INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EL PODER DE TUS CREENCIAS

 

Fernando Cabrera

 

 

 

Hoy vamos a ver un tema que se llama el poder de tus creencias. ¿Hasta qué grado lo que nosotros creemos realmente nos lleva a ser lo que hoy somos? Lo que yo creo es en lo que finalmente me convierto. Tenemos un Dios bueno, y ¿sabes? Entre parte de ese proceso que estoy viviendo en mi vida, me he acostumbrado a creer y saber que tengo un Dios bueno. Pero no debe de ser para mí una costumbre el saber que tengo un Dios bueno, sencillo, porque entonces me acostumbraré a dejar de darle el valor que Él tiene.

 

¿Cuántos de aquí están conformes con lo que hoy son cada uno de ustedes? ¿Cuántos quieren ir más allá de lo que ahora son? Amén, creo que somos todos, queremos ir más allá de lo que ahora somos. Y yo creo que a eso es lo que llamamos estado de confort, un estado en donde me he atorado, en donde no puedo avanzar, un estado en donde ya me acostumbré a vivir esto, y creo que esto es lo que yo debo vivir.

 

Amado, las promesas de Dios son grandes para nosotros, son demasiado grandes. No las podemos contar como en el caso de Abraham no podía contar las estrellas del cielo, así de grande es la promesa para los hijos de Dios. Y no hemos alcanzado ni siquiera un pequeño porcentaje de todas las promesas que Dios tiene para nosotros. Todo está en qué es lo que yo creo, porque al final en eso que yo estoy creyendo es en lo que termino convirtiéndome.

 

En la profecía el Señor dijo: en tu boca siempre está el por qué.  Señor, ¿por qué, por qué a mí, por qué me pasa esto? Dios conoce nuestro corazón. Y la profeta dijo que el Señor sabe que nosotros constantemente decimos ¿por qué? Significa que nosotros no sabemos la respuesta. Estamos viviendo situaciones en nuestra vida y todavía no sabemos la respuesta.

 

El Señor también dijo: guarda silencio de los ruidos que hay dentro de ti. Deja de hacerle caso a esa voz que te está diciendo que no puedes, deja de darle prioridad a esa voz que te dice que no sirves para nada, o que no puedes avanzar, deja de hacerlo. Dice el Señor: Deja y guarda silencio de los ruidos que hay dentro de ti. 

 

También el Señor dijo: La semilla debe morir para verla crecer. Dice el Señor: tienes que morir a tus rencores, a tus odios, porque aunque yo te de promesas, tus ojos no podrán ver porque están llenos de lágrimas. Y mira, yo estaba poniendo demasiada atención en la profecía porque esto confirma lo que hoy vamos a ver, y yo le decía al Señor: Gracias porque esto confirma lo que sabes que hay en nuestro corazón.

 

Dijo el Señor también: Hay necios que aun creyendo siguen viviendo de manera equivocada. Aun creyendo, significa que en aquellos que creen, son personas que estamos aquí, que vivimos en el evangelio creyendo que somos libres, pero que viven de la misma manera. Dice el Señor: el único sacrificio que pudiste haber hecho es el creer, ese es el único sacrificio que pudiste haber hecho.

 

Y también agregó y dijo: Tu dolor es más grande que tu fe. Es impactante, el Señor nos conoce. Y yo ruego al Espíritu Santo que en esta hora el Señor se mueva con gran poder, que abra nuestros ojos. Pero, ¿sabes? Que nos lleve a esos niveles que Él quiere llevarnos ¿va? Que podamos salir de esa zona en la que actualmente nos encontramos, y que podemos ir escalando poco a poco. Pero se requiere algo bien importante para poder hacerlo: Reconocimiento de lo que somos, reconocimientos de quién es Dios, y reconocimiento que sin Él no podemos.

 

Marcos 9:14-29 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. 15Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron. 16Él les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? 17Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.

 

19Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo. 20Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. 21Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. 22Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.

 

23Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 24E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. 25Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 26Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. 27Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. 28Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? 29Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

 

Vemos aquí en esta historia de un hombre, un padre de familia preocupado por su hijo, en donde era atormentado por un demonio el cual lo azotaba, el cual lo hacía a este joven que echara espumarajos, crujía los dientes; estamos hablando aquí de una persona endemoniada total y absolutamente. Y nos damos cuenta que, yo creo que cuando muchos de nosotros tenemos alguna dificultad o algún problema con alguno de nuestros hijos, nos duele en gran manera, los que somos padres de familia ¿amén?

 

Nos duele en gran manera porque son nuestros hijos, porque son nuestra sangre, porque los hemos visto crecer, y qué triste es ver de repente correr a los niños de un lado para otro jugando, y que ese pequeño no pudiera hacer lo mismo. Que de repente estuviera en una situación endemoniada en donde él no era libre. ¿Se pueden imaginar los años de angustia de este padre de familia?

 

Cerca de la casa donde yo vivo, en la esquina hay un hombre que tiene a dos hijas; sus dos hijas lamentablemente están enfermas, algún problema de trastorno. Pero el señor siempre se ha dedicado a sus hijas. Con el paso de los años yo he visto como ha envejecido el señor, inclusive su cabello cano, sus facciones ya se ven de un anciano y me da mucha tristeza ver a este hombre.

 

Pero dentro de todo se ve el amor en sus ojos, el amor hacia sus hijas, como de repente las saca a pasear. Pese a su condición física él sale y pasea con ellas, ama a sus hijas, pese a la situación en la que ellas se encuentran. Pero está acabando con este hombre, se ve muy, muy deteriorado este hombre.  

 

Y puedo imaginarme a este hombre que nos narra la Biblia, ver el tormento para su hijo, no era sencillo y no era fácil. Una situación en donde podrían darle cualquier promesa pero no veía él una solución. Los médicos podrían decir alguna situación, tal vez un siquiatra podría darle alguna alternativa, sin embargo, era una alternativa que no iba a quitar de raíz la problemática, tal vez la controlaría, pero esta no era una situación e salud, ésta era una situación de un demonio y eso lo sabía también el padre de familia. Así que no lo iba a llevar a este joven a un médico siquiatra. Tenía que buscar al médico que liberara a este joven, y ese es médico de médicos es Jesucristo.

 

Entonces él dice que venía hacia Jesús, y se encontró con sus discípulos y les dijo a los discípulos que le ayudaran para que ese joven, su hijo fuera liberado. Había escuchado sobre los milagros de Jesús, y también sabía el poder que Jesús había delegado sobre sus discípulos. Como hoy en día cuando las cosas suceden y vemos como a través de algunas personas Dios hace las cosas, sin saber que todos tenemos esa misma autoridad porque es el mismo Espíritu que opera en líderes y también en hijos de Dios.


Pero entonces este hombre vino y dijo: yo sé que la autoridad que tiene Jesús está en ustedes. Así es que aquí está mi hijo y necesito que hagan algo porque él está endemoniado. Y dice, pero sin embargo ¿sabes? No pudieron. En eso estaban hablando cuando Jesús se acercó, y entonces este hombre nuevamente va a un segundo intento. El primer intento había fracasado, iba a un segundo intento.


Ahora, quiero que veas algo que es bien importante. Imagínate que ha visto milagros que están sucediendo a través de esos discípulos, pero de repente por alguna causa en su hijo no surge tal efecto. ¿Sabes? En la fe de ese hombre se veía quebrantada, se veía dañada. Si algo nos puede levantar de una situación en la que estamos, se llama fe, se llama creer.

 

Entonces necesitamos creer para que las cosas puedan hacer el efecto espiritual que estamos esperando. En este hombre en particular, esa parte estaba siendo afectada. Había visto que no había una oportunidad para su hijo. Pero vio que Jesús se acercaba y dijo: voy a una segunda oportunidad. Y no claudicó en querer ver libre a su hijo, y se acercó a Jesús y tiene un diálogo con él.

 

Y le dice: ¿Sabes? Yo he hecho esto con él, mi hijo está en esta condición, tus discípulos no lo pudieron hacer esto, pero si puedes. Y en esta palabra cuando la estaba leyendo yo, va algo de duda ¿no? Si puedes. No sé si me estoy explicando. O sea, si tú puedes, o sea, ya de plano, o sea alguien que me diga algo de qué manera puedo yo sacar adelante a mi hijo.

 

Pero Jesús, si tú puedes. Me encanta cómo Jesús puede llevar a una persona de un nivela  otro. Me encanta como Jesús pese a nuestras circunstancias y a nuestros problemas, nos puede llevar a niveles más altos. Y ve como es a través de un diálogo en donde Jesús cambia la mentalidad de un hombre. Palabras, palabras; y es a través de la Palabra de Dios, a través del diálogo que hay con él en cómo le cambia de inmediato el chip. Porque le dice: si tú puedes. Y el Señor Jesús le dice: si tú crees.

 

Nos podemos encontrar ante una situación así. Señor yo no sé, mi situación es de tal manera. Si tú pudieras hacer esto.  Señor, yo no sé si tú quieras. Y tiene que ver con lo que yo creo. Por supuesto que creo. Pero este hombre le dijo: si tú puedes. Y entonces el Señor le dijo: si tú crees. Y ve lo que agrega Jesús; porque no solamente es el decirle: si tú crees.  El Señor le dijo: si tú crees, porque al que cree todo le es posible. Y el Señor agregaba esas palabras.

 

Tú tienes que creer porque es la única manera en como tú vas a poder sacar adelante a tu hijo. Porque al que cree, todo le es posible. Todo, no hay un límite. Cuando tú crees todo es posible, aun lo imposible se hace posible a través de la fe. Y le dijo: ¿sabes? Si tú crees, todo es posible. El hombre dice que clamó, y cuando clama estamos hablando de un grito, estamos hablando de un yaaaa, sí creo. Pero este hombre reconoció algo, le dijo: yo creo, ayuda a mi incredulidad.

 

Porque pese a que yo creo, pese a que yo clamo, hay algo en mí que no puede aceptar, hay algo en mí que está peleando, hay algo en mí que siento que hay límites, hay algo en mí ¿por qué? Porque mi fe fue quebrada, porque yo vi que tus discípulos no pudieron. Porque pese a que tú me dices que sí que yo debo creer, ¡ayuda a mi incredulidad! Yo necesito verlo Jesús, yo necesito verlo, ayúdame.

 

Tomás dijo: si yo no lo veo, si yo no meto mi mano en su costado. Jesús le dijo: ¿sabes? Por cuanto tú viste, tú creíste. Y hay quienes creen a través de lo que ven. Y así muchas veces nuestras creencias tienen que ver con lo que nosotros vemos. Yo creo que soy un hombre prosperado, pero no lo veo; entonces dejo de creer que soy un hombre prosperado. Y este hombre dijo: Señor, ayuda a mi incredulidad, yo necesito que tú me ayudes, yo necesito saber que mi hijo realmente es sano.

 

Entonces el Señor Jesús dijo: ¡tráiganlo acá! Y ve lo que sucede, porque una cosa es el diálogo y otra cosa es la acción. Era un diálogo con Jesús y le decía: yo creo que tú lo puedes hacer. Si. Y el Señor le dijo: Al que cree todo le es posible. Entonces, sí ya creo, ayuda a mi incredulidad. Entonces para yo poderte ayudar tú tienes que actuar. Y dijo: traédmelo acá. ¿Y sabes? La acción inmediata fue por él y traerlo. Señor, yo creo que tú me puedes prosperar. Sí, yo necesito que tú vayas y hagas esto. El acto seguido a la fe es la acción. Sí, sí puedo, y voy y lo traigo, y voy y lo hago.

 

Porque una fe sin obras es muerta en sí. Yo puedo decir que tengo fe, pero si no actuó mi fe no tiene ningún fundamento, no tiene ningún fruto. Y este hombre actuó y fue por su hijo y lo trajo.  Inmediatamente dice: 24E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. 25Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 26Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.

 

Entonces ese espíritu lo dejó. Pero sucede algo después a ello. Los discípulos le dicen a Jesús: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? ¿Alguna vez te ha pasado algo así? Alguna vez te ha pasado el preguntarte, ¿por qué razón estoy viviendo esto Señor? ¿Por qué razón yo no puedo salir de esto? ¿Por qué razón si yo creo en tus promesas, por qué razón yo no he podido salir de ellas?

 

¿Por qué si tú dices que vas a restaurar a mi familia, yo no he visto mi familia restaurada Señor? ¿Por qué si tú dices que yo voy a ser un hombre prosperado, yo no veo las riquezas en mi cartera? ¿Por qué Señor si tú dices que hay sanidad, yo no la estoy viendo? Y nos preguntamos el por qué, lo que decía hace un momento el Señor, el por qué. ¿Por qué yo no lo veo?

 

Y los discípulos le decían: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?  29Y les dijo el Señor Jesucristo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno. La fe se aumenta a través de la oración y el ayuno. El creer a Dios se aumenta con la oración y el ayuno. Y tú te das cuenta qué tan cerca o qué tan distante está Dios. Pero hay una palabra aquí que me hizo mucho sentido, y justamente es el creer.

 

¿Por qué no hemos visto esos cambios? ¿Por qué razón no hemos llegado a otro nivel? Y en este tiempo que he estado yo en este proceso, yo me preguntaba por qué razón muchas veces nos detenemos y no vamos a otro nivel. Y justamente es el contexto de toda esta enseñanza que hoy estamos viendo. Y una de ellas es por el cúmulo de nuestras creencias.

 

¿En qué estamos creyendo, por qué no estamos avanzando? Por lo que nosotros creemos. Todos nosotros tenemos fe, sin embargo seguimos creyendo en muchas otras cosas, que en nuestro inconsciente o subconsciente también se guarda, y que desgraciadamente no nos damos cuenta y que tienen que ver desde nuestra infancia. ¿Qué es una creencia? Es el sentimiento de certeza sobre el significado de algo. Es una afirmación personal que consideramos verdadera. Esa es una creencia.

 

Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

 

Todos los que tenemos fe sabemos que tenemos una esperanza, que tenemos una convicción y que tenemos una promesa que va a llegar a nuestra vida. Si yo creo en algo ese algo va a llegar a mi vida. Entonces lo que tengo que hacer es trabajar por ese algo y esperar a que llegue a mi vida, esa es la fe. Por eso es que una creencia es el sentimiento de certeza sobre el significado de algo, una afirmación personal que consideramos verdadera.

 

Creencia es algo exclusivamente personal, y en muchos casos muy diferente del de los demás. Alguien puede tener una creencia en algo, es algo personal pero no significa que los demás estén de acuerdo en ello. Yo puedo creer que esto es de color azul, pero no significa que los demás afirmen que es de color azul. Eso es algo desde mi punto muy en particular de vista, yo veo la vida de una manera, tú la ves la vida de otra manera, y cada uno ve la vida de una manera distinta, por el conjunto de creencias en las que vivimos.

 

Y lo que Dios quiere es quebrantar esas creencias para tener nuestro ojo en Él, y creer en una sola cosa: En que Jesucristo nos vino a ser libres. En creer en que Dios es el Padre de nosotros. Que es el único Dios verdadero. Y tenemos que ir rompiendo con esa cantidad de grupo de creencias que nosotros hemos guardado en nuestra mente desde que somos pequeños. Lo que hace que la vida sea un constante manantial de esperanza y ricas alternativas, o una inevitable fuente de sufrimiento.

 

Vuelvo a decir esto, hay algunos que la vida es algo maravilloso y que es una oportunidad maravillosa. Hay otros que pueden pensar lo contrario, que es una situación horrible, que vivir no vale la pena. Depende de todo ese conjunto de creencias que tenga, ¿qué es la vida para ti, qué es la vida para otros? ¿Cómo ves la vida?

 

Podemos ver por ejemplo en un matrimonio cada uno puede pensar de manera distinta acerca del matrimonio; y si ustedes se dan cuenta en el matrimonio tiene mucho que ver con cómo crecieron cada uno en su hogar. Y así es como ven su matrimonio en el futuro. Cómo fueron educados, cómo fueron enseñados. Nuestra idea hacia las cosas, hacia la vida, nuestra idea hacia Dios inclusive, la forma en como concebimos a Dios. Hay muchísimos que inclusive de pequeños fueron criados a través de la enseñanza que Dios es un Dios duro, es un Dios castigador.

 

¿Cuánto tiempo nos ha costado a nosotros quitarnos esa idea? Cuánto nos ha llevado a través de la enseñanza, quitarnos la idea de que el dios que nos presentaron nuestros padres no es el Dios del que habla la Biblia, porque fue a través de una religión, de una imposición.  Sin embargo, si hay niños que desde pequeños crecieron sabiendo quién es Dios a través de la Biblia, piensan de manera distinta y viven de manera distinta.

 

Entonces, todos los que estamos aquí yo no sé si todos vengan de cuna cristiana, pero amados, yo creo que la mayoría venimos de algo que nos impusieron nuestros padres y que venimos luchando contra eso. El Dios de la Biblia es totalmente distinto al que nos inculcaron en una religión. Por eso es que a veces traemos esas fallas y traemos esos conflictos, y a veces traemos esos juicios hacia nuestras propias vidas en no poder salir adelante.

 

A través de nuestro sistema de creencias, a través de lo que nosotros creemos damos un significado a nuestro modelo en el mundo. De acuerdo a lo que yo creo es como pienso que es el mundo, es como pienso que es la vida. ¿Qué tan fácil o difícil la estás pasando hoy en día? Analiza un momento, y piensa por un momento si lo que estás viviendo tiene que ver con la manera en cómo estás identificando el problema.

 

Las creencias son una fuerza muy poderosa dentro de nuestra conducta. Es bien sabido que si alguien realmente cree que puede hacer algo, lo hará. Pero también es bien cierto que si cree que es imposible hacerlo, ningún esfuerzo por grande que éste sea logrará convencerlo de que lo puede realizar. Yo puedo creer que las cosas se pueden hacer, pero si alguien cree que nos e pueden hacer las cosas, por mucho que estés insistiendo esa persona va a decir: es que no se puede.

 

Dicen que hay más de 153,333 veces que a un niño desde que nace hasta los 5 años le dijeron no, no, no. Comprobado, 153, 333 veces el niño escucha un No. Y eso lo lleva a una imposibilidad el día de mañana de poder hacer algo. ¿Por qué no lo haces? Es que no puedo. Los temores de los padres a veces son infundidos hacia los hijos. Los hijos, los niños no conocen el miedo, y los niños van y experimentan.

 

Y un niño puede acercarse a un león inclusive, y puede acercarse sin ningún miedo y quiere agarrarlo. Y el papá de inmediato lo agarra y le dice. No, te puede comer. O diciéndole: no agarres a los animales, todos los animales son sucios, o todos los animales son bravos o todos los perros son malos. Y el niño crece con la idea de que todos los perros son malos.

 

Han escuchado por ahí a personas que dicen: es que todos los hombres son malos. ¿Alguno ha escuchado eso? Es que todos los hombres son malos. No, no es que todos los hombres sean malos, es que alguien le dijo a esa persona que los hombres eran malos. Les platico algo, había una joven que dijo yo soy muy infeliz porque yo no puedo tener una buena relación con una persona. Siempre que tengo una relación y me dejan. Y la pregunta fue ¿por qué razón crees que te dejan? Y dijo: porque mi padre nos abandonó, a mi mamá y a mí mi padre nos abandonó. Ese era su conjunto de creencias: mi padre nos abandonó, ella creía en eso.

 

Y entonces entre las preguntas fue: oye, ¿tu papá dejó de verte? No, yo lo veía cada 15 días, de hecho cada 15 días yo estaba en su casa. ¿Tu papá dejó de pagar las colegiaturas? No, mi papá me pagó una carrera, de hecho terminé mi carrera. ¿Tu papá te golpeó, te maltrató? No, siempre me trató con amor. ¿Por qué dices tú entonces que tu papá las abandonó? Porque a mi mamá y a mí nos abandonó por irse con otra mujer.

 

Y entonces entre todas esas creencias ella estaba siendo fiel a algo, ¿a qué? Ella estaba siendo fiel a lo que la mamá le había dicho: tu padre nos abandonó, tu padre nos dejó. Tu padre se fue con otra persona. ¡No! La realidad del asunto era que desafortunadamente en esa relación era que ellos ya no podían seguir juntos, tuvieron problemas; y como la solución del mundo es nos separamos. Ellos se separaron, pero este hombre jamás dejó de ver a su hija.

 

Analizando ese tema y ese asunto con ella, le hicieron ver que la problemática no era con ella, la problemática había surgido con su mamá. Cuando ella lo entendió, porque su patrón de conducta era buscar a hombres que la dejaran en automático, generacionalmente ella encontraba hombres a los cuales ella tenía o la tenían que dejar, ¿por qué? Porque ella no quería abandonar a su mamá, tenía también la culpa de que si dejaba a su mamá también la estaba abandonando.

 

Cuando se dio cuenta de esto, la mujer tomó la decisión encontró una pareja, se casó y se fue a vivir con su esposo. Cuando ella se despide de su mamá le dijo: anda, lárgate igual que tu padre, abandóname. Y es el conjunto de creencias, las cosas que sembramos en los corazones de las personas.

 

Ahora, ¿qué quiero hablar con esto? Tenemos que romper con lo que nos dijeron en nuestro pasado. Si la Biblia dice que Cristo nos hizo libres, vivamos como hombres y mujeres libres. No tiene nada que ver con lo que mis padres vivieron, los amo, los bendigo pero, ese es asunto de ellos. Yo los amo, los visito y los cuido. Bueno en el caso de muchos de ustedes, yo ya no los tengo lamentablemente.

 

Pero yo los veo, pero eso no significa que yo esté atado a una conducta, que yo esté atado a eso porque la Biblia dice que Jesús me rescató, que me hizo libre, que él rompió mis cadenas, mis herencias, que soy una nueva criatura en él. Y a veces así sucede, y hoy en día aun cristianos, aun creyendo seguimos pensando muchas veces que estamos atados a ciertas cosas y que somos fieles en nuestro subconsciente a lo que nuestros padres nos enseñaron, curiosamente somos fieles a eso.

 

En el consciente decimos, somos libres. Pero en el subconsciente decimos. Yo tengo que ser fiel a esto que aprendí de mi mamá o de mi papá, y lo llevamos al matrimonio, y  lo llevamos a los hijos; y los hijos a su matrimonio. Y es una cadena generacional, y Jesús vino a  romper esas cadenas. Por eso es que para muchos la vida es sencilla, y para otros tantos la vida es una oportunidad, y para muchos más la vida es un conflicto. Es complicado, no es fácil salir del estado en donde nos metieron alguna vez, no es sencillo.

 

Cuando Jesús nos rescató, todos los que estamos aquí recibimos a Jesús en nuestro corazón y dijimos: somos libres. La pregunta es ¿del tiempo que recibimos a Jesús a la fecha realmente cuánto de lo que éramos hemos dejado de hacer, y cuántas cosas se han seguido repitiendo?  Si creemos nosotros de acuerdo a lo que dice Marcos 9:23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Entonces si yo creo que las cosas las puedo hacer, yo voy a lograr hacerlas. Si yo creo que soy una nueva criatura en Jesucristo, yo sé que lo puedo ser y que soy una nueva criatura. ´

 

Las creencias en el ser humano se han ido formando y ocupando un espacio, se han ido materializando dentro de nuestros conceptos más arraigados. Vienen a partir de lo que nos han dicho, de lo que hemos vivido, y son maneras que nosotros creemos tener y ser. Y que vienen más de otras personas, educadores, de padres y de experiencias de nuestros propios padres. Por los medios de comunicación o en algún momento por alguna situación que nos ha sucedido muy fuerte, y se producido una impregnación en nuestro consciente o en nuestro inconsciente.

 

Son creencias a veces escondidas en nuestro inconsciente y que están teniendo una repercusión extraordinaria en nuestra vida, y es difícil acceder a ellas, demasiado difícil. Las situaciones espirituales se atienden con el Espíritu, y como venos en este texto es que muchas veces vienen infundidas de personas de la misma educación, de los mismos profesores o aun, de programas de televisión.

 

Por ejemplo, las jóvenes hoy en día pueden creer que entre más delgada se ven más guapas. Porque la creencia es que el prototipo del modelo que sale ahí, son prototipos del modelo que está ahí, esa es una mujer guapa; entonces, si tengo unos kilitos más ya no soy una mujer guapa. El hombre si no usa una cierta loción o una cierta marca, nos e siente valorado, no tiene ese lugar para sí. Por eso son las modas, las tendencias y todo ello, porque influencian de alguna manera y de manera directa hacia nuestras creencias, y van desvirtuando el origen del hombre.

 

¿Quiénes somos en Jesús? Cuando fuimos creados ¿cómo fue que Dios nos creó? ¿Cómo fue que Dios nos formó? ¿Cómo fue que Dios nos hizo? Decimos que a imagen y semejanza de Dios, esa es nuestra creencia, que creemos que Dios nos hizo conforme a su imagen y semejanza; pero necesitamos practicarlo para que entonces se haga realidad en nuestra vida y se pueda materializar que verdaderamente Cristo está en mí y yo en Él.

 

¿Cómo se forman las creencias? Les comentaba que tiene que ver con la educación, y tiene que ver desde esa primera infancia, donde nuestros padres son esa imagen perfecta. El niño ve a sus papás como algo maravilloso, se enamoran de los padres y creen en todo lo que los padres les dicen. El niño cuando se identifica con los papás, los ve y los ve como su máximo, y ahí es donde comienzan muchas veces los problemas.

 

Es tanto lo que nosotros vemos y creemos, y hemos creído en todo lo que ellos nos han dicho, creemos en cuanto nos dicen que somos buenos o que somos malos, lo creemos tanto. Podemos creer cuando un papá nos dice: es que hijo eres excelente. Y lo creemos. Pero también puedo creer cuando me dice: eres un bueno para nada, también lo puedo creer. Puedo creer que es difícil comunicarme con los demás, si mis papás lo dicen, también lo puedo creer.


Es que tú no te sabes conducir, tú nos aves hablar, tú no sabes tener relaciones con otras personas. Lo va a creer esa persona. Que los hombres no lloran, ¿a cuántos nos dijeron eso? Bueno ustedes porque están más chavos pero, pero en nuestra educación nos decían los padres: los hombres son lloran. Y entonces ¿sabes qué? Te pegaban y tú decías: no lloro, no lloro, porque eso es para niñas, y los hombres no lloramos.

 

Pero qué sorpresa cuando venimos a Jesús ¿verdad? De verdad qué situación cuando venimos a Jesús, y yo estaba ahí y estaba llore y llore, pero es que mi papá me dijo que  no lloramos los hombres. Qué importa lo que me dijo mi papá si el Señor me había tocado, y estaba quebrantando esa idea y esa creencia de que los hombres no lloramos. Si, si lloramos, y se vale, y Jesús lloró también. Pero a veces son ideas, los hombres no lloran; los hombres son mira para que traigan a la mujer a raya, las mujeres son para la cocina, órale. Y había un machismo demasiado marcado y muchos crecieron así, con un machismo marcado.


Que la enfermedad es sufrir y culpa. ¿Cuántos han creído ene so? La enfermedad es un sufrimiento y es culpa. Cuando deberíamos pensar que la enfermedad es una oportunidad para que la gloria de Dios se manifieste. Es que está enfermo; seguramente algo está pagando este hombre eh. Señor, ¿quién pecó sus padres o quién? Porque mira este hombre cómo está. Es en serio, ¿quién pecó? O seguramente está enfermo porque algo hizo, está pagando una culpa. Y yo no sé si te das cuenta, pero anteriormente las personas, sobre todo las mujeres vivían llenas de culpa, por eso es que hacían mandas, y por eso se iban de rodillas a las iglesias. Porque decían: si yo no cumplo mi manda entonces tal santo lo va a castigar.

 

Y esas eran las creencias arraigadas; y te tienes que ir caminando desde aquí hasta no sé dónde, ¿no? Y por eso vemos desfiles  del 12 de Diciembre. Creencias, gente que cree que porque hace eso le va a ir mejor, o porque va a ir a pagar una manda. La verdad es que ¿sabes?  Lo que deberían de cambiar es su ideología de que ellos no nacieron para ser esclavos, sin embargo caminan como esclavos. Y si te das cuenta la mayoría de la gente es de escasos recursos, porque justamente ahí es donde más se anida el pensamiento de que entre más pobres más es la gloria de Dios.

 

Si así fuera todos los ricos de verdad fueran creyentes. Y que todos los pobres tendrían de verdad una unción poderosa. ¡Y no es así! No es ni una ni es la otra. Y así es como se vive, que no solo lo que hemos oído sino también lo que hemos visto. Porque nuestras creencias no solamente son por lo que oímos sino por lo que también vemos, ahí también hay creencias.

 

Por ejemplo, un día mi hermana me dijo: Fer, ¿me ayuda por favor? Si, ¿qué necesitas? Me dijo: Necesito que me ayudes trayendo a mi hijo a Tijuana. Y le dije, ¿Tijuana? Si Tijuana es un lugar donde matan, no ves que allá las mujeres las acribillan y hay mucha violencia, droga y narcos y todo. No, yo a Tijuana no voy. Me dijo: ¡Ayúdame! Le dije está bien, lo voy a llevar.

 

Lo llevé a Tijuana, llegamos a Tijuana, ya lo puse ahí en el lugar donde lo iban a trasladar con mi hermana y se fue. Yo me quedé en el aeropuerto, señorita voy de regreso. Y me dicen: No, su vuelo va a salir a las 11 de la noche, tenía 12 horas y dije, ¿qué hago? Pues me voy a dar una vuelta por ahí por Tijuana. Y vino a mi mente: ¡No, porque aquí matan! ¿Y sabes qué hice? Me pasé las 12 horas dentro del aeropuerto.

 

Todavía no conocía del Señor por supuesto, 12 horas en el aeropuerto por miedo porque en ese lugar matan. Y ya no es así, pero alguien me había sembrado una idea, entonces yo creía que en ese lugar mataban. Como los que luego de repente no entran al Peñón, porque dicen que en el Peñón matan, donde yo vivo. Llevo 47 años viviendo ahí, y sí, si hay muertes pero no nada más porque entras ya te matan. O a Tepito, ¿si hablo Tepito qué dicen? Inmediatamente les viene una idea: droga, muerte, asalto, piratería, ¿no? Porque ese es un conjunto de ideas que nos han dicho.

 

Si yo digo Pedregal, Las Lomas, si yo digo mexicano, ¿qué se imaginan? Sombreo, bigote, charro, caballo. ¿Si yo digo europeo? Güerito, alto, ojos claros, ¿si me explico? Porque es lo que nos han enseñado. Si yo digo hijos de Dios, ¿cómo nos imaginamos a un hijo de Dios? Hay un silencio porque ¿sabes? Todavía no identificamos cómo es un hijo de Dios, sencillo. Somos bien mexicanos, somos bien europeos, pero no hemos entendido cómo es un hijo de Dios.

 

Hay muchísimas más cosas con las que podemos identificar cómo es un hijo de Dios, viendo a Jesús, creyendo en él, viéndolo a él, actuando como él. Entonces todo lo demás cambia, mis ideas cambian, el mundo cambia, todo cambia si yo pongo mi mirada en él. Y él es mi modelo a seguir, él es mi creencia, yo creo en él, él es mi Pastor, él es mi Salvador, seguiré sus pasos y seré como él. Y me mero y busco cómo es él para caminar como él. 

 

Entonces podré decir que están habiendo cambios, estoy saliendo de mi zona de confort, ya me conformé a ocupar un lugar en la silla, ya me preocupé por leer dos o tres citas bíblicas y sabérmelas de memoria, ya me conformé con predicar una que otra vez, ya me conformé con llevar a los pies de Cristo a una persona, ya me conformé. ¿Sabes? Es una zona, no puedo vivir así, no puedo.


Las promesas de Dios son muy grandes pero están peleando con nuestra idea, con nuestra creencia de lo que nosotros somos, y lo que el Señor quiere mira, dijo hace un rato: Si la semilla no muere, no puede dar fruto. Y necesitamos morir a esas creencias amados. Yo les voy a ser bien sincero, desde mi corazón se los digo porque he platicado con la mayoría de ustedes; pero yo creo que todos ustedes, cada uno de ustedes tiene un potencial impresionante, cada uno de ustedes podría hacer lo que no se imaginan, su vida sería totalmente distinta.

 

Los conozco a ustedes y me he dado el tiempo para algunos conocerlos inclusive un poquito más, y tienen un potencial demasiado fuerte. Peor necesitan quebrar lo que les dijeron que son, y convertirse en lo que Dios dice que son; y desde ahí se van formando esas creencias. Hay quienes creen que cuesta mucho trabajo ganar dinero. Oye necesitas ganar… No, necesito trabajar muchísimo. Si trabajáramos inteligentemente sería distinto.

 

Una idea que quiero romper y que el Señor quiere romper también en esta hora, es pensar que la iglesia tiene necesidad, es pensar que la iglesia es pobre, es pensar que no se tiene la capacidad económica para levantar la iglesia. Por los pasillos se escucha: la cosa está difícil, la cosa está difícil. Sí la cosa está difícil mientras lo creas que la cosa está difícil. Pero ¿qué hacemos para que la cosa sea distinta? La cosa está difícil.

 

Y tenemos que orar porque justamente estamos pasando situaciones y hay necesidad, y no hay dinero. ¿Cuántos han pensado que no hay dinero? ¿Y sabes una cosa? Hace 8 días el hermano que compartió dijo algo muy claro: las riquezas que hay y que Dios dio son para nosotros, no se hable más. El pastor Chris habló de las joyas, de los diamantes que están aquí y son para nosotros. Ah pero hay otros que sí los pulen, los arreglan y los venden. ¿Y qué onda con nosotros iglesia?


Debemos de cambiar nuestro pensamientos, discúlpame no aceptamos el pensamiento que estamos quebrados, nos hicieron creer eso, y no es así. Nos hicieron creer que entre más humildes, que entre menos dinero la gloria de Dios era más grande. La gloria de Dios, ¿sabes? Siempre es grande. El problema es que nosotros hemos llegado a creer eso hermanos, la humildad no está peleada con el dinero, con los recursos.

 

¿Y sabes una cosa? A veces pensamos que es una condición de la iglesia que vivamos así. Y es un confort. Pues bueno, nos vamos a conformar con que no hay, no hay y no hay. Y ahorita vas a ver la importancia de esto. Muchos tienen la idea de que cuesta mucho trabajo ganar dinero porque yo vi llegar tarde a mi padre a casa, porque yo lo vi sufrir, porque lo vi preocupado, porque vivió escasez económica; y todo eso yo lo veo materializado en aquello que algún día se dijo en un momento determinado. Aquello que se vivió de una manera determinada, y cuando eso sucede inmediatamente lo voy a llevar a mi vida, lo voy a asociar con mi vida, lo hago una creencia en mí, y como consecuencia eso se materializa.

 

Por eso es tan importante que tengamos la conciencia de los pensamientos que nos abordan y del lugar que esos pensamientos están ocupando en nuestro inconsciente. Cualquier situación tienes que tú empezar a pensar si realmente vale la pena que pienses así o no. Ellos dirán tal cosa yo no lo digo. Pedro, ¿quién dicen que yo soy? Unos dicen… ¿Y tú quién dices que yo soy? Ellos dicen que yo soy esto, pero tú quién dices que yo soy. ¿Quién dicen que tú eres, ahora quién dices tú que tú eres? Porque en eso que tú crees que tú eres, finalmente es en lo que te vas a convertir.

 

Hay quienes piensan que Dios nos vino a ser libres, y muchas veces se sigue en la misma prisión. Tristemente a veces nos hemos dado cuenta que hay personas que son golpeadas por el marido; piensan que los hombres son agresivos porque en algún momento de su vida eso vieron o eso les dijeron, o eso mismo vivieron con su madre.  Cuando vivimos ciertas cosas en nuestra casa, aunque no queramos, cuando crecemos las llevamos en práctica.

 

Hay personas que de repente piensan que no merecen nada, porque así se los hicieron sentir de pequeños: es que no lo mereces. Que no merecen absolutamente nada, y ahí es el origen que relacionan con las personas que confirman y que vienen a rectificar lo que ellos han creído: que no sirven para nada, que no valen nada.  Y cuando les dices que Dios ya los perdonó, dicen: es que no puedo creer que Dios me haya perdonado porque yo no valgo nada, yo no soy nada. Cristo murió por ti. Pues ha de haber muerto por ti porque por mí no, porque yo no valgo nada.

 

Y siguen creyendo que no valen absolutamente nada, por eso es que no le dan el valor a Jesús, no le dan el valor a la cruz porque dicen: seguramente él murió por los buenos y no por mí, porque yo soy muy malo. Y ahí entonces tenemos una creencia de creer que Dios no puede perdonarme, porque en mi casa o alguien o el marido o la esposa les dijo que no son perdonados.

 

Hay personas que se preguntan el por qué, y lo decía el Señor en la profecía; seguramente yo estoy viviendo esto porque hice lo malo, sí. Mira, lo más seguro es que lo que estás viviendo hermana, hermano es porque usted hizo lo malo, es lo más seguro. O alguien piensa, si yo he escuchado que uno paga consecuencias, y porque hice esto estoy pagando consecuencias, entonces el diablo ahí tiene una puerta en donde te toma y dice: Si es cierto, ahora vas a tener que pagar. Cuando aquí también nos enseñaron que Jesús pagó por nuestros pecados. Y no podemos a veces creer eso.

 

Las creencias por los significados. ¿Qué significa esto que estoy viviendo? No, no lo entiendo. Ah, seguramente como Dios es bueno y yo he pecado significa que me voy a ir al infierno. Y esa también es una creencia. Y quiero llevarte a que entendamos un poquito que ¿quiénes somos? ¿Quiénes somos en Jesús? ¿Cómo podemos cambiar nuestras creencia, cómo podemos cambiar nuestros pensamientos, qué es lo que creemos, hacia dónde vamos?

 

A través de una creencia acerca de tu identidad y de tu origen, quién eres tú, pregúntate por un momento quién eres tú, vamos a hacer este ejercicio. Pregúntate quién eres tú y cuál es esa voz que te está diciendo quién eres tú, ¿es la voz de tu padre, es la voz de tu madre, eres tú mismo el que te está diciendo quién eres? ¿Es alguien que tal vez de pequeño te lastimó y te dijo quién eras? ¿Es lo que el enemigo te ha hecho sentir que tú eres? ¿Quién dices tú que tú eres? Quién crees que eres’ ¿Quién te crees que tú eres?

 

Escucha por un momento esa voz. Y ahora te quiero preguntar, ¿tú le crees a esa voz? Si esa creencia te está hablando cosas malas acerca de ti, ¿tú crees que eres así? Cuando lo que ve el Padre en ti es la santidad y la sangre de Jesús habiendo  redimido tu vida de pecado, que te dio la capacidad y el poder de habitar esta tierra y poseerlo todo. ¿En dónde está la incapacidad de sentir que lo puedes lograr? ¿Quién te dijo que eras incapaz de lograrlo?

 

¿Quién te dijo que no podías hacerlo? ¿Quién te dijo que no podías ser ascendido en tu trabajo? ¿Quién fue la persona que te dijo que tú no podías ser rico? ¿Quién fue la persona que te dijo que tú eras un miserable, un perdedor, un bueno para nada? ¿De quién esa voz que te suela de repente y te dice que tú no puedes alcanzar el perdón? ¿En dónde está esa voz que te está diciendo que tú no eres merecedor de la gracia, de las recompensas, de la bendición de Dios, dónde está esa voz, quién es esa voz? ¡Identifícala porque ese es tu primer enemigo!

 

No tengas una creencia limitadora, aquella que dice que no vales nada, que no mereces tener éxito. Y que si algún día tienes algo lo puedes perder. Hay personas que piensan que si se esfuerzan y logran tener algo, el día de mañana lo van a perder, porque no merecen tener éxito en su vida, porque no merecen tener riquezas, porque si las tienen va a ser momentáneo y las van a perder. Las riquezas de Dios son permanentes y son para siempre, en esta tierra y también en la venidera, en la vida eterna.

 

De dónde vienen esas creencias, identifica cuál es el origen de la causa de ese significado. Piensa si lo has visto tal vez. Piensa en que si lo has escuchado, en que si tal vez te lo dijeron y tú lo creíste. A lo mejor estás siendo fiel a la creencia y a la fidelidad hacia tus padres, por eso estás teniendo el mismo patrón de conducta. No te hace malo el romper con ese patrón de conducta. Ellos forjaron su vida de una manera, bendícelos pero rompe en este momento con esa idea, y cambia hacia una nueva idea, la idea de que eres una nueva criatura en Jesús.

 

Ama, honra a tus padres, pero ¿sabes? Vive una vida distinta. Si alguien te lastimó no te quedes con la idea del pasado. Si ese hombre te lastimó, ¿sabes? Ese hombre te lastimó por las creencias que él tenía, pero tu creencia es que el Señor te rescató de ese lugar en donde estabas. Que si un amigo, una amiga, que en el trabajo, que en la escuela alguien te hizo bullying porque tenías un poquito de peso, porque tenías otro color de piel, porque tal vez eras lacio, porque tal vez eras delgado, porque tal vez eras bajito o alto, lo que sea, ¿sabes? ¡Eres perfecto para Dios! Dios te hizo perfecto amado.

 

Dios te hizo perfecto en ese color, en ese tono de piel, ene se cabello, en esas medidas, Dios te hizo perfecto. No tienes que creer lo que te han dicho que tú no eres. Rompe con esos esquemas, rompe con esas ideas, y mira hacia adelante lo que tienes. Hacia adelante está una esperanza de conquista, está un mundo donde podemos vencer, donde podemos arrebatar, donde podemos quitar porque el Señor nos dio su victoria, porque hemos sido llenos de su presencia, de su gloria, hemos sido llenos de su poder. 

 

Ese es el hijo de Dios, el que no tiene miedo a nada, el que para su pecho, el que camina erguido y de frente, el que no se avergüenza de nada, el que no teme a nada, porque el Señor pelea su batalla, ese es el hijo de Dios que se levanta día con día, que puede hacer un cambio en su iglesia, que puede hacer un cambio en la humanidad, en la sociedad. Ese es el hijo de Dios. El que cree en él, el que pone su mirada en Él, el que confía en Él, en el que se empapa de Él y vive para él, ese es el hijo de Dios.

 

No lo que te dijeron algún día tus padres o tus amigos, no lo que te dijeron; ¿sabes? Eso es basura y tienes que echarlo de tu vida. Tú  eres un depósito de Dios, una vasija de Dios donde la unción está, tú eres la vasija de Dios que el Señor tomó un día en sus manos, como en las manos del alfarero y Él formó una nueva vasija, nueva criatura eres y ahí depositó el Señor la unción, su aceite, su libertad, ¡ese eres tú mi amado, una vasija preciosa!

 

Por eso me complazco y me siento honrado de tener a mi lado gente como tú, personas como tú que saben amar, que tienen una idea, que tienen un corazón, que tienen todas las ganas, pero no permitas que el enemigo empiece a marcar tu vida para desgracia. Jesús nos ama profundamente y él quiere que vayamos de victoria en victoria. Nuestra creencia es que él nos hizo libres, y es que nuestra creencia es que somos imagen de Dios.

 

Una vez que tú has creído esto amado, el siguiente paso: ¿has creído lo que te he dicho? ¿Has creído que eres una nueva criatura? ¿Has creído que eres una vasija preciosa? ¿Has creído que eres victorioso? ¿Has creído que eres poderoso? Eso que tú has creído ahora lo vas a empezar a declarar, porque una cosa es lo que creemos y otra cosa es la que hacemos. Si tú has creído que eres esa persona, ahora lo vas a decir y vas a ordenarle a ambos hemisferios de tu mente que trabajen de tal manera que se coordinen entre ellos, y uno piense que puede hacerlo, y el otro sienta que lo puede hacer.

 

Tenemos dos hemisferios, y ambos deben de trabajar, cada uno tiene una función una actividad, cada uno opera porque así quiere Dios que opere, de una manera libre. Que uno ordene, que el otro obedezca; que uno sienta y que el otro se levante. Pero está en nuestra mente lo que yo creo que soy, ahora lo declaro. Y si yo me levanto mañana y yo quiero llevarte a que lo hagas, yo te reto porque tu vida va a cambiar a medida que tú lo digas, que tú lo declares.

 

La Biblia dice esto: que en nuestra lengua está el poder de dar vida pero también de dar muerte. En nuestra lengua también está el poder de dar libertad o de dar prisión, y ahí es donde yo quiero que tú vayas y que tú pienses quién eres, que tú pienses que el Señor te hizo libre pero que también lo declares. Que en la mañana te levantes y pese a cualquier situación creas o no lo creas, esté o no la situación a favor, tú siempre en tu pensamiento vaya la idea de que el Señor tiene el control.

 

Y que le digas: Señor, gracias porque yo soy vasija nueva. Gracias porque transformaste mi vida, gracias por mis pensamientos, gracias por el trabajo, gracias. Yo voy a hacer esto, yo voy a hacer aquello, mi matrimonio va a estar bien, mis hijos van a cambiar, mi esposo va a cambiar, mi economía va a cambiar, las finanzas van a cambiar, en la iglesia se van a cambiar las cosas, vamos a tener un terreno pero ya lo estoy pensando y lo estoy declarando ¿amén?

 

Pero luego viene la parte más difícil, y es donde muchos claudican: el practicarlo. Si yo dije en mi pensamiento que Dios me iba a sacar del lugar en donde yo estaba, y que si tal vez era el empleado que nadie consideraba, ahora pensaré que voy a ser el Director, y lo voy a declarar pero mañana no voy a ir de jeans. Mañana voy a ir como si fuera mi primer día como director. A dónde yo voy es esto, el Señor dijo que por su sangre, Jesucristo nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, ¿Cuántos lo creen?

 

Por un lado es lo que yo creo, por otro lado es lo que yo declaro, y punto número 3 es, lo que yo hago. Entonces, soy, pienso que el Señor dice en su  Palabra que me hizo rey y sacerdote para Dios, entonces yo lo declaro a mi vida. Soy rey y sacerdote para Dios. Entonces voy y abro mi clóset y me pongo vestiduras de sacerdote, y me pongo vestidura de rey y pongo una corona que Dios me dio. Y entonces actúo, camino y me conduzco como se conduce todo rey.

 

Y es porque tú lo debes creer, así es como se mueven las cosas en el Señor: es lo que creo, lo que declaro y lo que actúo. No puedo ser incongruente pensando que Dios me hizo libre y vivir como esclavo. No puedo pensar que Dios me hizo rey y sacerdote, y creer como si fuera yo un noble, no puedo hacerlo. Y este proceso, y esto difícil que es difícil hacerlo es algo en lo que le dije al Señor: Señor, quiero hacerlo primero en mi vida.  Quiero cambiar mi manera de pensar, quiero cambiar mi manera de sentir, quiero cambiar mi manera de ver las cosas. No está en un hombre, no está en un grupo, no está en nadie, está en mí creer lo que tú dices que yo soy. Pero actuar lo que tú dices que yo soy.

 

Qué difícil es actuar, porque es a través de los hábitos, es a través de la perseverancia, es a través de pararte temprano, es a través de hacer el ejercicio que debes de hacer para sentirte lo que realmente dices que tú eres. Si no es así, entonces hay una incongruencia total y absoluta de lo que tú dices que eres.  Y quiero que salgamos de esa zona de confort, de esa zona en donde no podemos estar más. Dios quiere levantarnos, quiere hacernos hombres distintos.

 

Dice el Señor en Colosenses 3:5-7 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; 6cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, 7en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Tiempo pasado.

 

Haced morir pues lo terrenal, y cuando hablo de esto no estoy hablando de esto pecado de aquí, hay que hablar de libertad. Y la Biblia dice claramente en relación a esto: 7 Hacer morir lo que éramos antes. Ese estado, esa conformidad, hazla morir pero ordénale que muera de verdad. Levántate mañana con una nueva idea, actúa en esa idea, cree, porque al que cree todo le es posible.

 

Los discípulos andaban con Jesús, sin embargo no pudieron liberar a ese joven y andaban con él. El simple hecho de que tú seas cristiano y de que vengas a la iglesia, y te sientes en una de estas sillas, no significa que puedas ir y puedas hacer las cosas. La diferencia está en que creas lo que tú eres. Venir, sentarte, escuchar pero creer, entonces van a suceder cosas allá afuera. Pero si nada más vienes y escuchas, no va a suceder absolutamente nada.


Si hoy te vas a tu casa con esta idea y dices: Si estuvo padre la predica, o no te gustó, lo que tú quieras; te vas a ir y vas a seguir siendo exactamente lo mismo. Pero yo quiero llevar a los jóvenes, mujeres, varones retos, retos que realmente quieran hacer. ¿Cuántos realmente están dispuestos a cambiar sus vidas, a tener un cambio en sus vidas, en su identidad? Tu identidad, ¿quién eres en Jesús? Tu declaración, ¿qué eres en Jesús? Tu acción, vive como si ya lo fueras. Es que mi matrimonio siento que no está funcionando. Quítate esas palabras, y di: mi matrimonio funciona y actúa como si él ya fuera otra persona, eso es creer. Al que cree todo le es posible.


Padre yo te doy gracias por tu Palabra, te bendigo, te alabo y te doy toda la honra y la gloria. Señor lo que tú nos has mostrado, tú quieres llevarnos a esos niveles de creer lo que somos en ti, te ruego en el nombre de Jesús que por favor, cada una delas cosas que hoy se hablaron, las podemos llevar a nuestra vida para vivir conforme a ellas. Que esas promesas que tú tienes para nosotros las podamos ver materializadas en nuestra vida. Bendigo a tu pueblo y te doy gracias por ellos. Te doy gracias porque has formado un ejército maravilloso, te doy la gloria y la honra en Cristo Jesús, amén y amén.

 

Dios los bendiga.