INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

PROSEGUIMOS A LA META

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Filipenses 3:14  Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

 

Hoy, pero hace 34 años, tuvimos como iglesia nuestro primer servicio, Dios nos había llamado días antes y nos había dicho que levantáramos una congregación, que Él estaría con nosotros y que Él haría su obra y que haría conforme y su propósito. Que nos daría una visión y que nos daría lo que nosotros fuéramos necesitando. Durante estos años, lógico, nosotros hemos tenido de todo; hemos tenido grandes momentos, hemos tenido tiempos de satisfacción, ha habido cosas que yo en lo personal no cambiaría por nada, tiempos maravillosos.


Pero al igual que todos, y no hablo nada más nosotros como pastores, sino cada uno de ustedes, yo sé que han vivido prácticamente lo mismo, tiempos maravillosos en la iglesia, tiempos preciosos en la presencia de Dios. Pero también sé que todos, sin importar el tiempo que tengamos en la congregación, también hemos tenido decepciones, angustias, insatisfacciones, tristezas, crisis, dolores.

 

En general hemos pasado muchas ocasiones por situaciones negativas, adversas, y que la verdad no quisiéramos que ninguna de ellas se repitiera. Siempre quisiéramos que todas las cosas estuvieran bien, estuvieran perfectas. De un modo o de otro todos estos años, y los años que cada uno de nosotros tenemos como cristianos no son fáciles. No son fáciles en lo personal, no son fáciles en el liderazgo, en el pastorado, no son fáciles para la familia.

 

Y bueno, yo veo aun a la familia, y ahora sí en contra de mi costumbre, hago un paréntesis para reconocer y agradecer a mi familia su permanencia, su trabajo, su esfuerzo, su sacrificio. En verdad han sido cada uno de ellos un apoyo invaluable. Y también agradezco a la congregación, a cada uno de ustedes su permanencia, su esfuerzo, su amor, su paciencia, su servicio, el trabajo que han realizado, su apoyo económico; todo lo que ustedes han hecho es algo que yo reconozco y agradezco.

 

Y todo ello ha permitido que se mantenga firme la congregación, que nosotros estemos firmes caminando, avanzando. Hay momentos en los cuales sentimos que nos detenemos, hay momentos difíciles para todos, y sin embrago aquí estamos alabando a Dios, adorando al Señor, reconociéndolo y diciéndole: Señor quiero hacer tu voluntad, henos aquí.

 

El punto no es tampoco el tiempo que nosotros tenemos como congregación, el punto no son 34 años que nosotros ya cumplimos, sino lo que nos falta por avanzar, lo que tenemos por delante. Como dice el apóstol Pablo prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Lo que nosotros vivimos, gloria a Dios que lo vivimos, todo tiene una razón de ser, todo tiene un por qué.

 

Filipenses 3:12  No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.

 

Es decir, no hemos alcanzado los propósitos de Dios para nuestra vida de una manera personal, y tampoco los hemos alcanzado como congregación en los ministerios. Por lo que es necesario, como dice el apóstol Pablo, seguir adelante. Y cuando nosotros leemos la vida del apóstol Pablo, realmente es algo impresionante, como tantos año él en el Evangelio, compartiendo, ministrando del Señor y hay un punto en el cual como dice: no es que ya lo sepa todo, no es que sea perfecto, todavía me falta mucho por avanzar.

 

Y nosotros vemos que en el Señor siempre hay algo que aprender, siempre el Señor nos habla a través de su Palabra, se manifiesta y trae revelación a nuestra vida de lo que es su Palabra, y de lo que nosotros tenemos que hacer. Y yo estoy seguro que nosotros jamás podremos decir: yo ya lo sé todo, yo ya conozco todo lo que dice la Biblia, conozco todo lo que Dios me quería revelar, ya me siento yo como si fuera un ángel. ¡No, desgraciadamente no es así o afortunadamente!

 

Porque siempre va a haber eso en nuestro interior que nos mueva para hacer las cosas conforme y la voluntad de Dios, para querer saber más, querer aprender más, querer cambiar más nuestro pensamiento para tener el pensamiento de Cristo, nuestros sentimientos para que sean conforme y los de Cristo Jesús, para que nuestro actuar sea de acuerdo a como dice el Señor, para que verdaderamente seamos a imagen y semejanza de Él, para que realmente seamos sus hijos. ¡Así es lo que quiere el Señor!

 

Y bueno, necesitamos dice el apóstol Pablo seguir adelante, y luchar por agarrar, por asir aquello por lo cual nuestro Señor Jesucristo nos trajo a él. Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros, y tenemos que buscar que ese propósito de Dios en nuestra vida, se cumpla. Y tenemos que hacer todo lo que debamos hacer para que esto se cumpla; no podemos ser pasivos, no podemos sentarnos a esperar a ver qué es lo que Dios quiere. Nos tenemos que mover y buscar nosotros hacer lo que Dios quiere que hagamos, nos tenemos que mover.

 

Filipenses 3:13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.

 

Qué palabras tan maravillosas. Nuestros ojos no pueden ni deben estar puestos en el pasado, no podemos estar atentos a lo que ya quedó atrás. No podemos estar viendo para atrás, no podemos hacerlo, lo dice la Escritura. En el pasado nosotros encontramos de todo, tanto bueno como malo; tú si miras un momento hacia atrás te vas a dar cuenta de que has vivido cosas maravillosas, cosas muy buenas, pero también que has vivido cosa muy malas, cosas que no quisieras repetir. Es más, que ni siquiera quieres que hubieran existido.

 

Yo hay cosas que tengo en mi pasado que digo: Cómo me atreví a hacer esto, pero qué pasó, dónde estaba mi mente cuando lo hice. Hay cosas que preferirías olvidar. Y yo en lo personal lo dejo atrás pero no  lo olvido porque reconozco el lugar de donde Cristo Jesús me rescató, yo sé lo que era cuando él me rescató, cuando él me sacó de donde yo me encontraba.

 

Tenemos en nuestro pasado en todas las áreas éxitos, pero también tenemos fracasos. Tenemos alegrías, gozo, pero también tenemos tristeza. Tenemos cantidad de aciertos y aunque no lo queramos también tenemos desaciertos. Tenemos amor pero también hay desamor. Por otra parte también ha habido en nuestro pasado mucha aceptación, nos aceptaron mucha gente, sí pero también otras tantas nos rechazaron. Hay de todo, encontramos de todo  en nuestra vida.

 

Hay fidelidad, pero también hay traición, y lo seguimos viviendo y se sigue manifestando. Tuvimos y hemos tenido certeza de las cosas, pero también ha habido incertidumbre en muchas otras. Cuando miramos al pasado vemos que hay cosas buenas y hay cosas malas; y el apóstol Pablo nos dice que no importa el pasado: olvida lo que quedó atrás, y pon tus ojos hacia adelante, extendiéndote a lo que está delante.

 

Es decir, a cumplir lo que Dios quiere para tu vida, a cumplir el propósito de Dios, la visión que Dios tiene de una manera personal para ti, y por otra parte, la visión que Dios tiene para la congregación, para la iglesia. Tienes que unirte a ello, tienes que trabajar por alcanzar, por extenderte a estos propósitos de Dios. Nuestros ojos no pueden estar,  insisto, como dice Pablo, puestos en el pasado.

 

El pasado debe servir para mirar a nuestro presente y corregir aquello que está mal, para preparar nuestro futuro, no podemos quedarnos en el pasado. Bueno o malo insisto, hay muchos éxitos, muchos aciertos pero no nos podemos quedar a vivir en ellos, en un pasado; tenemos que seguir adelante.

 

Y si son cosas negativas, si hay fracasos con mayor razón, no nos podemos quedar en ellos, y vivir frustrados y traumados por lo que ya pasó que no me hubiera gustado que pasara. Tenemos que seguir adelante y tenemos que segur en Cristo Jesús con ánimo, con una llenura de Espíritu de Dios para alcanzar a hacer lo que el Señor dice.

 

1 Pedro 5:10 Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

 

¡Gloria a Dios! Mira, todo lo que nosotros hemos vivido, lo que tú has vivido, los que formamos parte de este remanente dice el apóstol Pedro, primero: hemos sido llamados por Dios con propósitos específicos. Él nos llamó, Él nos trajo, nosotros no estamos aquí por azares del destino. Estamos aquí por un llamamiento específico de parte de Dios a nuestra vida, y estamos aquí porque fuimos sensibles a ese llamado. Le dijimos al Señor: Sí Señor. Y aquí estamos.

 

No estás aquí porque te equivocaste, por una distracción, porque no encontraste otro lugar. ¡No! Estás aquí porque el Señor te trajo aquí, por eso. Por eso estamos aquí en estos momentos, para cumplir estos propósitos de Dios, porque el Señor nos llamó para su gloria eterna, y nosotros tenemos que estar en un lugar para fortalecernos, para crecer.

 

Y dice al Escritura que después de que hayamos padecido un poco de tiempo.  Y a veces puedes decir: Señor dice tu Palabra: un poco.  Y como que ya fue mucho, necesitamos que sea como dice aquí, y además declaramos que sea un poco de tiempo, un poco, es lo que necesitamos. Y finalmente todos pasamos por momentos muy difíciles, pero estos momentos Dios los utiliza con propósitos específicos. No es que Dios nos mande cosas malas.

 

Yo esto lo he entendido de una manera muy clara, Dios no nos manda el mal, Dios no manda que estemos en situaciones adversas, negativas, o en crisis, o con problemas o con enfermedades; Él no nos lo manda, Él es bueno y para siempre, dice la Escritura, para siempre es su misericordia. Por lo tanto, Él no os va  a mandar el mal. Lo que sí veo que hace Él, aprovecha las cosas que nosotros estamos viviendo con propósitos específicos buenos para nosotros en lo personal.

 

Como dice: para que Él nos perfeccione. Nos va perfeccionando en Él, en su voluntad, en su Palabra, en su conocimiento; Él va perfeccionando nuestras vidas, nos va moldeando, nos va transformando. Como dice Jeremías cuando ve al Alfarero, toma en sus manos el barro y le da forma, y hace la pieza como la quiere él, conforme y la tiene concebida en su mente, esa forma le da. Y yo veo que nuestro Señor precisamente Él nos va perfeccionando para hacernos de acuerdo a como Él nos concibe en su mente y en su corazón.

 

Él quiere hacer de cada uno de nosotros una gran pieza, algo muy valioso, algo que sea a su imagen y semejanza. Y entonces, aun utiliza como dice la Palabra, esos tiempos de padecimiento de nosotros para lograrlo, para mostrarnos, porque somos tan necios que luego no lo vemos, no vemos las cosas que tenemos que cambiar no vemos las cosas en donde tenemos que ser tratados por el Señor.

 

Hasta que estamos en un padecimiento es cuando nos damos cuenta de lo que tenemos que hacer, es cuando se nos abre el entendimiento y decimos: ah con razón, es que esto fue por esto y por esto. Y entonces hay un cambio en nuestra mente. No podemos nosotros seguir siendo igual que éramos antes. Tú no puedes ser el mismo hoy que hace un año, ni puedes ser el mismo dentro de un año de que eres hoy. Tienes que mejorar, tienes que avanzar, tienes que ser de acuerdo a los propósitos de Dios. Así tenemos que ser.

 

Y dice también que: nos afirme. Que nos afirme en su Palabra, que nos afirme en su amor, que nos afirme en la fe. Y nos afirma cuando nosotros pasamos por situaciones difíciles, situaciones adversas, es cuando nosotros nos podemos dar cuenta verdaderamente en dónde estamos parados. En un problema, ¿cómo reacciono? De acuerdo a como yo reaccione es lo que hay en mi corazón y es la certeza y firmeza de donde yo me encuentro. Todos tenemos problemas económicos, ¿cómo reaccionamos ante ellos? ¿Qué actitud tomamos ante los problemas, ante las situaciones adversas?

 

Hay dos formas de reaccionar: Una de acuerdo a la voluntad del Señor, y otra fuera de su voluntad. Y si yo reacciono de acuerdo a lo que dice el Señor, voy creciendo y el Señor me va afirmando en su Palabra, me va afirmando en la fe. Si yo cada día confío más en el Señor y descanso más en el Señor de que Él va a tomar y toma control de todas las cosas, me estoy afirmando, Él me está afirmando en Él.

 

Y esto es importante, y lo vamos a notar cuando hay problemas, no lo notamos cuando no los hay. Cuando no tenemos problemas, cuando las cosas están bien, cuando todo va funcionando dentro de la normalidad, y de nuestra normalidad y de nuestra comodidad; muchas ocasiones aún se nos pasa orar, se nos pasan los tiempos de comunión con Dios. No oramos, no tenemos esos tiempos importantes, sentimos que no los necesitamos.

 

¿Cuándo reaccionamos que sí nos hacen falta? Cuando hay un problema, cuando se presenta un problema que nos aflige, que nos angustia, entonces estamos clamando a Dios en todo momento. Y nos levantamos clamando al Señor: Señor ya toma control de esto, cámbialo, mira, soy tu hijo. Nos acostamos del mismo modo: Señor que esta noche suceda el milagro y que todas las cosas sean cambiadas. Y oramos todo el tiempo: Señor perdóname, estoy en el baño, no sé si esto sea correcto pero escúchame por favor. Y aprovechamos cualquier momento para orar al Señor. Así lo hacemos.

 

Había un hermano aquí en la congregación muy simpático, que de repente me llegaba algún mensaje por whats de él, y me decía: qué tal pastor, ¿cómo estás? Discúlpame que te escriba ahorita pero es la hora que puedo, estoy en el baño. Y yo decía. Sí, no te preocupes, está bien, gracias, te lo agradezco que te acuerdes de mí aunque sea en ese momento. Era a la única hora qué él me mandaba un mensaje, cuando entraba al baño.

 

¿Cuándo nos acordando de Dios, cuándo hacemos oraciones intensas y fuertes? Cuando tenemos un problema, cuando estamos, como dice el apóstol Pedro, padeciendo. En el padecimiento es cuando entramos ahí con el Señor para que nos afirme. Y también estamos buscando otra cosa como dice Pedro, que nos fortalezca. Necesitamos ser fortalecidos espiritualmente, si no somos fortalecidos en cualquier momento nosotros nos podemos desviar, podemos caer.

 

Necesitamos que el Señor a través de su Espíritu Santo nos fortalezca, que tengamos esa fuerza interior, ¿cuál es? La plenitud, la llenura del Espíritu de Dios. Y solamente buscamos esa llenura cuando hay padecimientos, por desgracia así somos. No buscamos esa fortaleza cuando vemos que las cosas están bien, por una razón: Porque no las necesitamos, sentimos que no hay problema. Entonces, es tiempo en el cual nosotros, en el padecimiento, busquemos  ser fortalecidos por el Señor en nuestro interior.

 

No importa qué problema o qué padecimiento tengas, si tú buscas al Señor, buscas la llenura de su Espíritu Santo, él te va a fortalecer como dice la Palabra. Entonces veo que el Señor utiliza precisamente esos momentos difíciles de nosotros para fortalecernos, para que nosotros seamos bendecidos. Yo no puedo decir, no cabe en mi mente decir: le doy gracias a Dios porque me mandó un padecimiento, pero bueno en su misericordia Él me va a sacar. ¡NO! O yo me metí en ese problema y por eso estoy padeciendo, o los que están a mi alrededor me metieron en ese problema o las circunstancias me metieron en ese problema.

 

Pero Dios va a utilizar eso para fortalecerme, para perfeccionarme, afirmarme, y dice: establecerme. ¿Y cómo, dónde me va a establecer el Señor? El Señor nos establece en su reino, y establece su reino en nosotros. Nosotros quedamos perfectamente bien establecidos en el reino de Dios. Si nosotros no pasamos por estos momentos no podremos ser establecidos.

 

Y me gusta como el apóstol Pedro lo habla, como lo dice: Él está al pendiente, Él nos llama para bendecirnos, para tener comunión con nosotros, nos llama para tener propósitos específicos, nos llama para vivir por la eternidad, nos llama para transformarnos, para hacernos a su imagen y semejanza, nos llama Él y no importa los padecimientos que tengamos, van a ser usados para nuestro bien, así es el Señor.


Cada vez que estés en un problema, en una situación difícil, clama al Señor, ora al Señor y dile: Aquí estoy para que me transformes, utiliza esto para cambiar mi mente, para cambiar mi forma de pensar, para ver las cosas como tú las ves, para sentir diferente y aún, para actuar de una manera distinta. No importa cuántos años tengamos en el Señor, o en la iglesia, no importa en verdad.

 

La iglesia cumple 34 años el día de hoy, y han sido 34 años difíciles, pero yo creo que también hoy somos una iglesia firme, somos una iglesia más perfeccionada, más fortalecida, más establecida. ¿Por qué? Porque también todo lo que hemos padecido ha servido para que nosotros en conjunto, crezcamos en el Señor, para que nosotros en conjunto hagamos conforme y la voluntad de Dios, y caminemos de acuerdo a lo que Dios establece en su Palabra. Así lo veo.

 

Por eso el apóstol Pablo dice en Filipenses 3:14  Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

 

Esa es nuestra visión, no nos podemos detener, vamos en una carrera y no podemos decir: bueno hasta aquí llegué, ya leí una vez la Biblia completa y ya no hay más que leer. Ya cambié, ya creo en Jesucristo ahora, ya no hay nada más qué hacer en el Señor. ¡No! Dice la Palabra: no importa los años que tengamos en Cristo, tenemos que proseguir a la meta. No sabemos cuánto tiempo nos falta, nadie lo sabe. No sabemos cuándo va a venir nuestro Señor Jesucristo por nosotros, ni Jesucristo mismo lo sabe, no lo sabe.

 

Sabemos que va a venir, tenemos esa fe, esa es nuestra fe para con él, que un día vendrá por nosotros. Y nosotros tenemos que estar haciendo lo que debemos de hacer de acuerdo a su Palabra, debemos estar plenamente convencidos a la luz a de la Palabra de que estamos haciendo lo correcto, de que hemos seguido avanzando, que no nos hemos detenido, no nos podemos detener. Tenemos que avanzar, es una larga carrera, muy larga.

 

¿Cuántos años va a durar? No lo sé. ¿Cuántos más aniversarios vamos a tener como iglesia?  No lo sé. Yo la verdad espero que sean pocos y que el Señor venga pronto, en verdad eso es lo que yo espero. Si yo le pudiera pedir al Señor, yo le diría: Señor mira, que ya no cumplamos los 35 años, que antes de que cumplamos 35 años la iglesia, tú vengas por nosotros. Eso sería maravilloso, sería extraordinario pero, no depende de lo que le pidamos, depende de su visión celestial hacia la Tierra de cómo estén las cosas, ahí está.

 

Filipenses 2:16 Asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.

 

El apóstol Pablo está plenamente convencido de que el día que venga nuestro Señor Jesucristo por nosotros, él se pueda gloriar, él se gloríe en el Señor. Y esto es algo que debemos tener nosotros, nos tenemos que asir, nos tenemos que tomar fuertemente de la Palabra de Dios, para que aquel día que venga nuestro Señor Jesucristo nosotros nos podamos gloriar. Ese día que venga por su Iglesia Universal, nos podamos gloriar dice él, en el Señor.

 

Y tener la plena certidumbre de que no corrimos en vano toda esta carrera, que los años que fuimos cristianos y corrimos la carrera juntamente con el Señor, fue con propósitos específicos, verdaderos, reales, no fue en vano. No necesitamos llegar en primer lugar, no tenemos que llegar dentro de los primeros lugares a la meta; eso no es lo importante, lo importante es que lleguemos, es una carrera de resistencia.

 

Todos lo que nosotros trabajemos hoy día, y estemos trabajando nosotros en el Señor, tiene su fruto. Todo va a dar un fruto de acuerdo a la voluntad de Dios. Si nosotros nos frenamos porque hay decepción, porque hay tristeza, porque hay amargura, porque no vemos promesas cumplidas, por la razón que sea; o nos tomamos de cualquier pretexto para no seguir caminando, entonces todo lo que ya caminamos lo habremos echado a perder, de nada habrá servido.

 

No puedo estar yo en la presencia de Dios en aquel día y decirle: es que yo durante muchos años hice muchas cosas. Ah es que yo te serví durante mis primeros diez años de cristiano. ¿Y cuántos años fuiste cristiano? Veinticinco años, los últimos quince pues la verdad ya estaba decepcionado, vi cosas que no se daban, había muchas presiones, las circunstancias que yo vivía aún me impedían ir a la iglesia, en fin, pues hubo mucha cosas y por eso dejé de caminar, dejé de correr esta carrera. Malo, malo, porque tenemos que llegar a la meta, y si te detienes ya no llegaste.

 

Yo recuerdo la primera vez que conocí Acapulco, era yo niño, tenía como unos nueve años de edad, y pregunté: ¿y cómo es Acapulco? Me dijeron: pues hay mar, tú ves y es mucho mar, es muy bonito. Y dije: Pues vamos, qué maravilloso. Y entonces íbamos en el auto y se me empezó a hacer eterno el viaje. Cuando quieres llegar a un lugar, qué largo se hacen los viajes. Y no había las carreteras que hoy hay, obvio.

 

Las carreteras en ese tiempo no eran de paga, eran carreteras como le llaman, Federales, no existía la Autopista del sol, que llegas en tres horas; se hacía mucho tiempo. Porque además se les ocurría ir deteniéndose en ciertos lugares, en ciertos pueblos; y ya para llegar estaba que te detenías en el 80, y en el 70, y en el 65, y en el 60; ¡qué horror! Y la verdad es que se hacía, desde mi punto de vista, eterno el viaje, eran muchas horas. No sé si los viejitos se acuerden. No, no hay viejitos; pura Autopista del Sol; bueno.

 

Era lenta la llegada, y entonces yo iba preguntando desde la hora, ¿ya vamos a llegar? No todavía falta. ¿Ya vamos a llegar? No. Hasta que me dijeron: cuando veas mucha agua, ya llegamos. Malo, porque entonces en el camino nos encontrábamos alguna laguna y yo decía: ¿ya llegamos? No. ¡Qué difícil, y yo desesperado por llegar! Y yo veo en la Palabra que es algo similar, tenemos que llegar a esa meta, no porque nos detengamos antes significa que ya llegamos. No porque te canses, no porque te aburras, porque te fatigues, porque te decepciones, por lo que sea, te detengas en tu carrera en Cristo y ya la hiciste, ya llegaste. ¡NO!

 

El apóstol Pablo dice: Tenemos que llegar a la meta. No hay otra, no importa cómo llegues pero tienes que llegar. Tal vez llegues todo maltrecho, pero tienes que llegar. En una de las Olimpiadas pasadas, hay una escena muy fuerte en donde ya todos los supuestamente corredores del maratón habían llegado a la meta, ya iban a sacar a la gente del Estadio, ya iban a apagar las luces del Estadio cuando dijeron: ¡Falta uno, falta un corredor!

 

Dejaron prendidas las luces, la gente no se fue y entró al Estadio un corredor apoyado por su papá, ayudándole a terminar de correr la carrera con tal de que llegara a la meta. Y así llegó a la meta, ayudado, apoyado, pero llegó. La bendición para él fue cruzar la meta, saber que había cumplido con el propósito, y es lo que él quería, llegar.

 

Y es lo que nosotros necesitamos, llegar. No importa todo lo bueno que tú hayas hecho para el Señor, si tú te detienes y ya no haces, si no trabajas, no haces lo que tienes que hacer para el Señor, ¡mal, ya te equivocaste! Necesitas seguir aun apoyado por el liderazgo, aun apoyado por los hermanos fortalecidos, firmes que te den la mano, que te sostengan y que te ayuden a seguir, lo tenemos que hacer, lo dice la Palabra.

 

Hebreos 12:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

 

Dice el escritor a los Hebreos que hay mucha gente a nuestro alrededor, hay ángeles a nuestro alrededor que son una gran nube de testigos que están viendo lo que nosotros hacemos y cómo lo hacemos. Es una carrera como maratónica como decía, en donde todo mundo está atento a los corredores; el mundo está atento a los corredores, a los creyentes en Cristo Jesús, están viendo qué hacemos, qué no hacemos, cómo nos comportamos, qué hablamos, qué no hacemos; están al pendiente siempre. Son nuestros testigos los que están viendo lo bueno y lo malo.

 

Y dice que estamos en una carrera maratónica como decía hace rato, que no sabemos cuándo va a terminar, por lo tanto, corrámosla con paciencia. Tampoco se trata de que te apresures, no se trata de que quieras alcanzar ahorita la meta porque no la vas a lograr. No tienes porqué desgastarte, ve con paciencia haciendo lo que tienes que hacer. Cambiando, transformando tu mente, transformando tus sentimientos, haciendo la voluntad de Dios. Quítate ese peso que te impide correr la carrera maratónica.

 

Me llama la atención hoy día la cantidad de clases de tenis que hay: para el corredor, para el futbolista, para el tenista, para el basquetbolista, para el dominguero, para el flojo, hay para todo, una variedad increíble. Tenis súper especiales, los que son para los maratonistas ni pesan, como si no trajeran tenis, especiales. Se van despojando del peso que puedan llevar encima para poder correr, para correr correctamente, para ganar.

 

Y así dice el escritor a los Hebreos: despójate de todo peso que pueda ocasionar que tú te alentes, que tú te hagas lento y que no puedas correr bien, despójate de ello. ¿Cuál es ese peso? Afortunadamente no es la grasa, no es lo que comas; con confianza gloria a Dios. Es el pecado. Tenemos que dejar el pecado, deja el pecado para que puedas correr, deja cualquier clase de pecado porque el pecado te frena, el pecado te detiene, el pecado va a impedir que tú sigas corriendo esta carrera maratónica.


Es una carrera que tenemos por delante muy larga, porque no sabemos cuántos años serán. Córrela con paciencia, despójate de lo que te pesa, ve quitándolo. No te quedes con el pecado, no importa, no hay pecados grandes ni pecados pequeños, ¡es pecado, quítalo! El pecado que sea, quítalo, despójate de él para que puedas seguir corriendo esta carrera larga, tiene que ser.

 

Esta carrera la vamos a poder terminar como dice la Escritura: Tomando para nuestra bendición todos aquellos padecimientos a fin de ser perfeccionados, afirmados, fortalecidos y establecidos. Quitándonos el peso que tenemos en exceso que es el pecado, quita todo pecado. ¡No es fácil! Despojarnos de lo que nos agrada, de lo que hacemos, de lo que tal vez hemos hecho toda nuestra vida, no es sencillo. Pero por amor a Cristo tenemos que hacerlo, despójate de ello, por amor a ti mismo, despójate de ello.

 

Si no va a ser una carrera en la cual no vas a llegar a la meta por tu pecado, por tus vicios, por tus costumbres, por tu negligencia, por muchas cosas que son las que te pueden frenar. No es una carrera de velocidad, no es como la carrera de los 100 metros o los 400 metros, que gana el que corre más rápido, ¡no! Ah es que en 100 metros, no sé en cuánto esté, menos de 9 segundos se corren 100 metros, pero ese que corrió 100 metros no puede correr una carrera maratónica. El de maratón no puede correr una carrera de 100 metros.

 

¿Qué es lo que queremos nosotros? Yo quiero hacer como dice la Palabra, correr una carrera con paciencia que va a ser prácticamente toda mi vida, pero que voy a llegar a la meta. Y cuando llegue a la meta yo me voy a poder gloriar con Cristo Jesús en la presencia del Padre, y vivir con él por la eternidad. ¡Qué maravilla!

 

Hebreos 12:2 Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

 

No apartes tus ojos del Señor. Para correr esta carrera necesitas poner tus ojos en Cristo Jesús. Si tú los desvías, no lo vas a lograr, no vas a alcanzar llegar a la meta. Es lo que le pasó a Pedro, nos lo enseña el Evangelio, puso sus ojos en Jesús y se bajó de la barca. Y mientras tuvo sus ojos puestos en Jesús, Pedro estuvo caminando sobre el mar. En el momento que él desvió su vista y la quitó de Jesús, y vio hacia otro lado, vio las olas, vio el viento, vio a su alrededor; entonces se empezó a hundir.


El escritor a los Hebreos nos señala de una manera bien clara. No quites tus ojo de Jesús, que tu vista siempre esté puesta en el Señor, siempre. Porque Cristo Jesús es el autor y consumador de nuestra fe. Jesús menospreció el oprobio que le hicieron, no le importó, no le importó la cruz para traer salvación a nuestra vida, para que nosotros pudiéramos alcanzar los propósitos de Dios. Él hizo un gran sacrificio por nosotros: murió, resucitó y hoy día está sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros.

 

Nosotros, dice la Escritura, estaremos con Jesús, y nos sentaremos donde se sienta Jesús, estaremos en su reino y estaremos por la eternidad. ¡Qué maravilla! En verdad vale la pena correr, lo vale. No es fácil, no ha sido fácil, es bastante difícil. Podemos decir nosotros 34 años caminando con la iglesia, ya ni corriendo, caminado. Y a veces deteniéndonos y otro poquito, no es sencillo. Pero sabemos que hay una recompensa muy grande, y es llegar a la meta.

 

Y lo que nos interesa es llegar a la meta, llegar a donde dice el Señor que tenemos que llegar. Él no va a hacer como hacen hoy día en los maratones, que hasta atrás van varias camionetas y van levantando a los rezagados. Ahí los suben, y es que ya le dio un calambre, ya se cayó, se acabó su carrera ¡súbelo a la camioneta! Lo suben y ahí se lo llevan.  Aquí no hay camionetas que te recojan y que te lleven a la meta, no las hay. Es tu esfuerzo, lo que tú logras, lo que tú hagas, eso es lo que cuenta.

 

Por eso también dice la Escritura: con paciencia. No te desgastes, despacio haciendo lo que tienes que hacer, no te des prisa. Lleva tu ritmo, firme, adelante, constante, y vas a llegar a la meta, al lugar donde Dios quiere que estés. Nuestra vida siempre tiene que ser de acuerdo a la voluntad del Señor, siempre tenemos que mirar al Señor.

 

Yo sé que nuestro Señor Jesucristo para poder llegar a la cruz y aceptar todo lo que vino, él tuvo que poner sus ojos en Dios, y tuvo que poner sus ojos más allá de la cruz. Tuvo que poner sus ojos en el Señor y en la resurrección, tuvo que poner sus ojos en que un día él iba a resucitar, al tercer día. Y que iba a subir al cielo y que iba a volver a estar con el Padre.

 

Jesús no vio su momento, no vio ese momento específico, no vio cuando iba cargando la cruz caminando, no vio que lo iban azotando, que lo iban golpeando. Tal vez no hubiera llegado al propósito, tal vez no hubiera llegado a la meta si lo ve; él siguió caminando, no vio la cruz, para lo que la vio fue para traernos salvación, para cargar nuestro pecado; pero sus ojos estaban puestos más allá.

 

Nuestros ojos tienen que estar puestos en la meta, tienen que estar puestos en Jesús, hasta donde tenemos que llegar, no puede ser de otro modo. No nos podemos detener, no podemos tomar un atajo, no podemos hacer nada, tenemos que llegar y eso depende del esfuerzo de cada uno de nosotros. Lo  más que podemos hacer es que alguien te apoye y te ayude a caminar un tiempo en lo que te recuperas y seguir. Porque tal vez te toque a ti que te ayudaron, ayudar a otro a que siga corriendo la carrera, a que siga avanzando para llegar a la meta.

 

1 Corintios 9:24  ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.

 

Sencillo, en un estadio en donde ahí es una competencia donde solamente hay un ganador, son muchos los que corren pero solamente el premio se lo lleva uno, el primero. En aquella época era nombrado el que ganaba “César por un día”, y hacía lo que quería, un día por haber ganado.

 

1 Corintios 9:25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

 

Es decir, aquel que está luchado por ganar un premio, luchaba por ganar un primer lugar y le iban a poner una corona que iba a tener una duración de 24 horas y se iba a acabar esa corona porque era una corona corruptible, una corona hecha de plantas, se iba a terminar. Y dice el apóstol: pero nosotros, vamos a recibir una corona al llegar a la meta: incorruptible. Que no se corrompe, una corona incorruptible.

 

Y dice nuestro Señor Jesucristo que nosotros recibiremos la corona de la vida, una corona para la eternidad, para siempre. Dice el apóstol Pablo: ¿Cómo no voy a correr esta carrera en el Señor si el beneficio es mayúsculo? Éstos se esfuerzan por algo corruptible, nosotros nos esforzamos por algo que va a ser eterno, pro algo incorruptible, por un reino que va a permanecer para siempre. ¡Vale la pena correr este maratón, en verdad, luchemos por alcanzarlo!

 

Y dice el apóstol: El que corre aquí en el estadio, se abstiene de todo. Se prepara para ganar, se abstiene de comidas, de bebidas, de excesos, se abstiene de todo con tal de estar bien preparado para ganar. Cuánto más nosotros nos debemos abstener de todo aquello que impide que corramos bien, si vamos a recibir un premio eterno, ¡claro que lo vale! No veas lo que tienes que sacrificar, lo que tienes que dejar, de lo que te tienes que abstener; ve lo que vas a alcanzar. No veas lo que dejas, ve lo que vas a tener.


Es como cuando nos casamos, no vemos que vamos a dejar la libertad de la soltería; vemos que vamos a ganar una pareja para toda la vida. ¡Gloria a Dios, eso es maravilloso! Pensemos en lo que vamos a obtener, pensemos en la vida eterna y entonces, de lo que tú te abstengas no te será difícil, no te será pesado, lo podrás dejar. Quítate ese peso que te impide correr la carrera correctamente.

 

1 Corintios 9:26-27 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

 

Es decir, tenemos propósitos bien específicos, y nos debe quedar claro que la carrera que estamos corriendo en la que nosotros estamos, es para recibir una gran bendición eterna. Siempre habrá situaciones difíciles, siempre habrá situaciones adversas, siempre habrá problemas, crisis, siempre habrá algo negativo, siempre. Pero, ¿cómo lo vamos a enfrentar? Hagámoslo de acuerdo a la Palabra para seguir corriendo nuestra carrera y llegar a la meta.

 

Hagámoslo como dice el Señor, sencillo; para que nosotros podamos decir como dijo el apóstol Pablo en Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

 

¿Qué es lo que te puede apartar del amor de Cristo? El apóstol Pablo está plenamente convencido de su amor por el Señor, de que él por amor va a permanecer firme, va a permanecer fiel, va a permanecer en la carrera hasta llegar a la meta, no va a haber nadie que lo pueda apartar. No va a haber nada que pueda impedir que Pablo dice, llegue al propósito, cumpla con el propósito de Dios y llegue a la meta. Y así nosotros debemos tener esta certeza.

 

Romanos 8:38-39 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

Tenemos que tener esta certeza, tenemos que traer esto a nuestro corazón por amor a Cristo yo voy a permanecer y no importa qué se me presente. No importa que venga a sonsacarme mi compadre o mi amigo. No importa que haya un problema en la familia, no importa cualquier situación, no importa el trabajo, no importa absolutamente nada; yo permanezco en Cristo Jesús y yo sigo corriendo hasta llegar a la meta, yo tengo que seguir corriendo. No me puedo detener, no me puedo sentar a descansar, no me puedo desviar.

 

Muchas ocasiones, y yo lo entiendo, nos cansamos y quisiéramos sentarnos en un lugar cómodo, agradable, tranquilo y ahí quedarnos. Hay ocasiones que cuando la situación está demasiado pesada yo le he dicho al Señor: ah Padre cómo me gustaría dormirme no sé, de corrido varios días y despertar y que todo esté arreglado. Bueno no está mal fantasear, pero bueno a veces quisiéramos que las cosas se dieran así de una manera mágica. Pero no se van a dar así.

 

Y tenemos que seguir y tenemos que confiar, y tenemos que saber que Dios está con nosotros. Y tenemos  que saber que Dios está respaldándonos, que Dios nos está sosteniendo, que Dios nos está impulsando, que Dios nos está perfeccionando, afirmando, fortaleciendo y estableciendo en esos momentos. Y tenemos que continuar y tenemos que seguir adelante, ¿por qué? Porque tenemos que llegar a la meta. Si tú estás aquí, si tú aceptaste al Señor es para que llegues a la meta, no es para que te detengas, no es para que eches a perder todo lo que ya caminaste, ¡tienes que seguir!

 

Bendito Dios y Padre eterno en el nombre que es sobre todo nombre, en el nombre de Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador, levanto delante de tu presencia a este remanente dándote gracias por su vida, agradeciendo que ciertamente vamos corriendo para llegar a la meta. Que se nos hace muy pesado en ocasiones, que se nos hace muy difícil, pero sabemos que tenemos que llegar.


No importa cuántos años tenemos en ti, lo importante es que sabemos que todo lo que está atrás, quedó en el pasado y tenemos que mirar al frente, a lo que está delante, lo que está por venir. Y tenemos que seguir corriendo esta carrera con paciencia, con fortaleza, sabiendo que un día llegaremos a tu presencia y nos gloriaremos contigo.


Señor fortalece las manos cansadas, los pies cansados, fortalece a cada uno de mis hermanos y que su columna vertebral sea firme en ti, para que puedan correr esta carrera, para que sigamos corriéndola, y Padre, todo sea para darte a ti la honra y la gloria en tu Hijo amado Cristo Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.