INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

HONRA A TUS AUTORIDADES

 

Jesús Cano

 

 

 

Mateo 3:13-15 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. 14Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.

 

El principio del ministerio de Jesús todo empieza aquí, en su bautizo, el día que Jesús había esperado por 30 años. ¿Se han fijado que por lo general tenemos gente que quiere que Jesús no cumpla lo que tiene que hacer? Pedro, cuando Jesús iba a morir le dijo: no Señor no te hagas eso, o sea, piensa en ti, te va a doler. No lo dijo pero yo creo. Dijo: piensa en ti, no te hagas eso. Y Jesús le dice: ¡Apártate de mí Satanás!

 

Después Jesús viene a bautizarse y Juan le dice: no te puedo bautizar. Y María lo perdió, perdió al niño tres días, la única cosa que tenía que hacerla señora, cuidar al Hijo de Dios, y lo perdió. Si tú creías que perdías cosas importantes, nunca has perdido al Hijo de Dios, así. Y por lo general Jesús tenía esas cosas, Jesús tenía que estar no lidiando contra la corriente pero, podemos ver a través de la Biblia que siempre se aparece alguien bien intencionado con Jesús que no deja hacer a Jesús lo que Jesús tiene que hacer.

 

Mateo 3:13, sabemos la historia, Juan está bautizando en el Jordán; ahora, el Jordán en donde estaba Juan la parte del Jordán en donde estaba, estaba lejísimos de la casa de Jesús, no estaba cerca. Jesús vivía en Galilea, Juan estaba hasta abajo casi entre Jericó y Sucot, y caminando no estaba cerca. Y la fama de Juan se había expandido, entonces Jesús hace algo. Jesús dice: me voy a ir a bautizar. La cosa más sin sentido que Jesús pudo haber hecho.

 

Hechos 19:5, está Pablo hablando con ciertos discípulos y les pregunta: ¿ya recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando se bautizaron? Y ellos dicen: ¿qué es eso? Dice: pues, ¿en qué los bautizaron? Y le dijeron: Pues en el bautismo de Juan. Y Hechos 19:4, dice: ah Juan bautizaba para arrepentimiento y perdón de pecados, pero Juan dijo que venía uno más grande que él y que él los iba a bautizar en el Espíritu Santo, y solo necesitan creer para recibir el Espíritu Santo.

 

¿Jesús necesitaba el bautismo de Juan? ¡NO! 1 Pedro 2:22 El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca. Fue un hombre que no conoció Pecado. Gálatas dice que él fue maldición para que nosotros nos volviéramos bendición. 1 Corintios dice que él se volvió pecado para que tú y yo nos volviéramos la justificación de Dios. Tú y yo somos la justicia de Dios. Jesús no conoció pecado, Jesús nunca pecó, y su primera grandiosa idea es irse a bautizar para arrepentimiento y perdón de pecados.

 

Ya ves cómo hasta ahorita no tiene ningún sentido lo que Jesús está haciendo. ¿Cuál era el mensaje de Juan? Arrepiéntanse. Y los sumergía, y así se aventó varios años, ministerio exitoso nada de 45 minutos de predicación, no nada. Arrepiéntanse. Listo. Y la fama de Juan se esparce y Jesús dice: es el momento. Y va y decide bautizarse, en un bautismo que totalmente no es para Jesús, en algo que Jesús totalmente no tiene que hacer, porque la ley tampoco dice que te tenías que bautizar. No hay en ninguna parte en la ley que dice que tú te tenías que bautizar.

 

Pero tampoco está en la ley la parte de: Y se bautizarán para nacer a una nueva vida. ¡No está en la ley! Cuando los fariseos un día quieren molestar a Jesús, le dicen: tú ¿con qué autoridad haces estos milagros? Y Jesús les dice: ah, les digo si ustedes me contestan si el bautismo de Juan era de Dios o de los hombres. Y ellos empiezan a pensar y dicen: no podemos decir que de Dios porque si decimos de Dios, él nos va  a decir, entonces ¿por qué no se bautizaron? Y tampoco podemos decir que de los hombres, porque si no los hombres se nos dejan venir encima.

 

El bautismo de Juan fue algo que Dios le dio a Juan, y fue específicamente para descubrir al Mesías. Jesús de Juan dice en Mateo 11:11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.  Dice que no hay otro nacido de mujer tan grande como Juan. Jesús bien inteligente ¿no? No hay nadie ahí que pueda decir: ah yo no. Pues todos somos nacidos de mujer, a todos nos toca.

 

Y dice: no hay nadie nacido de mujer que sea tan grande como Juan, pero les digo que el más pequeño en el reino de los cielos es aún más grande que él. Y Jesús habla de Juan como el hombre más grande entre los hombres. Y Jesús decide ir a bautizarse en algo que no tenía que hacerlo.

 

Entonces, imagínense la escena, está Juan sumergiendo gente, sacándola, y ve a Jesús;  y en Mateo 3, versículos antes Juan dice, le preguntan a Juan ¿tú quién eres? Y Juan dice: yo soy simplemente el que está preparando el camino para el que viene, y el que viene después de mí es tan grande, tiene tanto poder que yo no puedo ni siquiera desatarle las correas de los zapatos.

 

¿Se dan cuenta que en la antigüedad tenían trabajos para todo? El caso es poner a trabajar a la gente; es como abuela mexicana, te ven no haciendo nada y te dicen: cuenta los frijoles. ¿Para? Cuéntalos, límpialos. Ya los limpie. Otra vez. Y ahí estás ¿no? Yo creo que los judíos son como mexicanos pero allá. Y estaba el que les lavaba los pies a todos, pero también creo que el mismo que les lavaba los pies tal vez ha de haber sido el mismo que les quitaba los zapatos. Y era un trabajo que nadie quería en la casa.

 

Ese trabajo era muy sencillo pero tenía algo implícito, eras el siervo más bajo de la casa. Es como en cualquier empresa, al que mandan por los cafés, generalmente es el nuevo, es el que no tiene voto ni decisión en la empresa. Ese es el que desataba las correas de los zapatos y les lavaba los pies. Y Juan dice: el que viene después de mí, este hombre es tan grande, pero tan grande, es tan maravilloso, es tan poderoso que ni siquiera yo puedo tener esto con él, dice: no soy digno de él.

 

Y en eso, ¿quién creen que llega? Jesús. ¿Les ha pasado que están hablando de alguien y de repente llega,  bueno o malo? Y es como de, bien. A menos que sea fútbol, porque cuando dices algo de un jugador la siguiente jugada hace autogol ¿no? Llega Jesús, Juan está en su “spich” y dice de Jesús yo no sé quién es, pero Juan sabía, el Padre le había dicho: en quien tú veas que el Espíritu Santo desciende sobre él, y se queda en él, ése es el Mesías.

 

Y Juan acababa de decir: yo no lo conozco. Y Juan estaba en su ministerio y en eso se aparece Jesús, a hacer lo que no tenía que hacer. Y esto te lo digo ¿por qué?, porque voy a hablar de autoridad de nuevo. Es muy fácil someterte a la autoridad que está sobre ti; Juan acababa de reconocer que Jesús era más poderoso y más grande que él, era fácil y natural para Juan someterse a la autoridad de Jesús. Es muy fácil, no te requiere ningún esfuerzo someterte a alguien que tú ves más grande que tú, no te requiere nada en el corazón, simplemente lo haces porque es lógica.

 

Pero aquí venía Jesús con Juan, y este es el centro de todo. La semana pasada te dije que cuando nos sometemos a la autoridad, eso nos pone en un lugar para ser promovidos en nuestra vida. Y en ese momento de la historia el profeta importante era Juan no era Jesús. Hasta esos 30 años, Jesús había estado en formación, en preparación para ser lo que tenía que ser.

 

Han visto las carreras de relevos y cómo están acá los cuatro tíos, y corre uno y cuando llega uno le da la estafeta al otro, y el que la agarra empieza a correr. En ese momento no importa quién está de frente o quién quedó atrás, ¿quién es el que importa? El que lleva la estafeta, ese es el que cuenta, ese es el que se le dio algo en ese momento para llegar de un punto a otro.

 

Ese es Juan en ese momento, y no hay nadie más importante en ese momento que Juan, porque además, Juan es el encargado de reconocer al Mesías. Vaya tarea, imagínate si se hubiera equivocado. Imagínate: ése es… No, ese no era el Cordero de Dios, perdón. No. Está Juan, está ahí y Jesús sabe algo, tiene que ir a cumplir con algo, pero no porque necesite arrepentimiento y perdón de pecados, pero porque necesita someterse a la autoridad que está corriendo en ese momento.

 

Jesús no está ahí porque no solo nos está enseñando que teníamos que bautizarnos, Jesús está ahí porque se está sometiendo a la autoridad de Juan, por eso Jesús dice: es que tengo que hacer esto para cumplir con toda justicia. Jesús le estaba diciendo a Juan: sí, sí sé que soy el Mesías, pero ahorita la autoridad la tienes tú. Y yo necesito reconocer tu ministerio, y reconocer tu llamado y reconocer tu unción. Eso es lo que Jesús estaba haciendo.


Jesús no estaba en arrepentimiento y perdón de pecados, ¡Jesús no lo necesitaba! Qué, ¿le iban a negar la entrada al cielo al Hijo de Dios, al que conquistó a la muerte? No, Jesús no lo necesitaba pero ahí está enseñándonos algo, que en el reino de los cielos lo que cuenta es que no importa quién eres, lo que importa es cómo te sometes a la autoridad que está sobre ti, y eso es lo que Jesús hace.

 

Por eso cuando Juan llega y le dice, no puedo bautizarte porque tú eres más grande que yo. Tiene toda la razón, no se está equivocando. Debe de ser muy fuerte y difícil bautizar al que sabes que es el Hijo de Dios, no debe ser cualquier cosa. Estábamos en España y estuvimos orando en una iglesia y a mí me tocó orar por la pastora de la iglesia, no importa qué pastor sea, siempre tengo un gran respeto por el pastor al que estoy sirviendo.

 

Entonces, yo estaba viendo cómo los del equipo servían y estaban orando por la gente y yo estaba sin hacer nada. Y se me acercó la pastora y me dijo ¿oras por mí? Y yo dije: ¿Qué? ¿Yo? Sí. Y en esas veces que dices ¿qué digo, qué digo? Pensé y dije: Ya empezaron las difíciles. Y dije. Pues bueno. ¿Por qué? Porque la autoridad de esa persona cuando reconoces autoridades no importa quién seas, su autoridad impone. Y yo sabía que esa persona tiene más autoridad que yo, y cuando me dijo: oras por mí, lo que pensé fue: ¿para qué?

 

Si a mí me pasó con esta persona, imagínate a Juan con Jesús. Viene llegando Jesús y Jesús le dice a Juan: ora por mí. ¿Qué? Juan acababa de decir: yo necesito lo tuyo. Y Juan ha de haber dicho: A ver, Jesús, tío, primo no sé qué seas, ¡no inventes! O sea, yo  necesito lo que tú tienes y tú vienes y me dices a mí que quieres lo que yo tengo y sabemos que no lo necesitas. Imagínate si Jesús le dice: Tienes razón, me voy, y no lo bautiza; ¿te das cuenta en el lío en que nos mete? No hay el: éste es mi Hijo amado. No hay el Espíritu Santo descendiendo y quedándose en él.

 

Imagínate si Jesús hubiera caminado y hubiera dicho: sí soy el Hijo de Dios Juan, no lo necesito, lo siento, me voy a Galilea de nuevo. Y se regresa. Porque no se trataba simplemente del perdón de pecados o el arrepentimiento, se trataba de reconocer lo que el Padre estaba haciendo, y lo que el Padre acababa de hacer era darle a alguien autoridad sobre la gente. Y Jesús estaba diciendo algo: Si mi Padre te lo dio entonces, yo lo voy a cumplir.  

 

Dice: tenemos que cumplir toda justicia. Que no haya algo que le pudieran decir a Jesús: sí, pero tú no te sometiste a Juan. Podríamos decir: no lo necesitaba, Jesús era más grande que Juan. Sí, pero la autoridad la tenía Juan. Lo que Jesús nos está enseñando en esa parte es: no importa quién es la persona con autoridad, y no importa cómo tú lo veas, te tienes que someter a esa persona.

 

Si el Hijo de Dios lo hizo en algo que no necesitaba; Jesús no necesitaba el: éste es mi Hijo amado en el cual yo tengo complacencia. Pero este bautismo era tan importante para Jesús como para Juan, porque Juan tenía que reconocer al Espíritu Santo descendiendo y quedándose sobre una persona por primera vez.

 

La vez pasada te dije: un punto de autoridad es para impulsar a la gente, para llevarlos a ser lo que son en Cristo. Pero también necesitamos cuando nos sometemos a la autoridad de alguien más, estamos ayudando a que esa persona cumpla lo que lo mandaron a hacer. El bautismo de Juan importaba solo por una persona en el mundo, Jesús. No tengo idea cuántas personas bautizó Juan, pero seguramente fueron muchas porque su fama se extendía por todo Israel, no tengo idea cuántas fueron, importaba solamente una: Jesús.

 

Y por ese uno que se tenía que someter y tenía que ser bautizado, Juan hizo todo su ministerio, porque tenía que llegar ese momento, y el momento que Jesús esperaba, que por treinta años estuvo esperando; Lucas dice que su madre atesoraba las cosas en su corazón y que Jesús crecía en sabiduría, estatura y gracia; treinta años Jesús estuvo buscando este momento. Y tal vez para el cumpleaños número treinta nosotros habríamos esperado no sé, que cayeran relámpagos del cielo y  ¡Éste es mi Hijo amado! Y que bajaran ángeles del cielo y sí nosotros lo vimos.

 

¿Qué es lo que tiene que hacer Jesús para empezar a caminar en quién es? Someterse a una autoridad que era claramente menor que él. Y eso muchas veces nos cuesta trabajo, pero es cuando tú te sometes a la autoridad que no quieres también donde tienes bendición, y eso es de lo que te voy a hablar, ¿por qué? Porque sometiéndote a la autoridad, habíamos dicho que la autoridad trae promoción, que la autoridad te deja actuar en lugares que no puedes actuar solo. Pero hay algo clave: nosotros nos sometemos a la autoridad porque Dios dice.

 

Te guste o no la autoridad es lo que Dios dijo, y no importa cómo lo hagas tienes que hacerlo. Porque además Jesús dice algo clave: Si yo me someto, es lo que le está diciendo a Juan, si yo me someto a la autoridad voy a cumplir con toda justicia. Tú y yo somos justos en Cristo, tú y yo fuimos justificados en Cristo, no tenemos que hacer nada para ser justos y rectos, no hay nada que tú puedas hacer que te haga justo, ya eres justo; son dos cosas totalmente diferentes. Y Jesús está diciendo: necesito que lo que yo soy se note haciendo esto, es: el fruto de lo que yo soy se va a notar yo sometiéndome a la autoridad.

 

Nosotros somos justos en Cristo, nosotros fuimos justificados en Cristo, nosotros somos santificados en Cristo; no tienes que hacer nada para ganarlo, no tienes que hacer nada para ganar el amor de Dios, ¡ya lo tienes! Simplemente es: ¡Muéstralo! Y una de las formas que nosotros mostramos la justificación de Dios en nosotros es: sometiéndonos a la autoridad porque es lo que Jesús hizo. Y es bien padre.

 

Y te quiero hablar de esta historia que está en 1 Samuel 24, la Biblia está llena de historias maravillosas, pero gente que no las sabe contar. Los deberíamos demandar por mal praxis, así como demandamos a un doctor por no operar bien, demandamos a alguien por decir la Biblia como no es.

 

Y seguramente el título de lo que van a leer en  1 Samuel 24,  dice: “David perdona la vida a Saúl en En-gadi”.

 

Y esta es la historia que te quiero contar, ahora ¿quién es David y quién es Saúl? Saúl es el primer rey de Israel. Saúl no es el rey más padre que pudieras tener, cuando lo iban a nombrar rey se escondió. Es como si a Cristiano Ronaldo le van a  dar a balón de oro y preguntan, ¿en dónde está Cristiano? En el baño y no quiere salir. ¿Por qué? Porque le tiene miedo a la gente.

 

O sea, Saúl era cuestionable. David cuando tiene trece o quince años es ungido nuevo rey de Israel, o sea, en ese momento tienes un rey en funciones y uno que ya ganó como la elección y que solo está esperando, pero no van a ser seis meses como pasa en México, van a ser unos diecisiete años. Entonces está David, ¿se saben la historia de David y Goliat?

 

Y en esta historia uno de los premios por matar al gigante era no pagar impuestos y casarte con la hija del rey. ¡Está bien padre! Tal vez a ustedes no los motive, a mí sí. Seguramente no me pelearía con el gigante, pero cuando te dan premios sí lo consideras ¿no? ¿Que no pagas impuesto? Va. ¿Te casas con la hija del rey? ¿Con cuál? No con esa no. Y ya no peleas. O dices: sí va, me rifo, me rifo.

 

Entonces David gana, mata a Goliat, entonces él y su familia no tienen que pagar impuestos y viene la otra parte, se casa con Mical, se vuelve el yerno del rey. Si esto lo pensamos bien, ¡pésima decisión! Es muy raro que te lleves bien con tus suegros, o sea, si David lo hubiera pensado bien hubiera dicho: este brother está loco, está endemoniado. David había tenido que ir a tocar para él varias veces. Me quiere matar, porque ya lo quería matar antes de ser su yerno, y todavía se hace su yerno. ¡Pues obvio!

 

Imagínense cómo era de áspera la relación, porque nadie quiere un suegro como Saúl. Y un día a Saúl se le metió en la cabeza que David quería el reino. Ahora, David había sido ungido para ser rey, David no quería el reino, son dos cosas diferentes. Y a Saúl se le ocurrió que era buenísima idea, en lugar de estar peleando con los filisteos y hacer lo que tiene que hacer, ir a resolver un problema personal con David. Y pone toda su intención y pone toda su fuerza, y todos sus recursos en atrapar al yerno.

 

O sea, en el capítulo 22, dice que estaba en Adulam, y estaba el rey con mínimo tres mil personas. Se llevó Saúl a tres mil personas para atrapar a David. Si tú te habías sentido perseguido por tus suegros, no sabes lo que es ser perseguido por tus suegros, a menos que seas David. O sea, imagínate, es ¿rey qué vamos a hacer? Vamos a ir a perseguir a David. ¿Y los filisteos que nos quieran atacar? Ah no importa, o sea el reino no importa. Y Saúl puso todo lo que tenía para atrapar a David y para matar a David.


David no le había hecho nada, David había peleado por él. Una vez David cortó mil prepucios; no ¿puedes probarle a alguien más tu lealtad que haciendo eso? Una cosa es matar mil personas, lo otro ya o sea, si siguen dudando de ti después de que cortarse esos mil prepucios, o sea la persona tiene un problema, y está en la Biblia, ahí está. Y Saúl quiere matar a David, y David no ha hecho absolutamente nada.

 

Para como somos y como es la iglesia cristiana, muchísimo antes de eso, alguien le habría dicho: ¿Sabe qué? Yo no estoy de acuerdo con lo que hizo, aquí está mi carta con trece razones, me voy de la iglesia. Y se va. O sea, en el mundo en el que vivimos, o sea por menos nosotros ya nos habríamos ido, y si hubiera sido en un trabajo ya habríamos renunciado, y si estás en Estados Unidos, seguramente ya habrías demandado a alguna persona.

 

Pero David no, David está totalmente sometido a alguien que lo quiere matar, que no le cae bien y que está usando todo lo que tiene para destruirlo. Esto no es para que digas: ah bueno, entonces me aguanto en el trabajo, no hay tres mil personas molestándome. ¡NO! Es que tal vez tú estás viviendo eso, tal vez tú en tu vida estás viviendo bajo una autoridad que no te encanta, o que está siendo malvada contigo.

 

Tal vez estás viviendo en un punto en donde: ah, no me encanta del todo lo que están haciendo, no sé qué hacer. Y tal vez empiezas en tu corazón: no, esto no está bien, me voy. Se han dado cuenta que en las iglesia cristianas todo lo solucionan con ¡me voy! Es de, pero… ¡Me voy! ¿Quieres comer? ¡Me voy!  Es, perdón por preguntar. ¡Me voy! ¿Por qué? Porque no alcanzamos a entender la profundidad de la autoridad, nos cuesta demasiado trabajo porque va en contra de nuestra naturaleza.

 

Pero David nos está dando la imagen clara de qué hacer no solo sometiéndote a una autoridad que te gusta, sino cuando la autoridad está totalmente en tu contra y está haciendo cosas en tu contra y cosas que tú no estás de acuerdo. David pudo haber dicho: mira, a mí ya me ungieron como rey de Israel. David pudo haber dicho: Mira, a partir de hoy pues ya aquí hacemos el país independentista de En-gadi, y aquí mis amigos se vienen para acá y ya no vamos a ser parte de Israel, vamos a ser una comunidad autónoma e independiente en En-gadi, de todos modos Dios ya me ungió como rey, porque la unción ya la tengo, el llamado lo tengo. David pudo haberlo hecho.

 

En 1 Samuel 22, dice que David se escondía en la cuevas de Adulam; no solo es una cueva son varias; pero ahí iba gente y sus amigos era gente que estaban siendo oprimida, se cree y lo más probable es que era por el gobierno. Que debía lo más probable era que impuestos, y que también estaba siendo perseguida. Y todos esos se juntaron con David, y esos eran los amigos de David, gente que estaba pasando por la misma situación que él, con la misma persona que él.

 

¿Se han dado cuenta que eso nunca lleva a nada bueno? ¿Se han dado cuenta que estos últimos seis años aunque el Presidente no haga nada, todos lo culpamos? Es así de: ah, es que cerraron aquí la Michoacana. ¡Cuántos más Peña, cuántos más! ¿Qué? No, es que el policía me multó. ¡Cuántos más Peña, no se puede, el Gobierno! Pero es que él no le dijo a nadie. No pero es que Peña Nieto. Y el pobre no hace nada y ya todo es contra Peña Nieto. Se va la luz, ¡ah Peña Nieto! Pero es que a ti se te olvidó cambiar el foco. Claro, pues por la privatización. Y tú así de: ¿Y eso qué?  No, no se puede, ya está más caro el foco. ¿Cómo? ¡Estúpido Peña Nieto!

 

Imagínate si eso es aquí, cómo eran con gente que en serio los estaban persiguiendo también. Yo creo que sería así: ¡Cuántos más Saúl, cuántos más! O sea, esa era la gente que rodeaba a David, crees que alguien en ese lugar tenía una palabra a favor de Saúl, que pudiera decir: no, mírale el lado bueno, derrotó a los filisteos. Crees que alguien ahí pudiera decirle a David: No David tu tiempo vendrá pronto, tranquilo, honra al rey. ¡Nooo!


Seguramente lo que David escuchaba era: Mira este desgraciado cómo nos tiene, no tendríamos que estar viviendo en cuevas. O, ah ya llegó, te dije, ahora dónde nos vamos a esconder. Y David estaba viviendo una situación bastante complicada. Y después de este capítulo 22, Saúl se va, David nunca hace nada en su contra, lo único que David hace es irse quitando para molestar menos, hasta que llega 1 Samuel 24.

 

Y tenemos esta historia y dice: 1 Samuel 24:1-2 Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi. 2Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David y de sus hombres.

 

O sea, no solo agarró a tres mil personas, agarró los tres mil mejores de su ejército. O sea, no agarró al poli que come guajolotas en la mañana y que sabes que se va a cansar, ¡no! Agarró a los polis de España, ¿han visto a esos brothers? Los ves y es: hola, y te pones nervioso porque para empezar deben medir mínimo 1.72 mts. Tienen que hacer 20 dominadas, correr como muchos kilómetros en cierto tiempo.

 

Y parece que los buscan en catálogo de modelos, y es: ah éste está bien guapo, sí, éste puede ser policía. Y los ves y son bien fuertes y es: sí señor oficial. Seguramente de esos agarró, no agarró a los granaderos, agarró a la guardia civil de España. Y todos fueron a buscar a David, y ahí estaban. Y dice el Versículo 2 Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David y de sus hombres,  por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses.

 

Se enteró que David estaba escondido de nuevo en una cueva, dice que el lugar en donde estaba lleno de cabras. Y mira las cabras tienden a ir y subir colinas súper complicadas de subir; hay veces que las ves y están bien empinadas, y las cabras monteses están hechas para trepar bien. Ah pues a Saúl se le ocurrió que era muy buena idea juntar tres mil personas y poner todo su empeño en buscar a un hombre que no le había hecho absolutamente nada, y que no importaba el peligro y lo complicado que fuera, había una misión: Tenemos que encontrar a David y tenemos que matar a David.

 

Versículo 3 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies.

 

Fue a hacer del baño, cubrir sus pies, me entienden ¿verdad? Entonces ve cabras, ve una cueva y dice: es hora. Se mete. Imagínate el momento, o sea, dice y cuando llegó a un redil de ovejas, entró Saúl en ella para cubrir sus pies, o sea, hacer del baño.  Y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. O sea, en lo más profundo de la cueva. Imagínate qué escena.

 

Te voy a contar algo, hace muchos años estaba yo jugando con Iván, y se me ocurrió la grandiosa idea de asustar gente en mi casa, obviamente no asusto a nadie, y le dije a Iván: ah, ¿si decimos que hay un hombre muerto en la tina? O sea, súper creíble mi mentira ¿no? Que hay un hombre muerto en la tina y asustamos a la gente cuando vengan a  ver al hombre muerto. Dijo Iván: va, va, y le pareció genial la idea, y me dice: va, la hacemos, la hacemos.

 

Y yo fingí que Iván se había ido de mi casa, fui a la puerta y dije: sí Iván adiós. Y cerré la puerta de mi casa. Para eso Iván ya estaba en la tina. Y en eso yo le dije a alguien: ven, te voy a enseñar a un hombre muerto en la tina. Y cuando llego al baño, el baño estaba cerrado. Y yo así de: oh, oh. ¿Qué? Nada, vámonos, vámonos.  

 

Y en eso salió alguien de mi casa gritándome: ¡Jesús! Y yo: Mande. Y me pregunta: ¿en dónde está Iván? Ya se fue. ¿En dónde está Iván? Le dije: ya se fue. ¿En dónde está? Y le dije: estaba en la tina mientras tú estabas ahí. Y salió Iván así: ¡Perdón, perdón, no vi nada, no vi nada, te prometo que no vi nada! Y yo así de perdón. No fue nuestra culpa. 

 

Entonces, imagínate la escena, entra el rey a hacer del baño y tú estás en el rincón del baño, o sea, qué momento tan más incómodo. Si yo hubiera estado ahí seguro habría sido de los que me vomitaría. Imagínate si comió comida mexicana, seguramente diría: ah, ¡David! Y todos en el rincón de la cueva; si hubiera sido Saúl me hubiera dado mucha pena, así de por qué no me mataste.


Y dice que David estaba en el rincón de la cueva, y continúa diciendo: Versículo 4 Entonces los hombres de David le dijeron. Acuérdate, son gente que no se lleva bien con Saúl, son gente que su líder es David, son gente que bebe, pues gente justa no es, así que digas wow ejemplos de justicia y verdad estos hombres ¡no son! Y de la nada se acuerdan de una palabra profética y le dicen: David, ya llegó el día.

 

Le dicen: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere.  ¡Este es el día David! Ya lo tienes, es el Saúl de Santa Julia. Ya lo tienes, además Dios te lo prometió, ¿no te dijo Dios? De la nada gente que no tiene idea de la Biblia te empieza a aconsejar de cómo debes vivir y de cómo Dios va a cumplir sus promesas. Le dicen: ¿No te dijo Dios esto? Es, aquí está la oportunidad.

 

No porque se presente la oportunidad quiere decir que algo mal está bien. Lo que es malo es malo, y lo que es bueno es bueno, no importa si la oportunidad estaba, no cambia absolutamente nada. Y le dicen estas personas que no tienen ninguna comunión con Dios, ¿viste algún Salmo escrito por ellos? No, ninguno. Pero aquí están ellos interpretando una palabra que Dios le dijo a David, y le dijeron: este es el día David, este es el día que estabas esperando. Además mandándolo a él de frente.

 

¿Era David el único que le gustaría que Saúl estuviera muerto en esa cueva? Solo había una persona que no y era Saúl. En esa cueva la vida de todos se mejoraría increíblemente si Saúl estuviera muerto. Y le están diciendo a David: esto es lo que Dios dijo, esto es lo que Dios te habló un día, debes de hacerlo.

 

La confirmación de las palabras proféticas no es para que los demás crean la palabra que Dios me dio, es para que yo sepa que Dios me habló. Cuando Dios te conforma una palabra profética es para ti, no es para que los demás sepan que Dios te habló.  

 

Y en profecía, toda palabra profética tiene tres cosas: revelación, interpretación y aplicación. Si tú tienes una palabra profética, solo revelación pero no tienes interpretación y aplicación, no sirve. Está padre pero es como si tú vas a comer un corte, y en lugar de asarlo o freírlo, llegan y te ponen la carne cruda en tu plato y te dicen: aquí está, provecho. ¿Alguien podría comer eso? No, seguramente si lo intentas te vas a enfermar.

 

Una palabra profética sin interpretación es así. La interpretación es: con esto que Dios me dio significa esto. Eso es como cuando cocinas tu carne. Pero la aplicación es: con esto que Dios me dijo que significa esto, voy a hacer esto. Esos son como los cubiertos, ya puedes comer porque no comemos con las manos, a menos que seas árabe. 

 

Y muchas veces las palabras proféticas, el que recibe la revelación, no tiene la interpretación ni la aplicación. No es, porque Dios me dijo esto, de esta manera lo voy a hacer. Es, debes de esperar muchas cosas.


Efesios 4, dice que Jesús le dio como regalo a la Iglesia: apóstoles, profetas, evangelistas, maestros y pastores; eso quiere decir que todos en la Iglesia operamos dentro de eso. Dentro de todas las personas que están a tu alrededor en la Iglesia, hay apóstoles, profetas, maestros, evangelistas y pastores; todos, así funciona. Lamentablemente creemos que por ser pastor y porque Dios me dijo que iba a pastorear, debo de tener iglesia. O porque soy profeta tengo que ir por la vida diciendo: soy el profeta de Dios. No, eso no es.

 

Hay veces que somos pastores dentro de nuestra casa o dentro de nuestro trabajo. Hay veces que somos apóstoles dentro de la Iglesia pero también fuera de la Iglesia. Es, no tienes que abrir una iglesia, es cómo operas. ¿Han visto a los evangelistas? Todos piensan igual, es que todos sean salvos. ¿Han visto a los profetas? Todos pensamos igual, es que todos escuchen a Dios. Es como operas, es la función que tienes no es la posición que debes de tener, se trata de funciones.

 

Tal vez Dios te llamó a ser maestro, eso no quiere decir que a fuerza tienes que ir a buscar un trabajo en la Secretaría de Educación Pública o enseñarle a los niños. Es tal vez puedes enseñar dentro de otros ámbitos en tu trabajo. Tal vez digas, pero hago finanzas, tal vez puedas enseñar ahí. No, es que trabajo en un hospital. Ok, tal vez puedas ser pastor dentro de ese hospital para la gente que está contigo. ¡Así funciona el reino de los cielos!

 

De vuelta a mi historia de David. Entonces está David con esta gente que claramente tiene un problema, y le dice: David vas. ¿Qué? David vas, es el momento, vas. David escuchó a las personas incorrectas y eso lo puso en un gran problema. Porque había esta cosa en el corazón de David de: ah Saúl, me están persiguiendo, Dios me dijo esto. Y tienes un montón de gente que te está mal aconsejándote diciéndote: sí, sí es Dios, vas.

 

Y David se levanta y corta el extremo del manto de Saúl. Y esta es la parte clave: continúa diciendo 1 Samuel 24:4 Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. Cuando tú tienes que hacer cosas muchas veces en silencio, o sin que la persona que es tu autoridad sepa, seguramente la estás rompiendo. Si tú te tienes que esconder para hacer algo, lo más probable es que tú estés haciendo algo que no tenías que estar haciendo.

 

Versículo 5  Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.

 

¿Les ha pasado que haces algo y en el momento en que lo estás haciendo es: No, por qué lo hice? Es como cuando compras un pastel porque estabas a dieta y en el momento en que le metes la cuchara no sientes nada, pero en el momento en que te lo pones en la boca y te lo pasas es: ¡por qué lo compré! Y sólo gastaste $ 100.00 y no comiste de tu pastel, ¿les ha pasado? Tal vez no, tal vez sí.

 

Pero en el momento en que David lo hizo, en ese momento su conciencia lo acusó, y el Espíritu Santo le dijo ¡Noo!  Termina Saúl de hacer del baño, sale y en el momento que sale dice la Biblia que David va detrás de él y le grita: ¡Rey mi señor! Y se postra delante de él, del brother que lo quiere matar, de su suegro, del que juntó tres mil personas para matarlo.

 

Sabes que hay una escena parecida también en 1 Samuel 14, y es Saúl. Un día el Señor le dijo a Saúl: vas a ir a pelear contra Amalec y los vas a matar a todos. Saúl entendió: vas a ir a pelear contra Amalec, vas a matar a los que no estén bonitos y te vas a quedar con las cosas que te gusten. Y llega y tiene las ovejas y todo lo que le había gustado, tiene al rey; llega Samuel y le dice: Saúl ¿qué es esto, escucho ovejas y bueyes? Y aplicó la de: ¿qué? ¿Qué es el ruido? ¿Cuál ruido?

 

¿Nunca han hecho eso? El de ¿quién pintó la pared? ¿Cuál pared? La de enfrente. ¿En dónde? Pues aquí. ¿Quién le pegó al carro? Iván, ¿dónde? Ah, ya lo tenía. Es que también un día le pegamos al coche, nadie lo notó después de 4 meses, deberíamos de tener una empresa, lo pintamos con pintura vinci, después les cuento esa historia.  Pero cuando nos dijeron a Iván, a Michel, a René y a mí que ¿qué había pasado?  Nos dijeron, ¿por qué el carro tiene un golpe? Y nosotros: ¿en dónde? Obviamente sabíamos de qué nos estaban hablando. Dijeron: no se hagan, ¿por qué tiene un golpe el coche? Y nosotros ¿en dónde? Es, ahí en la puerta. ¿Cuál? Aquí. Ah sí es cierto, ah es que le pegamos hace cuatro meses.

 

Y es la actitud que Saúl tiene, y le dice Samuel: Saúl, ¿qué es ese ruido? Y Saúl: ¿cuál? El de las ovejas. ¿Qué ovejas? El de las ovejas y bueyes que estoy escuchando. Ah ese, ah. Ah es que los trajimos de Amalec como Dios dijo. Pero Dios te dijo que lo mataras. Ah es  que yo los vi bonitos y creí que era bueno dárselo a Dios. La mentira más grande del mundo porque eran para Él, así lo voy a agradar.

 

Y le dice Samuel: Saúl, además era su segundo estrike. Le dice: Saúl ¿no te dijo Dios que los matarás? Y él: sí. ¿Entonces? Creí que era buena idea. No, los tenías que matar. Y en eso están peleando y le dice Samuel: Ya me voy. ¿Y qué crees que hace Saúl? Dice que cuando se voltea Samuel, Saúl le agarra el manto y se lo rompe. Una escena totalmente parecida a la de David.

 

En ese momento Samuel era la autoridad de Saúl, ¿por qué? Porque espiritualmente Samuel era más grande; aunque Saúl tenía el poder en el reino, el que estaba más cerca de Dios era Samuel. Por lo tanto, tenía más autoridad que Saúl, y tan tenía autoridad que le estaba diciendo qué hacer. Y agarra el manto y lo rompe.

 

El problema del manto es que el manto representa autoridad, representa dignidad, representa el llamado de Dios, y representa unción. Cuando una persona es puesta sobre autoridad no importa, tiene un llamado y tiene unción en él. Y cuando nosotros vamos en contra de eso, cuando lo rompemos, le estamos diciendo: no me importa quién eres, y no me importa lo que Dios planeó contigo y no me importa lo que Dios dijo contigo, yo soy mejor que tú.

 

Eso es lo que estaba haciendo Saúl, y Saúl rompe el manto y rompe la autoridad de Samuel. Y ¿sabes cuál es la respuesta? Voltea Samuel y le dice: ¿Qué hiciste? Y le dijo Saúl: es que te ibas. Y le dijo Samuel: porque rompiste mi manto, porque rompiste la autoridad, tu reino va a ser dividido. Es, porque no pudiste someterte a la autoridad, tu reino va a ser dividido. ¿Y sabes cuál es la respuesta de Saúl? Es: bueno pero, ¿regresas y haces el sacrificio conmigo?

 

Los que tienen hermanos han visto que están regañando a alguien el maestro y de repente esa persona dice algo que no tenía que decir. Y tú así de: Noooo. ¿Por qué lo dijo? ¿Les ha pasado? Entonces a Saúl lo único que le preocupa es Samuel, me vas a validar lo que Dios dio ¿verdad? Es: no me importa lo desleal que acabo de ser contigo, no me importa la acción que tuve; solo necesito que hagas algo: que validez mi posición delante de la gente. Eso es lo que Saúl está haciendo.

 

Saúl le está diciendo: No me estoy dando cuenta que estoy haciendo esto, yo lo que quiero es que me pongas bien delante de todos. Y tienes del otro lado a David, que en el momento que lo corta y sabe que hace algo que no tuvo que haber hecho, dice el versículo 6-7 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.  7Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.

 

Es decir que voltea, que se siente mal por lo que acaba de hacer, y detiene a los que estaban en la cueva con él para que no maten a Saúl. Y les dice: No es así. Si Dios me va a dar algo no es por mi mano, es en su tiempo y es en su forma; pero no es como yo lo quiera hacer. E impide que los que estaban adentro maten a Saúl, porque lo iban a matar. Y en el momento en que le salva la vida a Saúl, sale Saúl y sale David detrás de él. 

 

¿Si te acuerdas que Saúl lo quería matar verdad? Y le dice: Rey, mi señor.  Y le dice: qué es un perro para que usted lo esté persiguiendo. Le dijo: ¿por qué escucha a los que le dicen que yo quiero lo que usted tiene? Imagínate la escena, David de espaldas en sus rodillas diciéndole al rey: perdón me equivoqué. Nadie lo vio faltarle al respeto al rey, nadie lo vio que rompía el manto.

 

La historia de David perdonándole la vida a Saúl no se trata de David perdonándole la vida a Saúl, se trata de David sometiéndose a la autoridad de Saúl aun cuando estaba todo en su contra. Pero la historia de David es esa historia que muchos cristianos vivimos, no importa en dónde estés siempre va a haber un jefe, alguien que te esté oprimiendo. Pero la respuesta no es que vayas tú y tú hagas lo que Dios tiene que hacer.

 

Y después de eso se levanta, y ya que habló con él se levanta y dice: si yo te hice algo que Dios juzgue entre tú y yo, quién es justo y quién ha sido leal. A Saúl no le importó lo que le había hecho a Samuel, y lo único que le dijo fue: Valida mi deseo y valida mi posición. David le dijo a Saúl: no me importa lo que estás haciendo, yo no tengo que comportarme de esta manera, me tengo que someter a ti, y cuando llegue el día yo voy a ser rey.

 

En el capítulo 26 vuelve a pasar lo mismo. Están dormidos, otra vez Saúl está buscando a David para matarlo; qué horrible vida la de Saúl. Y lleva otra vez a todo su ejército, se quedan dormidos porque es de noche, pero dice la Biblia que Saúl entró en un sueño profundo. Las únicas veces que la Biblia usa “sueño profundo”, es en Génesis y en otro capítulo, cuando Adán entró en un sueño profundo; es algo sobrenatural.

 

Y Dios hace dormir a Saúl. Y estaba David con uno de sus mejores guerreros, con Abasai, totalmente leal a David, el hermano de Joab, era su sobrino. Y le dice a David: vamos y lo matamos. Y le dice David: vamos. Y  Entran e imagínate que tú te metes ¿qué les gusta? A un campo militar, y nadie nota que te metiste. Entra, burla a todos y llega a donde estaba dormido Saúl solo. Saúl dormía con una lanza al lado; la lanza en la Biblia tiene que ver con poder. Dios establece su reino, en los Salmos dice que Él va a venir con una lanza; no con espada sino con una lanza.

 

Lo estaba probando como rey y ahí tiene su cantimplora, que aparentemente le daba sed en la noche. Y lo ve Abisai y le dice a David: déjame, te prometo que le doy con la lanza una vez y no voy a necesitar otra. Este brother peleando estaba loco, David estaba loco peleando, o sea, el que escribe Salmos está muy padre, pero enojado tuvo que haber sido brutal. Y todos sus amigos eran como él, y le dice Abisai: Necesito una y lo tengo aquí, nadie lo va a notar.

 

¿Y sabes qué hace David? Toma la lanza, toma la cantimplora y le dice: vámonos. Se sale y ya que estaba en un lugar seguro, le grita a Abner, que era el encargado de cuidar a Saúl, era el General del ejército, y su trabajo más grande no era solo el ejército, sino era cuidar a Saúl. Y le grita y le dice: Abner, ¿en dónde estás? ¿No que eras muy bueno? Le dice: ¿en dónde estás tú y todos? Y le dice: ¿en dónde está la lanza del rey?

 

¿Y sabes qué es lo que empieza a hacer David? Le empieza a reclamar a la gente diciéndole: ustedes no están cuidando bien al que está en autoridad. Y le dice: ¿Por qué si tú eres el mejor Abner, por qué yo tengo la lanza y la jarra de agua del rey? Y en ese momento sale Saúl y le dice: ¿es David mi hijo? O sea, para este momento después de tantos capítulos es: no inventes, ¿cuál tu hijo? Y dice Saúl: ¿eres tú David hijo mío? Y le vuelve a decir David: ¿por qué me persigues? Yaaa.

 

David cambió totalmente lo que hizo, David en un punto puede romper la autoridad del rey pero él termina haciendo algo: diciéndole a la gente que necesita cuidar mejor a su rey, mejor al que estaba en autoridad. Eso pudo haber venido de Abner, David era el que estaba siendo perseguido, por eso estaban ahí porque lo querían matar. Pero David decidió que podía cuidar a los que estaban sobre él, no solo someterse sino cuidarlos.

 

Que tal vez no era el mejor rey que habían tenido, que tal vez fallaba demasiado, que claramente lo odiaba; pero David decide hacer algo: Te voy a honrar a pesar de lo que estoy viendo por lo que Dios puso en ti. Y eso lo puedes hacer en cualquier área de tu vida. Tal vez tu jefa está loca, tal vez tu jefe está loco, o algún familiar está loco pero ¡hónralo!

 

Efesios 5:1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

 

Seamos imitadores de Dios, imitadores de Jesús; y Jesús siempre honró a su autoridad. Tenemos el ministerio de la reconciliación todos nosotros, necesitamos honrar a la gente sin importar lo que ellos hacen sino por lo que Dios puso en ellos. Sé que es difícil someterte a la autoridad cuando no estás de acuerdo con la autoridad, a nadie le gusta. No importa en dónde sea, a nadie le gusta, futbol o donde sea, a nadie le gusta no jugar y que lo dejen en el banco.

 

Pero el Señor te está poniendo en un lugar estratégico para que puedas cuidar a la gente que está contigo, que está sobre ti; y también para que puedas hacer cosas que nunca creíste que podías hacer. Por eso es honrar a la autoridad.  Sé que Dios puso sueños en tu vida, pero tú no tienes que hacer el camino para que Él los cumpla, simplemente debes hacer lo que Él te dijo que hicieras.


Si Dios te dijo que iba a hacer algo contigo, que iba a hacer algo en tu casa, en tu trabajo, simplemente espera y sigue honrando, porque eso es lo que estamos llamados a hacer. No estamos llamados a tener la razón, estamos llamados a amar y a honrar. Y eso es lo que David hace, eso es lo que Jesús hizo. Cuando Jesús vio que la autoridad y el llamado de alguien más pequeño que él, él decidió ir a honrarlo porque era lo que tenía que hacer.

 

¿En qué partes de tu vida no estás honrando? Y no es para que digas: ah soy una mala persona, no. Pero siempre hay un grado donde podemos ajustar y ser mejores. Sé que el Señor tiene un propósito contigo y muchos planes contigo, no me queda duda de eso. Pero la manera que tú los puedes llevar a cabo, y no solo hablo de la iglesia, hablo de todo, la manera de cumplirlos es sometiéndote a la autoridad que está sobre ti, porque Dios va a honrar eso. Cuando tú honras a tu autoridad, Dios te honra a ti.

 

El Señor terminó diciéndole a David: Vas a ser rey y nunca voy a quitar el rey de tu casa. Si David hubiera actuado de una manera diferente, seguramente se habría equivocado de la misma manera que hizo Saúl. David para mí, después de Jesús, es un modelo a seguir increíble, porque David es como yo, la lía a cada rato y en todo. Honra a tus autoridades superiores, honra lo que Dios puso sobre ti y aprovecha estar en ese punto, aprovecha lo que ellos tienen.

 

Estoy seguro que hay promociones para muchos, pero mientras más te sometas a tu autoridad, mientras más te sometas a Dios y a tu autoridad, lo puedes alcanzar. Déjalo a Él ser el que decida, no nos corresponde a nosotros. A nosotros nos corresponde amar y honrar, sin importar quién sea la persona, sin importar lo que tú pienses, ama y honra.


Pablo dice: El cumplimiento de la ley es este: el amor. Ama y honra, no solo a tus pastores aquí sino a tus jefes, a cualquier persona que esté sobre ti, porque tú eres el representante de Jesús en la tierra, ¡no es el Papa! Eres tú. La gente tiene que ver a Jesús cuando nos ve a nosotros, y una de las cosas que tenemos qué hacer es someternos. Amén.

 

Padre gracias por este día, gracias porque eres bueno, totalmente bueno. Jesús enséñanos a ser más como tú, queremos ser más como tú. No quiero ser como yo, quiero ser como tú. Te amamos y gracias por tratar con nosotros donde tenemos que ser tratados. Padre yo bendigo a esta iglesia en tu nombre, Padre bendícelos y guárdalos y que tu rostro resplandezca sobre ellos. Ten de ellos misericordia todo el tiempo, y que puedan vivir en paz y en gozo, en el nombre de Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.