INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EL DÍA DE REPOSO

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

Isaías 58:13-14 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, 14entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.

 

Vamos a ver dos aspectos en esta hora que son muy importantes. El primero de ellos es que el día de reposo es un mandamiento de Dios, y es un mandamiento para que nosotros le adoremos. Cuando Dios le dice al pueblo, cuando le da a Moisés las tablas de la Ley para que él se las diera a conocer al pueblo, y entonces llevaran a cabo lo que ahí decía. Y le da sabemos los 10 Mandamientos, y dentro de esos 10 mandamientos está establecido el siguiente:

 

Éxodo 20:8-10 Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.

 

Dios ordenó que se guardara el día de reposo, porque nosotros los seres humanos necesitamos pasar un tiempo en adoración, un tiempo sin prisas, un tiempo en tranquilidad a la semana, en congregación con Dios. Dios se preocupa por darnos a cada uno ese tiempo que es importante para que aun nosotros seamos fortalecidos en nuestro espíritu. Necesitamos el día de reposo, este día de descanso cada semana, para venir delante de Él a adorarle, a exaltarle, a glorificarle, gozarnos con todos los hermanos en la unidad del Espíritu Santo; y entonces nosotros ser en nuestro espíritu fortalecidos. Es importante hacerlo.

 

El observar como Dios lo ordenó, un tiempo regular de descanso y de adoración en este mundo que vivimos tan apresurado y que cada día estamos más apresurados, estamos corriendo más, el tiempo no nos alcanza; pues nosotros nos damos cuenta de la importancia que tiene el día de reposo, por qué Dios lo estableció pensando siempre en todas las épocas. Dios todo lo que hizo no lo hizo por el momento, Dios lo hace porque es algo que va a funcionar para siempre.

 

Dios los que hizo en el Monte Sinaí no fue en ese momento nada más en el año 1491 antes de Cristo, sino que es algo que es actual, es vigente el día de hoy. Y que cuando nosotros nos damos cuenta de la Palabra de Dios, la analizamos y nos vemos que aún es más real, más práctica en nuestros días que antes.

 

Nosotros tenemos beneficios al cumplir con la Palabra de Dios, cantidad de beneficios; es un tiempo en el cual nosotros podemos refrescar nuestro espíritu en la presencia de Dios, podemos fortalecernos, podemos estar en una plena armonía con Dios. Muchas ocasiones decimos que esto lo podemos hacer en nuestro hogar, en nuestro tiempo de oración, en un tiempo de alabanza en nuestra casa, pero por lo general no sucede como nosotros lo decimos así tan fácil. La verdad es que necesitamos congregarnos, necesitamos venir y necesitamos de este tiempo de reposo para hacerlo.

 

Es muy improbable que nosotros dediquemos tiempos de alabanza, tiempos de adoración a Dios en el transcurso de la semana como debe de ser, o como lo hacemos o como lo llevamos a cabo aquí en la iglesia. Por lo general tenemos tiempos de oración en nuestra casa, tiempos de oración rápidos, breves. 

 

A veces tenemos un poco más de tiempo y podemos extendernos un poco; muchas ocasiones la misma presión de nuestro trabajo, de la familia, de nuestras actividades nos impide tener esa comunión en paz, en tranquilidad con Dios. ¡Y la necesitamos! Por eso Dios lo estableció, Dios lo hizo y este es un mandato que no podemos hacer a un lado. Es un mandato de parte de Dios que nosotros tenemos que cumplir, el día de reposo para adorar a Dios.

 

Tenemos la posibilidad de hacer todo lo que nosotros queramos hacer de una manera personal como dice la Palabra, en seis días. Tu trabajo, tus actividades, tus labores, todo lo que tú quieras tienes seis días para hacerlo. En ocasiones no nos alcanza el tiempo porque no estamos bien organizados. Tenemos a veces algunas actividades dedicándoles más tiempo del que deberíamos dedicarles. Pero si nosotros nos organizamos nosotros vamos a tener seis días en la semana para poderlo llevar a cabo.

 

Y el séptimo día, dice la Escritura, dijo Dios: Es necesario que tú te olvides de todas las cosas y que tú me adores, es día de reposo, me lo tienes que dedicar. O sea, olvídate de tu trabajo, olvídate de tus actividades, olvídate de tus quehaceres, olvídate absolutamente de todo, es reposo para tu Dios. Es tiempo de adorar a Dios, es tiempo de pasar tiempos con Dios.


Es un día por lo tanto para honrar a Dios, por lo que yo debo hacer solamente aquello que vaya relacionado con adorarlo. Y los padres de familia tenemos que enseñar a nuestros hijos que así tiene que ser, que esto es algo que deben llevar a cabo. Y me llama la atención lo que dice la Palabra, no solamente tus hijos sino quien esté dentro de tu casa. Si recibiste a una visita, le tienes que enseñar a la visita lo que tú vas a hacer, lo que tú tienes que hacer.

 

Y muchas ocasiones somos al revés, llega una visita a la casa y decimos: Híjole, vino mi tía Pancha, bueno ni modo no voy a la iglesia, la tengo que atender. Y nos quedamos a atender a la tía. Ah es que vino mi sobrino y pobrecito vino desde el rancho, y ya tiene mucho tiempo que no lo veo, y pues ni modo que yo me vaya a la iglesia y lo deje solo. ¿Y si lo dejas solo qué va a pasar?  Vas a cumplir con la Palabra de Dios.

 

Porque la Palabra de Dios lo establece, dice: No hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. O sea que todo mundo se tiene que sujetar a lo que tú estableces en tu casa. Y si tú a una persona que viene de visita a tu casa y le dices: ¿sabes? Yo soy cristiano y yo observo el día de reposo, y yo voy a la iglesia. Me da mucha pena contigo, si es que te da pena, a mí no. Pero, hay dos cosas que podemos hacer: 1.- que me acompañes a la iglesia. Y, 2.- Que me esperes. Fácil ¿no?

 

¿Qué va a suceder? ¿Qué puede pasar, se va a enojar nuestro familiar? Pues igual y sí, igual y no vuelve a venir en domingo. Entonces tenemos que hacer lo que debemos hacer de acuerdo a la Escritura, y tenemos que buscar que los que están dentro de nuestra casa cumplan con la Palabra de Dios. Sencillo. Que luego nuestros hijos son rebeldes, son rebeldes cuando les conviene. Si nosotros les enseñamos que hay normas en nuestro hogar que tienen que cumplir, y eso les va a dar otros beneficios, pues entonces se tienen que sujetar.

 

Pero como luego no queremos problemas con nuestros hijos, los dejamos que hagan lo que quieran, no les exigimos; y muchas ocasiones nosotros también por nuestra comodidad porque como no siempre los vamos a presionar, y nosotros ya estamos pensando en que podemos faltar, en que podemos dejar de congregarnos, dejar de guardar el día de reposo, entonces no los presionamos para que nosotros lo podamos llevar a cabo. Así somos, nos movemos de acuerdo a nuestros intereses.

 

Y Dios le recuerda al pueblo que cumplir con el día de reposo trae bendición.

 

Isaías 56:2 Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal.

 

Dios quiere que todos los días de nuestra vida le sirvamos y seamos conforme y su voluntad, conforme y su Palabra, que guardemos su Palabra como Él establece. Él desea que apartemos un día en especial a la semana, en el que descansemos de toda nuestra obra, de todo nuestro trabajo y se lo dediquemos a Él. Que todos nuestros pensamientos los concentremos precisamente en Dios para adorarle.


Si hacemos esto, si esto es algo que nosotros amamos y nosotros cumplimos, Dios nos va a llenar de bendiciones en todas las áreas de nuestra vida. Por eso este versículo empieza diciendo: Bienaventurado el hombre que hace esto. Vamos a recibir bendición de parte de Dios.


Una de las cosas que a mí me impacta mucho de Dios es esta precisamente, que Dios a nosotros podría exigirnos las cosas nada más porque Él es Dios; mas sin embargo, no lo hace de este modo. Siempre dice: Cumple con esto y yo te voy a dar esto, te voy a bendecir, te voy a prosperar, te voy a fructificar, voy a traer bendición a tu vida todos los días, voy a hacerte esto, voy a hacer lo otro. 

 

Y es para mí extraordinario eso. Y digo: Señor es tan sencillo, como luego nosotros padres les decimos a nuestros hijos. Haz esto. ¿Por qué? Pues porque te lo estoy ordenando. ¿No han oído eso de parte de sus papás, o no lo han dicho? Todos. Hazlo. Es que no quiero. Pues lo haces. ¿Por qué? Pues porque soy tu madre o tu madre y te lo estoy ordenando.

 

Dios lo podría hacer con nosotros. Quiero que te congregues, quiero que guardes el día de reposo, porque yo soy Dios y tú eres mi pueblo, y tú lo tienes que hacer así. ¿Y por qué, qué va a haber a cambio? No hay nada a cambio, simplemente tienes que obedecer porque yo soy Dios y soy tu Padre. Y discútele, es Dios, y es nuestro Padre y nos tenemos que sujetar a lo que Él establece, a lo que Él dice.

 

Entonces nosotros tenemos que tener cuidado con lo que hacemos. Que tenemos que guardar el día de reposo, vamos a guardarlo. Dice el profeta: el que guarda el día de reposo para no profanarlo. Es decir, para no hacer tus actividades, tus trabajos, lo que tú quieras hacer, para hacer lo que Dios quiere que hagas, para adorarlo; nosotros necesitamos dedicarle un tiempo a Dios. Cuántas ocasiones nos cuesta trabajo hacerlo.


Y luego pienso, si nos cuesta trabajo dedicarle un tiempo a Dios, unas horas un día a la semana; se nos es tan difícil. ¿Qué va a pasar el día que estemos en su reino, en su presencia? ¿Qué vas a hacer? Entonces yo creo que necesitamos nosotros, y esto es muy importante, aprender a pasar tiempos en la presencia de Dios. Tenemos que aprender a adorarle, tenemos que aprender a exaltarle, tenemos que aprender a estar en comunión, en relación con Él, lo tenemos que aprender. 

 

Y tenemos que movernos el día que Dios está estableciendo para hacerlo. Por eso también siempre les comento: si alguien tiene prisa, pues mejor ni venga. ¿Por qué? Porque aquí estamos en un tiempo de tranquilidad, sin presiones, sin prisas para poder adorar a Dios como se debe de adorar, nada más, no hay otra. Entonces tenemos que hacerlo.

 

Nosotros sabemos que para los israelitas este día de reposo es el sábado, así como para algunos cristianos. Pero la mayoría de los cristianos aceptamos el día domingo como el día de reposo, porque fue el día de la semana en que nuestro Señor Jesucristo resucitó. Y bueno, ese día para honrar al Señor nosotros es el día en que nos congregamos.

 

Isaías 58:13-14 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, 14entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.

 

Dios a través del profeta Isaías hace un llamado para que el día de reposo dejemos de lado todos nuestros intereses personales. Todo lo personal que yo hago en términos normales, lo tengo que dejar a un lado; mi trabajo, mis actividades, todo lo que yo hago tiene que quedar de lado. Tenemos que recordar que en este día no debo hacer mi obra, como dice el Señor. No debo hacer mi voluntad, mi voluntad no importa, me tengo que retraer de hacer mi voluntad.

 

Tal vez para mí sea muy importante mi obra. Sí, pero ese día lo tengo que hacer a un lado, tengo que quitar mi voluntad de mí para hacer la voluntad de Dios, para agradarle a Dios, para adorar a Dios. Tengo que dejar de lado mi obra, hacer lo que Dios quiere que haga.

 

Y cuando nosotros hacemos lo que Dios quiere que hagamos, cuando nosotros aceptamos su voluntad y dejamos de hacer la nuestra, entonces el corazón de Dios se goza con lo que nosotros hacemos. Porque no solamente se trata de una obediencia, podemos obedecer por obedecer, porque no hay de otra, pero aquí se está hablando de hacerlo por amor.

 

Obedecer por obedecer así lo hacen en el ejército, todos los que están dentro de un ejército; obedecen órdenes, no las discuten. Cualquier orden que se les da la tienen que llevar a cabo de la manera en que se les está diciendo. Y lo hacen, si no, son castigados, aun son encarcelados. Nosotros lo que hacemos es por amor a Dios, cumplir con lo que Él quiere que nosotros cumplamos. Quiere Dios que nosotros hagamos todo por amor no por obligación.

 

Si nosotros consideramos como dice Isaías el día de reposo como un día de deleite, de gozo, lo apartamos por ser un día especial, porque este es un día glorioso para Dios. Si nosotros le damos la importancia que tiene, esa importancia que Dios está manifestando en su Palabra, y lo amamos haciendo lo que está en el corazón del Señor, entonces nosotros nos vamos a gozar más en este día.

 

No va a ser algo pesado como muchas ocasiones pasa. Ay tengo que ir a la iglesia, qué pesado, ay a ver ahora de qué predican, a ver ahora cuánto se tarda el de la alabanza, a ver si no nos deja en un tiempo de adoración largo, aburrido. Cuando nosotros entendemos el amor al Señor, la honra a Dios y que debemos hacer lo que Él establece, y nos deleitamos en Él, entonces vamos a venir con gozo.

 

Desde el día que yo recibí al Señor, para mí el día más importante pasó a ser el día de reposo. Y yo anhelaba y anhelo hoy día el día de reposo, para poderme congregar y adorar a Dios y estar con la compañía de los santos adorando al Señor en la unidad del Espíritu Santo. Yo me gozo, para mí es agradable. Y se los he dicho muchas ocasiones, qué maravilloso sería que tuviéramos más días iguales en el transcurso de la semana.

 

Pero bueno, también entendemos que no se puede, tenemos actividades que hacer, tenemos trabajo que cubrir, tenemos que hacer lo que tenemos que hacer, y por eso Dios lo estableció: seis días harás tu obra. Pues la hago aunque quisiera estar más días en tu presencia en la iglesia, voy a estar en tu presencia pero en una relación personal, íntima contigo por ejemplo en mi casa.

 

Pero el día de reposo se convierte en algo importante, y debe ser algo importante. Y créanme que para mí es tan importante que yo anhelo también el día que todos nosotros nos vayamos juntos con Dios, y estemos en su presencia para siempre. ¡Qué maravilloso! No va a ser que los vea cada semana, todos los días me voy a gozar por eso trato de llevarme bien con todos, porque si no va  a ser problemático.


Tenemos que deleitarnos, tenemos que encontrar la delicia en congregarnos, en estar en la presencia de Dios. Que guardes el día de reposo como Dios lo quiere; amándolo, honrándolo, reconociéndolo, harás que se cumpla una de las promesas que está manifestando aquí, que el Señor te levante, te ponga por encima. Haga que los que están a tu alrededor, te reconozcan y vean que tu Dios es un Dios vivo. Por eso dice nuestro Señor Jesucristo: Que tú entres aun en lo íntimo en oración, en comunión con Dios, y que ahí en lo íntimo le pidas y Él te va a recompensar en público.

 

Y esto es lo que promete el Señor. Y Dios te dice: ¿sabes qué? Si tú lo haces yo te haré subir sobre las alturas de la tierra. Es decir, yo te pondré por encima. ¡Gloria a Dios por ello! Porque Él va a traer bendiciones a tu vida, todas las bendiciones que tú necesites Él las traerá.

 

El no congregarnos trae conflictos, el no guardar el día de reposo afecta nuestra comunión con Dios, lo afecta. Y cuando nosotros no guardamos el día de reposo, es porque le estamos dando un lugar a otras cosas más importante que a Dios. Estamos pasando a Dios a un segundo término, y estamos poniendo lo demás por encima de Dios, lo que sea.

 

La razón por la cual tú no vengas el día de reposo a congregarte, es porque estás anteponiendo eso diferente a Dios. No, es que yo amo a Dios, pero no puedo porque… Porque le estás dando un segundo lugar a Dios. Dios siempre debe tener el primer lugar, siempre. Nuestro Señor Jesucristo dijo: amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

 

Es decir, con todo tu corazón: con todos mis sentimientos, con todo mi amor. Con toda mi mente: con mi razonamiento, con mi raciocinio, yo debo de amar así a Dios. Con toda mi alma: es decir, con mi voluntad y todo lo que soy. Y con todas tus fuerzas. Con todo lo que tienes, que todas tus fuerzas estén enfocadas a amar a Dios. Qué fuerte lo dijo Jesús: amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. No solamente con una parte, con todo.

 

Y adorar a Dios y amar a Dios de este modo, significa ponerlo por encima de todas las cosas, significa que es mi prioridad absolutamente en todo. Es mi prioridad y está antes que todos los demás, antes que mi cónyuge, antes que mis hijos, antes que mi trabajo, antes que mis familiares, antes que todo lo demás.

 

Ay es que mi familiar está en el hospital. Sí, y es día de reposo, mira, ven, ven y adora a Dios. Créeme que va a ser de mayor bendición para ti y para tu familiar que está en el hospital. En verdad, y tenemos testimonios de que hacerlo así trae bendición. Si nosotros guardamos el día de reposo como Dios lo establece, vamos a ser bendecidos. ¿Por qué? Porque nuestra comunión con Dios va a ser más estrecha, porque nuestra forma de adorar a Dios va a ser mejor, va a ser de acuerdo a lo que Él establece.

 

Me voy a congregar por causa de Él por amor a Él. No como una obligación como muchas ocasiones lo queremos ver. Ah es que es obligatorio ir el domingo a la iglesia. ¡No, no es obligatorio, ven por amor! Si vienes por obligación ni vengas, en verdad. Mi mamá me decía cuando me mandaba a la tienda, que no me gustaba ir cuando era niño: Y si no vas air de buenas, ni vayas. 

 

Pero como uno no sabe, uno se espanta y va de todos modos. Hasta un día que mi mamá me dijo: Si vas a ir de malas no vayas. Pues no voy. Uy no, sí me fue mal. Entonces aprendí que mejor le sonreía, porque también me decía así: con sonrisa y de buen modo y rapidito. Aquí yo veo la importancia de amar a Dios para venir a la iglesia encontrando lo que dice el Señor, el deleite, el gozo, el amor; lo tenemos que hacer así. 

 

Pero bueno, en un principio te dije que veríamos dos aspectos importantes. El primero fue relacionado con el día de reposo. El segundo es parecido, pero está enfocado sobre el congregarnos.  Que tal vez pareciera lo mismo pero no lo es.

 

Hebreos 10:23-24  Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.


El escritor a los Hebreos nos hace un llamado específico, que permanezcamos seguros, estables, sin titubear, sin dudar, sin oscilar, sin caminar en diferentes pensamientos, sino siendo firme de una manera. Porque lo que nosotros hemos creído se va a cumplir. Porque lo que Dios ha prometido se va a cumplir, por una razón: Porque Dios es un Dios Fiel.


Entonces, todo lo que Él ha dicho, se va a cumplir. En algún momento se cumplirá, no dejará nada sin cumplir. Tenemos que fortalecer por lo tanto nuestra fe; nosotros tenemos que vencer toda duda que nos ataque y profundizar en nuestra relación, en nuestra comunión con Dios. Nuestra fe se ve debilitada cuando nosotros dejamos que el enemigo venga y nos ataque a nuestra mente con incredulidad.

 

Cuando viene y nos lanza dardos de fuego que dicen: No va a suceder lo que tú crees. No va  a pasar esto. Cada día vas a estar peor. No va a haber tales resultados. No va a haber tal trabajo. Tus hijos no van a cambiar. No va a pasar esto. Y muchas ocasiones nosotros lo oímos, dejamos que esos dardos de fuego que él envía a nuestra mente, ocasionen un incendio y llegue el momento en el que nuestra fe se disminuye.

 

Pero dice la Escritura que lo que Dios ha dicho se va a cumplir, que todo lo que Él ha prometido se va a cumplir, no va a quedar nada sin cumplirse. El escritor a los hebreos así lo dice. Y continúa diciendo: Versículo 24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

 

Es decir, veamos los unos por los otros para alentarnos, para impulsarnos, para motivarnos, para hacer lo que dice la Palabra de Dios, lo tenemos que llevar a cabo. Nos damos cuenta que muchas ocasiones nosotros convivimos y no llevamos a cabo esto. No cumplimos con este punto que dice la Escritura: que no nos consideramos unos a otros para estimularnos. Y es importante que lo hagamos y más importante que lo hagamos en el amor y en las buenas obras.

 

Y el escritor a los Hebreos dice: esto lo tienes que llevar a cabo, esto lo tienes que hacer. Y entonces, ¿cómo lo podemos llevar a cabo esto que acabamos de mencionar, que acaba de escribir él? Versículo 25 No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

 

El no congregarnos significa perder no solo la posibilidad de adorar a Dios, de mantenernos en una excelente comunión con Él, en compañía de nuestros hermanos en la unidad del Espíritu Santo; es bíblicamente hablando perder el estímulo y el apoyo de los hermanos en la fe. Es perder la posibilidad de fortalecernos los unos a los otros. Es perder la posibilidad de amarnos los unos a los otros, y de motivarnos en las buenas obras. Es perder todo esto.

 

Pero por lo general no lo vemos, porque luego aun venimos con prisa a la Iglesia, nos congregamos con prisa. Rápido y a lo que venimos, y venimos a adorar a Dios, y llegamos tarde y nos vamos temprano. Llegamos después de que empezó el servicio, y nos vamos en cuanto terminó. No permitimos, no dejamos que se cumpla el propósito del congregarnos.

 

Aquí el escritor a los Hebreos lo dice de una manera bastante clara: esto es lo que tienes que hacer, y no tienes que dejar de congregar, como dice, como muchos tienen por costumbre. Quien tiene por costumbre no congregarse, se debilita, pierde su fortaleza espiritual. Dice aquí en el versículo 25 que el día del Señor se acerca, y con ello tenemos más problemas físicos, más problemas espirituales, más problemas materiales.

 

Hay tribulaciones, hay conflictos, hay problemas, hay enfermedades, hay crisis, hay un sin número de ataques de parte del enemigo que además, se aumentan. Y llega el momento en que pareciera que no vemos ya lo duro sino lo tupido, y decimos que luego nos llueve sobre mojado. Y está durísimo.

 

Y sucede una cosa: A medida que hay problemas, a medida que hay situaciones adversas, entonces empiezan otro tipo de problemas en nuestra vida, empieza la apatía, empieza el desánimo, empieza el desgano; llega el momento en el cual no queremos asistir a la iglesia. ¿Para qué voy, cuál es el sentido? No tiene caso que vaya.


Cuando nosotros dejamos de congregarnos, empezamos a perder nuestra relación, nuestra comunión con Dios. Que un creyente, un cristiano deje de congregarse, le trae consecuencias graves, porque espiritualmente queda a la deriva. Se coloca en una posición donde es presa fácil del enemigo. Aunque tú no lo veas, aunque tú no lo creas, el congregarte te da una cobertura, el congregarte te ayuda para mantenerte firme en tu fe, para fortalecerte. Te ayuda el congregarte contra los ataques del enemigo, te está ayudando de una manera constante.


Cuando no te congregas dejas de recibir los beneficios de esa cobertura, y es un paso decisivo para romper la relación con Dios. Por eso quien no tiene por costumbre congregarse, o quien tiene por costumbre dejarse de congregar, llega el momento en el cual se deja de congregar sin ningún problema, no pasa nada.

 

Uno de los días de reposo más desagradables que yo he vivido en mi vida desde que soy cristiano, es el día que me operaron un viernes y el domingo me la pasé en mi casa. Fue el domingo más desagradable de toda mi vida, estaba desesperado, me sentía mal, me sentía vacío, me sentía solo; me hacía falta el congregarme, me hizo falta. Pero cuando por cualquier razón dices: No voy, no hay problema. ¡Cuidado, porque ya tu corazón no está en una perfecta comunión con Dios ni está siendo fortalecido en todo lo que dice aquí Hebreos, estás mal, ya ocurrió algo en tu corazón!

 

El no congregarte se debe a que pones en segundo lugar a Dios y las cosas de Dios, todo lo relacionado con Él. Es porque tus prioridades cambian, es porque ya tu interés no es primero amar a Dios con toda tu mente, con toda tu alma, con todo tu corazón, y con todas tus fuerzas. Ya es: es que tengo algo más. Es que ahora tengo que hacer esto y por eso no puedo amar a Dios del modo que quiere que le ame. Así es y es fuerte, lo dice la Palabra.

 

Cuando no teníamos conocimiento de Dios no había problema, vivíamos como todo el mundo sin guardar el día de reposo, sin congregarnos, sin recibir los beneficios de estar congregados, estábamos acostumbrados, íbamos a donde queríamos ir. Pero cuando conocemos de Dios, cuando sabemos de su Palabra, cuando la empezamos a cumplir y empezamos a asistir a la iglesia, nos empezamos a congregar y empezamos a mantener esa comunión con Dios, entonces cuando faltamos hay un problema en nuestro interior, se nota el vacío.


Al dejar de congregarte te sales de la cobertura, no es y que quede claro, no es que Dios está al pendiente de que tú te estás saliendo, no estás yendo a la iglesia, y entonces te va a dar un coco. ¡NO! Pero si tú estás aquí adentro no te afectan las inclemencias del tiempo, y si está cayendo una tormenta y tú te sales, perdón te vas a empapar. O si el sol está que quema y te sales, te vas a quemar. Si el viento está demasiado fuerte y tú te sales, pues el viento te va a afectar.


Espiritualmente eso es lo que pasa, al congregarnos estamos bajo una cobertura, estamos dentro de una cobertura de parte de Dios y aun de los hermanos de la congregación. En el momento en que nos salimos nos estamos saliendo de esa cobertura, y estamos expuestos a que nos suceda cualquier cosa de parte del enemigo. No es como muchos piensan: ah, dejó de ir a la iglesia y le fue mal, ya lo sabía, ya Dios lo castigó. ¡No, Dios no te castiga!

 

Y cuando nosotros nos dejamos de congregar y dejamos de recibir como dice Hebreos, cuando dejamos de considerarnos unos a otros, cuando dejamos de estimularnos al amor, cuando dejamos de estimularnos a las buenas obras, entonces nosotros empezamos a regresar a lo que antes éramos, empezamos a vivir lo que antes vivíamos, poco a poco.

 

El enemigo es astuto y empieza a regresar a nuestra vida de una manera sigilosa, de una manera astuta para apartarnos plenamente del camino de Dios. Y lo dice Hebreos 10:26-27  Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

 

El escritor a los Hebreos está guiado por Dios explicando algo que llega a suceder. Cuando una persona se aparta es muy difícil que la persona peque, ¿por qué? Porque insisto, empieza a regresar a la vida que llevaba, al pecado que llevaba, vuelve a pecar. Pero entonces ya peca de una manera voluntaria, ya conoce lo que es el pecado, ya conoce lo que es la santidad, ya conoce lo que es vivir en comunión, en relación con Dios, y lo está rompiendo.


Y entonces el enemigo aprovecha y vuelve a tomarle cautivo y vuelve a llevarle a donde antes le tenía. Es necesario que nosotros entendamos la Palabra y que Dios lo que puso en sus mandamientos y las leyes que Él da, y las reglas que Él establece; no es por el bien de Él, es por nosotros. Es porque es lo mejor para nosotros mantenernos firmes, y mantenernos creciendo en el Señor y permitiendo que la bendición de Dios fluya sin ningún obstáculo.

 

Es necesario en este sentido guardar el día de reposo para adorar a Dios, y necesitamos mantenernos congregados, para estar firmes en la fe  como dice Hebreos, para ser fortalecidos, para considerarnos unos a otros, para motivarnos al amor y exhortarnos a las buenas obras; tenemos que hacerlo. De este modo nosotros vamos a caminar mejor cada día en la presencia de Dios.

 

Vamos a recibir las bendiciones, vamos a recibir las promesas que están establecidas, y esto va a traer gozo a nuestro corazón. Encontremos el deleite de congregarnos. Encontremos el deleite de estar en la Iglesia, de estar en un culto, de estar adorando a Dios, ¡hagámoslo, y no lo cambies! No permitas que haya algo que quite esto de tu corazón y que te lleve a una situación contraria a lo que Dios establece, ¿amén?

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Jesús pongo delante de ti a cada uno de mis hermanos, pongo a este remanente en tus manos pidiéndote que tú te manifiestes con poder a él. Permitiendo Señor que nosotros hagamos de acuerdo a lo que tú estableces en tu Palabra, para que nosotros seamos fortalecidos, para que estemos firmes, para que caminemos seguros, confiados día a día. Para que el enemigo no vuelva a ganar batalla sobre nosotros.


Y Señor gracias te doy porque tú llevas en el hueco de tu mano, porque tú llevas en tu corazón a cada uno de mis hermanos. A ti sea Padre amado toda honra y toda gloria, en tu Hijo, nuestro Señor y Salvador Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.