INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

SÉ FIEL SIEMPRE

 

Rebeca Hefzi-Bá Cano

 

 

REGRESAR

   

 

Apocalipsis 2:10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

 

Me voy a detener en la segunda parte de este versículo, donde dice: Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. Una de las cosas que conforman el carácter de Dios es la fidelidad. Sabemos que Dios es fiel, que cumple sus promesas, es un Dios que responde y que cumple lo que promete.


Desde hace tres semanas se ha estado hablando de hacer tesoros espirituales, de hacer tesoros en el cielo; no solamente tesoros terrenales sino también en el cielo. Y una de las cosas que hoy te voy a mostrar es que la fidelidad es algo que vas a hacer que tú tengas tesoros en el cielo. La fidelidad no es sencilla, la fidelidad pasa por muchas pruebas, aquí como lo dice Juan es retenerla hasta la muerte.

 

No se trata de solamente de vez en cuando; no se trata de soy fiel unos días, unas semanas, unos años; ¡no! La fidelidad es toda la vida, y se prueba toda la vida. Y una  de las características principales de un cristiano debe ser la fidelidad. Es parte esencial de la vida de un cristiano, la fidelidad. Y hay dos puntos que te quiero mostrar conforme a la fidelidad:

 

1.- La fidelidad empieza por pequeñas cosas.  

 

Mateo 25:21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

 

Te voy a contar una anécdota, creo que soy buena contando anécdotas, y hoy te quiero compartir una. Cuando yo empecé a estudiar teatro fui a buscar una escuela de comedia musical, a mí me encanta la comedia musical. Así que cuando fui a la escuela estaban montando José el Soñador; José el Soñador es mi obra favorita, me encanta. Entonces me sé todos los papeles de José el Soñador.

 

Así que cuando yo entré a la escuela, me enteré que estaban montando esta obra, fue maravilloso para mí saber que podía ser parte de la obra. Yo les dije: ¿saben qué? Quiero entrar, y les pregunté ¿qué necesito hacer? Y yo creí que iba a ser súper complicado, que iba a tener que hacer audiciones, y filtros y filtros; y solo me dijeron: tienes que estar aquí el sábado a las 9 de la mañana.  Wow, qué fácil, dije: maravilloso ¿no?

 

Entonces yo llegué el sábado en la mañana y dije: ahorita, ahorita que me vean bailar van a decir: qué bárbara, qué talento tienes, por favor, uno de los roles principales es para ti,  ¿no? Entonces yo creí que con mi talento iba a obtener un buen papel, y dije: ahorita que baile, ahorita que cante, van a decir: maravilloso, y me van a dar algo, voy a tener una buena posición en esta obra.


Así que llegué el sábado en la mañana, y me ven y me dicen: Qué bueno que estás aquí, justamente estábamos esperando a alguien como tú, me dijo el coreógrafo. Y yo: no inventes, qué maravilloso, me estaban esperando. ¡Mi debut! ¿No? Entonces, el coreógrafo me agarra de la mano y me dice: ven, te voy a mostrar tu lugar.

 

Y yo pensé: aquí en medio de todos. Y me agarra de la mano y me lleva, porque empezaron a hacer la coreografía, y me agarró de la mano y yo estaba en la parte de enfrente, y me dice: ven. Me agarra de la mano y me va guiando, y me pone hasta atrás en la última fila, en la esquina; y me dice: qué lindo, es que una niña se fue y necesitábamos a alguien que cubriera este lugar. Y mi cara fue de ¿es en serio? O sea, con todo mi talento ¿la esquina?  Entonces yo tuve que tomar ese lugar.

 

¿Creen que me gustaba estar ahí? ¡NO! Obviamente no, porque lo único que yo hacía eran posiciones egipcias con las manos: entonces era posición, posición, pirámide, te sorprendes. Entonces fue así durante un gran rato, y bueno la verdad es que al principio ni me gustaba, para qué les miento, ni me gustaba. Pero yo por estar en la obra, en mi obra favorita pues empecé a ir y empecé a ser constante, constante, constante.

 

Y a pesar de que este papel fuera insignificante, yo estaba ahí. Yo cuidaba de mi papel y no importaba; si a mí me decían: Tienes que entrar en ese momento y hacer: ¡oh por Dios! ¡Cara de enojada! ¡Sonríe! Yo lo hacía una y otra, y otra vez. Entonces ahí me tenías en los ensayos haciendo caras ¿no? Y moviendo las manitas, manita, manita y pirámide.

 

Y así fueron muchos meses de cuidar esta posición tan maravillosa, mi papel principal en la esquina. Y yo me esforzaba y yo le fui fiel a esta posición insignificante, y pasaron  varios meses y un día hubo un montaje, un ensayo en donde el coreógrafo nada más necesitaba a diez personas, iban a ser cinco parejas y entre esas, en dos parejas estaba José y estaba el Faraón; Faraón es uno de los papeles principales de la obra.


Entonces empezaron a mencionar a las niñas que bailaban, que tenían mucho más tiempo que yo ahí. Y en eso dice: A los que no mencione por favor salgan, tómense un descanso y me voy a quedar con los que voy a ensayar. Dije: bueno está bien. Me iba a salir y en eso el coreógrafo me dijo: Rebeca tú quédate. Y yo me sorprendí, y me pregunté ¿hay otra Rebeca aquí? ¡No, soy la única! Y el coreógrafo me dijo: Sí, tú Rebeca, no hay otra, ven.  Y yo: Por Dios, qué momento tan especial.

 

Y en eso me agarra el coreógrafo nuevamente de la mano, y yo pensé: bueno me va a poner con alguno de mis compañeros. ¿Y qué creen? Me tocó bailar con José. Y yo estaba bien emocionada, ¡me va a tocar bailar con José, aquí enfrente! Entonces, después de muchos meses me dieron un papel un poquito mayor; yo no era de las principales pero pude tener algo mayor de lo que yo tenía. ¿Por qué? Por mi fidelidad en algo insignificante.


Cuando la gente ve tu fidelidad, la fidelidad rinde fruto hermano, y la fidelidad es algo que se nota. ¿Y sabes qué? Después de ese papel, después de bailar con José, terminó la obra, hubo audiciones para otra obra, y dije: ¡este es mi momento, voy por el papel principal! Era el papel de una niñita; entonces ¿qué creen que pasó? ¡No me lo dieron! Desafiné horrible en la audición, entonces canté pésimamente mal, pero ¿qué crees? No me dieron el protagónico pero sí me dieron el antagónico, y me dieron un papel principal.

 

Porque sabían que si yo podía hacerme cargo de un papel pequeño, y luego me daban algo un poquito más alto, entonces si yo era fiel a esos dos, entonces podría cuidar de algo más alto que ellos me dieran. Y la fidelidad es así hermanos, la fidelidad empieza por cosas pequeñas, por cosas que nosotros creemos que son insignificantes.

 

¿Y saben? Muchas veces nosotros despreciamos los pequeños comienzos. Eh Pastor, pero cómo voy a empezar a lavar los baños. Deme acá algo más alto, acá el ser líder de un ministerio. Bueno, empieza lavando los baños, empieza sirviendo a las mesas. ¿Por qué? Porque despreciamos los comienzos pequeños. Pero ¿sabes? Es ahí en donde tu fidelidad se prueba, es ahí donde Dios te ve; cuando empiezas en lo pequeño.


Es como cuando uno tiene un sueldo pequeño, por ejemplo si yo gano $ 100 pesos, y tengo que dar el 10% que es el diezmo; si yo no soy capaz de dar $10 pesos a Dios, ¿cómo el Señor me va a bendecir para que yo gane más, si ni siquiera yo puedo serle fiel en lo más mínimo? ¿Cómo aspiro aun ministerio si ni siquiera me puedo involucrar en la iglesia? ¿Cómo Dios va  a poder confiar en mí?

 

Yo puedo confiar en Dios porque yo sé que Dios es fiel, yo sé que Dios me va a contestar. Yo sé que Dios siempre cumple, Él es fiel, no importa lo que pase, Él es fiel. Pero la pregunta para ti hermano es ¿Dios puede confiar en ti? ¿Dios puede saber que le vas a ser fiel en lo poco? ¿Te puede pedir algo y sabrá que lo podrás hacer o no? Entonces, primer punto: la fidelidad empieza por cosas pequeñas.

 

2.- Sé fiel cuando nadie te ve.

 

Ya te he comentado, esta es otra anécdota, ya te he comentado antes cuando me fui a estudiar a Dallas, yo tenía una beca, una beca por la cual yo tenía que trabajar en la escuela. Mi hermano siempre se queja de mí porque dice que yo no hacía nada porque trabajaba en el gimnasio. Obviamente sí hacía algo, no tan pesado como él pero sí hacía algo.

 

Y yo recuerdo que al llegar a la Institución te van asignando el área en la que tienes que trabajar, y me habían asignado al gimnasio. Entonces básicamente mi trabajo no era tan pesado pero tenía que barrer el gimnasio, tenía que limpiar los vidrios, tenía que acomodar las pesas, etc. Entonces como en el gimnasio pasa mucha gente, lo que yo quería era: ser popular, era que la gente me viera.


Así que yo recuerdo que cuando yo limpiaba el gimnasio, sacábamos una máquina como las que tienen en los centros comerciales para limpiar, barrer, trapear, pulir el piso; pero lo hacía a la hora en donde había más gente para que la gente dijera: ¡Wow, Rebeca está trabajando! Entonces yo pasaba con la máquina, hola, hola ¿cómo estás? ¿Qué haces? Aquí trabajando como siempre. Entonces, me ponía a limpiar los vidrios en donde había más gente, como para que dijeran: Ah, qué bárbara, cómo limpia el Gym.

 

Y ahí me tenían limpiando los vidrios, barriendo, estaba de un lado a otro para que la gente me viera, para que hubiera un reconocimiento, para que la gente dijera: ¡Qué bárbara, o sea, te pasaste, como dejaste los vidrios súper pulidos, o sea, no inventes, o sea no sé qué haríamos sin ti! O sea, yo quería sentirme indispensable.

 

Así que un día empezamos a trabajar, había dos turnos: uno en la tarde y otro en la noche. Casi siempre éramos dos personas porque el gimnasio estaba muy grande y no se podía quedar una sola persona, éramos dos personas. Así que la tarea más difícil era: ¡Limpiar los baños! Así que me dice mi compañero: oye, te toca limpiar los baños. Era algo que yo nunca había hecho. Y me dice: pues te toca limpiar los baños. Y yo: no, ¿no te toca a ti? Me dice: no, yo los limpié ayer.  Y yo: ay, me toca limpiar los baños, qué padre. 

 

A parte era súper laborioso porque había que pedir una máquina especial para lavar los baños, donde tenías que conectar una manguera para poder limpiar los mingitorios. Así que me dice: te toca. Y además me dijo: te recomiendo que te lleves cubre bocas. Y yo: Nooo. Y también me dijo: te recomiendo que te lleves guantes. Y yo: Nooo, Dios mío, mi corazón.  Y dije: Padre Santo, encomiendo mi vida hacia ti en estos momentos.

 

Y me dijo: pues vas, yo me quedo aquí, te toca limpiar los baños. Y yo así de: qué padre, me toca limpiar los baños. Hice primero el baño de las mujeres porque somos más aseadas, entonces limpie el baño sin ningún problema. Dije: bien, no tuve que usar el cubre bocas. Y en eso antes de entrar al baño de los hombres, se acerca mi compañero y me dijo: hazte para atrás cuando limpies los mingitorios. Y yo: Dios mío, ¿por qué? Y me dijo: Ahorita vas a ver. Y yo así de: bueno está bien.


Así que entré con mi máquina, me faltó ponerme una máscara de oxígeno; entonces llego a los mingitorios y en eso sale el agua a presión, y lo pongo en los mingitorios y de repente empieza a salir una cosa asquerosa, y el olor asqueroso; y yo vomitándome de verdad. Hombres: ¡Qué asco! O sea, de verdad qué asco, yo no sé cómo pueden vivir así, limpien, hagan algo, o sea, ¿por qué son tan sucios? No voy a generalizar pero, muchos, la mayoría son muy sucios.

 

Entonces, ahí me tienen limpiando, no les miento, era una distancia como de un metro y medio, del asco que yo tenía, y con la manguera y el agua a presión, de verdad del asco que yo tenía porque salía así como un olor asqueroso, una bruma asquerosa. Y yo con la sensación de vómito, de verdad no les miento, me estaba vomitando.  Pero ¿saben qué? Yo creí que cuando limpiara los baños mi jefe me iba a decir: oye, qué bárbara, cómo arriesgaste tu vida. Oye, no inventes, o sea te mereces un mes  sin lavar los baños, o sea, qué bárbara como limpias.

 

Entonces, yo estaba esperando un reconocimiento por parte de mi jefe.  Y bueno, salgo de limpiar los baños y me acerco a donde estaba mi jefe en la oficina, y yo: ya acabé de limpiar los baños. Me ve y me dice: ah, gracias. Y yo: ¡solo me va a decir gracias! ¿Es en serio?  Y me quedé así y me dijo: ah, qué bueno que lo hiciste, ¿te puedo ayudar en algo más? y yo así de: no, está bien.

 

¿Y sabes qué? Ahí en los baños, ahí en donde nadie me veía; porque yo esperaba que los chavos que entraban al baño me dijeran: Oye ¿tú fuiste la que limpiaste los baños? Wow, te luciste. De verdad yo esperaba que los hombres tuvieran algún agradecimiento conmigo. ¿Y sabes qué tuve? Nada, no tuve absolutamente nada por hacer mi trabajo.  Y es ahí cuando yo entendí que uno es fiel cuando nadie te ve.

 

Es ahí en ese momento en donde limpiaba los baños, porque no había nadie en ninguno de los dos bloques, ni el de hombres ni el de mujeres; cuando yo aprendí que la fidelidad no se basa en hacer lo que a ti te gusta. La fidelidad no siempre va a ser cuando uno está cómodo ni cuando uno dice: ah, este trabajo si me gusta, aquí si voy a ser fiel. ¡No hermano!

 

La fidelidad se da cuando nadie me ve, cuando yo puedo ser capaz de ser fiel aun cuando nadie me ve.  Cuando yo puedo hacer mi trabajo sin que nadie me diga: Oye, ¿ya lo hiciste?  Y uno aprende a ser fiel sin reconocimiento de la gente, sin que alguien más te esté mirando. Sin querer que alguien más te aplauda y te diga: Oye, qué bárbaro, como lo hiciste esta vez. Porque era algo que yo tenía que hacer.

 

Y la fidelidad es así, lo haces porque es tu trabajo, aunque no te guste. Lo haces porque le quieres ser fiel a Dios primero, no para recibir el reconocimiento de alguien más, no por el de la gente. Pero ¿sabes qué hermano? Yo con esto te voy a decir algo: después de que yo limpié los baños, las primeras veces era asqueroso de verdad, odiaba limpiar los baños esas primeras veces. Pero ¿qué crees? Después yo era la primera que se ofrecía para limpiarlos. Porque cuando haces algo lo vas a hacer, y lo vas a hacer bien.

 

Y yo decía: es que esta chava no los va a limpiar bien, mejor yo los limpio, en serio.  Y ya me preparaba yo con mi máscara, con mis metros de distancia a limpiar el baño cuando nadie me veía. Y de verdad lo hacía con gusto, y empecé a hacerlo con gusto. No era mi hit, no era lo máximo, no era wow, los baños. No, pero ¿sabes qué? Yo lo hacía con amor, yo lo hacía porque el único que me veía y que me podía ver en ese momento era el Señor, era Dios. Y dije: Te voy a ser fiel en esto aunque nadie me vea, aunque  no obtenga ningún reconocimiento de la gente. Y yo era la primera, de verdad. ¿Quién quiere limpiar los baños? Yo voy por la máquina, en serio.

 

¿Y sabes eso qué provocó?  Que meses después cuando mi jefe tenía que salir, cuando mi jefe no estaba, ¿quién creen que se encargaba del gimnasio? Yo. Porque mi jefe podía confiar en mí, porque mi jefe sabía que yo iba a hacer las cosas sin que me lo pidieran. Porque mi jefe podía tener la confianza de que todo en el gimnasio iba a estar bien; y al final pude obtener su confianza.

 

Pero ¿sabes qué? Nos gusta ser fieles donde nos gusta, en donde sentimos que ahí sí la vamos a hacer, cuando al gente nos está mirando. Y es tan fácil ser fiel cuando alguien te ve. No si hermano yo soy bien cumplido, no si la Biblia, Dios cuanto te amo. Es tan fácil ser fiel cuando la gente nos está viendo, pero la fidelidad comienza cuando nadie te ve, es ahí en donde muestras tu carácter, de lo que estás hecho.

 

Y Dios mira al corazón, Dios mira tu corazón, Dios mira con qué afán lo estás haciendo. ¿Y sabes? Cuando trabajamos así estamos haciendo tesoros en el cielo. Estamos teniendo tesoros espirituales. ¿Y sabes? Cuando nosotros empezamos a hacer tesoros espirituales en el cielo, entonces viene la recompensa. Y un claro ejemplo está en:

 

1 Samuel 16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

 

Rápidamente, el contexto era que Dios le había dicho a Samuel que fuera a casa de Isaí a ungir al futuro rey. Así que Samuel llega a casa de Isaí e Isaí le presenta a sus hijos y entonces va Samuel con el primero. Este hombre grandote yo me imagino, fuerte, guapo, y Samuel dice: ¡Es él! Y Dios le dice: No, no es él. ¿Cómo Señor, pues qué no lo estás viendo? Sí pero no es él.

 

Y Samuel le dice a Isaí: oye, ¿no tendrás otro hijo? Si. Y empieza a llamar a sus hijos, y pasan sus 7 hijos delante de Samuel, y pasa por todos ellos y ¿qué crees? Dios dice: no, no es ninguno de los que tú ves. Y Samuel está desconcertado pues yo supongo que todos éstos eran varones de guerra tal vez, eran grandes, tenían un oficio, se veían bien como para ser reyes. Y ninguno de éstos era.


Así que Samuel le pregunta a Isaí, oye, ¿no tendrás otro hijo? Y le contesta Isaí: Ah si, está cuidando las ovejas. Ah sí ese flaquito de allá, yo me supongo; ah si, el que está cuidando las ovejas. Imagínate qué trabajo tan insignificante era el cuidar a las ovejas, que su papá ni siquiera lo consideró para llamarlo. Ah ese que está por allá haciendo casi nada.

 

Y tenemos a este muchacho llamado David, cuidando unas ovejas. ¿Qué gran trabajo podía tener David? Y dice la Biblia que David se enfrentaba a osos y leones para defender a las ovejas, ¿tú te enfrentarías a un animal salvaje por una oveja? No. Y yo creo que su papá de David no tenía idea ni sus hermanos tampoco de lo que David hacía por las ovejas. Y David no estaba esperando el reconocimiento de su papá: oye hijo qué bueno que arriesgaste tu vida por una oveja, me da gusto, síguelo haciendo. 

 

¿Qué padre diría eso? ¡Ninguno! Tú ves a un animal salvaje y le dices a tu hijo: corre, que se coma a la oveja. Es algo lógico, pero David no era así, David las defendía, David hacía lo que tenía que hacer cuando nadie lo veía. David era fiel en su trabajo aunque parecía que era insignificante. Aunque parecía que no hacía mucho, él era fiel a lo poco que él tenía. 

 

Y cuando Dios ve este corazón en David, el carácter, la fidelidad en David entonces, es cuando dice: ¡Este, este muchacho que es capaz de tener poco, y aun así de cuidarlo, este hombre un día va a ser rey, este hombre un día va a poder hacerse cargo de todo un pueblo! Porque este hombre no le iba a ser fiel a los hombres, le iba a ser fiel a Dios en las cosas pequeñas, en las cosas en donde nadie más lo veía; era ese tipo de hombres.

 

Y miro alrededor y veo a la Iglesia de Cristo llena de cristianos infieles. Y esto me entristece y esto me preocupa también. Porque yo también he sido infiel y la Iglesia está llena de mucha gente que es infiel, haciendo y preocupándonos, y afanándonos por tener tesoros terrenales; por tener tesoros que al final ni nos vamos a llevar. Y no es que esté mal que te preocupes por un mejor trabajo, ni por un mejor sueldo; no está mal que en la vida quieras salir adelante y ser mejor, no está mal.

 

Lo malo está en cuando solamente te enfocas en eso, ¿por qué? Porque todo tesoro terrenal te lleva a pensar en una sola persona: ¡En ti! No en Dios, en ti. Así que no importa el tesoro terrenal que estés haciendo, la única persona, la única comodidad que uno busca es la de uno mismo, la de uno propio. ¿Y sabes? Es ahí cuando tenemos un problema, porque solemos ser infieles a Dios en algo tan pequeño.

 

Y me preguntarás, ¿y cómo puedo serle infiel a Dios? Dios quiere que tú y que yo seamos personas fieles, Dios quiere que tú puedas ser una persona en la que Él pueda confiar. Dios quiere que seas una persona que no cambie sus afectos ni sus intereses.

 

Éxodo 32:1-8 Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.

 

3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 5Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. 6Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

 

7Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

 

El contexto era que Moisés había subido al monte Sinaí por las tablas de la ley, pero se tardó. Se tardó y el pueblo comenzó a desesperarse. Oye, ¿en dónde está Moisés? ¿Por qué Moisés no baja, qué está pasando, qué, Dios no está ahí? Aarón, ¿qué está pasando? Y empezaron a ejercer una presión. Y lo increíble de esto es que después de que Israel vio todos los milagros que Dios hizo, después de que Israel vio cómo Dios abrió el mar; ¿te imaginas ver cómo el mar se abre en dos para que tú pases en seco?

 

¿Te imaginas estar en un desierto y que Jehová, y que Dios te mande alimento? ¿Qué de una roca te de agua? Y los cuidaba y los procuraba, y Dios era fiel con ellos. ¿Y qué pasó? ¡Cambiaron sus afectos! Y eso es la idolatría. Cuando cambiaron sus afectos y dejaron de mirar al Dios que había hecho milagros, y empezaron a adorar a algo que ellos mismos habían hecho.

 

¿Y sabes? Esto le hacemos a Dios.  Cuando Dios te da algo y prefieres ir en busca de otra cosa. Cuando Dios es fiel contigo y decides cambiar tus afectos hacia Él. ¿Sabes qué Dios? ¡No me importas, no me importa si me has dado trabajo, no te voy a ser fiel, prefiero adorar a esto otro; prefiero adorar a lo que tengo; prefiero adorar a mi trabajo; prefiero adorar a mi familia!

 

Y Dios se mantiene fiel contigo, te da provisión, te da bendición, y muchas veces le somos infieles de esta manera. Buscamos hacer tesoros terrenales, tesoros que solamente nos van a satisfacer a nosotros; y preferimos decirle a Dios: no, no, tú no cuentas en mi vida, tú no estás en mi vida. ¿Y sabes? La fidelidad como te dije, no se trata de sentirme a gusto, no se trata de un reconocimiento.  La fidelidad es una recompensa en el cielo.

 

La fidelidad trae una corona de vida, para que cuando tú llegues allá tus obras sean pesadas, tus obras sean quemadas. ¿Y qué crees que se va a quedar ahí? Las obras espirituales, los tesoros espirituales, y tu fidelidad también se va a poner a prueba, ¿qué tanto le has sido fiel a Dios? ¿Has cambiado tus afectos? ¿O le has sido fiel, o te has mantenido en lo que has dicho? La fidelidad se prueba toda la vida hermano, no es un momento, no es solo unos meses o unos años; es toda la vida.

 

Apocalipsis 3:11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

 

Quiero pensar en los medallistas olímpicos, supongo que los atletas olímpicos se esfuerzan muchísimo, invierten al menos 8 horas de su vida al día en entrenar, en entrenar y en entrenar. Y cuando van a las Olimpiadas, el premio, el reconocimiento más grande es que puedan ser galardonados con una medalla; y qué mejor cuando tienen una medalla de oro, ¡qué maravilla!

 

Te imaginas, tú crees que alguno de ellos ¿daría sus medallas? Ah toma, me costó por lo menos 4 años de entrenamiento o tal vez toda mi vida, pero mira, no hay problema, ten aquí está mi medalla. ¿Te imaginas a un medallista olímpico dando sus medallas a una persona, o a otro atleta? Mira, tú no ganaste pero mira, ten aquí están.

 

¿Te imaginas eso? ¡No, no, porque fue algo por lo que él se esforzó, porque fue algo que él mantuvo, fue algo por lo que él estuvo trabajando no unos días, no unas horas, sino muchos años! Y muchos años para ir a una competencia y poder ganar el primer lugar, y así consecutivamente entrenar otros 4 años para poder participar en las otras olimpiadas y poder ganar otra medalla.


Y entonces, nosotros ¿por qué no retenemos nuestra corona, nuestra fidelidad? Uy no, hoy no, la fidelidad, toma, toma mi corona aquí está. Y eso es lo que hacemos, es dar nuestra medalla a otra persona. Lo dice Apocalipsis: retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Retén lo que tienes, retén tu fidelidad, sé fiel hasta la muerte. Y Dios ha sido fiel contigo, y Dios te ha dado mucho, y mucho más de lo que tú y yo merecemos.

 

¿Tú le has dado lo que Él merece? ¿Él puede confiar en ti? ¿Tú has retenido lo que Él te ha dado? Porque al que mucho pide, ¿qué crees hermano? Mucho se le demanda. Y aun al que poco tiene, también, lo poco que tiene se le demandará. Hermano, sé fiel en todas las circunstancias y Él te recompensará.

 

Y te quiero dar un último ejemplo de un hombre llamado José. La vida de José la hicieron en musical que te mencioné antes, José el Soñador, José está en la Biblia, José es el hijo menor de Jacob, bueno el penúltimo. Y este era el hijo más amado, claro sus hermanos decían que era el más molesto porque era el más amado, el consentido de papá. Entonces los hermanos se enojan en contra de él y dicen: ¿saben qué? Vamos a matarlo, ya no lo aguantamos, qué horror. Algo así como mi hermano luego quiere hacer conmigo.

 

Vamos a matarlo, lo odiamos, o sea no es posible que a cada rato esté diciendo: Soy el consentido de mi papá. Entonces los hermanos enfurecen, ¿y qué pasa? ¿Sabes qué? Ya, vamos a darle cuello. Y uno de ellos es más inteligente y dice: no, no, no, mejor no hay que matarlo, mejor hay que venderlo y así sacamos dinero. Entonces hacen toda la treta en contra de José y lo engañan, y lo venden, lo venden como esclavo a Egipto.

 

Y le dicen al papá que a José lo mató alguna bestia salvaje, y el papá se pone súper triste; así como mi papá se pondría si me perdiera. Algo así, o sea, terrible, porque amaba a José, era su favorito. Entonces yo supongo que mi papá sentiría algo así igual mi papá. Así que le dan la noticia al papá, el papá se pone muy triste porque había perdido al hijo que amaba. Obviamente no le dijeron al papá: papá vendimos a tu hijo. No, le dijeron que lo habían matado unos lobos. Entonces el papá se pone triste, los hermanos lo venden.

 

Y José llega a Egipto. Pero José era fiel a Dios y Dios estaba con José, así que lo compra un hombre llamado Potifar, y Potifar era el oficial, el general de Faraón. Así que entra José a la casa de Potifar y dice la Biblia que Dios estaba con José, o sea, la fidelidad de Dios estaba con José.  Y entonces todas las cosas que José hacía empezaron a prosperar. Así que llegó un día en el que Potifar lo hizo mayordomo de todas las cosas de la casa.

 

Eso es lo que hace la fidelidad hermano. Y llega un buen día y le dice la mujer de Potifar a José: oye, ¿sabes qué? Me gustas, qué te parece si tú y yo pues nos acostamos, duermes conmigo. Y entonces José le dice: no, eso no va a pasar. Entonces la mujer de Potifar se indigna, ándale José, vamos a dormir juntos. Y le dice José: ¿Sabes qué? Yo no puedo dormir contigo porque estaría pecando en contra mi amo, y estaría pecando en contra de Dios.

 

Así que la esposa de Potifar empieza a duro y dale a perseguirlo de tal manera, que un día lo encuentra y empieza  a forcejear con José, y José por no quererse acostar con ella, por no querer pecar, por serle fiel a Dios, la esposa de Potifar le alcanza a arrancar una de sus ropas, él huye y la esposa de Potifar hace un drama. Entonces empieza a gritar: ah me quieren violar, José quería abusar de mí.

 

Como fue rechazada por José, como la mujer no pudo llevárselo a pecar, ésta la cambió. Y entonces llega Potifar y le dice su esposa: este esclavo que tú has traído a la casa, que hiciste mayordomo quiso abusar de mí, de tu pobre esposa. ¿Y qué crees que hace Potifar? Pues le cree a la mujer mentirosa, le cree. Entonces Potifar se enoja, va por José y lo manda a la cárcel.

 

¿Y sabes? José tenía esto en claro: El adulterio es en lo espiritual lo que la idolatría es en lo natural, es infidelidad. Es infidelidad no solamente a la persona que está a tu lado sino a Dios. ¿Y saben? Era tan sencillo que José pecara con la esposa de Potifar, Potifar no estaba en la casa. Y era tan sencillo que José hubiera podido decir: Venga, ahorita, rápido. Y lo hiciera sin que nadie se diera cuenta.

 

Pero ¿sabes una cosa? José quiso mantenerse fiel cuando nadie lo veía. Y muchas veces hermano, la fidelidad no es sencilla, porque las circunstancias que te rodean son difíciles. Ah si voy a ser fiel. Muchas veces es muy difícil, porque también la fidelidad a veces entran decisiones que debes de tomar. Pero te digo algo: Sele fiel a Dios, eso es lo mejor que puedes hacer, serle fiel a Dios. Haz tesoros en el cielo y habrá una recompensa.

 

Y después de esto Potifar lo echa en la cárcel.  O sea, de ser el mayordomo y el encargado de toda la casa ahora, estaba en la cárcel. Pero ¿sabes? Dios es un Dios fiel. Dios es un Dios que va a estar contigo en las buenas y en las malas. Así que cuando José está en la cárcel, ¿qué crees que pasa? Dice la Biblia que Dios estaba con José, la fidelidad de Dios estaba con José.  ¿Y qué crees? Que ahora el jefe de los presos hizo jefe a José, le encargó a todos los presos y lo que había que hacer en la cárcel.

 

O sea, José dejó de ser un preso más. José era fiel en las pocas cosas y si su trabajo era encargarse de la cárcel y encargarse de los presos, él era fiel en eso. Y así pasaron muchos años y la recompensa vino, y hubo un día en el que Faraón tuvo un sueño y llamó a toda la gente, y nadie pudo resolverle su sueño. Y entonces, mandaron traer a José porque José ya había interpretado otros dos sueños. Así que José va con Faraón y Faraón le dice: tengo este sueño, no sé qué significa.  Y la fidelidad de Dios estaba con José.

 

Y yo te puedo decir hermano que José por haberle sido fiel a Dios, entonces obtuvo una respuesta también, su fidelidad dio frutos también. ¿Y qué crees? Faraón lo hizo segundo en todo Egipto; de haber estado en la cárcel y haber sido esclavo, ahora era el segundo en mando después de Faraón. José no estaba pensando: ah si, le voy a resolver este sueño para que entonces… ¡No, él le estaba siendo fiel a Dios! ¡Él fue fiel cuando nadie lo veía, él fue fiel en las cosas insignificantes, en las pequeñas cosas!

 

Y cuando pudo haber tenido una mala decisión decidió mantenerse firme en lo que él creía. José decidió no cambiar sus afectos, y eso lo llevó a una posición para que después pudiera bendecir a sus hermanos y volviera a ver a su papá.

 

Y cuando tú y yo tenemos esa actitud, entonces vienen las recompensas hermano. Y puedes estar ahorita en un momento difícil, puedes tal vez estar en un momento en el cual te están diciendo que vas a ganar más dinero si eres corrupto, si te vendes, si haces otras cosas, si haces cosas ilegales. Pero te digo algo hermano: ¡sele fiel a Dios! No le seas infiel, sele fiel a Dios, mantente en la fidelidad. Dios es fiel y siempre lo va a ser, tú también sé fiel.

 

Si tú todavía no eres líder, si todavía no estás en el ministerio, no abandones la iglesia, no te dejes de involucrar, mantente en las cosas pequeñas aunque parezcan insignificantes, y un día llegará. Haz tesoros en el cielo.

 

Si todavía tu pareja no llega, ¡no forniques! ¡No forniques! Mantente fiel a Dios, no cambies tus afectos. Si crees que no te alcanza, sele fiel a Dios con tu diezmo y verás la recompensa.


Muchas veces no tenemos lo que queremos porque no le somos fieles a Dios, porque no pensamos en Dios. Porque lo único que hacemos es satisfacernos a nosotros. Y no hermano, la fidelidad es parte del carácter de un hijo de Dios. Y si Dios es un Dios fiel y en su carácter hay fidelidad, entonces yo como su hijo debo de ser fiel, yo me debo de parecer a mi Padre, y mi Padre es fiel, así que yo soy fiel.

 

Porque eso hermanos no solamente es para ti, es para la gente que te ve, es en tu trabajo, es en tu casa, es en la escuela, es en donde vayas. Cuando nadie más es fiel y cuando los demás se venden, entonces tú no lo hagas. Entonces tú ten el carácter de tu Padre. Entonces tú sirve a Dios.

 

Y entonces las recompensas vendrán, y entonces se te dará la corona de la vida, y de la vida eterna. Porque es allá en donde debes de pensar no aquí. Aquí no te vas a llevar nada de lo que tienes, nada; ni el carro, ni la casa, ni los bienes, ni los muebles, ni los cuadros; no te vas a llevar nada. Haz tesoros sustentables para que cuando Jesucristo pruebe tus obras, tu fidelidad permanezca, sea tu fidelidad.  

 

Y así lo vemos cuando Jesús enseña, siempre es: Buen siervo y fiel. La fidelidad tiene un papel muy importante y esencial en la vida de un cristiano, es la fidelidad lo que te va a ser mantenerte. Aunque tus circunstancias sean difíciles, aunque no veas las cosas, mantente fiel. Dios ha sido siempre fiel, así que haz tesoros en el cielo y tendrás recompensa. ¿Amén?

 

Padre Santo, cuántas gracias te doy por la vida de mis hermanos, gracias por enseñarnos a hacer tesoros en el cielo, y gracias por siempre ser fiel con nosotros. Padre que lo que hoy haz derramado se quede en el corazón de mis hermanos, y que aprendamos a no cambiar nuestros afectos y a serte fiel a ti ante todas las cosas, en Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.

 

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