INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

DILIGENTES PARA ELSEÑOR

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

Romanos 12:6-8 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

 

Vamos a seguir hablando en relación a que nosotros necesitamos cambiar nuestra mente, necesitamos transformar el espíritu de nuestra mente para que podamos ser conforme y la voluntad de Dios, para ser hechos a su imagen, a su semejanza, para que no seamos más conforme y el mundo sino que seamos conforme y es nuestro Señor Jesucristo.

 

He insistido y necesitamos insistir en el hecho de que efectivamente muchos de los pecados que nosotros hacíamos, que cometíamos cuando no conocíamos del Señor, los dejamos a un lado; pero necesitamos transformar nuestra mente para actuar, para pensar, para sentir como nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, es importante que nosotros conozcamos más y profundicemos más en su Palabra, para que lo logremos, para que seamos de acuerdo y la voluntad del Señor.


El apóstol Pablo nos habla aquí en el libro a los Romanos sobre algo muy importante que muchas ocasiones nosotros olvidamos, debemos ser diligentes, diligentes con lo que el Señor nos ha dado, con lo que ha puesto en cada uno de nosotros. Y el ser diligentes significa que nosotros tenemos que trabajar lo que Él ha puesto en nuestra vida. Necesitamos trabajarlo de una manera ardua conforme y su voluntad.

 

Diligente, de acuerdo al diccionario, dice que es una persona que pone mucho interés, esmero, rapidez y eficacia en la realización de un trabajo o en el cumplimiento de una obligación, o de un encargo. Esto es lo que dice el diccionario sobre el ser diligentes, y está utilizando cuatro características que son sumamente importantes.

 

Primera característica: Mucho interés. Es decir, que tiene gran importancia para la persona. Tú pones mucho interés en algo cuando para ti es importante eso. Entonces para ser diligente necesitas, en primer lugar, que sea importante para ti lo que vas a hacer o lo que estás haciendo.

 

Segunda característica: Esmero. ¿Qué es el esmero? Es el cuidado, es la atención extrema que pones al hacer algo. El que tú te esmeres en hacer algo es que lo vas a hacer de la mejor forma posible, lo vas a hacer con mucho cuidado, con mucha atención para que quede bien.

 

Tercera característica: Rapidez. ¿Qué es la rapidez? Es la velocidad, la prontitud con lo que se hace la labor encargada. No te tienen que estar repitiendo dos, tres veces lo que tienes que hacer, ni te tienen que estar presionando para que lo hagas. Lo haces en tiempo, lo haces rápido, lo haces de acuerdo a lo que se te está pidiendo, hay un esfuerzo para que salga lo mejor posible.

 

Y Cuarta característica: Eficacia. ¿Qué es la eficacia? Es la capacidad de alcanzar el efecto que se espera al hacer algo, es decir, que lo que se hace está bien hecho. Como ese eslogan que salió desde hace muchos años: Lo hecho en México, está bien hecho. 

 

Entonces el ser diligentes es poner estas cuatro características en hacer algo, es tener mucho interés, tener esmero, tener rapidez y tener eficacia. En este pasaje de Romanos 12:6-8, Pablo expresa que la obra de Dios, nosotros la tenemos que llevar a cabo diligentemente. Es decir, con estas cuatro características, tenemos que llevar a cabo la obra de Dios con mucho interés, con esmero, con rapidez y con eficacia.

 

Cantidad de ocasiones nosotros no lo hacemos así, no sé por qué razón; y yo antes creía que así era el mexicano, que así éramos, que no éramos muy aplicados en hacer las cosas. Pero cuando yo empecé a leer la Palabra, a profundizar en ella, me di cuenta que no es un problema del mexicano sino que es un problema del género humano, y que no importa en qué país esté, ¡Así es! Somos negligentes en términos normales, poco nos aplicamos a hacer lo que tenemos que hacer y la forma en que la debemos hacer.

 

Como ejemplo de diligente, aquí el apóstol Pablo dice lo que nosotros tenemos qué hacer en el llamado que ha hecho Dios a nuestra vida, es que si tienes el don de profecía, lo uses con fe; que si tienes el don de servicio, sirvas, sencillo. Dice que si tienes el don de la enseñanza, enseñes; que si tienes el don de aconsejar, aconsejes. Si tienes el don de generosidad, lo hagas con liberalidad; si tienes el don, si Dios te ha llamado al liderazgo, lo hagas con ánimo. Y si tienes el don de misericordia, entonces éste lo lleves a cabo con alegría.


Es decir, el apóstol Pablo está hablando algunos ejemplos de lo que son los dones y diciéndonos cómo los tenemos nosotros que trabajar, qué tenemos que hacer. Y muchas ocasiones nosotros no hacemos lo que debemos hacer porque  esperamos que los demás lo hagan. ¿Por qué? Porque nosotros o estamos ocupados o no tenemos tiempo, tenemos otras prioridades, tenemos otras preocupaciones, tenemos otros compromisos y no hacemos lo que tenemos que hacer para el Señor. En otras palabras, ¡no somos diligentes!

 

Cuando algo se necesita para la obra del Señor tenemos que estar insistiendo una y otra, y otra vez y pasa como luego sucede en los micros, cuando se sube la gente a pedir dinero, bueno ya no piden dinero ahora ya te la marean con que te venden un dulce. ¿Sí les ha tocado? Que se sube uno y empieza a hablar: mire acabo de salir del Reclusorio Sur, pero yo no quiero volver a ese lugar, yo no los quiero asaltar.

 

Por lo tanto yo lo que quiero es venderles este dulcecito en cinco pesos, cómpremelo, no me obligue a robarle, no me obligue a que yo vuelva a delinquir y me vuelvan a meter a ese lugar, mejor le vendo este dulce en cinco pesitos. Y si por ahí hay alguien que está dormido o se hace el dormido, pues lo despiertan. No te hagas, despiértate, no te duermas, cómprame un dulce. Entonces todos espantados sacan la moneda porque ya saben, y se la dan.

 

A veces me da la impresión que eso necesitamos hacer con la iglesia, con el Cuerpo de Cristo; pareciera ser que necesitamos presionar a los miembros de la iglesia para que acepten hacer algo que de antemano Dios les ha dicho que hagan. Por eso el apóstol Pablo dice: si Dios te dio el don de profecía, úselo; si te dio el don de la enseñanza, enseña; si te dio el don del servicio, sirve. Es muy sencillo el apóstol Pablo y porque así es Dios. Haz lo que tienes que hacer, haz para lo que se te llamó, no hay de otra.

 

Y luego no queremos: “Ay es que me toca servir”. Y ahí está la llamada: pastor perdón pero fíjese que… Y un pretexto. Ay ¿qué cree? Se me olvidó. Y se nos olvidan las cosas, no hacemos las cosas, no hacemos lo que tenemos que hacer. Ay, es que con el equipo que me tocó no, es horrible. Y no hacemos lo que debemos hacer.

 

Y el apóstol Pablo está diciendo algo muy sencillo: Seamos diligentes en el llamamiento de Dios, en los dones que ha puesto en nosotros y hagamos lo que debemos hacer. No nos hagamos los occisos. Luego somos negligentes, ¿qué es el ser negligente? Es no hacer lo que se tiene que hacer o hacer las cosas mal, hacerlas sin interés, hacerlas sin cuidado, sin atención; o hacerlas en lentitud. El resultado de lo que nosotros hagamos cuando lo hacemos negligentemente, es que no hay calidad, no van a quedar las cosas como nosotros hubiéramos querido que quedaran, o como nos están exigiendo que queden, no van a quedar así.

 

Y la Biblia nos dice que las bendiciones nosotros las vamos a recibir, nosotros las vamos a tener cuando nosotros seamos diligentes. Claro que siempre anteponemos el hecho de que Dios es un Dios de misericordia; tenemos un Dios bueno porque vivimos en la gracia de Dios, y como es en la gracia yo no estoy obligado a nada.

 

Pero estamos equivocando los conceptos, vivir en la gracia, bajo la gracia significa no estar bajo la ley. Por lo tanto el Señor se manifiesta a nuestra vida con poder, pero hay cosas que nosotros tenemos que hacer, y nosotros tenemos que llevarlas a cabo para que nosotros seamos bendecidos.  Y para que Dios nos pueda utilizar a nosotros para bendecir a los que están a nuestro alrededor, ya sean hermanos en la fe o inconversos, lo tenemos que llevar a cabo.


Vamos a mirar unos versículos que escribió Salomón, el segundo más sabio de este planeta, el primero es Jesucristo. Proverbios 10:4 La mano negligente empobrece; Mas la mano de los diligentes enriquece.  Sencillo, si tú eres negligente, si tú no haces las cosas bien, si no las haces con calidad, no las haces en prontitud, no las haces como las debes de hacer, entonces vas a empobrecer. Palabras muy claras, muy simples de parte del rey Salomón.

 

Pero si tú eres diligente, y tú lo que haces te esfuerzas, lo haces rápido, lo haces bien, con calidad, te esmeras en hacerlo, entonces vas a enriquecer. Va a haber prosperidad en ti, va a haber prosperidad en donde tú te encuentres, lo dice la Palabra, se cumple. Y estamos hablando aquí en términos generales, en lo secular aún, a ti te va a ir bien cuando eres diligente; si eres negligente ni trabajo vas a conseguir. Y si consigues trabajo y eres negligente, te van a correr no hay de otra.


Yo he escuchado mucha gente a través de los años quejarse de que los corren de los trabajos. ¿Y por qué te corrieron? Ah es que me traía de encargo el jefe, quería que me pusiera a chambear. Sí, seguro. Necesitamos hacer las cosas bien, en orden, completas, con rapidez, con esmero, con calidad, o sea, tenemos que hacerlo así.

 

Proverbios 13:4 El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada.

 

Una persona floja, una persona perezosa no va a alcanzar nada, todo se queda en su mente, en su fantasía. Es que yo quisiera hacer esto, quiero hacer lo otro porque entonces yo quiero lograr esto; quiero comprar acá, me quiero ir a tal lugar, quiero así y asá, en fin. Pero como es flojo no lleva a cabo las cosas, no las hace. Como es negligente no lo hace. ¿Cuál es el resultado de esta situación? Que no alcanza absolutamente nada, no lo puede alcanzar.

 

Sin embargo, una persona diligente es prosperada porque se pone a trabajar, hace las cosas, se esfuerza, las hace bien, las hace con esmero, las hace en prontitud y entonces va a obtener el resultado que espera, y va a ser prosperado, definitivo. Muchas ocasiones yo he podido advertir hermanos en Cristo, hermanos en la fe que se quejan porque el impío tiene una bendición.

 

Ah es que el vecino que es un impío, que es un borrachote ya trae una camioneta nueva. Es que ya se cambió de casa a una mansión. Sí pero no te has fijado que ese vecino que se echa sus tragos también se levanta a las 5:00 de la mañana, se va a trabajar muy temprano, regresa tarde, trabaja de lunes a sábado, se está esforzando por hacer las cosas. Y lógico va a haber un resultado de esa situación de esa actitud, va a haber un resultado a su trabajo porque es diligente, y por lo tanto va a ser prosperado, no hay de otra.

 

Entonces no podemos nosotros exigirle a Dios que nos bendiga, cuando no hacemos lo que tenemos que hacer. Señor es que bendíceme, soy tu hijo. Pero como no lo alcanzamos a escuchar, no oímos que el Señor nos está diciendo: ¡Pues trabaja, hazlo bien, esfuérzate, apúrate! ¡Somos negligentes!

 

Proverbios 22:29 ¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará;
No estará delante de los de baja condición.

 

Este versículo me gusta mucho. Es decir, una persona solícita, una persona que se esfuerza, que está haciendo su trabajo bien, en prontitud, que lo está haciendo con calidad, que es diligente, lo van a jalar para trabajar en los mejores lugares, en las mejores empresas, lo van a jalar aun al Gobierno, a lugares importantes, ahí lo van a tener.

 

Sin embargo el que no es diligente, el que no trabaja bien, el que no se esfuerza, el flojo dice la Palabra que estará con los de baja condición. Claro, con aquel que no hace nada, con aquel que no se esfuerza, que no trabaja, ¡ahí estará aumentando esas filas! Y esto es muy sencillo de acuerdo a la Palabra, ¿en qué lugar tú quieres estar? ¿Quieres estar en lugares prominentes? Tienes que ser diligente. ¿Quieres ocupar lugares de los más bajos? Pues no hagas nada. Es sencillo, las cosas son sencillas de acuerdo a la Palabra; yo nunca las veo tan complicadas.

 

Y así como dice Salomón que sucede con el hombre que es diligente, también nosotros vemos que el escritor a los Hebreos, en el Nuevo Testamento dice el resultado que habrá para aquellos que son diligentes con la obra del Señor.

 

Hebreos 6:10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

 

Gloria a Dios, el escritor a los Hebreos le está diciendo a los hermanos en la fe que trabajan, al liderazgo, al que es diligente que Dios los tiene en su corazón, que Dios está al pendiente de cada uno de ellos, y que Dios de ninguna manera es un Dios injusto, y le va a dar a cada uno conforme y su trabajo, conforme y lo merece. Está al pendiente Dios, Dios está atento en las iglesias para ver quiénes son los que trabajan y quiénes no.


Recuerda que dice también la Palabra que el juicio de Dios comienza ¿por dónde? Por su casa. Por aquí va a empezar el juicio de Dios, por nosotros. ¿Cómo? Pero si yo ya recibí a Cristo. Sí, y qué bueno y te felicito, pero el juicio de Dios va a empezar dentro de la iglesia, va a empezar en la casa del Señor. 

 

Y dice la Palabra que Dios es un Dios justo, por lo tanto, aquel que se esfuerza en la obra, aquel que se esfuerza en el trabajo, para con los hermanos, que los hace con amor; entonces va a recibir bendición de parte de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no es un Dios injusto, Dios es un Dios justo y va a hacer conforme y lo tiene que hacer; y va a traer a tu vida lo que debe traer de recompensa, así es el Señor. Y no se trata de que yo no quiero ninguna recompensa, yo no quiero nada Señor. ¡Lo quieras o no lo quieras lo dice la Palabra y lo va a cumplir, Él está atento!


El amor que tú le muestres al Señor haciendo las cosas, trabajando en su obra, Él te lo va a recompensar. Él va a recompensar a todos aquellos, al liderazgo que dice, han servido a los santos, a los hermanos en la fe. Si tú estás trabajando para la obra y está sirviendo a los hermanos en la fe, a los santos, entonces vas a tener una recompensa. El Señor no te va a hacer a un lado, el Señor no te va a olvidar, el Señor siempre está pendiente y va a traer lo que necesitas tú para tu bendición.

 

Hebreos 6:11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud (es decir, la misma diligencia para hacer las cosas) hasta el fin, para plena certeza de la esperanza.

 

En otras palabras, para que tengas la seguridad siempre de que vas a recibir del Señor lo que esperas, lo que Él te ha prometido y lo que Él promete en su Palabra. Si tú eres diligente para hacer la obra de Dios para trabajar con los santos, para esforzarte, para dar un servicio en amor, entonces el Señor te va  a bendecir y tú vas a tener la plena certeza de que todas las promesas de Dios van a venir a tu vida.

 

¿Cuándo no vienen o cuándo tenemos dudas? Cuando no estamos haciendo lo que debemos hacer. Es cuando entonces el cristiano se preocupa y dice: ah es que yo creo que Dios ya no me oye. ¿Y por qué crees que Dios no te oye? Será porque ya no oras, será porque ya tus compromisos con Dios, tus compromisos espirituales los has hecho a un lado. Porque Dios en su Palabra nos está hablando de una manera constante de cómo es Él, qué bendiciones va a traer, cómo las va a traer, y por qué las va a traer. Y una persona diligente, un hermano en Cristo diligente que hace l que tiene que hacer y lo hace diligentemente, entonces va a recibir todas las promesas de Dios, aquí está.

 

Hebreos 6:12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

 

Nosotros podemos advertir en el libro a los Hebreos, podemos ver y leer en la Biblia algo que  también el Señor decía en la profecía; de acuerdo al Antiguo Testamento y de acuerdo a lo que dice la Escritura, los antiguos heredaron las promesas de Dios por tres razones principales:

 

Primera: Por su fe firme.

 

Segunda: Por ser pacientes.

 

Tercera: Por ser diligentes, no fueron perezosos en hacer la voluntad de Dios, no fueron perezosos llevando a cabo lo que tenían que hacer.


El Señor hablaba de Gedeón hace un momento, cuando el Señor los va a libertad de la opresión en la que vivían, en el cautiverio en el que estaban; le dijo el Señor a Gedeón: reúne un ejército. Y reunió a 30 mil personas dispuestas a ir a la guerra. Cuando Dios vio el número de personas le dijo: Son muchos. Di que todo aquel que se amedrente que se retire, que todo aquel que sea pusilánime se vaya, no hay ningún problema.


Y entonces Gedeón hace un llamado y les dice: Todos aquellos que tengan miedo de ir a la guerra, regrésese a su casa. Se regresaron 20 mil, se quedaron 10 mil, una tercera parte. Dios le dijo a Gedeón: Todavía son muchos, hay que recortarlos porque si nos quedamos con estos 10 mil, van a decir que si ganan fue por la mano de ellos no por la mano de Dios, que fue porque ellos eran buenos guerreros y lo merecían.  Por lo tanto, vamos a cortar de aquí el número. Y entonces les da una orden de que fueran al río a tomar agua, y que Dios le iba a decir quién sí y quién no.

 

Y se quedaron 300 guerreros; con 300 fueron a la guerra, y esos 300 fueron diligentes, esos 300 se esforzaron, lucharon, pelearon y ganaron. Así es Dios y te da la victoria. Tuvieron fe, fueron pacientes y fueron diligentes; y es lo que está diciendo el escritor a los Hebreos: No te hagas perezoso, no seas negligente porque si tú eres diligente entonces vas a recibir las promesas de Dios del mismo modo que los antiguos recibieron las promesas, igual.

 

Pero te tienes que esforzar, tienes que trabajar en la obra, tienes que hacer lo que se te diga que hagas, no puede ser de otro modo. No podemos cruzarnos de brazos y creer que Dios nos va a llenar de bendiciones. Tenemos que trabajar y ser diligentes en lo que estamos haciendo. El escritor a los Hebreos dice y su mensaje es: ¡Imítalos!

 

Imita a esas personas que alcanzaron un buen testimonio, aquellas personas que alcanzaron las promesas de Dios, y revisa en la Palabra por qué las alcanzaron, para que tú hagas exactamente lo mismo. Para que tú camines con la seguridad de que vas a recibir lo que Dios te está diciendo y lo que tú estás necesitando.

 

El Señor Jesús dijo una parábola sobre un hombre que hizo una gran cena, y en esta hora quiero tomar esta palabra también para hablar sobre el ser negligentes con la obra y con lo relacionado con Dios. Y en este pasaje que vamos a ver, se muestran tres clases de excusas par ano cumplir con Dios.

 

Lucas 14:16-18 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses.

 

Esta es la primera clase de personas negligentes que no cumplen con Dios. No cumplen o no cumplimos con Dios porque anteponemos nuestros intereses personales, porque somos negligentes para con el Señor. Y no importa de lo que se trate, si es en lo espiritual como asistir a la congregación el día de reposo, el asistir a alguna asamblea, a algún congreso de la iglesia, si se trata de una actividad especial.

 

Si es algo espiritual o si es material y se trata d trabajar en la obra, o de servir en las áreas físicas no somos diligentes, no hacemos de acuerdo al llamado que se nos está haciendo, no hacemos conforme al llamado que estamos recibiendo de parte del Señor; tenemos cosas más importantes que asistir a la iglesia a lo que se nos pide, a lo que se nos convoca y aun, a lo que está escrito en la Biblia.

 

Ay es que, y tenemos el pretexto, tengo que ver esto, o tengo que ver lo otro y nada más el domingo es el único día que lo puedo hacer, entonces mejor no voy a la iglesia, mejor voy a otra cosa. Sí, y cuando no llegan las promesas entonces le preguntamos al Señor ¿por qué? Y entonces le decimos al Señor que si tiene consentidos, porque algunos sí reciben las bendiciones; y ni siquiera analizamos por qué las reciben o por qué nosotros las dejamos de recibir.

 

Esto no es privativo de la iglesia actual, yo lo puedo ver aquí cuando nuestro Señor lo dijo hace 2 mil años; y usó esta parábola. Y dijo: hizo un hombre una gran cena, y el Señor dispone lo necesario para que nosotros seamos alimentados en la iglesia. Y luego faltamos, ¿por qué? Tal vez porque nuestros asuntos personales como este hombre, esta clase de personas dijo: ay es que compré una hacienda y al tengo que ir a ver. Sí, y si no pues tienes que ir a ver cualquier otra cosa.

 

Y veamos otra clase de persona: Lucas 14:19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses.

 

La segunda excusa, no cumplimos con Dios porque anteponemos el trabajo, porque para nosotros es más importante nuestro trabajo personal que la obra de Dios. Pero ¿qué sucede cuando no tenemos trabajo? Le pedimos al Señor que nos dé trabajo, clamamos al Señor, le pedimos al ministerio de oración que se ponga a orar para que tengamos un trabajo o tengamos un mejor trabajo. Y luego nos atrevemos a decir aun que vamos a dar más del diezmo.

 

Señor, yo te prometo, y a mí me lo han dicho: pastor ayúdeme a orar por un trabajo y va a ver que voy a dar más del diezmo. Sí, seguro. Va a ver que nunca voy a faltar. Ajá. Y cuando tienen el trabajo entonces resulta que por el trabajo no pueden venir a la iglesia. Resulta que por el trabajo no pueden asistir a los eventos especiales que se llevan a cabo para fortaleza espiritual de sus miembros. Resulta que no podemos comprometernos con la Iglesia porque tenemos trabajo.

 

Insisto, esto no es privativo de hoy, esto ha existido siempre, ¿por qué? Porque el género humano es el mismo, somos iguales. No, éste es diferente. ¡Es igual! Está en cada uno de nosotros de acuerdo a la voluntad de Dios, de acuerdo a lo que recibimos del Señor, a las revelaciones que recibimos, a como nos mueve, para hacer algo diferente.

 

Y la otra clase de persona: Lucas 14:20  Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. ¿Dónde he oído eso? Se me hace tan de hoy esto, que es asombroso. Es increíblemente actual, y Jesucristo lo dijo hace dos mil años. Perdón, pero la tercera excusa es que no cumplimos con Dios porque anteponemos a personas a Dios. Primero están los demás, primero está nuestro cónyuge, nuestra familia, nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros conocidos que Dios.

 

Primero son todos ellos,  y si todos ellos no tienen ningún compromiso al cual me están llamando o me están demandando que asista, entonces voy a la iglesia. Es que yo estaba dispuesto a venir a la iglesia, pero me hablaron, me habló mi madrecita santa y me dijo que fuera a verla, que ya tenía cuatro días que no la veía y que tenía que ir. Que iba a hacer algo de comer especial, algo que me gusta. Y ay mi madre, ¿cómo dejarle ahí botada su comida? Y pues tuve que ir.

 

O la otra, me hablan por teléfono: Pastor, ¿me da permiso de no ir el domingo? No, yo qué te voy a estar dando permiso. La Palabra de Dios dice que tienes que asistir, yo no puedo ir en contra de la Palabra y darte permiso para esto. Si tú no quieres ir, no vayas, pero no le vas a decir el día de mañana cuando Dios te diga: ¿y por qué no ibas? Ah es que el pastor me daba permiso de faltar. No, no, no.  Entonces haz como quieras hacer.


La Palabra nos expresa que muchas ocasiones nosotros como excusa ponemos a la familia. Ah es que anoche mi nena estuvo tosiendo, y como estuvo tosiendo pues ni modo de sacarla hoy. Yo no sé si mi esposa y yo fuimos anormales o somos anormales todavía, no lo sé. Pero cuando alguno de mis hijos siendo pequeñito se enfermaba, lo traíamos a la iglesia. Si estaba enfermo, lo traíamos a la iglesia.

 

Tan es así que recuerdo que en una ocasión Rebeca, mi hija a los 9 años se acercó y me dijo: Pastor, necesito hablar contigo. Y dije: ay esto va en serio. Y le dije: ¿qué pasó? Dice: en estos 9 años que tengo de edad, nunca he faltado a la iglesia, ¿me puedes dar un diploma por no haber faltado nunca? Le dije: Sí. Y le di un diploma. ¿Ustedes creen que mis hijos nunca se enfermaron? Claro que se enfermaron. ¿Qué no sentimos flojera y no nos queríamos levantar y sin embargo nos levantamos y venimos?

 

¿Sabes cuántas ocasiones llegamos a la reunión de jóvenes para presidirla el sábado a las 5:00 de la tarde, y no llegaba ningún joven? Una de esas ocasiones coincidió con el cumpleaños de mi hijo, entonces para que no estorbara le hicimos su cumpleaños a mi hijo a medio día. Salimos de la casa para llegar aquí a las 5:00, y que no llega ningún joven. Y por una parte viene el pensamiento que dices: ay, le hubiera seguido festejando a mi hijo su cumpleaños. Y por otra parte te das cuenta y dices: no, cumplí con Dios, eso fue preferible. Y cumplimos con Dios.

 

Hermanos que me han dicho: Pastor fíjese que mi hijo se enfermó anoche y mi esposa se va a quedar a cuidarlo. Ah pues es respetable. Y este, yo me voy a quedar a cuidar a mi esposa. Ah, bien, bien, te entiendo, te entiendo, créeme que te entiendo. ¡No, no es cierto, no lo entiendo! ¿Por qué? Porque nosotros nunca lo hicimos así, y uno de los dos en un momento determinado, ya mis hijos más grandes que han tenido que quedarse, se queda alguno de los dos, alguno de los dos llamado mi esposa.

 

Está bien, no hay problema, pero buscamos pretextos, y estos son solo tres pretextos que está hablando la Palabra de cuando somos negligentes, que está diciendo nuestro Señor Jesucristo. No debemos ser así, pero eso sí exigimos las promesas a Dios. ¡Queremos tus promesas Señor, queremos tus bendiciones! Qué pasa, ¿por qué no se cumplen? Por una razón muy sencilla, porque no haces lo que tienes que hacer.

 

Vamos a ver otra parábola, la parábola de la fiesta de bodas. Mucho hemos hablado en relación a esta parábola, pero hoy vamos a destacar nada más algún punto importante.  Mateo 22:2-6 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo. O sea, vamos a entender de una manera clara lo que es el reino de los cielos, y cuál debe ser nuestra actitud.

 

Versículos 3-5  Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. 4Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.

 

Tres clases de personas, una vez más el Señor está hablando que una clase de personas no fue a la fiesta de las bodas, que vamos a entender dice el Señor es el reino de los cielos semejante a… No es precisamente que hayan despreciado la fiesta, se desprecia un día el reino de los cielos.

 

Tres clases de personas, la primera: los que se fueron a trabajar.  Es que hay mucho trabajo, no puedo ir a una fiesta, no puedo ir al reino de los cielos, no puedo  hacer lo que Dios me está diciendo que haga porque tengo que trabajar, me tengo que dedicar a esto. Vivimos en un mundo material donde tengo que trabajar para progresar.

 

Segundo: Otro se fue a sus asuntos personales. Y aquí puedes incluir lo que tú quieras en asuntos personales; haz lo que tú necesites hacer pero no vayas a la iglesia. Y tercero: Los que están en contra. Dice que afrentaron a los siervos y aun los mataron. Gracias a Dios no hemos llegado en este país a esos puntos, no hay creyentes en Cristo que maten a los líderes, ¡gloria a Dios! Pero hay lugares donde se anda dando esta situación.

 

Y luego dice la Escritura, a partir de Mateo 22:8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.  La invitación del Señor de estar en relación, en comunión con el Señor es firme. La invitación del Señor, su llamamiento a cada uno de nosotros es para que nosotros lo llevemos a cabo. Si nosotros no aceptamos este llamamiento de Dios, si a veces lo estamos rechazando, si no estamos cumpliendo, entonces va a resultar que somos indignos del reino de los cielos. Y van a venir otras personas precisamente para ocupar nuestro lugar.

 

Y cuando alguien viene y ocupa un lugar y empieza a trabajar, y empieza a hacer, y empieza a esforzarse y a hacer lo que dice el Señor, y lo que se le pide que haga para la obra. Entonces resulta que los más viejos se quejan, los más viejos dicen: y por qué a él si tiene poco tiempo en la iglesia sí esto. Por qué sí se le da lo otro. Por qué sí se le toma en cuenta. ¡Porque él está presente! Entendámoslo, y si yo quiero una posición para trabajar de acuerdo a  la voluntad de Dios, de acuerdo a lo que a mí me ha dado, entonces yo necesito estar presente trabajando haciendo lo que debo hacer.

 

Mateo 22:9-14 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 11Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 14Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

 

Si estás adentro entonces es muy sencillo: ponte las vestiduras que tienes que ponerte y ponte a trabajar. El llamamiento que Dios te ha hecho, llévalo a cabo, no dejes de hacer lo que Dios quiere que hagas. Muchas ocasiones venimos y preguntamos, ¿y qué es lo que yo tengo que hacer, cuáles mi ministerio, cuáles son mis dones? Cada vez que surge un llamado desde aquí para participar en algo, nos hacemos los sordos, nos hacemos como el de los microbuses cuando se hacen los dormidos.

 

¿Sí te ha tocado? No han escuchado de repente: ¡No te hagas el dormido, despiértate! ¿No? ¿Soy el único que viaja en microbús? Creo que sí. No nos hagamos los dormidos, respondamos a los llamados. Pero no respondemos a los llamados porque tenemos intereses personas que hacer, tenemos cosas que hacer y no queremos presionarnos, no queremos hacer algo que en un momento determinado pueda ocasionar que salga de la comodidad en la que yo me encontraba. Queremos estar siempre cómodos, y necesitamos hacer sacrificios, son necesarios para cumplir con la voluntad de Dios tenemos que hacer sacrificios.

 

Volvamos a Romanos 12:6-8 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. Lo que has sido llamado a hacer, hazlo, no dejes de hacerlo. ¿Amén?

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Jesús levanto delante de tu presencia a este pueblo, dándote gracias por la vida de cada uno de mis hermanos y pidiéndote que esta palabra como decía en un principio, sea escrita en su mente y en su corazón para que seamos hacedores de ella y no solamente oidores. Señor que entendamos la necesidad de cumplir contigo, de ser diligentes, de no ser más negligentes en tu obra, en tu llamado, en tus dones; sino que hagamos conforme y tenemos que hacer y cumplamos contigo siempre de la mejor manera. Y Padre en el nombre de Jesús a ti sea la honra y la gloria por la eternidad, amén.

 

Dios los bendiga.