INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

RENOVACIÓN DEL PACTO

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

Hebreos 8:8,13 Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto.

13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

 

Dios es un Dios de pactos, y así lo podemos advertir en toda la Palabra, de que Dios es un Dios de pactos y desde que Él creó al hombre, Dios ha hecho pactos con él. Pactos que bendicen al hombre, pactos que traen fortaleza, bendición, sustento, sanidad, en fin, pactos que  el beneficiado ha sido el hombre. Pero por desgracia el hombre es el que ha roto todos estos pactos que Dios mismo establece, el hombre no los cumple, el hombre los quebranta. Pareciera que el hombre en un momento determinado no tiene la capacidad para sostenerse y para continuar con los pactos que establece el Señor. Y hay un momento en el cual los pactos los deja a un lado, los hace a un lado.

 

Este capítulo en el libro a los Hebreos, nos habla precisamente de que el pueblo de Israel no cumplió con el pacto establecido por Dios, por lo que habla de un Nuevo Pacto, el establecimiento de un Nuevo Pacto, el establecimiento de un Nuevo pacto que es en nuestro Señor Jesucristo, y que este pacto es de: Bendición, de Vida eterna y es Perpetuo. Este pacto no se puede quebrantar, este pacto está firme, y no se puede modificar.

 

Hace énfasis también en el hecho de que el Nuevo Pacto establecido hace al primer pacto, al pacto que había hecho Dios con el pueblo, viejo. Y todo, dice la Escritura, que todo lo que envejece está por desaparecer.  Pero bueno, vivimos el tiempo que el Señor está en su corazón cada uno de nosotros, y tenemos propósitos que cumplir, ¡amén, gloria  Dios!

 

Y los pactos no solamente son establecidos entre Dios y el hombre, sino que también estos pactos el hombre los establece con el hombre mismo. El hombre tiene que hacer diferentes pactos y lleva a cabo pactos para funcionar de una manera correcta en sus relaciones, principalmente interpersonales. Para funcionar en sus relaciones individuales y sus relaciones en grupo; incluso para que las relaciones entre países funcionen correctamente, para que puedan éstos funcionar.

 

Y todo se hace teniendo como base pactos que se deben cumplir, pactos que incluso nosotros los vemos en nuestro hogar, vemos que en nuestro hogar pues en algunas ocasiones no nos damos cuenta pero todo funciona a base de pactos. Los padres le dicen a los hijos: Tú pórtate bien, tú estudia, tú haz lo que yo te digo, y yo te voy a dar esto. Y se establecen los pactos, y siempre estamos en pactos, aunque insisto, no nos damos cuenta luego de los pactos que establecemos.

 

El apóstol Pablo habla en relación del pacto que se hace entre los hombres, y señala que todo pacto se tiene que cumplir, que no se puede quebrantar, que se tiene que llevar a cabo conforme y está establecido el pacto; no podemos añadir no le podemos quitar, no lo podemos invalidar.

 

Gálatas 3:15 Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.

 

Un pacto es una mutua obligación de dos o más partes, comprometiéndose a cumplir con lo pactado. Eso es un pacto. Y debemos de entender, y a mí me llama mucho la atención, que aun Pablo se refiere al pacto establecido por los hombres y se refiere aquí en la Palabra, es decir, que Dios avala el pacto que se establece entre hombres y exige que todo pacto se cumpla. Tenemos un Dios de palabra, un Dios que cumple lo que dice, un Dios que no rompe los pactos. Por lo tanto, Dios espera que la humanidad también cumpla lo que dice, cumpla su Palabra, cumpla lo que establece. Esto agrada a Dios, y más cuando se trata de su pueblo.

 

Cuando nosotros establecemos pacto, Dios quiere que nosotros cumplamos el pacto que hemos hecho con una persona, con una institución, con quien sea, con la iglesia misma, con el ministerio; lo que pactamos lo tenemos que cumplir. Es por ello que cuando un pacto entre personas, entre grupos o entre instituciones es quebrantado, también se recurre a instancias judiciales, instancias legales para poner orden, para sancionar, para que las cosas se hagan correctamente como se establecieron. Y cada vez que hay un pacto roto, hay consecuencias negativas.

 

Y bueno hablando de pactos, tal es el caso de los matrimonios. Nosotros podemos ver en un alto porcentaje de matrimonios que llega un momento en el cual no cumplen el pacto establecido, el pacto de lo que es el matrimonio, no lo cumplen. Y cada parte del matrimonio hace lo que mejor le parece o hace lo que está en la posibilidad de hacer, o hace conforme y le conviene hacer. Y no hace muchas veces lo que tiene que hacer. Y en general yo veo que en el matrimonio, cualquiera de los dos o los dos hacen su voluntad.


Así somos y le acomodamos, a veces decimos que no recibimos una enseñanza sobre el matrimonio, no recibimos un curso prematrimonial, y que por lo tanto nosotros no estamos muy bien enterados de lo que es el matrimonio. Pero en realidad sabemos las obligaciones que debemos tener, tanto uno como el otro y las debemos cumplir. Es un pacto, un pacto que hicimos, un pacto con la persona el cual está avalado por Dios.

 

Vamos a mirar como Dios hace un pacto con su Iglesia, precisamente tomando el matrimonio como ejemplo.

 

Efesios 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.

 

Nosotros podemos advertir en esta palabra, como Dios está haciendo un llamado precisamente al marido para que cumpla las funciones dentro de un pacto de acuerdo a la voluntad de Dios. Tienes que amar varón a tu mujer de la misma manera que nuestro Señor Jesucristo ama a su Iglesia, del mismo modo. No puedes amar menos a tu mujer, a tu esposa que el amor de Cristo por la iglesia.

 

Y también dice: y se entregó a sí mismo por ella. Es decir, Cristo Jesús murió por nosotros, murió por su Iglesia. Y tú varón tienes que estar en la posibilidad, en la capacidad por amor a tu esposa, de dar tu vida por ella, lo dice la Escritura. No tienes que estar pensando en el día en que ella se muera, ni tienes que estar pensando Señor, ¿cuándo te la llevas, te la mando? Rompes el pacto, y Dios no acepta que uno rompa el pacto. Y aquí la Palabra lo establece, tienes que amar a tu mujer de la misma manera que Cristo ama a su Iglesia y que se entregó por ella. Aún, insisto, hasta la muerte.  

 

Versículos 26-27  Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

 

Y esto habla también de cómo nosotros los maridos, tenemos que ser con nuestra esposa, de qué manera nosotros la tenemos que tratar. De qué manera la tenemos que cuidar, de qué manera la tenemos que proteger; para que en todo momento nosotros nos podamos presentar una mujer íntegra, completa, sin mancha, sin arruga. Si una mujer no es así, no es culpa de ella, es culpa del marido. El marido es el que tiene que hacer esfuerzos por tener a la mujer del mismo modo que Cristo tiene a la Iglesia. Y la tienes que proteger, la tienes que cuidar; tienes que proveer.

 

Aun dice la Palabra que un marido que no provee lo suficiente para su casa, es peor que un incrédulo; porque nosotros conocemos de la Palabra de Dios, y tenemos que ser de acuerdo a lo que dice la Palabra de Dios. El matrimonio, lo sabemos, no es sencillo, no es fácil; hay muchos problemas, hay muchos conflictos, hay situaciones difíciles, pero, tenemos en la Palabra la solución a todos los problemas. Podemos salir de todos los problemas, podemos enfrentarlos de la manera correcta y salir adelante.

 

Nuestro Señor Jesucristo, podemos advertir, se compromete y hace pacto con la Iglesia para bendecir a la Iglesia. Y el Señor nos bendice, nos cuida, nos protege, nos ama; y nos va a llevar a vivir con Él a su reino por la eternidad. ¿Cómo nos va a tratar ese día el Señor, ese tiempo que estemos con Él por la eternidad? Nos va a tratar con amor, con un profundo amor como dice la Palabra. Por lo tanto, el hombre tiene que tratar con un profundo amor a su mujer todo el tiempo de su matrimonio, toda la vida.

 

No puede ser durante un tiempo, bueno te voy a tratar muy bien mientras estemos casados. ¡El matrimonio es para siempre! No hay de otra, lo establece el Señor,  lo que el Señor une no lo puede desunir el hombre. Claro que luego hay gente que dice: mira, no te cases para que te puedas divorciar, no te cases por la iglesia, cásate nada más por el civil. 

 

O sea, como que la gente dice: Mira, no hay problema con Dios, como que Él no se va a dar cuenta; si nada más te casas por el civil, el día que quieran se separan. No necesitan la orden de un alto jerarca de la iglesia, no necesitan nada, no necesitan su aprobación. Simple y sencillamente se separan, hacen los trámites para el divorcio y ya la hicieron.


Cantidad de personas conozco que dan esta recomendación a sus hijos: ¡no te cases por la iglesia, es un compromiso muy grande! Y si te casas por la iglesia no te puedes separar. Pero no conocen lo que dijo el apóstol Pablo: que un pacto entre dos personas, es avalado por Dios y se tiene que cumplir. Lo desconocen, no les conviene leerlo, para seguir haciendo lo que quieren hacer.


Dios establece un pacto con el hombre en el matrimonio. Pero el hombre no quiere entrarle luego a ese pacto, ¿por qué? Porque luego el hombre no se quiere comprometer. Vivimos una época en donde la gente no quiere comprometerse, el hombre no se quiere comprometer, quiere seguir viviendo como si fuera soltero, sin compromiso. Quiere nada más como dicen por ahí, endulzarle el oído a la chica y llevársela a vivir con él. O peor, que ella se lo lleve a su departamento. ¡Otro problema!

 

Se supone que el hombre es el que sustenta, el que paga, el que pone; y resulta que hoy día cuando te das cuenta, una conocida que vivía en su departamento sola ya llevó a alguien a vivir. ¡Qué cómodo, qué cómodo para él!  Bueno. Y esta es una parte de lo que Dios le dice al hombre que tiene que cuidar en el matrimonio y el pacto que tiene que hacer, y en pocas palabras: la tiene que amar. Tiene que amar a su mujer como lo dice la Escritura.

 

Y a la mujer también le dice cuál es la parte que a ellas les toca en este pacto del matrimonio. Porque tampoco está sencillo, y luego las mujeres no desean entrarle a esta parte porque lo ven muy fuerte, muy pesado y sobre todo en esta época.

 

Efesios 5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. ¿Amén?

 

Ahí ya no te oí, se te apagó la voz. Bueno, te lo leo nuevamente: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. ¡Gloria a Dios! Así tiene que ser. Es un pacto y ambos tenemos que poner una parte. Si no ponemos ambos una parte no funciona, el pacto no se puede llevar a cabo. Tenemos que entender que en ambos casos tenemos obligaciones, responsabilidades, pero también tenemos derechos. Y se nos hace muy fácil romper los pactos.


En este sentido a la mujer se le hace muy fácil aunque lo diga el Señor, pues no sujetarse, y pone cantidad de pretextos. Y puede decir todo lo que quiera, si no se está sujetando está quebrantando la Palabra de Dios, no hay de otra. Así como si el hombre no ama a su mujer de la manera que dice la Escritura, está quebrantando el pacto establecido por Dios, está quebrantando las cosas como Dios las establece.

 

Nosotros necesitamos hacer las cosas para que funcionen de acuerdo a lo que Dios estableció, las tenemos que hacer dentro de lo que Dios dice. Y tenemos que hacer las cosas como Dios las dice, para que tengamos el resultado que Dios espera que tengamos, y este resultado es que nosotros seamos felices, que vivamos bien siempre, en una perfecta armonía. Que cuando haya algún problema, tengamos la capacidad de resolverlo a través también de su Palabra, de la guianza de su Espíritu Santo.

 

Un pacto debemos tener cuidado con el pacto, y sobre todo en el matrimonio, porque cuando nosotros quebrantamos en el matrimonio el pacto haciendo lo que no debe ser, hay alguien que tenemos ahí viéndonos y de testigos: ¡a los hijos! Y los hijos están al pendiente, y aunque no digan nada, ellos observan, ellos ven, ellos asimilan, ellos reciben; y el día de mañana van a tener la misma actitud que nosotros tuvimos en nuestro matrimonio, y va a ser un matrimonio que tenga problemas.

 

La primera pareja que hubo en la tierra, Adán  Eva. Ellos recibieron la bendición de Dios cuando Dios los unió. Muchas ocasiones yo he escuchado aun a cristianos que dicen: Es que no es necesario que hagamos o tengamos una boda, simple y sencillamente yo necesito venir con la mujer que amo y decirle: vamos a unirnos y con eso es más que suficiente. ¿Quién se reunió en una boda para con Adán y Eva, acaso fueron los animales que había?  Y les digo: no.

 

Pueden hacer razonamientos especiales, pero cuando leemos la Palabra nos damos cuenta que hubo algo bien especial. Dice la Palabra en Génesis 1:28 Y los bendijo Dios y les dijo. Y eso es impresionante para mí, si queremos hacer las cosas como dice la Escritura, está bien, no hagas nada, nada especial; simplemente invita al Señor pero escucha la voz de Dios, escucha la bendición de Dios, escucha lo que Dios te tiene que decir. Y si están en la capacidad ambos de escucharlo de esta manera entonces, tal vez lo pudieras hacer del modo que quieres. Si no, te tienes que sujetar a lo que Dios establece, a como se tienen que hacer las cosas, es sencillo.

 

Imagínate qué impacto se llevó Adán después del tiempo que estuvo ahí en el Huerto de Edén viendo a los animales; Dios el puso una tarea y le dijo: Adán, vas a poner nombre a los animales, a todos. Y él los observó, y él vio cómo eran, cómo funcionaban, qué hacían, en fin mucha atención en ellos. Y dice la Biblia: Y no se encontró pareja para Adán ahí, no la hubo.  Pero también dice la Palabra que: Dios vio que era necesario que el hombre no estuviera solo. Lo dice la Biblia, Dios vio que era necesario que el hombre no estuviera solo. Y le hizo a una mujer.


Cuando Adán despierta, Dios le trae a la mujer, Dios se la trajo, prácticamente se la presenta. Y cuando Adán la ve, se sorprende. Yo no sé la expresión que hizo, pero yo me puedo imaginar a Adán cuando vio a esa mujer. Como el día que vi en la cafetería a la que ahora es mi esposa, estaba yo sentado y voltee la vi, estaba en la barra, y dije: ¡wow, quién es! No sabía quién era, estaba de espaldas; resultó que era compañera de mi salón. Y ahora es la compañera de mi vida,  treinta y tres años de casados, ¡gloria a Dios!

 

Y yo puedo ver e imaginarme  cómo Adán se sorprendió y se maravilló de lo que estaba viendo. Y Dios le dijo: ¡Es tu mujer! Y Adán dijo: Sí, ésta es hueso de mi hueso, carne de mi carne; ésta es como yo, es de mi esencia, de mí fue tomada, de mí fue hecha, es lo que yo necesitaba, es mi complemento. Y entonces Dios los toma y dice la Escritura: Y los bendijo.

 

Y Dios dio una bendición específica sobre ellos, y Dios les habló a ellos, y Dios les dijo, y les dijo lo que tenían qué hacer y cómo lo tenían que hacer. ¡Es maravilloso! Pese a lo que digan los detractores del matrimonio, yo puedo advertir que es vital venir delante de Dios para tener su bendición, no hay de otra.

 

Una relación al estilo “pareja” como hoy se le llama al arrejunte, a la unión libre, está fuera de la cobertura de Dios, de la protección de Dios. Por eso es que todas esas relaciones tienden al fracaso, tienden a la separación. Quienes están en esta condición de pareja, normalmente justifican su situación diciendo: Así vivimos muy a gusto. Pero las consecuencias de esta unión sin la bendición de Dios se ven con el tiempo.

 

Y yo he podido advertir que finalmente la mujer al ser un poco tal vez más romántica que el hombre, más soñadora, más pensar en imaginarse cosas; desea una boda. Conozco mucha gente que se unió con una persona, se fueron a vivir juntos, vivieron en pareja, viven en pareja, tienen hijos, los hijos crecen; ah pero la mamá no quiere que la hija repita los pasos de ella, y la mamá le insiste a la hija que tiene que casarse bien. Y cuando le dice a la mamá: ¿y por qué tú no te casas? Pues no, así estoy a gusto, así estoy bien. ¡No lo entiendo!  

 

La verdad no lo entiendo, veo que ahí hay algo de mentira, algo que no quieren decir abiertamente aunque se sabe que lo que verdaderamente quisieran era una boda y la bendición de Dios. ¡Así son! Aquellos que viven en pareja para mí es sencillo porqué lo hacen, y es porque no se quieren comprometer uno con el otro. Quieren vivir como sea, no quieren hacer pactos; prefieren no estar en matrimonio, no me comprometo, hago lo que quiera y el día que quiera pues me voy, el día que quieras pues tú te vas; sin responsabilidades, sin obligaciones, sin nada que nos mantenga unidos.

 

Hay quien dice: es que el papelito echa a perder las cosas. Tal vez el papelito eche a perder las cosas, pero la bendición de Dios las echa a mejorar, las bendice en todas las áreas. Y desgraciadamente cuando se vive en pareja, cuando alguno de los dos o los dos, ya no les conviene algo, cuando ya alguien por afuera les llama la atención, entonces se separan sin mayor conflicto, sin ningún problema y continúan su vida para volverse a unir en pareja con otra persona. Así viven.


Cuando el pacto del matrimonio no se cumple, hay una vida desordenada y mal, no solo en la pareja sino en la familia. Afecta a la familia y es por ello que nosotros podemos advertir separaciones, divorcios, padres ausentes, hijos abandonados, engaños, irresponsabilidad, fracaso, egoísmo, tantas cosas, tantísimas cosas. Cosas negativas que llevan a un tremendo fracaso porque hace infelices a las parejas, hace infelices a las familias, demasiado.

 

Y este es un tiempo importante para cada uno de nosotros, para toda la Iglesia aunque no estés casado, tenemos que revisar en primer lugar, ¿cómo está nuestro pacto personal con Dios? ¿Qué es lo que nosotros estamos haciendo de este pacto entre dos, entre Dios y yo? ¿Cuál es nuestra situación, lo estoy cumpliendo o no lo estoy cumpliendo? ¿Qué estoy haciendo de este pacto? ¿Estoy cumpliendo la parte que me corresponde delante de ti o no? Porque hay promesas de bendición.

 

Deuteronomio 29:9 Guardaréis, pues, las palabras de este pacto, y las pondréis por obra, para que prosperéis en todo lo que hiciereis.

 

Cuando yo cumplo la parte del pacto que tengo con Dios, entonces dice la Escritura, voy a prosperar en todo lo que haga, absolutamente en todo. Luego venimos y le preguntamos al Señor: ¿por qué no somos prosperados? ¿Por qué no somos bendecidos? ¿Por qué un hermano sí tiene y yo no? Es más, ¿por qué el impío de enfrente tiene más que yo? No lo entendemos. Y es muy sencillo, la respuesta la tenemos en esta Escritura: ¿Estoy guardando el pacto que dice el Señor que debo guardar con Él, o no lo estoy guardando?  Porque si no lo estoy guardando esto trae consecuencias, y consecuencias severas, graves.

 

Dios tiene el deseo en su corazón de que seamos prosperados absolutamente todos sus hijos. Dios tiene el deseo en su corazón de que tú seas prosperado en todo lo que hagas, absolutamente en todo; pero para que esto se dé, necesitas estar tú firme en el pacto. Dios va a cumplir, Dios no deja de cumplir la parte que a Él le corresponde, aunque tú falles Él sigue cumpliendo como Él lo establece.

 

Pero nosotros nos ponemos al no cumplir, obstáculos para que la bendición no llegue, por lo tanto, tenemos que revisar cuál es nuestra situación con Dios. Y también tenemos que revisar de manera interpersonal cómo está mi pacto con los demás, con las personas, ¿cómo está mi pacto, estoy cumpliendo yo la parte que debo cumplir?


La Palabra de Dios nos establece y nos dice cómo tenemos que ser como hermanos en Cristo, y nos dice lo que tenemos que hacer con nuestros hermanos en la fe. Nos lo dice de una manera muy clara, y nos dice: y se amarán y se soportarán, se apoyarán, se ayudarán. Y si yo no estoy cumpliendo esa parte del pacto con mis hermanos, con ustedes, entonces yo estoy fallando y las bendiciones no van a llegar.

 

Tengo yo que revisar no solamente mi relación con Dios como si estoy cumpliendo la parte que me toca del pacto, sino con mis hermanos, con la gente que está a mi alrededor. ¿Para qué? Para que si hay algo en lo cual yo he fallado en ese pacto lo corrija, para que haga lo que tengo que hacer. Y lo tienes que corregir y lo tienes que mirar, no te puedes hacer de la vista gorda.

 

Tenemos que hacer las cosas como Dios las establece, guardando los pactos. Porque repito, como decía al principio, Dios es un Dios de pactos, y Dios respeta los pactos, y los pactos que tú establezcas Dios los va a cumplir. ¿Amén?


Gracias te damos Padre amado, gracias por tu bendición, por tus palabras, porque sabemos Señor que así será, así se hará, porque tú lo has dicho. Gracias Señor porque tú tienes a este remanente en el hueco de tu mano, bendiciéndolo, guardándolo, cubriéndolo, protegiéndolo y amándolo. Gracias por ello, los pongo delante de ti pidiéndote Padre que tu gloria resplandezca en cada uno. Que cada una de las familias aquí representadas sean prosperadas, en Cristo Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.

 

 

 

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