INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

JESUCRISTO RESUCITÓ

 

José Antonio Cano Mirazo

 

Mateo 28:1-7 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

 

Este es un maravilloso texto, hace poco más de dos mil años sucedió el segundo hecho más sorprendente en la historia de la humanidad. El primero, lo sabemos, fue el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. El segundo, su resurrección; hechos sorprendentes que no habían ocurrido, algo que no había sucedido. Y con la resurrección de nuestro Señor Jesucristo se cumple lo que dijo Dios a través del profeta Isaías, 715 años antes del nacimiento de Jesús.

 

Isaías 25:8  Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.

 

Y está hablando precisamente de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, está hablando de que la muerte no será más. Nosotros sabemos por qué entró la muerte a la humanidad en este planeta; Adán, el primer hombre le abrió la puerta al pecado, él desobedeció las instrucciones de Dios y tuvo una consecuencia, abrió las puertas a la enfermedad, abrió las puertas a la muerte. Y así estaba y así seguía, hasta que vino nuestro Señor Jesucristo a redimir a la humanidad, a redimirnos de todo pecado.

 

Y dice la Escritura que así como Adán, lo pueden ver en 1 Corintios 15, así como a través de Adán el primer hombre, entró el pecado, la enfermedad y la muerte; a través de nuestro Señor Jesucristo vino sanidad y vida eterna. ¡Gloria a Dios! Nadie en toda la historia de la humanidad resucitó y sigue vivo, excepto Jesucristo. Que el Señor Jesús resucitara y se cumplieran las profecías, y se cumpliera el propósito de Dios no solamente en Jesucristo sino para toda la humanidad, es algo sorprendente, es algo maravilloso.

 

Sabemos precisamente que nuestro Señor Jesucristo entregó su vida para que tú y yo tuviéramos vida eterna, para que tú y yo estuviéramos en una estrecha relación con Dios, para que tuviéramos comunión con Dios. Porque por causa del pecado esa relación se había roto, el hombre había roto su comunión con Dios, no había más relación, no había posibilidad de platicar, de estar en la presencia de Dios por causa del pecado.

 

Porque Dios es Santo, es santísimo y no puede estar donde está el pecado, no puede estar junto con el pecado, por lo tanto, había una separación, un rompimiento. La humanidad por el pecado había fallecido, estaba muerta, aunque estuviera viva estaba muerta en vida. No había posibilidad de comunión con Él, se necesitaba un sacrificio, un holocausto que fuera grato delante de Dios el cual pudiera hacer que la humanidad tuviera comunión con Dios, tuviera esa relación, pudiera entrar hasta la presencia de Dios.

 

Cuando nuestro Señor Jesucristo entrega su vida en sacrificio, en holocausto y se convierte en el Cordero Santo, entonces en ese momento se rompe el velo, se rompe esa separación que había entre la humanidad y Dios, y entonces estamos en la posibilidad de acceder a la presencia de Dios. Y como dice el apóstol Pedro: sin morir. Esto es maravilloso, entrar confiadamente hasta el trono de gloria de Dios. Esto es extraordinario.

 

Y entonces viene nuestro Señor Jesús a cumplir un propósito bien específico, maravilloso; y es también cuando nosotros empezamos a entender ese sacrificio que hizo Jesús, cuando podemos ver la magnitud de lo que él ha hecho. Primero: restablecer nuestra relación con Dios, que es lo más importante. Y segundo: traer vida eterna.

 

Esto es extraordinario, el hecho que haya nuestro Señor Jesucristo resucitado fue el principio de lo que pasaría con los creyentes en Jesús, lo que pasaría con nosotros, que un día nosotros vamos a resucitar para estar en la presencia de Dios para siempre, ¡gloria a Dios! Y esto es maravilloso porque a nosotros no nos ha costado, solamente el reconocer a Jesús como Señor y Salvador, el poderle decir a Jesucristo: sí Señor yo creo en ti, creo en tu sacrificio, yo creo en lo que tú has hecho.

 

Muchas ocasiones la gente piensa, y tal vez nosotros en ocasiones pensamos, que Jesucristo ha venido a hacernos felices, que ha venido a hacer cosas extraordinarias en nuestra vida sin ver verdaderamente el propósito fundamental de él para con nosotros. Y tergiversamos lo que dice la Escritura: ah es que como yo le pido a Dios,  Dios me tiene que dar porque ya soy su hijo. ¡Y no, no es así, tenemos un concepto equivocado de las Escrituras!


El concepto real es que nosotros recibimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, nos arrepentimos de nuestros pecados para cambiar de dirección y renovar nuestra mente, y hacer las cosas de acuerdo a lo que Dios establece. ¿Para qué? Para tener comunión con Dios, eso es lo primero. Y lo segundo: Tener vida eterna. Saber que nosotros vamos a resucitar del mismo modo que resucitó nuestro Señor Jesucristo como él lo dijo, Él se lo dijo a sus discípulos.

 

Cuando leemos el Evangelio en cualquiera de sus cuatro versiones, nosotros vamos a encontrar de una manera constante que está hablando Jesús de la vida eterna para el creyente, para todo aquél que lo recibe, todo aquel que lo acepta.

 

Juan 6:40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado. ¿Quién lo envió? Dios, es decir, esta es la voluntad de Dios el Todopoderoso, el creador del cielo y de la tierra, el creador de la vida, ésta es su voluntad: Que todo aquél que ve al Hijo (a Jesucristo), y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

 

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Esta es una promesa que el Señor Jesucristo hizo, y es una promesa que se va a cumplir para todo aquel que cree en Jesús, y se va a cumplir en el tiempo indicado, en el día postrero como dice la Palabra. Nadie sabe el día excepto el Padre.

 

Es decir, que todas las fechas que ponen de que viene Jesucristo para tal fecha, que esto se va a acabar para tal fecha, ¡no es cierto, es mentira! Porque dice la Escritura que ni el Hijo mismo sabe el día en el cual Él vendrá, Jesús vendrá el día, la fecha que Dios Padre le diga: ahora Hijo, es el tiempo, baja por los creyentes. Y en ese momento Jesucristo descenderá por su Iglesia, hasta entonces; nadie sabe cuándo va a ocurrir.

 

Ha habido muchas especulaciones, y constantes especulaciones, que va a ocurrir en tal fecha; y han dado varias fechas, y todas han fallado. Y siguen atreviéndose a dar fechas, sigue fallando y seguirá fallando. Pero va a haber un día en el cual nosotros no sabemos cuándo es, pero como dice nuestro Señor Jesucristo: que a ti te halle haciendo lo que tienes que hacer. Que no estés haciendo algo fuera de lugar, para que cuando descienda Jesucristo te vayas con él.

 

Hay mucha gente, conozco gente escéptica, gente atea, gente ignorante que dice: ¿cómo saben que esto va a suceder? ¿Cómo saben que así va a pasar? Es más, ¿cómo saben que Jesucristo vivió, quién se los asegura? Y yo digo: lo sabemos porque la Biblia lo dice, porque está escrito, porque todo lo que dice la Palabra de Dios, se va a cumplir, absolutamente todo, no va a haber nada que quede sin cumplirse. Y además, porque el Espíritu Santo viene a nuestra vida y tiene muchos propósitos en nosotros, cumple una serie de propósitos.

 

Hace un momento en la alabanza se decía: por el Espíritu Santo nosotros que lo hemos recibido, podemos decirle al Padre: Abba Padre. Es decir, Padre amado, podemos hablarle de la manera más cariñosa, más  cercana, más íntima que pueda haber gracias al Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo es un Espíritu de adopción.

 

Hemos recibido la adopción por el Espíritu Santo, y esto es algo extraordinario, porque no somos creación, somos por el Espíritu de Dios hijos de Dios porque nos adoptó. Y no hay un diferencia, no hay una marginación entre: ah, tú eres israelita, tú tienes un lugar. Tú eres adoptado, ah hazte a un lado, tú eres aparte. ¡No!

 

Como decían hace un momento, el adoptado tiene más relación, más cercanía. Y yo me sé adoptado, y como me sé adoptado trato de hacer lo mejor delante de Dios. Que en el corazón de Dios nunca esté el sentimiento de: ¿por qué lo adopté? Ve nada más cómo me salió. Yo quiero que siempre el Señor diga. Es mi hijo. Que jamás pase por su mente: ah, ¿por qué lo adopté?

 

Y dice la Escritura que el Espíritu Santo también otro de sus propósitos es convencernos de pecado, redargüirnos del pecado. Nosotros estamos en la posibilidad de saber que somos pecadores porque el Espíritu Santo toca nuestro corazón, se manifiesta en nosotros y nos hace saber que estamos pecando, que estamos haciendo las cosas en contra de Dios, que nos tenemos que arrepentir.

 

Si el Espíritu Santo no actuara en nosotros, nosotros no hubiéramos estado en la posibilidad de aceptarlo, de recibirlo, no lo creeríamos, seguiríamos viviendo como estábamos viviendo, de una manera equivocada y pecando. Pero también dice la Palabra que el Espíritu Santo viene a dar testimonio de Jesucristo nuestro Señor. Y esto es importantísimo.

 

Juan 15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

 

Esta declaración es muy importante porque Jesucristo está diciendo que el Espíritu Santo el cual va a venir a nosotros, a la humanidad, a aquel que lo reciba, que será enviado por el Padre, y uno de sus propósitos será dar testimonio de Jesucristo. Yo sé que Jesucristo vivió porque lo dice la Palabra de Dios, y porque yo lo sé en mi interior porque el Espíritu Santo me da testimonio de ello.

 

¿Cómo puedo yo saber que Jesús existió? ¿Por qué puedo tener yo esta certeza? Por una razón muy sencilla, porque el Espíritu Santo me da testimonio de Jesús, así de fácil. Jesucristo vino a dar testimonio del Padre, por eso dice la Escritura cuando le preguntaron a Jesús, ¿cuándo veremos al Padre? Y Jesús les contestó: el que me ve a mí ha visto al Padre.

 

Y el Espíritu Santo es el que da testimonio de Jesús. Yo sé que Jesucristo un día va a venir por nosotros, por su Iglesia, por los que le amamos, porque el Espíritu Santo me da testimonio que sus palabras son fieles y verdaderas. Yo sé que la Palabra de Dios es fiel y verdadera y que se va a cumplir todo lo que en ella dice, y que todas las promesas que Dios ha hecho a nuestra vida vendrán por una razón: Porque el Espíritu Santo me da testimonio de ello.

 

Si no tuviéramos el Espíritu Santo, no sabríamos, no podríamos afirmar de una manera categórica que sí que Jesucristo viene, o que sus promesas se van a cumplir, que su Palabra se va a cumplir, no lo podríamos decir. Pero como tenemos al Espíritu Santo, él nos da ese testimonio, sabemos que lo que dice la Palabra se va a cumplir de principio a fin, como está señalado por Él.

 

En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo habla precisamente sobre la resurrección del creyente, y habla en diferentes cartas. En una de ellas, en 2 Corintios 4:13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos.

 

Es decir, analiza lo que estaba comentando, lo que dijo Jesucristo. Que el Espíritu Santo nos da testimonio. ¿Por qué hablaba Pablo la Palabra de Dios? Por el Espíritu de Dios que estaba en él, porque el Espíritu Santo le revelaba y le daba testimonio de Jesucristo. ¿Por qué creyó Pablo? Dice él, por el Espíritu Santo, por el Espíritu que estaba en él, por ese Espíritu Pablo creyó, y por ese mismo Espíritu, por el Espíritu Santo él habló y él habla de la Palabra de Dios, él habla de Jesucristo.

 

Y por ese mismo Espíritu dice, nosotros también creemos, y como creemos también hablamos. Por eso no nos podemos quedar callados la obra de Jesucristo, no podemos no decirla, no darla a conocer a los que están a nuestro alrededor. Tenemos que hacerlo porque es una palabra de verdad, confirmada por el Espíritu de Dios, quien en tu corazón te lo hace sentir.

 

Versículo 14  Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.

 

Es decir, el Padre, el Espíritu Santo que resucitaron a Jesucristo, a nosotros también nos va a resucitar. Extraordinario. O sea, esta resurrección de Jesucristo la cual dice la Palabra, está escrita en el Evangelio, en Mateo, Marcos, Lucas y Juan; además de haberlo resucitado a él nos va a resucitar a cada uno de nosotros para gloria del Padre. Esa es también nuestra recompensa, que vamos a vivir por la eternidad en la presencia de Dios.

 

Yo sé igual que todos lo sabemos, que en este planeta hay muchos problemas, muchas situaciones difíciles, hay crisis, hay enfermedades, tribulaciones, hay cantidad de cosas con las cuales no estamos de acuerdo y que tenemos que ir viviendo con ellas y sobrevivir a ellas. Pero dice la Escritura que habrá un día en el cual tendremos una gran recompensa y será la resurrección nuestra.

 

Yo en muchas ocasiones, y siempre lo escuché desde pequeño, que en esta vida todo tenía remedio excepto una cosa: la muerte. Cuando yo conocí a Jesucristo, cuando yo recibí a Jesucristo supe que todo en esta vida tenía una solución, que aún la muerte tenía una solución en Cristo Jesús, porque aun en la muerte hay vida, y lo podemos leer en la Palabra.

 

Y nuestro Señor Jesucristo se lo dijo a la hermana de Lazara, cuatro días después que había fallecido Lázaro, viene Jesucristo, sale la hermana de Lázaro y le dice: hubieras venido antes, ahora ya para qué. Y Jesucristo le dice: no te he dicho que el que cree en mí, aunque estuviere muerto vivirá. Marta le dijo: Sí, pero ya murió. No entendió. Y Jesucristo llegó al lugar donde estaba la tumba de Lázaro, y lo resucitó.  Aunque estés muerto vivirás, le dijo.

 

Pero sabemos que tuvo un tiempo de vida Lázaro, no tuvo la vida eterna en ese momento, resucitó y después volvió a morir. Lo que el Señor habla a su pueblo, lo que Dios nos dice es que vamos a resucitar para vivir por la eternidad, para vivir para siempre. Y esta es nuestra fe, no es otra; que al creer en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador seremos librados de la muerte. ¡Gloria a Dios!

 

Si físicamente nosotros morimos, esto será sencillo: cerramos los ojos como dice la Palabra y después los vamos a abrir y será un instante, para nosotros no habrá pasado el tiempo, para los que han muerto en Cristo Jesús el tiempo no habrá pasado, simplemente cerraron sus ojos y el día que los abran sin importar cuánto tiempo cronológico haya pasado vivirán.

 

Y así será, y viviremos para siempre, así es la resurrección, y nosotros finalmente seremos librados de la muerte, todos los creyentes en Cristo Jesús. No importa dónde estemos, no importa en qué parte del mundo, no importa en qué año murieron, no importa, Jesucristo resucitará al creyente. ¿Cómo y cuándo será la resurrección?

 

1 Tesalonicenses 4:16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

 

Es decir, cuando esto se dé, lo primero que se va a escuchar serán las trompetas que toquen los ángeles, en todo el mundo se van a escuchar, no importa la hora, no importa el momento, se van a escuchar las trompetas y todo mundo va a saber que algo está ocurriendo. Y todo mundo va a voltear hacia el cielo, y dice la Palabra que tampoco importa en qué lugar estés, que todo ojo lo verá. Un lugar estratégico o por la Omnipresencia de Dios, no lo sé, pero todo ojo le va a ver, todo ojo sabrá que es Jesucristo, que Jesucristo desciende del cielo.

 

Pero dice la Palabra que entonces los que murieron creyendo en Jesucristo, es decir, los muertos en Cristo ellos resucitarán primero, en donde ellos se encuentren, ellos se van a levantar. Por supuesto que estamos entendiendo que no se van a levantar como calacas, ¡no será así! Su alma se levantará donde quiera que se encuentren. Y entonces, irán hacia el Señor todos los muertos en Cristo, todos los que en ese momento sean resucitados.

 

Versículo 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

 

Es decir, que primero los que murieron en Cristo serán resucitados, y una vez que ellos vayan hacia el cielo, hacia donde está Jesucristo, en ese momento, en ese instante los que estén vivos o estemos vivos nos vamos a separar del piso y vamos a ir hacia él como si fuéramos como teletransportados, pero dice la Biblia que esto se hará por el Espíritu Santo, porque el Señor tomará su Espíritu de nuestro espíritu y nos llevará hacia él, será como un imán, y nos llevará a su presencia.  

 

Y entonces los muertos en Cristo y los vivos en Cristo iremos hacia el Señor para estar con él para siempre. ¡Gloria a Dios, para siempre estaremos con Jesucristo! ¿Con qué cuerpo? Dice la Palabra del Señor que nuestro cuerpo será transformado de este cuerpo corruptible a un cuerpo incorruptible. Seguido la gente dice: bueno, pero es que, vas a ver que cuando estés con el Señor vas a estar físicamente como en tu mejor época, como fue tu mejor momento en la vida.

 

Mujeres: bellísimas, guapas, esbeltas, bien formadas, extraordinarias. Hombres: puro galán, puro fuerte, puro físico constructivista, o qué se yo. ¡No es cierto, esas son fantasías! La Palabra de Dios establece que seremos transformados en un cuerpo incorruptible, un cuerpo que no se corrompa, un cuerpo que no se eche a perder. Este cuerpo el que tenemos actualmente se deteriora, no sirve para vivir una eternidad, no funciona.

 

Necesitamos un cuerpo distinto que aguante la eternidad, miles de millones, de millones, de trillones, de más millones y millones de años luz, es lo que necesitamos y Dios nos lo va a dar. Y vamos a vivir en la presencia de Dios para siempre, ahí estaremos, y esto es extraordinario.

 

1 Corintios 15:26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.

 

No habrá más muerte, no la habrá, no existirá ya la muerte. Viviremos y viviremos para siempre. Y aún los muertos que no fueron en Cristo, el que no quiso creer, el que no aceptó a Jesucristo, el que pensó cantidad de cosas y que nada era de acuerdo a la voluntad de Dios, ellos no tendrán muerte, dice la Biblia que tendrán una vida de castigo, una vida que no será en la presencia de Dios.

 

Hay quienes también no lo quieren creer, no esto no es cierto, esto es fantasía, esto es para espantar a la gente para que la gente llene las iglesias. ¡Piensa lo que quieras! Todo pensamiento que tengamos, toda acción que tengamos tiene una consecuencia. Yo creo en Cristo Jesús, tengo fe, sé lo que dice la Palabra, creo lo que dice la Palabra, y sé que la consecuencia para mi vida será la vida eterna. Tú no quieres creer, yo sé la consecuencia que tendrás, es tu decisión, es tu libre albedrío.

 

Le damos honra y gloria al Señor porque hemos permitido que su Espíritu Santo nos hable, hemos sido sensibles a su voz y a su testimonio de Jesús, para decirle: Sí Señor, aquí estoy, quiero tener comunión con Dios, quiero vivir con él por la eternidad, voy a hacer lo que tú  dices que haga. ¡En verdad lo vale, lo vale! Yo siempre he pensado: ¿cuántos años físicos podría o vive una persona? ¿Cuántos años crees que tú puedes vivir en este planeta, hasta que tengas ochenta, cien años?

 

La edad que sea, ponle cien años, y hay gente que dice: bueno, es que la vida solo es una y hay que vivirla bien. Sí, precisamente, y hay que vivirla bien para poderla vivir por la eternidad. Si aquí no la vivimos bien, no la vamos a hacer en la eternidad, no nos va  a llevar el Señor, así de fácil. Necesitamos nosotros vivir esta vida como dice el Señor; los años que sean pero en su voluntad.

 

Ah que hay que hacer cosas que tal vez no me gusta, que me tengo que sujetar a lo que no me gusta. Que no tengo que hacer una serie de cosas porque es pecado. ¿Cuánto tiempo sufrirás ello? Lo vale, vale que aquí sujetemos nuestra carne para que podamos vivir por la eternidad en la presencia de Dios, lo vale. Nada se va a comparar con el tiempo que va a durar la vida eterna, al tiempo que vivamos aquí en desorden, no hay comparación, lo vale.

 

Habrá quien diga: Yo prefiero seguir bebiendo, drogándome, en el sexo, en el robo, apoyando a ciertas personas para Presidente. Apóyalos, tienes libertad, tienes libre albedrío. Pero la Palabra de Dios es una palabra fiel y verdadera, y tenemos que pensar en las cosas eternas, no pensemos nada más en las cosas que tenemos en este momento aquí en esta vida. Que nuestra mente vaya más allá a lo que dice la Palabra. 

 

Estamos empezando según esto oficialmente las campañas de los candidatos para la Presidencia de la República, para Senadores, para Diputados, para Presidentes municipales, algunos Gobernadores; y siempre la pregunta que me hacen es una: ¿quién es el bueno? ¡Pues Jesucristo, él es el bueno, no hay otro! Vele a Jesucristo y haz lo que dice la Biblia, para que vivamos quieta y reposadamente, para que vivamos mejor; y no contribuyamos nosotros a hacer de este planeta, de este país, de esta ciudad algo pésimo. Porque es muy fácil culpar a los demás, tomemos nuestra responsabilidad y hagamos lo que tenemos que hacer conforma y la voluntad de Dios.

 

Vamos a ver una probadita en Apocalipsis 21:1-5 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva;  Es la revelación que Dios, que Jesucristo nuestro Señor le está dado a Juan, estaba en la isla de Patmos, ahí estaba Juan en comunión con el Señor. Y vino el Señor y le habló, y le mostró y le enseñó. Y ahí le dice, dice que a la hora de escribir Juan:

 

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. 2Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 3Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

 

Fíjate qué maravilloso, qué extraordinaria visión; y esto es lo que vamos a ver. ¿Cómo va a ser el cielo, cómo es la nueva Jerusalén? Lee completo Apocalipsis 21, ahí lo vas a encontrar, ahí lo vas a ver. ¿Cómo viviremos nosotros? Versículo 4  Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; tus dolores, tus tristezas, tus angustias, tus crisis, tus enfermedades; todo aquello que trajo a tu vida dolor, llanto, ya no será. El Señor mismo limpiará tus lágrimas; dijo Jesucristo: Bienaventurados aquellos que lloran, porque el Señor te limpiará toda lágrima. Entiende tu dolor, entiende tu necesidad y el Señor te va a limpiar esas lágrimas. 

 

Y continúa diciendo este versículo: y ya no habrá muerte, la muerte habrá pasado, la muerte fue vencida desde que nuestro Señor Jesucristo resucitó; fue vencida, ya está vencida, pero tiene su tiempo como dice Corintios, para ser destruida completamente la muerte. Pero la muerte ya no va a actuar en nosotros. No moriremos en la vida eterna, ya no habrá dolor por un ser amado que fallece, no habrá más.

 

Es que yo entiendo que está en un mejor lugar. Bueno, para empezar todavía no está, para continuar, no lo estás entendiendo mucho porque entonces lo aceptarías, lo entenderías. Sabemos que nos gusta estar con los seres amados porque somos egoístas, y queremos tenerlos; luego nada más para hacerlos sufrir, pero los queremos tener por alguna razón, así somos.

 

Y ahí en la nueva Jerusalén dice la Palabra, dice el Señor: ya no habrá muerte, ya no habrá más dolor por la muerte, por la pérdida de alguien o que tú te preocupes por el ¿qué va a pasar? Dice: ni habrá más llanto, no llorarás más, aprovecha ahorita porque después ya no habrá más llanto, no podrás llorar de ningún modo porque no habrá motivo para el llanto. ¡Gloria a Dios!

 

Y continúa diciendo: ni clamor. Ese clamor que a veces levantamos delante de Dios, ese clamor que levantamos a Él cuando tenemos necesidad, cuando sentimos que los problemas son graves, cuando sentimos que nos angustian, cuando hay enfermedades, cuando hay crisis, cuando estamos desesperados, cuando hay circunstancias adversas; esos momentos de clamor los cuales utilizamos de una manera desesperada para que Dios nos escuche, dice la Escritura que ya no los habrá, ¿por qué? Porque no habrá necesidad de ese clamor, ¡gloria a Dios será diferente!

 

Y dice: ni dolor; no habrá nada que te duela, ni emocional, ni física, ni sicológica, ni espiritualmente; nada te va a doler, estarás en perfecto estado en todas las áreas de tu vida, en todo tu ser no tendrás dolor. ¿Por qué? Dice: porque las primeras cosas pasaron. Ya no habrá absolutamente nada de lo que hay en esta tierra, nada. Jesucristo está en el cielo, Jesucristo resucito y ascendió al cielo.

 

Dice la Palabra de Dios que después de haber resucitado él fue llevado al cielo, fue una prueba para los creyentes, para los discípulos de que Jesús iba al cielo. Y la promesa fue precisamente que iríamos con él, y vamos a ir con Él. Ya todo lo que está en la tierra ya lo habremos dejado, estaremos en el cielo y nos gozaremos y seremos felices y habrá una situación diferente en nosotros, muy distinta. ¿Por qué? Por la misericordia de Dios, no solo por la muerte de Jesucristo sino porque nos comprobó con la resurrección que así va a ser.

 

Jesucristo resucitó, fue maravilloso su sacrificio al morir, fue extraordinario porque nos libró del pecado, nos libró de todo, de la enfermedad, de la muerte, de todo nos libra. Con su resurrección nosotros estamos seguros que nosotros vamos a resucitar. Hoy hace más de dos mil años, un día  como hoy, nuestro Señor Jesucristo resucitó. Y lo recordamos y sabemos que un día, él que resucitó, va a venir por nosotros, por los muertos en Cristo y por los que estemos vivos en Cristo, va a venir.

 

Versículo 5   Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

 

Esto que estamos leyendo es una palabra fiel, es una palabra verdadera por lo cual, se va a cumplir. Insisto, ¿por qué sé que se va a cumplir? Porque el Espíritu Santo me da testimonio de que esto se va a cumplir, yo lo sé, lo sabemos por el Espíritu de Dios que habita en nosotros. Yo sé que todo lo que está en la Biblia va a pasar, que todo lo que aquí dice, pasó. No importa quién lo niegue, no importa lo que digan, no importan los detractores, no importa nada, ¡lo que dice la Biblia así es!

 

Que no alcanzamos a entender es otra cosa. Yo veo que luego no tenemos la capacidad intelectual para entender lo que dice la Palabra, o no tenemos la revelación. Hace unos días me decía una persona: es que estuve platicando con un ateo y me dice que eso de la Biblia es pura mentira. Ah pues que él lo considere así está en su derecho, puede pensar lo que quiera, no hay ningún problema. Sí, pero es que me dice que científicamente no está comprobada la Creación. Y le pregunté: ¿y él en qué cree? En la Evolución. 

 

Entonces, le dije, pues tienes un problema si le estás creyendo, porque la Evolución no está probada científicamente, la evolución es una Teoría, la Teoría de la Evolución. Y creer en la Teoría de la Evolución, para creer en ella hay que tener más fe que creer en Dios, en verdad. Yo no me imagino que una especie de implosión, algo que explota y se hace como hacia adentro no hacia afuera, eso forme la vida y haya formado todo el planeta, no lo puedo creer, se necesita más fe para creer eso.

 

Necesito más fe que creer en Dios, el creer que si yo aviento una bomba en una imprenta se va a formar un Best Seller, no lo puedo creer, en verdad, necesito más fe. Los que creen en la Evolución necesitan tener más fe para creer en ella; tener más fe que de toda la variedad de changos uno se convirtió en humano, que uno desarrolló una inteligencia superior a las demás especies changuíneas, no sé, y que todos los animales.


Dicen que el que tiene más desarrollada su mente es el delfín, no sé, que son muy inteligentes. Que las ballenas son maravillosas, muy inteligentes. Sí, producto de un Creador que es, no hay un solo calificativo yo no lo encuentro, un mega súper genio que es Dios. Alguien que hizo cada especia como debe ser, y que todo entra en un perfecto orden y todo entra en un ciclo. ¿Producto de una evolución? Por Dios, ¡no! Pero bueno, quien quiera pensar que así es, que así sea.

 

A mí me agrada y yo estoy convencido y tengo fe de que Dios a mí me hizo su hijo, de que Dios por su amor, por su misericordia hizo que su Espíritu Santo me convenciera, me redarguyera de pecado y me diera testimonio de Jesucristo y yo lo pudiera aceptar. Me gusta, me gusta saber que soy a imagen y semejanza de Dios, me gusta, con toda mi imperfección pero me gusta eso.

 

Y prefiero eso, y si alguien no lo prefiere así, prefiere creer en una Evolución, bueno pues está perfecto también, que se escoja la mejor especie de chango y ponga una foto en su sala, ¡está bien! Si así lo quiere hacer, no hay problema. Por eso tenemos libre albedrío, para nosotros decidir, tenemos la capacidad de decidir. Y el Espíritu Santo se manifiesta para que nosotros decidamos correctamente. Toma decisión correcta, guiada por el Espíritu de Dios. ¡Gloria a Dios por la resurrección de Jesucristo, gloria a nuestro Padre!


Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre que es sobre todo nombre, en el nombre de Jesús, de aquel que resucitó y está sentado a tu diestra hoy día, que está ahí Señor a tu lado intercediendo día y noche por cada uno de nosotros. Te alabo y te bendigo, y te doy la honra y la gloria y te reconozco a ti delante de ti y delante de los hombres, porque solamente tú eres Dios, porque fuera  de ti no hay. Porque tú eres el dador de la vida, porque tú eres el dador de la resurrección.

 

Porque un día nosotros, aunque estemos muertos resucitaremos y viviremos contigo por la eternidad. Y si estamos vivos y tú vienes, nos iremos contigo por tu Espíritu Santo. Te alabamos, te bendecimos y Señor en el nombre de tu Hijo amado Cristo Jesús te damos toda adoración y toda honra y gloria, amén.


Dios los bendiga.

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