INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

LA FE PRODUCE BENDICIÓN

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Santiago 1:2-4 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

 

Antes de entrar en estos versículos quiero comentar algo que sabemos que está ocurriendo. Estamos viviendo tiempos muy difíciles, tiempos en donde nosotros vemos que las circunstancias son muy adversas, estamos viviendo crisis, estamos viviendo enfermedades, estamos viviendo crisis económica por lo cual no alcanzan los recursos para suplir todas las necesidades básicas que nosotros tenemos.

 

Y esto no es privativo de un grupo de personas, no es privativo tuyo y mío, no es privativo de los hermanos de esta congregación; sino que esto no es solamente a nivel nacional sino a nivel  mundial; la situación está muy complicada. Sobre todo la cuestión de los recursos económicos porque la falta de dinero esto trae otras consecuencias, trae otros problemas.

 

Sabemos que la falta de recursos, cuando no tenemos para suplir las necesidades, pues entramos en estrés, hay desesperación, hay ira, hay angustia, hay impotencia, hay una serie de situaciones que afectan nuestra vida, que afectan aun nuestra salud, y esto es bastante delicado. Consideramos que las situaciones y las circunstancias negativas que nosotros estamos viviendo, que aún las enfermedades que hay, que las crisis, pueden tener su origen en cuatro razones:

 

1.- Dios.

2.- El enemigo.

3.- La gente o nosotros mismos.

4.- Las circunstancias ajenas  nosotros.

 

La primera que menciono es Dios. Hay quienes creen y aun creyentes en Cristo, cristianos, que consideran que Dios nos envía cosas negativas, que Dios nos manda problemas, que Dios hay un momento en el cual está buscando a ver de qué manera nos mete en conflicto, de qué manera las circunstancias nos las hace negativas. Y esto es algo que por supuesto yo descarto, ¿por qué? Porque dice la Palabra que Dios es bueno, que Dios es bueno y su misericordia es para siempre.

 

Y nosotros lo podemos leer en la Escritura, y nosotros vamos a ver como Dios siempre está viendo la forma de bendecirnos; estamos viviendo una época de gracia. Cuando nosotros leemos el Salmo 23, nos damos cuenta que empieza diciendo: Jehová es mi pastor, nada me faltará. Y ese nada me faltará, la traducción correcta es: nada me falta. Es decir, que Dios está al pendiente.

 

Salmo 23:6a Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.

 

Es decir, que Dios está al pendiente para bendecirnos, que el bien de Dios está con nosotros, que su misericordia está con nosotros; y que esta misericordia y que este bien, que esta bondad de Él, nos va a seguir todos los días de nuestra vida. Por lo tanto, sería desde mi punto de vista, muy absurdo pensar que Dios nos está en un momento determinado creando conflictos, creando problemas, poniéndonos situaciones adversas.


Cuántas ocasiones escuchamos que ante una situación adversa la gente dice: ay es que es la voluntad de Dios. ¡No, no es la voluntad de Dios! ¡No es la voluntad de Dios que te vaya mal! No es la voluntad de Dios que las cosas nos salgan mal, que nosotros estemos en conflictos, en problemas. ¡No es la voluntad de Dios! No nos damos cuenta de todo un panorama, y es muy fácil decir: Ah pues Dios. Ya, Dios quiere que así esté y así voy a estar. Y entonces somos incapaces de hacer lo que debemos hacer bíblicamente hablando.


Dice la Escritura en
Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

 

Dios entregó a la humanidad lo más hermoso que Él tenía, a su Hijo. Para que tú y para que yo fuésemos salvos, tuviéramos vida eterna, tuviéramos comunión con el Padre, estuviéramos en la posibilidad de ser bendecidos y de vivir para siempre en la presencia de Dios. Lo hizo por amor, por amor.

 

Imagina tú, que tus papás te aman muchísimo, ubicándonos todos en el plano que todos hemos sido hijos, algunos ahorita todavía no son padres y no saben lo que es ser padre, pero sí saben que han sido hijos; y que sus papás les han dicho: Te amo mucho. Imagínate tú que un día tu papá o tu mamá, quien te manifestara un mayor amor, un amor profundo te dijera: pues te amo mucho pero ¿qué crees? Te voy a ofrecer en holocausto, te vas a morir a causa de otros.

 

¿Qué dirías? Yo creo que dirías: No, cómo que me vas a matar, yo no estoy de acuerdo. ¿Y por qué? Es que ellos son unos rebeldes, ellos se portan mal, son nos desordenados, unos desobligados, son idólatras, son de lo peor y los quiero rescatar, y yo necesito que tú mueras por ellos. Yo creo que nuestra humanidad pensaría: no, no es posible, o sea, todavía fuera por alguien que vale la pena, pues lo hago, pero por alguien que no vale la pena.

 

Y nosotros vemos el amor de Dios, ese amor profundo, manifiesto cuando aún a su Hijo, a su Amado lo entrega por nosotros. Por lo tanto, a mí se me hace todavía más incongruente  pensar que Dios viene y nos pone conflictos, nos mete en situaciones adversas, en circunstancias negativas, o en crisis, o nos manda enfermedades como si fuera un Dios bipolar, ¡y no lo es!  Y Dios es de un modo y Dios nos ama, y vivimos en gracia en estos momentos.

 

Por lo tanto, los problemas que tenemos, las crisis que hay, las situaciones adversas, las enfermedades, todo lo malo ¡No procede de Dios! Entonces cuando tú veas una situación negativa, algo que está mal, no digas: Es que Dios lo mandó, es la voluntad de Dios. ¡No es cierto, no es así!

 

Segunda causa que decía, segunda razón: El enemigo. Mucho de lo malo que sucede, de lo que nos pasa, de lo que ocurre a nuestro alrededor es obra del diablo.

 

Juan 10:10a El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir.

 

Todo lo malo que te pueda pasar está englobado en estos tres propósitos que tiene el demonio: Hurtar, matar y destruir. Y lo hace de una manera física, de una manera espiritual, de una manera emocional. El enemigo siempre está buscando hurtarte, matarte y destruirte; a eso vino, Jesucristo nos lo está diciendo, él vino para este propósito, él quiere cumplir con esto, quiere destruirnos, quiere tu destrucción.

 

El demonio no quiere que tengas vida eterna, él no quiere que tengas bendiciones, él no quiere que estés tranquilo, que estés saludable, él no quiere nada de esto, él lo que quiere es hurtar, matar y destruir. Y si nosotros analizamos lo negativo que vivimos o de nuestras circunstancias, o de nuestro país o aun en el mundo, nos vamos a encontrar que está englobado en estos tres puntos, ahí está. Por lo tanto, nosotros tenemos que hacer algo.

 

Juan 10:10b Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

 

Dijo el Señor Jesús, es decir, no importa lo que haga el demonio, si nosotros estamos con el Señor Jesús, él ha venido para contrarrestar todo lo que haga el demonio. Nosotros tenemos que entender que debemos entrar en tiempos de guerra. Por eso el Señor nos dio toda autoridad, ¿para qué? Para sujetar el enemigo, al demonio; nos dijo: Toda autoridad les doy en la tierra y se manifiesta aun en los cielos. Y tenemos la autoridad de sujetar, de echar fuera todo demonio, todo aquello que se levante en nuestra contra.


Pero luego nosotros somos muy pasivos, no nos gusta luchar, no nos gusta pelear por aquellas cosas que nos interesan. Preferimos que las cosas ahí pasen, y es más fácil decir: bueno, si es la voluntad de Dios que me vaya mal, pues que me vaya mal. Es más difícil doblar tu rodilla, ponerte a orar y levantarte en el nombre del Señor Jesús y sujetar principados, potestades, gobernadores, huestes de maldad y echarlos fuera de tu vida, y estar en una lucha constante, es más difícil eso.

 

Es más cómodo lo otro, ¿por qué? Porque sabemos que en términos generales a un alto porcentaje de los cristianos no les gusta orar, no les gusta leer la Palabra, no les gusta sujetarse a lo que Dios establece. Entonces pues si Dios dice que me vaya mal, pues que me vaya mal; en lugar de entender que el demonio es el que se está levantando para hurtar, matar y destruir, eso hace él.

 

La tercera decía, que la gente o nosotros mismos. Lo sabemos, hay personas a nuestro alrededor que nos crean problemas, nos crean conflictos, nos crean adversidades. Muchas de las ocasiones nuestra propia irresponsabilidad nos trae consecuencias negativas. Cuántas ocasiones hacemos algo que repercute en nuestra salud, que repercute en nosotros; cantidad de ocasiones.

 

Y cuarto, las circunstancias ajenas a nosotros.  Decisiones que toman personas importantes, principalmente del gobierno, de la iniciativa privada, de partidos políticos, decisiones que ellos toman nos afectan a nosotros. Somos ajenos a esas decisiones pero nos afectan. Y son fuertes, decisiones luego mal tomadas que nos afectan, que afectan a toda la población.

 

Y aún decisiones que toman grandes líderes mundiales afectan a países como el nuestro, nos afectan. Nos afectan las barbaridades que haga Trump, nos afectan a  nosotros y más que estamos pegados, nos lesionan; y no podemos hacer absolutamente nada físico en contra de ello. Entonces cuando nosotros vemos que hay circunstancias negativas en nuestra vida por las razones que sean, nos damos cuenta de la manera en la cual estamos luego viviendo.

 

Situaciones difíciles, negativas, de crisis que podemos considerarlas de acuerdo a lo que dice la Biblia como pruebas que estamos enfrentando. Insisto, pruebas no porque Dios nos las envíe, ¡no! Sino porque toda adversidad que nosotros tenemos que enfrentar, finalmente va a ser una prueba para nosotros, para cada uno de nosotros. ¿Por qué? Porque tenemos que salir adelante, tenemos que enfrentar esa prueba de la manera que dice la Biblia, de la mejor forma como dice la Palabra de Dios.

 

Podemos ver lo negativo que sucede como una prueba y no tirarnos a la desgracia de: estoy mal, me está yendo mal, pobrecito de mí, y es que Dios no me ama… Y en una situación todavía más negativa. Tenemos que entender que lo malo que nos pasa, podemos enfrentarlo de acuerdo a la Escritura de un modo especial, verlo con los ojos espirituales como dice la Escritura.

 

Santiago 1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,

 

Y aquí ya empezamos con un conflicto fuerte, el apóstol da por hecho algo: Que vamos a estar en muchas pruebas. No está diciendo: si en algún momento pasas por pruebas. ¡NO! Está diciendo que cuando te halles en diversas pruebas. ¿Qué es lo que tenemos qué hacer ante las situaciones negativas, ante como él le llama, las pruebas? Y llámalo como quieras, crisis económica, enfermedades, adversidades, como sea, le llama pruebas.

 

Dice que nosotros ante las pruebas debemos mantener una actitud de gozo. ¿Qué es el gozo? El gozo es parte del fruto del Espíritu de Dios. Nosotros tenemos que mostrar esta parte y tener gozo en nuestro interior. Y el gozo no es por las circunstancias que me rodean, el gozo no es por la forma que a mí me está yendo.

 

El gozo es un gozo permanente porque es del Espíritu Santo, y él está en nosotros y nos da la capacidad de entender que nosotros somos hijos de Dios, que nuestro Señor Jesucristo entregó su vida por nosotros, que Dios está en nosotros y está por nosotros, que Dios es fiel, que Dios es verdadero y por lo tanto, eso en mi interior debe traer gozo.

 

No dice la Escritura que ante los problemas, ante las pruebas nosotros debemos estar decaídos, debemos estar tristes, debemos estar afligidos. ¡NO! Dice que debes estar con gozo. Y esto no se trata tampoco de fingir ser  feliz, ¡no! Ni se trata que en un momento de dolor tú finjas estar muy contento y que digas. Ah qué bueno, qué gusto me da no tener qué comer, ay qué maravilloso. ¡NO!

 

De acuerdo a la Escritura nosotros podemos separar, son dos cosas diferentes, por una parte sí tener una aflicción en lo físico, pero por otra parte saber que Dios al estar conmigo, las cosas van a ser transformadas, voy a vivir diferente y debo tener el gozo del Espíritu de Dios. No es fácil y lo sabemos todos, que ante una situación negativa nosotros mantengamos una actitud positiva, no es sencillo, es difícil.

 

Pero nosotros debemos avanzar cada día hacia la estatura del varón perfecto, hacia el carácter de Cristo; es lo que tenemos que lograr. Sí es posible que nuestras circunstancias negativas produzcan en nuestra vida algo positivo. Dice la Escritura que: Todas las cosas sirven para bien, a aquellos que aman a Dios. Si yo amo a Dios entonces todo lo que suceda, no importa si es positivo o es negativo, va a impactar de una manera positiva en mi vida, va a ser bueno lo que me suceda. Finalmente de ahí voy a sacar una enseñanza de bendición de acuerdo a la Palabra.


Algo positivo debe traer cada prueba, cada circunstancia, debemos convertir lo malo en algo bueno. Debemos traer de lo malo lo bueno para nuestra vida, y esto tiene que ser principalmente en procesos de crecimiento espiritual. ¿Para qué? Para que nuestro carácter cristiano se siga formando. Para que nosotros nos sigamos afirmando en el Señor, y que no importen las circunstancias, nosotros estemos firmes.

 

En nuestro carácter debe de haber constancia, debe haber perseverancia, entrega, conversión, debe haber comunión con Dios. Porque luego cuando tenemos situaciones negativas, difíciles, entonces actuamos de una manera contraria a lo que dice la Palabra. Entonces nos deprimimos, entramos en tristeza, sentimos que Dios no nos ama, sentimos que Dios no nos escucha, que Dios ya se apartó de nosotros, que cuándo va a hacer algo por nosotros. Y entonces nosotros nos apartamos.

 

Santiago es enfático, ante las pruebas mantén el gozo. Insisto, el gozo es parte del fruto del Espíritu Santo. El fruto del Espíritu Santo es algo que nosotros tenemos que dar, es algo que nosotros tenemos que ejercer. No es algo que Dios simplemente lo va a traer y nos lo va a aumentar. Ah Señor auméntame el gozo, y ya se aumenta el gozo. ¡NO! Es algo que nosotros tenemos que manifestar de una manera constante.

 

Que el gozo es diferente a la alegría, la alegría en términos normales se da cuando nosotros tenemos algo bueno que nos sucede. Cuando algo bueno pasa en nuestra vida, es cuando podemos decir: Ah esto me dio mucha alegría. Vi al hermano Óscar y me dio mucho gusto, me dio mucha alegría haberlo visto. Ah ¡gloria a Dios! Qué bueno. La alegría se da precisamente por una circunstancia positiva, el gozo se da porque tengo el Espíritu Santo en mí.

 

El gozo se da porque estoy consciente de que Jesucristo dio su vida por mí y vive en mí. El gozo se da porque yo sé que todas las promesas de Dios se cumplen, que todo tiene un tiempo pero que se van a cumplir. Por lo tanto, son dos cosas completamente diferentes. El gozo no es por las circunstancias que me rodean; el gozo no depende de mis circunstancias ni de las circunstancias que están a mi alrededor, ¡NO!  Entendamos, es porque el Espíritu Santo está en mí, sencillo.

 

Porque tengo fe, y como tengo fe en Dios porque yo le creo a Dios todo lo que Él dice, entonces tengo gozo. Tengo la plena convicción que Jesucristo está actuando para cambiar mis circunstancias. Por lo tanto yo no puedo estar en depresión, no puedo estar hundido en una situación de tristeza. Jesucristo dice la Palabra nos ha hecho más que vencedores, y por lo tanto, mis circunstancias van a ser transformadas. Claro, me gustaría que las cosas se dieran rápido, que nuestras circunstancias cambiaran en un momento, que de un día para otro fueran diferentes, pero no es posible, todo tiene un tiempo.

 

Santiago 1:3 Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

 

Santiago está diciendo algo bien importante: Mi fe es la plena certeza que se va a cumplir todo lo que Dios dice. Todo lo que Dios me ha dicho, todo lo que está escrito se va a cumplir porque Dios lo dice, porque Dios es fiel y verdadero. No depende de mí, depende de lo que Él es, y como Él es fiel y verdadero lo va a traer, lo va a cumplir, lo va a hacer. Esa es mi convicción.


Dice la Palabra que Dios cumple las cosas en su tiempo, que hay un tiempo en el cual Dios va a cumplir todo lo que ha dicho, todo lo que dice Él lo va a cumplir. Entonces ¿qué es lo que yo tengo qué hacer? Esperar, no hay otra. Yo tengo que mantenerme como dice el Señor, si yo tengo fe en Dios, si yo sé que Dios va a actuar, si yo sé que Él va a transformar las situaciones, las circunstancias; entonces yo tengo que tener paciencia.

 

Por eso dice el apóstol Santiago la fe produce paciencia. Si tienes fe, vas a esperar. Si no tienes fe, te vas a desesperar, vas a hacer las cosas desde un punto humano como tú lo quieras hacer, y lo más probable es que no te salga bien. En paciencia tenemos que estar. Tengo fe y como tengo fe, sé que voy a salir de esta situación, o de esta circunstancia o de esta enfermedad.

 

Y mientras yo fortalezco mi fe a través de la comunión con Dios, a través de mi oración, a través de estar en esa plena y estrecha comunión con el Señor. Y se va a cumplir, y voy a esperar; y Dios se va a manifestar, y Dios va  atraer bendición. Tengo que ser paciente para esperar el cumplimiento de cada una de las promesas que Dios ha dado.

 

Cuando me casé, Dios nos dio al mes de casados una palabra, a Maru y a mí; nos dijo: van a tener dos hijos. Pues gloria a tu Santo nombre, qué gusto, qué bien; pues vamos a esperar. Y nos volvió a hablar al siguiente mes y nos dijo: En nueve meses va a nacer. Empezamos a comprar todas las cosas, todo lo que se necesitaba, todo lo que sabemos que se requiere cuando va a llegar un hijo. Sabíamos que eran dos, entonces comprábamos todo doble, dos cunas, dos bambinetos, de todo compramos doble.

 

Empezó a pasar el tiempo, orábamos para que se cumpliera la promesa. Se llegó el tiempo y pues Jesús y Rebeca no nacieron. Dijimos: Pero Señor, tú dijiste. ¡Vamos a esperar! Y esperábamos los tiempos del cumplimiento de la promesa. Después de tres años, Jesús nació. El nacimiento de Jesús para mí fue la comprobación de una bendición, de una palabra que Dios había dado, de una promesa. Cuando por alguna razón mi fe se disminuye, tiene algún problema, yo solamente necesito hacer una cosa: Voltear a ver a mi hijo, porque fue una promesa de Dios la cual esperamos Maru y yo, durante más de tres años y llegó.

 

¿Por qué? Porque Dios es fiel. Y dijimos, pues ahora vamos a esperar el nacimiento de la hija que Dios nos dijo. Nosotros habíamos entendido, y ese es otro problema que tenemos, que no interpretamos las cosas de una manera correcta. Interpretamos a nuestro entender, interpretamos desde nuestra capacidad, interpretamos desde nuestras circunstancias; y resulta que muchas ocasiones el Señor se refiere a algo específico y lo interpretamos mal, y por lo tanto no salen las cosas como nosotros las estamos esperando, como creímos que se iban a dar.

 

Necesitamos que nos ayuden también en la interpretación de las profecías. Dios te dice algo, vamos a estudiarlo, vamos a analizarlo, y lo tenemos que hacer. Porque de otro modo es muy fácil decir: ah esa profecía es de corazón del hombre, porque me dijo algo y no se cumplió. ¡No, No! Es que interpretaste las cosas de un modo diferente, no las interpretaste de una manera correcta.

 

Todavía cuando nació mi hijo, el ginecólogo dijo: ya no pueden tener otro hijo, si realmente este hijo fue un milagro, ¡otro! Ya no hay palabras para mencionar qué sería. Bueno, eso es lo que él opina, eso es lo que él dice. Pero en fe sabiendo que Dios cumple, sabiendo que Dios es verdadero vamos a esperar. Y esperamos, y seis años después nació mi hija. 

 

Lo podemos comentar y es muy sencillo y es fácil decirlo, y después del tiempo lo decimos y: ah ahí están ya, qué bueno, pues es la promesa. Pero cuando estás en esa espera del cumplimiento de una promesa, las cosas son bastante difíciles, muy críticas. ¿Por qué? Porque vienen pensamientos, vienen cosas a nuestra mente que tratan de desviarte, y el apóstol Santiago dice algo bien claro: la prueba de vuestra fe produce paciencia. Y si tú no eres paciente para esperar una promesa de Dios, entonces no estás teniendo tu fe bien firme con el Señor, tu fe está mal.


Necesitas ser paciente, saber que se va a cumplir en los tiempos de Dios. ¿Cuándo será? No lo sé, pero soy paciente para esperarlo. Entonces todo lo que Dios te ha dicho que va a hacer, todo lo que Dios te ha prometido, sé paciente para que llegue. Las pruebas no son para golpearte, las pruebas son para fortalecerte.

 

A todos nos dan miedo las pruebas en términos normales, y de siempre. Cada vez que yo recuerdo en la escuela, tenía que presentar una prueba, yo estaba todo angustiado, yo sentía aquí en el estómago como que algo me apretaba, me sentía mal, me ponía mal. No nos gustan las pruebas, por eso por ejemplo, los estudiantes de secundaria quieren pase automático para la preparatoria. Y los de la preparatoria quieren pase automático para la Universidad, no quieren hacer exámenes, no nos gustan los exámenes.

 

En los cursos que damos en la iglesia, digo: va a haber examen. Y muchos no lo hacen, les da miedo los exámenes, tienen temor de los exámenes, no nos gustan. No nos gustan las pruebas, por lo tanto, cuando la Palabra de Dios nos habla de pruebas, nos afligimos. Y créeme, la prueba es para tu bien: la prueba es para tu fortaleza, ahorita lo vamos a ver. Y como la fe es probada, y el resultado es la paciencia; la paciencia dice el apóstol tiene que estar firme.

 

Santiago 1:4  Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

 

Mi fe es probada y el resultado es la paciencia. La paciencia es completa y se logra al ser nosotros, dice Santiago, perfectos. La palabra perfecto en el hebreo es completo. Completo en el Señor, no es la palabra como nosotros la entendemos de una perfección cual tal. Esto lo haces perfecto, lo haces sin ningún error, ¡NO! La palabra perfecto es: yo estoy completo en el Señor, yo estoy en comunión con el Señor, yo estoy en esa relación estrecha con Él.

 

Y a parte de perfecto dice: y cabales, es decir, íntegros. Esto significa que si nosotros estamos en una situación adversa y tenemos fe en el Señor, primero: el gozo estará presente, no nos vamos a decaer. Segundo: Va a tener el fruto que debe tener que es la paciencia. Y la paciencia en el Señor nos va a llevar a estar completos, a estar íntegros en Él.

 

Cantidad de creyentes en los tiempos adversos, en los tiempos de crisis, de problemas, de enfermedades se desaniman. Al no estar firmes en su fe, al no saber, al no creer que Dios va a cumplir todo lo que ha dicho porque es un Dios fiel y verdadero, entonces no tienen paciencia para esperar los tiempos de Dios. Y esto también trae consecuencias negativas, su comunión con Dios se rompe. Entonces ya no vienen a la iglesia, se desvían de la Palabra.


Hace un tiempo había un hermano que venía, que estaba aparentemente firme, no tenía trabajo, Dios le dio un buen trabajo. Este hermano hizo algo equivocado en el trabajo por lo cual lo corrieron, la libró porque no lo metieron a la cárcel; entonces consideró que Dios estaba en su contra porque lo habían corrido del trabajo. Se le dijo: No, no está Dios en tu contra, tú te equivocaste, tú hiciste las cosas mal, hiciste esto que tú sabías que no debías hacer, y lo hiciste. Y te trajo estas consecuencias.

 

Lógico quedó como sellado para no conseguir trabajo en cierto ámbito; y después de un tiempo dejó de venir. Poco tiempo después me entero que ya era adorador de la muerte, y ahí sigue, perdido completamente. Hay quienes como no tuvieron la fe para esperar la bendición, no tuvieron la paciencia, no fueron cabales, no fueron íntegros, entonces se desviaron y regresaron a la vida que llevaban, y regresaron al alcohol, a las drogas, a la delincuencia, a la vida que tenían.

 

El apóstol Santiago es muy claro y dice: la fe es importante, pero la fe la tienes que canalizar de una manera correcta como debe ser. Todas las circunstancias negativas que vienen a nuestra vida, nos van a confrontar con Dios, todas. Yo puedo decir: es que yo sé que Dios es el Todopoderoso. Sí, no solamente lo digas, que sea algo de lo cual tú estés plenamente convencido para que en el momento de las pruebas permanezcas firme, no hay otra.


Pero vienen las pruebas, nos tambaleamos y nos deprimimos, y… No pues para qué voy a la iglesia. La iglesia y Dios no son una varita mágica en la que, yo quiero esto. Y Dios estira su varita y te toca y ¡Cumplido! Y en ese momento se da. ¡NO! Nosotros tenemos que luchar por las cosas, tenemos que permanecer. Y yo puedo advertir que nuestra fe siempre está probada, siempre está siendo probada, siempre.

 

Por eso el apóstol Pablo dijo: cuando os halléis en diversas pruebas. No dijo: si en algún momento estás en una prueba. ¡NO! Cuando te halles en diversas pruebas; o sea, que vienen diferentes pruebas a nuestra vida, tú tienes que hacer lo correcto. Para que veamos la gloria de Dios necesitamos tomar estas palabras de Santiago para salir de las situaciones adversas, esperando los tiempos, siendo pacientes para la manifestación de cada promesa.

 

Tenemos que permanecer. ¿Cómo debo permanecer? Fortalecido en el Señor, no hay otra forma. Ahora bien, aunque no nos parezca, yo estoy seguro que nosotros estamos viviendo el mejor momento de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Yo creo que estamos viviendo la mejor época de la Iglesia. Que en estos dos mil últimos años éste es el mejor momento porque este es el momento de cumplimiento de las promesas. Y este es el tiempo para el cual Dios ha escogido para venir por su Iglesia y llevarla a la presencia del Padre.  Así lo siento.

 

Yo puedo advertir en diferentes partes del mundo cómo el Señor está manifestando un derramamiento de su Espíritu. Hay un derramamiento bastante fuerte en todo el mundo, se va dando por países, se va dando por localidades, se está manifestando en muchos lugares, y va a seguir aumentando.

 

Claro, ante una manifestación fuerte de parte de Dios, hay una manifestación de la contraparte, del enemigo; tiene que brincotear. Va a brincar el enemigo, no va a querer que cada día más gente se vaya al cielo, no quiere eso. Por lo tanto nosotros debemos permanecer.

 

Por la fe, sabes que la prueba no vino a destruirte vino a perfeccionarte. Santiago 1:12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

 

Por lo tanto, yo no puedo considerar que la prueba sea algo negativo, algo malo, algo que vino a destruirme. ¡No! Si resisto voy a recibir la corona de vida que Dios nos está prometiendo.

 

El fuego que luego sentimos que nos quema, no vino para destruirnos tampoco, vino para refinarnos, para hacernos más valiosos. 1 Pedro 1:7 Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

 

O sea, que nosotros podemos decir que tenemos una fe firme, podemos decir que nuestra fe es una fe fuerte, que aguanta lo que sea, que no hay ningún problema. Pero dice la Palabra que va a venir la prueba, es decir van a venir situaciones adversas, crisis, problemas, cosas negativas, van a venir muchas cosas para probar nuestra fe. Porque la fe es más preciosa que el oro, y si el oro se tiene que probar y se tiene que fundir, y aun al oro se le tiene que quitar toda la escoria, todo lo que no sirve, cuánto más nuestra fe que vale más que el oro.  

 

Tiene que ser probada nuestra fe en fuego, no para nuestra destrucción sino para purificación como dice la Escritura, para que te hagas más valioso. Y entonces cuando es probada tu fe, cuando ya estás refinado entonces, es cuando el Señor Jesucristo va a venir y nos va a llevar con él. ¡Gloria a Dios!

 

Luego las adversidades, los problemas, las situaciones negativas, las enfermedades, las crisis sentimos que nos ahogan, que no podemos más; pero todo eso que vivimos es para traernos bendición, para traernos fortaleza, para traernos abundancia.

 

Marcos 4:35-40  Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. 37Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. 38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

 

Muchas ocasiones cuando estamos en problemas, en adversidades, nos sentimos solos pero ahí está Jesús. Así como estaba en la barca con los discípulos, Jesús está a nuestro lado. Pero el problema es que no venimos con él y en los problemas nosotros lejos de acercarnos a él nos apartamos de él; y dejamos que las circunstancias nos opriman, nos ahoguen, perdemos todo.

 

Aquí los discípulos estaban pasando por un momento bastante grave, sentían que se iban a ahogar ¿por qué? Porque las grandes olas creadas por el viento estaban llenando de agua la barca, y esa barca se iba llenando a tal grado que en cualquier momento se iban a  hundir. No estaban teniendo la capacidad de achicar, de sacar el agua de la barca, no lo estaban teniendo.

 

Y Jesús, lo cual a mí siempre me ha llamado la atención, ¡estaba dormido!  Estaba dormido sobre un cabezal; el cabezal es donde se enreda la cuerda del ancla. Ahí estaba él, imagínalo, la barca moviéndose terriblemente, el viento soplando, el agua entrando a la barca, los discípulos gritando ¿y él? Dormido. ¿Por qué estaba dormido? Pues de acuerdo a lo que dice el texto después, es porque tenía fe. Él estaba ahí plácidamente dormido.

 

¿Qué no estás viendo Señor Jesús nuestra condición, nuestra situación? No estás viendo que sentimos que nos ahogamos. Señor ve todos estos problemas que tengo, ve mis circunstancias, ve mi situación, ve cómo estoy, ve la crisis en la que me encuentro, ve la enfermedad que tengo, ¡lo que sea negativo!  Velo Señor. Y el Señor te puede decir: ¡Tienes poca fe, eres un hombre o una mujer de poca fe; necesitas fortalecer tu fe! Y mientras tu fe se fortalece, ahí está el Señor que te sostiene y te levanta.  ¡Ese es nuestro Señor Jesucristo, él está ahí!

 

Muchas ocasiones ante las situaciones adversas sentimos también que hay humillación. ¿Por qué? Porque viene la gente de alrededor y te dice: ¿qué pasó con tu Dios? ¿Pues no que tu Dios a ti te ayuda, y no que tu Dios te saca de todos los problemas? Y que tu Dios te bendice, ve, ve cómo estás. Y nos sentimos afrentados, nos sentimos luego humillados. Pero las pruebas no son para humillarte son para exaltarte.

 

1 Pedro 5:6  Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.

 

Dios te va a exaltar, esto que estás pasando difícil, va a terminar. Si tú te humillas delante del Señor, en su tiempo el Señor te va a levantar y te va a exaltar, Él lo va a hacer. Él tiene las formas para hacerlo no es algo que tú te debas preocupar, ¿y cómo va a hacer Dios para exaltarme?  Él lo va a hacer, simplemente ahorita en esta situación difícil que estás viviendo, mantente humillado al Señor, y el Señor te va a levantar.

 

Cuántas ocasiones sientes que lo que estás viviendo es porque ya se te vinieron las tinieblas, ya la noche te cayó encima, los problemas son cada vez más difíciles, la situación es realmente crítica. Déjame decirte que las tinieblas no vinieron para que tú mengues, vinieron a hacer que tú brilles, y que sobre ti sea vista la gloria de Dios.

 

Isaías 60:1-2 Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.

 

No importan los problemas, no importa que en estos momentos veas tinieblas y veas todo negativo y que sea todo oscuro, y no veas en qué momento va a amanecer. Tu fe te debe llevar a saber que esto es una prueba la cual tú vas a salir adelante, ¿por qué? Porque el Señor está en ti, porque la gloria de Dios ha nacido en ti, y porque en ti se va a reflejar la gloria de Dios.

 

Estas pruebas negativas, todo esto que está pasando en nuestra vida, dice la Escritura, va a tener su tiempo de bendición, su tiempo en donde vas a resplandecer por el bien que Dios te ha hecho. Vas a resplandecer porque la gloria de Dios se va a manifestar en ti.

 

La adversidad no vino para derrotarte, los problemas no vinieron para derrotarte; los problemas, las circunstancias adversas, lo negativo, las crisis, las enfermedades, en fin todo ello no vino para derrotarte; vino para hacerte más que vencedor.

 

Romanos 8:37-39 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

Gloria a Dios. No importa lo que vivamos, somos más que vencedores. Yo soy vencedor en Cristo Jesús. Cuando hay un problema yo sé que voy a vencer ese problema, ¿por qué? Porque Cristo Jesús está en mí. No importa lo que sea, soy más que vencedor, no importa la magnitud, no importa si es un Goliat que nosotros veamos enorme, fuerte, grande, experimentado en la batalla, no importa, en ti está Cristo Jesús y te ha hecho vencedor.


Pero para ser vencedor tienes que entrar a la guerra, tienes que luchar. No puedes decir que eres vencedor si no peleas, si no guerreas. Yo puedo decir que si me peleo con Arturito yo le voy a ganar. Yo puedo decir que yo soy vencedor en un pleito entre él y yo; pero si no me peleo con él no lo puedo asegurar. Yo me tengo que pelear con él para demostrar que soy vencedor.

 

El enemigo está vencido, pero nosotros nos tenemos que levantar y pelear en contra de él, pelear en contra de todo lo adverso que trae a nuestra vida, a nuestras circunstancias. Y entonces yo voy a comprobar que soy vencedor en Cristo Jesús. Entonces la prueba, la adversidad no viene para destruirme, viene para que yo mismo sepa y compruebe que soy vencedor en Jesucristo, más que vencedor, así tiene que ser.

 

La guerra no vino para conquistarme, vino para que triunfe y esté firme en Jesús. A mí me llama mucho la atención la historia de México; y analizo lo que sucedió cuando vinieron los conquistadores, cómo fue posible que un puñado de hombres vencieran a miles que estaban aquí en este país. Eran guerreros los que estaban aquí, tenían las armas, tenían el número de guerreros como para  destruir fácilmente a todo el conquistador, era sencillo. Y si lo analizas y ves la historia no había problema.


Estaba leyendo que había 28 mil nativos de este país, y los conquistadores mataron a 26,500. ¿Cómo es posible? Simplemente por número los pudieron haber destruido. ¿Qué sucedió? Sucedió que la mentalidad del que aquí estaba, ya estaba derrotado desde antes que llegaran los conquistadores. Porque cuando llegaron, había las profecías de que iban a venir y los iban a conquistar, ya estaban derrotados, no pelearon, ya se sabían derrotados. Y muchas ocasiones a nosotros nos pasa lo mismo, vemos problemas grandes, vemos situaciones muy difíciles y nos sentimos derrotados. Nos sentimos como aquellos espías que fueron de Israel a la tierra prometida, fueron 12 y de los cuales 10 vieron la tierra y regresaron y dijeron: es que a nuestro parecer ellos nos veían como langostas.

 

O sea, a mí me parece que él me vio y yo le era a él como una langosta que me iba a pisotear fácil. ¿Cómo? Y dos espías, Josué y Caleb dijeron: No, no, no nos ven así, no son grandes gigantes, y nosotros vamos en el  nombre del Señor y los vamos a derrotar. ¿Y qué dijeron los demás? No, es que no es posible, es que ellos sí son gigantes, pobrecitos de nosotros, nos van a pisotear porque yo creo que nos ven como langostas, y lloraron amargamente y no entraron a la guerra.

 

Y al no entrar a la guerra ocurrió algo: el Señor los mandó 40 años al desierto para que su relación con Dios se fortaleciera. Señor, yo no quiero 40 años en el desierto, no me interesan 40 años en el desierto mejor te creo, mejor me afirmo. Y cuando venga la guerra yo la enfrento, ¿por qué? Porque soy más que vencedor. Yo la enfrento porque dice tu Palabra que yo soy victorioso, pero tengo que hacer algo:

 

Efesios 6:10-13 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

11Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

 

La adversidad no vino a derrotarte, vino a afirmarte en el Señor; vino para que te pongas la armadura y salgas a la guerra. Vino para decirte que tú eres más que vencedor en Cristo Jesús. No vino para conquistarte, no vino para hacerte esclavo; vino para que tú estés por encima y para que tú te sostengas. Sencillo ¿no?

 

El apóstol Pablo dice que no importan las adversidades que uno viva, son circunstanciales, no hay problema. Por el amor al Señor yo puedo enfrentarlo, fortalecido y ser victorioso.

 

2 Corintios 12:10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

 

Parece contradictorio lo que dice el apóstol Pablo; yo por el amor que le tengo a Jesucristo, me gozo en las debilidades. Que soy débil en algunas cosas, sí, sí lo soy y me gozo en él. Y me gozo cuando hay afrentas; el gozo, habíamos dicho, es parte del fruto del Espíritu Santo. No es: Me da alegría cuando soy débil, ¡no! Me gozo en el espíritu. Cuando hay angustias, me gozo en el espíritu. Cuando hay necesidades, me gozo en el espíritu.

 

Cuando hay persecuciones, no hay problema me gozo en el espíritu, ¿por qué? Porque al estar en el Señor yo soy fortalecido de todas mis debilidades, y yo voy a ver la mano de Dios actuar en mi vida en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias y en las debilidades, en todo yo voy a ver la mano de Dios.

 

Por lo tanto, yo voy a estar fuerte como dice el apóstol: porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Cuando yo reconozco mis debilidades entonces clamo al Señor para ser fortalecido, hago lo que Él dice, mantengo una comunión estrecha con Él, y entonces yo soy fortalecido en Cristo Jesús. ¿Por qué nos debilitamos ante las adversidades? Por una razón muy sencilla, porque no las vemos como las debemos ver.

 

Las debemos ver como algo que nos va a fortalecer en lo espiritual, porque vamos a hacer lo que debemos hacer de acuerdo a la Palabra de Dios. Pero cuando viene un problema a nuestra vida, una situación adversa, una enfermedad, una crisis, lo que sea, lejos de ver las cosas a través del espíritu, las vemos a través de nuestra carne. Y como nuestra carne se duele entonces le chilleteamos: ay es que pobrecito de mí. Es que me está pasando esto. Es que no encuentro trabajo. Es que no me alcanza el dinero. Es que estoy enfermo. Es que otra vez ya me dio gripe, es que… Y chillamos y chillamos y chillamos. 

 

El apóstol Pablo dice: gózate en todo ello, gózate en las afrentas, en las debilidades, en las necesidades. Tengo una necesidad, pues me gozo en esa necesidad en Cristo Jesús porque yo sé que Cristo Jesús, por mi fe, yo tengo paciencia para salir de este problema, de esta necesidad, él me va a abrir los caminos. Yo voy a hacer lo que tenga que hacer nada más; él va a hacer la parte que él tiene que hacer; yo hago lo que yo debo hacer.

 

Por lo tanto, si estás en enfermedad, insisto, en adversidad, en crisis económica, en lo que sea negativo, da gracias a Dios y ubícalo como algo perfecto para que tu fe en Dios se fortalezca. Fortalécete en el Señor, sencillo. Y les dejo un último versículo que dijo nuestro Señor Jesucristo en:

 

Lucas 12:32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.  

 

Bendito Dios, Padre eterno, en el nombre de Cristo Jesús, te doy gracias por tu Palabra. Gracias porque nos muestras la forma en que nosotros debemos ver los problemas, las aflicciones, las adversidades, las crisis; y nos enseñas la forma en que nosotros tenemos que enfrentarlas. No es fácil para nuestra carne, no es fácil en nuestra humanidad.

 

Pero es posible Señor, lo podemos lograr en el Espíritu fortalecidos en ti, haciendo lo que tú dices que hagamos. Fortaleciendo nuestra fe y teniendo la paciencia de saber que tú vas a cumplir y lo vas a hacer en el momento preciso, en tu momento. Levanto delante de ti a este remanente, y te doy gracias por la vida de cada uno de ellos, de cada una de las familias aquí representadas, las cuales pongo en tus manos pidiéndote que tú te manifiestes con poder a ellas.

 

Llévales Señor esta semana en el hueco de tu mano, llévales en tu corazón, llénales de tu gloria, de tu amor, de tu paz, de tu fortaleza; y que en todo momento sepan que tú eres un Dios fiel, que tienen que esperar, y tenemos que esperar en ti de la forma correcta, para el cumplimiento de cada una de tus promesas, y para salir Señor de cada una de las pruebas. Y Padre, en el nombre de Cristo Jesús, a ti sea la honra y la gloria para siempre, amén.


Dios les bendiga.