

 

Y entonces me contesta: Dice mi mamá, él tendría como 14 años creo; dice mi mamá que use el aparato para oír. Pero yo no quiero usarlo porque yo sé que soy sano, pero ya se enojó mi mamá conmigo, y me obliga a usar el aparato, ¿qué hago? Y le dije: úsalo, no contravengas a tu mamá, úsalo unos momentos y sigue clamando al Señor para que se manifieste tu sanidad.

 

Pasan unas semanas y me contesta hace poco: Pastor, estoy desesperado, sigo sin oír, creo que la verdad Dios no me oye, creo que Dios no ha hecho nada en mi vida. Y le dije. Sí, el Señor ya te respondió, el Señor ya actuó; el problema es que Dios tiene un tiempo para hacer las cosas, y tú estás creyendo en las circunstancias, estás creyendo a tu sordera, le estás creyendo al enemigo, ¡no le creas, tú eres sano!


Entonces, ¿me tengo que sostener en que ya oigo? Sí, sostente en eso. Pasan unos días y me vuelve a mandar un mensaje y me dice: pastor, estoy desesperado y me quiero quitar la vida, porque no recibo lo que le pedí a  Dios y me siento engañado. ¡No, estás mal! El Señor ya actuó en tu vida, sostente en tu sanidad y vas a oír, vas a oír no hay problema. Lo que Dios dice que se hace, se hace.


Tal vez nosotros estamos esperando que se haga en un tiempo determinado, y se va a hacer en los tiempos perfectos de Dios, no hay de otra. Tenemos que esperar los tiempos de Dios, pero la respuesta ya está. Y yo entiendo, de acuerdo a la Palabra de Dios, que cuando nosotros venimos al Señor en oración y pedimos algo creyendo que lo vamos a recibir, en ese momento, en ese momento el Señor no solamente escucha sino que responde. Responde a nuestra oración y da lo que necesitamos, porque tenemos la fe para recibir.

 

Pero hay un tiempo para que eso se manifieste. Pueden ser unos minutos, pueden ser segundos, pueden ser días, pueden ser meses, pueden ser años; pero va a venir. Va a venir porque Dios es fiel y Dios es Verdadero, y lo que él dice se cumple, todo. Él no miente, y si dijo que esta iglesia será de multitudes, ¿qué crees? ¡Va a ser de multitudes!

 

Aunque yo no lo vea, eso no importa. Importa que la iglesia va a ser de multitudes y yo lo creo, y va a ser de multitudes. Y va a ser una iglesia que esté en todo el mundo. Aunque yo no lo vea, eso no es lo importante, lo importante es que la Palabra de Dios se cumple, y si Dios dice: ¡va a haber esto! No hay de otra. El Señor es Fiel, es Verdadero, y si nosotros creemos, y si yo creo lo que hizo Jesús, entonces yo lo puedo hacer también.

 

Juan 14:12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.


Si yo creo que Jesús sana, que Jesús hace milagros y maravillas; si yo lo creo firmemente dice la Escritura que entonces yo también las haré. ¿Por qué? Porque Jesús va a l Padre, porque Jesús está en nosotros, y porque Jesús está actuando en nuestra vida, y está haciendo lo que él dice, así de sencillo.

 

Marcos 16:17-18 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

 

Si tú crees que Jesús hizo sanidades, entonces aquí dice la Escritura, que si tú crees en Jesús, también harás sanidades porque sobre los enfermos pondrás tus manos y ellos sanarán. Ahí está escrito y van a sanar. ¿Qué necesitamos? ¡Creer! ¿Cuánta fe tengo? Ah es que yo creo en Dios pero el médico ya me dijo… A ver, ya no entendí, ¿en quién crees? 

 

Es que en el estudio que me hicieron salió tal cosa. ¿A quién le crees? ¿Crees que eres sano? Sí, sí le creo a Dios. Entonces no creas lo que dice el estudio, no creas lo que dice el médico, cree lo que dice Dios y sigue orando para que eso que aparece en los estudios ya no parezca, sencillo. Pero nos la complicamos.


Necesitamos creer porque al que cree todo le es posible, todo. Y a ti todo te es posible si tú crees. Y sobre los enfermos vas a poner tus manos y los enfermos van a sanar. Y vas a orar y vas a echar fuera demonios. Y vas a orar y vas a poder comer, tomar lo que sea y no te hará daño. Lo dice la Palabra, y la Palabra se cumple y es verdadera. Por lo tanto, nosotros necesitamos creer.


Es que mi trabajo no está bien, que en mi trabajo tengo problemas, que en mi trabajo esto. ¿Crees que el Señor te pueda dar un mejor trabajo? Entonces el Señor te lo va a dar. No creo. No te lo va a dar. Pero necesitamos creer todo lo que dice la Escritura, creer todo lo que dice nuestro Señor, porque esto se cumple.

 

Por eso es importante que nosotros veamos lo que dice la Palabra para hacer lo que dice la Escritura. Para mirar las promesas de Dios y traerlas a nuestra vida.  Necesitamos dar testimonio de lo que Dos está haciendo para fortalecer la fe de nuestros hermanos, porque también la fe viene por el oír.

 

Y si yo estoy viendo que los hermanos están recibiendo sanidad, si yo oigo que  a la hermana que se sentía mal, que ya le habían dicho que le tenían que hacer una operación, ya le hicieron otro estudio y resulta que ya no hay nada y que todo está normal, y que no hay problema y que no necesita operación; ¡eso fortalece mi fe! Por eso es importante el testimonio, por eso es importante que creamos.

 

¿Crees? Mira aquello que tú necesitas, si tú crees que el Señor te lo puede dar, que el Señor te puede bendecir, lo puede solucionar; entonces pídele al Señor que lo haga. Si tú no crees ni pierdas tu tiempo porque no va a venir. Pero si tú crees dile en esta hora. Señor creo lo que dice tu Palabra, creo en ti, tengo fe en que lo que dices, se cumple.

 

Mi fe está firme, está firme en ti Señor Jesús. Por lo tanto, yo te pido que tú tomes control de… Y dile al Señor de qué quieres que tome control, porque creo que esto lo vas a solucionar. Porque creo que aquí habrá bendición, que habrá sanidad, que habrá fortaleza, que habrá cambios, que las cosas serán diferentes, lo creo.

 

Actúa con poder Padre amado, porque yo sé que tú eres un Dios fiel, un Dios verdadero, un Dios que cumple su Palabra, que cumple con todo lo que está escrito. Porque tú no eres hombre para mentir, ni hijo de hombre para desmentirte. Por lo tanto, creo y te pido que actúes con poder en mis problemas, en mis adversidades, en mis crisis, en mis enfermedades, actúa Padre y a ti sea la gloria por la eternidad, en Cristo Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.

 

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