INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

ESCONDIDOS PARA DIOS

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

1 Samuel 2:12-18 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. 13Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. 15Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. 17Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová. 18Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino.

 

De acuerdo a la ley y en los tiempos antiguos, cuando el pueblo de Israel venía y ofrecía sacrificios de animales, lo primero que tenían qué hacer era quemar la grasa y luego, el encargado, el sacerdote que lo estaba llevando a cabo, tenía que coser la carne. Los sacerdotes de acuerdo a lo que dice la Palabra, podían tomar de la carne, pero solo podían tomar ciertas partes del animal porque las otras eran ofrendadas al Señor, y todas esas otras partes eran ofrenda grata delante de Dios.

 

No podían los sacerdotes tomar una parte del animal que no les correspondiera, solamente tenía que ser aquella que está permitida por la Palabra de Dios. Pero a estos dos sacerdotes, a los hijos de Elí, Ofni y Finees, no les interesaba lo que decía la Palabra, ellos hacían lo malo delante de Dios. Los hijos de Elí despreciaban la santidad de Dios, despreciaban las ofrendas del pueblo.

 

Los hijos de Elí empezaron a tomar, como dice la Escritura, toda la carne que ellos querían, las partes que mejor les agradaban, todo aquello que les gustaba, lo pedían y lo tomaban. Y si había alguna objeción por parte del sacerdote que estaba haciendo el sacrificio, entonces se enojaban y la tomaban a la fuerza.

 

Dice que venía el criado con un garfio de tres ganchos y con eso sacaban a discreción todo lo que se querían llevar. No importaba, como dice la Escritura, la grosura de los animales, no les importó los pasos que tenía que llevar a cabo el sacrificio, ellos exigían que el pueblo les diera la carne para asar, que se tomara la grosura, en fin. Esto estaba mal delante de los ojos de Dios, cada día su pecado era más grande, el pecado de estos sacerdotes, dice la Escritura realmente era bastante grave.

 

Elí el padre de estos dos, no los detenía; era alguien que estaba acostumbrado a verlos, a dejar que los hijos hicieran como quisieran. Yo puedo advertir por lo que dice el contexto de la Palabra, que él se hacía de la vista gorda, no le interesaba, no tenía problema con los hijos. Y bueno, el menospreciar lo santo les había traído precisamente a los hijos, consecuencias de desenfreno. Llevaban a cabo acciones que no eran las correctas, acciones pecaminosas, acciones que no están permitidas para nadie.

 

Ese apartarse del Señor, de hacer lo que ellos querían los fue hundiendo más en otros problemas. Los fue hundiendo en mayores pecados, en una mayor perversión; y solo desean ellos saciar sus apetitos carnales. Este desenfreno espiritual también traía otras consecuencias, ocasionaba una sordera también espiritual, una sordera por al cual ellos no escuchaban la voz de Dios, y rompieron toda comunión con el Señor, no había relación con Él, no oían la voz de Dios, ellos hacían lo que querían y vivían en un pleno pecado.

 

Hoy día nosotros podemos advertir que también la conciencia de lo santo, de lo que es santo para el Señor se ha perdido mucho entre el pueblo cristiano. Hay cantidad de creyentes que lo que les interesa no son las cosas santas del Señor, ni hacer las cosas conforme y Dios las establece. Lo único que les importa es suplir sus necesidades personales ya sean físicas, sexuales, espirituales, lo que sea pero de acuerdo a su punto de vista,  desde su conveniencia, desde sus intereses.

 

Hay quienes están en la iglesia también porque ven la oportunidad en un ministerio para lograr una satisfacción personal. Entonces vemos que también muchas de las cosas se han desvirtuado. Pero siempre que hay una decadencia espiritual, nosotros lo podemos advertir a través de los años, a través de la historia en la misma Palabra de Dios, siempre Dios hace algo, Dios levanta algo en lo profético, siempre.

 

Nosotros podemos advertir cómo dentro de todo este pasaje, todo esto que se vivía que era algo desolador para el pueblo, surge una esperanza viva. Dice en el Versículo 18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. Esto a mí es algo que me impacta, porque yo puedo ver aquí en la Palabra, porque puedo ver como un niño consagrado al Señor tenía vestiduras sacerdotales.

 

Dios había guardado para sí, y lo podemos advertir aquí, una pequeña voz, una voz pequeña de un niño profeta que no estaba contaminado. Él no había sido influenciado por los hijos de Elí, él convivía con los hijos de Elí por supuesto, y aunque él era niño y tal vez no estaba en edad para hacerles segunda, sí estaba en edad para ser influenciado y para ser contaminado y aún para que los pervirtieran estos dos mayores.


Dice la Escritura también que eran tiempos difíciles, tiempos en donde escaseaba la palabra profética. Pero nosotros lo podemos advertir que siempre en todas estas crisis espirituales, Dios levanta corazones entregados, levanta gente que haga llamado al pueblo, para que el pueblo enderece sus caminos y haga lo que tiene qué hacer, oídos que oigan la voz de Dios y digan lo que Dios les está diciendo, y se mantengan fieles delante de Él.

 

Es impresionante para mí, como el testimonio de Dios acerca de Samuel, es que dice la Palabra en 1 Samuel 3:19 No dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.Es decir, todo lo que Dios le dijo a Samuel que tenía que llevar a cabo, lo hizo. No hubo nada que faltara. Qué fuerte que Dios mismo diga: todo lo que le dije al profeta, lo llevó a cabo. Todo lo que le dije, lo hizo. Todo lo que le decía, lo hacía. Es una obediencia, una entrega, un amor total para el Señor.

 

Hay creyentes que, como Samuel, no buscando la recreación cristiana ni tampoco están en los placeres del mundo, están enfocados, están perfilados para adorar a Dios, para entregarse a Dios. Y Dios los va preparando, Dios los prepara para escucharle. Dios, así como a Samuel, los tiene guardados honrándole, cuidándolos para que en el momento indicado salgan y hagan lo que tienen que hacer. Son creyentes, son cristianos que oirán la palabra profética que restaurará al sacerdocio y ungirá al rey.


Vamos a ver algo en relación a Samuel. Dice la Escritura en 1 Samuel 1, que había una mujer llamada Ana, y su marido Elcana. Ellos no podían tener hijos, ella en una ocasión estando en el templo estaba llorando y su situación era tal que el sacerdote Elí consideró que ella estaba ebria. Se acercó, ella le dijo no estoy tomada, lo que pasa es que traigo una aflicción muy grande, yo quiero tener un hijo y no lo he podido tener.

 

Y entonces el sacerdote Elí oró por Ana, y ella concibió y dio a luz a Samuel. Ella le había prometido a Dios que ese hijo que Dios le diera se lo iba a consagrar a Él, se lo dedicaría. Dice que cuando fue destetado llevó al hijo al templo. Aquí hay ciertas controversias, hay quienes dicen que fue a los 3 años y hay quienes dicen que fue a los 5 años de edad. Cualquier edad que haya sido, entre los 3 y los 5  años es exactamente lo mismo; ella tomó a su hijo que amaba, que Dios le había dado, una promesa de Dios y lo llevó al templo y se lo dejó al sacerdote Elí y le dijo: Aquí está mi hijo el cual yo consagré al Señor, aquí está para el servicio de Dios.

 

Y esto es realmente impresionante. Ella entrega a su hijo, y dice en 1 Samuel 2:18-19 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. 19Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado.

 

Es decir, que Ana, la madre de Samuel solamente veía a su hijo una vez al año, cuando venía al templo con su marido a ofrecer sacrificio. Traía una túnica que ella había preparado, había confeccionado, le había hecho durante este tiempo. Para Ana la túnica representaba adoración; adoración no es válida sin sacrificio. Para Samuel la túnica representaba cobertura.

 

¿Cuántas horas de dedicación debió haber entregado Ana para hacer esa túnica? Para presentarse ante Dios y decirle: Tú eres digno de lo más valioso que yo tengo, de lo que tú me has dado, mi hijo. Y estarlo recordando mientras la confeccionaba, y después llevarla al templo y decir: aquí está esta túnica, póntela. Cada año lo hacía. Y le recordaba al hijo la cobertura que él tenía y la bendición que había sobre él.

 

Muchas ocasiones los padres olvidan, olvidamos que en algún momento nosotros consagramos nuestros hijos a Dios, y que en ellos hay algo especial que nuestros hijos tienen que estar recordando de una manera constante para ser entregados a lo que el Señor establece, para vivir en obediencia, para vivir en santidad. Muchas veces lo olvidamos y no se lo recordamos incluso a ellos, y tenemos que hacerlo.

 

Analiza esta situación que estamos comentando, Ana que era una mujer estéril y que había querido tener un hijo, clama a Dios, Dios se lo da y le da ese hijo tan deseado. Ella se lo consagra a Dios, se lo entrega entre los 3 y 5 años, viene y dice: aquí está mi hijo que yo consagré, aquí está para el servicio de Dios. Y después no sé cuántas ocasiones lo hizo, pero después dice la Escritura que cada año iba Ana y le llevaba una túnica a su hijo.

 

Una de esas ocasiones, dice la Escritura, el sacerdote Elí la vio, y entonces le habló y volvió a orar el sacerdote por ella. Y oró y le pidió a Dios que la bendijera con más hijos. O sea, yo puedo advertir cómo el sacerdote se vio tocado en su corazón para decirle a Dios: Señor el hijo que tú le diste te lo consagró, aquí está en el templo, ella no lo disfruta, ella no lo tiene, ella necesita más hijos, dáselos, bendícela con más hijos.

 

Y dice en 1 Samuel 2:20-21 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa. 21Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

 

Hay momentos en los cuales en la Escritura nosotros estamos advirtiendo que dice: Y Samuel ministraba en la presencia de Jehová. Y dice la Escritura que Samuel dormía a un lado del tabernáculo. Y aquí dice: Y Samuel crecía delante de Jehová. Es decir, la Escritura nos va mencionando qué estaba sucediendo con este Samuel en lo secreto, en lo íntimo. Estaba en la presencia de Dios, crecía delante de Dios, ministraba a Dios, hacía conforme y la voluntad de Dios.


En tanto que los hijos de Elí seguían exactamente con su misma vida, seguían en el reventón, seguían haciendo lo incorrecto delante de los ojos de Dios. En ambos casos, los hijos de Elí y Samuel, estaban en el templo, ambos estaban ahí, pero cada uno tenía una actitud diferente, Samuel tenía una actitud de adoración, una actitud de entrega, de obediencia a Dios, de amor a Dios; en tanto que los hijos de Elí estaban perdidos en su pecado.

 

Y yo creo que esto es algo similar a lo que ocurre hoy día en la Iglesia cristiana en general. En la iglesia yo creo que podemos encontrar dos clases de cristianos, dos clases de creyentes:

 

1)     El entregado, haciendo conforme y la voluntad de Dios, creciendo en la voluntad de Dios, creciendo delante de Dios, ministrando de corazón con un profundo amor a Dios.

 

2)     Y otros que efectivamente también están en la iglesia creyendo que existe Dios, creyendo en Dios pero no hay una entrega, siguen metidos en sus pecados, siguen viviendo del mismo modo que antes vivían, siguen viviendo como se vive en el mundo, exactamente así.

 

Y yo veo aquí el símil entre Samuel y cristianos entregados convertidos;  e hijos de Elí pecadores, con cristianos que están en la misma actitud, pero que sí, que dentro de la iglesia en un momento determinado tratan de aparentar o se disfrazan, o se ponen las vestiduras de creyentes para estar un momento en la iglesia.

 

Hay cosas que necesitamos observar y que tenemos de una manera personal que cambiar, para hacer conforme y el propósito de Dios; porque Dios así como tenía a Samuel que iba creciendo, se iba desarrollando, iba creciendo no solamente en lo físico sino espiritualmente, porque había un propósito. Claro sabemos que el crecimiento de una persona físico es normal, todos crecemos, nos vamos haciendo viejos, es normal.

 

Pero dentro de los propósitos de Dios hay algo importante, Dios nos tiene guardados para el momento indicado. Vivimos los tiempos finales, vivimos y estamos seguros de ello por todo lo que sucede a nivel mundial, que los tiempos de la venida de nuestro Señor Jesucristo se están acercando.

 

Vemos que son más cercanos y vemos también que vendrá una situación difícil en todo el mundo de acuerdo a lo que dice el libro de Apocalipsis, y que nosotros como creyentes, como cristianos vamos a necesitar estar firmes en el Señor, muy firmes para que podamos cumplir con los propósitos de Dios y para que nosotros no nos salgamos del lugar en donde debemos estar en el Señor.

 

1 Samuel 2: 22-25  Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. 23Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. 24No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. 25Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?

 

Fíjate, Elí como padre, como sacerdote principal habla con los hijos por su pésimo actuar, su pésimo testimonio, por el mal ejemplo que están haciendo, y no solamente eso sino porque están llevando, dice, al pueblo al pecado, porque están haciendo lo que no deben de hacer y, además, incitan a los demás a que lo hagan.

 

Pero yo puedo advertir algo con Elí aquí, Elí les habla a sus hijos sin ninguna autoridad. Los trata de reprender pero de una manera tan ligera, tan superficial, tan sin problema que, perdón, no causa ningún impacto en los hijos. Independientemente que hay una edad para que nosotros podamos corregir a nuestros hijos, y hay una edad en la que ya no es posible, ya están formados, y bueno ya lo que son, ya solamente Dios puede hacer algo para cambiarlos.

 

Por eso dice el libro de Proverbios: instruye al niño en su camino, y aunque fuere viejo no se apartará de él. La Palabra no dice en ningún momento que instruyas al adulto en su camino. Dice: instruye al niño en su camino. Y yo veo como Elí por diferentes razones, no hace lo que tiene que hacer en los tiempos que lo tiene que hacer, y esto trae consecuencias para ellos.

 

Muchas ocasiones los hijos se molestan, se enojan cuando reciben la reprensión de los padres, no es algo que acepten, y la verdad a ninguno nos gusta que nos llamen la atención, ni a los adultos, ni a los viejos, ni a los mayores, a nadie nos gusta que nos llamen la atención, es molesto. Y si te llaman la atención, si te empiezan a decir algo que está mal, lo más probable es que si lo escuchas, por dentro estás pensando: ay sí, ajá, ya, ya, ya no digas nada, ya cállate.


Así somos, empezamos a escuchar y nos molesta: sí, sí, ya sé. Dile a un adulto que está haciendo algo y mal y dice: sí, sí, ya lo sé. Es raro que escuche, que ponga atención y que cambie. Los hijos de Elí ya no estaban en una edad como para que el papá los regañara. Y luego no lo hace con la autoridad de sumo sacerdote, pues los hijos siguen haciendo exactamente lo mismo, no cambian, siguen comportándose como no debe de ser, siguen haciendo las cosas que no deben hacer.

 

Es decir, siguen pecando, siguen con una mente pervertida, siguen en el mundo, siguen pensando en sus placeres, en la autosatisfacción, no les interesa otra cosa. Y continúa diciendo la segunda parte del Versículo 25 b Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

 

El pecado de los hijos de Elí era tan grande que habían ya desagradado a Dios, Dios ya había tomado una decisión en cuanto a ellos, y era quitarles la vida. Eran reincidentes, habían ofendido a Dios, habían hecho todo lo indebido, lo que no se debe hacer ya lo habían hecho, habían transgredido la Palabra, habían ofendido a Dios, a los sacerdotes, a los hombres, al templo, todo lo habían hecho, no habían tenido freno para nada, por lo que Dios decidió que debían morir.


Eran sacerdotes del Dios Altísimo, y ese privilegio lo perdieron. Estos sacerdotes hijos de Elí deshonraban lo santo del Señor. Y es donde nosotros tenemos que mirar, y debemos tener cuidado de cómo hacemos las cosas y qué es lo que nosotros hacemos. ¿Por qué? Porque no estamos hablando de otra persona como tú y como yo, estamos hablando de Dios, y Dios es santo y todas sus cosas son importantes, y todo en Él es santísimo.

 

Y necesitamos tener la conciencia clara de acuerdo a lo que es Dios para nuestro actuar para con Él, no podemos jugar con Él, no podemos pasarnos de listos haciendo cosas que no van de acuerdo, ¡no lo podemos hacer! Ay una vez. ¡NO! Yo siempre he comentado, un alcohólico no empezó su alcoholismo emborrachándose todos los días, ¡para nada! Un alcohólico empezó probando el alcohol.

 

Alguien en alguna ocasión le dijo: pruébale; o vio la oportunidad en alguna reunión en su casa, o en alguna fiesta, tal vez algún familiar le dijo: sírveme otra. Y fue y se atrevió a probarla y le gustó, y de ahí siguió bebiendo hasta llegar a un límite en donde ya traía un problema de alcoholismo.

 

El pecado de los hijos de Elí fue precisamente avanzando poco a poco, fue creciendo. Ellos tal vez en algún momento dijeron: pues quiero esta carne, esta se me antoja. Y el sacerdote le ha de haber dicho, el encargado de las ofrendas: Pero no lo puedes tomar, esto es para Jehová, no puedes agarrar de aquí, no te está permitido; a ti te está permitido esto otro. Pero es que esta se me antoja, esta se ve más sabrosa. Sí, pero es para Dios. Por eso, no importa, un pedacito.

 

Y ha de haber agarrado algo y le gustó más, y de ahí se siguió, se siguieron los dos, y llegó el momento en que aún amenazaban al sacerdote de las ofrendas, que si no les daban lo que ellos querían, los iban a golpear, iban a haber consecuencias. Todo empieza con algo sencillo, con algo poquito, y vamos avanzando, avanzamos.

 

Y esto es lo grave, avanzamos, y llega el momento en que sí, efectivamente, Dios no está con una lupa viendo qué hacemos mal para darnos un coco o un golpe; pero sí está observando todo nuestro proceder. ¿Cuál es nuestro actuar? Para en el momento indicado decir: oh hay aquí una recompensa o aquí hay un castigo, una sanción. Él está al pendiente.


Pero dentro de todo esto, insisto como decía hace un momento, había algo que seguía sucediendo en el templo y en el corazón de Dios. Versículo 26  Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres. En el mismo templo donde estaban los hijos de Elí, ahí estaba Samuel que seguía creciendo no solamente en lo físico, sino madurando y crecía en gracia delante de Dios, porque él fue guardado y nunca se dejó contaminar por los hijos de Elí, no cayó en todo lo que ellos hacían.

 

Su amor por Dios era más grande que todo lo demás. El amor de los hijos de Elí estaba puesto en las mujeres, en los placeres, estaba puesto en la autosatisfacción. El corazón de Samuel era distinto. El pueblo sabía lo que hacían los hijos de Elí. El pueblo, los que están a nuestro alrededor amados hermanos, saben cómo somos, saben lo que hacemos, se dan cuenta, saben que somos cristianos, y como saben que somos cristianos porque no necesitamos decirles: Somos cristianos.

 

Nos ven salir de la casa con una Biblia, nos ven salir arreglados el domingo, se dan cuenta que salimos a la misma hora siempre, saben que venimos a la iglesia, saben lo que hacemos, saben que somos cristianos. Y por lo tanto, nos están observando, nos ven. Y cuando hacemos algo indebido el pensamiento de ellos es uno muy sencillo: Mmm, ¡y eso que es cristiano!


Y si nosotros hiciéramos pecado frecuente, constante, entonces todos los de alrededor que nos conocen se darían cuenta, y nos despreciarían, nos desecharían. Del mismo modo cuando nosotros hacemos lo correcto, dice la Biblia que en este caso Samuel, cada día era acepto, crecía delante de los hombres su aceptación. ¿Por qué? Por su comportamiento, por su testimonio, por su ejemplo. La gente ve de los dos lados, y la gente sabe escoger.

 

Samuel representa una generación que está siendo guardada para oír la voz. Una generación que ama a Dios y que hace las cosas conforme y Dios las establece. Una generación que está siendo obediente a lo que Dios establece, como Samuel. Y como Samuel esta generación, nosotros tenemos que crecer delante de Dios, tenemos que aprender a amar su Palabra, tenemos que aprender a amar a Dios, tenemos que aprender a adorar a Dios, tenemos que aprender a estar en su presencia.

 

Tenemos que aprender como lo hacía Samuel, a ministrar al Señor como a Él le gusta.
No se trata de venir y cantar una serie de cantos para decirle a Dios que lo alabamos. Se trata de adorarle, de entregarnos delante de Dios. Y no solamente aquí en la iglesia sino en donde nosotros estemos, tenemos que adorarlo, tenemos que aprender a ser sumisos al Señor, a su Palabra. Tenemos que aprender a hacer a un lado todos nuestros intereses, y anteponer las cosas de Dios.

 

No me importa lo que yo pienso, no me importa lo que yo siento, no me importan mis deseos, mis anhelos; yo quiero hacer lo que Dios quiere que haga, eso lo tenemos qué hacer. Pero muchas ocasiones el cristiano se quiere valer de Dios para lograr lo que quiere. Ah es que yo quiero una gran casa, no pues se la voy a pedir al Señor, que me la dé. Y que tenga un auto último modelo, una camionetota; pues que Dios me la de, se la voy a pedir.

 

Y es que yo quiero una mujer muy bonita. Pues se la voy a pedir al Señor. Un hombre bien guapo, pues que Dios me lo traiga, en la iglesia no hay pero que lo traiga de otra iglesia. O sea, que Dios lo haga, Dios lo puede hacer. Cuando nosotros estamos tratando de que Dios supla nuestras necesidades así, ¡estamos mal! No estamos con Él para adorarle, no estamos con Él para hacer lo que Él establece; ¡lo queremos utilizar!

 

Por eso luego muchos se enojan y se van de la iglesia, porque no reciben lo que ellos querían que Dios les diera. Ah es que Dios no me concedió esto, entonces ya me voy de la iglesia, ya no quiero ir a la iglesia. Luego hay un pensamiento que no es el correcto y que está fuera de lugar.

 

Y Samuel nos muestra de una manera bastante clara, qué es lo que tiene que pasar con nosotros. Tenemos que ir creciendo de una manera constante. Samuel llegaría el momento en el cual él ungiría como profeta al rey David. Esta generación estamos esperando la venida de nuestro Señor Jesucristo, del Rey, y nos vamos a ir con él. Decía hace un momento que existen dos clases de personas: los que son como Samuel y los otros que son como los hijos de Elí, no hay de otra.

 

¿Cómo eran los hijos de Elí de acuerdo a lo que hemos leído? Primero: Los hijos de Elí eran unos malvados, no les importaba Dios, no les importaban tampoco sus deberes para con el sacerdocio, hacían lo que querían. El sacerdocio que ellos tenían, que les fue conferido, que les fue entregado lo desecharon, lo botaron, esto trajo consecuencias, por esta razón Dios dijo: Ya no habrá más descendencia de sacerdotes aquí, ahora será de otro modo; por el pecado de ellos.

 

Cuando Dios pone algo en tus manos, lo tienes que hacer prosperar, lo tienes que trabajar, lo dice la Escritura. Estos hombres fallaron en su sacerdocio para con Dios, y fallaron para con los hombres. Como aquellos cristianos que creen que siguen en el mundo y que pueden seguir haciendo lo que quieran hacer como en el mundo, y no hacen absolutamente nada por cambiar su propia condición, siguen en lo mismo.

 

Segundo: El pecado que estos sacerdotes cometían delante del Señor era muy grave, ya que despreciaban las ofrendas a Dios. Lo que era relacionado con el Señor, ellos lo despreciaban y tomaban de las ofrendas haciendo lo indebido.

 

Tercero: La actitud que ellos tenían era de lo más ofensivo. Eran sacerdotes de Dios levantados para ministrar en la presencia de Dios, pero se habían acostumbrado a las cosas santas, que las despreciaban. Y las despreciaban en la misma presencia de Dios. No tenían ningún respeto por las cosas de Dios, no tenían ninguna honra, no les importaba nada.

 

Cuarto: No les importaba tampoco el pueblo de Dios. Lo estaban empujando al pecado, lo llevaban a pecar. La gente que está a nuestro alrededor normalmente ve el ejemplo de los líderes, y por lo general dice: Ah pero si el líder Fulano hace esto, ¿por qué yo no? Yo también lo puedo hacer. Ah, si él lo hace, yo lo hago. O al revés: ah, si el líder no vino, pues yo tampoco vengo. Ah si el líder no participa, yo tampoco participio.

 

Entonces tenemos una gran responsabilidad con la gente, y los hijos de Elí como sacerdotes habían fallado delante de la gente, no solamente con Dios sino con la gente, al tiempo que eran lujurioso, libidinosos, depravados.

 

Jesús nuestro Señor enfrentó a gente que tenía la misma actitud que los hijos de Elí, a los escribas y a los fariseos. Les dice que por fuera muestran una coraza, una actitud, unas vestiduras, unas formas de comportarse; pero que por dentro están llenos de pecado y lo único que les interesa es la auto gratificación, esto lo pueden leer en Mateo 23.

 

Les interesa que los demás los reconozcan, cantidad de líderes son así, que tengan reconocimiento de la gente, para eso quieren el liderazgo. Se hacen pasar por muy ungidos y hablan muy bonito, y en realidad son terribles. Yo creo que todo ser humano salvo muy raras excepciones, tiene deseos de placer, de reconocimiento, de fama, de riquezas.

 

Pero los cristianos verdaderos entregan todo lo que son para entonces ser conforme y la voluntad de Dios. Y permiten o permitimos que el Espíritu Santo nos guíe. Ya no importo yo, ya no importa lo que yo quiero, importa lo que dice el Señor, ¡eso es lo importante! Nos guste o no, lo queramos o no, así es. Dios prometió que levantaría una generación de sacerdotes fieles.

 

1 Samuel 2:35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días.

 

Esta es una generación de sacerdotes fieles que Dios está levantando. Nosotros somos esta generación, así como la época de Moisés, que esa fue la generación que clamó al Señor para ser libertados, esa fue la generación que levantó su voz, y que Dios escuchó y los libertó y envió a Moisés para ello.

 

Nosotros, esta generación actual somos la generación de sacerdotes que Dios está levantando para ministrar en su presencia, para crecer en su presencia, y porque el Señor Jesucristo ya viene, ya está a punto de venir. Y esto se está cumpliendo, y nosotros ahorita estamos en la obligación de ser dispuestos y preparados para hacer conforme y la voluntad de Dios.

 

Porque va a haber un momento en el cual las cosas van a cambiar; y nosotros vamos a tener que salir para hacer lo que debemos hacer, para impactar a los de allá afuera, para cambiar la mentalidad de los de allá afuera, para enseñarles que sí es posible vivir de acuerdo a lo que Dios establece. Pero lo tenemos que hacer estando firmes, estando llenos del Espíritu de Dios en una perfecta comunión con el Señor. Lo tenemos que hacer así.

 

Esta tiene que ser la generación de hombres fieles, de sacerdotes fieles; ¡no como los hijos de Elí! No como aquellos que están en la iglesia pero tienen otros intereses, que por cualquier cuestión, por cualquier situación ya no cumplen con lo que deben cumplir delante del Señor.

 

Apocalipsis 1:6 Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

 

Nosotros hemos sido hechos para ministrar en la presencia de Dios. El sacerdote es aquella persona que puede entrar a la presencia de Dios y ministrar en su presencia. Jesucristo nos abrió el paso para poder entrar de una manera directa a Dios. Tenemos ese privilegio en Cristo Jesús, podemos entrar hasta donde está Dios Padre y ministrarle, y hacer sacrificios delante de Él, y ofrecer sacrificios que sean aceptos a Él. Es lo que hemos sido llamados a ser.

 

No podemos desviar nuestra mente en otras cosas, nuestra prioridad es Dios, nuestra prioridad es ministrar a Dios, esa es. Y si no lo tienes en una prioridad estás en problemas, en severos problemas. Nosotros estamos hechos para ofrecer sacrificios aceptables a Dios.

 

1 Pedro 2:5 Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

 

Este es el llamado que tenemos, somos apartados, somos un sacerdocio especial, un sacerdocio apartado que haga sacrificios espirituales aceptables al Señor. Nosotros estamos siendo edificados como una casa espiritual, cada uno de nosotros. Estamos siendo edificados de esta manera; así como Samuel crecía delante de los ojos de Dios, crecía en sabiduría, crecía en espiritualidad, crecía en relación.

 

Nosotros crecemos y tenemos que ser edificados como casa espiritual, nuestro cuerpo eso es, para que adore al Señor, para que donde quiera que tú estés la presencia de Dios esté ahí, en todo momento. Este es un tiempo, insisto, de preparación de parte de Dios. Muchas ocasiones estamos pensando: ¿y por qué no suceden estas cosas? ¿Por qué no sucede lo otro? ¿Qué pasa con esto? Y creo y siento de parte del Señor, que es porque estamos siendo preparados para el momento indicado.

 

No podemos con los elementos que tenemos o como somos, salir e impactar. Necesitamos que maduremos, que crezcamos, que hagamos las cosas exactamente como Dios quiere, una generación ofreciéndose en pureza y santidad a Dios. Ofreciendo, dice la Palabra, nuestros cuerpos en sacrificio vivo. Ofreciendo nuestras mentes renovadas en el Espíritu de Dios, renovadas por la verdad de la Palabra.

 

Nuestros afectos encendidos por la gracia del Señor. Fervientes en espíritu, sirviendo, adorando al Señor. No puede ser de otra manera. Vienen tiempos difíciles, y si hemos considerado que lo que estamos viviendo ahorita es demasiado difícil, vendrán tiempos peores. Tiempos verdaderamente difíciles en donde para sostenernos necesitamos estar firmes en el Señor. Haciendo conforme y la voluntad de Dios, creciendo en todo momento delante de Dios. Eso es lo que tenemos qué hacer.

 

Si alguien está viviendo como los hijos de Elí, tiene que cambiar su forma de vivir. Tiene que mirar a Dios, tiene que arrepentirse de lo que vive, y tiene que cambiar y hacer las cosas de acuerdo a lo que Dios establece, ¡eso tenemos que hacer! 

 

Bendito Dios y Padre eterno en el nombre de Cristo Jesús, en esta hora levanto delante de tu presencia a este remanente, dándote gracias por la vida de cada uno de mis hermanos a quienes pongo delante de ti, pidiéndote que tú los bendigas y los fortalezcas, que tú los hagas conforme y tu corazón, conforme y tu voluntad, que sean de acuerdo a lo que tú tienes en ti para cada uno.

 

Que tu voluntad se cumpla en cada uno de nosotros Señor, y que podamos ser esos sacrificios vivos que te ministran, que están delante de ti dándote la honra y la gloria, adorándote en todo momento. Y Padre, en el nombre de Jesús a ti sea la gloria por la eternidad, amén.

 

Dios los bendiga.

 

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