INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

RECOMPENSA SEGÚN TU OBRA

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

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Apocalipsis 22:12  He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

 

El contexto de esta Escritura es uno muy sencillo: nuestro Dios nos habla en relación a la segunda venida de Cristo Jesús. Esa segunda venida la cual todos estamos esperando en la cual el Señor Jesús vendrá por su Iglesia, vendrá por cada uno de nosotros en todo el mundo. Todos aquellos que amamos al Señor, que estamos dentro de lo que Él establece, que nos hemos arrepentido, que le hemos recibido, que estamos haciendo lo que Él dice en su Escritura; pues dice la Biblia que vendrá por nosotros.

 

No falta mucho, los tiempos se acortan, los tiempos vemos que se van cumpliendo de acuerdo a las profecías que aun nuestro Señor Jesucristo dijo en el Evangelio. Vemos como todo va tomando el lugar que debe tomar; y hay que estar muy atentos; son días en los cuales nosotros tenemos que ver a nuestro alrededor para no perdernos en los tiempos, sino para estar atentos para estar velando, para hacer lo que dice Dios.

 

Dicen que es un tiempo en el cual nosotros tenemos que poner mucha atención en lo que sucede en Israel, en lo que sucede en el pueblo de Dios; porque lo que pase allá, nos va a pasar a nosotros; lo que se manifieste en Israel se va a manifestar en el pueblo de Dios en ese pueblo que él ha adoptado por amor y que somos todos nosotros, los creyentes en Cristo. Son tiempos que tenemos que ver qué sucede, que tenemos que orar, que tenemos que fortalecernos; son tiempos importantes, no los podemos perder de vista.


Son, creo, los tiempos más importantes después de la primera venida de nuestro Señor Jesucristo, estos son los tiempos más importantes de la historia. Está por venir Jesucristo, está por descender; todo se está acomodando de acuerdo a lo que debe ser, a lo que está escrito. Pero yo en lo personal tengo preocupación por estos tiempos. Porque por una parte leo lo que dice la Escritura, y miro no solamente al mundo lo que está pasando en él, veo las noticias, veo los acontecimientos, veo todo lo que ocurre.

 

Pero además veo a la Iglesia de Cristo no solamente en este lugar, sino veo lo que sucede en la Iglesia de Cristo de todo el mundo. Veo lo que está pasando, veo la actitud del pueblo, veo cómo es o cómo somos nosotros los cristianos. ¿Y sabes? Hay preocupación, hay preocupación porque me inquieta lo que va a ocurrir.

 

La venida del Señor Jesús, su segunda venida es una promesa para su Iglesia, para cada uno de nosotros. Él viene por nosotros para llevarnos a vivir por la eternidad, en la presencia de Dios el Padre. Y cada uno de nosotros lo sabemos, todos los que nos congregamos, porque lo dice la Escritura, porque así está escrito, que ya tenemos un lugar en el cielo. ¡Lo sabemos! Y sabemos que por fe somos salvos. Sabemos que como dice la Escritura: Que el justo por su fe vivirá.

 

Y nosotros sabemos que vivimos por nuestra fe, porque hemos creído en Cristo Jesús, porque le hemos aceptado, porque hemos cumplido con lo que dice la Palabra del Señor, que nos hemos bautizado porque estamos buscando caminar de acuerdo a lo que Él establece. Y sabemos que somos salvos por todo ello, pero, desgraciadamente no ponemos atención en algo más que dice el Señor, no ponemos mucha atención o no nos interesa lo que dicen las Escrituras.

 

Pero dice la Palabra y como lo acabamos de leer, que cuando Jesucristo venga en su segunda venida, en esta segunda ocasión y que nos llevará a su Reino, algo importante, que también vendrá con una recompensa especial, personal. Como la famosa palabra que ahora está muy de moda para todo: con algo PERSONALIZADO, personalizado para cada uno. Y será de acuerdo a nuestra obra.

 

Vamos a ver algunos pasajes que dice la Escritura, para que podamos entender un poco más; porque quiero hacer énfasis en el hecho de que esto que dice aquí la Escritura de que va a dar recompensa a cada uno según sea su obra. No choca de ninguna manera con nuestra fe.


Dice la Palabra de Dios que nosotros somos salvos por fe, por gracia no por las obras que llevemos a cabo. Muchas ocasiones hemos escuchado, y durante toda nuestra vida hemos oído que cuando hacemos algo bueno, algo que es excepcional o muy bueno para cierta persona o para ciertos hombres, entonces la gente nos dice: “te vas a ir al cielo con todo y zapatos”.

 

¡Qué maravilla! Hay gente que aporta recursos económicos muy fuertes, muy grandes porque cree que de este modo se va a ganar el cielo. Aun hay narcotraficantes que aportan grandes cantidades de dinero a las iglesias, no a las cristianas, aquí no se los aceptamos, se enoja el contador, no podría lavarlo; pero lo hacen en otras religiones, ¿para qué? Para lavar sus culpas, para sentirse bien con Dios, porque sienten que por obras van a ser salvos. Y las obras no nos llevan a la salvación, para nada.

 

Yo puedo tener las mejores obras, si no tengo fe no soy salvo. Por lo tanto, yo necesito de la fe, nosotros necesitamos de la fe como lo hemos creído en Cristo Jesús para alcanzar salvación. Pero dice nuestro Señor Jesucristo algo importante, que vendrá con una recompensa de acuerdo y para dar a cada uno de nosotros, según nuestra obra. No la salvación, para dar recompensa por nuestras obras.

 

En Mateo 16, el contexto es que nuestro Señor Jesucristo está hablando en relación a su muerte, les está hablando a sus discípulos y les está diciendo, les está anunciando que él va a morir. Pero también les está diciendo que él va a resucitar. Todos están atentos, hay algunos comentarios de los discípulos principalmente de Pedro, pero vamos a mirar pasando estos comentarios que ellos hicieron, y qué hizo Jesús, lo que dice a partir del versículo 24.

 

Mateo 16:24-27 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

 

Y esto es algo que nosotros tenemos que llevar a cabo. Si nosotros creemos en Jesús, si nosotros estamos aceptándolo en nuestro corazón, si nosotros nos estamos arrepintiendo de nuestros pecados como dice la Palabra, entonces tengo que hacer algo si yo quiero seguir a Jesús: Yo tengo que negarme a lo que yo soy. Situación que nos cuesta muchísimo trabajo. No es fácil para ninguno de nosotros, no es fácil para ninguna persona negarse a sí mismo.

 

Yo me voy a negar a lo que siento, a lo que pienso, a lo que he sido durante tantos años, no es fácil. Hay cosas que a todos nos agradan, a ti te pueden agradar unas cosas, a mí otras, y a otros otras y otras. Y yo puedo encontrar placer en algo y tú en otra cosa, en fin; y renunciar a eso es muy difícil. Es muy difícil decir: yo renuncio a todo para seguir a Cristo, porque ahora yo quiero que Cristo sea en mí. Y dice la Escritura que tengo que tomar la cruz. Y dice también el apóstol Pablo que nosotros hemos muerto juntamente con Cristo Jesús.

 

Es decir, nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados, y yo ahí morí junto con él cuando yo recibí a Cristo Jesús, cuando me arrepentí de mis pecados. Entonces yo todos los días tengo que recordar que yo ya no soy lo que antes era, que ahora yo debo de ser diferente de acuerdo al propósito de Dios.

 

Que mis gustos, que mis placeres, que mis intereses ya no cuentan; cuenta Cristo Jesús en mí, cuenta Cristo Jesús en nosotros, eso es lo importante. Y dice nuestro Señor Jesucristo: si tú estás de acuerdo en hacer esto, entonces ¡sígueme! Si tú no estás en posibilidad de hacerlo, mira, ni me sigas, no tiene ningún sentido que pierdas tu tiempo.

 

Versículo 25  Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

 

Es decir, si yo quiero tener una vida eterna, si yo quiero no vivir por la eternidad condenado a una prisión, a un horno de fuego, entonces yo tengo que perder la vida que hoy llevo. Solamente así podré alcanzar la vida que Cristo Jesús quiere que yo lleve; solamente así podré tener la vida eterna, una vida en la presencia de Dios para siempre. Esto es sencillo, esto es lo importante.

 

Muchas ocasiones nosotros aun cuando clamamos por milagros, milagros de sanidad, queremos que nuestros seres queridos, que la gente que nosotros estimamos se sanen de una enfermedad. Y no alcanzamos a entender que muchas ocasiones el milagro no está en que esa persona sane, el milagro está en lo que Dios hace en su corazón.


El milagro que Dios hace en nuestros corazones es el milagro más grande que pueda existir, porque tenemos unos corazones de piedra, unos corazones que no se doblegan porque nuestro orgullo es más grande, porque nuestros intereses son más grandes aun. Porque nuestros placeres son más grandes aunque sean mundanos, son más grandes que lo que dice el Señor. 


Entonces cuando Dios toca nuestro corazón es un milagro que nosotros recibamos a Cristo Jesús,  a mí durante nueve años prácticamente me hablaron del Señor Jesucristo, durante nueve años me insistieron que fuera a reuniones, durante nueve años me decían que yo creyera en Jesús. Y la dureza de mi corazón era tan grande, mi soberbia era tan mayúscula que yo siempre decía: gracias, así estoy bien, algún día eh, algún día. Así somos, entonces, un milagro grande es lo que Dios actúa en nuestro interior.

 

Y no nos damos cuenta que muchas ocasiones que las enfermedades aun que padecen nuestros familiares o nosotros mismos, sirven para dar testimonio de lo que Dios hace a los que están a nuestro alrededor. No lo vemos porque estamos cerrados a ver las cosas como las queremos ver nosotros o como nuestros ojos nos lo permiten, y nuestros ojos tienen muy poco alcance y no vemos la grandeza de Dios, no vemos los verdaderos milagros de Dios.

 

Versículo 26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

 

Qué palabras tan importantes de nuestro Señor Jesucristo. ¿De qué te serviría a ti ganar todo lo que tú quieras ganar en este mundo, si vas a perder tu alma? ¿De qué te serviría ganar millones de pesos si tu alma se va a ir al infierno? Y no es el consuelo del pobre, en verdad, como muchas ocasiones se ha dicho, es una realidad. De qué puede servir que yo gane lo que yo quiera, en el área que yo quiera hasta en el afectivo, si voy a perder mi salvación, si mi alma se va a perder y se va a ir al infierno, ¿qué caso tiene? Yo creo que ninguno.

 

Debemos buscar vivir de acuerdo a lo que Dios establece y hacer las cosas como Él las establece para que nosotros podamos vivir no una vida de un cortísimo tiempo, sino una vida eterna. Cualquier sacrificio que nosotros hagamos aquí en esta tierra, créanme que vale el esfuerzo.

 

Vale el esfuerzo que tú hagas y de lo que tú te prives para vivir por la eternidad; y el vivir por la eternidad en la presencia de Dios no estamos hablando de un determinado tiempo, no estamos hablando de mil años o de dos mil años, estamos hablando de algo que será eterno, que será para siempre. Entonces necesitamos meditar bien las cosas y tener conciencia de qué es lo que Dios quiere, y aun qué es lo que nosotros queremos.

 

Versículo 27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

 

Y lo primero que vemos aquí, es que no dice Jesús que vendrá con recompensa, sino que pagará a cada quién según lo que haga. De acuerdo a lo que tú hagas, de acuerdo a lo que sea tu obra, a lo que haya sido tu obra así es como el Señor te dará un pago. Y es bastante claro en cuanto a su segunda venida, nuestro Señor Jesucristo no solamente vendrá por su iglesia, no solo vendrá por cada uno de nosotros, ¡NO!

 

Sino que a los creyentes y a los incrédulos dice: les dará un pago el cual será conforme a sus obras, conforme a lo que haga. Y aquí las cosas se empiezan a poner un poquito difíciles, ¿por qué? Porque cada persona tiene la responsabilidad consigo misma de hacer un análisis verdadero de la obra que está haciendo. ¿Qué estás haciendo en tu vida? Y esto es algo que tú te lo debes preguntar, lo que yo hago, lo que yo he hecho, lo que yo he construido, lo que yo construyo, ¿es una obra que  está guiada por el Señor o está guiada por la carne, por mis intereses, qué es?

 

Yo te quiero pedir que por un momento tú pienses, ¿qué estás haciendo en tu vida? Y que tú te lo contestes a ti mismo. ¿Qué estás haciendo de tu vida? ¿Tu obra es de acuerdo a lo que Dios dice? O ¿Es según el mundo y sus propios intereses o tus intereses personales? ¿Qué estás edificando? ¿Cuál es tu obra? Porque mira, venir a la iglesia no es hacer una obra, es cumplir con algo que Dios establece. ¿Qué construyes en tu vida y cómo lo construyes? ¿Cuál es la obra que tú estás haciendo? Porque te puedes encontrar que aun ni siquiera ninguna obra estás haciendo.

 

Creer en Jesucristo no es solamente decir: sí, yo creo. Sino que tiene que haber un arrepentimiento de nuestro pecado, de nuestra forma pasada de vivir, tiene relación con eso. Es, analizar a qué me ha llevado el pecado, a qué me llevó, ¿me llevó a una vida vacía, a una vida solo, desesperada? ¿A qué me ha llevado, qué construí con el pecado o los pecados que yo tenía? ¿Estoy edificando en la voluntad de Dios, estoy haciendo la obra que Dios quiere que haga como hijo(a) suyo(a)? Porque si no, voy a tener problemas severos y voy a tener problemas con Dios.

 

Hay algo importante que nosotros no debemos olvidar, y es precisamente que en estos momentos vivimos en la gracia de Dios, pero cuando venga Jesús será el tiempo que esa gracia termine. Y por eso ahorita hay cristianos que pecan, que no tienen ningún remordimiento, que no tienen ningún problema, que siguen viniendo a las reuniones como si nada pasara, que siguen levantando sus manos y siguen adorando a Dios; ¡y no pasa nada! 


Hay hermanos que no diezman, y no pasa nada. Y sienten que todo sigue normal, que todo sigue bien que no hay ningún problema. ¡Sí! Y se agarran por el hecho de que vivimos en la gracia, y de todos modos soy salvo; porque si analizamos los textos nos vamos a dar cuenta que el ser salvo no es venir a la iglesia, no voy a alcanzar la salvación por venir a la iglesia. Hay muchos que vienen que no son salvos.

 

La salvación es por fe, entonces la gracia de Dios está manifiesta en mi vida desde el momento que nació nuestro Señor Jesucristo hace más de 2 mil años. La gracia de Dios fue sobre este planeta y por eso envió a Cristo Jesús a este planeta a morir por nosotros los pecadores, a tomar nuestro lugar para que nosotros tuviéramos una relación con Dios Padre y tuviéramos la posibilidad de vivir por la eternidad. Así lo dice la Escritura.


Pero no pensamos en el hecho de que la gracia se va a terminar. Cuando Cristo Jesús venga ya no va a haber gracia, y todo lo que  hiciste entonces Dios lo juzgará. Nuestro Señor Jesucristo lo dijo: yo no vine a juzgar al hombre. Jesucristo dijo: yo no te vine a juzgar a ti, para eso está la Ley, esa es la que te juzga.

 

Romanos 2:5-6 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6el cual pagará a cada uno conforme a sus obras.

 

El apóstol Pablo por el Espíritu Santo dice que el Señor va a pagar a cada persona, a cada individuo de este planeta, por las obras que ha llevado a cabo. Y esto está fuerte, porque entonces es cuando yo me doy cuenta que no solamente es la fe, que va a haber un pago. La fe me da salvación, pero lo que yo he hecho aun con mi salvación va a tener un pago. Todo es en esta vida, todo lo que nosotros hagamos tiene una consecuencia, todo.

 

Y nosotros tenemos que analizar qué es lo que hacemos y considerar cuáles son las consecuencias que esto va a traer consigo. Y luego no lo hacemos simplemente actuamos, sin saber más allá, solo actuamos y creemos que no hay problema. Hacemos lo que en ese momento queremos hacer, y no pensamos a futuro, no pensamos en juicio, no pensamos en pagos, no pensamos en nada. Pensamos en que ahorita quiero suplir esto, esta necesidad y la suplo, no hay más, así de fácil.

 

Y el apóstol Pablo explica cómo se da esto en Romanos 2:7  Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad. Yo voy a hacer lo que dice la Palabra de Dios, voy a hacer las cosas como Dios las establece para que entonces tenga vida eterna. Y dice: perseverando. Porque este es otro de nuestros graves problemas, no perseveramos en las cosas.

 

Nos cansamos de hacer las cosas, nos molesta, llega el momento en que decimos, bueno, ¿y para qué? No perseveramos en lo que debemos de perseverar. Lo hacemos a un lado. La perseverancia que debemos tener la olvidamos, y si no salen las cosas en los tiempos que nosotros queremos que salgan, entonces no vamos a perseverar.

 

No sé por qué razón nosotros no nos sostenemos en algo, no lo entiendo, nos es tan difícil. Nos comprometemos para algo y finalmente no cumplimos hasta el final con eso que nos estamos comprometiendo, a pesar de que la Palabra de Dios nos insiste en que debemos perseverar hasta el final.


Nuestro Señor Jesucristo cuando hace el llamado a las siete iglesias de Asia, que eran las que existían en aquella época, a cada una de las iglesias les dice: el que persevere hasta el final recibirá… Y habla de una recompensa. A cada una de las iglesias se los dice, persevera. El que permaneciere hasta el final y nosotros no permanecemos, nos comprometemos para algo con el Señor y lo hacemos un corto tiempo, y después de ese corto tiempo se nos olvida y ya no lo queremos hacer, ya nos causa problemas, nos da flojera, tenemos otros intereses. ¡Qué difíciles somos!


Era para que a estas alturas todos los templos cristianos estuvieran llenos de creyentes. Ah pero da flojera, y dejan de venir porque entonces empiezan a hacer otras actividades, se empiezan a comprometer con otras cosas, aun con cosas que hicieron ayer. No pues nos vamos a una fiesta, y nos vamos a la fiesta y llegamos en la madrugada a la casa y pues ¿cómo nos vamos a levantar temprano para ir a la iglesia? Qué flojera.

 

Y no perseveramos en lo que debemos de. Se nos hace pesado, se nos hace difícil. Y no estamos entendiendo la Palabra de Dios, no tenemos consciencia, y yo creo que el cristiano no tiene consciencia de lo que dice la Palabra y por eso actuamos como lo hacemos. Si tuviera yo consciencia entendería: vida eterna a los que: perseverando. Es decir, tengo que perseverar en hacer bien, buscar gloria y honra e inmortalidad.

 

Versículo 8  Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia.

 

Los que no están haciendo lo que deben de hacer, también van a tener un pago. Y dice la Escritura que estamos acarreando ira y enojo a Dios. Ah, pero Dios es misericordioso, Dios es amoroso. Sí y por eso en este momento no nos destruye, y nos da la oportunidad de que recapacitemos, nos da la oportunidad de que nosotros mismos, los creyentes, olvídate del incrédulo, nosotros hagamos lo que debemos de hacer de acuerdo a la Palabra, nos da esa posibilidad.

 

Y para entender plenamente a lo que se refiere el apóstol Pablo, es necesario conocer cuáles son las obras de injusticia, cuáles son las obras que acarrean ira y enojo al Señor. Porque dice que esto acarrea aquellos que son contenciosos y no obedecen a la verdad. Una persona que obedece a la verdad, obedece lo que Dios dice, lo que Dios establece, obedece los propósitos de Dios, obedece sus mandamientos; y no me refiero a los 10 mandamientos nada más, me refiero a todos sus mandatos.


Que estas obras de injusticia el apóstol Pablo las llama: obras de la carne.

 

Gálatas 5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas,  disensiones, herejías, 21envidias, homicidios, borracheras, orgías,

 

Y si dices: ¡ya la libré! Porque tienes de dos: una decir: ¡Lotería, ya reúno todas! O decir: ya la libré con éstas. Pero continúa diciendo este versículo: Y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

 

Es fuerte la Palabra, y estamos solamente hablando aquí de tres versículos; hay otras cosas que están también expresadas en otros libros de la Biblia. Muchas ocasiones consideramos que los pecados llevan un tamaño, que los pecados se miden y que hay pecados chiquitos, más grandes, medianos, más grandecitos, grandes y enormes. Y nos enseñaron al menos a mí de niño, que había siete pecados capitales los cuales no tenían perdón de Dios. Cosa más fuera de lo que dice la Biblia.

 

Y la Biblia nos enseña que los pecados todos tienen el mismo tamaño, todos son iguales. Y nos enseña la Palabra de Dios que al tener pecado, tengo un problema en mi vida, y no importa qué tipo de pecado sea, es pecado. Yo recuerdo que a gente le he compartido de la Palabra, y luego me dicen: es que yo no mato, yo no le deseo mal a nadie, y como no lo hago ya tengo ganado el cielo. ¡No, fíjate que no!

 

Porque mira, tú tienes enemistades, tú tienes pelitos, cada rato te estás peleando con tu esposa. Imagínate, a cada rato te estás peleando con tu esposa y quieres llegar al cielo, al reino de Dios, a la presencia de Dios ¿para qué? ¿Para que Dios vea cómo te peleas? Piénsalo. Cuando hay hermanos que tienen conflicto, hermanos en la fe yo les digo: arregla tus problemas, porque si no los arreglas no vas a entrar al cielo. Dios no va  a llevar a su cielo, a su reino a alguien que le cause conflictos y problemas.

 

Estamos aquí en este mundo para aprender cómo nos tenemos que comportar cuando estemos en el cielo. Y tenemos que quitar todo esto, y tengo que quitar las enemistades, los celos, las iras. Ah es que yo soy bien enojón, ese es mi carácter. ¡Pues cámbialo! Porque Dios no quiere enojones en su presencia, para nada; Dios no quiere celosos. Entonces nosotros necesitamos hacer las cosas como debemos hacerlas.


En otra parte de la Biblia dice: los chismes. Anteayer una persona, una hermana de la iglesia a quien amo mucho me dijo: ah hermano, cómo hay de chismes entre los hermanos en la iglesia. Y dije: pues que se queden callados porque van a tener problemas. Y a los chismosos nosotros les damos entrada cuando los oímos. Cuando venga una persona y te diga. Oye, ¿qué crees que hizo el hermano, la hermana fulana? Mira, no lo oigas, te estás haciendo copartícipe de ese chisme, y lo único que va a hacer esa persona es aventarte su basura, en verdad.


Es lo que pasa en los grupos de Alcohólicos Anónimos, y yo los  respeto porque creo que hacen una buena labor; pero en esa parte desde mi punto de vista bíblico, están equivocados. Pasa una persona y dice: soy Fulano de Tal y soy alcohólico aunque no bebo desde hace 20 años. Y yo era… Y empieza a aventar toda la basura a todos los que están, y toda esa basura que avienta, los que están presentes la reciben. Y se para otro y pasa y dice: Pues yo soy Zutano. Y también avienta basura, y todos los que ahí están reciben esa otra basura. Qué desagradable situación.

 

Y cuando nosotros escuchamos un chisme de una persona, de un hermano en Cristo, estamos aceptando que nos llene de basura y nos contamine. Yo te recomiendo que cuando venga una persona a ti a chismear, le digas: espérame, no soy basurero, no me tires tu basura, no me la avientes. O la otra, dile: vamos con la persona de la que te estás quejando para que arreglen su situación. Y llévala.


Ah es que el pastor se pasa. Vente, vamos a hablar con el pastor. Y tráemelo. Porque somos muy fáciles de hablar, y Dios dice que tengamos cuidado, dice: No anden de chismosos. Y el apóstol Pablo nos está hablando de esas obras que nosotros hacemos, obras de envidias, de idolatría, de inmundicia, de lascivia. ¿Qué obra u obras estás haciendo? ¿Qué hay en tu mente y en tu corazón y qué llevas a cabo? Eso es.

 

Y tenemos que resaltar algo que es bien importante, en la Biblia no existe el pase automático, no lo existe. A nosotros nos agrada el pase automático porque nos evita un examen. Me voy a meter a la escuela fulana de tal porque esa tiene pase automático a la UNAM. Es decir, yo quiero librarme de un examen para entrar y seguir mis estudios. Si eres un buen estudiante, ¿cuál es el problema que no haya pase automático? ¡Queremos el pase automático en todo!

 

Pase automático para no hacer fila en el Banco, por eso ya los Bancos tienen ventanillas especiales. Una ventanilla especial para esto, para lo otro, para aquí. Ah ahí viene un discapacitado, ventanilla especial pase automático. Recuerdo que mi esposa andaba mal de su pie, ustedes vieron que andaba con problema de su pie y andaba caminando con bastón.

 

De repente se le olvidaba el bastón y decía, por ejemplo: entrábamos al Banco y decía: mi bastón. ¿Para qué? Para pasar rápido. ¡Por favor, no, no, no! Ah no traigo el bastón. ¿Para qué? Para que te estaciones aquí donde es de discapacitados. No mira, mejor caminamos, ¿cuál es el problema? Queremos pase automático. La Palabra de Dios no nos habla en ninguna parte de un pase automático al cielo, no lo habla, no lo dice. Nos gustaría que así fuera, pero no lo hay.

 

2 Corintios 5:10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo.  Es decir, nosotros tenemos que comparecer, tenemos que declarar ante el tribunal de Cristo. Fíjate qué fuerte. Es necesario que tú y que yo comparezcamos, es decir, que pasemos ante el tribunal de Cristo. ¿Para qué? Para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

 

¿Vamos a comparecer, vamos a pasar por un tribunal? Sí. Oye hermano y no será posible que los que nos vayamos con el Señor en su segunda venida, ¿no comparezcamos ante el tribunal de Cristo? Pues igual y sí, aquí el problema es que no sé si te vayas, no sé si en la segunda venida de Jesús te lleve, no lo sé, ni tú lo sabes. Pero la Palabra dice que es necesario que todos pasemos a juicio.

 

¿Por qué? Porque el Señor va  a dar a cada uno según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo. Y cada uno de nosotros en estos momentos estamos en el cuerpo. Es decir que vas a tener que comparecer por lo que tú haces, por lo que has hecho en toda tu vida. Si nosotros lo miramos con la tecnología actual, pues es como si te pasaran un video de toda tu vida de lo bueno y de lo malo que has hecho. Y se van a ir deteniendo en cada punto. Y va a haber un juicio. Entonces, no es tan automático el pase, lo dice la Escritura.

 

Esto significa que tenemos que hacer conciencia de que habrá un pago, de que habrá una recompensa a tu obra cualquiera que ésta sea. ¡Va a haber un pago! Obras buenas y malas, lo bueno y lo malo dice el Señor. Si hacemos consciencia de esto, nuestra obra será hacer lo que Dios establece, hacer las cosas como Dios las manda en su Palabra. Si no tengo consciencia de lo que dice la Escritura, puedo seguir haciendo lo que quiera, pero finalmente va a haber un juicio y va a haber una consecuencia, y no es una amenaza, es algo que así será.

 

Y es algo que nosotros somos, como hijos hemos recibido de nuestros padres recompensa y un buen pago cuando hemos hecho lo bueno. Cuando hemos hecho lo malo, hemos recibido un pago. Como padres nosotros a nuestros hijos es exactamente lo mismo, si ellos se portan bien, si ellos hacen su tareas, si ellos hacen lo que deben hacer, entonces van a recibir de parte nuestra un pago, una recompensa, eso es lo correcto.


Si no hacen lo que tienen que hacer, entonces van a recibir también un pago, van a recibir o un castigo o una reprimenda, en fin, lo que tú consideres.  Eso es, y la pregunta es ¿y por qué Dios va a hacer diferente? Vamos a pasar igual todos, lo dice la Escritura. Ah es que yo creí que por la fe, que como dice la Escritura que por la fe soy salvo, por gracia y no por obras; pues yo ya tenía el pase automático. Pues te van a pasar por juicio para ver tus obras, para ver cómo andamos, ¡a todos!

 

No hay consentidos, no hay elegidos. Es que a mí me ama mucho Dios. A mí también, por eso dio a su Hijo amado por mi vida, para rescatar mi vida, por supuesto. Ninguno de nosotros somos consentidos, ni el pueblo de Israel, va a pasar por juicio también. Entonces, debemos hacer una consciencia.

 

Y Dios esto lo reveló desde la antigüedad, esto no es nuevo, esto no es del Nuevo Testamento. En la antigüedad nosotros podemos advertir en una gran cantidad de citas, que Dios habla precisamente sobre dar recompensa a cada uno según su obra. Vamos a ver lo que dice el rey Salomón en:

 

Proverbios 24:12 Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, Y dará al hombre según sus obras.

 

Muchas ocasiones nosotros decimos: Dios lo sabe, y Dios sabe que estoy bien, y Dios sabe y Dios conoce. Y estamos equivocados, sí sabe pero no desde el aspecto que nosotros queremos que sepa. Dios sabe cómo son las cosas y él conoce perfectamente bien nuestra obra, Él la conoce, Él sabe qué hacemos, cómo lo hacemos, en qué momento lo hacemos.

 

En ocasiones aun el cristiano dice: ay es que siento que Dios no me escucha, que Dios no me ve. ¡Estás equivocado! Dios está al pendiente de ti siempre, en todo momento, siempre. Y es algo que debemos tener consciencia. No podemos engañar a Dios, Él nos conoce a la perfección, y nos conoce mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos. Nosotros aun somos engañados por nosotros mismos.

 

Jeremías 17:9  Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?

 

Nosotros nos podemos engañar a nosotros mismos, y de hecho lo hacemos; nos engañamos creyendo que somos lo que no somos. Nos engañamos justificándonos por no hacer lo que debemos hacer, eso es común. Ah es que no hice esto que Dios establece, o esto que tenía que hacer de acuerdo a su Palabra porque… Y nos engañamos con una justificación o con un argumento que según nosotros es muy válido.

 

Nos engañamos diciéndonos que hicimos lo mejor que pudimos cuando no es cierto, cuando pudimos haber hecho mucho más, muchísimo más. Por lo tanto, vivimos engañados por nosotros mismos y queremos engañar a los demás. Y tal vez los engañemos, y tal vez nos justifiquemos, pero finalmente dice la Escritura que Dios es el que conoce bien nuestro corazón, y a Él no lo podemos engañar.


Y el día del juicio nadie podrá venir delante de Dios y justificarse por sus obras. A ver Fulanito ven para acá. Tus obras dicen que siempre te enojabas con los demás. Ah es que los demás me hacían enojar. No, ya te justificaste, ya perdiste. No va por ahí. El juicio es: hiciste esto, mereces esto. No hay más. No hay para dónde hacerte. Ahora, pregunta el profeta ¿quién lo conocerá?  Es decir, ¿quién conocerá el corazón del hombre? Y contesta:

 

Versículo 10  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

 

Dios nos conoce perfectamente bien, y Él nos va a pagar de acuerdo a lo que nosotros hemos hecho. Nos va a pagar de acuerdo a nuestras obras, de acuerdo a nuestros caminos, lo va a hacer de acuerdo al fruto de nuestras obras.  Mis obras tienen que dar un fruto, de hecho todas las obras dan un fruto, un fruto de acuerdo a la voluntad de Dios, dentro del Espíritu Santo o un fruto de la carne. ¿Cuál es el fruto que nosotros estamos dando?

 

Porque a la hora de analizarlo, yo tengo que dar, como cristiano, como hijo de Dios el fruto del Espíritu Santo, y se tiene que mostrar, todo fruto se tiene que ver. Y si no lo estoy dando, si los que están a mi alrededor no lo ven, debo analizarme y hacer las cosas de una manera correcta de acuerdo a la Palabra.

 

Jeremías 32:17-18 ¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti; 18que haces misericordia a millares, y castigas la maldad de los padres en sus hijos después de ellos; Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre.

 

Y el profeta habla de la grandeza de Dios cuando leemos todo el capítulo, habla sobre el poder de Dios, sobre su amor, sobre su misericordia, sobre todo lo que Él es. Pero dice en el siguiente versículo:

 

Versículo 19 Grande en consejo, y magnífico en hechos; porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras.

 

Es decir, Dios está atento en todo momento viendo los caminos de los hombres, es decir, de todos los habitantes de la tierra. Y a cada uno nos va a dar de una manera personal un pago, está escrito. No podemos engañarnos nosotros pensando que nosotros como somos sus hijos ya tenemos un pago maravilloso de parte de Dios, ya tenemos una gran recompensa por haber dicho: sí, sí creo en Jesús. Sí, sí me bautizo. Sí lo confieso delante de los hombres. ¡No!


De acuerdo a la Palabra está atento sobre todos, a todos nos está viendo para dar a cada uno según el camino que llevan, según como tú vivas tu vida. Habrá un pago, y también pago según el fruto de tus obras. ¿Cuáles son tus obras? ¿Son buenas, son malas, son espirituales, son de la carne, cuáles son tus obras? Porque va a haber un pago.

 

Todos queremos siempre el mejor pago con el menor esfuerzo, por supuesto. Yo quiero en un trabajo hacer poco y ganar mucho. Y quiero que aunque no sea cumplido, aunque no sea responsable, me den bonos de compensación, bonos de gratificación, queremos bonos. Pero si no los merezco no me los dan, y aun si no hago lo que tengo que hacer, nos arriesgamos que nos corran del trabajo.

 

Entonces la Palabra nos enseña que Dios está al pendiente. Si vivimos en la gracia. ¡Gloria a Dios estamos en la gracia! Y sobre nosotros hay bendición constante, pero los ojos de Dios están atentos a todo lo que nosotros hacemos. Y Él está viendo cada una de nuestras obras para darnos de acuerdo a esas obras porque va a venir un pago por esas obras.

 

Entonces, es un tiempo en el cual nosotros tenemos que considerar esto, para saber qué vida vamos a seguir llevando. ¿Una vida en donde nosotros solamente tengamos como obra venir a la iglesia y llegar tarde? U obras de acuerdo a la Palabra de Dios todos los días de nuestra vida, para que cuando venga el Señor nos dé un buen pago. ¿Qué es lo que tú quieres en tu vida? ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que tú anhelas? ¿Qué es lo que realmente tú esperas?

 

¿Qué es lo que quieres recibir el día de mañana cuando venga el Señor Jesús? ¿Qué esperas que él te dé? ¿La vida eterna y Señor gloria a Dios y voy a vivir en tu palacio? ¿Qué crees que vas a tener, qué crees que vas a recibir? En estos momentos trae a tu mente la vida que tú estás llevando, no vamos a hablar, no quiero que tú consideres la vida que tú llevabas antes, la vida que tú llevas hoy día, ¿es una vida que va de acuerdo a lo que Dios establece?

 

Sin engaños, sin justificaciones porque mira, no tienes que pasar y habar de ello a la congregación. No tienes que justificarte por tus actitudes, por la obra que tú estás llevando a cabo. Simplemente analiza lo que tú estás haciendo y ve como lo ve Dios, trata de verlo a través de sus ojos, es decir, ve si estás haciendo las cosas como Él las establece o no. Y también piensa ¿cuál es el pago que tú quieres recibir? ¿Qué pago quieres tú tener de parte de Dios para las obras que haces?

 

¿A qué te sientes merecedor? Considéralo. Y si tú consideras que es necesario reajustar tu vida, en estos momentos pídele a Dios que Él te guíe para que tú lo puedas llevar a cabo. Si consideras que hay obras que tú llevas que tienen que ser dejadas, pídele a Dios la fortaleza para hacerlo. Si tú ves que tienes que hacer cosas nuevas, conforme y los propósitos de Dios, dile al Señor que traiga revelación para que lo lleves a cabo.


Ponte en sus manos y dile: ahora quiero esto, quiero hacer esto, he venido haciendo esto, esto y  esto. Ahora quiero hacer las cosas como tú las estableces. Dame fortaleza para hacerlo, guíame, trae revelación a mi vida. Porque efectivamente todos nosotros estamos aquí porque creemos en Jesús y queremos la vida eterna, tenemos la vida eterna. Pero la Palabra nos habla de un pago y una recompensa por nuestras obras, que éstas  sean de acuerdo a los propósitos de Dios para que tengamos una buena recompensa. Yo quiero la mejor recompensa. Si, pero me va a costar. Te va a costar.

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de tu Hijo amado nuestro Señor Jesús, levanto delante de tu presencia a este remanente, pidiéndote que tú te manifiestes con poder a sus vidas, y que tu traigas revelación a cada uno de nosotros para que podamos ver de una manera objetiva cuáles son nuestras obras. Para que nosotros podamos ver nuestra mente y nuestro corazón sin engaños, y veamos si verdaderamente estamos haciendo lo que debemos hacer de acuerdo a tu Palabra.

 

Queremos el mejor pago, queremos de lo mejor y entendemos que esto se realizará si hacemos de acuerdo a tu voluntad las obras que tú estableces. Es tiempo de que nosotros dejemos a un lado la comodidad, la apatía y nosotros nos pongamos a hacer la obra que debemos hacer. Manifiéstate con poder en medio de tu pueblo, sabemos que estamos viviendo los últimos tiempos, los postreros días, que falta poco para la segunda venida de nuestro Señor y salvador Jesús, falta poco para que nos lleve a tu presencia.

 

Pero Padre, que esto que falta lo vivamos de acuerdo a tu voluntad, haciendo tus obras. Obras de justicia, obras las cuales permanezcan y permitan que tengamos una recompensa grande y maravillosa. Y que esto también sea para darte a ti toda honra y toda gloria. Queremos hacer las cosas porque te amamos, porque ciertamente entendemos y tenemos consciencia de que nuestro Señor Jesucristo entregó su vida por cada uno de nosotros para que nosotros alcanzáramos salvación; lo reconocemos y lo amamos.

 

Y Padre, gracias porque tú estás atento a todo lo que nosotros hacemos, porque tus ojos ven cada detalle, cada obra. Que estas obras te glorifiquen, que estas obras te den la honra; y en Cristo Jesús a ti sea nuestro amor por la eternidad, amén.


Dios los bendiga.

 

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