INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

FIRMES EN LA FE

 

José Antonio Cano

 

 

 

Romanos 4:18-22 El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. 19Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara. 20Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; 22por lo cual también su fe le fue contada por justicia.

 

Cuando nosotros miramos al contexto de lo de Abraham, nosotros conocemos la historia y sabemos que Abraham no tenía hijos, no podía tener hijos. Dice la Palabra de Dios que Sara su esposa era estéril, por lo tanto no podía tener hijos. Pero Abraham era una persona que amaba a Dios, era alguien que hacía las cosas conforme y la voluntad de Dios, una persona que siempre le daba el primer lugar al Señor.

 

Y bueno, pues Dios que conocía el corazón de Abraham, que conocía sus deseos, sus anhelos, le hizo una promesa y le prometió que le daría descendencia; incluso lo llevó en la noche y le dijo que mirara al cielo y que contara las estrellas que había. Y dijo: son incontables. Bueno, así será tu descendencia, le dijo, y será también como la arena que hay en el mar, incontable. 

 

Abraham creyó esta promesa, creyó lo que Dios le dijo y empezó a caminar. Pero, nosotros sabemos que la promesa no llegó de inmediato, tardó alrededor de 25 años para que esa promesa se hiciera realidad. Y lo importante en todo esto fue que Abraham siempre tuvo su fe puesta en el Señor, su fe, como dice la Escritura, no se debilitó. Abraham recibió una promesa de Dios y todos estos años él no dudó del cumplimiento de la promesa.

 

Sabía que el que había prometido era Dios, el Fiel, el Verdadero, el que cumplía su Palabra, sus promesas, y que un día la promesa le llegaría. No sabía Abraham cuándo sería, cuándo ocurriría, no había tiempos para esto, sin embargo, Abraham permaneció en la fe, tuvo por ahí un tropezón pero bueno, ni modo no era perfecto, era hombre de fe.

 

Y Abraham, yo puedo advertir como él mismo recibe la palabra de que él sería padre de multitudes, padre de generaciones, el padre de la fe. Y él caminó y esperó e hizo lo que tenía que hacer. Las circunstancias de Abraham fueron circunstancias muy especiales; él ya era, dice la Escritura, un hombre viejo al igual que su esposa Sara, y ella además era estéril.


Cuando analizo las circunstancias que estaba viviendo Abraham advierto que prácticamente todas las cosas estaban en contra. Ahora sí que él creer que iba a tener un hijo a los 100 años de edad, pues estaba complicado. Que su esposa daría a luz, su esposa tenía 90 años, pues también sabemos no era nada normal, sus circunstancias eran demasiado difíciles.


Sin embargo fueron circunstancias que a Abraham no le importaron, él se mantuvo firme en la fe como dice la Palabra, estuvo firme en la fe conociendo al que prometió. El que prometió, Dios Todopoderoso le dijo que llegaría a ser padre de multitudes. Por lo tanto al creerle no se debilita su fe, él sigue firme, él espera en los tiempos de Dios.

 

Y dice en el Versículo 20 que tampoco dudó por incredulidad. Es decir, primero pese a las circunstancias adversas que habían, la fe de Abraham se sostuvo, se mantuvo. Y segundo, dice la Escritura que tampoco dudó por incredulidad, son dos cosas diferentes, por una parte nosotros podemos mirar a nuestro alrededor o mirarnos a nosotros mismos y ver que nuestras circunstancias no son óptimas para que la Palabra de Dios se cumpla, no son las idóneas para que la promesa de Dios descienda.

 

Nuestras propias circunstancias pueden ocasionar que nosotros dudemos de que pueda venir una promesa de parte de Dios. Vemos las circunstancias y también podemos tener otras situaciones que nos pueden hacer dudar de que la promesa de Dios se va a manifestar, se va a cumplir. Por eso también dice la Palabra que Abraham le llamó a las cosas que no son, como si fueran. Él no las veía pero él tenía fe, él sabía que las cosas se iban a cumplir, iban a descender de la manera en que Dios se lo había dicho.

 

Por lo tanto, Abraham no dudó del cumplimiento de la promesa de parte de Dios, al contrario, él se fortaleció. Lo cual para nosotros podría parecer un poco incongruente, porque muchas ocasiones cuando vemos que una promesa no se cumple, cuando vemos que una petición que le hicimos al Señor no llega, entonces nosotros nos debilitamos en nuestra fe. Nosotros llegamos a dudar, nosotros aun pensamos: Si mis circunstancias fueran otras, entonces sí ocurriría lo que Dios dice.

 

Y entonces nosotros de un modo o de otro no estamos reconociendo el gran poder de Dios, no estamos reconociendo aun su autoridad y poder sobre todas las cosas. Abraham lo creyó, Abraham no se debilitó en su fe sino al contrario, dice la Palabra que él se fortaleció en la fe dándole gloria a Dios.


Qué difícil es esto, qué difícil es glorificar al Señor cuando no estamos recibiendo algo que nos dijo que nos iba a dar. Dios nos habla de sanidad, que la vamos a recibir, lo dice la Escritura, oramos por ella, nos seguimos sintiendo igual, nos damos cuenta que seguimos enfermos y entonces, nos debilitamos en nuestra fe. Sí Señor, yo sé que eres el Todopoderoso pero, no sé qué está pasando; y nuestra fe se debilita, nuestra fe se viene para abajo, tenemos problemas con nuestra fe.

 

Muchas ocasiones aun tratamos de justificar a Dios de que no se manifiesta una promesa, que no se manifiesta una bendición, una petición, algo; no entendemos, y yo he podido conocer a cantidad de personas que se empezaron a congregar, que empezaron a caminar y como no recibieron algo que ellos esperaban recibir se apartaron de la Palabra.

 

El Señor en su Palabra nos dice que Abraham glorificó a Dios, se fortaleció glorificándolo. Qué difícil es darle gracias a Dios de algo que no tenemos, pero que sabemos que como Dios lo prometió lo vamos a tener. Qué difícil es darle honra y gloria a Dios, no es sencillo. Decir: No tengo esto que Dios me dijo, pero no importa, lo necesito, lo deseo, lo anhelo; y sin embargo como no lo tengo, voy a glorificar a Dios como si lo tuviera.

 

No es fácil, es declarar las cosas que no son como si ya fueran. Y es algo que nosotros tenemos que hacer, declararlo y glorificar a Dios. Dios es Dios, Dios es el Todopoderoso, y no importa que en nosotros, en alguno en lo personal no se cumpla aun alguna de sus promesas, Él sigue siendo Dios, Él sigue siendo el Todopoderoso, Él  no cambia, Él no va a cambiar o va a dejar de ser porque yo dudo; Él es el que es.

 

Y me llama la atención cómo dice la Escritura: Abraham se mantuvo y siguió caminado creyéndole a Dios, sabiendo que tendría un hijo, que tendría una gran descendencia y que sería padre de generaciones. El estar firmes en la fe sin importar las circunstancias que vivamos, es una puerta para que Dios actúe y traiga precisamente esa bendición, esa promesa a nuestra vida.


Cuando tú te mantienes firme en tu fe y glorificas a Dios, como dice la Escritura que lo hizo Abraham, sabes que la promesa va a llegar. Tal vez no sabemos cuándo y es lo más probable, pero sabemos que llegará, sabemos que Dos cumplirá, sabemos que si estamos en donde tenemos que estar, y en la actitud que tenemos que estar glorificando a Dios, esa bendición va a llegar, tarde o temprano va  allegar. Y dice la Biblia que nunca llega tarde el Señor. El Señor siempre llega cuando tiene que llegar.

 

Viendo las promesas que el Señor le había hecho al pueblo de Israel cuando estaban en Egipto, y les había dicho que los iba a sacar de ahí y se los iba a llevar; yo puedo advertir leyendo la Escritura, que el pueblo no hizo lo que tenía que hacer. El pueblo no se unió en oración, fue hasta esa generación como le llama la Biblia, esa última generación de Egipto cuando ellos clamaron a Dios. Cuando ellos llegó el momento que le dijeron al Señor: Ya no queremos permanecer aquí en este lugar, ya no queremos ser esclavos, sácanos, que tu promesa se cumpla.

 

Y prácticamente en esos momentos ellos fortalecieron su fe, ellos clamaron al Señor, le pidieron que se cumpliera algo que Él había declarado y entonces vino la bendición y ellos salieron de Egipto. Fue especial, y no fue una salida pronta, no fue una salida de un día para otro. Qué hubiera pasado si llega Moisés y le dice a Faraón: déjanos ir a hacer holocausto a nuestro Dios tres días. Y el Faraón les dijera: Sí, vete, váyanse. Hubiera dicho: en tres días los quiero de regreso, en tres días vuelven a su misma situación.

 

Sin embargo, el Señor endureció el corazón del Faraón, y les dijo: no salen. Y ahí empezó todo un proceso que conocemos que está escrito en Éxodo, que se llevó todo un año, un año de lucha. Dios haciendo milagros, diez milagros llevó a cabo, uno cada mes. Diez milagros que hicieron que al final el Faraón dijera: ¡sal! Le dijo al pueblo de Israel: váyanse, no los quiero aquí, llévense lo que quieran  no regresen.

 

Y todavía cuando salió el pueblo alguien vino y le dijo al Faraón. ¿Por qué los dejaste ir? Ve por ellos. Y entonces agarró su ejército y fue detrás de los israelitas. Vuelve Dios a hacer un milagro, les abre el mar, pasa el pueblo de Israel y cuando estaba pasando el ejército de Faraón con Faraón, se cierra el mar y se ahogan todos los egipcios. Y no volvieron a ser esclavos los israelitas, los egipcios murieron.

 

Yo estoy seguro que si Faraón le hubiera dicho al pueblo de Israel: Anda, ve al desierto y ofrece holocausto al Señor, a tu Dios; entonces se hubiera colgado los méritos el Faraón y hubiera dicho: El pueblo de Israel salió de la esclavitud porque yo lo dejé, no porque Dios interviniera, no porque Dios cumpliera una promesa; salió porque yo le di permiso de salir. Y él hubiera querido la gloria, y no es para él.

 

Dice el Señor que Dios, Él no comparte su gloria con nadie. Entonces Dios tuvo que hacer las cosas de tal modo para que quedara claro que el pueblo de Israel salía de Egipto por el poder de Dios, porque así Dios lo determinó, porque Dios así lo había prometido, porque Dios así lo cumplió, porque Él quiso. No, no fue por la voluntad del hombre, fue por Dios.

 

Y yo puedo advertir también como aquí este Abraham está en una situación similar, pasan veinticinco años, cuál era el problema de que tuviera un hijo Sara cuando Dios se lo dijo, al otro día se pudo haber embarazado si Dios hubiera querido. No tenían por qué haber pasado tantísimos años. Sin embargo, Dios hace las cosas con propósitos específicos, y es para que nosotros reconozcamos que a Él es la gloria, que a Él es la honra.

 

Porque nosotros ya llega el punto en que nos damos cuenta que no podemos hacer algo en relación a una situación que estemos viviendo. Los médicos llega el momento en que le dicen al paciente: no sabemos qué tiene, está enfermo pero ya le hicimos estudios y no le encontramos. Oramos por el paciente, oramos por su enfermedad, y resulta que va con el médico, lo vuelve a revisar, le vuelven a hacer estudios, y resulta que: ah no sé qué pasó, ya todo está bien, yo creo que nos equivocamos. ¡No, no se equivocaron! Nosotros sabemos que Dios actuó y que Dios tiene el poder para hacer las cosas y para mostrarnos que Él está actuando.


Sara pudo haber tenido un hijo a los pocos meses pudo haber concebido, sin embrago no fue así veinticinco años. Yo no sé cuántas noches o cuántas ocasiones Abraham tuvo en su mente el deseo de orar, de clamar a Dios y decirle: yo te glorifico porque yo sé que tengo un hijo, no lo veo, ya pasaron quince años y sigo clamando y sigo creyendo, y no ha llegado pero seguiré, no importa el tiempo que te tomes Señor.


Era patriarca Abraham, tenía esclavos, esclavas, tenía mucha gene a su servicio, gente que tenían a su vez hijos. Había recién nacidos, había niños; yo imagino que no fue fácil para Abraham mirar a esos niños y decir: Así estaría mi hijo, y mi hijo ¿cuándo llegará? Sin embargo esperó y esperó fortaleciéndose en la fe. No es, yo espero resignado a ver cuándo a Dios se le ocurre darme la bendición. Pues vamos a esperar a ver cuándo Dios tiene a bien que se arreglen los papeles del terreno para poder construir la iglesia en donde vamos a estar.

 

No es en una resignación, es el creer, el tener fe de que las cosas van a suceder, es el creer que ya están sucediendo. Estamos orando por motivos específicos ahorita, nos estamos poniendo de acuerdo para a una hora determinada orar por los mismos propósitos, propósitos de bendición, de promesas de parte de Dios. Y yo creo que ya llegaron, yo creo que cada una de esas promesas que Dios dijo, ¡llegaron ya! Y en cualquier momento ya lo vemos, y sé que así va a ser, Dios está ahí y Dios está presente con nosotros.

 

Muchas ocasiones también hay circunstancias que prueban nuestra fe. Son circunstancias que se dan simplemente, y no quiere decir que el enemigo se levante a crear esas circunstancias adversas; creo que sería darle demasiada importancia al enemigo, simple y sencillamente no lo creo. Yo creo que son circunstancias que vivimos, que están a nuestro alrededor o que están en nosotros y que nosotros tenemos que probar que estamos firmes en nuestra fe.


Circunstancias negativas, circunstancias adversas en donde nosotros tenemos que hablarnos a nosotros mismos para ver qué tan firme es nuestra fe. Si tenemos una fe que está glorificando al Señor o tenemos una fe débil, endeble, una fe que está sostenida por el cumplimiento de bendiciones. Veo circunstancias que tenemos que enfrentar y que tenemos que pasar si es que nosotros estamos creyendo en el Señor.

 

Marcos 2:2-5  E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. 4Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. 5Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

 

Imagina por un momento esta escena de esto que está ocurriendo. El Señor Jesús está en Capernaum, está predicando la Palabra, está en casa, dice la Biblia. Al enterarse la gente que ahí estaba el Señor van hasta ese lugar a escucharlo. Hay enfermos que van para buscar sanidad, llega una multitud, una multitud tan grande que no se podía entrar a la casa, no se podía llegar a Jesús, era imposible.

 

Había cuatro jóvenes que tenían un amigo que estaba paralítico; oyeron que Jesús estaba en casa por lo que tomaron un lecho, pusieron ahí al paralítico, y dijeron: vamos con Jesús, él lo puede sanar. Tenían la fe para saber que Jesucristo podía traer sanidad a ese hombre. No importaba la condición, no importaba cuántos años tenía ahí postrado paralítico, simplemente ellos sabían que si Jesús lo tacaba, que si Jesús oraba, que si Jesús declaraba una palabra el paralítico dejaba esa condición y empezaba a caminar; ellos lo sabían.

 

Ellos tenían esa fe y supongo que el paralítico también. Yo no sé si el paralítico fue el que les dijo: llévenme con Jesús. O los amigos le dijeron al paralítico: te vamos a llevar con Jesús. El punto es que había fe en ellos, fe para ir en busca de Jesús para este milagro. Al llegar a la casa se encuentran con una circunstancia negativa, no podían llegar hasta Jesús por causa de la multitud, no podían entrar a la casa por causa de la multitud. ¿Cómo se iban a acercar? No era posible.

 

Por su fe, insisto, ellos sabían que Jesús lo podía sanar. Sin embargo, por esta circunstancia parecía que el amigo seguiría paralítico. Imagina llegar y decir: uy, solo esto nos faltaba, no podemos llegar a Jesús, no nos podemos acercar a él para que toque a nuestro amigo, bueno. Algunos dirían: bueno, ya será para la otra. Yo creo que otros más espirituales dirían: No era el tiempo de Dios. No era su voluntad, tienes que seguir paralítico, no es la voluntad de Dios sanarte, él no te quiere sanar. Si él quisiera sanarte, uy, hubiéramos entrado sin problema.

 

Pero se pudieron haber resignado a esta situación: estás paralítico y seguirás paralítico. Lástima Margarito. O por la fe buscar una solución. Tengo fe de que si lo toca Jesús o que si lo ve Jesús lo va a sanar. Vamos a hacer algo, ¿qué podemos hacer? Y a uno de ellos se le ocurrió la maravillosa idea: vamos a subirlo a la azotea de la casa. Imagínate: nos subimos a la azotea de la casa, abrimos un hoyo y por ahí bajamos el lecho. Consíguete una cuerda.

 

Oye, pero vamos a echar a perder el techo de la casa. Y uno ha de haber dicho: y a mí qué me importa el techo de la casa, a mí lo que me importa es que mi amigo camine. Tenemos que poner a éste, ahí en la presencia de Jesús para que Jesús lo vea, para que Jesús lo toque, para que Jesús lo sane. ¿Quién se sube? No eran techos bajitos, eran techos altos; pues vamos todos porque tenemos que subir el lecho con el paralítico.

 

Ya me imagino el problema para subirlo, y lo subieron. Y ahí arriba en la azotea están los cinco, cuatro activos y uno en el lecho esperando. Abren el boquete en la azotea, no les importó la opinión de los demás, ellos en su mente tenían claro que tenían que hacer algo para que Jesús tocara al amigo. ¿De quién era la casa? La Biblia dice que Jesús estaba en casa… Quiero entender que era casa de Jesús, y si no era de Jesús era de alguien más, y ese alguien más estando ahí, imagina la hora que tú estás en tu casa en la sala y de repente ves que te están abriendo un boquete en el techo.

 

O sea, no creo que haya sido padre esto, que estás ahí y de repente, ¿qué pasa, qué es? Y están haciendo un hoyote; ¿y ahora? No es un ratero, sería absurdo que un ratero a esta hora esté intentando meterse. Y de repente ven que empieza a descender un lecho con el paralítico en él. ¡Qué forma de llegar a Jesús! Tenían que llegar a él por la fe, porque sabían que Jesús lo iba a sanar. Resultado: Recibe sanidad este paralítico.


Del mismo modo que este Abraham, estos jóvenes estaban convencidos como dice la Biblia, de que el Señor es poderoso para hacer lo que prometió. No le había prometido al paralítico de una manera directa que él lo iba a sanar, pero sí conocían que decía Isaías que vendría el Mesías el cual sanaría a los enfermos. Ya habían escuchado de Jesús, ya sabían que Jesús estaba haciendo milagros, y ellos creyeron, ellos estaban convencidos de que Jesús el Mesías podía hacer este milagro, y lo llevaron y estuvieron igual que Abraham, firmes en la fe.


De una manera diferente actuó la fe en unos y en otros, fue distinto, pero lo importante es que la fe se mantuvo firme. Por la fe ellos hicieron lo que tenían qué hacer. Abraham esperó glorificando al Señor. Estos cuatro, se subieron a la azotea, hicieron un boquete, bajaron por ahí al paralítico, y éste recibió sanidad.

 

¿Qué estamos haciendo nosotros con las promesas que tenemos, con lo que sabemos que podemos recibir de parte de Dios, y no lo tenemos? ¿Qué actitud tomamos? ¿Nos mantenemos firmes en nuestra fe convencidos de que va a ocurrir, le damos la gloria a Dios o consideramos que pues tal vez algún día llegue, y si no llega bueno pues ni modo yo no dejaré de creer en el Señor? ¿Qué actitud tomamos?

 

Porque hay quienes también se enojan al no recibir lo que esperan de parte de Dios. Se enojan, se debilitan, no quieren venir a la iglesia, llega el momento en que dejan de venir, en fin. Hay actitudes correctas y hay actitudes incorrectas; debemos tener la actitud correcta y estar convencidos de que Dios va a actuar, de que Dios va a cumplir, ¿por qué? Porque es el Todopoderoso y es Fiel y Verdadero, no hay más.

 

Mateo 9:27-30 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! 28Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. 29Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30Y los ojos de ellos fueron abiertos.

 

Nosotros podemos advertir que el poder de Dios se va a manifestar de acuerdo a  tu fe, de acuerdo al tamaño de tu fe será el poder de Dios que actúe en ti. ¿Qué crees que Dios pueda hacer? ¿Qué poder le otorgas a Dios? De acuerdo a ese poder que tú creas que hay en Dios para actuar en tu vida, es lo que va a suceder. Si yo creo, como he dicho en muchas ocasiones, que Dios me puede sanar de un leve dolor de cabeza, Dios me va a sanar de ese dolor. Si yo no creo que Dios pueda curarme una enfermedad incurable, Dios no lo va a hacer.

 

De acuerdo a  mi fe será lo que ocurra en mi vida. Si yo creo que Dios es el Todopoderoso y puede cambiar cualquier circunstancia y bendecirme, lo va a hacer. Si yo no creo que Dios pueda cambiar circunstancias, no lo va a hacer, no va a buscar demostrarme que sí puede hacerlo. Dios no se va a pelear conmigo, Dios va a hacer de acuerdo a lo que yo le permita a Él que haga, y se lo permito de acuerdo a la fe que yo tenga.

 

Si yo tengo fe para creer que Dios va  a tomar control en mi trabajo y va a actuar un milagro, yo no sé cómo lo vaya a hacer, pero yo creo que Dios lo va a hacer, que tiene el poder para hacerlo, estoy convencido que lo puede hacer, mira, Dios lo va a hacer, no hay de otra, Dios lo va a hacer. Si yo no creo que Dios pueda tomar control de una persona, de un jefe, de un compañero en el trabajo, de cualquier situación en el trabajo, mira, Dios no lo va a tomar, no tiene por qué hacerlo. Dios va a actuar de acuerdo a la fe que tú tienes, es como lo va a hacer.


Imagina a estos dos ciegos, ellos van detrás de Jesús gritando, insistiendo: ¡Señor, ten misericordia de nosotros! ¡Hijo de David, sabemos que tú eres el Mesías, Hijo de David sabemos que tú eres el que está profetizado, ten misericordia de nosotros, ve nuestra condición, tú puedes quitar nuestra ceguera, abre nuestros ojos! Y ahí van, ahí van.

 

Llega Jesús hasta la casa. Jesús se pudo haber detenido en cualquier momento, se pudo haber detenido y les pudo haber dicho: a ver ¿qué quieres? Quiero un milagro. Va, ya, ¡Ve! No me estés molestando, no estén gritando aquí, perturbando la paz. Los dejó que siguieran gritando, que vinieran grito y grito y grito, ¿hasta dónde? Hasta donde Jesús vio que verdaderamente la fe de ellos estaba firme, que Jesús los podía sanar, Jesús podía hacer que recobraran la vista, no antes.

 

Al igual que Abraham, estos dos ciegos estaban firmes en la fe, estaban firmes esperando que algo ocurriera; estaban convencidos que el poder de Dios haría que sucediera un milagro en sus vidas. Que la promesa de sanidad del Mesías se cumpliera en ellos. Jesús tocas sus ojos y les dice: que se haga conforme y su fe. Y reciben la vista. 

 

Si viniera el Señor a tu vida para solucionar un problema o varios, o una situación, para hacer un milagro, y el Señor te dice: hágase conforme a tu fe. ¿Crees tú que realmente sucedería el milagro o tu fe no es tan fuerte como para que suceda? Necesitamos considerarlo y ver qué tan grande es nuestra fe. Y si yo veo que mi fe no es suficientemente grande como para creer que Dios nos puede dar este lugar, mira, mejor ni le pido, mejor no le pido un milagro.

 

Como digo: no es como jugarle al melate. Pues le voy a pedir a Dios, si me lo da pues qué bueno,  y si no, bueno pues no perdí nada. ¡No, así no es la oración! La oración es: le voy a pedir al Señor porque yo estoy convencido, porque tengo la fe de que Él es el Todopoderoso y puede solucionar esta situación, porque puede hacer el milagro y puede cambiar las condiciones; no hay más.

 

Yo sé que es el Todopoderoso, estoy convencido de ello y sé que el Señor me puede sanar, sé que puede sanar a mi enfermo, sé que puede sanar a mi familiar, sé que me puede dar un mejor trabajo, sé que puede tomar control de mis hijos, de mi esposa. ¡Eso es difícil, se necesita fe, lo creo! Y como lo creo lo he visto. Veo los cambios, veo las cosas que Dios hace, ¡gloria a Dios!

 

Mateo 15:21-22 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

 

Qué situación tan difícil. Una mujer clamando a Jesús por su hija. Yo creo que algo que nos mueve más a los padres son nuestros hijos. Esta mujer va caminando detrás de Jesús también gritando que Jesús hiciera un milagro en su hija. Otra mujer que sabía perfectamente bien y no era judía, quién era Jesús, el Hijo de David. También sabía de las promesas, también sabía que él tenía el poder para cambiar circunstancias, para hacer milagros, para sanar, para liberar endemoniados, ¡lo sabía! Y ahí va gritando detrás de él.

 

Y dice el Versículo 23 Pero Jesús no le respondió palabra. Muchas ocasiones parece que Jesús no nos escucha, no encontramos una respuesta. No dice Jesús absolutamente nada, oramos y le pedimos al Señor una palabra, una respuesta, le pedimos un milagro y vemos que las cosas siguen exactamente igual  que no sucede nada. Hay hermanos que dicen: pastor es que yo creo que Dios no me oye, no me ha respondido.

 

Por supuesto que te oye, Dios no está sordo, Dios te oye. Pero no te ha contestado por alguna razón, porque está esperando, y está esperando para ver cuánta es tu fe. Está esperando ver cómo tú evolucionas, qué es lo que haces, en esos momentos qué actitud tomas, si tu fe se afirma y glorificas al Señor o te apartas, ¿qué vas a hacer?

 

Y sigue diciendo la Escritura: Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. Cómo son los discípulos, cómo somos luego las personas. Ay Señor, mira si no le vas a hacer caso, ¡córrela! Ya nos es molesta esta señora, viene grite y grite, y grite y ya no la aguantamos. Ya llevamos un buen rato caminando y esta señora sigue gritando, nos es molesta, ¡córrela!

 

O sea, los discípulos, los seguidores de Jesús, los cercanos de Jesús no le dijeron a Jesús: Oye, ten misericordia de esta señora, ya contéstale pobrecita. Al contrario, se molestan y le dicen: Despídela, grita muy feo, no ha tomado clases de canto, córrela, córrela ya, que no siga más aquí atrás. ¿Por qué seguía esta señora ahí? Porque ella estaba convencida, y así como Abraham estaba firme en su fe creyendo en Jesús, creyendo que Jesús era el Hijo de David y que podía tener misericordia de su hija, y que la podía sanar, que la podía liberar, ¡ella lo sabía!

 

Y como yo sé que Jesús puede hacer esto, no me voy a despegar hasta que me responda y lo voy a seguir, y le voy a insistir y no importa que sea molesta para los demás, yo le voy a insistir hasta que Jesús me responda lo que yo le estoy pidiendo. Se afirma en su fe ella, muestra su fe que es firme. Insisto, no es como en muchas ocasiones aun los cristianos: no pues, no sé si Dios quiera, no, no tengo idea, ya sabremos, vamos a orar primero para ver si Dios quiere hacerte un milagro, si Dios te quiere sanar. Aunque lo diga su Palabra, vamos a ver qué dice Dios.

 

Y luego nosotros mismos no creemos, y luego nosotros somos obstáculo para los que están a nuestro alrededor para que reciban milagros. Conocemos de situaciones que están a nuestro alrededor y no intercedemos para que Dios actúe a favor de esa situación o de esa persona. Cantidad de ocasiones pongo en la red que hay que orar por alguien, yo sé que la mayoría de los hermanos en Cristo están muy ocupados, sé que tienen 20 mil actividades al día, que nunca ven su whats, que nunca lo atienden.

 

Y de todos los que hay en los tres grupos, tres, cuatro personas son las que contestan: sí vamos a orar. La manita de like. Bueno, está bien. Los demás yo no sé si cuando el whats les suena, dicen: ay el pastor qué molesto otra vez; seguro ha de querer que oremos por alguien. Y lo dejan pasar o lo dejan en visto, no sé; no se ofendan, no me interesa saberlo. Yo sé que muchas ocasiones tomamos la actitud de los discípulos, y lejos de interceder por una necesidad, por una persona, no lo hacemos y nos molestamos.

 

Mateo 15:24 El (Jesús) respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

 

¡Qué palabra tan fuerte! Por más que clames, yo no fui enviado a ti. Yo fui enviado a ciertas personas de Israel, no más. Es decir, vamos a ver qué piensas, hasta dónde está tu fe, cuánto conocimiento tienes.

 

Versículo 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! O sea, no importa, yo sé que tú eres el Mesías, yo sé que tú eres el Hijo de David, yo sé que tú puedes hacer un milagro, yo sé que tú eres Dios, me postro delante de ti y clamo a ti para que hagas algo por mí, bendice a mi hija, libérala. En verdad tener un endemoniado en casa es fuerte, ¿sí lo saben? Bueno.

 

Versículo 26 Respondiendo él (Jesús), dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Es decir, no es correcto que yo lo que deba hacer por el pueblo de Israel a quien soy enviado, lo haga por alguien más, no lo puedo hacer.

 

Versículo 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Señor, es una migaja lo que te estoy pidiendo, es un milagro, es una liberación, puedes actuar en mi hija y yo sé que tú lo puedes hacer, para ti es como una migaja, bendíceme, bendice a mi hija, sánala, yo sé que lo puedes hacer.  Yo sé que tu misericordia es tan grande que lo puedes hacer; el poder es tan grande que lo puedes hacer, esta es mi fe.

 

Y le contesta el Señor Jesús en el Versículo 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.  

 

Cuánto insistimos al Señor para que actúe un milagro en nuestra vida, el que sea, o en una persona que queremos y por la cual estamos intercediendo. Cuántas ocasiones permanecemos en nuestra fe firme, para que algo se cumpla, para mover el corazón de Dios,  para decirle al Señor: Sí Señor aquí estoy y yo estoy al pendiente, y yo estoy aquí porque tengo fe en ti porque sé que tú eres el único, el Verdadero y aquí voy a permanecer y te glorificaré porque sé que tú estás actuando.


Cuando Dios ve que tu fe te mantiene en el lugar que debes estar, el Señor dice: va, sea el milagro conforme a tu fe. Mi fe da para creer que viene un gran milagro; va a suceder. Mi fe da para creer que no puede ocurrir un milagro tan grande, que solamente vendrá algunos milagritos muy pequeñitos, insignificantes; eso es lo que vendrá. ¿Cuán grande es tu fe, cuán firme es? ¿Cuánto eres capaz de glorificar a Dios en el momento de la prueba?

 

Esta mujer se mantuvo firme en su fe y recibió lo que ella deseaba, lo que ella sabía que Dios podía hacer. Nosotros tenemos que permanecer firmes para recibir las promesas de Dios, para recibir las bendiciones y las peticiones; tenemos que permanecer para ver los milagros. Y nuestra fe no puede variar, no puede dudar, no puede decrecer; al contrario tiene que aumentar sabiendo que el que prometió y el que hace las cosas, es el Todopoderoso, es Fiel y Verdadero, en Él no hay un doble ánimo, y lo que Él dice, se cumple, y todo lo que ha dicho se va a cumplir.

 

No te desanimes si no has visto alguna promesa, al contrario glorifica a Dios, dale honra y gloria a Dios, y la promesa vendrá. Hay momentos que nuestra carnalidad y nuestros sentidos ocasionan que no creamos que nos debilitemos, que veamos más grandes las circunstancias, ¡sí! Pero retoma tu fe porque Dios va a actuar, Dios quiere hacer grandes milagros, y va a haber grandes maravillas en este tiempo. Es un tiempo de gracias, es un tiempo de milagros de parte de Dios, vienen, están a la puerta, ¿amén?

 

Bendito Dios, Padre Eterno, en el nombre que es sobre todo nombre, en el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesús, te damos a ti toda honra y toda gloria, y Señor manifestamos nuestro amor por ti  declaramos que efectivamente tú eres el Dios Todopoderoso. Estamos convencidos de que en ti hay todo el poder; tenemos nuestra fe firme en ti aunque haya momentos en los cuales nos hemos debilitado, estamos aquí en esta hora reunidos, congregados, firmes en tu nombre, alabando y glorificando tu bendito y santo nombre.

 

Y sabiendo que cada una de tus promesas se cumple, glorificándote porque no merecemos y sin embargo, cada promesa tuya es cumplida. Declaramos que aun lo que no vemos ya es, declaramos que por nuestra fe las cosas ocurren. Tú mueves tu mano y manifiestas bendición y milagros. Y te damos gracias por todo lo que estás haciendo.

 

Te damos gracias porque había cosas que tenían años detenidas y aun no entendíamos por qué. Y ahora sabemos que están hechas, ahora sabemos que te estás moviendo para bendecirnos. Te alabo y te bendigo y te doy toda honra y gloria, en Cristo Jesús, amén.