INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

MORADAS EN EL CIELO

 

Fernando Cabrera

 

 

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La verdad es que estamos a punto de finalizar este 2016, fue un año de retos, de trabajo, de pruebas, pero felices de estar aquí. Bien, pues para continuar con los temas que se han venido dando cada semana de “Tesoros en el Cielo”, hoy vamos a hablar nuevamente de ello. El Señor nos va moviendo de forma que cada que nos da una palabra a través de un predicador, a través de otro predicador; aun en el mismo tema siempre hay cosas que el Señor nos muestra a través de una y otra persona, es una gran bendición.


Entonces, espero que lo que hoy escuchen ustedes no les suene tan repetitivo de lo que hemos venido escuchando, pero si algo de lo que hoy vamos a hablar impacta su corazón, reténganlo. Todo lo que se ha venido hablando durante estas semanas hay que retenerlo, porque al final del tiempo el único lugar que tenemos asegurado va a ser la presencia de Dios y por la eternidad.

 

Entonces tenemos que prepararnos para ese momento,  si ya en varias semanas se nos ha venido hablando de esto pues bueno, gloria a Dios ruego porque esta semilla hoy quede grabada en tu corazón.

 

Juan 13:36-38 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. 37Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. 38Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.

 

Juan 14:1-4 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

 

Podemos ver a través de esta Escritura lo que el Señor habla a sus discípulos. En este diálogo que tiene el Señor Jesús les dice a sus discípulos: Al lugar a donde yo voy, no me pueden seguir ahora; sin embargo, si me vas a poder seguir después. Conocemos el diálogo que tiene Pedro y le dice: Señor, ¿por qué no puedo seguirte? Yo quiero seguirte. Y el Señor le dice: Pedro, tú me vas a negar.

 

Y más adelante en el capítulo 14:1-2 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

 

Si hay un lugar que está siendo preparado para nosotros, para cada uno de nosotros es un lugar con Dios. Si aquellos que hemos conocido hoy a Dios tenemos la seguridad de poder estar el día de mañana por la eternidad con Jesucristo. Pero hay algo que a mí me llama la atención en esta Escritura: Va a haber un momento en el que vamos a poder ir, en el que vamos a poder partir; pero ¿qué va a pasar en este inter, en este tiempo antes de que ese momento suceda?

 

Cuando el Señor dice que: En la casa del Padre hay muchas moradas; y él está preparando un lugar para nosotros; me vino a la mente algo que normalmente hace un padre de familia. Un padre de familia por lo regular si tiene propiedades, está pensando en cómo heredar a sus hijos, y procurar que todos ellos puedan tener ese lugar para que ellos puedan vivir, quiere heredarlo. La única persona que sabe cuánto costó esa propiedad es el mismo padre, es aquel que la construyó, es aquel que la creó, el es el que sabe cuánto es lo que cuesta esa herencia. Los hijos nos aben el valor de la herencia.

 

Cuando hablamos de tesoros en la tierra y hablamos de tesoros en el cielo, justamente en ese momento en Señor me llevaba a pensar que muchas de las ocasiones no le damos el valor que tiene ese lugar en la eternidad, porque no conocemos el valor que ha tenido hasta el día de hoy. Jesús le dio un valor a ese lugar, Jesús le dio un valor a esa herencia.

 

¿Sabes? Nosotros estamos leyendo la Biblia y vemos que ahí hay un Antiguo Testamento y hay un Nuevo Testamento; y en ese Nuevo Testamento dice la forma como nosotros podemos adquirir esa herencia de parte de Dios. Es un Testamento abierto, es un testamento que ya fue leído. Es un Testamento que cuando nosotros lo leemos nos damos cuenta que ya hay una herencia para nosotros.

 

Cuando tú lees un Testamento hay reglas que se tienen que cumplir para poder adjudicarlo. Tú no puedes llegar y decir: Ok, mi padre ya me dio una herencia, entonces en este momento quiero que me la entregues. El abogado te va a decir: Si pero para poderte entregar esa herencia se tiene que hacer cierto papeleo, ciertas reglas para yo podértela entregar, y tú la puedas adjudicar.

 

Y el lugar que nosotros estamos buscando y esperando está en el reino de los cielos, pero hay reglas que se tienen que cumplir, hay tiempos que se tienen que cumplir. Nuestra propia vida es un tiempo que debemos cumplir para poder tener esa herencia en nosotros. Ya nos ha sido dada, ¿amén? Sin embargo, todavía no podemos disfrutar de ella en la eternidad.  Debe de haber un proceso.


Pero ¿qué pasa con aquel hijo ingrato e injusto que cuando ve el Testamento y lo lee, no le da el valor a esa propiedad? Normalmente cuando una persona recibe una herencia se emociona, es un gozo que hay. Y lo que hace si es que no conoce esa propiedad, es decir: ¿sabes qué? Yo quiero ir a conocer esa propiedad que voy a heredar. Pero ¿qué pasa con aquella persona que dice: no me interesa la herencia, la verdad es que ya tengo dónde vivir? Y no me interesa si mi padre me dejó o no una herencia, yo seguiré viviendo en el mismo departamento en donde yo siempre he vivido.

 

¿Sabes una cosa? Alguna vez haciendo un trámite con una abogada en relación a una herencia que habían dejado, algunos de los hijos no estaban interesados en ello, y algunos estaban pensando en venderla, otros estaban pensando en adjudicársela; y otros que vivían adentro de esa propiedad no se querían salir y ni siquiera era para ellos, querían robarla. Pero los verdaderos interesados estaban ahí constantemente diciendo: ¿qué documentos yo debo traer para poder heredar esa propiedad?

 

Y cuando nos damos cuenta de esto, nos damos cuenta que el Señor Jesús habla en relación a que: Sabes Pedro y saben ustedes mis discípulos, y sabe hoy iglesia: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y Jesús preparó ese lugar y Jesús fue a la cruz del calvario, y Jesús mismo dice: yo soy el Camino, y la Verdad, y la vida; y nadie viene al Padre si no es por mí.

 

Si realmente tú quieres llegar a ese Padre que yo conozco, lo vas a tener que hacer a través de un Camino, lo vas a hacer a través de ciertas reglas. Lo vas a  hacer a través de cierta inversión, vas a tener que invertir tiempo, vas a tener que invertir dinero inclusive. Pero es importante que tú tengas consciencia de que ya tienes una herencia. Hay un lugar celestial mis amados que nos está esperando.

 

Hay un proceso por el cual debemos de pasar, Jesús también pasó un proceso para podernos garantizar ese lugar. Jesús pasó un proceso, dio su vida y él no claudicó en ello para darnos ese lugar ¿amén? Jesús cuando se manifiesta como el Camino, Jesús es el mismo ejemplo de alguien que trabajó en la tierra y que hoy está sentado a la diestra del Padre.

 

El apóstol Pablo dijo: Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio y se sentó a la diestra del trono de Dios. El mismo nos mostró de qué manera él estaba preparando ese lugar para nosotros. Si alguien valora nuestra vida más que nosotros mismos, esa persona es Jesucristo.


Mira a qué grado valora nuestra vida de dar su propia vida. ¿Cuánto valoras tu propia vida? ¿Cuánto  Valoro mi propia vida?  El Señor nos anhela a su lado, ha sido su deseo, ha sido su anhelo y sigue siendo su anhelo. Cuando tú estás dispuesto a darlo todo es porque tienes la garantía de ganarlo todo. Jesús lo entregó todo con la garantía de saber que él ganaría todo, por eso no escatimó.


Cuando tú tienes temor en invertir, cuando tú tienes temor en hacer las cosas; nada te puede garantizar que puedas tener las ganancias o las riquezas que tú estás esperando. Pasó algo muy curioso, el día miércoles tuvimos la reunión de fin de año en la Compañía, me invitaron y fui. Y empezaron a hacer algunos juegos; esto fue en un lienzo charro y lo hicieron como un tipo quermés, y entonces había como un tipo casino y ahí estaban jugando, y dieron dinero así de figuritas con valor. 

 

Y nos dijeron: Bueno pues este es el dinero que cada uno tiene y con eso jueguen, porque al final con eso van a subastar lo de unos premios. Y la gente jugaba, y ahí me di cuenta de algo bien importante. Como estaban jugando las personas yo me acerqué a uno de los círculos que estaban ahí del casino, y uno de los Directores traía así una cantidad de billetes, y agarró y lo puso todo en uno de los cuadros, y dijo: doy el todo por el todo.

 

Y había quien traía billetitos de esos de 10 pesos, y lo ponía en un cuadrito así contado. Cuando de repente le dan la vuelta a la ruleta, empieza a dar la vuelta la ruleta, y cae justamente en el número y en el color que había escogido el Director. ¿Sabes cuánto ganó en ese momento? Ganó muchísimo, pero aprendí algo en ese momento: hay quienes lo dan todo arriesgándose a perderlo todo, pero con la confianza de obtener el doble.

 

Nosotros como cristianos a veces invertimos con miedo, invertimos poco porque no nos atrevemos a dar el todo para obtener el todo de lo que estamos invirtiendo. Jesús dio el todo, tú vales para él lo que él te mostró en la cruz del calvario. Jesús no escatimó y dijo: Doy todo, porque al darlo todo voy a recibir todo. Jesús se atrevió.  Yo me atrevo, tú debes atreverte o tú te atreves pero a darlo todo. Cuando una persona invierte algo debe tener la confianza y la seguridad de que lo va a ganar absolutamente todo.

 

En algunas de las pláticas que he tenido con algunos de los clientes yo les digo: oye, ¿qué has hecho este último tiempo con tu dinero? Y me han dicho: pues me lo he gastado. Y les dije. ¿Por qué no lo has invertido? Porque no sé en dónde invertirlo, la verdad no tengo conocimiento en dónde puedo invertir este dinero. Entonces por ignorancia la gente se gasta el dinero y no lo invierte en los lugares en donde puede tener mayores ganancias.

 

La mayor parte de la gente no invierte en el reino de Dios porque desconoce el efecto sobrenatural y espiritual que va  a tener eso que él o ella está haciendo. Sea tu tiempo, sea tu dedicación, sea tu amor, sea tu dinero lo estás depositando y lo estás confiando en un lugar donde vas a recibir más de lo que tú mismo estás dando. Jesús no se queda absolutamente con nada, Jesús lo entrega todo. 

 

Y la gente se gasta así como esas personas que no saben dónde invertir o cómo invertir, se gastan su dinero. La gente hoy en día se gasta su vida, están enfermos, con padecimientos, con problemas porque han invertido todo en esta tierra y no han hecho tesoros en el cielo. Lo han invertido todo aquí ¿y sabes? Aquí mismo se queda punto. Por eso es que la gente no conoce lo suficiente a Dios ni el reino de Dios, por tal motivo tiene miedo de invertir, o simple y sencillamente no invierte.

 

Es como aquel que recibe una casa que sin conocerla fue heredada. Y le dicen: oye ¿sabes una cosa? Fulano de tal te dejó una herencia, es una casa enorme que está en tal lado. Y esa persona dijera: ah, pues sí, pero la verdad es que pues yo prefiero vivir en mi departamentito así modesto, así chiquito. Si pero te heredaron. No pero que yo aquí me siento cómodo. Pero es que vives en una colonia donde hay ladrones, es una colonia donde te pueden robar, es un lugar donde ni entra el sol, se filtra el agua y hay humedad. Esa casa no te va  durar absolutamente nada.


Sin embargo la casa que te heredaron está bien guardada por seguridad, tiene una buena ubicación donde le entra el sol, es un valor que está por muy encima de donde tú vives, pero que no conoces, por eso no te atreves a ir a vivir a ella. Vivimos tan cómodos con nuestra vida que no queremos dar un cambio en nuestra vida para poder ganar otras cosas, atesoramos lo que tenemos.


Y date cuenta de algo, hay personas que tienen 10, 20, 30, 40, 50 mil pesos y creen tenerlo todo. Yo le decía a una persona hace un mes atrás, le decía. Oye, ¿te sientes tranquila con lo que tienes? Y me decía: estoy muy tranquila porque por lo menos tengo 80 mil pesos, y eso me va a dar la tranquilidad por si algo me pasa. ¡Ni siquiera sabes cuantificar el riesgo que tú tienes!

 

Y le dije: y por eso que tú tienes ahí yo te puedo dar una suma mayor que son como 2 ó 3 millones de pesos, ¿qué te deja más tranquila, esos 2 millones o eso que tú tienes? Dice. No pero eso lo tengo seguro. No importa qué propuesta mayor tú le des. Si la persona que atesora lo poco que tiene, le va a dar mayor valor que lo que Dios le está ofreciendo.


Y el Señor Jesús nos está hablando que hay morada en el cielo, que ahí hay un lugar para nosotros. ¿Cuántos creen que ese lugar es mejor que en el que estamos viviendo ahora? ¿Cuántos creen que en ese lugar no hay lloro, no hay enfermedad, no hay tristeza, no hay llanto, no hay maldad, cuántos creen en eso? Sin embargo, lo que vivimos hoy es verdaderamente drástico, conflictivo. En nuestro país están habiendo muchísimos problemas, y en todos los países.

 

Pero la gente sigue viviendo y atesorando lo poco, fíjate bien, lo poco que tiene. Y si comparamos lo que Dios dice en relación a las moradas, y nosotros comparamos con lo que tenemos, déjame decirte que ¡somos miserables! Comparado con eso no tenemos nada, es mayor lo que está ahí que lo que tenemos; pero a veces lo atesoramos porque hay un pensamiento de miseria.

 

Los hijos de Dios debemos tener pensamientos de riquezas en Él, ¿y sabes qué es lo que nos lleva a no invertir en el reino de Dios? El desconocimiento de lo que hay en él. El apóstol Pablo decía: puestos nuestros ojos en Jesús, no en el mundo. Puestos nuestros ojos en Jesús.

 

Mateo 6:19-21 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

 

¿Ya vieron dónde está el tesoro? Hay dos lugares donde se pueden hacer tesoros: en el cielo y en la tierra. Pero el Señor nos advierte y nos dice: No hagas tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; 20sino que debemos hacer tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Hacer tesoros en el cielo donde nada de esto va a poder llegar allá, va a poder alcanzar.


Es como aquella persona que sabe que va a invertir en algo que está  perdiendo y que en algún momento está en riesgo, a invertir en algo que es eterno. Dice el Señor: ¿Sabes? Finalmente en ambos tanto en la tierra como en el cielo hay tesoros, y debemos tener mucho cuidado porque los tesoros puede ser que nos confundan, y que podamos pensar que son iguales que los que están en el cielo.

 

La verdad es que yo me imagino que esto es como algunas monedas de plástico pintadas de oro en donde tú le inviertes y te dicen: toma aquí está esto, y estás dejando de ganar las riquezas de Dios. En un lugar aquí de la tierra, la polilla y el orín los corrompen y los ladrones minan y hurtan. Pero hay otro lugar donde ninguno de éstos y donde ni mucho menos los ladrones pueden tocar. Ese lugar es el que tú mismo sabes en donde se está acumulando para lo eterno.

 

Las cosas materiales mi querido hermano las puedes perder, pero las cosas espirituales que proceden de Dios nadie te las puede quitar. Las cosas terrenales pueden perderse, pero lo que Dios ya nos prometió, eso nadie lo puede tocar, nadie no lo puede quitar, no lo vas a perder. Por eso es importante que nosotros conozcamos qué es lo que hay ahí con Él.

 

La Biblia dice claramente que nosotros tenemos que invertir en las cosas que son para lo eterno. Dice la Escritura que todo lo que el hombre sembrare, eso mismo segará. Y cuando hablamos de siembra hablamos de dar, y lo que tú das tiene una repercusión, tiene un resultado, y la siembra que tú das tiene una cosecha. Todo lo que el hombre sembrare, eso mismo segará. Hay un lugar en donde se siembra, y hay otro lugar en donde se siega. Se siembra en la tierra pero se siega en el cielo.


Cuando tú inviertes en el reino de Dios obtienes mayores ganancias. Se invierte en la tierra, ¿qué fue lo que hizo Jesús? Jesús vino a la tierra, vino a dar, ¿dónde lo dio? Lo dio en la tierra. ¿En dónde está ahora? Está a la diestra del Padre. ¿En dónde nos enseñó el Señor a sembrar? Nos enseñó a sembrar aquí en la tierra. ¿En dónde vamos a tener la recompensa? En el cielo. Aquí tenemos consecuencias buenas y malas por nuestras decisiones, pero la recompensa espiritual la vamos a tener eternamente al lado del Señor.


Entonces, lo que nosotros invertimos aquí en esta tierra, estamos sembrando en esta tierra, tiene un efecto allá en el cielo. Es como por ejemplo, anteriormente para que tú fueras a hacer alguna operación bancaria tenías que obligadamente ir al Banco y hacer una fila, y pararte y meter tu dinero, y entonces en tu cuenta se depositaba ese dinero, te daban una ficha y te decían: ya está su dinero aquí asegurado con nosotros. ¿Recuerdan?

 

Pero después, el avance tecnológico nos lleva a que hoy podemos desde nuestra casa hacer una operación a través de nuestro teléfono de nuestra propia cuenta, y transferirlo o que alguien nos transfiera dinero y tenerlo en nuestra cuenta bancaria sin necesidad de ir al Banco. Entonces, si esto me permiten compararlo, nosotros podemos hacer aquí nuestras operaciones, nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestra dedicación; y todo lo que estemos acumulando aquí se va a ver reflejado en nuestra vida espiritual, se va a ver reflejado en el reino de los cielos, en la casa de mi Padre, pero lo tengo que hacer aquí en la tierra. El Señor habla claramente con relación a que nosotros tenemos que valorar lo que nos espera el día de mañana.

 

Gálatas 6:7-10  No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. 9No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. 10Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

 

Entonces el que siembra de la carne, de la carne segará. Pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. Entonces, ¿a dónde es donde debemos estar poniendo nuestra atención, en las cosas terrenales o en las cosas celestiales? Los tesoros están en el dar, cada que nosotros damos en esta tierra, estamos adquiriendo tesoros en el reino de Dios.  Pero para dar debemos tener un corazón dispuesto a dar, cada acción, cada palabra, el dinero que das aquí en la tierra tiene una recompensa allá en el cielo.

 

Todo lo que tú hagas tiene un efecto. Todo lo que yo invierta hoy en día, en mi tiempo, conociendo la Palabra, invirtiendo diezmos, ofrendas, trabajo en la calle, orar por alguien; si lo hago con esa característica de amor ciertamente estaré yo haciendo tesoros en el cielo. ¿Y sabes por qué cuesta mucho trabajo el poder hacer estos tesoros? Porque cuesta trabajo dar.

 

Hoy te puedo decir, y he constatado en mi propia carne y en mi propia vida que muy pocas personas están dispuestas a dar; y las personas que te llegan a dar te cobran hasta la camisa. Hoy en mi propia carne, en mi propia vida te puedo decir que pocas personas atesoran lo que tienen y no les importa la necesidad de los que no tienen; aman tanto su dinero, aman tanto sus bienes, que es lo primero que van a perder el día de mañana, nada se van a llevar dice la Biblia. Pero para poder dar necesitas un corazón alegre para dar.

 

Por eso el Señor mira el corazón, el Señor ama al dador alegre dice su Palabra. Y por eso al comienzo de la Escritura decía: el que al Señor con gozo dio. Y el Señor con gozo dio su vida. De qué te sirve una casa hermosa si no abres la puerta a aquel que lo necesita para pasar una noche.

 

Hace unos días nos habló una amiga y dijo: hoy estoy muy triste. Eran cerca de las 7 de la mañana y mandó un mensaje y puso: me están desalojando de mi casa en este momento, estoy yo y mi hija nada más y nos están sacando. La primera pregunta es ¿tienes a dónde ir? Vente, quédate aquí unos días o lo que necesites, pero para que no estés así. La verdad es que su familia se acercó y la ayudaron. Pero llegó alguien y la despojó.

 

Tal vez debía renta, tal vez debía algo y a lo mejor el casero le dijo: yo ya no te puedo esperar, porque yo estoy teniendo pérdida, y es mi casa y es mi departamento, y tú me debes dinero. Y por tal motivo tú no tienes acceso a mi departamento porque me debes. ¡Pobre hombre, porque al final del día nada de lo que él haya construido y obtenido se va a llevar!

 

Hay mucha gente pobre que lo único que tienen es dinero, esa es una realidad. Gente pobre que lo único que tiene es dinero, y esta persona así la trató. Gracias a Dios pudo salir del problema, pero ¿para qué utilizas lo que tienes, qué uso le das a lo que tienes? Porque justamente con lo que tienes es con lo que haces tesoros en el cielo, de otra manera no. No puedes hacer tesoros en el cielo de lo prestado, tiene que ser de lo propio.

 

Hermano ore usted por mí. Usted ore por usted mismo. Es de lo propio de donde se pueden sacar esos tesoros. Así es que los tesoros están en el dar. Cada una de nuestras acciones, de nuestra palabra, de nuestro dinero está justamente ahí que tienen una recompensa en el reino de los cielos.

 

Conocemos la historia del joven rico, en Mateo 16:22, en donde dice este joven: Señor, ¿qué debo hacer para ganar la vida eterna? Dijo el Señor: estos son los mandamientos que debes hacer. Dijo el joven: Señor estos los he cumplido. El joven estaba con alegría viniendo a decirle al Señor, ¿sabes? Yo he cumplido con los mandamientos. Y el Señor le dijo: Perfecto, qué bueno. Pero ¿sabes? Ve y vende lo que tienes y dalo a los pobres. Toma tu cruz, ven sígueme.

 

¿Qué creen que hizo ese joven? El joven se fue triste. ¿En dónde estaba su corazón? Su corazón estaba en las riquezas. De qué le servía el saberse los mandamientos, de qué le servía el haber cumplido con los mandamientos si al final del día su corazón estaba en el dinero. La Biblia dice claramente: Nadie puede servir a dos amos porque o amas a uno y aborreces al otro; nadie puede amar a Dios y a las riquezas.

 

Dios no está peleado con que seas rico, Dios no está peleado con que seas próspero, Dios no está peleado con que tengas el auto último modelo, Dios no está peleado con que seas un rey donde vivas cómodo y donde vivas con lujos. Dios no está peleado con eso, lo que Dios no quiere es que eso lo atesores más que lo que él hizo en la cruz del calvario.

 

Puede haber ricos con un corazón humilde, hay ricos con un corazón generoso, hay ricos con corazones que aman a Dios, hay ricos que van y dan a la iglesia, que dan al menesteroso, al pobre.  Hay ricos que se quitan lo que tienen para dárselos a otros; ese tipo de gente rica es de la gente dice: ¿sabes? Ellos tienen un lugar conmigo.

 

Pero de aquel que viene, se golpea el pecho, viene a la iglesia, tiene tesoros, tiene comodidad, tiene dinero, tiene lujo y le pides algo y no te lo da. Entonces su corazón no está en el Señor, su corazón está en sus riquezas porque le pesa darte algo. A veces me puse a pensar, ¿por qué no todos somos ricos? Porque nos perderíamos. ¿Por qué mucha gente no es rica? Porque se perdería. Y Dios prefiere muchas veces que tengamos un lugar con Él antes de perdernos por las riquezas.


A todos les gusta la buena ropa, a todos les gustan los buenos carros, a todos les gustan las buenas casas e inclusive envidian lo que otros tienen pero ¿sabes? No están dispuestos a trabajar, no están dispuestos a sembrar. Anhelan la cosecha del campesino pero no saben lo que el campesino hizo. Desean la casa del campesino pero no están dispuestos a trabajar en la tierra.

 

Desean lo que otros tienen pero no están dispuestos a dar y a pasar por lo que otra persona tiene y lo que está pasando. Nada en esta vida es sencillo, nada en esta vida es regalado; tienes que trabajar para ganarlo. Dios quiere quitar todo lo que estorbe, todo lo que se oponga entre Él y nosotros, todo lo que sea una prioridad antes que Él, Dios quiere quitarla. Los hijos de Dios debemos aprender a invertir para Dios, a invertir en el reino de los cielos; tenemos que aprender a hacerlo.


Mateo 13:44 Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

 

Dice que el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla. Cuando estaba analizando esta Escritura es que para que tú encuentres algo tienes que trabajas antes. Algo estaba haciendo ese hombre y encuentra un tesoro, y así como lo encuentra dice, va y lo esconde.

 

Cuando habla con relación a esconder es ¿cuánto yo valoro lo que Dios hizo para esconderlo en mi corazón para guardarlo en mi corazón, para retenerlo para mí? ¿Cuánto es lo que estoy dispuesto a dar por esa palabra, por esa palabra de bendición que me vas a dar? ¿Cuánto estoy dispuesto a hacer por esto, por aquello, cuánto estoy dispuesto a hacer?

 

Y dice que este hombre lo halla y lo esconde, y dice: y gozoso por ello. Lo que le provocó el gozo es el tesoro que había encontrado. Cuando tú conociste la Palabra de Dios conociste a Jesús, conociste ese tesoro, ese lugar celestial; y ¿sabes? Provoca gozo. Y al provocar gozo en tu corazón dices: wow, yo tengo un lugar seguro con Él, y eso es lo que todos los días atesoro en mi corazón, lo que todos los días abrazo a mi vida,  yo tengo una promesa de Dios para mi vida.

 

Y puede ser difícil este mundo, pueden ser difíciles las circunstancias, pueden ser difíciles la situaciones pero no importa, porque lo que he atesorado, lo que he abrazado, lo que yo tengo eso nadie me lo puede quitar.  Y dice entonces más adelante la Escritura: y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Lo que tenía no valía la pena más de lo que él estaba escondiendo.

 

El tesoro tenía un valor más grande que las propiedades que él tenía. La Biblia dice que él fue y vendió todo lo que tenía para invertirlo en aquel tesoro, comprar aquel lugar. ¿Cuánto del todo que nosotros tenemos, lo hemos invertido por ese tesoro? En porcentaje, ¿qué porcentaje hemos invertido realmente para el reino de Dios, y poder obtenerlo todo?  Este hombre trabajó para encontrarlo, lo guardó para que no le fuese robado.

 

Cuando hablamos de las cosas de Dios te provocan gozo, y te llevan a darlo todo por Él. Este hombre supo invertir. Hay muchas ocasiones en las que cuando hay la oportunidad de compartirle a alguien, yo no sé pero en lo particular a mí, cada que a alguien le comparto genera en mí un gozo. Cada que a alguien le comparto algo sucede en mí, yo no sé qué sea, pero me dan ganas de continuar haciéndolo.

 

El día que por alguna razón por el trabajo, por lo que sea, 2 ó 3 días yo no le comparto a alguien me siento mal, y yo se lo he dicho a mi esposa: yo necesito hablar, a medida que yo hablo es como si yo me alimentara, es como si me nutriera, es como si mi vida tomara un sentido. Yo no puedo vivir sin dejar de compartir, no puedo, siento que me muero, es real. Me siento mal y mi esposa lo sabe, ella misma me lo ha dicho. De repente me ve y me dice: te veo muy ajetreado, te veo muy saturado, sal y predica, sal y haz lo que sabes hacer y punto.

 

Hacer las cosas, invertir para Dios debe provocarte gozo. Traer tu diezmo, debes traerlo contento, con gozo. Señor aquí está. Cuando vienes a la iglesia debes de venir con gozo. Somos espíritu, alma y cuerpo; y ahí en el alma hay sentimientos; y yo no soy un insensible, yo soy un hombre que se quebranta y siento, y puedo sentir ese gozo y ese gozo es real. Y ese gozo me lleva a hacer lo que estoy haciendo, y ese gozo me lleva a compartirle a la gente que escucha. Y esa gente dice: yo quiero lo que tú tienes.

 

Yo no me puedo quedar callado, si eso es sembrar ¡gloria a Dios! Porque no puede haber un día que no sembremos. Aquí se siente, en el corazón, aquí en esta parte central donde tú puedes sentir ese gozo de Dios, es en donde puedes sentir que el Espíritu Santo se está moviendo en tu vida.

 

Cuando me tocó compartir con esta gente que estaba ahí en el funeral, me dijeron ¿puedes dirigir unas palabras? Dije: híjole, lo hemos hablado el pastor y yo, es difícil dar unas palabras a personas que están en un funeral. Y antes le dije a mi hermano Beto: acompáñame, eran como las 11:30 de la noche, y le dije: acompáñame por favor. Y en el camino dije: ¿qué les digo Señor si es un funeral? No lo sé. No se trata de una cruzada evangelística, no se trata de eso, ¿qué les digo?

 

Pero me maravillé cuando llegué a ese lugar, todavía con algo de nervios me paré y les dije buenas noches a todos. La única razón que nos está reuniendo el día de hoy es ella, la muerta; y ahí empezó a surgir algo. Yo el había pedido a Dios que me usara y que pusiera palabras. Me empecé a meter y empecé a hablarles, y me movía de un lado para otro, y regresaba y les decía: saben es que…  Y cuando yo me di cuenta la gente estaba quebrantada, y déjenme orar por ustedes; y la gente levantaba su mano para que orara por ellos.

 

¿Sabes? Yo no puedo quedarme con esto que yo tengo, es como si fuera rico y lo atesorara todo. Es como aquel hombre rico que dijo: mira tengo tantas ganancias que hoy voy a guardarlo todo para poder descansar, para poder comer, para poder disfrutarlo. Y el Señor dijo: ¿sabes? Han pedido tu vida, tú mañana ya ni siquiera vas a estar aquí. Yo no quiero quedarme con todo eso guardado, yo quiero ir y compartirlo, yo quiero ir y hacerlo.

 

Y si me va bien, pues gloria a Dios comparto con lo que me va bien. Y si no me está yendo bien, gloria a Dios con lo que tengo vivo con gozo y procuro ayudar. No importa, lo que estoy haciendo es sembrar, aun el mismo gozo que puedes tener en tu corazón es sembrar en el reino de los cielos. Y está aquí en tu corazón, está en tu vida.


Le dijiste a Jesús: entra a mi vida, toma el control de mí, lleva el control de todo mi ser, le dijiste al Señor: tú eres mi dueño. Y dice el Señor: Perfecto, yo soy tu dueño, tengo un lugar para ti, te voy a estar esperando, yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida; lo que me viste hacer a mí ve y hazlo. Porque como soy el Camino, y la Verdad y la Vida, voy al Padre y nadie viene al Padre si no es por mí. Te estoy marcando el camino para que tú le inviertas en ese camino, para que tú hagas lo que me viste hacer a mí.

 

Y tú les enseñes a tus hijos, y le enseñes a la iglesia, y le enseñes a los que están a tu alrededor que  a través del dar, que a través de despojarte, y a través de ser humilde y sensato, que a través de ser sabio pueden encontrarse conmigo el día de mañana. Y eso vale más que lo que están teniendo en este momento en la tierra.


A mí me encantan los momentos difíciles de mi vida, me encanta cuando los he vivido porque es cuando más he visto el poder y la manifestación de Dios a nuestra vida. Cuando la gente toca y dice: oye tienes necesidad, Dios me envió para darte esto. Wow, yo le dije a mi esposa: no puede ser posible. Bueno, ¡si, si es posible! Pero créeme me cuesta trabajo entenderlo.

 

Yo hice una transición de una empresa a otra ¿por qué? Porque me ofrecieron algo, ¿por qué? Porque Dios quiere bendecirme, porque Dios quiere prosperarme, porque Dios quiere promoverme. Por eso yo tomé la decisión de decir: si, yo voy a ese lugar. Sin embargo, no conté con que la empresa en la que yo trabajaba me dio la espalda y me señaló de una manera directa; me sacaron de la empresa de manera directa así.

 

Y me dijeron: no te vas a llevar a ninguno de aquí. Y les dije: No, yo no voy a llevarme a ninguno de aquí. Y le dije: Señor, tú eres el proveedor. No me pagaron el trimestre completo porque me fui a la competencia. Y le dije: Señor, no hay problema yo espero, ¿qué me toca hacer? Algún día la hermana Alma me profetizó y me dijo: Quiero verte como te he visto siempre, que en los momentos que menos hay vivas como cuando lo hay. Y así como cuando vendías chocolates yo te quiero ver así. Y entonces dije: Sé cuál es mi trabajo, sé cuál es mi labor, tengo que salir y tengo que hacer lo que sé hacer.

 

Y empecé a salir y le empecé a decir a una persona con la que trabajo: llámame y necesito ponerme a trabajar, hoy que tengo un poco más de tiempo quiero trabajar. Créeme hermano, cada que salgo a orar por alguien, cada que salgo a ver a alguien, cada que salgo por alguna petición yo regreso con las manos llenas. En mi casa no está faltando. ¿Y sabes? Es una bendición de parte de Dios. Es que si no tengo, ¿cómo les voy a dar si no tengo? ¿Sabes? Eso es ajeno, Dios te está pidiendo que vayas y que lo hagas, Él provee, Él prospera, Él hace.

 

Cuando esto sucedió y yo salgo de la Compañía, yo me doy cuenta que muchas de las personas a las que en algún momento les había compartido del Evangelio, algunas personas de las que yo había orado por ellos, algunas personas de las que me habían escuchado que estaba dando algún mensaje y glorificaba a Dios en cada mensaje. De repente empezaron a llamarme y me dijeron: Fer, quiero trabajar contigo. Dije: oye, pero tú vienes de la competencia, ¿y qué va a decir tu partner? Y me dijeron: no me importa, yo ya le dije que quiero trabajar contigo.

 

¿Sabes? Esa gente está saliendo de ese lugar y se está viniendo con nosotros, porque hay alguien que está haciendo que los está haciendo moverse, hay alguien que está moviendo sus corazones. Y yo le dije: Señor, no a cualquiera por favor, para no cometer los mismos errores, no a cualquiera, manda solamente a los que tú sepas que lo van a lograr. ¿Y sabes? Hoy se han añadido a la Compañía gente que ha buscado porque algún día escucharon que en el Señor había esperanza.

 

Yo hago mi trabajo, ¿y sabes cuál es mi primer trabajo? Predicar punto. El Señor te promueve, el Señor te mueve a donde tenga que moverte. Estoy gozoso ¿sabes qué es lo que viene en el 2017 para nosotros? Tremendamente fuerte, una bendición tremenda. Ya me senté con mi Director y dijo: esto es lo que viene para ti. Y yo dije: ¡Wow! Gloria a Dios. ¿Vale la pena vivirlo? Vale la pena vivirlo. ¿Glorificar a Dios en la necesidad? Gloria a Dios vale la pena.

 

Porque sé vivir en necesidad pero también sé tener en riqueza; eso me lo enseñó el Señor en este camino. Cuando tú eres fiel, cuando le eres fiel, cuando tú vas, cuando tú haces estás poniendo en el reino de los cielos. Sí, ahí hay una morada pero, en esta tierra dice la Biblia claramente, que cualquiera que hace algo, dice: no habrá uno que no haya recibido cien veces más en esta tierra que en la vida eterna.

 

O sea, también la promesa es para la vida presente, para la vida terrenal, también hay una promesa para la vida terrenal. Aunque hay una promesa en le Señor en la vida eterna, ¿sabes? En la vida terrenal también hay riquezas, y ésas Dios se las da a quien quiere dárselas. ¿Quieres de esas riquezas? Primero busca las eternas, y van a llegar las terrenales, eso es real. Primero busca las eternas.

 

Yo he visto gente aquí en la iglesia cómo han dedicado su corazón a Dios, y hoy los veo económicamente distintos. Esa misma gente que en un momento los vi con necesidad, hoy tienen recursos. ¿Y sabes? Esa gente sabe la necesidad y es la gente que un día se acercó y me dijo: Fer aquí estoy para ayudarte. ¡Wow! Porque es la gente que al igual que yo ha vivido también necesidad. Qué bendición ¿no?

 

Para tener tesoros se debe tener dinero, y para tener dinero hay que trabajar.  Para que un sembrador tenga una cosecha debe sembrar. Pero para poder sembrar primero debe trabajar la tierra. Cuando decimos: Un sembrador salió a sembrar; ah si salió el sembrador y aventó la semilla y ya se dio. No, trabajó la tierra, la trabajó primero. Entonces nadie puede hacer crecer una semilla si antes no trabajó la tierra.

 

Entonces para que podamos tener tesoros en el cielo, Dios nos ha estado hablando en este día que debemos trabajar en nosotros, debemos trabajar en nuestro corazón. La semilla ya fue plantada pero la tierra aun no está preparada. Y la tierra es la codicia que a veces hay en el corazón, la soberbia, la vanidad, la presunción, la deshonestidad, la mentira; ¿cómo queremos producir?

 

Esa porción de tierra que somos tú y yo, tiene que estar bien trabajada para que pueda dar una buena semilla. No vayamos a ser empedrados, ¡aguas! Esa tierra que somos tú y yo debe de estar bien trabajada, ¿y sabes? Para que la tierra se pueda trabajar no sé si han visto que de repente, en los campos queman la tierra; y así nosotros debemos pasar por fuego. 

 

Entonces pasamos por fuego, se prepara la tierra y luego viene la semilla. Entonces queremos dar frutos, queremos hacer tesoros en el cielo; Señor, ese fuego, esa prueba, ese momento lo paso con gozo porque mi tierra está siendo preparada.

 

¿Cómo está nuestra tierra hoy, cómo está nuestro corazón? La Biblia dice y lo leímos al comienzo, Mateo 6:21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Y ninguno puede servir a dos amos. Absolutamente ninguno. La verdad es que a veces atesoramos tanto lo poco que tenemos que no permitimos que entre lo mucho. Dice el Señor: Saca lo viejo para que entre lo nuevo.


Alguna vez a alguno de los niños le dices: Oye, ¿me regalas una papita de las Sabritas? Y te dice: si. Pero cuando te la da aprieta la bolsa, en serio. Y estás tratando de meter la mano para sacar la papita, y el niño aprieta la bolsa o él mismo saca una sola papita y te la da con la mano. Regálame una papita. Y aprieta la mano y hasta que tú puedes sacar una migaja de papa porque al querer sacarla se rompió de lo apretada que tenía la manita el niño.  Y ya dices: gracias, con permiso.

 

Y a veces así apretamos nuestra mano, apretamos lo que tenemos. Y a veces así dice Dios: regálame algo, déjame meter mi mano a ver qué puedo sacar de ti. ¡No, no Señor no me quites eso! Porque es con lo que me sostengo, nada más tengo esto, nada más con esto vivo, es para mi lunch. Y entonces como es para mi lunch no me lo quites, no me quites mi lunch.

 

Dice Dios: Oye, pero si yo te traigo una comida. No me importa la comida, me encantan las papas y no quiero tu comida. Dice Dios: Pero yo tengo planes para ti. No me interesa, yo quiero mis papas, ¿sabes? Amo las papas y aprieto mi bolsa y no la suelto. ¿Sabes? Yo no sé si tu risa es porque esto es una broma, o lo ves como broma, o lo ves como algo que es real. Apretamos nuestra mano, apretamos y decimos: no Señor.

 

Y Dios quiere tratar con nosotros en ciertas áreas y las abrazamos y decimos: no por favor, no me lo quites, yo lo atesoro a mi vida, no lo quiero quitar de mí. Y dice el Señor: yo siempre tengo algo mejor para ti. Ahora ya avanzamos hasta aquí, esperamos un mejor año, mejor que el 2016. Para que haya un mejor año mis amados, ¿qué crees que tiene que pasar? Que desde hoy antes de que acabe el año ya debes de trabajar en planear cómo lo vas a tener.

 

¿Cuántos ya planearon cómo tenerlo? Las cosas no llegan así como estrellas fugaces que de repente llegan. ¡NO! Desde antes tienes que planear, desde hoy ya tienes que trabajar. Todos esperamos un mejor año, y los mejores años, y hemos orado, y han profetizado mejores años, pero ¿qué está deteniendo esos mejores años? Nosotros mismos.

 

¿Por qué no hacemos lo que dijo el apóstol Pablo? Ciertamente olvido lo que queda atrás. Ya la regamos, ya cometimos errores; olvidar no es fácil no es sencillo. ¿Quieres una mejor relación? Olvida lo que queda atrás. ¿Quieres una mejor economía? Olvida lo que queda atrás y no cometas los mismos errores. ¿Quieres un mejor trabajo? Olvida lo que queda atrás y busca una promoción, esfuérzate, sé mejor.

 

¿Quieres ser un mejor papá, una mejor mamá, quieres ser un mejor hijo, quieres ser un mejor siervo, quieres ser lo mejor? Tienes que dejar la apatía, tienes que dejar la miseria, tienes que dejar la mediocridad, tienes que romper con eso y la tienes que dejar ahora en el 2016. Y te tienes que extender hacia adelante, hacia un mañana para que de esa manera estés en la condición de poder entonces, dar. De poder plantar y de poder segar lo mejor.

 

Los tesoros en el cielo los alcanzamos allá, pero aquí es donde trabajamos en ellos, es aquí en esta tierra. Olvida los errores pasados mi querido hermano, y que solamente sirvan como un punto de partida para no cometer los mismos, y comienza a ver tu futuro en él.

 

Filipenses 3:7-14 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. 12No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

 

Habla de una perseverancia de Pablo pero también habla de lo que él estima, en lo que había tenido por ganancias en su pasado. Y dice: todo eso lo doy por basura. Y ahora yo me olvido lo que queda atrás y yo veo hacia adelante; me extiendo hacia algo que es mejor que lo que yo he dejado. Si la Biblia dice que cualquiera que dejare a su padre, a su madre, a su hijo o a su hija por causa de él; no habrá uno que no hay recibido cien veces más de lo que ha dejado.


Dejar te libera; soltar te libera; no atesorar te libera, y te lleva a lugares mejores. Cuando tú atesoras algo, cuando tú abrazas algo, cuando tú no sueltas algo, esa persona se vuelve miserable y pobre, porque es lo único que tiene. Y por cultura ¿sabes? Y por cultura abrazamos lo poco, por cultura no sabemos atrevernos a perderlo todo con tal de ganar lo mucho, no nos atrevemos.

 

Y Pablo lo dijo claramente, lo pierdo todo, lo doy por basura y una cosa hago: olvido ciertamente lo que queda atrás. Porque no se trata solo de dejar, sino se trata también de olvidar para poder comenzar con una nueva mente, con una nueva idea, con una nueva proyección, con una nueva perspectiva, poniendo mis ojos en Jesús hacia un nuevo horizonte, hacia una nueva vida. Que todo lo que yo tenga en esta tierra, en esta misma se quedará.

 

Así es que donde yo debo de sembrar es en esta tierra para que lo que yo deje sea el ejemplo de un hijo de Dios que supo darlo todo como él lo dio todo por mí. Finalmente cuando partamos nuestra recompensa ya está garantizada con Él por la eternidad.


Señor agradezco infinitamente tu Palabra; nos cuesta mucho trabajo a veces poder despojarnos de lo que tenemos porque lo atesoramos de tal manera, pensando que todo es nuestro, cuando todas las cosas provienen de ti. Cuando pensamos que todas las cosas provienen de ti y tú eres el que nos las ha dado para administrarlas, y las atesoramos como nuestras. Es pensar que nos estamos conformando con lo que tú nos has dado, despreciando lo eterno, despreciando lo más grande que puedes darnos en esta tierra que es la salvación, la vida eterna al lado tuyo.

 

Padre en lo personal perdóname y perdona a tu Iglesia, porque hemos puesto nuestra mirada en lo que tenemos, y no hemos puesto nuestra mirada en lo eterno. Porque no hemos sabido despojarnos, tal vez algunos sí. Yo no hablo por todos, yo hablo solamente por algunos por aquellos que por alguna razón han querido retener lo que ahora tienen.


Pero yo te ruego en este momento, que el entendimiento se abra para ellos y cada uno pueda hoy, mirar la recompensa que hay en ti en la eternidad, los tesoros en el cielo. Que hoy empecemos a dar las cosas como para ti. Gracias por tu Palabra, gracias por tu amor, gracias por tu misericordia. Sigue ministrando los corazones de nuestros hermanos, bendícelos en todas las áreas de su vida; en el nombre de Jesús te lo pedimos, amén y amén.


Dios los bendiga.

 

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