INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

FORTALECE TU FE

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Romanos 4:19-22 Y Abram no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara. 20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 22 por lo cual también su fe le fue contada por justicia.

 

Yo puedo advertir cuando leo la Escritura en relación a Abram, como él tuvo una relación impresionante con Dios, mantuvo una relación muy estrecha, una comunión con Dios es todo momento. Esa relación, comunión que tuvo con el Altísimo, permitió que Abram fuera escogido por Dios para propósitos específicos, que fuera llamado por Dios para hacer toda una nación, para traer bendición aun a toda la tierra.

 

Dios, sabemos, le habló a Abram, le llamó y le dijo: deja tu tierra, deja tu parentela y ve a donde yo te voy a llamar, porque tengo propósitos grandes y voy a ser de ti una nación grande. Vamos a leer esto en: Génesis 12:1-4 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.

 

Podemos advertir cómo el Señor le hace un llamado específico a Abram, y sale del lugar donde él estaba, de la tierra de Harán, y salió de ahí para llegar finalmente a Canaán. Es a donde Dios le dijo, él no sabía a dónde iba a ir. Abram escuchó la voz de Dios, Dios le dijo: Sal, yo te voy a decir hacia dónde, y tú camina. Y así lo hizo Abram.

 

Podemos ver como Abram no cuestionó a Dios, no le preguntó a dónde voy a ir, qué voy a hacer. No, simplemente escuchó la voz de Dios y salió detrás de esa voz. Dios le prometió que haría de él una gran nación; sabemos que su esposa era estéril, no tenían hijos, pero Dios le estaba haciendo aquí una promesa, le estaba diciendo: Y haré de ti una gran nación. Le estaba hablando de descendencia.

 

Veta a donde yo te digo y allá te voy a dar descendencia, una gran nación que será bendecida, y serán bendecidas en ti todas las naciones de la tierra. ¿Por qué? Porque de la descendencia de Abram nació Jesucristo, y en Jesucristo toda la humanidad tenemos salvación, en Jesucristo tenemos bendición, todas las familias de la tierra somos bendecidos por Cristo Jesús, toda la humanidad somos bendecidos por Jesucristo. Y al ser descendiente de Abram el Antiguo Testamento así lo considera, que Abram es precisamente donde inició toda la salvación para la humanidad.


En este pacto que hace Dios con Abram, tuvo que hacer algo muy importante Abram, hacerle caso a Dios, obedecer la voz de Dios, atender lo que Dios le estaba diciendo e ir a donde le estaba diciendo. No sabía hasta dónde iba a llegar por lo tanto, salió caminando en su relación con Dios para que en un momento determinado Dios le dijera: aquí es, éste es el lugar donde te vas a quedar, donde va a vivir, en donde voy a hacer de ti una gran nación.

 

Tenía que dejar Abram a sus amigos, a sus familiares, a sus conocidos, tenía que dejarlo todo. Abram era un patriarca, tenía posesiones, y absolutamente todo lo tuvo que dejar Abram para viajar a una tierra que no conocía, una tierra que no sabía cuál era. Cuando leemos esto realmente es algo impresionante porque uno puede decir: ¿Cómo es posible que haya salido así cuando Dios le dijo? Yo puedo advertir cómo Dios nos habla y nos repite las cosas, y nos dice lo que tenemos qué hacer, y somos testarudos y no hacemos lo que nos dice.

 

Yo no me puedo imaginar hoy día a ninguno de los cristianos en términos generales, que Dios le hable y le diga: Sal y yo te digo dónde te detengas, sal caminando, deja tu familia, deja todo lo que tienes, deja tus posesiones y camina y yo te voy a decir a dónde vas. ¿Yo no sé si tú lo harías?  Pero luego Dios nos dice que vengamos al servicio el domingo, y no venimos.  Pero bueno.

 

Volvamos al libro de Romanos, teniendo este contexto de Abram. Aquí en Romanos 4:19-22, podemos encontrar siete aspectos que son muy importantes para nosotros en nuestra vida espiritual, específicamente en nuestra fe.

 

1.- Dice que la fe de Abram no se debilitó.

 

La fe es creer lo que Dios ha dicho. La fe es creer que Dios va a cumplir lo que Él nos ha dicho que va a hacer. No importan tus circunstancias, no importan las situaciones que vivas, no importan tus condiciones, no importa lo que tú veas, no importa lo que tus sentidos sientan, no importa absolutamente nada, crees lo que Dios dijo y se va  a cumplir, eso es la fe. La fe es estar convencido que lo que Dios dice se cumple, así como Abram.

 

Imagina a Abram cuando lo llama, él tenía 75 años de edad, no era ningún jovencito. Su esposa tenía 10 años menos, tenía 65 años. Y empiezan una aventura creyendo lo que Dios les había dicho, lo que Dios había hablado a sus vidas. Dice Pablo que Abram tenía casi 100 años, y él sabía que su cuerpo estaba ya como muerto. Y aun su esposa con casi 90 años de edad, era estéril.

 

Pese a la edad, pese a sus circunstancias, dice el apóstol Pablo: la fe de Abram no se debilitó, él se mantuvo firme y él siguió esperando la promesa de Dios, porque sabía que se iba a cumplir. ¿Por qué? Porque Dios es Fiel y Verdadero, y lo que Él promete se cumple. Lo que Él te ha dicho va a ser, no hay de otra.

 

Hay una diferencia entre la fe y la esperanza; yo puedo pedirle algo a Dio y si no tengo una palabra específica de que Dios me lo va a dar, de que esa es una promesa de Él; entonces, si yo espero que me lo dé, estoy en esperanza. Pero si yo sé que algo me lo va a dar porque Dios me lo ha dicho y yo lo creo, ¡eso es fe! Entonces Abram tenía firme su fe, como nosotros debemos de estar firmes en la fe creyendo plenamente que la palabra que Dios nos ha dado se va a cumplir.

 

Nosotros tenemos que hacer lo que hizo Abram, no mirar a nuestras circunstancias. Si yo veo mis circunstancias yo me voy a dar cuenta que va a ser muy difícil que Dios me pueda bendecir, tal vez entonces ni lo crea, tal vez yo le diga a Dios: no pues, en otras condiciones que yo tuviera, en una situación diferente, en otras circunstancias pues yo creo que sí me podrías bendecir de éste o de este otro modo.

 

Pero cuando nuestras circunstancias van en contra aun de una promesa, si nosotros nos mantenemos firmes, si nuestra fe no se debilita, entonces la promesa va a llegar. ¿Cómo lo tenemos que hacer? Dice el apóstol Pablo en:

 

2 Corintios 5:7 Porque por fe andamos, no por vista.

 

Hay otras traducciones que dicen: no por sentidos. La fe no se ve, por lo tanto, si yo espero una promesa de Dios, aunque no vea la tengo que creer. Porque nosotros estamos caminando por esa fe, no estamos caminando por vista o por sentimientos. Si yo siento que sí se puede cumplir, entonces se va a cumplir; porque entonces ya no es fe. Y si lo estoy viendo entonces ya no es fe, es vista. No es fácil.

 

Yo estoy seguro que para Abram no le fue fácil tomar las decisiones que tomó en su vida creyendo lo que Dios le decía. Yo sé que para ninguno de nosotros nos es fácil hacer cosas que van en contra aun de nuestras circunstancias, de nuestras situaciones y aun de nuestra propia forma de pensar, de sentir o de actuar, no es sencillo.

 

Pero tenemos un Dios poderoso, un Dios grande, y debemos poner nuestros ojos en Jesucristo, porque Él es, como veíamos hace una semana, como dice la Biblia, que Él es Autor y Consumador de la fe. Y si nosotros ponemos nuestros ojos en Jesús sabemos que vamos a estar firmes, no nos vamos a debilitar.


Debemos esperar, y esta es la parte difícil de la fe, esperar el tiempo que sea necesario para ver el cumplimiento de la promesa. Cuesta trabajo, no es sencillo. Yo hace unos días recordaba precisamente sobre este aspecto. Cuando Maru y yo nos casamos recibimos una palabra del Señor en donde nos decía que tendríamos dos hijos, un hijo y una hija. 

 

A Maru la habían operado unos años atrás, dos o tres años atrás de la matriz, y el ginecólogo dijo que no podía tener hijos, que no había posibilidades. Cuando nosotros nos casamos fuimos precisamente con ese ginecólogo que era el ginecólogo de su familia; la revisó y le dijo: eres estéril, la operación que se te hizo no permite que tú puedas tener hijos.

 

Pero Dios nos había dicho algo, Dios nos había dicho que íbamos a tener dos hijos. Y empezamos a orar y fueron tiempos muy difíciles porque empezó a pasar el tiempo y no veíamos esa promesa cumplida. Hasta que un día que fuimos al doctor porque Maru se sentía mal, sentía que tenía como colitis, como que estaba medio inflamada, como que estaba medio rara. Fuimos al doctor y le dijo: ¿ya se hizo un examen de embarazo? Le dijo Maru: No, ¿es necesario? Sí, hágalo. Estábamos esperando bebé, flaquito pero muy amado.

 

Nació a los 3 años 9 meses que nos habíamos casado, que habíamos recibido la promesa de Dios. El ginecólogo que atendió a Maru le dijo: si era difícil, si era improbable que tuviera un hijo, un segundo hijo, ¡olvídelo, no lo van a tener! Dos años después le tuvieron que hacer una cirugía maxilofacial a Maru, dos años después se sentía muy mal, le hicieron unos ultrasonidos y encontraron que la tenían que operar porque tenía más de 20 tumores pequeños en la matriz. Otra operación y menos posibilidad de un embarazo. A los dos años después estaba naciendo mi hija.

 

La gente te puede decir lo que quieras, tus circunstancias pueden ser las que quieras, pero cuando Dios dice esto se hace, eso lo hace. Dios es Fiel, Dios es Verdadero y la Palabra de Dios se cumple, y si Él te hace una promesa, no importan tus circunstancias, no importa tu situación, no importa ni siquiera tú, ¡se va a cumplir! ¿Por qué? Porque Dios la cumple. El propósito de Dios se va a cumplir contigo, sin ti o a pesar de ti. Así es Dios y hace las cosas.

 

Y entonces dice la Biblia que Abram no se debilitó en la fe a pesar de ver todo esto; 25 años esperando una promesa, y llegó, se cumplió la Palabra de Dios, se cumplió la promesa de Dios y tuvo un hijo.

 

2.- Dice que Abram tampoco dudó.

 

Y hay algo importante, aquí ya no se trata de las circunstancias que nosotros vivamos. No se trata de lo que nosotros veamos a nuestro alrededor, que veamos cuáles son las situaciones, ¡no! Aquí ya se habla de otro aspecto, de nuestra mente, de lo que yo tengo en mi mente, de lo que yo creo en mi mente.

 

Porque dice que Abram Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios. Es decir,  que había las circunstancias que tal vez pudieran hacer que la promesa no se cumpliera, Abram no se debilitó. Pero hay algo en donde el enemigo nos ataca, y es en nuestra mente para que nosotros tengamos incredulidad.

 

Cuando nosotros esperamos algo, y lo sabemos, estamos esperando una promesa de Dios, el cumplimento de esa promesa, de esa bendición. Y empieza a pasar el tiempo y no llega, y entonces en nuestra mente empezamos a pensar cantidad de cosas. Empezamos a pensar del por qué no se cumple la promesa de Dios, y entonces nuestra mente es la que está actuando en ese pensamiento si se cumple o no se cumple.

 

Y estamos haciendo una tierra fértil para que el enemigo nos lance sus dardos de fuego y entonces haya en nosotros incredulidad. La fe que tú tengas se puede destruir por tu propia incredulidad. Las promesas de Dios tú las puedes borrar por tu incredulidad.

 

Tú recuerda y tú ve en el Evangelio en sus cuatro versiones, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que nuestro Señor Jesucristo en términos normales casi siempre pregunta, ¿crees que se pueda hacer? ¿Quieres ser bendecido? ¿Quieres ser sanado? ¿Qué quieres que te haga? ¿Crees que yo lo pueda hacer? Y siempre la respuesta de la gente es: ¡sí, hazlo!

 

Pero hay una parte en donde dice el Evangelio que el Señor Jesús pasó a un lugar y que ahí prácticamente no hizo milagros por una razón: Por la incredulidad de la gente. Entonces nosotros mismos somos los que impedimos en un momento determinado por nuestros pensamientos, por nuestra incredulidad que una promesa llegue.

 

El enemigo nos envía pensamientos que nosotros tomamos y creemos que son nuestros, porque van de acuerdo a lo que nosotros tal vez estemos sintiendo. Pensamientos como: Dios no va a cumplir lo que me dijo. Ya pasó mucho tiempo y no ha sucedido nada. Seguro entendí mal la promesa, no era para mí. Ya pasó tiempo y no se cumple la bendición, yo creo que Dios finalmente no me lo va a dar. Yo creo que estoy haciendo las cosas mal, si las estuviera haciendo bien delante de Dios, ya me hubiera dado la promesa.

 

Y vienen muchos pensamientos a nuestra mente. Es que yo creo que mis circunstancias tienen que cambiar para que Dios pueda cumplir lo que Él me dijo que iba a hacer. Y el enemigo está lanzando de una manera constante dardos de fugo, como dice la Palabra en el libro a los Efesios.

 

Efesios 6:16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

 

Para que no haya incredulidad en nuestra mente, nosotros necesitamos entrar en una lucha espiritual, rechazando todo aquello que proceda del enemigo que hable en contra de la bendición, de la promesa que Dios tiene para nosotros. Todo aquello que hable del no cumplimiento de esa promesa, lo tenemos que rechazar. Y tenemos que tomar dice la Palabra, el escudo de la fe.

 

Yo tengo que afirmarme en mi fe y creer plenamente que lo que Dios me dijo se va a cumplir, absolutamente todo. El enemigo no quiere que las promesas de Dios se cumplan en nosotros, no quiere, el enemigo quiere que nosotros estemos en contra de Dios. Dice la Biblia que Dios creó el infierno como una prisión y para echar ahí al demonio y a sus ángeles.

 

Pero el demonio no se quiere ir solo a ese lugar, se quiere llevar ahí a la humanidad y sobre todo se quiere llevar a los creyentes, a los hijos de Dios. Por lo tanto, el enemigo siempre te va a estar atacando poniéndote en contra de Dios, diciéndote que Dios mintió, que no se va a cumplir, que ya pasó el tiempo. En fin, vienen muchos ataques a nuestra mente, y esos son los dardos de fuego que el enemigo envía a nuestra vida.

 

Es que no te vas a sanar, es que vas a seguir en tu misma condición, no va a haber cambios, no va a pasar nada. Para que haya un momento, como ha sucedido con cantidad de personas, que finalmente se dan la vuelta y no regresan a Dios, ¿por qué? Porque no vieron algo cumplido y porque permitieron que esos dardos de fuego que vinieron a su mente, hicieran un incendio y los llenaran de incredulidad.

 

La Palabra nos dice que nosotros tenemos que esperar. Nosotros vemos la promesa para Abram y nos damos cuenta que él tuvo que esperar mucho tiempo. Cuántas ocasiones no habrá venido el enemigo a decirle: Ve, hasta tus siervos tienen hijos y tú no puedes, de qué te va a servir, y para qué trabajas tanto,  a quién se lo vas a tener que heredar.


En una ocasión Abram habló con Dios y le dijo: Señor ¿qué pasó? Sigo esperando la promesa, dame mi descendencia. ¿Por qué? Porque yo no quiero que me herede uno de los hijos de mis siervos. Dios le dijo: no, no va a ser así. Y nosotros nos tenemos que afirmar de una manera plena y rechazar todo lo que provenga del enemigo que pretenda separarnos de Dios o ponernos en contra de Dios.

 

3.- Dice que Abram se fortaleció en fe.

 

Pasaron 25 años del anuncio de la promesa a su cumplimiento, son demasiados años. Yo no sé cuánto tiempo hayas tú esperado o estés esperando por el cumplimiento de una promesa de Dios. ¿25 años? No creo. El pueblo de Israel para ver la promesa de la tierra prometida, estuvo en el desierto 40 años. Abram, lejos de debilitarse, lejos de dudar, de tener incredulidad; buscó fortalecerse, se fortaleció en la fe.

 

No importa el tiempo que tengamos  que esperar, siempre debemos saber que la promesa de Dios va a llegar, no por nosotros, por Dios. Porque Él es Fiel y Verdadero y Él cumple lo que dice y la promesa va a llegar. Aunque pasen los años, la promesa va a llegar. El pueblo de Israel estaba esperando el cumplimiento de la visión, de la promesa; de esa promesa de Dios en donde todas las cosas iban a cambiar.

 

Y como todos nosotros, como seres humanos, ya estaba el pueblo desesperado, ya querían ver que las cosas se hicieran de acuerdo a lo que Dios había anunciado a través de los profetas. Que todas esas cosas buenas, que todas las bendiciones ya llegaran a sus vidas. Y entonces, Dios les habla a través de un profeta.

 

Habacuc 2:3 Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.

 

Va a llegar la promesa que tú estás esperando, y aquí Dios es claro a través de este profeta. Tal vez la promesa se va a tardar y Dios se lo está diciendo, la promesa puede tardar y va a tardar, pero el tiempo sigue avanzando, el tiempo no se detiene, y el tiempo avanza para el cumplimiento de esa palabra porque no es una mentira, no lo es. Lo que Dios ha dicho es veraz, tenemos un Dios veraz, por lo tanto dice el profeta: espera la promesa, porque llegará.

 

Va a llegar, no lo dudes, no tengas incredulidad, no te preocupes por tus circunstancias, la bendición va a llegar. Y les hace énfasis: la bendición está cerca, ya viene; ya se va a manifestar, espérala, no te desesperes. No es fácil esperar una promesa de Dios cuando esta promesa se tarda. ¿Por qué? Porque en términos generales como humanidad somos muy desesperados, y queremos que las cosas sean ya, ahora, rápido; como decimos: en caliente, órale, ya.

 

Por eso me llama mucho la atención cuando también Abram ya cuando tuvo a su hijo, cuando tuvo a Isaac, después de 20 años de edad Isaac; calculan que ha de haber tenido unos 27 años su hijo cuando Dios le dijo: Sacrifícamelo, dámelo en sacrificio. Como somos nosotros los mexicanos, te hubieras enojado, haces berrinche y le dices: Va, de una vez, órale, aquí lo quemo, rápido. Lo amo mucho pero, ni modo tú me lo pides y ni modo, va.

 

Pero el Señor le dijo: ¿pero, qué crees? Aquí no lo vas a sacrificar, lo vas a sacrificar allá en aquel monte, llévalo allá a tres días de camino. Imagina, tres días de camino, tres días pensando, tres días en donde el enemigo lo estuvo atacando, en donde de seguro le mandó el dardo de fuego que le dijo: Dios no te habló, no fue Él. Si Dios te dio a este hijo ¿cómo crees que te lo va a pedir, cómo crees que te va a pedir que se lo sacrifiques? No vayas, no lo sacrifiques, no es Dios.

 

Yo creo que Abram entró en una lucha muy fuerte en su mente, no creo que le haya sido fácil llegar hasta ese lugar. Si Dios le dice: ahorita, en ese momento lo quema. Pero cuando te dan la oportunidad de pensar, de meditar, empiezas a ver muchas cosas que no habías visto; y empiezas a analizarlas y llega el momento en que piensas: No, yo creo que esto no es de Dios, yo creo que fue el diablo el que me habló. Y no, sí es Dios.

 

Y Dios te está diciendo: La promesa va a venir, la promesa va a llegar. Tal vez se tarde un tiempo, espérala, espérala, que tu fe no mengüe, fortalécete. ¿De qué manera nos podemos fortalecer en la fe? Como dice Romanos, de la misma manera que lo hizo Abram, glorificando a Dios. Reconócelo en todo, todo lo que tú hagas reconoce que Dios está bendiciéndote. Alábalo por todo lo que Él es.

 

Cuando nosotros leemos la Palabra nos damos cuenta de todas las características que tiene Dios, de todas sus virtudes, de todas sus cualidades, alábalo por todo ello. Alábalo por todo lo que ha hecho en tu vida, tráelo a tu memoria en este momento y fortalécete. Dios es fiel porque Dios me hizo esto, Dios ha traído esta bendición. Tantas cosas que le podemos dar gracias  a Dios.

 

Yo no puedo dudar un instante de la grandeza de Dios, de su fidelidad, de sus promesas cumplidas cuando veo a mis hijos. Jesús nació tres años después de la promesa, Rebeca nació nueve años después de la promesa, no puedo dudar. Dudar de Dios, de su fidelidad, de su amor, sería dudar de que tengo a  mis hijos, y a ellos sí los veo, y ellos están con nosotros, guapos y hermosos, ni modo, ese fue otro regalo de Dios.


Entonces nos tenemos que fortalecer glorificando a Dios. Todo lo que nosotros sabemos, todos los testimonios que hemos escuchado a nuestro alrededor de nuestros hermanos en Cristo, todo lo que oímos que hace Dios, tráelo a tu mente y glorifica a Dios. Y tu fe se va  a fortalecer. Nuestro problema es que luego cuando nos sentimos mal dejamos de orar, dejamos de alabar, dejamos de venir a la iglesia, y dice también la Palabra del Señor que la fe viene por el oír la Palabra; entonces necesitamos oír la Palabra para fortalecernos 

 

Nunca falta alguien que en su comodidad dice: bueno es que yo puedo alabar a Dios, Dios está en todas partes, lo puedo alabar en mi casa. Perdóname no es lo mismo, no puede ser lo mismo. Y finalmente si no estás escuchando la Palabra te vas a debilitar, te vas a apartar. Ah es que yo la leo. A ver perdón, no dice que la fe viene por el leer la Palabra de Dios. Dice: la fe viene por el oír, oír. Entonces necesitamos oír. Y esto va a permitir que nosotros fortalezcamos nuestra fe, que tengamos la plena certeza de que lo que Dios dice, se va a cumplir.

 

4.- Dice que Abram estaba plenamente convencido de Dios.

 

Es importante la convicción, es importante tener convicción por el Señor. ¿Cómo viene la convicción? Viene por el conocimiento. Yo me voy a convencer de lo que es Dios si lo conozco. Yo no me puedo convencer de Él si no lo conozco. Hay especialistas vendedores que dicen que para ser un excelente vendedor se necesita una característica: Creer de que el producto, estar convencido de que el producto que estás vendiendo es el mejor. Si tú  no estás convencido de ese producto, no lo vas a vender, no vas a convencer a la gente, vas a perder tu tiempo.

 

Nosotros tenemos que estar plenamente convencidos de lo que es Dios. Tenemos que conocer a Dios para estar convencidos de lo que Él es. ¿Cómo puedo conocer a Dios? A través de la lectura de la Palabra. Tengo que leer la Biblia para saber cómo es, qué piensa, qué dice, cómo actúa, cómo reacciona, qué espera, qué quiere de mí, qué no quiere de nosotros. Lo tenemos que leer, tenemos que leer la Biblia todos los días.

 

Pero ahí sí, también como mexicanos tenemos otro problema: no nos gusta leer. Muchos están acostumbrados o estamos acostumbrados a ver revistas y cosas que traigan muñequitos. Por eso tanto éxito de la televisión, porque le quitó al mexicano la posibilidad de leer, le quitó algo que no hacía: Leer.  Y para conocer a Dios necesitamos leer, no hay otra forma. Nosotros debemos tener métodos de lectura que nos lleven a conocer la Palabra de Dios de principio a fin. Y no porque la hayamos leído una vez significa que ya la conocemos, que ya conocemos bien a Dios y que podemos hablar de Él, ¡no!

 

Hay métodos, muchos métodos, cantidad de ellos que nos enseñan cómo leer la Biblia en un año. Tenemos que tomar un método y leerlo un año. Ya la leímos este año y el año que empieza tenemos que leerla otra vez con otro método o con el mismo método, y la volvemos a leer. Terminamos ese año, empezamos otro año, ¿qué tenemos qué hacer? Volver a leer la Biblia en un año, ahora con un método diferente o utilizar una versión diferente a la que siempre utilizo.

 

Ya leí una versión diferente, ya leí todo el año, ¿qué tengo qué hacer este año que está empezando? ¿Qué crees? Volver a leer con otro método la Biblia completa. Es la única forma que vas a aprender a conocer a Dios. Es la forma en que tú vas a tener convicción de Dios, no existe otra, lo tenemos que hacer. La convicción, y hago énfasis, es por el conocimiento de Dios no por la fe, es por el conocimiento.

 

En la convicción interviene mi mente, yo estoy convencido de quién es Dios, conozco quién es Dios, sé lo que Él es. Tengo una convicción por el conocimiento que me da los argumentos que yo necesito para poder responderme a mí mismo lo que dice la Palabra. Tengo que leer aunque me dé flojera, aunque no nos guste tenemos que leer todos, todos los días. No es por sentimiento, la convicción no viene por sentimientos. Ah es que yo siento bonito cuando estoy en la iglesia. Ve por convicción, no puedes venir por sentimientos.

 

Ah hoy siento que no estuvo bien la alabanza entonces siento que no estuvo Dios. Sí, sí estuvo Dios. Dice la Palabra de Dios que donde están dos o tres reunidos en su nombre, ahí está Él. Y aunque yo no lo sienta yo sé que Él está, porque Él lo dice, sencillo. Son cosas que nosotros tenemos que aprender y las aprendemos a través de la lectura.

 

Volviendo a Abram, En esos momentos Abram estaba convencido porque había visto las maravillas de Dios, había visto todo lo que Dios había hecho en su vida. No tenía las Sagradas Escrituras, no había en relación a Dios nada escrito. Nosotros tenemos una gran ventaja sobre todos esos hombres: tenemos la Biblia. Cualquier problema podemos recurrir a la Biblia. ¿Queremos una palabra de Dios? Oramos, clamamos a Él y decimos: Señor háblame a través de tu Palabra. Y Dios nos habla a través de su Palabra.

 

Tenemos ventaja sobre todos esos hombres, nosotros teóricamente podemos ser aún más firmes en nuestra fe que todos ellos, que todos los antiguos. ¿Qué necesitamos? Creer, leer, conocer la Palabra. La convicción que yo tenga de Dios es lo que me va a llevar a amar a Dios. Esa convicción es lo que me va a llevar a obedecer a Dios. La convicción me va  a llevar a un cambio de vida para hacer conforme y la voluntad de Dios.


Si yo quiero ser conforme y la voluntad de Dios, yo tengo que conocer cuál es la voluntad de Dios. Si no la conozco no va a ser posible. Necesito esa convicción porque esa convicción también me llevará a dejar el pecado. Esa convicción me llevará a ser comprometido con Él. Yo puedo advertir en el cristiano, en la iglesia en general que hay muchos problemas por la falta de convicción: no hay entrega, no hay pasión, no hay compromiso, no hay responsabilidad con Dios.

 

¿Por qué? Porque nos conformamos con: sí yo creo, pero no estamos plenamente convencidos, o nuestra convicción está limitada a una convicción de acuerdo a mis intereses, a mi comodidad, no queremos salir de nuestra comodidad. Y si algo tengo que cambiar que he hecho durante muchos años, pues no lo cambio, sigo como vivo, como he vivido siempre y eso me demuestra que no tengo una convicción.

 

Y dice la Palabra que Abram estaba plenamente convencido. Nosotros necesitamos para mantenernos esperando las promesas, esperando la bendición, esperando que se cumpla lo que Dios ha dicho; estar plenamente convencidos.

 

5.- Dice que Abram vio que Dios también es poderoso.

 

Es decir, que Abram no solamente estaba convencido de lo que era Dios, de todas sus características. Yo sé y siempre lo decimos, que Dios es bueno, ¡amén, gloria a Dios! Dios es bueno, Dios es misericordioso, Dios es amoroso, es maravilloso, Dios es sanador, Dios es muchas cosas, infinidad de cosas, y todo eso lo sabía Abram. Pero dice el apóstol Pablo, pero Abram estaba también convencido de algo más: Que Dios era y que Dios es poderoso.

 

Abram en infinidad de ocasiones vio el poder de Dios, lo vio actuar en diferentes ocasiones, en diferentes circunstancias, lo vio hacer grandes milagros, lo vio hacer grandes cosas, él lo vio. No fue algo que le platicaran, y él estaba convencido de ese poder, que todo lo que hacía Dios es poderoso. Nosotros podemos leer la Biblia y vamos a encontrar que desde Génesis 1 hasta Apocalipsis 22, está manifiesto el poder de Dios en todo momento.

 

Podemos ver el poder de Dios actuar en nuestra vida aun en las cosas más pequeñas. Podemos ver actuar el poder de Dios en la vida de nuestros hermanos, en la vida de la gente que nos rodea, estamos convencidos de su poder. Yo he escuchado hermanos que me han dicho: Es que yo creo en el poder de Dios, yo creo lo que Él hace porque he visto en los demás que lo hace, pero en mí no. Pues también cree que Dios es poderoso para actuar en tu propia vida, créelo también, lo tenemos que creer. 

 

No se trata de decir que Dios es poderoso cuando yo no tengo la convicción de que es poderoso. Yo no puedo decir que Dios va a actuar con poder haciendo tales o cuales cosas, cuando yo no estoy convencido que Dios tiene el poder para hacerlas, cuando aún mi fe es tan pequeñita que no lo creo. Dicen algunos hermanos en Cristo, que las cosas que pasan, los milagros que suceden en tu vida van de acuerdo al tamaño de tu fe.

 

Si tu fe es pequeña, si tú crees que el poder de Dios es pequeño, lo que te va a ocurrir son cosas pequeñas. Pero si tú estás plenamente convencido del poder de Dios, entonces en tu vida van a ocurrir cosas grandes y maravillosas, cosas extraordinarias van a suceder. Necesitamos estar plenamente convencidos de ello, convencidos de que además de todas las características, además de todo lo que es Dios es poderoso.

 

Tan poderoso que dijo Abram: No importa que yo tenga casi 100 años, no importa que mi esposa tenga 90 años, la promesa y la palabra de Dios se va a cumplir porque Él es poderoso. Es tan poderoso que nuestro Señor Jesucristo nació sin la intervención de un varón, por el poder del Espíritu Santo. ¿Qué creemos nosotros para que sucedan cosas milagrosas en nuestra vida?

 

6.- Dice que Dios es Fiel y hace lo que Él prometió.

 

Abram conocía a Dios, por eso cuando Dios le hace el llamamiento de dejar el lugar, y dejar a su parentela y dejar a sus amigos, y que de él haría una gran nación; sabía que llegaría el momento en que Dios haría en él todo lo que le había dicho, todo. Fueron 25 largos años para que Abram tuviera descendencia.

 

Yo he podido advertir muchas cosas que Dios no hace en el momento que nosotros queremos que lo haga, es porque nos debe quedar muy claro que el que está actuando es Dios. Nuestra capacidad tiene límites, si nuestra capacidad llega a un límite y ya no podemos más allá de ese límite; entonces es cuando Dios empieza a actuar. Si Dios actúa en nuestra vida con algo que está dentro de nuestra capacidad, entonces vamos a creer y podemos confundir eso creyendo que nosotros lo hicimos, creyendo que fue mi capacidad la que lo hizo.

 

Pero cuando yo le digo al Señor. Señor no tengo capacidad para esto, Señor yo sé que mi esposa es estéril, y para tener hijos no hay forma, necesitamos un milagro. Eso se va a dar porque nosotros ya no estamos en capacidad de tomar control o de hacer las cosas, ya es Dios el que actúa. 25 años le llevó a Abram, 25 años saber que Dios era el que estaba actuando, 25 años estar plenamente convencido de que Dios iba a hacer lo que había dicho que haría, y que no importaba que Abram ya fuera grande, no importaba. No importaba que la mujer fuera grande y que fuera estéril, no importaba.

 

Importaba una sola cosa: lo que Dios dijo. Dios es Fiel, Dios es verdadero. Abram no dudó de la promesa, sabía que iba a llegar. Conocía a Dios, estaba convencido de Dios. Y es lo mismo que nosotros tenemos que tener en nuestra mente, estar convencidos. Abram, leímos, estaba convencido que Dios es poderoso para hacer lo que había prometido, y lo iba a hacer.

 

Yo sé y tengo la convicción y tengo la fe de que Dios va a actuar en cada uno de ustedes lo que Él ha prometido, lo va a hacer. Tengo esa convicción, conozco a Dios y sé que Dios es verdadero, sé que Dios es Fiel, sé que Dios es poderoso, sé que Dios es misericordioso, que es amoroso, que es bondadoso, que Dios es extraordinario y que va a cumplir todo lo que nos ha dicho que va a cumplir, en lo personal y como iglesia, lo va a cumplir.

 

Quien no lo crea ese es su problema, no es el mío. Yo sé que Dios va a hacer lo que dijo. No importan los años que tenemos que esperar, llegará la promesa por la fidelidad de Dios. No porque seamos buenos, ¡no! No porque seamos excelentes hijos que no somos, no porque ellas sean muy lindas y nosotros muy guapos, ¡no, no! Cumple las promesas porque Él es poderoso y fiel, así.

 

Y bueno dice el final de este contexto de Romanos4:22, dice que a Abram su fe le fue contada por justicia.

 

7.- Su fe le fue contada por justicia.

 

Por su fe, Dios consideró que Abram era un hombre justo. Dice la Biblia en Habacuc 2:4; en Romanos 1:17; en Gálatas 3:11; en Hebreos 10:38, que: el justo vivirá por su fe. En términos generales la gente cree en el mundo que las personas justas, que las personas buenas tienen vida eterna en el cielo en la presencia de Dios, ¡y no es así! Dios determinó algo: que la salvación, que la vida eterna es por fe, por nuestra fe en el Señor Jesucristo.

 

Si la persona es justa, si la persona es buena, por mejores obras de caridad que haga, por mejores obras que tenga, si no tiene fe, si no cree en Jesucristo ¡no vivirá! Abram no recibió las promesas que Dios le hizo porque le obedeció. Abram le pudo haber dicho: pues cumple las promesas que me hiciste porque te obedecí. Dios cumplió las promesas que le hizo por una razón: por la fe de Abram.


Dice en Romanos 4:3 
Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.  Abram le creyó a Dios. Abram no solamente creyó en Dios, y lo hemos comentado muchas ocasiones, uno de los problemas graves de la gente y de muchos creyentes es que creen EN Dios. Sí creen que Dios existe, que Dios es todopoderoso, creen que Dios tiene un reino, creen que Jesucristo es el Salvador; creen en, creen en.

 

Creen en que Dios les puede bendecir, creen que Dios les puede dar todo lo que quieran; creen en Dios. Pero lo que hizo Abram es creerle A Dios. Y creerle a Dios nos lleva a otro nivel, a un nivel de compromiso, a un nivel de obediencia. Como Abram le creía a Dios, le obedeció. Tú puedes creer en Dios, y no porque creas en Dios vas a obedecer.

 

Yo he platicado en todos estos años con mucha gente, y le digo: ¿Y por qué no vas a la iglesia? Y su respuesta es muy sencilla: es que yo voy cuando me nace. Entonces cuando no te nace ¿no vas? No. Pero la Biblia dice que en seis días harás toda tu obra, y uno harás la obra de Dios, uno lo vas a dedicar a Dios. Sí, pero si no me nace no voy. Ah, sí creo en Dios, en otras palabras, pero no hago lo que Él dice.

 

Creo en Dios, y yo puedo ver a toda esa gente engañada que anda en las peregrinaciones, millones de personas durante el año caminan o vienen en bicicleta, o vienen  de algún modo desde su lugar de origen hasta el santuario aquí. Pobre gente, y vienen haciendo paradas para descansar en las noches, y sacan la bebida y se emborrachan y en la mañana continúan, y tienen una vida de desorden, una vida que no va de acuerdo a la voluntad de Dios. ¿Por qué? Porque no creen lo que Dios dice, no le creen a Dios, es más, ni siquiera leen la Biblia.

 

Una ocasión platicando con una monja que iba al periódico cada semana; en el periódico pagaban los días viernes, el viernes pasabas a la caja y te entregaban tu sobre todos los viernes. Había dos monjas que iban desde temprano y recorrían todo el periódico el viernes pidiendo una limosna. Como era el día de cobro pues era más fácil que la gente les diera, y la gente les daba, yo nunca les daba.

 

Y un día por alguna razón un compañero quiso crear una confrontación entre las monjas y yo, y entonces me dijeron: ah usted de seguro lee la Biblia. Y le dije: sí, leo la Biblia y me baso en la Biblia, y todo lo que hago es de acuerdo a lo que dice la Biblia. Y me dijo: ah, pues pobres de ustedes porque tienen solamente una parte de la verdad. Nosotros con todos los libros que leemos tenemos toda la verdad.

 

Le dije: No, pues está equivocada. ¿Y usted ya leyó la Biblia? Bueno leo los otros libros. Bueno, cuando lea la Biblia entonces va a conocer y va a entender lo que Dios dice, no puede ser de otro modo. Y cuando lea la Biblia y conozca entonces haga lo que Dios dice que tiene que hacer, es sencillo.

 

Yo creo que mucha gente como me lo ha dicho: yo creo en Dios. Sí, ¿y eso qué? Créele a Dios y haz lo que Dios dice. Abram no solamente creía en Dios, le creía a Dios y cuando Dios le dijo: Vete de aquí y allá a donde yo te lleve te voy a bendecir y voy a hacer de ti todo esto. Abram le creyó, y tan le creyó que le fue contado por justicia. Tan le creyó que dice la Palabra: Creyó a Dios. Le creyó a Él. Creerle a Él es hacer lo que Él dice, es no moverte de donde estás para que se cumpla lo que Él dice. Así lo hizo Abram y así lo tenemos que hacer nosotros.

 

Una persona insisto, puede obedecer lo que Dios dice, pero si no tiene fe no va a recibir las promesas, no las va a recibir. Esto no significa que en un momento determinado no tengamos que obedecer, no. Quiere decir que necesitamos fe para entonces obedecer, hacer lo que Dios dice y recibir las promesas.

 

Analiza en tu casa estos siete aspectos, Romanos 4:19-22, Primero: la fe no se debe debilitar pese a tus circunstancias. Segundo: No dudes por incredulidad lo que Dios te ha dicho. Tercero: Fortalece tu fe dando gloria a Dios. Cuarto: Sé un convencido de Dios. Quinto: Ten la convicción que Dios es poderoso. Sexto: Dios hará todo lo que ha prometido. Y Séptimo: Ten una fe firme porque te será contada por justicia.

 

Bendito Dios y Padre Eterno, en el nombre que es sobre todo nombre, en el nombre de Cristo Jesús en esta hora levanto mi voz delante de ti para darte a ti toda honra, toda gloria, y darte gracias Señor porque tú eres nuestro Dios. Porque reconozco delante de ti y delante de los hombres todo lo que tú eres, y reconozco tu poder y reconozco Señor que todo lo que tú has dicho se va a cumplir. Y estamos aquí Señor firmes en tu nombre, haciendo conforme y tu voluntad sabiendo que todo se va a cumplir.

 

Y como dijiste a través del profeta, porque Señor esperamos la promesa, esperamos su cumplimiento la cual avanza para cumplirse y que no tarda, y que ya llegará. Gracias Señor por ello, te alabamos y te bendecimos en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Cristo Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.