INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

AMA LA MISERICORDIA

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

Miqueas 6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

 

Estudiosos de la Biblia de todos los tiempos han considerado precisamente este versículo de Miqueas, como el versículo clave del libro profético del libro de Miqueas. Miqueas comenzó a profetizar en el año 740 a.C., y es contemporáneo de Isaías y de Oseas, y termina su ministerio en el año 687 a.C. Es decir, que su tiempo de ministerio tuvo una duración de 53 años. Cuando nosotros vemos los capítulos que son y cuánto ocupa, cuántas páginas ocupan, no nos podemos imaginar un ministerio tan completo como el de Miqueas.


El libro e Miqueas solo son 7 breves capítulos, en los cuales presenta él una verdadera descripción de Dios, y habla sobre el juicio que vendrá el pueblo por su rebelión y su pecado. Para variar una vez más el pueblo de Israel estaba sumido en el pecado, en la idolatría, se había apartado del Señor y el Señor les estaba mandando profetas que les hablaran para que ellos regresaran al camino correcto, para que ellos hicieran lo que tenían que hacer.

 

Miqueas hace una lista de los principales pecados del pueblo en donde se destaca el fraude, el robo, la codicia, el libertinaje, la opresión, la hipocresía, la herejía, la injusticia, la mentira, la extorción, el asesinato y otros tantos más. Estamos hablando del año 740 antes de Cristo, allá por Israel.  Aunque todo esto que acabo de mencionar a todos nosotros nos es muy familiar porque es algo en lo cual vivimos a diario, sabemos de todo esto a diario.

 

Y esto nos hace pensar en que los tiempos de Dios se están acortando, en que Dios está haciendo llamado para que regresemos a Él, para que busquemos su rostro. En medio de esta predicción abrumadora de Miqueas, de destrucción, Miqueas da esperanza y consuelo, habla al pueblo y le habla sobre el atributo o la virtud más grande de Dios, el amor. Y dice que el juicio vendrá después de que Dios les dé una vez más, la oportunidad de arrepentirse para volver a la verdadera obediencia y la verdadera adoración a Dios.

 

Es por ello que en Miqueas 6:8, dice: hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Es lo que pide de ti el Señor. En medio del juicio que relata aquí el profeta Miqueas, Dios promete liberar a esa pequeña minoría que permanece siguiéndole, que a pesar de las circunstancias de las grandes multitudes, de la mayoría del pueblo, siempre hay un remanente que se mantiene fiel al Señor.

 

Un remanente que no importan las circunstancias que esté viviendo el pueblo, no importan las presiones del mismo pueblo, él se mantiene firme en adorar a Dios. Y es Miqueas el que profetiza el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén.  Y volviendo a Miqueas 6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

 

Y en verdad que la Palabra de Dios es actual, es viva, es eficaz; no pareciera que está hablando de hace tantísimos siglos, es una palabra actual, una palabra para hoy día para la mayoría de la humanidad. En este versículo nosotros encontramos tres aspectos que debe tener todo creyente, ya que son características que Dios nos pide a cada uno de nosotros y no lo podemos hacer a un lado: justicia, amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

 

Pero nos vamos a enfocar en el segundo aspecto: amar misericordia. Porque la misericordia es otro valor, otro principio bíblico que nosotros debemos tener y que nosotros debemos trabajar en nosotros mismos, para que entonces podamos hacer lo que Dios quiere que hagamos, es importante.


Dice el diccionario que la misericordia es la capacidad de sentir compasión por los que sufren. Cuando tú ves a una persona sufriendo y tú sientes compasión por esa persona, es que estás teniendo misericordia. Dice otra definición, es sentir compasión por sus miserias, por eso es misericordia, porque tú sientes compasión por las miserias que tiene una persona; no importa en qué sentido sea, tú sientes compasión y tú eres movido a hacer algo por esa persona.


De acuerdo a la Palabra de Dios, a la Biblia, la misericordia es un principio por el cual el creyente es movido en su interior a bendecir, a hacer algo por la persona aunque la persona no lo merezca. Por ejemplo: algo muy sencillo, si alguien te ofende, perdónale por misericordia, no porque lo merezca, es sencillo.

 

Es que, cómo la voy a perdonar, ¡no se lo merece! Sí, tal vez no se lo merezca, y tal vez no merezca de ti absolutamente nada. Pero vamos a lo que Dios está haciendo en nuestro interior, a transformarnos, a hacernos a su imagen y semejanza, por lo tanto, aunque no lo merezca yo debo mostrar lo que Dios quiere que muestre, lo que Él es, yo lo tengo que mostrar y yo tengo que ser misericordioso. No lo merece, no merece que yo le dé absolutamente nada, es más, ni siquiera merece el saludo, como luego decimos. Sí, pero hazlo por misericordia, por lo que tú eres, no por lo que es la otra persona.


Es importante que nosotros entendamos y tengamos siempre la conciencia que las cosas las vamos a hacer por lo que nosotros somos no por lo que los demás son. Los demás tal vez nunca merezcan absolutamente nada, tal vez, y es lo más probable, que nunca se merezcan nada, pero nosotros tenemos que mostrar misericordia.

 

Si alguien necesita que suplas una necesidad, y tú estás viendo que tiene esa necesidad, entonces tienes que hacer algo por esa persona; y Dios te mueve a misericordia no por su necesidad sino por lo que tú eres. No porque lo merezca, sino por lo que tú eres, porque tú eres misericordioso y no importa que la otra persona lo merezca o no lo merezca, es lo de menos.

 

Nosotros nos podemos encontrar hoy día, una gran cantidad de personas que vienen de Centro y Sudamérica, principalmente de Centroamérica. Están en las esquinas pidiendo unas monedas; y luego ves a la gente que tiene aún sus familias; va caminando el jefe de familia, va con la mujer y lleva niños, a veces son chiquitos,  a veces un poquito más grandes, y te hacen señas de que si les das algo para comer. ¿Por qué? Porque están aquí de paso, van para el norte, van en busca de mejores oportunidades, de mejores trabajos de los que tenían.

 

No sabemos si los van a encontrar, si no los van a encontrar; no sabemos cómo les va a ir, no tenemos la menor idea. Pero muchas ocasiones lejos de ayudar, criticamos o juzgamos esa situación. ¡Ah para qué se sale de su país, mejor se hubiera quedado allá! Es muy difícil juzgar una situación así, no sabes lo que han vivido, no sabes la opresión en la que se han encontrado y aun, la falta de comida que han tenido, no lo sabemos. Entonces si alguien te pide, dice la Biblia: Dale. Ah es que para qué les voy a dar, igual y se drogan con eso que les dé. Eso no te corresponde a ti, tú dales por misericordia.

 

Hace unos tres años, Iván y Sonia hicieron para el 24 de diciembre tortas, las prepararon y las llevaron a un lugar en Tultitlán, en donde ahí se reúnen gente que viene de Centro América. ¿Por qué lo hicieron? No porque fuera Navidad, sino porque sintieron en su corazón misericordia por esa gente, y entonces prepararon algo para llevarles algo para comer. Cuando eres movido a misericordia no importa la situación si lo merezca o no lo merezca la persona, tú das  por lo que tú eres. Y así lo tienes que hacer y así lo tienes que seguir haciendo.

 

Pero a mí me llama mucho la atención aquí el llamado de parte de Dios, porque no solamente es un llamado a que seamos misericordioso sino que amemos la  misericordia. Y esto es algo especial porque cuando tú amas algo, tú tratas de estar en contacto con eso que amas, definitivo. Por ejemplo, si tú amas a una persona quieres estar en contacto con esa persona, quieres pasar el mayor tiempo posible con esa persona.

 

No importan las circunstancias, lo que tú quieres es estar con esa persona, ¿por qué? Por una razón muy sencilla: Porque la amas. Quieres aprovechar todo el tiempo y si ves a la persona no quieres que nadie te interrumpa, no quieres que nadie te distraiga, no quieres ni siquiera contestar un whats, nada, quieres estar de lleno con esa persona por una razón: Porque le amas. No la ves, estás en un lugar y estás hablando, y estás mensajeando, y estás en contacto, ¿por qué? Por una razón: porque amas.

 

Y cuando Dios dice: ama la misericordia, es por una razón: porque quiere Dios que tú tengas el deseo en tu corazón de ser misericordioso. Que cada vez que seas misericordioso tú sientas amor al hacerlo. Debes sentir en tu corazón ese deseo profundo de ser misericordioso con los que lo necesitan, Tú te tienes que mover a hacer la misericordia, no tienes que esperar a que haya la oportunidad para ser misericordioso; tú debes buscar la oportunidad para hacerlo.

 

Yo tengo que buscar la oportunidad para hacerle misericordia a cualquier persona, no estar esperando a que una persona se me acerque o ver una situación para ser misericordioso. Es sencillo, por lo tanto el Señor nos dice: ama la misericordia. Ama la misericordia para que entonces tú puedas bendecir a todos aquellos que puedas hacerlo, para que tú estés en contacto con todos ellos, para que sea por amor y no por obligación, y no por simple obediencia; sino que tú te muevas precisamente por amor, por amor a lo que Dios te está diciendo que seas.

 

El amor es algo que siempre debe estar en ti, y es algo que Dios nos insiste. Primero veíamos el principal principio es el amor. Veíamos otro principio que es el servir en amor. Veíamos la generosidad, vimos la honra, y hoy el Señor nos dice ama la misericordia. No solamente sé misericordioso sino que ames el hacer misericordia.

 

Yo no me hubiera casado con una persona que no amara. Y yo creo que cualquier casado está de acuerdo en que se casó porque ama a la persona, y si no es así ¡la regó, se equivocó! Y entonces está viviendo en sufrimiento o ya se separó, sencillo. Para poder permanecer en algo necesitamos amarlo, para seguir haciendo la misericordia necesitamos amar la misericordia. Y el llamado de Dios es muy sencillo: haz justicia, ama la misericordia, y humíllate ante Dios.

 

Este fue el llamado que Dios hizo, el profeta Miqueas hizo a ese pueblo de Israel que andaba tan perdido, tan desbalagado. Ese pueblo de Israel, que yo puedo mirar a nuestra sociedad actualmente, y está en las mismas condiciones, en la misma situación. Y además está protestando de todo lo que puede protestar, y en rebeldía de todo lo que puede estar, pero no se conecta realmente con Dios para hacer lo que Dios quiere y ser bendecido. Así de fuerte, necesitamos hacer algo.

 

Y esto de la misericordia Dios lo pide porque la misericordia es un atributo o una cualidad, o una virtud, o una característica, o todo esto junto que está en Dios.

 

Salmo 103:17 Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos.

 

Este es un Salmo de David, casi la totalidad de los Salmos fueron escritos por David. Es un personaje bíblico que a mí en lo personal me impacta, alguien que del Antiguo Testamento impacta mi vida, porque yo veo cómo es, y la sensibilidad que él tenía y el corazón que él tenía para con Dios. Y esto lo llevaba a ser lo que fue.

 

Hablar de la misericordia de Dios en la Biblia, es hablar de Génesis hasta Apocalipsis. Es desde el principio y siempre será hasta la eternidad. Desde Génesis, desde que Dios creó todas las cosas, ahí estaba la misericordia de Dios y continúa su misericordia y continuará hasta la eternidad, y continuará sobre la tierra, y continuará sobre los hijos de los hijos. Y continuará sobre todas las generaciones porque Dios es misericordioso.

 

Esa virtud, ese atributo de Él no se aparta en ningún momento de Él, siempre lo tiene, siempre está presente; no importa lo que la humanidad haga, su misericordia está presente. Y no importa ¿por qué? Por una razón: porque Dios no es misericordioso para tener compasión por la gente, por la humanidad por lo que la humanidad es, sino por lo que Él es. Dios es misericordioso y por lo tanto, siempre va a ser misericordioso, siempre va a mar el hacer la misericordia, siempre.

 

Y Dios nos pide lo mismo, la misericordia de Dios no se acaba, no cambia, no se deteriora, siempre su misericordia es nueva, siempre se está renovando esa misericordia de Dios, ¡es increíble! Y yo considero que después del amor, la misericordia es el mayor atributo de Dios, es el más grande que tiene. Las misericordias de Dios para con nosotros se están renovando de una manera constante. Tan constante como que se renuevan cada día.

 

Dice la Palabra del Señor que sus misericordias son nuevas cada mañana. Es decir, que Dios tiene misericordias nuevas para ti absolutamente todos los días. Tú no vas a tomar una misericordia ya caduca, vieja, pasada de moda, ¡no! Todo es nuevo de parte de Dios, todas las mañanas. Y la misericordia de Dios es muy grande, es enorme. ¿Qué tan grande es? Tú has mirado hacia el cielo y tú ves que el cielo es grande. Y has visto fotografías del universo, has visto videos del universo y te das cuenta que es enorme, nuestro sistema planetario es un puntito dentro de todo lo que Dios creó.

 

Salmo 108:4 Porque más grande que los cielos es tu misericordia, Y hasta los cielos tu verdad.

 

Fíjate qué maravilla. Si nosotros alcanzamos a ver y sabemos, conocemos que el universo, los cielos son enormes, y no les han encontrado límite, no les han encontrado fin, no les han encontrado principio; la misericordia de Dios es más grande aun que los cielos. ¡Qué Dios tan grande, tan especial tenemos nosotros!  Un Dios que por su misericordia nos bendice día tras día. En realidad no importa cómo somos nosotros, yo por eso jamás le digo a Dios: Señor actúa de acuerdo a  tu justicia.

 

Yo oro a Dios y le digo: Señor que tu misericordia se manifieste, que tu misericordia sea con tu pueblo. La misericordia de Dios es grande, es extensa; yo prefiero la misericordia de Dios que cualquier otro atributo de Dios, yo en lo personal.

 

Y una vez más David hablando dice: Salmo 63:3-4 Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. 4Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos.

 

Me gusta mucho, la misericordia de Dios es mejor que mi vida. ¿Para qué quiero mi vida si no tengo su misericordia? De nada sirve. Mi vida tiene un sentido por Dios. Mi vida tiene un propósito por Dios. Si no tuviera la misericordia de Dios no tendría sentido mi vida; mi vida realmente no me importaría. Pero al tener la misericordia de Dios, mi vida tiene un sentido, pero su misericordia es más grande que mi vida, es mejor. Es mejor la misericordia de Dios.

 

Podríamos pedirle a Dios cualquier cosa, y podemos hacerlo porque en su misericordia Él nos lo concede. Podemos pedirle salud, podemos pedirle trabajo, podemos pedirle que a nuestros seres queridos les vaya bien; podemos pedirle lo que sea. Pero para mí lo más importante es decirle a Dios: Que tu misericordia siga como siempre, que se manifieste día tras día con nuevas misericordias a nuestra vida, a tu pueblo, es lo que quiero, es lo que yo prefiero.

 

No me interesa el dinero, me interesa su misericordia. Por lo tanto, este valor nosotros debemos de tenerlo, debemos de entender que es un principio de parte de Dios para con nosotros. Las misericordias de Dios no se acaban decía hace un momento.

 

A Jeremías le toca vivir también una época muy difícil, una época en donde el pueblo una vez más se había desviado, el pueblo una vez más estaba en problemas, había sido llevado en cautiverio, 70 años en Babilonia por rebelde, por idólatra, por necio, por pecador; una vez más con problemas.

 

Lamentaciones 3:22-23 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

 

Qué maravilloso es Dios. Jeremías está reconociendo algo: que si Dios no hubiera sido misericordioso, el pueblo hubiera fallecido, no existiría el pueblo de Israel. Hoy día no existiría la humanidad, porque por pecador Dios hubiera acabado con la humanidad. Pero la misericordia de Dios está por arriba, y la misericordia de Dios la cual dice Jeremías no decae, siempre se mantiene.

 

No es como luego a nosotros nos pasa, ah es que le hice un bien y ve nada más cómo me pagó, ¡ya no voy a hacerle bien a nadie! Y nos tiramos al drama. No se diga las jovencitas ¿no? Tienen una relación de noviazgo, empieza la relación muy bien y de repente las cosas no van bien, truenan, y entonces la chavita se tira al drama y dice: ¡Ya, no vuelvo a querer a nadie! Perdón, sucede.

 

Yo cuando veo la actitud que nosotros humanidad tenemos, cómo nos comportamos, cómo no entendemos, cómo no hacemos que debemos hacer, pienso: qué grande es la misericordia de Dios que a pesar que toda la humanidad está en esta condición de pecado, porque todos pecamos, porque no entendemos, estamos en un punto de necedad luego. Ahora dicen: como que no te sube el agua a la azotea, no te sube el agua al tinaco, entonces estamos mal, y sin embargo, la misericordia de Dios está presente.

 

La misericordia de Dios se sigue manifestando en nuestra vida con fuerza, con poder, no decae en ningún momento, su misericordia sigue en el mismo nivel. De veras que es aguantador, en verdad que Dios aguanta, si no, dice Jeremías: ya desde cuándo nos hubiera consumido, ya hubiera fallecido esta humanidad, pero por la misericordia de Dios todavía seguimos vivos, y todavía tenemos esperanza y sabemos que un día iremos a su presencia a vivir por la eternidad.

 

Y además dice Jeremías: Nuevas son cada mañana. Esas misericordias de Dios no se desgastan, no se acaban, no se envejecen, sino que cada mañana son nuevas sus misericordias. Y nosotros podemos tomar de esa misericordia cada día que es nueva para nosotros. Es extraordinario Dios, es maravilloso.


Pablo nos habla también de las misericordias de Dios. Efesios 2:4-7 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

 

Pablo expresa que hay una riqueza que tiene Dios, y es su misericordia. Él es rico y por más que la use en toda la humanidad, no se le acaba. ¡Qué maravilla! Él puede usar y usar, y todos los días dar y dar, y dar, y manifestar misericordia, y más misericordia y no se le acaba. Y aun, mañana en la mañana son nuevas. Como que abriera el arca y dijera: ahora, para este día hay. Y saca mucho más otra vez. Dios es rico en misericordia.

 

Clama a Dios en las mañanas porque sus misericordias se manifiesten en tu vida, en lo que tú necesitas. Señor yo necesito esto, pídele, y en su misericordia Él te da, Él lo manifiesta, ¿por qué? Porque tiene abundante misericordia. ¿Y por qué lo hace? Dice: por su gran amor con que nos amó. Va unida la misericordia con el amor. El amor de Dios es grande, es inmenso, y ese mismo amor lo mueve a ser misericordioso, a que no le falte misericordia para contigo.


Estando muertos en pecado. Él tuvo misericordia, Él nos miró y dijo: no merecen mi salvación, no merece vida eterna, no merece estar junto a mí; pero por misericordia lo voy a ser salvo, y envía a Jesucristo y Jesucristo da su vida por nosotros. No porque valgamos un cacahuate, sino fue por su misericordia. ¡Qué maravilloso es el Señor! Y lo que tiene Dios Padre, lo tiene Dios Hijo. Lo que tiene el Padre lo tiene Jesucristo, y hoy día nosotros debemos tenerlo porque somos hechos a imagen y semejanza de Él.

 

Y dice Pablo que entonces Dios a nosotros nos resucita junto con Cristo, junto con él. Jesucristo es el del mérito, nosotros recibimos la misericordia. Él es el que hizo todos los méritos, nosotros recibimos la gracia. ¡Qué extraordinario! ¿Qué nos costó? Nada. Ahí está la salvación, ahí la tenemos, ¿por qué? Porque Cristo  Jesús pagó por nosotros.

 

Y usa aquí un tiempo especial Dios, que solamente Él puede manejar, y dice Efesios 2:6 Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

 

¿Te has dado cuenta que estás sentado en los lugares celestiales? Pues sí pero nos damos cuenta que estamos en lo material, pero como que no hemos advertido, considero, que estamos sentados ya en lugares celestiales junto con Jesucristo. ¿En dónde está sentado Jesucristo? A la diestra del Padre. ¿Qué significa que nosotros estamos juntamente sentados con Cristo Jesús? Que estamos sentados a la diestra del Padre. Estamos sentados ahí junto con él, ¿por qué? Por su misericordia.

 

Nadie necesitó venir a abogar por nosotros como aquella mujer, la madre de Juan y Andrés que le vino a decir al Señor Jesús: Ah Señor yo nada más te quiero pedir una cosa, que allá cuando estés en tu reino, cuando mis hijos vayan, uno se siente a tu diestra y el otro a tu izquierda, que esté uno de cada lado. Y como que a honras ¿de qué? O sea, eso no es algo que a mí me corresponda dar dijo Jesús.

 

Y sin embargo, dice la Palabra y lo está diciendo Pablo aquí, que nosotros ya estamos sentados en los lugares celestiales juntamente con Cristo Jesús.  Ah pero eso es espiritualmente hablando. Ok., va a haber un día en donde nosotros, llamémosle así, físicamente vamos a estar en el reino de los cielos sentados precisamente en este lugar junto con Dios. ¿Por qué? Por su misericordia, lo dice la Palabra.  Dios es maravilloso y su misericordia es grande.

 

Nosotros tenemos comunión con el Padre por la misericordia de Dios al enviar a Cristo Jesús a morir por nosotros. Tenemos vida eterna por la misericordia de Dios, por el sacrifico de Cristo Jesús. No es por nuestros méritos, no es por nuestros logros, no es por nuestras obras, ¡no lo es! Es por su misericordia. Y no lo debemos de olvidar, y es algo que tenemos que tener presente porque es un principio nuestro. Es un principio que debemos manifestar nosotros, que muchas ocasiones no lo hacemos, y somos a la inversa de lo que debemos ser.

 

Lucas 6:36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

 

Tienes que ser como hijo del mismo modo como es tu papá. Mi Padre hoy día, y sin menospreciar a mi padre genético o biológico, es Dios, y tengo que ser como Dios. No significa que soy Dios, no. Tengo que tener los atributos, las características, debo tener las virtudes que Él tiene. Y si É es misericordioso, yo tengo que ser misericordioso.

 

Me cuesta trabajo ser misericordioso. Como el viejo decía: Si fuera fácil cualquiera lo haría. Pero no cualquiera puede ser cristiano, no cualquiera puede hacer lo que dice el Señor que debe hacer, no cualquiera. Solamente el cristianismo es para hombres muy hombres, y mujeres muy mujeres, no hay otra. Para gente responsable, para agente que no importan las condiciones, las circunstancias; va a luchar por ser como dice la Palabra.

 

Y si me es difícil ser misericordioso porque tengo un corazón endurecido, porque yo viví tal vez codas muy fuertes durante toda mi vida que me impiden ser misericordioso, pues entonces paso a ministración, paso a que oren por mí, pido sanidad y hago lo que dice la Palabra. Pero no tengo que hacer a un lado este principio que me está diciendo Dios que debo tener. Y esto nos debe caracterizar junto con los otros principios que hemos mencionado. Esto es lo que hoy día nosotros somos.

 

Hoy día nosotros somos como dice la Escritura, con principios bíblicos, amoroso, servidores, generosos, damos honra y somos misericordiosos. Así tenemos que ser. Tenemos que ser como nuestro Padre es, no hay más. ¿Y por cuánto tiempo debo ser misericordioso?

 

Proverbios 3:3 Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; 4Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres.

 

Esto lo dice Salomón, el sabio más grande que ha pisado la Tierra después de Jesucristo. Fíjate que cosa tan importante, que la misericordia nunca se aparte de ti, que siempre la tengas, que siempre se manifieste en tu vida, siempre. Al contrario como dijo el profeta Miqueas, ama la misericordia. Si amas algo no vas a permitir que se vaya de ti, lo vas a retener. Entonces dice: que no se aparte la misericordia, que se mantenga la misericordia en ti, átala a tu cuello.

 

Cuando traes algo atado al cuello, la verdad es que luego se convierte en algo incómodo, quisieras botarlo. Hay un momento que dices: ah como que ya estorba, como que tal vez tengo toda la vida usando la corbata, pero aquí atada ya llega el momento en el que no la quiero. Todo lo que te atas en el cuello te es finalmente como  molesto. Llega el momento en el que aún no puedes respirar bien, te es incómodo.

 

Y el Señor precisamente te dice de la misericordia: Átala a tu cuello, para que no te olvides de la misericordia. Pero también Escríbelas en la tabla de tu corazón; para que ames la misericordia. Lo que tú pongas en tu corazón es algo que vas a amar, entonces átalo a tu cuello para que siempre te esté recordando que no lo olvides, y escríbela en tu corazón para que siempre lo hagas con amor, para que siempre ames la misericordia.

 

Y ahora esto, va a traer una consecuencia, porque todos nuestros actos traen consecuencias. Nuestros actos buenos, traen consecuencias. Nuestros actos malos, traen consecuencias. Todo trae consecuencias. ¿Cuál es la consecuencia de hacer lo que dice aquí el Señor? La consecuencia es que vamos a hallar gracia y buena opinión. ¿En quién? En Dios.

 

Yo veo en la Biblia que pocas ocasiones el Señor habla sobre lo que nosotros podemos hacer para agradar su corazón, para agradarle a Él, y ésta es un de ellas: cuando somos misericordiosos, cuando llevamos a cabo actos constantes de misericordia, dice la Escritura: vamos a hallar gracia y buena opinión ante los ojos de Dios. Y también dice: de los hombres, pero bueno esto ya es lo de menos. Lo importante es cómo nos ve el Señor.

 

Dios siempre nos ama, Dios nos ve y nos ve como ya una obra terminada, sin todos los defectos que tenemos. Sin embargo, cuando nosotros hacemos actos de misericordia, dice la Escritura, nosotros hallamos buena opinión de Dios. Y cuando reflexiono en esto, muchas ocasiones me pongo a pensar: el Padre se pondrá a platicar por ejemplo con el Hijo o con el Espíritu Santo, o aun con sus huestes de ángeles, diciéndoles: Ah es que tengo muy buena opinión de José Antonio Cano, tengo muy buena opinión de él porque es misericordioso, porque ama la misericordia, porque hace lo que yo digo que haga.

 

¿Cómo lo ves Jesús? Y que el Señor Jesús voltea y le diga: Pues bien Padre, qué bueno que de alguien tienes una buena opinión. No sé, mi mente luego se imagina, luego piensa cosas y me imagino escenas de Dios. Y me imagino las pláticas del Señor así; claro muy como a mi conveniencia ¿no? Por supuesto. Pero lo dice la Palabra y lo tomo de la Palabra para luego hacer esas fantasías en mi  mente, y así lo veo.

 

Y veo como Dios actúa y créanme, la misericordia de Dios es tan especial, es tan maravillosa que yo no quisiera jamás en mi vida, jamás en la eternidad perder la misericordia de Dios. Y hay una forma para no perderla.

 

Mateo 5:7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

 

Gloria a Dios. Si yo soy misericordioso voy a alcanzar misericordia. ¿Qué puedo yo hacer para tener la misericordia de Dios siempre? Ser misericordioso, no hay otra. Y yo sé y siempre desde que conozco al Señor lo he sabido, que la misericordia de Dios es tan grande, y que se cumple su Palabra, y que esto que dice aquí se cumple; que yo en lo personal trato de ser misericordioso con los demás, por una razón: Porque yo anhelo recibir misericordia.

 

No somos perfectos, y luego por más que nos esforcemos, no somos lo que debemos ser, a veces nos falla. Pero hay algo que nosotros podemos hacer para garantizar que en el lugar en donde estamos es el correcto, y es: ser misericordiosos para alcanzar misericordia. Si tú no eres misericordioso con la gente, mira, no vas a alcanzar misericordia. Y para estar en la presencia de Dios por la eternidad, tenemos que ser misericordioso, para que la misericordia de Dios se manifieste para siempre, la misericordia de Dios. Piénsalo, lo dice la Escritura.

 

Miqueas 7:18 ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.

 

Dios disfruta el ser misericordioso, y es lo que quiere que nosotros hagamos, que nosotros amemos la misericordia, que nosotros nos movamos a ser por amor misericordia a los demás, lo tenemos que llevar a cabo, así tiene que ser, Dios se deleita. Imagínate en estos momentos al Señor actuando en misericordia para contigo, y deleitándose por hacerlo. No es algo que le pese; porque muchas ocasiones nosotros cuando hacemos algún bien a alguien, luego hasta nos pesa.

 

Ay no sé si hice bien en perdonarlo ¿eh? No lo merecía y ya me estoy arrepintiendo de haberlo perdonado. Yo no sé para qué le presté el dinero, mejor me lo hubiera gastado yo en mis necesidades. Quedó en regresármelo y no me lo ha dado, ni se lo hubiera prestado. ¡Ama la misericordia!

 

Imagínate qué pensaría Dios, le hice misericordia a éste, ya está con un mejor trabajo, ya gana más y ahora con el pretexto de que tiene más trabajo, ¡no se congrega! De haber sabido no le doy nada, no le bendigo. Pero Dios no actúa así, Dios actúa en misericordia, y en misericordia nos da, en misericordia nos bendice. Y Él ese deleita en ser misericordioso. 

 

Versículo 19 El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.

 

Cada vez que venimos al Señor y le pedimos perdón por algo que hicimos, el Señor tiene misericordia de nosotros y nos perdona, siempre. Vuelve a tener misericordia, y vuelve a tener misericordia. Nada más no abuses, una cosa es lo que es Dios y otra cosa es lo que nosotros debemos de hacer. Entonces, no abuses, no abuses. No porque su misericordia se vaya a acabar, no, no se acaba.

 

Pero luego pienso: y si un día no te da tiempo de pedirle perdón. Él te va a perdonar, pero si no te da tiempo. Sí sería fuerte. Es que pensó que iba a vivir hasta viejito y resulta que a los 22 años falleció. Ay, no sabemos. Una ocasión me decía una persona: No hay problema yo ahorita llevo mi vida como la llevo, y ya al final entonces me arrepiento de todo lo que he hecho, y como Dios es misericordioso me va a perdonar.

 

¡Sí, por supuesto! La pregunta es: ¿te dará tiempo de pedirle perdón antes de morir? Qué tal si mueres de repente. Ah pues, es que no había pensado en eso. ¡Pues piénsalo, piénsalo más vale! Ya tienes todo perfectamente bien calculado, pues piensa lo que vas a hacer y cómo lo vas a hacer porque, igual consíguete el Plan B porque te puede fallar tu Plan A, así de fácil. Entonces no abuses.

 

Su misericordia por nosotros no termina, siempre está presente. Y Dios siempre va a volver a tener misericordia como dice su Palabra, siempre. Por lo tanto, nosotros tengamos siempre por los demás misericordia, que tampoco se acabe la misericordia que tú tienes, siempre renuévala, siempre tenla; es un principio que debemos tener.

 

Tito 3:4-5 Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.

 

No importa lo que nosotros hicimos, la misericordia de Dios está presente y nos salva por su misericordia. No merecíamos salvación, pero por la misericordia de Dios nos salvó. No merecíamos vida eterna, no merecemos estar en su presencia, ¡no! Pero por su misericordia lo podemos hacer. Por lo tanto, que sea este principio de la misericordia algo que nosotros llevemos a cabo para que también en nosotros no se termine, para que siempre esté y para que siempre nosotros alcancemos misericordia de parte de Dios.

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Cristo Jesús, en el nombre que es sobre todo nombre; levanto delante de tu presencia este remanente dándote gracias por la vida de cada uno de mis hermanos. Gracias por las familias aquí representadas, las pongo delante de ti dándote gracias, que tu misericordia se manifieste en sus vidas día tras día, y que cada mañana tus misericordias para con ellos son nuevas.

 

Y sabemos Señor que por tu fidelidad, tus misericordias seguirán renovándose cada mañana de aquí por la eternidad. Gracias por ello Padre, que este principio nosotros podamos abrazarlo, y podamos ser conforme y tú lo estableces, que seamos misericordiosos en todo momento, en todo tiempo sin importar lo que la gente sea, sino importando lo que ahora hay en nuestro corazón. Te alabo y te bendigo y te doy gracias Señor por tu amor y tu poder.

 

Y así mismo pongo delante de ti a mis hermanos, dándote gracias por esta semana que habrá de iniciar y pidiéndote que tú vayas por delante de cada uno de ellos, abriendo los caminos, quitándoles obstáculos y bendiciéndolos, para que Señor puedan cambiar confiados, seguros; que tu gloria resplandezca en sus vidas. Que haya prosperidad en sus vidas, fortaleza y salud; y en el nombre de Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador, a ti sea la gloria para siempre, amén.

 

Dios los bendiga.

 

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