INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

GENEROSO DE CORAZÓN

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

Éxodo 35:4-9 Y habló Moisés a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado: 5Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová; oro, plata, bronce, 6azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, 7pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, 8aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 9y piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.

 

Antes que nada vamos a ubicar el momento que estaba viviendo el pueblo de Israel. El pueblo de Israel había salido semanas antes de Egipto, durante varios siglos estuvo de esclavo; a Egipto llegó 430 años antes de este momento, ahí pasó grandes cosas, grandes problemas, grandes necesidades, clamó al Señor y el Señor esa última generación, dice la Biblia, permitió que salieran de la esclavitud donde se encontraban.


En estos momentos el pueblo ya había cruzado el mar Rojo, ya había visto el poder maravilloso de parte de Dios, y habían llegado al Monte Sinaí, habían llegado donde Dios les iba a dar sus Mandamientos, Leyes y reglamentos; un total de 613. Normalmente pensamos en los 10 Mandamientos que es lo que habla en Deuteronomio 5, y en Éxodo 20; y normalmente pensamos que fueron 10 Mandamientos.

 

Pero en total entre Mandamientos, leyes y reglamentos dio 613, de los cuales 365 son lo que le llaman los judíos mandamientos negativos porque son prohibiciones, es decir, cada uno de esos mandamientos, o leyes o reglas dicen: No harás esto, no harás lo otro. Y 248 positivos, es donde dice: harás, harás. Entonces fueron un total de 613 mandamientos, leyes y reglamentos.


Eran momentos muy importantes que estaba viviendo el pueblo de Israel, Dios les estaba hablando aun del pacto entre Él y el pueblo; les estaba diciendo lo que tenían que hacer, cómo lo tenían que llevar a cabo, les hablaba sobre las Fiestas que tenían que celebrar, cómo las iban a celebrar. Las Leyes qué tenían que hacer, cómo lo debían de hacer, cuáles eran las fiestas que tenían que celebrar cada año; todo lo estaba estableciendo el Señor de una manera bastante clara.

 

Aún les explica y aquí dice: las ofrendas que debían ofrecer.  Qué ofrendas debían traer el pueblo de Israel para el Tabernáculo; ese lugar que se tenía que construir, en donde la gloria de Dios iba a descender para hablarle a Moisés, y Moisés diera su palabra a todo el pueblo.

 

Aquí en Éxodo 35:4-9, habla precisamente de la ofrenda para el Tabernáculo. Y vemos nosotros varios puntos importantes:

 

1.- En el versículo 4 dice que Esto es lo que Jehová ha mandado. Y esto que lo ha mandado significa que es una orden de Dios para el pueblo, es algo que se tiene que llevar a cabo, así lo dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado, esto es lo que Dios ha ordenado, lo que nosotros tenemos que hacer.

 

2.- En el Versículo 5, dice que Tomará el pueblo una ofrenda. Es decir, tienes que tomar una ofrenda y traerla delante de Dios para ofrecérsela a Él.

 

3.- Aquí mismo en el Versículo 5 dice que lo hará todo generoso de corazón. Qué curioso, y esto a mí en lo personal me hace reflexionar en algo que es importante. Acabamos de ver unas palabras antes, que dijo Dios que era un Mandato, algo obligado.

 

Pero aquí ya está diciendo y se está refiriendo al corazón del hombre. Aquí ya está diciendo que todo generoso de corazón, es decir, como un mandato ya quedó hecho a un lado, fue lo primero que Dios dijo: Un mandato. Y después, de inmediato dice: todo generoso de corazón.  Es decir, tú tienes que revisar a tu interior para saber cómo estás, cómo eres. ¿Por qué? Porque Dios no va a aceptar que tú traigas algo obligado, algo por obediencia simplemente.

 

No es lo que quiere Dios, nunca lo ha querido, siempre ha querido que lo que tú traigas sea en amor. Cuando tú estás convencido plenamente de lo que estás haciendo, cuando lo quieres traer porque amas a Dios y quieres agradar su corazón, es cuando tienes que traer algo. No tienes que traer nada obligado, todo lo que traigas tiene que ser porque tienes un corazón generoso, lo estableció el Señor.


En el mundo la generosidad es el dar o compartir a los demás lo que tú tienes. Si tú tienes algo tú estás en la posibilidad de compartirlo con la gente que te rodea, compartirlo con alguna institución, compartirlo con alguna causa muy específica. La generosidad puede ser de tu tiempo, de tu dinero, de tu trabajo, otorgarlo a los demás sin esperar retribución alguna; eso es la generosidad.

 

Nosotros vemos actitudes de generosidad en nuestro país en términos normales cuando hay momentos especiales, cuando hay momentos específicos por ejemplo cuando hay desastres, desastres naturales. Vemos con los terremotos lo que ha pasado, como ha habido una gran movilización de la gente dando de su tiempo para buscar sobrevivientes, ayudando a gente para que salga de la condición en la que se encuentra.

 

Ayudando aun a la gente con recursos económicos y comprando víveres, comprando lo que sea necesario para que tengan; son momentos muy especiales y todo eso se entrega de una manera generosa, es decir, se hace de una manera voluntaria. Nadie está obligado a hacerlo, se hace porque la gente es movida en su corazón para actuar en beneficio de otra persona o de muchas personas. Y entonces su corazón lo piensa, es movido y actúa en consecuencia. Sabemos que hay personas en lo particular, que hay instituciones que lo hacen, dan su tiempo, dan sus recursos, dan su trabajo.

 

Muchas ocasiones nosotros también podemos advertir que el generoso desea un reconocimiento de sus buenos actos. Y muchos lo presumen y muchos quieren que sus actos de generosidad sean publicados y sean conocidos por todo mundo. Y entonces yo ahí veo ya que se desvirtúa un poco lo que realmente es la generosidad. Si tú haces algo que aparentemente es un acto generoso, no tienes que estar esperando ningún tipo de retribución.

 

Hace años existía un actor de cine muy famoso, el cual citaba a conferencias de prensa para anunciar alguna película que estaba haciendo, o que ya había hecho, algo que iba a estrenar. Y entonces citaba a conferencia de prensa y llegaban los periodistas y los ponía en un salón ahí en las oficinas que él tenía. Pero hacía algo curioso, al mismo tiempo él citaba a algunos representantes de alguna institución para darles un donativo, y los citaba a la misma hora y los metían en otro salón.

 

Ya cuando estaban todos los periodistas y ya había empezado la conferencia de prensa, en ese momento entraba uno de los ayudantes de este actor, y le decía que estaban ahí un grupo de personas que lo buscaban porque tenían una necesidad. Entonces él volteaba, se disculpaba con los periodistas, les decía: Perdónenme pero hay algo que tengo que atender y es prioritario, ¡que pasen!

 

Y entonces pasaban estas personas y él les preguntaba: ¿qué necesitan? Ah es que somos representantes de tal Institución y necesitamos un donativo porque la situación está crítica. Y entonces él generosamente decía: ah sí, como no, no se preocupen; abría un cajón, sacaba su chequera y les llenaba un cheque. Claro todos los fotógrafos tomando fotografía, y los periodistas haciendo anotaciones de lo que había hecho. Y el cuate este se llevaba un dineral en publicidad que no se le cobraba.

 

Yo veía como él armaba las cosas precisamente para que su generosidad aparente fuera promovida, fuera conocida por todo mundo. Pero desgraciadamente así hay gente que cambia y que tergiversa las cosas.

 

También la generosidad en la mayoría de las ocasiones está muy limitada, la vemos limitada a momentos de gran necesidad y de situaciones extremas. En términos normales la gente no se toca su corazón para ser generoso, tiene que haber cosas fuertes para que entonces demostremos que México es un país en donde todos somos muy generosos, en donde todos damos; pero fuera de esos momentos críticos no lo hay.

 

Necesitamos saber que hubo una inundación en un pueblo, en varias ciudades, en muchos lugares para entonces mandar ropa, mandar víveres, mandar de todo a esos lugares. Si no, no nos preocupamos jamás ni por la persona que está cerca de nuestra casa todos los días mendigando, pidiendo unas monedas, no nos preocupamos.

 

Y como muchos valores, la generosidad puede variar de acuerdo a las personas, de acuerdo a su entorno cultural, social, político y económico. Hay lugares en donde un acto de generosidad puede ser extraordinario, lo máximo. Y ese mismo acto de generosidad en otro lugar, no es tomado en cuenta, es como ah qué bueno, sí, simplemente es un acto y ya, un acto de bondad y ya. ¿Por qué? Por las circunstancias, como lo mencionaba en alguna de las predicaciones, los valores varían de acuerdo al entorno social, cultural, económico y político; van a variar en unos lugares van a  tener más importancia y en otros menos.

 

Los conceptos contrarios a la generosidad son precisamente la avaricia y el egoísmo. Nosotros vivimos en un mundo que es egoísta, un mundo que piensa para sí, que trabaja para sí, que busca satisfacer sus propias necesidades, sus gustos, sus placeres, sus caprichos. No piensa en los demás, no le interesan los demás, no está dispuesto a darle a los demás porque finalmente no quiere ser generoso; y cuando llega a dar algo por lo general es aquello que le sobra.

 

Nosotros insistimos en el hecho que si vamos a dar alguna ropa para beneficiar a ciertas personas, necesita ser ropa que no esté vieja, que no esté rota, que esté en perfecto estado, que esté limpia y de ser posible que esté planchada. A nadie le va a servir que tú le des algo que  a ti no te sirve, que ya lo quieras desechar, y que en lugar de tirarlo a la basura por estropeado, por viejo por anticuado, digas: Ah lo voy a donar a una persona que necesite. ¡Eso no es un corazón generoso!

 

Necesitamos para que haya generosidad, dar las cosas que aún nos son útiles. Ser generoso es pensar en la necesidad de los demás. Ser generoso es abrir tu corazón a una necesidad y decir: Voy a suplir esto, y agarrar y quitarte lo que tú estás usando, y que todavía está muy bueno y dárselo a alguien, ese es un acto de generosidad.


En la Palabra de Dios nosotros podemos advertir que la generosidad no solamente es un valor, es un principio. Por lo tanto, es algo que nosotros como creyentes debemos de tener. No se trata de nuestro entorno cultural, social, político o económico, ¡no! Se trata de nuestro corazón y de nuestra relación con Dios. Es mirar a nuestro interior para ver qué tenemos ahí anidado. Si tenemos avaricia, egoísmo o realmente nosotros en nuestro interior tenemos generosidad. Si se ha ido sembrando a través del tiempo que nosotros tenemos como creyentes, la Palabra cuánto se ha impregnado en nosotros para hacer lo que dice el Señor.

 

Cuando Dios le manda al pueblo, lo que leíamos en Éxodo 35:4,   que tiene que traer ofrenda. En esos momentos el pueblo pudo haber dicho que no tenía nada que ofrendar. Después de tantos años de esclavo yo no creo y de estarse además limitando, no creo que le pueblo haya querido dar lo que tenía. Sin embargo, Dios que conoce el corazón, le dice que la ofrenda que tienen que traer tiene que ser de generoso corazón.

 

Es decir, sí tienes, dice el Señor, sí hay que ofrendar. Pero no quiero que tú me traigas algo, que me lo traigas para construir un tabernáculo, un lugar donde yo me voy a manifestar con poder dijo el Señor, que sea obligado. Porque a Dios lo que le interesa es tu corazón, a Dios no le interesa tu economía para recibir algo, le interesa tu economía para bendecirte, para prosperarte, no para quitarte. 

 

Lo que tú le traes al Señor lo tienes que traer de un corazón generoso, si no, no lo recibe. Es decir que la generosidad Dios la ubica por arriba de la obligación, por arriba del mandato y la pone como un principio.

 

1 Timoteo 6:18-19 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos;  19atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.

 

Son cartas escritas por el apóstol Pablo dirigidas a la Iglesia, para enseñarle a la Iglesia doctrina. Y podemos advertir el énfasis que hace precisamente el apóstol que debe guardar el creyente. Actitudes que son guiadas por los sentimientos que hay en su corazón, y que le dice cómo tiene que ser.

 

Mira, es tan sencillo: sean ricos en buenas obras. Las buenas obras tienen que salir de un corazón dadivoso, de un corazón generoso; no pueden salir de un corazón perverso, de un corazón contaminado. El Señor le está diciendo: fíjate en las buenas obras, en las obras que tú haces, porque son obras que tienen que ver con tu corazón, no con el fingimiento, no con los recursos económicos, eso no importa. Por poco que sea lo que tú hagas, que sea de corazón.

 

Siempre tendremos la posibilidad de ser generosos, siempre. No necesitamos ser millonarios, no necesitamos crear fundaciones para poder ser generosos con los demás. Necesitamos quererlo hacer, necesitamos que nuestro corazón sea un corazón sensible a la necesidad, un corazón generoso, un corazón movido por Dios para actuar; es lo que nosotros necesitamos.

 

Un corazón generoso, un corazón sensible a la necesidad de alguien. Que veas a alguien y que tu corazón sea movido en generosidad, y le des algo porque lo quieres hacer, no porque Dios te lo manda.

 

Una ocasión caminando con mi esposa en Reforma, de repente volteo y vio a una María sentada vendiendo algo y pidiendo dinero. Entonces Maru volteó, la vio y le dijo: ah pobrecita, pero no tengo cambio. Y entonces oyó la voz de Dios que le dijo: pues dale el billete. Así de fácil, no tengo cambio. Ah qué bueno que no tienes cambio, pero ¿quieres ser generoso? Da simplemente. Y es lo que quiere el Señor, no es la cantidad, es cómo lo das, es la forma que lo das.

 

Ahí estaba nuestro Señor Jesucristo, observando cómo venían a poner su diezmo los judíos, y dentro de esas personas vio a una mujer grande, abrir su monedero y sacar lo que ahí tenía y ponerlo. Por otra parte había estado observando gente que venían, yo me imagino con sus sacos de grano y contando.

 

Y Jesús les dijo a sus discípulos: Esa mujer puso mucho más que lo que pusieron los otros. Porque los otros están cumpliendo con un mandato de Dios, y están aún contando para que ni les falte ni les sobre para el diezmo. Pero esta mujer dio más porque puso todo lo que tenía. En cantidad era menos, pero en acción, en forma era más. Ella se desprendió de lo que tenía, lo puso. 

 

Y nosotros muchas ocasiones por nuestro egoísmo no vemos la necesidad de los demás, y esperamos no tener problemas económicos, tener satisfechas nuestras necesidades para entonces poder ser generosos. Y podemos ser generosos aun cuando aparentemente no tenemos qué dar. Siempre va a haber algo que puedas dar: productos, dinero, tiempo, oración, atención; siempre habrá algo que tú puedas dar. Y es lo que quiere el Señor, que veamos a nuestro corazón.

 

Por eso el Señor les dijo: yo les mando que traigan, Ah pero ¿qué crees? Lo va a traer el generoso de corazón. No le interesa a Dios tener un templo lleno de oro, de piedras preciosas, ¡no le importa! Le importa que lo que nosotros traigamos lo hagamos de un corazón generoso, eso es lo que le interesa.

 

Proverbios 11:25 El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.

 

Aquí podemos encontrar una gran promesa de parte de Dios, una promesa de prosperidad, una promesa de abundancia que tiene que ver con el corazón no con otra cosa. No tiene que ver con los recursos económicos que tú tengas. Si tú tienes un corazón generoso y tú buscas suplir una necesidad, algo de acuerdo a lo que estés en la posibilidad de hacer, ¡lo tienes que hacer, dice el Señor! Y entonces Dios te va a suplir tus necesidades.


Dios conoce de lo que nosotros tenemos necesidad, Él lo sabe, y en todos los aspectos no solamente en el económico. En el espiritual, en el afectivo, en el anímico, en todo, Él lo sabe y Él lo va a suplir. ¿Cuándo lo va a suplir? Cuando nosotros suplimos la necesidad de los demás. Si yo no quiero que Dios supla mi necesidad, la que sea, entonces yo me tengo que hacer el desentendido con los demás, con la necesidad de los demás y no hacerles caso.

 

Seguir siendo una persona como en el mundo: egoísta. No pasa nada, Dios no me va a obligar. Lo que sí me dice Dios es: Si tú haces esto, yo te voy a bendecir con esto. Y nos tenemos que mover de acuerdo a lo que Dios establece. ¿Cuál es el pensamiento de una persona generosa?

 

Isaías 32:8 Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado.

 

Alguien que tiene un corazón generoso, su mente está pensando en seguir siendo generoso, en hacer obras de generosidad; y por esas obras de generosidad que lleve a cabo va a ser exaltado. ¿En qué piensa un pecador? En el pecado, en cómo le va a hacer para pecar. ¿En qué piensa un ratero? En cómo robar, en dónde robar. ¿En qué piensa un defraudador? En cómo defraudar.  Cada quien va a pensar lo que tiene en su corazón.

 

¿Qué es lo que hay en nuestro corazón? ¿Hay egoísmo? Entonces vamos a pensar egoístamente, vamos a pensar en las cosas que nosotros queremos para nosotros mismos. Vamos a pensar en nuestras necesidades las cuales nunca se acaban, jamás se van a acabar, siempre van a ser, siempre van a estar y cada vez van a aumentar, siempre. ¿Qué tenemos en el corazón? ¿Qué sentimientos hay? ¿Qué valores tenemos o qué principios tenemos de los que establece la Palabra de Dios?

 

Hemos hablado de principios como el amor, como el servicio y ahora la generosidad. Son principios que el mundo no tiene, que de repente tiene destellos de ellos, pero no los tienen como valores ni como principios. La Palabra de Dios nos habla en toda la Biblia en relación a que debemos tener generosidad y que nuestros pensamientos deben  de ser de generosidad para que nuestras acciones sean de generosidad. Y yo entiendo esto muy sencillo, porque entonces vamos a ser exaltados, ¿de qué manera? Con generosidad de parte de Dios hacia nuestra vida, vamos a tener lo mismo.

 

El apóstol Pablo hace un llamado a la iglesia de Corinto; eran hermanos que fluían en los dones espirituales. Todos ellos eran tremendos, estaban dedicados a la manifestación de los dones del Espíritu Santo. En verdad, Pablo cuando vemos las dos cartas a los Corintios nos damos cuenta cómo eran llenos del Espíritu Santo para fluir en los dones del Espíritu de Dios.

 

Y cuando leemos otras partes de los mismos Corintios, nos damos cuenta que tenían luego una vida toda torcida, toda mal, toda equivocada, con problemas. Y hay un punto en donde podemos advertir que a los Corintios no les interesaba a pesar de fluir en los dones del Espíritu Santo, no les importaban principios de la Palabra de Dios como la generosidad, no les interesaba.

 

2 Corintios 9:5 Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.

 

¿Qué especial, qué estaba sucediendo, qué había sucedido? Ellos habían prometido ser generosos, habían quedado en enviar una ofrenda generosa a las iglesias ubicadas en Jerusalén. Pero de acuerdo a este contexto nosotros podemos advertir, que ya lo habían hecho en otras ocasiones y habían fallado, no habían cumplido, no lo habían hecho como habían quedado en hacerlo.

 

Esto yo no sé si te suena familiar, es como cuando aquí prometemos algo: ah sí yo hago, yo hermano, yo voy a venir y a hacer esto. Y otro: ah es que yo me anoto, yo lo voy a hacer, yo lo traigo. En ese momento nuestro corazón es movido para hacer algo y decimos: Sí, claro, yo, aquí estoy, sí Señor y delante de ti lo estoy diciendo, aquí en la iglesia. ¿Y qué sucede? Se nos olvida. Por la razón que sea no cumplimos, por la razón que sea fallamos.

 

Y Pablo les dice: les envío a algunos hermanos para que lo recuerden, no para presionarlos, ¡no! Sino para recordarles que cumplan lo que ustedes prometieron que iban a dar. ¡No nos gusta que nos recuerden nuestros compromisos! Aunque los hayamos hecho voluntariamente, aunque los hayamos hecho generosamente, ¡no nos gusta que nos recuerden nuestro compromiso, nuestra responsabilidad, nos molesta!

 

No se diga cuando le prestas dinero a una persona, uy es lo peor. Le prestas un dinero y pasa el tiempo, algunas ocasiones el hermano deja de venir a la iglesia, en otras ocasiones se hace el occiso, y empieza a pasar el tiempo hasta un día que le recuerdas que tiene un compromiso contigo. Uy, parece que le estás pidiendo limosna, parce que le estás exigiendo algo, ¡se enojan!  Normalmente el que debe y no paga se enoja cuando le cobras, tiene actitudes negativas.

 

Tan es así y no es privativo del mexicano, que nosotros vemos como los Corintios estaban en esa situación. Y Pablo agarra a varios hermanos y les dice: Váyanse para Corinto y recuérdenles que tienen comprometida una ofrenda, ellos dijeron que iban a dar una ofrenda de generosidad para las iglesias de Jerusalén. Vayan y recuérdenles para que cuando nosotros vayamos, esa ofrenda esté lista.

 

No vamos a llegar y a la mera hora salgan con: ay pues vamos a ver…  ay es que ahorita ando apurado hermano. Entonces ya desde ahorita adelántense para que cuando nosotros lleguemos ya todo esté preparado, todo esté listo, nos den la ofrenda y se la llevemos a la iglesia  de Jerusalén, a las iglesias que había ahí. Ellos habían dicho que iban a dar generosamente la ofrenda, que la darían de corazón, pues ¡entonces háganlo! Y para eso fueron enviados los otros.

 

¿Tú dijiste que ibas a dar una ofrenda de corazón? Dala, no te presiono, pero simplemente te recuerdo. Pero luego se nos olvida, nos comprometemos delante de Dios y no cumplimos. Y cuando no cumplimos decimos. Bueno no importa, no hay problema, y lo peor: Dios sabe. Sí Dios sabe, Dios sabe que soy un irresponsable, por supuesto que lo sabe.

 

2 Corintios 9:6  Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

 

Esta es una ley espiritual y física que se cumple. Si siembras poquito, vas a cosechar poquito. Así es. Si siembras mucho, vas a cosechar mucho. Si yo siembro en un metro cuadrado, no puedo esperar una cosecha de una hectárea, ¡es absurdo! Si yo siembro en una hectárea, voy a esperar una cosecha de una hectárea no de diez, de una.

 

¿Cómo estoy sembrando? Es lo que dice el apóstol Pablo, observa cómo estás sembrando. Cuando se trata de generosidad cómo siembras, ¿escasamente o generosamente? En cierta ocasión nos estuvieron invitando a una iglesia, íbamos, me acompañaban varios hermanos de la congregación. Y siempre veía que hacían algo en esa iglesia, a la hora que se iba a orar para recoger los diezmos y las ofrendas, lo anunciaba el pastor y empezaban a cantar: La ofrenda, la ofrenda, la ofrenda es del Señor, si tú das un peso el Señor te da dos.

 

Se oye muy bonito, ah pues entonces le pongo mil para que el Señor me dé dos mil. Y si hay recursos económicos le pongo 10 mil, para que el Señor me dé 20 mil. Y luego ese es nuestro pensamiento, le ponemos algo al Señor, Señor prospéralo, tú sabes que te estoy poniendo 100 pesos, pues dame más de 100 pesos, como dice tu Palabra multiplícalo al ciento por uno. ¡Qué padre!

 

Y así somos, y eso es anti bíblico. Yo oía cómo cantaba la iglesia tan emocionada, y siempre se me atravesaba y yo decía: Señor es que yo aquí bíblicamente veo que esto no es correcto. Si yo siembro en un metro cuadrado pues tengo que cosechar en un metro cuadrado, no hay de otra.  ¿Por qué voy a creer que si yo siembro en un metro, tú vas a hacer que mi cosecha sea de dos metros? Si yo siembro generosamente, va a haber bendición generosa.

 

Y es lo que Pablo les está diciendo a los Corintios, vean su corazón. Porque es muy cómodo querer tener más trabajando menos. Quién no quisiera que le aumentaran el sueldo en su trabajo al doble, que se lo multiplicaran; todos queremos. Ah Señor, cuando yo estaba en el Periódico, mira pues aquí la comisión por la publicidad que metemos es del 6%, toca el corazón de la jefa de Auditoría para que a partir de la próxima semana sea del 12%. ¡No, no va a suceder!

 

Si quería que se aumentara la comisión, era muy sencillo: Metía más publicidad, trabájale más, haz lo que tienes qué hacer, así de fácil. Y es lo que Pablo le está diciendo a los Corintios: hagan las cosas como las tienen que hacer, no se engañen, esto es fácil. Si tú siembras generosamente, generosamente cosecharás.  No hay de otra.

 

Por eso el Señor les dijo a los israelitas. Yo les mando que traigan ofrenda, pero cuidado, no la traigan porque es una orden, no la traigan porque es un mandato. Tráiganla porque tienen un corazón generoso, si no, no me interesa tu ofrenda, no me importa, así de fácil.

 

Versículo 7  Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

 

Muchas ocasiones nosotros tenemos en nuestro corazón el buen deseo de dar algo, tenemos un corazón generoso que en el momento que vemos alguna necesidad, que vemos algo en la iglesia, o que hay un llamado por algo, nuestro corazón se mueve y decimos: Sí, yo voy a hacer, yo voy a dar. ¿Y después? Se nos olvida. Y no me refiero exclusivamente a cuestiones económicas, a cuestiones de dinero, me refiero aun a tiempo, a servicio, a trabajo.

 

Sí yo voy a venir y voy a hacer, y voy a lavar todas las sillas. Mira, no laves todas las sillas nada más lava 10 sillas. Ay hermano qué pena no pude venir en toda la semana. Pues ¿no ibas a lavar todas? Ups, es que no sé cuándo pueda. Es que yo voy a pintar. Va. Nada más píntate un pedacito, un metro cuadrado. Sí, yo lo voy a hacer, yo traigo la pintura. ¿Qué pasó, dónde pintaste? Híjole, es que no pude venir, es que no me acordaba que tenía que hacer. ¡No te comprometas dice la Palabra!

 

No te comprometas, no hay problema si no te comprometes. Pero dice el apóstol Pablo: Si te comprometes entonces da como tú mismo te lo propusiste en tu corazón; nadie te obligó, nadie te presiona. Hay hermanos que predican a nivel internacional, buenísimos para juntar ofrenda, de veras son muy buenos.

 

Como el hermano Wayne Myers, es excelente, te mueve a desear ofrendar, tremendo. Y además él hace algo, él no nada más ahora sí te saca el dinero, él se saca el dinero. Y él en ese momento que está predicando para levantar ofrenda por propósitos específicos de la iglesia como construcción, remodelación, lo que sea, él agarra y te dice: yo en este momento pastor, aquí… Y te hace un cheque en dólares, por tantos cientos o miles de dólares, ahí está, y él pone.

 

Y luego yo lo he oído decir: de lo que toda la iglesia se comprometa y dé, yo pongo una cantidad similar. Y lo hace. Son buenos para mover el corazón y que la gente ofrende, excelentes. Y a mí me han dicho: ¿y por qué no lo traes? Cuando yo sienta más comprometido el corazón de mis hermanos lo invito. Pero es que él le va a poner. Sí ya los é, pero no quiero que le ponga tres pesos, así de fácil.

 

Luego somos muy sencillos, yo digo que luego somos como Pedro el apóstol, hablamos mucho. Es que yo pongo… Hay esta necesidad. Yo ofrendo mi coche. Yo lo he escuchado aquí en la iglesia: yo pongo mi coche. Ya vendieron el coche y aquí nunca llegó la ofrenda. Para qué prometes. Dice en Eclesiastés Si le prometes a Dios, cumple. Si no vas a cumplir, mejor no prometas, no hay problema. Dios no se va a enojar contigo, Dios no va a tener problema contigo. Tienes problema cuando tú dices en tu corazón: Yo voy a hacer. ¡Y no haces!

 

Por eso les dice el apóstol: Si tú te comprometes porque tú quisiste, de una manera voluntaria, por un corazón generoso, entonces dalo, no lo hagas con tristeza. Ay Señor es que yo me comprometí con la iglesia para dar una ofrenda de 50 pesos, pero bueno está bien, nada más porque me comprometí. Pero es que no sé si de veras darlo. Y de veras sientes que te cortan algo de tu corazón, y no te es fácil soltarlo. O lo sueltas y le empiezas a llorar: ay mis 50 pesos, con esto me pude haber comprado un café en Starbucks, o en donde sea.

 

Cuando lees, también dice: ni por necesidad. Porque luego tenemos en nuestra mente el concepto de que si damos, Dios está obligado a retribuirnos. Tengo una necesidad, ¿cómo le haré para tener más dinero para poderla suplir? Ah ya sé, le voy a dar una ofrenda a Dios para que Él me dé dinero y la pueda suplir. ¡No lo hagas así, no te va a llegar el dinero! Tiene que ser de un corazón generoso.

 

Y dice el apóstol Pablo: porque Dios ama al dador alegre. Si tú con alegría das, porque tienes un corazón generoso, Dios te ama por ese corazón. Si tú no te comprometes con Dios a dar algo, Dios te ama. Dios lo que no ama es que te comprometas y no cumplas, que seas irresponsable, eso no lo ama. Cumple y Dios te bendice.

 

Todos los actos que nosotros llevamos a cabo, absolutamente todos tienen consecuencias, todos. Las formas en que nosotros actuamos tienen consecuencias, definitivo. No hay algo que nosotros hagamos que no tenga consecuencias. Si hacemos lo malo, tendrá consecuencias. Si hacemos lo bueno, habrá consecuencias. De cualquier modo, no podemos quitar las consecuencias.

 

Es como cuando una joven comete un error, un pecado, se embaraza, viene al Señor, y el Señor le perdona el pecado; porque tenemos un Dios de amor, un Dios perdonador; pero la consecuencia la vas a sufrir. Dios no te va a decir que vayas y abortes porque Él ya te perdonó que estás esperando un bebé fuera de matrimonio, ¡no! Y ahí hay una consecuencia. El que nosotros tengamos un corazón generoso tiene una consecuencia.

 

2 Corintios 9:8  Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

 

Fíjate qué maravilla, tu generosidad te va a bendecir. Por tu generosidad Dios hará que tengas gracia delante de los demás, y que aún tengas los recursos suficientes para que puedas suplir todas tus necesidades, todas. Y no solamente eso, para que aun tú estés en posibilidad de continuar siendo generoso, para que puedas abundar en tu generosidad, para que te sigas gozándote en tu corazón por ser generoso.

 

Lo tienes que hacer y Dios te va a traer los medios, Dios te ve y dice. Ah este corazón es generoso para con los demás, te doy para que suplas tus necesidades y para que sigas siendo generoso, y aun seas más generoso. Para que lleves a cabo este valor, este principio. 

 

En el mundo se piensa: Si yo doy se me acaba. En Cristo, tú das y Dios te da para puedas dar, sencillo. Si yo me comprometo con Dios y hago lo que tengo que hacer, y muestro un corazón generoso, entonces Dios me va a dar para que yo pueda seguir haciendo generosidades.

 

Recuerda a la viuda de Sarepta, en 1 Reyes 17, había en esos días en Israel sequía, había hambre, la situación estaba bastante crítica. Había una mujer viuda que tenía un hijo, y por otra parte estaba el profeta Elías. Dios le dijo al profeta: ve a Sarepta, y ahí te vas a encontrar a una mujer, pídele a esa mujer que te dé de comer, que te prepare una torta. No creas que era una torta de jamón o de salchicha o de milanesa, ¡no! Era harina con aceite y la cocían, esa era la torta, no te imagines una torta cubana o algo así.

 

Y entonces va el profeta hasta Sarepta y encuentra a esta mujer, y le dice: tengo hambre, prepárame una torta. Y entonces ella le dice: En mi casa solamente tengo un puñado de harina y tengo un poco de aceite; mi idea era prepararlo y comernos esa torta mi hijo y yo, y después dejarnos morir porque no tenemos más. Fíjate qué situación tan fuerte, es lo único que tengo. Me lo como junto con mi hijo y nos dejamos morir. Uf, qué fuerte. Y le dice el profeta: prepárame una torta ¿no?

 

¿Tú estarías dispuesto a darle tu pan, el que te vas a comer porque no has comido y es lo último que vas a comer, y dárselo a una persona que venga y te diga: dámelo? ¿Se lo darías? Yo creo que lo pensaríamos, y yo creo que pensarías: pues te estoy diciendo que es todo lo que tengo y es para mi hijo y para mí, ¡no inventes! Dámelo, tengo hambre. ¡Pues yo también! Yo también tengo hambre, dámelo.

 

Qué difícil, pero es donde interviene el corazón. Esta mujer no tenía nada más, y le dijo al profeta: te lo doy, ven. Y lo lleva a su casa, y le prepara eso último que había, y se lo entrega, se lo da. Y yo imagino que el profeta sentadito con esa rica torta, calientita; ¿te gusta el pan caliente recién salido del horno? Pues así estaba esa torta, recién salida del horno. La agarra el profeta y se la empieza a comer. ¿Qué caras ha de haber hecho comiéndose eso tan sabroso? Y enfrente de él, la viuda y el hijo viéndolo. Qué fuerte.

 

Ya que se acabó la torta, dice el profeta: ahora sí, prepara para ti y tu hijo. ¡Milagro de Dios! Por ese corazón generoso que le dio a un necesitado y que era un siervo de Dios el profeta Elías, Dios le abunda y dice que todo el tiempo que continuó el problema en Israel, la sequía, a esa mujer no se le acabó la harina ni se le acabó el aceite. Y pudo comer junto con su hijo y junto con el profeta todos los días. ¡Así es Dios! Pero ¿qué necesita Dios para actuar? Tu corazón generoso. Un corazón que entienda valores, principios bíblicos y los ponga por obra.

 

Una ocasión una persona me dijo: es que si Dios prospera esto es muy sencillo: voy y pongo en la iglesia una ofrenda de equis cantidad de dinero, muchos miles. Y después de un rato voy a tener una gran cantidad, multiplicado eso. Y le dije: no, perdóname no, no es la bolsa de valores, ¡Dios no actúa así! Dios actúa viendo tu corazón.

 

Y si tú llevas un dinero nada más para que se te multiplique, vas a tener un grave problema: Te vas a enojar con Dios, porque no se te va a multiplicar. Porque va a pasar el tiempo y te habrás dado cuenta que tu dinero, todo lo que llevaste, todo lo que pusiste sete acabó. Claro que para mí hubiera sido muy fácil: Sí, llévalo a mi iglesia, ahí sí llévalo y vas a ver qué buena onda.  ¡No, no es así! Dios actúa de otro modo.

 

2 Corintios 9:10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia.

 

Si tú tienes un corazón generoso y le das a alguien lo que necesita para trabajar y para producir, mira, lo que estás haciendo es que estás proveyendo para ti mismo y el Señor te va a multiplicar lo que tú des. Vas a aumentar los frutos de tu justicia. Si tú le das al que tiene hambre pan, el Señor va a saciar tu hambre, así  es el Señor. Pero un corazón egoísta, Dios no lo va a bendecir, no lo va a prosperar. Una persona que no entienda los valores bíblicos, este valor de la generosidad, Dios no lo va a prosperar, no lo va a hacer.

 

Y ¿Por qué lo hace el Señor? Versículo 11 Para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Lo que tú le des a alguien de un corazón generoso, esa persona lo va  a recibir y le va a dar gloria a Dios, le va a dar gracias a Dios porque recibió algo. Tú da, y esa gente le va a agradecer a Dios, así es.

 

A mí me llama mucho la atención cuando, por ejemplo, hay tiendas de autoservicio que tienen como empacadores a gente de edad avanzada, a mí en lo personal me da mucha tristeza ver personas grandes, mayores que yo, y que estén trabajando ahí porque no tienen otro ingreso, porque no tienen recursos, porque tal vez no tengan una pensión donde sostenerse o sostenerse dignamente, no lo hay. La situación que vivimos en nuestro país es difícil.

 

Entonces cuando veo a esta gente, me da tristeza, y siempre trato de darles algo que no sean monedas, nunca les doy monedas. Yo pienso: si yo estuviera en su lugar a mí me gustaría que me trataran bien, viendo que estoy haciendo un esfuerzo por mi edad. Y entonces por lo menos saco 20 pesos y se los doy.

 

 No ha habido una persona que a la hora de recibirlo no voltee, me vea, me sonría, ponga cara de alegría y me diga: Dios lo bendiga. O lo recibe me ve y dice: Gracias a Dios, Dios lo bendiga. Y puedo ver en esas personas esa gratitud para con Dios. Pero necesitas tú abrir tu corazón y ser generoso, y dar como dice la Palabra.

 

Versículo 12 Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios.

 

Es decir, con un corazón generoso y un corazón generoso para con los hermanos en la fe, va a haber suficiente para suplir las necesidades de las personas de nuestros hermanos a quienes les falta algo. Se va a suplir su necesidad y además, también abundará en lo mismo en muchas acciones de gracias, en gratitud para con Dios por lo que Dios está actuando en sus vidas, que sin pedirlo están dando.

 

Por eso les decimos: Trae algo de despensa, cuando vengas agarra un kilo de azúcar, o un kilo de arroz o un kilo de frijol, algo, tráelo y ponlo porque eso va a traer bendición a un hermano que no imaginamos que lo necesita. Lo hemos visto muchas ocasiones, cada vez que lo hacemos vemos bendición.

 

No sabes tú sí hay un hermano aquí que tiene una necesidad, una familia que está pasando por hambre, no lo sabemos pero necesitamos traer algo para ayudar a solucionar su situación. Pero para ello necesitamos un corazón generoso. Ten un corazón generoso, no importa que a ti no van a venir y te van a decir: gracias porque tú trajiste el kilo de frijol que yo necesitaba. ¡NO!

 

Pero si le van a decir a Dios: Gracias Dios porque yo necesitaba esto y aquí está, porque esto suple mi necesidad. ¡Hazlo, hazlo! No te olvides de hacerlo, no te olvides de ser generoso, y Dios no se olvidará jamás de ser generoso contigo.

 

Versículo 13  Pues por la experiencia de esta ministración (es decir, de esto que se da), glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos.

 

La gente va a glorificar a Dios porque tú fuiste obediente a su Palabra, porque tú entendiste un principio de generosidad. Porque tú hiciste caso a la Palabra de Dios y actuaste en consecuencia para bendecir, para dar; y entonces, esto va a traer bendición a tu vida, a la vida de los que están a tu alrededor y no sabes a cuántos más. Debemos tener un corazón generoso, es un principio de la Palabra, es un principio de Dios, no solamente es un valor.

 

Mira a tu alrededor la gente en el mundo para no mencionar que también muchos hermanos, que son egoístas, que no dan, que saben lo que tienen que hacer y no lo hacen. Nosotros tenemos que movernos de acuerdo a la Palabra, y sabemos que tenemos que dar, sabemos que tenemos que ser generosos, entonces ¡seámoslo! Seamos generosos como dice la Escritura y traigamos de nuestro corazón generosidad. A mí no me interesa que alguien me diga gracias, en verdad. A mí me interesa que glorifiquen a Dios, y me interesa tener el corazón que Dios quiere que tengamos, ¿amén? Pero no estés triste, si no quieres no traigas nada.

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Jesús gracias por tu Palabra, porque tú nos vas mostrando día a día lo que nosotros tenemos que tener en nuestro corazón, en nuestra vida como principios, no solamente como valores sino también como principio, Nosotros tenemos que ser diferentes a como es el mundo, tenemos que mostrar esa diferencia; y esa diferencia la vamos a mostrar haciendo lo que tú dices.

 

Gracias Señor por decirnos lo que tenemos que hacer, por ser tan claro en tu Palabra para que lo podamos entender. Te alabamos, te bendecimos, te damos honra y gloria, y Señor gracias por bendecirnos, gracias por suplir lo que nos hace falta, gracias por darnos aún más para poder ser generosos. Pero sobre todo, gracias Señor por tu generosidad por nosotros. Te alabamos y te bendecimos en el nombre que es sobre todo nombre, en el nombre de Cristo Jesús, amén.


Dios los bendiga.