INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

HONRA A TODOS

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

1 Pedro 2:17  Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

 

Hemos estado hablando en relación a valores universales, a principios que establece la Palabra de Dios. Y aquí nos encontramos con otro principio para el creyente: la honra. Dios a través del apóstol Pedro nos dice que debemos honrar a todos, no solamente a algunos cuantos o a ciertas personas que nosotros escojamos, o a algunas personas con las que tengamos algo en común, con quienes nos llevemos bien, o a otras que tal vez conozcamos de toda la vida, que conozcamos sus obras o su trayectoria.


Dice y el mandato es uno tan sencillo pero creo que tan difícil de cumplir: Honra a todos. Tenemos que honrar a todos. Y dice: y más aún que honremos al rey. Y esto significa que honremos a las autoridades, que honremos a todo aquel que está en una autoridad desde la más alta que puede ser el rey, el Presidente hasta autoridades de bajo nivel; pero que las tenemos que honrar, así tiene que ser, es un mandato, es un principio para nosotros. Y esto no está nada fácil, no está nada sencillo.

 

Tampoco nos dice la Palabra que honremos al rey siempre y cuando el rey sea digno de toda honra, ya que puede no serlo. Pero aquí lo importante y lo que hace el Señor, es que no se trata de lo que ellos son, se trata de lo que nosotros somos, se trata de lo que ha hecho Dios en nuestro interior, en nuestra vida. Qué es lo que está trabajando en cada uno de nosotros, para que nosotros podamos cumplir con su Palabra y para que podamos ser conforme y su voluntad y su propósito.

 

Dios quiere que nosotros seamos, porque aún dice su Palabra, a su imagen, a su semejanza, que seamos conforme y Él es, que seamos como Cristo Jesús es, él es nuestro ejemplo. Por lo tanto, hay cosas que nosotros tenemos que cambiar de nuestro interior. Y ahora en Cristo Jesús es algo que tenemos que hacer, y tenemos que mirar qué es lo que hay, qué es lo que tenemos, cuánto estamos cambiando y cuánto no.


Es por ello que nos estamos evocando, y el Señor nos ha llevado a hablar precisamente sobre principios, valores universales. Principios que son los mismos aquí y en cualquier parte del mundo, principios que nosotros como cristianos debemos de tener. No podemos seguir siendo como antes éramos, no podemos seguir trayendo lo que antes teníamos en el mundo, al día de hoy que creemos en el Señor Jesucristo, le seguimos y queremos hacer conforme y su voluntad.

 

Nosotros aspiramos a una vida eterna, a estar en la presencia de Dios por la eternidad, allá en su Reino como dice la Palabra. Y hay cosas que tenemos que cambiar porque no van a  ser iguales que aquí, son diferentes y nos tenemos que preparar para ese reino, para el reino de los cielos. Y tenemos que empezar aquí con ese cambio.

 

Dice aquí este versículo: Honrad a todos. Amad a los hermanos. Hemos hablado sobre este principio, hace poco nuestro hermano Rolando hablaba sobre el amor entre unos y otros. Hablé también sobre servir en amor, cómo es la forma en que nosotros tenemos que servir para darle honra y gloria a Dios.

 

Y ahora el Señor nos habla en relación de que debemos honrarlos a todos y de que debemos honrar al rey; independientemente de algo importante, no podremos hacer las cosas como Dios establece si nosotros no tenemos temor de Dios. Entonces necesitamos hacer las cosas como Dios las establece.  Vamos a leer todo el contexto:

 

1 Pedro 2:13-16 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, 14ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. 15Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; 16como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.

 

Esta palabra cuando la vemos, nos damos cuenta que no es algo sencillo cumplirlo. Cuando Pedro dijo que por causa de Jesucristo había que  someterse a toda institución humana, y someterse aún al rey, someterse a los Gobernadores, someterse a las autoridades, el apóstol Pedro estaba hablando de algo bien importante, del imperio romano que estaba bajo la autoridad de Nerón.

 

¿Quién era Nerón? Lo hemos leído en la historia, todos supimos en historia lo que hizo Nerón, era un tirano, era cruel, es más, estaba loco. Y les estaba diciendo el apóstol Pedro a los creyentes de aquella época que tenían que sujetarse al rey. Imagínate en este momento que te lo diga el apóstol, y que te diga que te sujetes al rey, a esa autoridad que tú te das cuenta que está mal, que tú sabes que está mal. 

 

Pero es obvio que hay algo que no le dijo el apóstol Pedro. El apóstol Pedro no dijo que debían comprometer su conciencia, ¡para nada! Pedro tiempo atrás le había dicho al sumo sacerdote que era necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29), cuando Pedro es detenido y llevado a la cárcel porque estaba predicando.

 

Entonces cuando lo van a interrogar y le dicen que lo pueden dejar libre si ya no predica, dijo: no, momento, yo me tengo que sujetar a lo que Dios establece, no a lo que ustedes dicen. Si ustedes me mandan a hacer algo que va en contra de la voluntad de Dios, ¡No lo voy a hacer!

 

Porque también luego nosotros pensamos las cosas de una manera equivocada. Ah entonces, ¿si me tengo que someter a mis autoridades, y si una autoridad me dice que  mate a alguien, lo tengo que matar porque es la autoridad? ¡NO! No por una razón muy sencilla: Porque entonces vas a ir en contra de lo que dice la Palabra de Dios, y no puedes. No debemos ir en contra de lo que Dios establece, primero tenemos que obedecer a Dios.


Entonces cuando Pedro le está diciendo al sumo sacerdote que lo importante es someterse a Dios y no a los hombres, le está estableciendo perfectamente bien cómo son las cosas. Y cuando está hablando en esta carta está diciendo: Honra al rey. Sí que estaba mal ese rey, que estaba enfermo, que hacía cosas que no estaban correctas, que no iban de acuerdo, les está diciendo: pues hazlo, te tienes que sujetar, te tienes que someter, pero tienes que honrar al rey, lo tienes que hacer, no hay de otra.

 

Necesitamos nosotros como creyentes, como cristianos vivir en armonía, y para vivir en armonía dice la Palabra del Señor que nosotros necesitamos orar por nuestras autoridades, para que las autoridades hagan lo correcto, hagan lo que deben de hacer, para que sean guiadas por Dios, para que sean sensibles a la voz de Dios para hacer lo correcto. 


En la actualidad algunos cristianos, como nosotros, tenemos el privilegio de vivir en libertad mientras existen cristianos en otros países, aún hay localidades en nuestro país que viven con gobiernos represivos. Sin embargo, Dios dice a través de Pedro algo bien importante: Honra a los gobernantes, hónralos. Y nosotros lo tenemos que hacer por causa del Señor, por causa de su Palabra para que se respeten las nuevas buenas del Señor, y se respete al pueblo de Dios.

 

Si nosotros como pueblo nos levantamos en contra de autoridades, vamos a estar yendo no solamente en contra de la Palabra sino que vamos a violentar a las autoridades, y las autoridades van a actuar en contra de lo que nosotros hagamos. Y Dios establece que por eso nuestra oración debe de ser constante, debe ser permanente por nuestras autoridades para que estén sujetas por el Señor y hagan lo que tienen qué hacer.

 

Si somos perseguidos, nosotros sabemos que tiene que ser precisamente por causa de Cristo, no por otra razón. No tenemos que ser perseguidos por quebrantar nuestras leyes civiles y morales. Si alguien nos persigue, que nos persiga por causa de la Palabra, no por otra razón. 

 

1 Pedro 2:15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos.

 

Conocemos que hay gente insensata a nuestro alrededor, son más los insensatos que existen en este país, que los prudentes y sensatos. Y nosotros podemos hacer callar las voces de los insensatos haciendo lo correcto delante de Dios, delante de los hombres. Por eso todo este contexto está hablando de algo que es bien importante, y culmina el apóstol Pedro diciendo: Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

 

¡Qué difícil está esto que pide Dios! Pero como todos los demás principios de la Palabra, tenemos que hacer esfuerzos para lograr llegar al punto que está diciendo el Señor. No podemos ser hoy día como antes éramos. No podemos vivir como antes vivíamos, no podemos tener los mismos pensamientos, los mismos sentimientos o la misma forma de actuar. Se tiene que notar que nosotros hoy día somos creyentes y que tenemos una Palabra que es la de Dios que nos guía día a día a cada uno de nosotros.

 

Romanos 13:1-2 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 2De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

 

El sometimiento a la autoridad o a las personas, es una forma de honra. Tal vez, insisto, no estemos de acuerdo con ellas, tal vez pensemos diferente y estamos en todo nuestro derecho de pensar diferente. Estamos en nuestro derecho de no estar de acuerdo en todo lo que hacen, por supuesto que estamos en nuestro derecho. Pero tenemos como dice la Escritura, honrarlas. Honra a toda persona, honra a toda autoridad, honra a toda institución.

 

¿Por qué? Por lo que las personas e instituciones son delante de Dios, lo que son para Dios, y por lo que Dios ha puesto en ellos. Así de fuerte y de simple. No las honres por las cosas que ellos hacen; no necesitas ver que hagan cosas maravillosas para que tú las puedas honrar. Nosotros las debemos honrar por lo que son para Dios, y porque Dios las puso.

 

Lo más probable es que la mayoría de las autoridades no sepan, no estén conscientes que Dios los puso, que Dios les dio un lugar, pero tienen un gran compromiso delante de Dios. Y va a haber un día en el cual van a rendir cuentas, y lo van a hacer delante de Dios, lo dice la Palabra. Si están actuando mal, va a haber un día en el cual van a tener que estar delante del Señor y reconocer todo lo que han hecho mal. Cuando tuvieron la obligación de hacer lo bueno, de hacer el bien, de hacer lo mejor para el pueblo, lo dice la Palabra.

 

Y es una de las grandes diferencias entre el creyente en Cristo y el no creyente en Cristo, el no cristiano, precisamente que el creyente en Cristo tiene prioridades. Tenemos principios que marcan nuestras prioridades establecidas por Dios en su Palabra. Y nosotros nos tenemos que mover de acuerdo a  lo que Dios dice, y si la Palabra de Dios dice que yo tengo que honrar a las autoridades, las voy a honrar aunque no esté de acuerdo.

 

Si Dios me dice que les ame, yo no tengo que estar buscando todas las cualidades que cada uno de mis hermanos tiene para amarles. Simple y sencillamente tengo que cumplir la Palabra de Dios y les tengo que amar. Ustedes no tienen que estar buscando cuáles son mis defectos para no amarme, de acuerdo a la Palabra de Dios me tienen que amar como soy. Está difícil pero lo tienen que hacer, es una orden de Dios, es un principio de Dios.

 

Como es un principio el honrara a las autoridades, el honrar al rey, el honrar a las instituciones. Yo lo honro, y si algo me preocupa pues yo oro por ello para que sea transformado, para que sea cambiado. Hay una diferencia entre poner las cosas en las manos de Dios para que Él actúe, a sacar un cartel de inconformidad, así de fácil. Yo puedo hacer todas las manifestaciones que quiera en la calle, y manifestarme en contra de quien yo quiera, eso no va a tener un cambio en la autoridad.


El cambio en la autoridad se va a dar cuando yo dedique tiempo en mi oración para que las cosas sean transformadas por Dios; ¡es lo que tenemos que hacer! Sin embrago no lo hacemos, porque para nosotros mismos nos es difícil cambiar, nos es difícil cambiar nuestra forma de pensar, nuestra forma de sentir, y nuestra forma de actuar.

 

Y como nosotros no cambiamos, luego creemos que Dios aunque oremos a Él, no va a cambiar a los demás. Inconscientemente lo pensamos. Ah, si yo sigo siendo igual, soy cristiano, voy a la iglesia y sigo igual, sigo pensando y sintiendo lo mismo; pues como por qué Dios va a cambiar a una autoridad. Y la Palabra de Dios nos dice ora por ellas, hónrala, honra a las autoridades, no hagas lo contrario.


Honrar es mostrar respeto hacia una persona o institución, aunque no sean lo que deben de ser. Y nos tiene que quedar claro algo: La honra es por lo que nosotros somos. La honra es por lo que tú eres, no por lo que es la autoridad, no por lo que es la institución. Pero como seres humanos nos cuesta esto mucho trabajo.

 

Conocemos luego a una persona, vemos a una institución, vemos a una autoridad y estamos buscando todo lo malo de esa persona. Lo criticamos, lo juzgamos, lo analizamos, le señalamos, todo lo que esté mal es en lo que nosotros nos estamos fijando, en todo lo malo. Pues cómo lo voy a honrar si es esto, y esto y esto. Cómo lo voy a honrar si hace esto y esto, y esto. Por favor. Y nos enojamos y publicamos en las redes sociales cantidad de barbaridades. Es sorprendente todo lo que publicamos.

 

A veces digo: Que ya acabe esto, que ya se acabe de veras, estar todos los días y cada rato con lo mismo, y más de lo mismo. Qué aburrimiento. Cuando lo que tenemos que hacer es orar y poner en las manos de Dios las cosas, y nosotros honrar. ¡No merece mi honra! No, no la merece, y lo más probable es que nadie merezca que le honres, pero Dios te pide que lo honres, honra a la autoridad, honra a las instituciones, honra a cualquier persona que esté en autoridad por alto o por baja que sea su autoridad, ¡hónrala!

 

Porque lo importante es lo que eres tú, no lo que es la autoridad. Lo importante es lo que Dios está haciendo en tu vida, en tu interior. A mí qué me importa que las autoridades se vayan o no se vayan al cielo, créanme, me interesa a mí tener un lugar en el cielo. Me importa trabajar para no ser desechado y entrar al cielo y vivir por la eternidad en la presencia de Dios.

 

Y si Dios me dice que una de las cosas que tengo que hacer es tener el principio de la honra, mira, lo voy a tener, no es sencillo. ¿Pero es que cómo voy a honrar a una persona? Y le sacamos todos los defectos. Hónrala por una sola razón: por lo que ya eres tú, por la esencia que hoy día hay en ti, es decir por el Espíritu Santo que tú tienes en tu interior. Ese Espíritu Santo que está fusionado a ti, a tu espíritu, y lo puedes hacer.

 

Y si Pedro dijo: Honrad a todos. Honrad al rey. Es porque él lo estaba haciendo, es porque sí se puede hacer, es porque es posible como creyentes teniendo el Espíritu Santo, teniendo a Jesucristo hacer lo que dice la Palabra de Dios. Quien no lo tiene, no lo puede lograr. No le podemos pedir al mundo que haga algo que no está en la posibilidad de hacer, no va a poder. El mundo siempre va a ver a quién honrar, si quiere honrar a alguien.

 

Y si hay alguien enfrente del mundo el cual el mundo considere que lo merece, lo va a honrar; y que lo merece por todo lo que hace, por todo lo que es. A diferencia de nosotros, nosotros le vamos a honrar sin importar lo que sea, es claro, pero es complicado porque requerimos cambios en nuestra mentalidad, en nuestros sentimientos, pero lo tenemos que llevar a cabo.

 

Desde pequeños no hemos aprendido a honrar. Desde pequeños nuestros padres no nos enseñaron a honrar a los demás; cuando la Palabra de Dios establece algo importante. En Éxodo 20, están los 10 mandamientos, el quinto mandamiento dice así: Éxodo 20:12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.  

 

Esto es lo que Dios ordenó, y nos damos cuenta de una cosa: que los hijos no honran a los padres, ¿por qué? ¿Porque los padres no son buenos padres? ¿Porque los padres les exigen a los hijos? ¿Por qué los padres regañan a los hijos, porque los castigan, porque no son luego lo que los hijos quieren, por qué? Por una razón luego los hijos no honran a los padres: Porque los mismos padres no le enseñan al hijo que tiene que honrarlos. 

 

Vemos que muchas ocasiones la madre llora con los hijos, y se queja con ellos de las actitudes del papá, es tan común esto. Es que tu papá, tu papá esto, tu papá el otro, ya hizo esto, ya no hizo, dile a tu papá a ver si él te lo da, a ver si él… Y se queja amargamente con los hijos. El papá se queja con los hijos de la mamá, y se queja fuerte. Mmm, es que tu madre, tu madre es esto, tu madre es lo otro, ah, ¿quieres esto? Vela está ahí acostadota, a ver ve y dile, levántala a ver si no se enoja porque la despiertas para pedirle algo.

 

Y los papás muchas ocasiones, cantidad de ocasiones ponemos a los hijos en contra del cónyuge, y lo hacemos seguido, frecuente, constante. ¿Cuál es el resultado? El resultado es que el hijo, los hijos no aprenden a honrar a los padres. Y se va formando en la mente del hijo algo bien especial: mmm, sí mi padre es esto, sí es lo otro, y empieza a ver todos los defectos del padre porque la madre se los está diciendo, y viceversa.

 

A ese mismo hijo se le empieza a llenar la cabeza con los defectos de la madre porque el padre se está encargando de una manera constante de estarle marcando los defectos y todo lo negativo de la madre. ¿Qué hace el hijo? Pues llega el momento que tienen su cabeza, en su mente una gran cantidad de información negativa en relación a los padres. Cómo va a honrar ese hijo a sus padres, cuando ellos mismos le están diciendo de ellos mismos todo lo que está mal, cómo.

 

Necesito esto mamá. Mmm, tu padre que es un irresponsable no me ha dado dinero, dile a tu padre a ver si a ti sí te hace caso, a ver si a ti sí te cumple. Y hay tantos, tantos detalles que nosotros como padres tenemos  con los hijos, que nosotros estamos echando a perder a nuestros hijos, estamos envenenando su mente. Y estamos ocasionando que no cumplan con lo que dice la Palabra, que no honren a los padres.

 

Que como padres no nos honren, y nosotros estamos causándoles un conflicto grave a ellos, estamos acortando su vida y les estamos quitando bendición. ¿Por qué? Porque no les enseñamos a honrar, no lo hacemos. Y esto es bastante fuerte. Tenemos que honrar a nuestros padres, y si leemos Éxodo 20:12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.  

 

Y en Efesios 6:1-2,  es algo que el apóstol Pablo vuelve a señalar. Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. 2Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa. Hay promesa de bendición para quienes honran a sus padres, pero insisto, tenemos nosotros que enseñarles a nuestros hijos a honrarnos. Si a nosotros no nos enseñaron, bueno, tendremos que enderezar eso, y ahora nosotros sí enseñar a nuestros hijos. Porque les estamos quitando las promesas de bendición, lo dice la Escritura.

 

Los tenemos que honrar en todo momento sin importar lo que nuestros padres sean. Porque no dice al Escritura: honrarás a tu padre y a tu madre siempre y cuando sean todo un ejemplo de padres. ¡No, no lo dice así! Los vas a honrar siempre y cuando veas que desde tu perspectiva son maravillosos, son excelentes, entonces los vas a honrar. ¡NO! La Palabra de Dios es tajante: Honra a tu padre y a tu madre. ¡Pum, ya!

 

Ah es que mi padre es un pecador. ¡Hónralo! Es que mi padre es un delincuente. ¡Hónralo! Bueno, es que la verdad mi padre es un ratero. ¡Hónralo! Es que mi padre es un engañador, ya lo vi que anda con una vecina. ¡Hónralo! No importa lo que tu padre sea, ¡hónralo, es lo que dice el Señor!  No nos dio padres perfectos, ni nosotros somos padres perfectos. Es más fácil que les enseñemos a nuestros hijos la honra.

 

Si quiero hablar mal de mi cónyuge, mira mejor me debo meter a mi cuarto y orar y ponerlo en las manos de Dios para no contaminar a mis hijos; porque como son los más cercanos son los que nos ven haciendo caras, los que nos ven enojados, los que nos ven mal. ¿Qué te pasa papá? Nada, nada. ¿Qué tienes? Nada, tu madre ya sabes cómo es. Y el hijo dice: sí, sí la conozco, es especialita.

 

Tenemos que amar a nuestros padres, amarás a tu padre y a tu madre. Sí pero tal vez mi madre sea de lo peor. Sí, hónrala, la tienes que honrar. Es que mi madre es una chismosa, va a la iglesia a chismear con las hermanitas. ¡Hónrala! Es que es mentirosa, ya la he oído mentir cuando está hablando por teléfono. ¡Hónrala! Y yo creo que de las peores cosas que le puede pasar a un hijo es saber que su mamá tiene relaciones sexuales con otros hombres, o que su papá tiene relaciones sexuales con otras mujeres. ¡Hónrala, hónralo!

 

Una ocasión un vecino platicando con él, él andaba en el alcoholismo, muy jovencito, alrededor de 20 años, dijo: es que no sabes lo difícil que es llegar a tu casa y encontrarte a tu mamá con un amigo tuyo, verlos en la cama. Sí, debe ser terrible, debe ser de lo peor, pero dice el Señor. Hónrala. Hónrala no hay de otra. Y tenemos que honrar a nuestros padres.

 

Durante muchos años nosotros fuimos al Tutelar de menores, escuchábamos cantidad de testimonios de niños y adolescentes que habían matado a sus padres. Y los habían matado porque estaban enojados con ellos. En otros casos decían: yo estoy esperando salir de aquí porque tengo algo que hacer. ¿Y qué vas a hacer? Voy a salir y voy a matar a mi papá. Y cosas bien fuertes ahí adentro.

 

¿Por qué? Porque nunca aprendieron, nunca les enseñaron lo que era la honra. Nunca les enseñaron valores, nunca les enseñaron principios. Y tenemos una sociedad con múltiples problemas, con graves problemas precisamente por la falta de honra, porque no los enseñaron a honrar a los demás. La falta del valor de la honra o del principio de acuerdo a la Palabra de la honra, trae consigo robos, violaciones, secuestros, homicidios, fraudes, engaños, mentiras, adulterios, ¡trae todo!

 

Analiza, nuestro Señor Jesucristo dijo: el primer mandamiento y más importante es: amarás a Dios sobre todas las cosas, y lo amarás con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas. Y el segundo es semejante. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Es decir, ¡honra a tu prójimo! ¿Por qué una persona secuestra, viola, mata, roba, hace barbaridades en contra del prójimo? Porque no le honra, no le ama, porque nunca le enseñaron a hacerlo. Porque en su propia casa no lo aprendió, no lo sabe. Los problemas empiezan en la casa, ahí empiezan los conflictos.

 

Nosotros tuvimos en casa una jovencita que tenía 16 años de edad y tenía dos hijos. Sus hijos eran producto del abuso de su tío; ella vivía en un pueblo y terminado la primaria, en sexto de primaria ya estaba embarazada por un tío. Ella odiaba a ese niño, no lo quería, ese primero no lo soportaba, no lo podía ni ver, y lo maltrató a los días de nacido, lo golpeaba mucho. 

 

El corazón de ese niño cuando nosotros lo conocimos, ya tenía el niño cerca de 4 años, era un corazón herido, un corazón dolido, un corazón que ya necesitaba una restauración porque tenía odio en contra de su madre, porque era todo lo que había aprendido, lo que había recibido. Por supuesto que era un corazón que no iba a honrar a su madre en ningún momento. 

 

Una ocasión que llegamos mi esposa y yo a la casa, resulta que vemos al niño sentadito, quieto en un lugar y le preguntamos, ¿qué tienes? Estaba con sus manitas con las palmas hacia arriba, y nos dice: es que me quemaron las manos. La mamá, como el niño rompió la hoja de la planta le dijo. Ya te había dicho que te iba a quemar las manitas si rompías la planta. Y entonces fue y prendió el comal, y ya que estaba caliente le agarró las dos manitas y se las recargó en el comal.

 

¿Qué había en el corazón de ese pequeño? Había dolor, amargura, y por supuesto no había honra hacia la madre, y no iba a honrar ese niño a nadie. Dios nos dio la posibilidad de estar orando y trabajando con ella y con sus dos hijos; y fueron restaurados. Cuando se fueron de la casa, ella se fue con un corazón diferente amando a sus dos hijos, con una actitud totalmente distinta, y los niños amando a su mamá. Nosotros sabemos que con el tiempo aprendieron a honrarla.

 

Y si esto pasa con nuestra familia, en donde no enseñamos a honrar a nuestros hijos a los padres; ¿qué hay con la demás gente que está alrededor? ¿Qué hay con los familiares, con los vecinos, con los compañeros, con los amigos, con los líderes, con todos los que están alrededor, con el prójimo, qué hay? Pues no hay honra. Porque los comentarios de los adultos son en contra del prójimo, de quien sea, y entonces nuestros hijos están oyendo conversaciones nuestras que están en contra de la gente a quienes los adultos no honramos y que tampoco estamos enseñando a nuestros hijos a honrar.

 

Yo recuerdo mucho cuando era niño algo que decían adultos que estaban a mi alrededor; mi papá no lo hacía porque él fue siempre muy respetuoso, exageradamente respetuoso. Y decían por ejemplo de los agentes de tránsito: ah es que ese mordelón. Es que los mordelones. Y todos los niños con los que yo tenía relación nadie decía que era un agente de tránsito, nadie decía que era un policía; todos decían que eran mordelones. Una deshonra total. Y aunque hubieran sido, no tenemos por qué enseñarles a deshonrar a la gente a nuestros hijos, así. Tenemos que enseñarles la honra.

 

Yo me avergoncé mucho un día, había una vecina que era muy chismosa, terriblemente chismosa, y entonces entre mi esposa y yo comentábamos: es que es una víbora, hace chismes todo el tiempo, es una víbora. Y un día llegó a la casa, tocó, salió mi hijo que tenía como 4 años de edad, abrió la puerta y nos gritó: ¡papá, mamá, les habla la víbora! Uf, le dije a Maru: sal a ver. ¡Sal tú! No, sal tú ándale, es mujer ha de querer algo, igual quiere un jitomate, sal y atiéndela. No, sal tú. Ya cuando cobre fuerzas, fui y ya no estaba.

 

Ese día entendí que estábamos haciendo un grave mal sobre nuestro hijo, porque estábamos con nuestros comentarios, y que los niños todo lo ven, todo lo oyen, todo lo aprenden; influenciándolo para tener un determinado comportamiento. Y esa actitud del niño fue por culpa de nosotros como padres, ¡y es una vergüenza! El niño solamente repite lo que escucha. Y tu hijo va a repetir lo que ha visto de ti, lo que ha oído de ti, es lo que va a repetir. Y el Señor nos dice: honra a tu prójimo.


Dice el apóstol Pedro: honra a todos. ¿Qué puedo hacer yo para que mis hijos honren a todos? Algo muy sencillo, honrarlos yo para que mi hijo aprenda que los debe de honrar. Y yo tengo que hablar bien aunque no esté de acuerdo con lo que hacen las autoridades, con lo que hace el vecino, con lo que hace un familiar, un conocido; lo tengo que hacer. Aquí estamos, la honra en el mundo yo veo que es otro valor perdido. Y por desgracia en muchos de los cristianos también.

 

Porque no hemos tenido la capacidad de entender la Palabra de Dios en muchas partes, en muchas áreas, sobre todo cuando nos habla por ejemplo de la honra, de este principio, de algo tan elemental. Dice el apóstol Juan: si dices que amas a Dios y aborreces a tu hermano, ¡mientes! No amas a Dios. Cómo vas a amar a alguien que no ves, cuando no eres capaz de amar a alguien que sí ves. 

 

Es lo mismo, cómo voy a honrar a Dios a quien no veo, si no soy capaz de honrar a mi hermano, a mi padre, a mi madre, a mi vecino; ¡no es posible! Necesitamos cambiar nuestro corazón si no, vamos a seguir como en el mundo, exactamente igual.

 

Hace un tiempo estuve dando clases en el Instituto Cristo para las Naciones campus Querétaro; di un semestre una cátedra, y tuve una alumna que nos invitó a Maru y a mí a comer a su casa. Fuimos y nos encontramos que con ella eran diez hermanos, era un batallón ahí en la casa; el papá, la mamá, y diez hermanos de todas las edades, el más pequeño tendría un año y medio. Y la mayor que era la que iba al curso tendría como diecisiete años.

 

Toda la familia creyente en Cristo, todos ellos se congregaban en una iglesia que estaba cerca de su casa. Y en la plática ahí en la comida, el papá de familia empezó a comentarnos y a explicarnos que tenía muchas inquietudes; y que uno de los problemas más grandes que tenía era no saber qué hacer porque sus hijos no querían ir ya a la iglesia, les aburría la iglesia. Entonces no querían ir, y cada vez era más difícil llevarlos.

 

Seguimos platicando, cambio el tema y de repente él dijo: yo he apoyado mucho a la iglesia, yo le regalé una camioneta a la iglesia para que salgan a hacer evangelismo, para que vayan a ciudades cercanas, a poblados, dice, pero ah el líder de evangelismo es un flojo, no va, no se compromete, y nada más la camioneta la trae para su interés personal, no hace lo que tiene que hacer, es un desobligado. Yo lo cambiaría, pondría a otro en su lugar, ese cuate no sirve.

 

Uy qué caray. Y dice la esposa: sí pero mi esposo no va a cursos. Y entonces dice él: cómo voy a ir a los cursos si el líder de enseñanza no sabe, yo sé más que él, es un torpe, no sabe absolutamente nada; yo podría dar clases y darlas mejor que ese maestro, no sabe enseñar. ¡Ese líder de enseñanza está en la calle! 

 

Mmm, ¿y qué tal, cómo está la iglesia, cómo es la alabanza en tu iglesia? ¿Es denominacional, qué tipo de iglesia es? Ah la alabanza, el líder de alabanza no hombre, sí sabe música pero realmente no sabe adorar a Dios, no lo adora, nada más se exhibe él y todo su grupito de alabanza que está al frente, nada más se exhiben.  Ah, pues lo debería de cambiar el pastor. Uf no, el pastor está peor, no, él está mal. No, no, él llega tarde, no cumple, se va temprano, no hace lo que tiene que hacer, por eso las cosas andan mal.

 

Entonces lo vi y le dije: perdón, ¿y eso aquí lo comentas? Sí, con la familia. Le digo: ¿y quieres que tus hijos vayan a la iglesia? Si yo fuera tu hijo no iba, ¿a qué voy a ir? Una iglesia en donde el pastor es un irresponsable, no hace lo que tiene que hacer; el líder de alabanza nada más se está exhibiendo; el líder de enseñanza no enseña, no sabe. O sea, ¿a qué voy a ir, a qué voy a esa iglesia? Le dije: el problema de tus hijos es uno muy sencillo: Eres tú. Ya había terminado de comer, ya hasta mi café me estaba terminando, entonces no había problema.

 

El problema no son nuestros hijos, el problema son los padres. Y si yo como padre no sé honrar a las autoridades, no sé honrar a mis semejantes, es porque mi padre no me enseñó. Pero si yo ya tengo la edad suficiente para darme cuenta que él no hizo algunas cosas que debió haber hecho, que me debió haber enseñado como es la honra; entonces  yo lo debo tomar, y lo debo aprender y lo debo de llevar a cabo sobre todo hoy que soy creyente en Cristo. ¡Lo tengo que hacer!

 

La honra es un valor en el mundo, es un principio para nosotros los creyentes que debemos tener y debemos llevar a cabo, y tenemos que honrar como dice la Escritura: Honrar a todos. Pero tenemos que empezar por lo más elemental, por nuestra familia. Tenemos que honrar, enseñarles a nuestros hijos a honrar a sus padres, que nosotros seamos honrados por ellos. Y no vamos a ser honrados si no les enseñamos y nos pasamos todo el tiempo quejándonos de nuestro cónyuge.

 

Nuestros hijos son nuestros hijos, no son nuestro paño de lágrimas, no son quienes deban de soportar nuestros problemas conyugales, no lo son. No son nuestros consejeros matrimoniales, no lo son. Tenemos que enseñarles a honrar, y a honrarnos a nosotros para que aprendan a honrar al prójimo, aprendan a honrar a las autoridades.

 

Qué dolor me da ver que este país no honra a las autoridades; y nos quejamos de que no somos prosperados. Claro, le echamos la culpa a las autoridades, pero entre la falta de honra de la población y la idolatría de la población, estamos sumidos en un problema bastante grave de crisis económica, del cual no nos va a sacar una persona, nosotros tenemos que hacer lo que debemos de hacer.

 

La honra, un principio que nos lleva a respetar al prójimo sin importar su condición, pero importando lo que nosotros somos. Dios honra a aquel que hace lo que Él dice que haga.

 

Juan 12:26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

 

Fíjate cómo Dios mismos honra a los demás, Dios mismo te va a honrar. Y nosotros podemos encontrar una gran cantidad de citas en la Palabra en donde nos habla precisamente del reconocimiento de Dios a nosotros a través de la honra. Tenemos que hacer lo que Dios establece.

 

Proverbios 3:35  Los sabios heredarán honra, Mas los necios llevarán ignominia.

 

¿Eres necio? No, no hay necios en la iglesia, ¡gloria a Dios! Seamos sabios haciendo lo que Dios establece que hagamos, seamos sabios poniendo en práctica, por obra todo lo que dice el Señor en su Palabra. Si nosotros somos sabios, dice la Palabra, que vamos a heredar honra. Si tú eres sabio vas a hacer lo que tienes que hacer, de la manera que lo debes hacer, conforme a  lo que dice la Palabra de Dios. Y tus hijos lo van a ver y ellos van a heredar lo que tú eres.

 

Tus hijos van a heredar lo bueno o lo malo que tú tengas, lo que tú les enseñes es lo que van a heredar. ¿Qué le quieres trasmitir, qué quieres que hereden? ¿Qué hereden honra o que lleven ignominia? Yo quiero que mis hijos lleven honra, que la hereden; por lo tanto tengo que hacer lo que debo hacer de acuerdo a la Palabra, hagámoslo.

 

Proverbios 22:4 Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.

 

Y vemos cómo la Palabra del Señor va entrelazando diferentes características y cualidades, para lograr que nosotros seamos lo que debemos ser. Todo se va entremezclando. Sé humilde, no seas soberbio, no seas orgulloso, sé humilde.

 

1 Samuel 2:30  Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.

 

Necesitamos honrar, tenemos que aprender a honrar. Y el aprenderlo es muy sencillo: No veas lo que son los demás, ve lo que tú eres. Y si no eres capaz de honrar a los demás, ¡cambia! Busca sanidad interior para que puedas honrar a tu prójimo, para que traigas bendición, para que seas bendecido,  para que puedas heredar bendición.

 

Bendito Dios y Padre eterno en el nombre de Jesús, te doy gracias Señor por tu Palabra, por los principios que tú tienes, que nosotros debemos poner en práctica, que debemos poner por obra. Que cada uno de nosotros haga conforme y debe hacer. Yo puedo advertir como tú nos has llevado y nos estás llevando hacia otro nivel Señor.

 

Tal vez algunos no nos hemos dado cuenta, tal vez estemos vislumbrando algo, pero Padre yo puedo advertir de una manera bastante clara que tú estás tratando con nuestro corazón, con nuestro interior para que nosotros manifestemos de tu gloria a quienes están a nuestro alrededor.  Vivimos tiempos importantes, vivimos tiempos en donde viene un crecimiento; pero todos debemos estar en el lugar que debemos, que tenemos que estar, con un corazón pleno entregado a ti, guiado por ti.

 

Para que la misma gente que esté a nuestro alrededor, reconozca que tú eres Dios, que tú eres Señor, y que tenga el deseo de congregarse, el deseo de aprender de ti y de estar cerca de ti, y de tener comunión y salvación. Gracias te doy Señor por la vida de mis hermanos, guíales en todo momento y que tu gloria resplandezca en ellos. Y en Cristo Jesús a ti sea toda honra por la eternidad, amén.

 

Dios los bendiga.