INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

SOMÉTANSE UNOS A OTROS

 

Jesús Cano

 

 

 

Efesios 5:21-28, Espero que esté en su Biblia y que no lo haya arrancado alguien. ¿Les ha pasado que hay partes de la Biblia que a uno le darían ganas de arrancar? Así como de, ésta no, ésta doble, ésta no. ¿No? A mí sí. Y estoy convencido que esta cita hay mucha gente a la que le gustaría arrancarla.

 

Efesios 5:21-28 Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

 

Este es de los versículos de la Biblia que cuando uno lee dice: ¡no inventes! ¿No? No estoy casado pero supongo. Empieza el 21 diciendo: Sométanse unos a otros en el temor de Dios. Y después Pablo dice: 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Y todos los hombres es de: ¡amén! Pero las mujeres no, ellas son de: ah sí, ¿por qué? Después dice: 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia.


Si tú crees que someterte a tu marido es difícil, el siguiente versículo es aún más difícil. Porque sí sabes cómo Jesús amó a la iglesia, ¿verdad? Murió por ella. Si a mí me dieran a elegir entre: sométete a tu marido, como al Señor, y ama a tu mujer como Jesús amó a la iglesia; me someto, así claro, claro y ella que me ame. ¿No? Así viene esto.

 

Romanos 13:1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

 

Y esta cita es como de las cosas que leemos en la Biblia, y vamos a ser honestos; tenemos versículos como, sí claro Jesús salva. Romanos 8:1, claro no hay condenación para los que estamos en Jesús. Y otros que es como: bueno tal vez, como: Sométase toda persona a las autoridades superiores. Es, ok, bueno tal vez no todos, qué autoridad. ¿No? Empezamos como: bueno, bueno. Regresamos a: Y serán llenos del Espíritu Santo. Y es: claro que sí, ¡amén! Yo lo creo.

 

Sométanse las mujeres a sus maridos.  Dices: No tanto, es aguanta Jesús, tú porque no estabas casado, y Pablo tampoco ¿no? Y son los dos de: claro, que se sometan, creo yo. Pero hay conceptos en la Biblia, la Biblia enseña principios; la Biblia no está interesada en actitudes, y nos cuesta mucho trabajo creer eso, porque hemos estado acostumbrados que desde niños corrigen nuestra actitud. Todas las actitudes que tenemos son las que nos regañan.

 

La Ley corrige actitudes, la Ley es: no hagas esto, hacer esto es malo. Si nosotros leemos el patrón del Antiguo Testamento, cada vez que el Señor ponía leyes, después venían estas personas y hacían algo totalmente más extraño; entonces Dios volvía a decir que eso no. La Ley trata con nuestro comportamiento, la relación trata con nuestra actitud. La relación trata con lo que hay en el corazón.


Es como cuando te duele muchísimo la cabeza, yo soy experto en dolores de cabeza, bueno nada más porque me dan mucho, no porque sepa la diferencia. Yo tengo dos opciones de dolor de cabeza: o es sueño o por hambre. Si no se me quita con ninguna de las dos es como, Dios mío voy a morir. Es, no vi venir esto. Y me dan dolores de cabeza por todo, que por lo regular lo arreglan dos paracetamoles con ibuprofeno. Ya me tomo dos y ya estoy bien. Pero el problema de cuando solo tratas el comportamiento, cuando solo tratas lo que estás haciendo y no lidias con lo que hay en el corazón, es que el problema va a estar ahí.


Desde que estoy a dieta, como seis veces al día, sin ganas de comer. ¿Han hecho licuados de atún? Lo sé, pero eso tiene que entrar de alguna manera, entonces: plátano, jugo de naranja, dos latas de atún y para adentro, rapidísimo. Desde que estoy a dieta sí, y cuando empiezo a entrar como a este ritmo de comer cada tres horas, mi cuerpo es maravilloso, y decide que si a las tres horas con diez minutos, ¿qué creen que me empieza a pasar? Me empieza a dar una migraña de esas espantosas.

 

Y me tengo que ir a tirar y a encerrarme, porque mi cuerpo decidió que nos estamos muriendo de hambre. Y si yo me tomo un paracetamol tal vez me ayude en el momento, pero ¿qué es lo que va a pasar después? Lo voy a volver a hacer y me va a volver a doler la cabeza, ¿cierto o falso? Eso es lo que pasa cuando solo lidiamos con el comportamiento.


Cuando solo lidiamos con no le contestes a tu jefe mal, es: ok, pero por dentro estamos como de: ¡Ojalá que te caigas! ¿No? Mi vecina de arriba, la verdad me he tenido que arrepentir varias veces esta semana por la misma razón, porque a las 7:00 de la mañana se le ocurre poner su caminadora y poner cumbias bien fuerte; y la verdad yo la he estado escuchando y he dicho: ojalá que te caigas. Y pongo atención para escuchar un ¡Pa! Y listo, durmamos ¿no?

 

No ha pasado, entonces me he tenido que arrepentir varias veces. Yo no le digo nada a la señora, solo hago corajes acá como solo, me quejo con quien puedo, lo posteo en Facebook, me quejo de ella, no soluciona nada como todas las cosas que pones en Facebook. Y mi comportamiento hacia ella cuando la veo, ¿cómo creen que es? Perfecto. La veo y es: buenas tardes. Pero eso no cambia lo que está pasando dentro de mi corazón. Que yo no tenga un mal comportamiento hacia ella no quiere decir que mi corazón esté bien. ¿Sí?

 

Eso es lo que Jesús empieza a lidiar con nosotros, el corazón. Sería más fácil que la Biblia nos dijera cuándo sí y cuando no podemos decirle de cosas a nuestro jefe. El de cuándo sí y cuándo no podemos decirle de cosas al policía, ¿se lo merece o no? Estaría bien padre que no sé, que “2 Efesios” dijera: Y cuando veas a un policía haciendo algo corrupto, grítale de groserías. ¿No? O si lo ves haciendo esto, no lo hagas. Estaría más padre.

 

Pero Jesús ataca directamente el problema de todos nosotros que es el corazón. Nueve de los diez Mandamientos es: ok, ok, lo puedo hacer. Y después viene el mandamiento de: No codiciarás. Y tiene que ver directamente con la mente. Y un día Jesús está enseñando y le dicen: Bueno, ¿cuándo se considera adulterio? ¿Hasta qué punto? Y Jesús dice: bueno, si la codicias con la mente, es decir en Defeño (los del D.F), o sea, si la sabroseas ya adulteraste. Yo creo que hubiera habido uno que otro que dijera: ¡No manches!

 

Y Jesús en lugar de atacar, como solo le estás haciendo esta acción, dice: tu actitud, el corazón es lo que está importando. Porque dependiendo de lo que esté dentro de ti, es lo que tú vas a hacer hacia afuera. Efesios 5:1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. ¿Sí saben quién es la imagen de Dios verdad? ¡Jesús!  Colosenses 2, dice que en Jesús está completa toda la imagen de la Trinidad.  Y Colosenses 1, dice que él es la imagen visible de Dios.

 

Hay gente que dice que Jesús es Teología Perfecta, sí pero Jesús no solo es comportamiento, es la expresión completa de Dios para que Dios no sea malinterpretado. Jesús es increíblemente maravilloso. ¿Y sabes qué hizo Jesús? Y con esto voy hacia adelante en el mensaje, no hay una parte en la vida de Jesús, que Jesús no haya estado bajo sujeción. 


¿Se acuerdan de la parte de sométanse unos a otros? Se acuerdan de la parte de ¿sométanse a sus autoridades superiores? ¿Mujeres sométanse a sus maridos? Ok, ¿quién crees que lo hizo? ¡Jesús! Y si algo no nos gusta es estar bajo autoridad. No importa quién seas, es muy raro que una persona le mandes algo y diga: Sí claro, sí. Servir a los demás es una posición que nos hace sentir bastante incómodos, ¿cierto o falso? Claro que sí, a nadie le gusta.

 

Un día estuve en un viaje misionero y estábamos viviendo todos en una casa, y no sé por qué una de las señoritas que estaba viviendo ahí se voluntarió para lavarle la ropa a más señoritas. Cuando yo me enteré dije: ¿para qué, qué hace? Y ahí andaba lavando y colgando ropa ahí. Y yo así de: ¿le pasaré la mía? Fui conté mi ropa sucia y dije: No, no alcanza. Además era una situación extraña entre ellas, pero ella se voluntarió para servirlas.


Eso es algo que no encuentras comúnmente en la gente. Además, se traían mala onda entre todas, era así de que se veían y refunfuñaban unas de otras. Las teníamos que agarrar con correas, pasaba yo y se tranquilizaban, y se abrazaban; yo así de: No inventen. Es más, las tuve que mandar al súper juntas para que se hablaran. Y esta persona decidió que iba a mostrar amor a los demás, lavándoles la ropa. Cuando yo lo escuché dije: ¡está loca! Pero ¿qué hace?

 

Pero si somos honestos, eso es algo que no nos gusta hacer. No nos gusta estar debajo de las personas, ¿o sí? No nos gusta ser el segundón, no nos gusta ser el Cruz Azul de la vida, perdón. No nos gusta ser el Barcelona; no nos gusta eso, ¿qué nos gusta ser? El primero. Y es una actitud normal en el corazón de la gente. Es una actitud normal querer ser los primeros.

 

Nadie despierta y dice: ah ojalá hoy sea el segundo en el trabajo. Ojalá hoy promuevan a alguien y a mí no. ¡No pasa, queremos ser el número uno! Eso es algo que está en nuestro corazón, pero necesita entrar dentro de los parámetros en los que fue creado. Hay un punto en la Biblia en donde Jesús manda a setenta y dice que les da autoridad para echar fuera demonios, para sanar enfermedades, y regresan los setenta y regresan bien felices. Y después Jesús tiene una conversación complicada con los discípulos.

 

Y los discípulos regresan tan felices y tan exitosos en lo que estaban haciendo, que empiezan a preguntar, ¿cuándo se vaya Jesús, quién va a ser el número uno? Imagínate, Jesús, Dios hecho hombre al lado de ti, no hay más grande que él, y tú estás preguntando ¿ahora que se muera quién va a tomar el lugar de uno? Y todos: no pues yo, así de no pues es el más chido ¿no?  Pues yo, le voy al Madrid, o al Real Capernaúm, no sé qué haya sido ene se entonces; yo, yo.

 

Y tal vez Juan decía: no pues yo soy el más chico a mí me ama más. Pedro tal vez dijo: Sí pero sanó a mi suegra. Y tal vez Andrés dijo: yo llevo más gente. Y otro: sí pero yo sané a este número. Y todos estaban discutiendo porque había algo en su corazón: Grandeza. Y en eso Jesús que creo que nunca en la Biblia perdió los estribos; voltea y les dice: Si quieren ser el más grande, tienen que servir, y tienen que ser el más chico.

 

Jesús no los regaña por querer ser el más grande, ¿se dan cuenta de eso? En ningún momento Jesús les dice: ah ¿qué te crees? Si tú eres un niño. ¿Qué es lo que Jesús les dice? Si tú quieres ser el más grande, lo estás viendo de la manera incorrecta. La manera correcta es: Abajo. Y Jesús dice: Si tú quieres ser el más grande de todos, te tienes que someter mejor que todos.  

 

Y eso no tiene ningún sentido para nuestra cabeza, es algo así de: no Jesús te lo voy a explicar, tal vez no lo entendiste. Más grande, por encima de siervo, pequeño. Grande, grande. Y Jesús dice: Si tú quieres ser el más grande de todos,  necesitas estar bajo autoridad.

 

Dice la Biblia que Jesús estaba con el Padre y menosprecio todo y todo lo dio por perdido, con tal de venir y hacerse el siervo de todos. 1 Corintios 15 dice que El Padre por esa acción sometió todo a él. Porque no importa si estamos hablando de la iglesia, del trabajo o lo que quieras, siempre queremos crecer, siempre queremos ir como más alto. ¿Tengo o no razón? Siempre queremos si estamos en el trabajo es: la siguiente posición, la siguiente posición.  Y si ya estoy en un lugar quiero mi propia empresa.


Pero hay algo que no nos gusta hacer y que es la clave de todo, y es ¡ESTAR BAJO AUTORIDAD! La palabra autoridad en griego tiene que ver con privilegio. Por lo general lo asociamos con poder, lo asociamos con quien tiene más autoridad tiene más poder. El que tiene más autoridad tiene más control de las cosas. El que tiene autoridad tiene privilegios sobre más cosas. ¿Sí? 

 

Dice Mateo 28:18  que toda autoridad le fue dada en el cielo y en la tierra. Jesús tiene todos los privilegios en el cielo y en la tierra. ¡Qué fuerte! Yo creo algo: Que Dios no está peleado con darte a ti autoridad, pero te la necesita dar de la manera correcta si no, es dañina para ti.

 

Cuando el Antiguo Testamento habla de que, ¿han leído la parte donde están intentado salir de Egipto y dice que Faraón endureció su corazón? La palabra endurecer su corazón y gloria solo cambia una letra y tiene la misma raíz; el punto es que cuando Dios pone gloria en ti, está puesta sobre tu rostro.

 

Números 6:24-26  Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. 

 

Es que su gloria esté sobre ti. Cuando tú no estás preparado, cuando no estás posicionado para que su gloria brille sobre ti, en lugar que la gloria vaya al rostro va al corazón. Y es exactamente la misma palabra en el griego, la gloria que Dios pone aquí, en lugar de ser puesta en el rostro para que lo vean a Él, es puesta en el corazón, y es cuando el corazón se endurece.

 

La palabra hebrea que se usa para gloria es kabot, y kabot es la gloria de Dios puesta en mi rostro. La Biblia habla que Dios pone gloria sobre nosotros, Dios nos exalta y su gloria está puesta sobre mí pero está en mi rostro. La palabra de endureció su corazón no es kabot, es kabet.

 

Es exactamente lo mismo pero simplemente cambia una letra, y no habla del rostro, habla del corazón. Cuando nosotros ponemos la gloria de Dios, cuando se pone en el corazón en lugar de ponerse en el rostro, es cuando nosotros ocupamos un lugar que no era nuestro.

 

La primera cosa que Dios le da al hombre es autoridad. Después que Dios sopla sobre él aliento de vida (Génesis 1:28), dice: y les dio dominio sobre las cosas. El dominio tiene que ver con autoridad. La segunda cosa que el hombre pierde cuando peca, una es la gloria de Dios sobre él, y la segunda es la autoridad sobre el mundo. En el momento en que el hombre decidió escuchar a la serpiente, en ese momento los privilegios que le habían dado, ¿a quién se los dieron? A la serpiente, a Satanás.

 

Si leemos Mateo 4,  cuando Jesús está siendo tentado, Satanás le dice: si te postras delante de mí, la autoridad que me dieron yo te la voy a da a ti. Satanás le estaba diciendo: eso por lo que viniste, eso que es tan importante, ese privilegio que quieres, yo te lo puedo dar de una manera absolutamente más fácil. Y lo primero que Jesús hace cuando manda a los discípulos es darles autoridad.

 

Nuestra vida como cristianos tiene que ser en autoridad, es ejercer autoridad. Pero no puedes ejercer autoridad si no estás bajo autoridad. Muchas veces y si vemos Génesis, creemos que la autoridad tiene que ver con el control que yo tengo sobre la gente. Pero la autoridad no tiene que ver con el control sobre algo, sino mi capacidad de rendirme a alguien. La autoridad no tiene que ver conmigo controlando gente, sino con mi capacidad de rendirme a alguien, y ese alguien es el que está puesto sobre mí y el primero es Dios.

 

Si nosotros queremos crecer en nuestra vida cristiana, en nuestra vida con Jesús, necesitamos hacer algo: aprender a someternos. Y cuesta muchísimo trabajo, lo que más trabajo nos puede costar es someternos a alguien, ¿por qué? Porque las primeras cosas que se pervirtieron fue el yo querer tener algo, fue el yo querer autoridad. Y ahora, el ser humano sin Jesús busca esa autoridad de la manera incorrecta.

 

Por eso los discípulos preguntan lo que preguntaron, ¿quién va a ser el más alto? ¿Quién va a ser el que de las órdenes? ¿Quién va  aponer a Juan a limpiar, porque ya estamos hartos de que esté acostado, jugando con Jesús? Es, ¿quién le va a quitar a Judas la bolsa del dinero? Porque se está llevando el dinero, necesitamos a alguien que lo haga, porque claramente Jesús no está funcionando.  Y ellos están pensando en ¿quién va a dar las órdenes? Y Jesús dice: ser grande es parte del reino de los cielos, pero se mide por tu nivel de sumisión al que te está dando autoridad.  Y esto es fuertísimo.

 

Hay tres cosas por las que estar bajo autoridad es bueno:

 

1.- Y por eso es que empecé con Efesios 5:21, es porque estando bajo autoridad nos cuidamos todos.  Tal vez nunca lo habías visto pero cuando tú y yo estamos bajo autoridad, dice Efesios 5:21 Sométanse unos a otros.

 

¿Les ha pasado que es bien fácil someterse a una persona que es más grande que tú o  que reconoces algo en esa persona, pero no en alguien que es como tú o inferior? Cuando hay una persona que tú consideras que es inferior a ti y te dice algo y te da un consejo, ¿lo tomas o no? No, es más, dices: ¡éste qué sabe, escuincle baboso! Y si eres señora seguramente dices: Ni sabe lavar sus calzones. Los hombres no decimos eso. Es súper difícil someterte a la autoridad de alguien que está al lado de ti.

 

Cuando leemos Efesios 6, nos damos cuenta de cómo funciona la armadura en el Espíritu. El yelmo de la salvación, el escudo de la fe, las sandalias del Evangelio, la coraza de justicia. Esa armadura tiene un pequeño defecto, ¡no te cubre la espalda! Te deja totalmente expuesto en la parte de atrás.

 

Hay dos cosas: 1.- porque el cristiano, el creyente en Jesús no ve hacia atrás, peleamos de frente y caminamos siempre de frente. No tiene sentido estar peleando e ir volteando hacia atrás. Pero hay otra cosa, 2.- el encargado de cuidarme, ¿quién crees que es?

 

La palabra someterse tiene que ver con levantar a alguien, con estar debajo de alguien, ser el siervo de alguien. Voltea a ver a la persona que está al lado de ti, ¿te imaginas siendo su siervo? Imagínate que la persona que está al lado de ti voltea y te dice: tráeme un refresco. ¿Quién le diría: ah sí claro, con hielo o sin hielo? Por lo general diríamos: ¡qué! Yo soy muy así, yo soy dependiendo de cómo me dices las cosas es cómo te contesto.

 

Mi mamá ya está yendo al gimnasio, y al gimnasio al que voy tengo cinco visitas y Beca tiene otras cinco. Entonces mi mamá ¿cuántas visitas creen que tiene? Pues diez visitas, porque no se va a inscribir, nosotros vamos a pagar. Entonces, un día yo llego y yo todavía no sabía que había empezado a  ir al gimnasio, y me dijo mi madre: ya voy a ir al gimnasio. Y yo le dije: ah qué bien.  Y me dijo: ya lo resolví, Rebeca me va a dar sus cinco visitas y tú me vas a dar tus cinco visitas. Y en ese momento voltee y le dije: ¡Qué! Y me dijo: sí, tus cinco visitas van a ser mías para que yo pueda ir. Y le dije: ¡NO!

 

Ok, quiero que sepan que en un año no he llevado a nadie, o sea todos los meses tengo cinco visitas, pero en ese momento le dije a mi mamá: ¡NO! Y me dijo: ¿por qué si yo las voy a usar? ¿Qué, y si las quiero yo usar con alguien? Como si tuviera muchos amigos ¿no? Pero le dije, ¿y si las quiero usar yo con alguien? En el momento en que yo sentí que me estaba dando una orden, ¿cuál fue mi respuesta natural? Decirle: No, como por qué.

 

Entonces la cosa fue que le dije que no. Ok, ya me arrepentí, ya cambié mi actitud, se las cobré. No, no es cierto. Como un mes después vi a mi mamá muy emocionada, y me dijo: ah si es que voy a ir estos días porque son las visitas de tu hermana, y me empezó a contar. Y yo la vi muy emocionada, y le pregunté, ¿y después qué vas a hacer? Y me dijo, pues nada, me voy a esperar dos semanas. Entonces, en ese momento le dije: puedes usar mis visitas, no importa, llevo un año sin invitar a nadie, las puedes usar.

 

Pero, cuando sentí que me estaban ordenando algo, la reacción de mi alma fue pelear y decir: no me voy a someter, es: esto está mal, ¡no! No fui muy: Jesús haría esto. Y cuando nosotros nos sentimos que tenemos que servir a alguien, sale esa parte de nosotros. Sale la parte de: ah, ¿por qué? No. Pero cuando el Nuevo Testamento está hablando que tú y yo nos sometemos y somos el siervo del que está al lado, es porque nosotros somos los encargados de cuidar al que está al lado. El bienestar del Cuerpo de Cristo depende del Cuerpo de Cristo.

 

Tenemos una frase en el campo misionero que es: Tu bien, a mi costo. ¿Qué quiere decir esto? Que antes de yo pensar en mi bienestar cuando estoy en el campo misionero, tengo que pensar que tú estés bien. Que antes de yo decir ah yo quiero la cama más padre, tengo que pensar: ellos tienen la cama más padre.

 

Antes de decir: ah es la última pieza de pollo, me la voy a comer yo solo. Es: ¿tienes hambre? Y cuesta mucho trabajo cuando te estás muriendo de hambre, cuando el calor son 40 grados, y tienes que voltear a ver a los demás y está Iván al lado, y dices, si se la ofrezco va a decir que sí. ¿Sí? Pero el servicio está en decirle: pues cómetela, ni tenía tanta hambre, es tu bien, a mi costo.


Así funciona el reino de los cielos, el reino de los cielos funciona en: Yo te voy a cuidar a ti porque estamos en esto juntos. Es: Yo me vuelvo tu escudero. Aquí tenemos una silla, por favor vengan cuatro hombres fuertes por favor, y tú también Diego por favor. Te voy a explicar cómo se ve el servicio, Diego va a sentarse en la silla, y estos cuatro hombres fuertes lo van a levantar con todo y silla.

 

Lo van a subir por encima de ustedes, someterse unos a otros se ve así, como los que están abajo. ¿Sabes cuál es el problema de los que están abajo? ¿A quién están viendo los que están abajo? Al que está arriba. Por lo general cuando estamos sometidos, nuestra atención está puesta en el que está arriba, y es bien difícil estar aquí abajo, no nos gusta estar aquí abajo ¿aja? El que está arriba necesita confiar en alguien, el que está arriba necesita confiar en que los que están abajo no lo van a soltar.

 

Cuando la Biblia habla de someterse unos a otros, está hablando de esto. Tú tienes que levantar a la otra persona, no es fácil, no es divertido ser el que está levantando la silla porque una parte de nosotros es: ah y ¿cuándo me van a levantar a mí? Jesús hizo eso con el Padre, Jesús siempre su atención la dirigió al Padre.

 

Cada vez que le decían algo a Jesús, Jesús era Juan 12:49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Jesús decía: Yo todo lo hago porque vi a mi Padre hacerlo. Cuando le dicen: Maestro bueno, ¿cuál es la respuesta de Jesús? Claro, Dios es el único bueno. Jesús pudo haber dicho: Sí, dime. Pero no lo dijo, dijo: no, es al Padre al que estoy levantando. Y Jesús estaba en una posición de sumisión ¿para qué? Para que el Padre se viera.

 

No importa si es la Iglesia, no importa si es tu trabajo, no importa si es tu casa, éste es el roll que tenemos dentro del Cuerpo de Cristo, levantar a la persona que está al lado de nosotros. ¿Es fácil? No, se requiere fuerza para levantarlo. Pero ¿sabes quién te está viendo cuando levantas a alguien? Jesús, los ojos están puestos en ti.  Cuando nosotros estamos en el reino de los cielos, somos los encargados de levantar a una persona.

 

En 1 Samuel 14, esta es la historia de Jonatán y su escudero, es una de las historias más interesantes de la Biblia. Mosh puedes venir y tráete un cuaderno, ese va a ser tu escudo. Y voy a leer la historia y después se las explico ¿vale?

 

1 Samuel 14:1-7 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: (o sea a su escudero) Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre. 2Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres. 3Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido. 4Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene.

 

5Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa. 6Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos. 7Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.

 

Vamos a poner la historia en contexto. Está Saúl con su ejército, está en un lado, recuerden que estaban peleando contra los filisteos; y Jonatán esta con su escudero y le dice: ah, como que estoy aburrido, ¿y si vamos y nos metemos al campamento de los filisteos tú y yo? Así casual, es viernes. Y dice el escudero: Pues bueno. Y se levantan.

 

La función de un escudero era llevar las armas que tú ibas a usar. Si yo iba a llevar una lanza, él las tenía que llevar. Mis armas, las tenía que llevar mi escudero, pero además peleábamos juntos. La palabra que la Biblia usa para escudero, en hebreo tiene que ver con levantar a alguien, que alguien se esconda, que alguien se recargue en ti, tiene que ver con hablar bien de alguien; ¿ya ven como empieza a cambiar un poco más la cosa?

 

Y eso es lo que nosotros estamos llamados a hacer en el Cuerpo de Cristo. El escudero de alguien más, o sea, ser el lugar donde alguien más se pueda esconder, ser el lugar donde alguien más se pueda recargar. Ser nosotros los que levantemos a alguien como hace un momento lo hicimos con Diego. Ser nosotros los que hablemos bien de alguien y motivar a alguien. Y una de las funciones que tenía el escudero era matar a la gente con la que yo iba peleando.

 

Mosh ven por favor, ¿qué espada quieres? Sé que son dos baquetas pero imaginen que son dos espadas ¿va? Él es mi escudero y esta es mi espada, ¿y qué creen? Yo voy a usar mi espada y él su espada, pero yo no llevo escudo, él sí, porque si yo llevo escudo me alenta, porque el escudo me pone en una posición defensiva. Porque cuando estaba en el campo de batalla lo único que tenía que pensar este personaje era ir hacia adelante, ir hacia adelante.

 

¿Qué pasa cuando tienes el escudo? Te estás intentando proteger. Pon esto en tu vida y en todos los aspectos de tu vida: ¿cuánta gente que tú has sido llamado a proteger, no ha alcanzado todo su potencial porque se ha tenido que estar defendiendo en lugar de estar pensando ofensivamente? Entonces, a ver Mosh ven, retomemos, recuerden que yo no iba a llevar mi escudo, ¿quién creen que lo iba a llevar? Él, y él iba a cuidarme y vas a pegar tu espalda con la mía.

 

Y el escudero venía así, yo veo hacia adelante, y él tiene que cuidarme de mi punto ciego y de los que vienen atrás; entonces Mosh, tú tienes que poner atención en todo lo que yo  estoy haciendo. Y si yo voy para la derecha, tú vas a la derecha también, y tú te debes de cuidar pero a la vez debes cuidar que no me maten.

 

Y si yo estoy peleando y le pegaba a alguien, y ese alguien caía, ¿qué creen que mi escudero tiene que hacer? Yo me iba y él es el que se encargaba de matarlo, porque yo no podía perder tiempo matando al que ya estaba caído, al que estaba en el suelo, ¿quién lo tiene que hacer? Mi escudero Mosh. Entonces yo iba peleando y él tenía que irme defendiendo, porque yo solo veo hacia enfrente, no veo hacia atrás. Él está sometido a mí. 

 

Y luego imagínense que la batalla se ponía intensa y que yo me canso y que ya no puedo pelear. ¿Saben cuál era también su trabajo de mi escudero Mosh? Tenía que estarme levantando la mano para que yo pudiera seguir peleando. Y si a mí me pasaba algo, ¿de quién iba a ser culpa?

 

Supongamos que ahora yo soy tu escudero, ahora, pretende que te cansaste, y yo lo que tengo que hacer es: le levanto la mano o el brazo con mi codo, y le digo: vas, sigue, sigue. Y si se le vuelve a caer la mano, yo insisto, vas, sigue. ¡Su vida está en mis manos!  Ahora, la vida de los hermanos en la iglesia está en tus manos. Si tú fuiste y estabas sirviendo a alguien, y ese alguien fue herido, ¿de quién crees que fue la culpa?

 

Ahora, no quiero ser molesto, pero la palabra que se usa para y le dio ayuda idónea, tiene que ver con: Y le dio a alguien que buscaba por el peligro. Adán no notó a la serpiente porque había una responsable primaria de cuidar por la serpiente, Eva. Porque Adán estaba cuidando el jardín y Eva que era la que tenía que vigilar por el peligro no notó a la serpiente. ¿Adán falló? Claro, pero Eva también falló, Eva tuvo que haber dicho: Aquí hay peligro.

 

Nosotros somos la ayuda idónea de Jesús, nosotros cuidamos al Cuerpo de Cristo, nosotros cuidamos a la Iglesia. ¿Tienes esa imagen clara del escudero? Y la historia que estábamos leyendo dice que un día Jonatán le dijo a su escudero: ¿y si vamos y nos peleamos con los filisteos? ¿Y qué dijo el escudero? Pues vamos. Yo creo que pensó: pues yo creo que allá nos va a alcanzar gente ¿no?

 

Y dice que cuando iban llegando dice que había dos peñascos. ¿Alguna vez han ido a  escalar como rocas, como paredes? Yo hace dos años fui, pero ha sido la peor experiencia de mi vida, acá yo me subí a dos cuadritos y me estaba muriendo y además estaba como a veinte centímetros del piso. Yo parecía araña fumigada y decía: no puedo subir. Es horrible.

 

Y además te lo ponían como por colores, y si estabas en el naranja tienes que ir al otro naranja, y es como spiderman, ¿no? Y yo así de: ¿al naranja? No inventen. Y básicamente yo estuve dos horas así petrificado a los veinte centímetros de altura, y me bajaba y veía otro lugar para subirme y decía: ¿cómo, por aquí? Sí. Y me quedaba igual, porque tengo la habilidad de un niño de dos años.

 

Cuando la Biblia habla del peñasco, dice que Jonatán y su escudero venían acá, y dice que Jonatán y su escudero venían en medio y que de un lado había un risco y del otro lado había otro,  pero no subieron caminando, ¿qué crees que hicieron? Lo escalaron, y más adelante dice que con sus pies y manos. O sea, que estaban fuertísimos. Jonatán tenía que estar fuerte, era el hijo del rey. Pero, ¿ya se dieron cuenta que su escudero estaba en la misma condición física que él? 

 

¿Cuántas veces tú no has estado en la misma condición que la persona que tenías que estar cuidando, y lo terminas dejando solo por tu falta de preparación? Y Jonatán le dice a su escudero: Vamos y quizá Dios esté con nosotros. Esa no es una palabra que quieres escuchar de alguien que te está guiando hacia tu muerte. No quieres escuchar esa palabra de un líder. No quieres escuchar que un líder te diga: Quizá nos vaya bien.

 

Imagínense que el Presidente Enrique Peña Nieto diga. Quizá no nos va tan mal con Trump. ¡No! Tú quieres que salga y diga: Nos va a ir bien, todo está bien. Y lo que le dice Jonatán a su escudero es: quizá Dios esté con nosotros. Si yo hubiera sido el escudero hubiera dicho: ¿mande? ¿Quizá o estás seguro? Porque hay mucha diferencia en que Dios va a estar conmigo a quizá Dios esté conmigo.

 

Y luego como que Jonatán lo intenta animar y le dice: Porque para Dios no hay imposible de librar con muchos o con pocos. Pero si somos dos. Yo si le hubiera dicho el de: Ah, creo que no era tan buena idea. Cuántos de nosotros habríamos reaccionado así y le hubiéremos actuado como para hacer que esa persona que está sobre nosotros entre en razón. Y le decimos: ah básicamente es una tontería con todo respeto. Claro, si le vas a decir algo así a alguien, le tienes que decir con todo respeto.

 

Es: con todo respeto estás bien mal pastor. No creo que, con todo respeto pastor, creo que ya estás grande. O a tu jefe: no jefa, eso no se hace así, yo lo llevo haciendo siempre, es no, no se hace. Pero la respuesta del escudero ¿cuál fue? Haz como hay en tu corazón. No le dijo: mira, son ellos mínimo veinte y nosotros somos dos; es: vamos a estar cansados de subir, y cuando subamos tal vez ya están ahí y nos matan. Tampoco le dijo: ah, este Jonatán estúpido, igual que tu padre. No se lo dijo.

 

¿Cuál fue la actitud del escudero? Va, yo estoy contigo, es: vale, yo te cuido. Es: tal vez Dios esté con nosotros, tal vez sí, tal vez no, pero si tú vas yo voy contigo. Esa es la actitud que debemos tener unos con otros, esa es la actitud que debemos tener sobre los que están en nosotros. Como dice Romanos 13:1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; esa es la actitud que debemos tener cuando llega el jefe una cosa que es ah. Tu actitud debe ser: ok, va.

 

El Señor no nos puso en la posición que nos puso para murmurar de alguien más, para decirle a los demás todos sus errores. Nos puso en la posición que nos puso para animar a los demás, para soportar a los demás, para soportar a los demás. En el reino de los cielos una de las razones por las que nos sometemos a la autoridad, es porque así nos cuidamos unos a otros, porque nos amamos unos a otros.


Dice Pablo:
 Maridos, amen a sus mujeres, como aman a su propio cuerpo, porque nadie aborrece a su propio cuerpo. No hay nadie que se lastime una mano y diga: ah sí córtemela. Nadie, nadie. Es más, cuando tus miembros están dañados buscas la forma de salvarlos. Yo tengo problemas con mi mano derecha, nunca he dicho: ah si hoy voy a hacer cita con el doctor para ver si me la puede cortar, porque es torpe.

 

Lo cuidas y aunque esta mano no me sirve para tocar el piano, no voy viendo a ver en qué momento me la apachurra una puerta, no, ¡la cuido! Es: maridos amen a sus esposas como aman a su propio cuerpo. ¿Cómo? Cuidándolo. ¿Cómo se ve el amor de unos a otros? Cuidándonos. Y no solo es en la iglesia, esa es tu actitud hacia todo, no importa si estás en la escuela, no importa si estás en tu casa, no importa si es el trabajo; no nos quitamos la roa de iglesia, somos los mismos.

 

Y estos principios con los que Jesús habla que es someternos a la autoridad, es como vivimos. Qué crees que haría tu jefe si llega y te dice algo totalmente descabellado, y en lugar de que le digas: ah, o no lo hagas; le dices: Claro que sí jefe, y tú eres el primero que lo empieza a hacer. ¿Qué crees que hubiera hecho Jesús?

 

Y ese es el punto hacia donde tenemos que caminar. No se trata de las acciones que hago, se trata de lo que hay en mi corazón. Y cuando yo decido honrar a alguien, porque someterme es porque estoy honrando a esa persona, y lo estoy honrando no por lo que hace sino por lo que él es y lo que Dios le dio. Ese es el concepto de la honra. Es simplemente porque de la manera que Dios te ve, por eso te voy a honrar.

 

Sí, pero eres un policía horrible. Sí, pero lo voy a honrar y me voy a someter a él. Sí, pero mi jefa está loca. ¡Hónrala! Es: cuídala, cuida a la persona con la que sientas, cuida a las personas que están en la carrera de la fe contigo. No seas una persona de las que ellos se tengan que cuidar; sé una de esas personas que dices: Ah qué bien que estuvo conmigo. O no seas de esas personas que estén pensando: es que en qué momento me van a levantar a mí. No sé.

 

Pero Jesús dijo que teníamos que servir, y su bienestar depende de mí sometiéndome también a él. Es que no es nadie. ¡Ámalo, sírvelo!  Vuélvete el escudero de las personas que viven contigo. Vuélvete el escudero de las personas que están sobre ti. Vuélvete esa persona que anima a la gente. Vuélvete la persona que cuida a la gente, no apuntando a sus errores sino lo que son ellos en Cristo.

 

Sométanse unos a otros, ¿por qué? Cuídense unos a otros. Porque cuando tú te sometes te vuelves el siervo de esa persona, y cuando eres el siervo de esa persona cuidas a esa persona. ¿Amén?

 

Padre gracias, gracias porque eres bueno. Señor perdónanos si no nos hemos comportado como debíamos comportarnos. Perdónanos si hemos actuado de una manera que no teníamos que haber actuado. Padre perdónanos si las personas que teníamos que haber cuidado fueron lastimadas porque no pusimos atención, o si fueron lastimadas porque yo quise enseñarles una lección para que pusieran atención.

 

Enséñanos a renovar el espíritu de nuestra mente, y enséñanos a amarnos unos a otros, enséñanos a someternos unos a otros. Y gracias porque siempre eres bueno, en el nombre de Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.