INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

PRUEBA, FE Y PACIENCIA

 

Rolando Zúñiga

 

 

 

Santiago 1:2-4 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

 

Y bueno yo creo que aquí el escritor de esta carta nos dice que tengamos gozo cuando hay una prueba; bueno dice que tengamos sumo gozo cuando estemos en estas diversas pruebas. Cuando yo leí esto que escribió Santiago dije: este tipo esta chiflado, tiene una perspectiva errónea de lo que sientes cuando estás en una prueba, en un conflicto.

 

¿Por qué? porque la verdad es que cuando llega una prueba no decimos: Ah, qué chido, ya llegó una prueba, gracias Señor, gloria a Dios por ti porque me traes una prueba. O ¿alguien de aquí lo ha dicho?  ¿Alguien está igual de loco que Santiago? Y en realidad cuando estamos en una prueba no nos causa gozo, no nos alegramos y decimos: ah la prueba, ¡gloria a Dios! No, la verdad es que cuando estamos en una prueba pues no sentimos ni gozo, ni tenemos paciencia.

 

Creo que esto de la prueba siempre causa tristeza, causa enojo, causa frustración; y por qué Señor a mí si yo ya lo había pasado, si Señor sabes que esto me duele, ah Señor y hasta donde más me duele ahí está la prueba ¿no? Entonces podríamos pensar que Santiago está equivocado, que no podemos tener gozo o sumo gozo cuando estamos en diversas pruebas; porque no dice: ahí cuando estés en una prueba pues tienes que tener gozo, o cuando estés en tal prueba, esta prueba o tal prueba te va a traer gozo.

 

No, dice que en diversas pruebas que tengamos tenemos que tener sumo gozo. Y es así como ¡no inventes! ¿Cómo? O ¿por qué Santiago escribe esto, no?  Y si nos damos cuenta pues estas cosas pasan, porque lo que el Señor quiere es cambiar nuestra mentalidad acerca de las pruebas, cambiar, switchear ese chip que tenemos, quitarlo y poner otro nuevo. Porque en realidad hay veces que nos causa frustración, angustia la prueba, enojo. Pues sí, lógico, yo no conozco a ninguna persona que diga. Ah que chido que estoy en una prueba. No, porque causa conflicto a nuestro corazón.

 

El Señor sabe perfectamente lo que sentimos cuando estamos en una prueba, y es precisamente lo que Él quiere cambiar de nuestra vida, porque cuando llega el Señor empiezan a cambiar cosas en nuestra vida, y no nada más por afuera, sino lo que quiere también es que cambiemos nuestra mentalidad acerca de todo lo que pasa en nuestras vidas. Y por lo regular la prueba es con lo que más estamos renuentes a veces cuando pasa en nuestra vida. Y el Señor viene y quiere que enfrentemos esta situación diferente.

 

La palabra que utiliza el Señor aquí en este versículo para prueba, en griego es “dokimos”, esta palabra los griegos la utilizaban para cuando probaban un metal, que fuera genuino. Si yo tenía a lo mejor un cacho de oro y para probarlo, ah es que dokimos este oro ¿no? Voy a probar para ver si es genuino este oro.

 

Entonces dice el versículo: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas dokimos, cuando el Señor te esté probando a ver si eres neta o no eres neta, si eres real no eres real, si de verdad eres genuino o no eres genuino. Pues te mete en este dokimos, en esta prueba. Y ahí el Señor es cuando se da cuenta: ah pues mira Rolando ya la está librando, ya está siendo más genuino o más real; o no. No, este cuate todavía le falta un buen para que cambie, para que sea verdaderamente genuino.

 

Y yo puedo ver que esta es una situación que el Señor utiliza para precisamente probarnos, las pruebas las utiliza el Señor para probarnos para ver si somos de verdad sus discípulos, o si de verdad nos estamos comportando como sus hijos; es un buen parámetro que el Señor utiliza para ver de qué estamos hechos ¿no? Si somos oro o somos cobre. Y ojalá seamos siempre oro, para que no diga el Señor: Ah éste ya sacó el cobre. Hay que ser siempre oro.

 

La verdad es que dice que tenemos que tener gozo en las pruebas. Y entonces aquí hay que saber qué es el gozo, porque el gozo no es lo mismo que la felicidad. La felicidad es efímera, puedo ahorita estar feliz y pasar un accidente y estar triste; como ahora lo que sucedió ahí en el ducto de gasolina en Hidalgo. Todos estaban bien gozosos robándose la gasolina, ah qué chido bidón tras bidón ¿no? De repente ¡pum! Explota y ese gozo que sentían por estarse robando la gasolina, se volvió en una tragedia.

 

Estaban bien felices, bien contentos porque igual la situación pues no había gasolina y el resto; y ah ya tenemos gasolina. Explota y se vuelve una tragedia y todo el mundo está triste. Entonces esa felicidad que sentían pues fue efímera ¿no? De repente se acabó. O como cuando yo le echo gasolina a mi carro, llénale el tanque. Y ando bien gozoso, le lleno, bueno le faltan como 500 pesos pero casi se lo lleno. Entonces ando bien gozoso en mi navecita, en mi vochito.

 

Y cuando ya se oye ¡pin! Y está en el rojo, ah, tengo que volverle a echar, no hay problema. Sí hay problema ¿no? Entonces esa felicidad que yo tenía ya no es felicidad ya me entristecí porque a lo mejor tengo que dejar mi navecita ahí un rato estacionado, porque no hay lana para meterle más gasolina. Y entonces la felicidad es efímera, pero el gozo, el gozo es permanente, el gozo siempre está, no importan las situaciones que vivamos.

 

El gozo siempre está porque ese gozo nos lo da el Espíritu Santo, Dios es el que da este gozo. Y no importan las broncas que tengamos, este gozo siempre está. ¿Por qué? Porque estamos confiados de que esta prueba o esta bronca que traigo, va a pasar. ¿Puedo sentirme mal, puedo sentirme triste? Pues sí, ¿no? Porque, ¿a quién le causa felicidad una bronca? A nadie.  Pero no es que te cause felicidad, sino que debes tener un gozo en tu vida, en tu corazón, en tu mente.

 

No es fácil tener este gozo, el gozo del Espíritu Santo, ¿por qué? Porque el gozo es parte del fruto del Espíritu Santo. Si tú te gozas en una prueba, ¿qué crees? Que estás dando esa parte del fruto. Si tú sientes gozo cuando estás en una prueba, qué bueno,  el Señor no te está pidiendo que estés contento y feliz y brincando. El Señor te está pidiendo que tengas un gozo, que a pesar de la bronca, a pesar de la tristeza estés confiado en el Señor, y decir: bueno, pues sí siento feo pero estoy confiado en el Señor que todo esto va a pasar.

 

Porque en realidad yo no conozco a alguna persona que tenga un problema, y no haya salido adelante de esta bronca. O sea, hasta puedes decir: Ah es que tenía un problema mi familiar, y se murió. Y tú podrás decir: ah a la mejor el Señor fue malo. Ah es que voy a sentir aún más feo porque esta persona se murió. Pero tú no sabes el propósito para tu vida de esta prueba que el Señor tenga. Entonces, ¿sí es difícil la prueba? Por supuesto, pero tenemos que estar también confiados en el Señor de que esto va a salir.

 

Santiago 1:3 Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

 

La prueba de nuestra fe. Entonces, una de las cosas que está probando el Señor a través de las pruebas es nuestra fe. Pero ¿qué crees? A veces la fe es lo más difícil de tener, ¿por qué? Porque la fe no se ve, no se siente, no se palpa, es algo intangible. No sé si ustedes han tratado de vender algo intangible. Y bueno no está Julio que vende Seguros; vender Seguros es lo más difícil que puedas vender, ¿por qué? Porque no llegas con alguien y le dices: oye te vendo un seguro. Ah sí qué chido, dame tres.

 

No, porque es algo que no lo ves, y piensas que sí lo vas a utilizar, que sí lo necesitas pero ahorita no, ahorita está chido así sin seguro ¿no? Ahorita a lo mejor lo que necesito es un carro, necesito comer, necesito no sé, cosas, la gasolina ¿no? Y necesitas cosas que puedas ver y que puedas utilizar ahorita. Pero un Seguro como no lo ves y no lo necesitas ahorita pues es más difícil vender.

 

Yo una vez estuve trabajando en Gayosso, que son servicios funerarios a previsión. Porque pues lo chido es que le vendiera al muerto ¿no? Pues ya muerto lo necesita y tiene que comprarlo, pero aquí era a previsión, era algo intangible, es algo que lo vas a utilizar, porque tarde o temprano te vas a morir, pero pues no ahorita. Además no quieres ni pensarlo, ay no, y hasta se persignan, ¿morir? No, no, y hasta tocan madera y cosas así.

 

Y es bien difícil convencer a alguien de tener algo que no lo ve ni lo puede tocar, pero que lo necesita. ¿Y qué crees? Así es la fe, la fe no la ves, no la puedes tocar, pero la necesitas, ¿para qué? Para que todo esto produzca una paciencia. Ah la paciencia. Pero antes de pasar a la paciencia yo quiero decirte lo que es la fe, y quiero mostrarte a una persona que nos muestra exactamente lo que NO es tener fe.

 

Juan 20:24-29 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 25Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. 26Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. 27Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. 28Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! 29Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

 

Híjole, qué oso hizo el Tomás ¿no? El oso de su vida. O sea, Tomás había estado ahí por lo menos tres años junto al Señor. Había visto  todos los milagros que había hecho, conocía perfectamente a Jesucristo. Jesús le había dicho que él se iba a ir y que iba a regresar. Es más, los discípulos le dijeron, todos los demás le dijeron: ¿Qué crees? Que vimos al Señor, estuvimos con él acá cotorreando un rato. Y Tomás: ¿neta? No es cierto, no te creo. ¿Por qué? Pues porque no lo vio, porque si lo hubiera visto lo hubiera creído.

 

Entonces yo creo que Jesús acá lo ha de haber escuchado y ha de haber dicho: pues me le voy a aparecer ¿no? Entonces dice Tomás: no, yo no creo hasta que meta mi dedo en sus manos donde tenía los clavos, o que meta mi mano en donde le ensartaron la lanza. Si no es eso, la neta yo no voy a creer, me digas lo que me digas, así vayas a bailar a Chalma, yo no te voy a creer. ¿Sí? O sea, yo no te creo, ¿por qué? Porque yo no lo vi. ¿Qué es eso que pasa? Pues le faltó fe.

 

Entonces, llega el Señor y le dice: Oye Tomás ¿sabes qué? ¡No seas incrédulo! ¿Por qué no crees lo que te están diciendo ellos que me vieron, por qué no lo crees? Ahora, ¿por qué no me crees a mí? Yo te dije que esto iba a pasar. Ahora, ven y mete tu dedo en mi mano para que creas; y agarra tu mano y métela en donde me clavaron la lanza. ¿Necesitas eso para creerlo, o qué te pasa, no? Por eso dice, pero bueno Tomás no te preocupes, bienaventurado el que no haya visto las cosas, las cree.

 

Así es, bienaventurado el que tenga fe, prácticamente dijo. Bienaventurado el que crea las cosas sin que se hayan hecho. Bienaventurado el que está declarando las cosas aun sin verlas; ¿por qué? Porque no es fácil tenerlo. O sea, si no dijera: Ah bienaventurados todos ¿no? Porque todos tienen fe. Y la realidad es que no es cierto. Bueno, todos tenemos una medida de fe, pero hay niveles también de fe. Y creo que la prueba es también una de las cosas que nos hace crecer en la fe.

 

Porque cuando no pasan las cosas, o sea si a mí siempre me va bien, pues como para qué aplico la fe si en todo me va bien, pues ya lo tengo ¿no? Pero cuando tienes una bronca, ahí estás: Ah Señor ayúdame, estoy con toda la fe del mundo. ¿Por qué? Porque estás en la bronca, estás en la dificultad, estás en la prueba, y lo que quieres es salid de eso. Y ahí es donde aplicas tu fe, y es cuando tu fe va creciendo.

 

Y mientras más las cosas van pasando y te das cuenta que el Señor siempre responde, más tu fe va creciendo. Y eso es lo que El Señor quiere de nosotros. No quiere que la pasemos mal, no dice ah que bueno que nació Rolando para pasarla mal. ¡NO! Él dice: qué bueno que Rolando está aquí y que vea el poder que yo tengo y que crea más en mí; pero ¿cómo va a creer este tipo en mí? Pues a través de las pruebas. A través de las pruebas vamos a tener más fe.

 

Digo igual y debería de ser diferente ¿no? Porque ah cómo se batalla cuando está la prueba y a veces no queremos ni siquiera aplicar la fe porque nos duele, cosas difíciles. Mira aquí la pablara fe que se utiliza aquí, en griego es “Pistis”, esto significa confianza o creer.

 

Decía hace rato que cuando estamos en pruebas, siempre aumenta nuestra fe siempre, la prueba siempre va a aumentar tu fe porque es cuando estamos orando y estamos viendo las cosas, y sabemos que cuando el Señor nos saca de esa prueba, sabemos que Dios existe, porque a veces lo podemos hasta dudar ¿no? Si las cosas no pasan en nuestra vida, como que dónde está Dios. Pero no conozco a una sola persona que le haya pedido a Dios, y Dios no le haya dado, tarde o temprano.

 

Igual esto depende de nuestra fe para que la prueba cambie, o para que la prueba se acabe. Si tienes poca fe, yo te aseguro que van a pasar días, meses, años para que esta prueba se acabe. Pero si aplicas tu fe y aplicas mucha fe, pues el Señor va a responder rápido. Jesucristo decía que todo dependía de nuestra fe para que las cosas se realizaran. Entonces si Jesús lo dijo es porque así es, y lo podemos ver en nuestras vidas.

 

También en este versículo de Santiago 1:3, dice que la fe va a producir: paciencia. Y creo que a veces a todos nosotros nos hace falta paciencia, más a mi esposa conmigo, no sé por qué le hace falta paciencia conmigo. Que sí también a veces como que yo ahí le meto más fuego ¿no? La paciencia es esperar en Dios, aprender a esperar en Dios para que Dios actúe en esta prueba. Y aquí es como, yo digo que cuando se pone ya interesante las cosas ¿no? Ok, ya me está pasando esto, ya estoy harto de esta situación, ya estoy harto que siempre me esté pasando esto.

 

¿Qué es lo que tengo qué hacer? Aplicar la fe, y aquí es cuando está la expectativa de uno. A ver a qué horas el Señor actúa, ¿no? Y aquí es cuando el Señor dice: Pues a ver a qué hora aplicas tu fe. Y esto es cuestión a veces de paciencia, porque yo puedo tener mucha fe y el Señor puede aguantar un rato ¿por qué? Porque me falta paciencia ¿no? Porque ah Señor sabes que necesito esta cosa, pero como vas ¿no? La necesito ahorita, ¿no ves que estoy sufriendo? O sea, soy yo, ves, estoy sufriendo ¿por qué me haces esto?

 

Y pensamos que cuando yo le pido al Señor, inmediatamente se van a hacer las cosas. A veces sí, pero a veces no. A veces lo que el Señor está probando no es nada más nuestra fe sino la paciencia que podamos tener para aplicar esta fe. Porque igual qué fe sería de decir: Señor haz esto. Y ya lo hace. Ah es como Aladino ¿no? De volada lo hizo. ¡Y no es así! O sea, el Señor quiere que nosotros tengamos paciencia igual también para probar nuestra fe.

 

Si no hubiera paciencia pues yo creo que la fe también se pierde. Si las cosas suceden y no cambian, yo diría: ah pues ¿sabes qué? Ya se me acabó la fe. A la mejor la fe no se te ha acabado, lo que se te acabó fue la paciencia. No somos pacientes, y debemos de aprender a saber los tiempos de Dios, pero también debemos aplicar esta fe para que estos tiempos no se alarguen tanto.

 

Cuando uno no es paciente, se te acaban muchas cosas ¿no? Se te puede acabar el gozo, se te puede acabar la fe, se te puede acabar hasta que creas en el Señor, ¿por qué? Porque no aprendiste a ser paciente, a que el Señor haga las cosas como debe de hacerlas. Porque a veces también queremos que las cosas sucedan como yo quiero, como yo ya plantee las cosas, como yo pensé que deben de ser las cosas.

 

Pero lo bueno es que el Señor ve las cosas diferentes. Dicen que el Señor a veces ve las cosas desde arriba y tiene otro panorama. Pues sí, igual y sí. También yo creo que a veces está tan cerca de nosotros, que ve las cosas como en 360 grados. Y el señor ve las cosas no nada más las que están pasando ahorita, sino las que van a pasar y las que han pasado; y es por eso que Él no piensa igual que nosotros. Mi mente es chiquita, cortita, finita, y la de Él es infinita; entonces como que no tiene nada qué ver lo que yo a veces pienso, y lo que creo que deben de ser las cosas, o como se deben de mover las cosas a como Dios las está pensando.

 

Igual si hiciera las cosas de volada, a la mejor nos puede hasta perjudicar ¿no? A la mejor es un mal en vez de un bien; entonces necesita acomodar el Señor todas las cosas para que todo lo que suceda sea para nuestro bien ¿amén?

 

El aplicar la paciencia es saber también que el Señor tiene control de las cosas, que no soy yo el que va a la mejor a solucionarlas, sino es Él el que tiene el poder de cambiarlas, el poder de percibir las cosas y poderlas  modificar a modo que todo sea para mi bien. La paciencia también consiste en que yo confíe en el Señor.

 

Desafortunadamente a veces también pensamos que Él va a hacer todas las cosas, y digo: ah bueno, que el Señor haga las cosas y yo me quedo aquí calmadito. ¡No, también hay que actuar! Si yo necesito un trabajo y le digo al Señor: Señor por favor dame un trabajo, necesito porque mira mi situación. Y me dice: ok, te vas a levantar temprano y vas a ir a tal parte, y vas a decir. ¡Ah no Señor! ¿No pueden venir aquí a  mi casa, a mi camita? O sea, es que aquí es donde estoy más concentrado ¿no?

 

Tenemos que actuar también nosotros, tenemos que hacer las cosas, ¿cómo? Conforme y Dios nos va diciendo. Porque el Señor nos va guiando, el Señor sabe por dónde. Porque a veces nos dice: vete por aquí. ¡No Señor, por ahí es una prueba! Mejor me voy por acá, el campo está más libre y es más fácil hacer las cosas. Pero el aprendizaje que tenemos a través de esas pruebas, es lo que nos hace crecer, es lo que nos hace creer más en Dios, ¿o no es cierto? Debemos de aprender a confiar en el Señor, a ser pacientes pero también aprender a que este tiempo pueda acortarse, ¿cómo? Pues siendo obedientes, aplicando fe.

 

Romanos 8:24-25 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

 

Y ¿sabes qué mi hermano? Cuando yo leí esto la verdad es que no le entendí. Neta, a poco no está como tres tristes tigres tragaban trigo en tres tristes trastos. Entonces yo busqué otra versión y mira es la versión Dios habla hoy, y dije: ah, esto es lo que dice. Y mira lo que dice:

 

24Con esa esperanza hemos sido salvados. Sólo que esperar lo que ya se está viendo no es esperanza, pues, ¿quién espera lo que ya está viendo? 25Pero si lo que esperamos es algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo sufriendo con firmeza.  

 

Dije: pues no lo entendí tan bien pero ya más o menos ¿no? Entonces dice que si nosotros estamos esperanzados a algo que ya llegó, ¡pues no es esperanza! ¿Qué vamos a esperar algo que ya llegó? No. Estamos esperanzados en algo que va a llegar, en algo que todavía no está, que no estamos viendo. Pero dice que estamos esperando esto que todavía no vemos, pero que tenemos que esperarlo sufriendo con firmeza.

 

Ajá, sufriendo con firmeza. Ah yo estoy aquí sufriendo con firmeza Señor. Y el Señor: Ajá. La verdad que es difícil esperar y esperar, y esperar, y sufrir, y sufrir, y sufrir. Ah pero firme, firme, firme. ¿Es bien difícil no? Pues ¿qué crees? Que eso es lo que el Señor quiere de nosotros, esperar, esperar, esperar sufriendo con firmeza. ¿Por qué? Porque solo así maduramos.


Cuando el niño está chiquillo y hace una cosa mal, y a lo mejor le damos un zape, una nalgada ¿no? Nunca aprende, son niños rebeldes, malcriados, mal educados; y eso creo que el Señor no quiere tener de ese tipo de hijos ¿no?  No quiere chiquillos, quiere hombres y mujeres maduros en la fe, en paciencia, quiere que soportemos las cosas. Por eso es que los niños se hacen rebeldes y malcriados, porque dicen: ah quiero este juguete. Y antes de que señale el juguete, ya lo tiene en las manos ¿no? Ah yo no quiero hacer tarea. No te preocupes hijo, puedes ser vendedor.

 

Entonces, se hacen malcriados los chiquillos cuando no los educamos bien y de repente pues una nalgadita para corregirlos. Y eso es lo mismo que el Señor nos dice: o sea, aguanta la prueba, no te hace mal te hace bien. Y a lo mejor sí sufrimos pero creo que el Señor sufre junto con nosotros, como cuando nosotros educamos a nuestros hijos. Si yo aplico un castigo a mi hijo, a mí me duele más cuando le pego una nalgada a mi hijo, a mí me duele más. Y no es que tenga su nalga muy dura, sino que te duele en el alma, en el corazón pegarle.

 

Ahorita ya no le pego porque ya está más alto que yo y se va a querer aventar un tiro conmigo ¿no? Ya está más grande que yo, pero la verdad es que casi no les pegué, les habré pegado poco, son bien portaditos mis hijos. La verdad es que siempre hay que guiarlos, siempre hay que corregirlos porque si no corriges, siempre van a estar haciendo lo mismo. El Señor hace lo mismo con nosotros, nos corrige para no estar haciendo las mismas tonterías que siempre venimos haciendo, o al menos lo digo en mi persona.

 

En mi persona el Señor sí me ha tratado luego así como con mano dura, y le digo: ah Señor pero si yo te quiero mucho, ¿por qué me tratas así? Y el Señor me dice: porque yo también te quiero mucho, por eso te trato así, porque no quiero que seas un chamaco, un chiquillo, un niño en la fe. Quiero que seas un hombre, un varón responsable de tu fe, responsable de tu familia, responsable de las cosas que haces. Y digo: Está bien, gloria a Dios que me tratas así Señor, pero no tanto.

 

Santiago 1:4  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. 

 

Esto nos habla de que ya que alcanzamos la paciencia, debemos de tener una madurez espiritual para ser perfectos y cabales. Y yo dije: Ah qué chido, voy a tener esta madurez espiritual y voy a ser perfecto y cabal, ¡gloria a Dios! Sí, pero ¿qué es perfecto y cabal? Vamos a ver la definición de perfecto. Perfecto dice que es completo, correcto, pacífico, sano, saludable, maduro, completamente crecido, plenamente desarrollado y que alcanzó su propósito.

 

Y entonces dije: Ah Señor, entonces lo que tú quieres cuando yo ya pase esta prueba, tenga fe y tenga paciencia; que yo sea un hombre completo, que sea una persona que sea correcta, que yo sea pacífico, que sea sano, que sea yo saludable, que sea maduro, que tenga un crecimiento completo  que esté plenamente desarrollado, y que yo haya alcanzado el propósito que tú tienes en mi vida.

 

Y dije: bueno desarrollado, ya me estoy desarrollando ¿no? pero para los lados. Pero dije: o sea, creo que me faltan muchas de estas cosas y yo creo que es por eso es que me estás poniendo en muchas de estas pruebas. Porque recuerda que dice esta palabra que vamos a tener varias pruebas ¿no? Dice: diversas pruebas, muchas pruebas. La vida se trata de pruebas, nunca se acaban las pruebas, siempre las tenemos.


Cuando pasamos una, decimos: ah ya la pasé. Pero ya viene la otra atrás diferente o igual no sé, pero siempre vienen pruebas, siempre van a venir pruebas. ¿Sabes? Yo creo que la vida de un cristiano es pruebas ¿no? Si podría definir cristiano, podríamos decir que somos pruebas, porque siempre nos está probando el Señor, siempre estamos continuamente en pruebas. Y cuando yo creo que ya crecí espiritualmente porque ya pasé esta prueba, ¡pum! Viene otra ¿no? Y a lo mejor la estatura que alcancé es apenas un centímetro; y lo que el Señor quiere es que alcance la estatura de Jesucristo. Y bueno, ni a los talones le llegamos ¿no? Entonces si viene la prueba, chido.

 

Dice que cabal significa que es honrado, trabajador, justo, íntegro, exacto, completo. Entonces aparte de ser correcto, pacífico, sano, saludable, maduro, completamente crecido, completamente desarrollado y alcancé mi propósito; ¿todavía tengo que ser honrado, trabajador, justo, íntegro, exacto y completo? Sí. Y dije: no Señor ya te estás manchando. ¿Tengo que tener todas estas cosas? Y me dijo: pues si alcanzas todas estas cosas ya no hay prueba.

 

Y dije: uy, creo que me faltan muchísimas, creo que todavía no alcanzo, pues sí a lo mejor tengo un poco de saludable, tengo un poco de correcto, mucho de pacífico, pero no he alcanzado la perfección. Y creo que todavía no soy tan cabal en la fe como debería de ser. Y es ahí donde me di cuenta que me falta muchísimo para aprender.

 

Fíjate que esto nos ayuda precisamente para que en cualquier situación que tengamos en la vida, la podamos enfrentar sin ningún problema, sin ninguna bronca. Porque sabemos que estamos luchando con situaciones diferentes pero el que está luchando primero, antes que nosotros, es el Señor. Él es el que ya nos dio la victoria.

 

Pero ¿sabes? A veces la victoria no la queremos agarrar, porque a veces nos da miedo tomar la decisión, ya no tanto de luchar sino de ponerte en la batalla. Hay veces que no luchamos porque el Señor ¿ya peleó, ya venció no? Es ponernos nada más en la batalla, ya la ganamos pero si no vas a la batalla, pues la ganaron aquellos que fueron a la batalla, si tú no has ido a la batalla tú no la ganaste, así son las cosas.

 

Deuteronomio 3:22 No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros.

 

O sea, ¿yo no voy a pelear? ¿Quién dice que sí? ¿Quién dice que no? Ah nadie dice si sí o no, entonces dicen que quién sabe, ¿no? Pues no, la verdad es que yo no voy a pelear, el que pelea es el Señor. Yo me pongo en la batalla, recibiré uno, dos o tres cocolazos, sí. Pero el Señor es el que peleó, ¿y sabes qué? El Señor es el que ya la ganó. Y es como te decía, si no me pongo ahí en la batalla, pues no la gano yo, la ganaron aquellos que estuvieron en la batalla.

 

Es una situación diferente estar viendo la batalla desde lejos: híjole yo sé que pues en la iglesia hay muchas situaciones las cuales hay que arreglar, yo sé que la situación en la iglesia está crítica, pero mira yo me alejo ¿no? Acá desde lejitos para que no me toquen los cocolazos. Sé que a veces no hay para pagar la renta, pero no se preocupen hermanos, el Señor ya ganó la batalla ¿no?

 

Sé que a veces no viene alguien para los desayunos para servir, a la mejor está nada más una persona y se necesitan dos o tres; no se preocupen hermanos, yo desde aquí voy a orar para que el Señor mande a alguien, y no hacemos nada. Y es precisamente lo que el Señor quiere, a eso se refiere; sí, ya ganó la batalla, sí, pero ponte en medio de perdida ¿no? Que te cueste tantito, si no, no has ganado tú, ganaron aquellos que estuvieron en la batalla.


El día que tengamos esto ya tangible con los papeles, este predio, y decir: aquellos que ya pelearon esa batalla. Y que el Señor te diga: ¿y tú por qué no la peleaste? Por qué cuando había que ofrendar para la renta no ofrendaste, por qué te hiciste a un lado, por qué dejaste a unas cuantas persona hacer las cosas. Y el Señor habla de unidad, hace rato lo mencionaba el pastor. Tenemos que estar unidos, tenemos un mismo fin aquí, tenemos una misma fe, tenemos un solo Dios, somos un solo Cuerpo.

 

Pero a veces está así como, ¿conocen los Locos Adams? ¿Conocen a Dedos? A veces está así nada más la Iglesia ¿no? El Dedos ahí haciendo todas las cosas, y el demás cuerpo quién sabe  ¿no? Y a veces así actuamos como iglesia. ¿Se oye chistoso verdad? El Dedos. ¿A cuál iglesia vas? A la Dedos. ¡Qué feo!


El Señor nos habla de unidad, de ser un solo Cuerpo. El ser un solo cuerpo no es nada más alabar todos juntos. Es pasar juntos todas las pruebas, es tener la fe todos juntos, es el todos juntos tomar esa batalla, esa batalla que el Señor ya ganó, pero todos juntos. Es el trabajar todos juntos, es el ser completos todos juntos, es el ser correctos todos juntos, es el que todos estemos creciendo a la par, no que unos queden enanos y otros gigantes.

 

Es que todos maduremos y no queden unos niños como hombrecitos, mujercitas, enanitos y otros crezcan gigantes. Esa es la unidad, y eso es lo que el Señor quiere que hagamos como Iglesia. Lo que hace falta para que se den muchas cosas, es que toda la fe de todos nosotros esté unida, es que pasemos juntos todas las pruebas, y que no dejemos solos a unas cuantas personas pasar estas pruebas.

 

Yo sé que muchos de nosotros siempre estamos peleando o siempre están peleando, pero ¿sabes? También faltan algunos, o algunos muchos. Creo que es un bien tiempo de tomar las cosas como lo que somos, somos adultos, somos personas maduras. O ¿quién hace tonterías en su trabajo o en la escuela? Yo creo que nadie, yo creo que todos hacemos lo mejor que podemos, ¿por qué no lo hacemos en la iglesia?

 

Por qué solo unos cuántos, por qué no  madurar, por qué si estamos en medio de la prueba no dejamos que el Señor actúe. Por qué no ponemos esa fe que se necesita como iglesia, como un cuerpo. No dejemos al Dedos, es un cuerpo completo. Necesitamos esa parte, yo creo que el Señor nos llama a la unidad, pero no solo para alabar y bien chido ¿no? Sino también para pasa todas las pruebas que hay ahorita en la iglesia, porque de que las hay, las hay.

 

Cuando estamos en esta prueba, es el momento indicado de probar nuestra fe, nuestra paciencia y nuestro gozo. Pero ¿qué crees? Que lo mejor de todo es cuando llega el poder de Dios en medio de esa prueba y en nuestras vidas. Como dice Nehemías 8:10b No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.

 

Entonces por eso es que dice el Señor que en medio de estas pruebas, tenemos que tener gozo. No te entristezcas cuando tengas una prueba, o a la mejor nada más al principio ¿no? Porque igual decir que no te entristezcas, que no estés triste; igual y sí lo vas a estar. Pero ¿sabes qué? Dice: no hay bronca, la fuerza de nuestro Dios debe de ser nuestro gozo. ¿Por qué? Porque sabemos que Dios es fuerte, Él es Poderoso, Él todo lo puede, todo lo sabe, nos libra de cualquier cosa. ¡Ese es nuestro gozo!

 

Ya ves cómo cuando entendiste que Dios es fuerte y que siempre está de nuestro lado, dices ¡Amén! Lo gritas, porque sabes que cualquier cosa que puede pasar en tu vida no hay bronca, la vas a pasar. Crees que alguna prueba, alguna cosa que tú tengas en tu vida ¿sea más grande que el Señor? Por supuesto que no, no hay nada más grande que Dios, no hay nada más fuerte que Dios, ni un ser ni una potestad, ¡nada! Menos un problema que tengamos nosotros en esta vida, ¡no lo hay! Cualquier situación que pueda pasar en tu vida, cualquier cosa yo te lo puedo asegurar porque dice la Biblia que Dios es más fuerte que cualquier cosa, porque es el Todopoderoso.

 

Santiago 1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

 

La sabiduría es algo divino, proviene de Dios. No es lo mismo ser sabio que ser inteligente. Porque conozco gente que es muy inteligente pero no es tan sabia. Y conozco gente bien sabía que no es tan inteligente. Hablando de esta palabra le decía a mi esposa Rosita, porque siempre está diciendo: no es que mi abuela decía, tal cosa ¿no? Y siempre sale con los refranes de la abuela ¿no? No, es que mi abuela decía. Y es que mi abuela decía. ¿Sabes? La abuela ni siquiera acabó el primero de primaria, no sé.

 

¿Crees que era muy inteligente la abuela? No, pero era bien sabía; a veces sí se equivocaba en algunas cosas pero, casi todo le atinaba a todas las cosas que decía la abuela de Rosa. Tenían sabiduría y la verdad es que la señora no sabía ni leer ni escribir, pero era una persona sabia, ¿qué chistoso no? Dios nos da la sabiduría, pero ¿qué crees? Esta sabiduría no te cae del cielo. No es como decirle: Ah Señor dame sabiduría. Y ¡Zaz! Te caiga. Debería de ser, un día voy a orar al Señor para que me caiga la sabiduría del cielo.

 

No es así, la sabiduría no cae del cielo. ¿Cómo es como nosotros obtenemos esa sabiduría? Cuando empiezas a leer la Biblia, este librito, algunos tienen un librote, pero es la Biblia; es cuando empiezas a tener sabiduría, cuando empiezas a leerlo. En la Biblia mi hermano, mi hermana está la sabiduría contenida de Dios, aquí, ábrela y empieza a salir sabiduría. Pero no solamente la leas, escudríñala, pídele al Señor sabiduría. Señor dame sabiduría. Sí lee el Salmo 107:1 Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia. Qué sabiduría tan grande. Y si empiezas a ver ¿por qué debes de alabar al Señor? Porque es bueno, porque su misericordia siempre es, empiezas a adquirir sabiduría. La sabiduría no te cae del cielo; la sabiduría te la da el Señor a través de su Palabra.

 

Sabiduría del Señor, si tú quieres ser sabio, si quieres que tu vida sea diferente, que actúes siempre correctamente, ser sabio, decir siempre las palabras correctas; ¡ponte a leer la Biblia! Dice que el pueblo de Dios se perdió por falta de conocimiento. Que no nos perdamos nosotros por falta de conocimiento, la tenemos a la mano la Biblia. Y si no tienes pues podemos pedir una y nos la pueden hasta regalar.

 

Dice que la Pablara de Dios es la sabiduría contenida aquí, y ésta va a hacer que podamos pasar esas pruebas con gozo. Porque si no la conocemos vamos a estar sufriendo y nada más teniendo trascabos, y trascabos, y quejándome y quejándome. Pero cuando conoces al Señor, cuando conoces cómo piensa, cómo actúa y qué es lo que quiere el Señor en tu vida, ¿sabes qué? Ya no te vas a estar quejando, ya todas las pruebas, ya todo el gozo vas a decir. Pues sí ya pues otra prueba, bueno, el Señor sabe por qué.

 

¿Y sabes qué? No te preocupes cuando pidas sabiduría al Señor, el Señor no te va a decir: ten una sola porción. Porque la Palabra dice que la da abundantemente y sin reproche. No te va a decir. Ah otra vez Rolando ¿estás pidiendo sabiduría? ¡No! Te va a decir: ¡qué bueno que pidas sabiduría! Eso es lo que quiero que aprendas, que seas sabio y no las tonterías que estás diciendo siempre.

 

La sabiduría de Dios no es la misma que la sabiduría del hombre. 1 Corintios 1:20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? ¿Por qué? Porque la sabiduría del hombre es locura. La otra vez estaba leyendo a Platón, la verdad me aburrió y ya no lo leí, porque hay cosas que ni siquiera se entienden ¿no? Porque hay como que leerle mucho, y entender; y todas estas cosas son como para risa, el Señor se ríe de esa sabiduría.

 

Porque a lo mejor entiende muchas cosas pero nunca entendió por qué los planetas, por qué la vida ¿no? A la mejor trata de cosas que pasan en la vida pero no la esencia, no el por qué. Y esa sabiduría no se compara a la sabiduría de Dios, porque Dios simplemente con hablar, se hacen las cosas. ¿Cómo lo hace? Ahora sí ¿no? Pues sepa Dios. Quién sabe cómo lo hace pero, Él siempre lo hace.

 

Una persona es sabia cuando sabe confrontar las cosas y actuar según la Biblia. Cuando las situaciones que enfrenta, son de acuerdo a la Palabra de Dios, cando los problemas se resuelven conforme y la voluntad de Dios, ¡esa es una persona sabia! Y no la persona atrabancada y que dice: ah pues esto debe de ser así. No, aguanta, ¿cómo dice Dios que deben ser las cosas, cómo debemos actuar en nuestra vida? ¿Cómo debo de pasar esta prueba? Léelo, aquí está todo.


Si estás pasando una prueba, hay que leer la Biblia mi hermano, hay que pedirle al Señor sabiduría para entenderla, para que nos revele lo que dice. Porque también luego la leemos de corrido y sin ponerle atención.
PablollamadoaserapóstoldeJesucristoporlavoluntaddeDiosyelhermanoSóstenes, alaiglesiadeDiosqueestáenCorinto. Y nada más le estás leyendo así, porque dices: ah es que voy atrasado en la lectura diaria. No, escudríñalo, ve lo que dice en verdad. A veces estamos sufriendo a lo tarugo, porque aquí en la Biblia está la solución de verdad.

 

Tener fe es lo contario a tener duda. Cuando dudamos es porque  no estamos aplicando nuestra fe, no estamos firmes en nuestra fe. Cuando dudamos somos como olas del mar.  

 

Santiago 1:6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.

 

¿Saben por qué se forman las olas del mar? Intensas investigaciones que estuve haciendo, dice que por el aire ¿no? Pega el aire en el mar, y se forman las olas. Mientras más aire, más olas. Por eso hay temporadas, un huracán, hay olas enormes. Cuando en verano o primavera que está bien tranquilo el aire, pues son olitas. Fíjate que las olas, porque esto mismo pasa en nuestra vida, y las olas es como inestabilidad ¿no? Oíamos la semana pasada de cómo los discípulos estaban: ay, nos hundimos Señor. Por las olas que había ¿no? Eso es inestabilidad, no estaban estables en la barca, se movían de un lado para otro.

 

Y a veces así estamos en nuestra vida, de un lado para otro, inestables, ¿por qué? Por las olas que pasan en nuestra vida. Mientras más pruebas tenemos, a veces somos más inestables porque pensamos: o estoy haciendo mal las cosas, o el Señor no me ama, o soy un pecador y el Señor ya me ha apartado de su gracia. ¡Y no es cierto! Esas olas en nuestras vidas precisamente lo escuchábamos la semana pasada, a veces estamos: ah Señor, despiértate, no ves que nos estamos hundiendo.

 

Y podemos decir: aguanten ni siquiera nos estamos hundiendo, ¿no? porque no se estaban hundiendo, o sea sentían que se estaban hundiendo pero en realidad no se estaban hundiendo. Y así es en nosotros. Hermano no te estás hundiendo, estás en pruebas. Unas olas a veces olitas así como las de Caleta y Caletilla, pero a veces como las del Revolcadero ¿no? Y así es nuestra vida, nuestra vida es como la de Acapulco, qué chido ¿no? A veces son olas grandes, a veces son olas chicas, y cuando vemos las olas chicas decimos: ah qué chida está mi vida. Y cuando está la ola grande: ah Señor ¿por qué estas cosas pasan? Pues para que madures, para que seas lo que el Señor de veras quiere de tu vida.

 

Santiago 1:7-8 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

 

No sé si conozcan a gente que dice: ah yo voy a ser un triunfador, voy a emprender tal cosa, voy a triunfar, yo soy un triunfador, Y cuando ve que no la hace, ¡ah soy un perdedor! Señor ¿por qué me hiciste un perdedor? No puedo hacer las cosas. Y somos inestables en lo que pensamos, porque si me va bien, soy chido y buena persona. Pero si me va mal, ah estoy quién sabe haciendo mal las cosas. ¡Y no es cierto!  Es una persona de doble ánimo y no podemos ser personas de doble ánimo.

 

Dice la Palabra de Dios que nuestra sí sea sí, y nuestro no sea no. Si somos hijos de Dios, somos hijos de Dios. Aquellos que son hijos del diablo, son hijos del diablo. Sí  o no; claro – oscuro; negro  - blanco; liso – rugoso; chino – lacio.  Pero así es ¿no? No podemos ser de doble ánimo. El doble ánimo ¿sabes qué va a ocasionar en tu vida? Que nunca vas a tener fe, nunca vas a pasar la prueba, nunca vas  a estar gozoso, siempre te vas a estar quejando, porque somos de doble ánimo: Si me va bien, qué chido; si me va mal, qué gacho. Y no es así.


Dice la Palabra de Dios que todo lo que pase en nuestra vida es bueno para nosotros, todo lo que pase en nuestra vida es bueno. A lo mejor lo que veas malo es bueno, es bueno lo que pasa. Ayer o antier, estábamos platicando con unos hermanos, y me acordaba yo de todas las cosas que me han pasado los últimos 4, 5 años; y les decía: Es que el Señor me ha tratado así como que medio mal ¿no? Yo recuerdo que tenía un trabajo y en ese trabajo no me iba así como wow, tan bien; pero ya estaba medio estable. Y un día me cambian el horario y me ponen en domingo, y no me gustó porque yo ya venía a la iglesia y todo.

 

Y le dije a mi esposa en esa ocasión: No ¿sabes qué? Yo voy a ir y les voy a decir que me cambien el horario porque pues llevaba buena métrica en este empelo, y vas a ver cómo me van a cambiar. Entonces fui ese día al trabajo y le dije a mi jefe. ¿Sabes qué? Quiero que me cambies el horario porque yo voy a una iglesia cristiana ves, y necesito estar ahí, o sea, ¿sí me entiendes no? Y me dijo este cuate: ¿sabes qué? Tienes buenas métricas y todo pero ya sabías que aquí tenías que rolar turnos, si te conviene bien, si no, no.

 

Y le dije: A ver, espérate, o sea ve lo que yo hago aquí, estoy haciendo bien mi trabajo. Pues sí, pero ahora tú dime, ¿qué es lo primordial para ti, qué es lo más importante para ti, tu familia a la que estás manteniendo de este empleo, la iglesia donde vas los domingos? Fácil, ¡pues la iglesia! Y me dijo: entonces fírmale aquí. Pues le firmo, y que le firmo y que me salgo yo, ya le firme, el Señor me va a ayudar. Saliendo así como de la puerta del edificio donde trabajaba, me puse a llorar y dije: qué tontería acabo de hacer, me acabo de quedar sin empleo. Señor me hubieras iluminado ¿no? Gracias a Dios al otro día ya tenía empleo.

 

Y han pasado cosa tras cosa, tras cosa en mi trabajo, porque últimamente he tenido como cinco trabajos como en cinco años; y no es que sea inestable, no es eso. Sino que yo desde un principio, el sueño de mi vida así como para mí en mi persona, siempre ha sido ser empresario, desde chiquillo. O sea, unos querían ser aviadores, algunos todavía son en el IMSS ¿no? Huachicoleros, y eso dice que están bien prendidos. Algunos soñaban con ser doctores, equis ¿no?

 

Yo soñaba con ser empresario no sé por qué, tal vez estaba medio loco, siempre he sido medio loco. Y me soñaba en una empresa así como en un mezzanine y así en una empresa grande, y yo así bien de tacuche y viendo a todos trabajar, y que salía de mi nave industrial y agarraba mi carrazo con chofer y me llevaba a mi casa. Eso es lo que yo soñaba siempre, medio loco, sí, pero la verdad es que el Señor me ha ido llevando a varios aspectos, y  ahora ya tengo mi empresa bien puesta. Digo: Chido, gloria a Dios.


Si yo me hubiera quedado en el empleo que tenía, yo te aseguro que nunca hubiera cumplido mi sueño, y el Señor me hubiera tenido ahí bien, pero a la mejor a mi sueño mediocre. El Señor cumple sueños, pero ¿sabes? Te mete en pruebas para ver si eres de veras o no eres de veras. Yo no digo que lo he alcanzado todo, aún siguen las pruebas en mí; pero es bien chido. ¿Sufro? Sí sufro, ¿Sufre mi familia? Sí sufre. Pero las pruebas en nuestra vida nos hacen cambiar, ser mejores personas, ser gente de fe, creerle al Señor, saber que el Señor tiene control de todo y de todos. Cualquier cosa que pueda estar pasando en tu vida, yo te aseguro mi hermano que lo vas a pasar, pero tienes que aplicar esa fe que no es fácil tenerla, de verdad que no es fácil, pero aplica tu fe.

 

La fe es como un músculo, que entre más la ejercites, mientras más fe tengas, más va a crecer. Atraviesa esa prueba con paciencia, aguanta tantito, aguanta ya va a pasar; todo depende también, o mucho depende de nosotros, de cómo estemos en esa prueba. ¿Te estás quejando en la prueba? ¿O te estás gozando con el Señor en la prueba? ¿Estás siendo paciente o estás apurando las cosas, o las estás haciendo a tu modo, porque el Señor a lo mejor no te escucha según tú?

 

¿Estamos siendo perfectos, estamos siendo cabales para pasar esa prueba? Todo eso lo está midiendo el Señor, tiene la métrica, nos está probando, quiere que crezcamos, que seamos mejores personas, mejores cristianos y no nada más en la iglesia, no nada más diciendo aleluya, sino ayudando a la gente que está allá afuera, a nuestro prójimo.

 

Ahora que he estado viendo las noticias de lo del incendio este en Hidalgo, y platicando con mi esposa, y decíamos: Híjole y ¿qué tal si había alguien que cree en Cristo ahí? No supo ser perfecto. Ay es que a lo mejor no tenía gasolina y pues ahí había, y pues fui por ella. Pero no era tuya, te la estabas robando, no fuiste íntegro, no fuiste legal, no alcanzaste el propósito que Dios tenía para tu vida. Y no sabes, te perdiste, a lo mejor fuiste 50 años a la iglesia, y a lo mejor 50 años levantando tus brazos, pero a final de cuentas no valió de nada, no pasó la prueba.

 

El Señor nos invita a ser diferentes, quiere forjar un carácter diferente en nosotros. El Señor permite estas pruebas en nuestra vida para que estemos firmes en sus promesas, porque hay muchas promesas en nuestra vida. Y si no se han cumplido a veces es por nuestra culpa, porque no hemos aplicado la fe, porque no hemos sido pacientes y hemos hecho las cosas como nosotros decimos y no como La Biblia dice. Porque pienso que mi sabiduría es más grande que la sabiduría del Señor, porque no hemos sido perfectos, porque no hemos sido cabales, porque en vez de gozarnos en la prueba nos estamos quejando.

 

Porque hemos sido gente de doble ánimo, porque somos como las olas del mar, de un lado para otro. Lo que el Señor quiere en este momento es que, veamos internamente que lo que nos está fallando. Si tú estás pasando una prueba mi hermano, ¡alégrate, gózate, dale gloria a Dios! En la prueba va a sacar lo mejor de ti siempre, siempre, gózate en tu prueba. Ten paciencia, el Señor lo va a arreglar todo. Sé sabio para soportar las cosas, sé sabio para salir de esa prueba.

 

La Biblia mi hermano, la sabiduría de Dios, aquí está, no la busques más allá. No está en Buda, no está en una canción por ahí que escuches. Aquí está la sabiduría de Dios en tu mano, a tu alcance, está en la Biblia. Tómala, léela, nos conviene todo esto, todo lo que está aquí. El Señor nos está invitando a tener gozo en las pruebas, a pasarlas con fe, con paciencia, y al hacerlo así seremos  perfectos, cabales, y poder ver todas las promesas cumplidas en tu vida y en mi vida, y en la vida como iglesia.

 

Señor en el nombre de Jesús te agradecemos por las pruebas que pasamos en nuestra vida. Sabemos Señor que las pruebas no son malas, que son buenas. Padre si he estado o hemos estado fallando en alguna cosa, por favor muéstranos Dios con tu sabiduría; queremos tener tu sabiduría no la sabiduría del mundo. Queremos entender cómo actúas y por qué lo  haces.  Padre yo me gozo en las pruebas que he tenido porque a través de ellas yo he visto tu poder, tu amor, tu fidelidad, y aun señor me has hecho crecer en la fe, crecer como tu hijo.

 

Padre no permitas que yo sea un enano en la fe, más que sea yo Señor n gigante para tu gloria y tu honra. Gracias Señor por estas pruebas que a veces pasan en nuestra vida, porque como dices tú: todo es para nuestro bien. Dios permite que la sabiduría tuya fluya en la iglesia, que haya una unidad para poder soportar toda prueba, para poderla pasar. Dios eres bueno y misericordioso, y te damos honra y gloria en el nombre de Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.