INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

CUENTA TU HISTORIA

 

Jesús Cano

 

 

 

Marcos 16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

 

Hoy vamos a hablar de evangelismo, porque sentimos que el Señor está dirigiendo las cosas hacia allá. Entonces vamos a hablar de evangelismo y vamos a hablar de unas cosas que no son evangelismo, pero que tal vez hacemos. Pero empecemos aquí en Marcos 16:15. Está Jesús con los discípulos, los 11; y les dice: Vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas.

 

La palabra evangelio, el mensaje de Jesús dice esta palabra, evangelio tiene que ver con un buen mensaje. Así es de sencillo el evangelio, el evangelio es simplemente un buen mensaje, el buen mensaje. No es tan rebuscado como luego lo queremos hacer, es más sencillo y a la mano de lo que muchas veces creemos, y la palabra predicar también.

 

¿Han notado que cada vez que pensamos que tenemos que evangelizar, nos dan como ataques de pánico? Y es como que sientes que el estómago se te aprieta, y dices. No, yo no. Y es como cuando alguien tiene que orar a la hora de la comida, ¿lo has notado? Te sientas con puros cristianos y alguien pregunta ¿alguien quiere orar? Y todos se quedan callados y viendo unos a otros, y empiezan a buscar al que va a orar. Y hasta que una persona así de pues yo. O si quieres regañar a alguien le dices: Ya, ¡ponte a orar!  Es súper raro ¿no?

 

Entonces con el evangelismo pasa así, les ha pasado que dicen: Vamos a hacer una campaña de evangelismo, y de repente toda la Iglesia el corazón se les aprieta, se les comprime; el estómago se les aprieta y empiezas a imaginar mil cosas en la cabeza, y la primera pregunta es ¿pero qué les voy a decir? La segunda es, ¿y si no me abren la puerta, qué voy a hacer?

 

Y empezamos a tener esta idea súper rara de qué es evangelizar. Y creemos que es llegar con alguien y darle el mensaje de Jesús, darle el mensaje de salvación y llevarlo a Cristo y que esa persona diga: Sí, creo en Jesús. Bueno pues eso no es, no es nada de eso. La intención es muy buena pero no, no es absolutamente nada de eso lo que tenemos que hacer.

 

Y agrupamos el evangelismo como una actividad especial que tenemos que hacer, y hacemos una cosa: si no estamos muy seguros decimos: ah es que yo no soy evangelista. Y hermanos vamos a evangelizar. Uy no, a mí Dios no me llamó a eso, yo soy más profético, yo no le hago al evangelismo; y hay otros que dicen: no, yo no sé cuál es mi don, yo no sé cuál es mi ministerio, entonces no, no.

 

Pero evangelismo no es, porque lo pensamos como el departamento de ventas del reino de los cielos, y el evangelismo no es el departamento de ventas del reino de los cielos. Pero es increíblemente sencillo y al alcance de todos.

 

Jesús está hablando aquí y le está hablando a sus discípulos, y les está diciendo: Vayan por todo el mundo y prediquen. Y esta palabra predicar que luego nos causa bastante problema, simplemente es la palabra proclamar. Es tan sencillo como proclamar, es ser un heraldo, alguien que se pone en un lugar y pregona cosas. ¿Ubican a los del centro que gritan como 20 mil cosas al mismo tiempo? Y tú preguntas, ¿qué vende? Y van como de cremas a toallas, y otras cosas en un minuto y tú preguntas ¿qué dijo? Y lo único que hace es estar parado gritando cosas, ¿ubican eso? ¡Eso es proclamar!

 

Y la única cosa que Jesús nos pide que hagamos, ¿qué crees que es? Proclamarlo, es tan sencillo como proclamarlo. Jesús está diciendo: vayan por el mundo y proclamen el buen mensaje. Así de sencillo. Pero vivimos en una sociedad que cada vez que pensamos en evangelismo, pensamos en ¿qué tengo que decirle a esta persona para que se dé cuenta que está mal, y termine haciendo una oración?

 

La oración no está en la Biblia, la oración del pecador esa que es como la Champions del que evangeliza; si no les gusta el futbol, la Champions es el torneo más increíble del mundo y el mejor es el Madrid, que hemos ganado 13.

 

Entonces cada vez que tú hablas con alguien lo primero que estás pensando es ¿qué le voy a decir para que diga esta oración? ¿Les ha pasado? Ubican ese momento que es como ¿qué le digo, qué le digo, qué le digo para que sepa que tiene que recibir a Jesús como su Señor y Salvador? Entonces ya como que le vendes esta cosa, y le dices: Bueno, para estar seguros tú y yo vamos a hacer una oración, repite después de mí. ¿Lo ubican?

 

Pero no hay ninguna parte en la Biblia que uno, que Jesús lo haya hecho. Y dos, ni los apóstoles lo hicieron, ninguno de ellos lo hizo. Es simplemente algo que nos inventamos nosotros para nosotros estar seguros que alguien recibió a Jesús; y tiene que ver todo con la confianza que nosotros ponemos en que nuestro trabajo está dando un fruto. Pero Jesús lo único que espera de ti y de mí es que hablemos el Evangelio.

 

Efesios 4:11, habla de los 5 ministerios. Muchas veces cuando nosotros decimos que no evangelizamos porque yo no soy evangelista; pero ¿qué crees? El publicar Evangelio es para todos, el evangelismo es un don, es un ministerio, y te voy a decir en dónde están las diferencias.  Y antes de ir a Efesios 4, te voy a contar una historia.

 

Como saben voy al gimnasio aunque no parezca, pero voy; y me gusta estar observando a la gente, soy de esa gente que está de mirón, y que llega alguien nuevo y dice: él no había venido. Un día mi hermana y yo creímos que un niño estaba engañado a su novia, y los dos dijimos: ¿pero por qué trae a sus novias al gimnasio? Y después descubrimos que eran gemelos. Y mi hermana y yo ya teníamos la historia de que el niño salía con dos niñas diferentes y además el descarado las llevaba a las dos a entrenar; hasta que me dijo mi entrenador: no, son gemelos. Y yo así de: ah, díganles que perdón.


Entonces yo soy esa persona, yo soy la persona que está viendo. Y ¿sabes cómo te puedes dar cuenta que alguien es nuevo en el gimnasio? Porque por lo general llevan playera de futbol de la selección mexicana, zapatos de futbol rápido, no sé por qué; y siempre van en pares uno más gordito que el otro, siempre, no falla. Y además sabes quién lleva más tiempo en el gimnasio, porque es el que está poniendo la rutina, siempre, y por lo general es el más gordito, porque pues gordito es fuerte ¿no? Nosotros no.

 

Entonces yo estaba ahí viendo acostado en la prensa, y estaba aquí el amigo de la playera de la selección mexicana, poniéndole la rutina ¿no? Y le decía. No, no lo estás haciendo mal, baja bien. No, no, cuenta. Y yo viendo, tal vez debería estar entrenando en lugar de estar viendo, estoy de acuerdo pero ese no es el punto. Pero están ahí y yo los estoy viendo, pasa se van a otro ejercicio y otra vez el amigo de la playera de la selección mexicana le empieza a decir: no, no, no ahora vamos a hacer esto, y tú bajas y subes, bajas  y subes.


Pero cuando tú lo empiezas a ver él se comporta, esta gente se comporta como si fueran entrenadores, pero lo único que tienen son 3 días más que la otra persona con la que están acompañando, nada más. No saben lo que están haciendo, no tienen idea, lo único que están seguros es que llevan 3 días más en el gimnasio y creen que le pueden dar consejo a la otra gente.

 

Pero hay gente que sí sabe, y hay gente que son los entrenadores, y no tienen que ir por la vida diciéndole a la gente cómo entrenar, ellos saben quiénes son. Por ejemplo en el gimnasio al que voy están vestidos de amarillo con negro, entonces cuando los ves pues ya les preguntas. Pero estas personas sí saben, estas personas estudiaron, estas personas se dedican a esto. Nuestro amigo de la playera de la selección mexicana, ¡no se dedica a eso!


Eso es más o menos con los dones y con los ministerios. No es lo mismo alguien que puede cambiar la llanta de su coche a un mecánico, ¿cierto? No es lo mismo alguien que estudió medicina a alguien que vio Doctor House. Si alguien que vio Doctor House te empieza a recetar, tienes un gran problema. O sea, si de verdad dejas que te aconseje alguien que vio las 10 temporadas de Doctor House y le crees, ¡tú tienes un gran problema no él!


Es como los que llegan con el doctor y le dicen: No, yo tengo… ¿Por qué? Ah es que lo vi en internet ¿no? No crean todo lo que ven en el internet; un día yo vi unos moretones y le dije a alguien: o te falta vitamina “C” o te vas a morir mañana, y todavía le dije: Espero que sea la vitamina “C”, si no, tenemos un problema.


El ministerio, este ministerio que habla Efesios 4:7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Y en el Versículo 11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros. ¿Quién los dio? Jesús. El pastor, el profeta, el apóstol, el evangelista, el maestro; ellos son el regalo de Dios a la Iglesia.

 

Te lo voy a poner de esta manera: 1 Corintios 14, habla sobre el don de profecía, y dice que el don de profecía es para todos. Dice que toda la iglesia debería profetizar, pero, no toda la iglesia son profetas, uno es el don, uno es como la cosa y por la cosa puedes profetizar; el otro es la persona. ¿Tiene sentido lo que les acabo de decir? Uno es el Espíritu Santo en el caso de la profecía, te da el don de profecía pero no te habilita como profeta, es Jesús el que te llama a ser profeta. Y son realidades totalmente diferentes la una de la otra.

 

 

¿Qué es lo primero que alguien necesita saber o tener para saber si es por ejemplo pastor, maestro, cualquiera de esas? ¡Un llamado, que Jesús lo llame! Esto no se trata del buen corazón, no se trata de ah yo creo que soy esto; por lo tanto lo voy a hacer. Yo puedo creer que soy jugador del Real Madrid, y no me van a dejar entrenar, y puedo llegar y decirle: sí, yo quiero el club, yo soy socio madridista. Me van a decir: no, tú no estás en la plantilla. ¿Por qué? Porque el presidente no te contrató. Ok, perdóneme.

 

Y es lo mismo en este caso, con el don de profecía el Espíritu Santo te lo da, el don viene de parte del Espíritu Santo; pero el ministerio profético o el ministerio de evangelista, viene de parte de Jesús. Son un regalo de Jesús para la iglesia, ¿para qué? Para la perfección de los santos, para tu perfección, para que tú puedas trabajar en el ministerio. Es el trabajo de los 5 ministerios capacitarte a ti para que tú puedas servir en el reino de los cielos.

 

Y hablando ahorita de profecía, es lo mismo con el evangelista. Jesús les dijo a todos: Vayan y publiquen el evangelio; pero no a todos nos hizo evangelistas. Todos tenemos esta responsabilidad de hablar lo que Jesús hizo, pero no todos estamos llamados a ser evangelistas. Entonces esta parte de Yo no lo hago porque no soy; no es válido. No es válido porque todos lo tenemos que hacer sin importar si fuiste llamado para una cosa o para otra.

 

Y entendiendo esta diferencia es lo que podemos hacer, porque muchas veces es ¿pero qué hago, qué le digo? ¿Cómo le digo a esta persona que un día se va a morir? Hay gente que usa la Ley para decirle a la gente como ¡arrepiéntete!

 

Mateo 1:21, está el ángel Gabriel hablando con María y le dice: Y tendrás un niño, y le pondrás por nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Un error muy común cuando pensamos en evangelismo es que lo único que nosotros relacionamos con la palabra salvar, es irnos al cielo. Y es súper difícil decirle a alguien: oye acepta a Jesús para que te vayas al cielo. Y te dice: ajá, ¿y en la tierra? Además yo no sé si hay un cielo.  Es como punto para el inconverso.

 

Cuando tú y yo entendemos solo la palabra salvación como ir al cielo, vamos a predicar un mensaje incompleto. Porque la palabra salvación y esa palabra que está usando ahí y aparece unas 110 veces en el Nuevo Testamento, es la palabra Souzo. Y el Espíritu Santo y la Biblia usa varias palabras en griego para referirse por ejemplo a sanidad, para referirse a liberación, para referirse a salvación; pero esta palabra cada vez que habla de que Jesús hizo algo y de que Jesús iba a traer usa la palabra Souzo.

 

Y tiene que ver con no solo ir al cielo, pero también con la restauración en la tierra de todas las cosas. Esa palabra de salvación tiene que ver con que tú estés bien, con no solo ser librado del infierno pero también de todos los males que tú y yo vivimos en la Tierra. ¿Te das cuenta cómo el evangelio ahí cambia totalmente? Porque ya no solo es decirle a alguien: Oye, un día te vas a morir, un día vas a ir al cielo. ¿Qué es válido? Claro. ¿Es parte de? Claro.

 

Pero Jesús no solo vino a la Tierra para llevarte un día al cielo, Jesús vino a la Tierra para que tú puedas traer el cielo a la Tierra. Por eso Jesús ora de la manera que ora, por eso Jesús cuando le dicen enséñanos a orar, Jesús dice: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

 

Estábamos hablando el otro día en el grupo de intercesión y les decía: lo mejor que le puede pasar a un cristiano es que lo ahoguen a la hora de su bautizo. De verdad, si te ahogan ya la hiciste. Lo mejor que le puede pasar a un cristiano es que a la hora que lo bautizan, se le vaya la onda al que lo está bautizando y lo deje ahí, y ya, porque pues es salvo. Se quita de problemas, se quita de sufrimientos, se quita de todo.

 

Pero ¿qué crees? Que a todos nos sacan, que a todos cuando nos bautizan nos meten al agua, y salimos jalando aire; y empieza el problema, tener que vivir en la Tierra. Y la consolación no puede ser de: pero un día vas a ir al cielo. ¿Sabes por qué no? Porque Jesús oró diferente, porque Jesús oró que venga el reino a la Tierra, que se haga la voluntad en la Tierra como se hace en el cielo; es que la Tierra simplemente sea una réplica del cielo.

 

Ese es el corazón de Jesús, y si nosotros predicamos solamente un Evangelio en donde te digo: un día vas a ir al cielo. Ah sí pero tienes un montón de problemas en la Tierra, lo siento. ¡No es lo que Jesús dijo, no es lo que Jesús hizo! Y la salvación la necesitamos entender como esta salvación en las tres partes de nuestra vida, en el espíritu, en el alma y en el cuerpo. Jesús quiere que tú estés completo en espíritu, alma y cuerpo. Ese es el mensaje que tú y yo decimos. No solo es un día vas a ir; es: mira, pero ves esto, puede ser diferente.

 

Romanos 10:13 Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

 

Porque el que clamare al nombre de Jesús será salvo, el que clamare al nombre de Jesús será Souzo. Eso quiere decir que cualquiera que clame al nombre de Jesús puede experimentar salvación. Lo que tú y yo esperamos cuando tú y yo compartimos el Evangelio, el evangelio viene del discipulado, y viene del Espíritu Santo haciendo su trabajo.

 

Uno de los problemas del evangelismo de como Jesús lo hacía, es que después de que Jesús anunciaba el reino no hacía nada más. ¿Se han dado cuenta de eso? Venía, hablaba, sanaba gente, ¿y qué es lo que Jesús hacía? ¡Se iba! En nuestra cultura y en la Iglesia moderna, ¿qué es lo que haríamos? Ah pues tomamos nombres para poder dar seguimiento, es ¿te puedo hablar? ¿Tienes whatsapp, email? Ok, yo te mando un mensaje, ven a mi iglesia.

 

Y las iglesias empiezan a pelearse; hubo 50 salvos, ¿cómo los vamos a repartir? Como si la gente fuera una especie de cosa ¿no? ¿Cómo vamos a repartir a los salvos? ¿Se imaginan a los apóstoles haciendo eso? Pedro sentado con Juan y diciendo: ¿cómo los vamos a repartir Juan? ¿Quién le toca a quién? De los 3 mil, ¿cuántos para tu iglesia y cuántos para la mía? ¡Eso no pasó! El evangelismo, el hablar el Evangelio solo requiere esto: Jesús puede hacer esto, Jesús es esto.

 

¿Ubican la historia de Jesús y la mujer samaritana? Jesús está en un pozo, (cada vez que veas a Jesús en un pozo, huye; está a punto de hacer algo que no veías venir). Está Jesús en el pozo y se acerca a una mujer y Jesús le dice: Dame de beber. Y la mujer le dice: pues tú eres judío, ¿cómo me pides a mí? Qué no ves que no somos amigos. Es como: no ves que tú eres del América y yo de la Chivas; o cualquier equipo que te guste, es: no me puedes pedir esto.

 

Y Jesús le dice: uh, si supieras quién te lo está pidiendo, tú me pedirías a mí. Porque el agua que yo tengo, nunca más a volver a tener sed. Y la mujer así de: ah, pues dame. Y Jesús en ese momento usa una palabra de Conocimiento y le dice: Ustedes creen que adoran en un monte, pero no es ahí.

 

Y empiezan a hablar y Jesús termina en este punto y le dice: ahora ve y dile a tu esposo. Y le dice la mujer: ah no tengo esposo. Y Jesús así de: Sí sabía. Y le dice: has estado casada 5 veces y con el que vives no es tu esposo. Y la mujer así de: ¡Creo que eres un profeta!  Entonces la mujer se va toda emocionada a la aldea y les dice: Acabo de encontrar a un hombre en el pozo que me dijo mi vida. Y todos así de: ¿Qué?  Sí, me dijo que he tenido 5 esposos y con el que vivo no es mi esposo.

 

¿Te imaginas la emoción de la mujer para ir a contar básicamente lo que ocultaba de todos, o lo que no era lo más maravilloso de su vida? Dice: me habló este hombre y me dijo toda mi vida. Y el acto siguiente es que todo mundo le dice a Jesús: ¡entra a la aldea! Jesús se queda afuera esperando comer, llegan los discípulos y le dicen: ¿Quieres comer? Jesús otra vez dice algo que no entendemos, como mi carne es hacer la voluntad del Padre. ¿Pescado o no? No es tan complicado.

 

Jesús vuelve a ser Jesús y llega la mujer, le habla a toda la aldea y Jesús empieza a hacer milagros y a hacer señales y a hacer prodigios. Y dice la Biblia que Jesús se quedó ahí varios días haciendo milagros y profetizándole a la gente. Ah tú, boom. Revelando lo que el Padre pensaba de ellos, no lo que la ley pensaba de ellos. Y una mujer que parecía que no tenía absolutamente nada, se vuelve una de las primeras evangelistas en la Biblia, porque lo único que va y dice es: este hombre hizo esto en mi vida.


No sabía más la mujer, no tenía más teología y no podía decir. No es que todo eso que los judíos creían es este hombre. Ella dijo: Es el Mesías, y me dijo lo que nadie más sabía de mí. Y si seguimos leyendo en  Juan 4, al final le dicen a Jesús: Y todos le dicen a Jesús: Ahora creemos no por lo que ella dice, sino por lo que tú nos dijiste.

 

Cuando nosotros hablamos a Jesús, lo único que estamos haciendo es posicionar a la gente para que ellos tengan un encuentro con Jesús, porque lo que cambia vidas no se trata de lo que yo digo, sino se trata del encuentro que la gente tiene con Jesús.

 

Romanos 10:14-15 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?  

 

Y después cita a Isaías 53 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? Y después de eso dice: ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Pero ¿quién es el brazo de Dios? ¿Quién es éste? El Antiguo Testamento dice: ¿cuántos han creído este anuncio? ¿Quién es este? Es un varón de dolores, experimentado en dolores, rechazado; él llevó nuestras enfermedades, él llevó nuestras dolencias, él levó nuestras carencias. Dice: por sus llagas yo fui sanado. Y además dice: Y mi paz está sobre él.

 

Imagínate que tú pudieras decirles a la gente que tú conoces, y a la gente que tú amas que hay más paz de la que ellos están experimentando. Vivimos en un mundo en donde lo menos que tenemos es paz. Imagínate si tú pudieras llegar con un mensaje y decirle a la gente: Hey, yo conozco a ese Hombre. Y mientras el Antiguo Testamento dice: éste se va a ver así. El Nuevo Testamento dice: Es él en el que ya lo tenemos.

 

Imagínate que tú pudieras llegar con alguien y poderte relacionar con lo que están viviendo y decirle: ¿sabes? Jesús hizo esto por mí; no mi iglesia, no el pastor de mi Iglesia, sino Jesús hizo esto por mí. Porque tú y yo, y todos los que estamos aquí tenemos un testimonio, y no solo de cómo nos hicimos cristianos sino de las cosas que Jesús va haciendo todos los días. Cómo nos va llevando de un punto a otro.


Como les dije hace unos días, los últimos seis meses para mí fueron horribles; y tuve que levantarme todos los días sabiendo que no quería vivir, y tuve que enfrentar a la muerte todos los días. ¿Estoy orgulloso de eso? No. Pero ¿sabes qué me fascina? Poder ver a la gente que pasa por lo mismo que yo, y decirle: Hey, yo conozco eso, yo conozco la desesperación de no querer vivir.

 

¿Y sabes a quién encontré? A un hombre en la cruz, que ese día en la cruz llevó todas mis dolencias, que por su día en la cruz yo puedo ser sano hoy.  Que por su día en la cruz yo puedo ver más allá. Que por su día en la cruz y lo que Él hizo en la cruz tú no tienes que vivir con pánico todos los días. Tú no tienes que vivir con ansiedades todos los días.

 

Que tal vez ahorita las cosas no se ven como quieres. ¡Lo sé! Pero ese Hombre se encarga de darte, ese Hombre prospera, ese hombre provee, ese Hombre sana. Imagina que tú pudieras decirles a todas las personas todos los milagros que tú has visto. Que alguien te diga: estoy lidiando con cáncer, y le digas. Yo he visto a Jesús sanar el cáncer.  Que alguien te diga. Creo que no hay esperanza para esto. Y tú le puedas decir: ¡Sí, sí hay esperanza, y es Jesús!

 

Eso es lo que tenemos que hacer, no se trata del proceso de ¿cómo le voy a decir que venga a mi iglesia? ¿Cómo le voy a decir a esta persona qué, cómo la guío a Jesús? Es más, no dice eso nunca en la Biblia, no dice de alguien que llevó a Jesús a alguien. Imagínate que le pudieras decir a una persona: Sí, Jesús hace todo esto dice Romanos 2, que lo que nos lleva a arrepentirnos es la bondad de Dios.

 

Muchas veces creemos que si la persona se da cuenta de lo mala que es, de cómo ha fallado en la vida, de la falta de esperanza que tiene; que si se da cuenta de todo lo que hace mal, en ese momento va a voltear y nos va a decir: Sí, necesito a Jesús. Pero ¿sabes en qué momento eso pasa? Cuando tú puedes ver hacia adentro y dices. Ok, esto soy yo, pero a pesar de eso Él me ama; a pesar de eso, Él sigue siendo bueno conmigo.

 

En ese momento es cuando encontramos la bondad de Jesús y entendemos el arrepentimiento y decimos: ya no quiero esto. Y el único que lo puede hacer es Espíritu Santo. El único que puede convencer a alguien de pecado es Espíritu Santo, no juzgarlo, no condenarlo. La condenación te separa, cuando Espíritu Santo te convence de pecado, te acercas hacia Él. Cuando algo te condena te aleja, pero Espíritu Santo es: ok, estás sucio, ven, yo lo arreglo, porque yo puedo hacerlo.

 

Mientras la condenación te pone lejos de Dios, Espíritu Santo te acerca hacia Él. Mientras la sangre de Abel clamaba por venganza; la sangre de Jesús clama por redención. Mientras en la ley la sangre clamaba para que hubiera venganza y las cosas estuvieran parejas; la sangre de Jesús clama redención y clama acercarnos a Él.


Cuando tú y yo predicamos el Evangelio, no se trata de algo que vamos a salir todos y vamos a hacerlo en un lugar. Se trata cuando tú encuentras a cada persona que te rodea, a las personas con las que vives y les dices. ¡Esto hizo Jesús! Y ya, ves que es muy sencillo. No se trata de: mira, te voy a decir, y ¿cómo te digo que aceptes a Jesús para no ser pecador? No, es esto hizo Jesús y listo. Y cuando tú hablas el mensaje de Jesús, cuando tú hablas a Jesús, en ese momento estás haciendo lo que él te pidió. No es tan difícil como lo queremos hacer o como lo hacemos.

 

Dice Romanos 10,  se los voy a traducir porque encontré una versión de la Biblia que me gusta demasiado, se llama The Passion Translation, Romanos 10:13 Dice que la Palabra de Dios está dentro de nosotros, y cita a Moisés y dice: no tienes que ir ni muy alto ni muy bajo, está dentro de ti. Lo que Moisés anhelaba, lo que Moisés añoraba como para que todos lo viviéramos, en el Nuevo Testamente es exactamente posible.

 

En el Nuevo Testamento no necesitas qué hacer y qué no hacer muy fácil, porque Espíritu Santo vive dentro de ti y te va guiando y dirige cada uno de tus pasos. No necesitas ir a: ok, entonces ¿esto es pecado o no es pecado? Es hacia adentro, es hacia Espíritu Santo. Espíritu Santo revela las cosas, y como dijo Jesús Espíritu Santo revela qué tienes qué hablar, en el momento que tienes que hablar.

 

Muchas veces he escuchado a gente decir: Es que no sé mucho, es que y si me preguntan, ¿qué les digo? Bueno, un día Jesús dijo: No se preocupen cuando estén enfrente de reyes, y no se preocupen lo que tienen que hablar porque cuando estén ahí, Espíritu Santo les va a revelar lo que yo ya les dije.  ¡Es maravilloso! Es maravilloso que tú y yo no tengamos que estar buscando qué hacer o qué decir, porque simplemente es escuchar lo que Espíritu Santo está diciendo, y caminar junto con él.

 

Se trata simplemente de ¿qué estás haciendo? Jesús dijo esto: yo todo lo que hago lo hago porque vi a mi Padre hacerlo. Yo todo lo que digo es porque yo ya lo escuché de mi Padre. Cuando Jesús está en Samaria, Jesús cuando está hablando con los discípulos y les dice: mi comida es hacer la voluntad del Padre. Y les dice: ¿cómo ustedes pueden entender el cielo y ven el campo y dicen está listo para la siega? Y Jesús les dice. Yo les digo que el campo está listo para la cosecha, es alza tus ojos nada más.

 

¿Te ha pasado que no sabes cómo hablarle a alguien, que no sabes qué decirle? La semana pasada Beto decía algo en lo que hablaba de las generaciones, que por cierto según él yo soy de la generación frustrada, tal vez sí pero; Beto estaba hablando de esto y decía que los niños ya no van a querer religión. ¿Sabes qué? Ni Jesús quería religión, la religión es horrible, es asquerosa, la religión es lo peor que le pudo haber pasado a este mundo.

 

Jesús no vino a instaurar una religión, Jesús vino a dar vida. Jesús vino a hacer una relación de nosotros con el Padre, con Espíritu Santo. La gente no quiere religión, los ateos no quieren religión; pero ¿saben qué no se pueden negar nunca? Diles que si les puedes dar una palabra profética. Un ateo nunca se ha negado a una palabra profética, nunca he experimentado a un musulmán que me diga: no, no me profetices. Es la onda, es la onda, hemos ido de no, no, yo no creo en tu Dios. Bueno, ven te voy a decir algo. Y termine y te diga: ¿cómo sabes eso?

 

¿Por qué? Porque la gente está buscando lo espiritual. Todos nosotros anhelamos lo espiritual; ¿por qué creen que hay tanto club de yoga y cosas así en la Condesa? Porque el ser humano anhela lo espiritual, la religión no es espiritual, ¡pero Jesús sí lo es! Y cuando tú y yo llegamos a este punto y no sabemos qué decirle a alguien, ¿sabes qué es lo más fácil? ¿Qué está pasando en el cielo? Es cierras los ojos, ves al cielo, y vuelves a bajar la vista porque en ese momento, en ese transcurso de elevar los ojos y ver qué está haciendo el cielo y bajarlo, el campo está listo para la cosecha.

 

 

Porque no se trata y no  es lo mismo para todas las personas, no es lo mismo cómo le vas a hablar a una persona, que le vas a hablar a otra. Pero en el momento en que te recargas en Espíritu Santo, en el momento en que empiezas a ver lo que el cielo está haciendo y es: puf, va a ser exactamente lo mismo que Jesús hizo en ese pozo. La mujer no necesitaba agua, la mujer necesitaba que le dijeran que valía la pena.

 

La mujer necesitaba llegar y decirle a toda la comunidad: ¿se acuerdan que ha habido 6 hombres en mi vida? Ok, ya conocí al séptimo y es maravilloso, y me cambió la vida. ¿Desde hace cuánto lo conoces? Dos horas. Es, ¿qué te dijo? ¡Toda mi vida! Y me dijo todo lo que nadie me había dicho: que valía la pena, que era algo más.  Imagínate cómo se vería cada persona que tú te encuentras, en el momento que tú hablas lo que Jesús dice de ellos.

 

Estaba en España, estaba en Tarifa, y había una niña con la que me llevé muy bien, creo que tenía 6 años, se llama Bárbara. Y desde que llegamos se hizo mi amiga, no sé por qué, y me puse a jugar con ella, y nos pusimos a cotorrear, y muy padre. Y de la nada pasó un hombre y me dijo: Ven, voy a hablar contigo. Y yo dije: ¿qué pasó? Y me dijo: Esa niña es mi hija. Y le dije: ah, muy bien. Y me dijo: esa niña no habla con nadie. Y yo: ¿Qué?  Me dijo: habla solo con la familia y con su sicólogo, va al sicólogo una vez a la semana; una niña de 6 años.

 

Y le dije: ¿Por? Y me dijo: entonces no sé qué tienen, pero está hablando contigo, gracias. Dije: ok. Y después me empezó a contar su vida, y me dijo que estaba teniendo problemas con su esposa, que se estaban separando y que acababa de salir de la cárcel, o quién sabe de dónde; y que tomaba medicinas porque había consumido tanta droga que si no tomaba medicinas no podía pensar bien. Y me empezó a decir todo eso.

 

Y en eso sentí que Espíritu Santo me decía: Dile que vale la pena. Y le dije las palabras más sencillas del mundo, y le dije: ¿Sabes? Eres un gran hombre, ¡vales la pena!  Y me dijo: mi esposa no piensa eso. Y le dije: ¡Pero Dios sí! Y se le pusieron los ojos rojos y se fue. No tengo idea si está en una iglesia o no, pero ese no es el punto, el punto es que respondí correctamente a lo que el Padre decía. El punto es que una persona que toda su vida le habían dicho que no valía la pena, escuchó de Dios que sí vales la pena.

 

Porque nuestro trabajo no es llevar a alguien al cielo, para eso tenemos a Jesús, para eso tenemos a Espíritu Santo; lo único que tenemos qué hacer, es hablar el mensaje y hablar por el que no lo pueden escuchar. Tú tienes una historia, tú tienes algo que ha pasado en tu vida, tú tienes una historia en donde puedes decir: esto ha hecho Jesús por mí, sé que lo puede hacer por ti.

 

Lucas 8, está Jesús en Gadara y lo recibe la atracción de la colonia, un joven desnudo. Se imaginan en qué punto vivían que ya a nadie le sorprendía que un joven estuviera desnudo, todo el día haciendo destrozos. Y tú así de: ah sí es el primo Juan, creo que es de familia. Se imaginan ese punto que es como, llega Jesús y sale corriendo el endemoniado y él dice: ¿Qué quieres conmigo Jesús? Y Jesús así como de: Apenas voy llegando. Y le dice este muchacho: ¿Por qué no me dejas en paz?

 

Y Jesús le dice: ¿Cómo te llamas? Dice: me llamo legión. Y le dice: Deja a este joven. Y en eso inmediatamente salen, corre a los puercos, se mueren, y el joven está como si nada. El joven está exactamente bien, en su juicio, vestido. Para una persona que vivía desnuda, imagínate de repente verlo vestido, debe ser una sorpresa. ¿Y éste, se vistió? ¿Qué está pasando? Ya no está desnudo. Y lo ve Jesús y este joven le dice: Déjame ir contigo. Una respuesta que todos tendríamos.

 

Imagínate que Jesús hace por ti, ¿quién no le diría a Jesús: déjame seguirte? Yo creo todos le diríamos a Jesús: Hey, yo voy contigo a donde vayas. ¿Y saben qué le dice Jesús? No, tú quédate, este juego es de 12, hacemos equipos de 6. Entonces llega este joven y le dice a Jesús: Déjame ir contigo. Y Jesús dice: no, quédate aquí y diles a todos lo que yo hice en tu vida.

 

Y el endemoniado se vuelve evangelista, y empieza a proclamar lo que Jesús hizo en su vida. Vaya testimonio de este joven, imagínense: Yo me la pasaba rompiendo cadenas, me aventaba al fuego, estaba desnudo, era yo; no me había rasurado, ahora estoy rasurado, vestido, sin romper nada. Y todo porque un Hombre me hizo libre, Jesús.

 

Tú tienes una historia, tú tienes algo que Jesús ha hecho en tu vida, y lo único que necesitas es hablarla. No te preocupes por qué le voy a decir a la gente para que haga la oración del pecador. ¡La oración del pecador no está en la Biblia, no tienes que hacerlo!

 

Un día estaba en el gimnasio y estaba haciendo pantorrilla, durísimo ¿no? Y me ardía horrible; y en eso se acerca mi coach y yo así de Ayyy. Me dice: ¿qué tienes? Ya no aguanto. Y me dice: ¿dónde te duele? Y le dije: Aquí. Y me contesta: Ah lo estás haciendo mal. Y yo así de ¿qué? Pero siempre lo hago así. Y me dice: sí pero lo estás haciendo mal. Lo único que estás haciendo es trabajar el ligamento no el músculo. Y yo: Ah, me hubieras dicho hace un año. Y yo entrene y entrene porque según yo estaba bien, porque me ardía ¿no? O sea, dije voy a terminar pantorrillas así de toro, ¡y pues no, no pasa!

 

Pero regresemos al tema, no tenemos que llevar a alguien a una oración, no tenemos que llevar a alguien a un punto en donde diga. Quiero seguir a Jesús o no quiero seguir a Jesús. No tenemos que llevar a alguien a un punto en donde esa persona tenga que decidir algo en sí Jesús vena  mi vida. Lo único que tenemos qué hacer es hablar de Jesús; es hablar del Hombre que por sus llagas ya somos sanos. Que mi paz reside en él; que fue destrozado por mí.

 

El Hombre que puede ahuyentar el temor, el Hombre que te dice: no tienes que vivir así; es muchísimo más fácil de lo que lo hemos estado intentando hacer. Y como soy de la generación frustrada, no me gusta frustrarme, entonces intento hacer cosas que me salgan.  No tenemos que impresionar a Dios, no va a haber nunca una lista de: ¿cuántos trajiste a Cristo? 100 mil. ¿Cuántos hicieron la oración? Un millón, ah pero solo llegaron 100 mil, ok, lo entiendo.


Se trata de que tú le puedas decir a la gente: éste es mi Jesús. Ésta es mi historia. Decirle a la gente: hey ¿te acuerdas cuando yo vivía en pánico? ¿Te acuerdas cómo me volvía loco de la nada? Bueno, Jesús hizo esto. Decirle a alguien: tu familia no se tiene que ver así, Jesús puede hacer algo. Las buenas nuevas no solo se trata de ir a salvar gente del infierno; de hecho no se trata de salvarlos del infierno sino de acercarlos al Padre.

 

Ese es el único trabajo que tenemos, el: Ve y proclama, ve y anuncia las buenas nuevas. No te preocupes por su reacción, no te preocupes por si van a ir o van a seguirse comportando igual. Nosotros respondemos hacia el Padre y hacia Jesús no hacia lo que la gente hace. El evangelismo primeramente es mi respuesta hacia Jesús, hacia el ve y haz, ya después es la gente. Pero primero es Jesús, así como todo en la vida primero es Jesús, todo parte de él, todo se desprende de él.

 

Estoy seguro que hay gente en tu familia que no es salva, estoy seguro que tal vez les has hablado, tal vez no, tal vez hay gente que conoces y amas mucho y no es salva, y te preocupan. Con esta niña Bárbara ya que me iba a ir me puse sentimental, y le dije: Señor ¿y ahora qué? Es, ya estuve aquí, ¿y ahora qué? ¿Quién se va a hacer cargo de la niña, quién se va a hacer cargo de su papá? Yo ya me voy.

 

Inmediatamente Jesús respondió y me dijo: ¿qué es lo que yo hacía? Y le dije: no tengo idea. ¿Qué es lo que yo hacía? No sé. ¿Qué es lo que hacía yo? Y le dije: llegabas y te ibas. Y me dijo: ¡Exacto! Me dijo: No te das cuenta que yo confiaba que Espíritu Santo iba a hacer el trabajo que tenía qué hacer, y que ya no se trataba de mí. Yo venía y anunciaba el reino, lo demás era trabajo de Espíritu Santo. Entonces dije: Ok, entonces haz tu trabajo Espíritu Santo, antes de que yo me ponga a llorar aquí.

 

Hay gente en tu vida, hay gente que te rodea que anhelas que llegue a Jesús, que vivan mejor. No solo se trata de ir al cielo, se trata del cielo en la tierra. Sanidad, liberación y salvación en espíritu, alma y cuerpo. Estoy seguro que hay gente que la ves y dices: qué horrible siento que no le pueda ir mejor. Todos las tenemos, todos hay gente que las vemos y decimos: ah.

 

¿Sabes? Ese sentimiento es totalmente Divino, la compasión no es humana, la compasión es Divina; la compasión no es un sentimiento humano, la compasión es un sentimiento Divino, procede siempre del Padre. Y toda esa gente si está cerca de ti es porque tú estás en un punto en donde puedes traer algo más a su vida. Y no se trata de llevarlos hacia un punto, ¿sabes de qué se trata? Simplemente háblales de Jesús, nada más. No te preocupes por ¿qué le voy a decir, cómo se lo voy a decir, en qué momento le hago la invitación? Simplemente habla de Jesús, habla de Jesús.


Si no te dejan hablar, ¿sabes qué puedes hacer? ¡Sánalos! 1 Tesalonicenses 1:5 Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder del Espíritu Santo. Si alguien no puede escuchar, puede experimentar. Pueden discutir con nuestra doctrina lo que sea, pero nunca nuestros milagros, nunca. Nunca pueden discutir cuando encuentran el amor de Jesús. Sólo habla de Jesús, no te preocupes por ¿hacia dónde, cómo le digo? No soy bueno para esto. ¡No, simplemente habla de Jesús!

 

Simplemente habla de lo que Jesús hizo, de lo que Jesús es, de lo que Jesús puede hacer, de lo que tú has visto a Jesús hacer. Lo único que tuvo que pasar en la mujer samaritana fue un encuentro con Jesús. Lo único que pasó con el joven gadareno fue un encuentro con Jesús, nada más. En ese momento empezaron a hablar de lo que era Jesús.

 

Romanos 10:14-15  ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? 

 

La salvación viene por el oír y nada más. Piensa en esas personas, piensa en la gente que te rodea, el mundo en el que te desenvuelves, no importa en el que sea, tal vez trabajas en una empresa, tal vez eres ama de casa, lo que sea que hagas piensa en eso. Tú eres la puerta para que la gente que te rodea pueda experimentar a Jesús. Tú eres la puerta para que gente que nunca escuchó de Jesús, escuche, para que escuchen el mensaje de salvación, para que escuchen las buenas nuevas.

 

Piensa en toda esa gente, y quiero desafiarte a que les hables de Jesús. Quiero desafiarte a que a la gente que te rodea, que ves y dices: uy ojalá sea salva; quiero desafiarte a que les hables de Jesús. No a que los invites a algún lugar, no a que los lleves a hacer una oración, no que los lleves a que confiesen algo; simplemente a que tú hables de Jesús. Tu jefe, tus vecinos, tus primos, tus amigos, quien sea; simplemente quiero desafiarte en eso.

 

El evangelismo simplemente es el desborde de nuestra adoración, es lo mismo pero lo que desborda de nuestra adoración se convierte en evangelismo. Es nuestra respuesta correcta a la presencia de Dios también. Y me gustaría además de desafiarte. Romanos dice: ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Te queremos enviar al lugar en donde te desenvuelves te queremos enviar. Creemos que todo empieza por ahí, en enviarlos, en activar.  

 

Y hoy queremos orar por ti y esa parte de activación, y en esa parte de imponer manos y enviarte hacia ese punto. Así que queremos orar por ti, queremos imponer las manos sobre ti y mandarte, queremos orar para que el Señor ponga momentos correctos y tú puedas ver lo que está pasando en el cielo, que haya palabras proféticas, que haya sanidades y prodigios. Pero el principio de proclamar es ser enviados, es la respuesta de: Sí, yo soy, y enviar a alguien.

 

Si tú quieres responderle a Jesús como hizo Isaías y dijo: Heme aquí, envíame a mí. Si tú quieres responderle a Jesús y decirle: Ok, si de lo único que me estás pidiendo e decir quién eres y todo lo que puedes hacer, ¡yo lo hago! Si quieres responderle que sí a Jesús, queremos orar por ti, y lo único que vamos a hacer es imponer las manos sobre ti y enviarte.

 

Padre estamos respondiendo en esta hora a ti: Sí, envíame a mí. Señor, si el problema es que no creen porque no hemos sido enviados, aquí estamos siendo enviados hacia lo que tú quieres. Padre, hablamos un mensaje correcto, hablamos un mensaje de poder, declaramos fuego en los corazones, en el nombre de Jesús que haya claridad en el testimonio, que haya claridad en las maravillas que has hecho en el nombre de Jesús.

 

Y Padre hablamos palabras proféticas, hablamos momentos correctos, palabras de conocimiento; Señor, que haya un encuentro con tu amor Jesús, que sean una puerta al cielo y un encuentro con Jesús ahora en el nombre de Jesús. Padre hablamos sanidades en la gente, hablamos liberación en la gente en el nombre de Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.