INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

TRAE LA BENDICIÓN

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

 

Génesis 12:1-3 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

 

Vamos a hablar un poquito del contexto, algo muy sencillo. Abraham nació en Ur de los caldeos, que era una ciudad importante, era una ciudad próspera, era una ciudad de comercio, era, de acuerdo a los historiadores, una ciudad en donde había bibliotecas y había mucha gente preparada. Y se considera que Abraham era una de esas personas que tenía preparación, que tenía capacidad.

 

Pero como en muchas poblaciones había una gran idolatría, idolatría por la luna. Se practicaba la astrología, el ocultismo, la hechicería, en fin era un lugar muy especial. De hecho este lugar, Ur de los caldeos, es donde finalmente continuó Babilonia; conocemos todo lo que ha salido de Babilonia y ahí estaba enclavada. Dice la Palabra del Señor que de ahí salió Abraham con su padre, con su esposa y con Lot.

 

Pero hay algo importante, de este lugar salió Abraham cuando tenía 70 años, y no es el llamado que le dijo el Señor aquí en Génesis 12:1. Nosotros podemos leer que dice en Génesis 11:31-32 Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí. 32Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán.

 

¿Qué significa esto? Si nosotros nos damos cuenta aquí, no había todavía, escrituralmente, el llamado para Abraham para que saliera del lugar en donde vivía, ¿por qué salió? Yo considero que él por la relación que tenía con Dios, y de acuerdo a lo que dice Génesis 12:1 Pero Jehová había dicho a Abram.  Es decir, ya había hablado con él, ya le había dicho algo, ya le había dicho lo que tenía qué hacer.

 

Y yo considero que Abraham se lo comentó a su padre, y su padre le dijo: pues vámonos, yo me voy contigo. Y salieron juntos. Pero la Palabra de Dios yo creo que también le había manifestado que dejara la casa de su padre y que dejara a su parentela. Es decir, yo puedo advertir cómo Taré se le pegó, se fue con él. Ya no solamente era que lo tenía que dejar sino que el papá se fue con él. Y yo siento que por esa razón Dios hizo que se detuvieran en Harán, porque ahí estuvieron cinco años.


Cuando Abraham cumplió 75 años, dice la Palabra que salió de Harán pero ya sin su padre porque Taré ya había fallecido. Entonces veo cómo cando Dios nos da una orden, nos dice algo que nosotros tenemos qué hacer, lo debemos hacer del modo que Dios lo está estableciendo.

 

¿Qué fue lo que sucedió? Que si él hubiera salido como Dios le dijo, en el momento que le dijo; hubiera llegado antes a la tierra que Dios lo quería llevar. Tuvieron que pasar cinco años, un espacio para que las cosas se acomodaran como Dios quería. Ahora, ¿por qué quería Dios que saliera de donde estaba Abraham? Por una razón muy sencilla, porque era un lugar muy idólatra, un lugar en donde no iba a poderse cumplir el propósito de Dios en la vida de Abraham.

 

Necesitaba Abraham empezar como Dios se lo muestra, una familia, tener una descendencia y de ahí formar un pueblo. Un pueblo de acuerdo a los propósitos de Dios, un pueblo que adorara a Dios, un pueblo que no estuviera metido, sumergido en la idolatría, que no estuviera en el ocultismo, que no estuviera en las prácticas que llevaban a cabo.

 

¿Por qué le dice Dios a Abraham que deje la casa de su padre? Porque estamos arraigados a las tradiciones de nuestros padres en términos normales, es lo que aprendimos desde niños. Tenía setenta años Abraham cuando salió de Ur de los caldeos, setenta años que prácticamente hizo lo que aprendió de sus padres. Se fue y en Harán prácticamente, yo considero que siguió haciendo lo mismo.


Es muy difícil que nosotros podamos zafarnos de las tradiciones, de las creencias familiares. La familia, los familiares nos arrastran, nos presionan para que nosotros seamos de un determinado modo. Yo no sé cuántas ocasiones a ti te ha pasado, que algún pariente viene y te empieza a criticar porque eres cristiano. ¡Tan común! Te empieza a presionar, te empieza a molestar, te empieza a criticar; y sobre todo hay un momento en el cual tú te manifiestas con molestia con algo y te dicen: ah pero ya eres cristianito, ¿no que muy aleluya, no que ustedes hacen lo que dice Dios en la Biblia? Y te presionan.

 

Y hay ocasiones en que te presionan tanto, tanto los mismos parientes que tienes que regresar a las prácticas que ellos llevan a cabo, aunque tú no estés de acuerdo con ellas. Vente vamos a juntarnos en la casa, vamos a celebrar la Navidad. Pero es que Jesús no nació este día. No importa vamos a celebrar. Y te presionan de tal modo que tienes que ir, tienes que acceder. Y para que todo mundo se entere y que los hermanos te vean, te toman fotos con toda la familia y las suben al Facebook. Y ahí están las fotos, y es maravilloso.

 

Y te presionan, entonces yo entiendo por qué Dios le dijo a Abraham: Deja la casa de tu padre, deja tu parentela. Vete, no hagas más caso de tus parientes, empieza algo nuevo, algo diferente, algo donde no esté involucrada tu familia. Pero algo hizo Abraham, ¡se llevó a Lot, se llevó a su sobrino! Yo no sé por qué razón, pero igual por el amor que le tenía, porque se murió el papá de Lot siendo muy joven, prácticamente Abraham era como la figura paterna. Como que le dio misericordia que se quedara él solito, como que iba él nada más a disfrutar y finalmente se lleva a Lot.

 

Yo puedo advertir que es muy difícil que nosotros podamos cumplir los propósitos de Dios, si estamos arraigados a las prácticas idólatras de la familia, del lugar en donde vivimos, o si estamos arraigados con situaciones de ocultismo. Nuestro corazón, insisto, es influenciado por parientes, por amigos, por conocidos. Nos vemos influenciados de una manera constante de aquella gente con la cual nosotros hemos convivido.

 

Abraham, llega el momento como dice la Escritura aquí en Génesis 12:1, que sale de Harán junto con su esposa Saraí rumbo al lugar donde Dios le mostraría. Ya no estaba su padre, insisto, ya se había muerto, pero Lot vivía y se lo lleva. Dios le prometió a Abraham bendecirlo, Dios le prometió hacerlo grande y próspero.

 

Pero para que esto se cumpliera había una condición: Tenía que obedecer a Dios, tenía que viajar hasta la tierra donde Dios le dijera. Es aquí, aquí te vas a establecer, aquí vas a vivir, y aquí te voy a dar una familia que va a empezar a formar un gran pueblo, una gran nación. ¿Qué fue lo que hizo Abraham? Dice la Biblia que Abraham le creyó y obedeció a Dios.

 

Hebreos 11:8  Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.

 

Y yo veo aquí dos aspectos que son importantes: La fe y la obediencia, las cuales deben ir unidas. No puede estar la una sin la otra. Yo no puedo decir que tengo fe en Dios y no hacer lo que Él establece. Siempre tiene que estar junto con mi fe mi obediencia a Dios, tienen que estar juntas.


La fe con obediencia es lo que mueve el corazón de Dios para bendecir. Es lo que ve Dios que nosotros hacemos para que entonces Él diga: Te voy a bendecir, te voy a cumplir mis promesas, te voy a prosperar, voy a hacer aun conforme y los deseos de tu corazón. Cuando nosotros leemos posteriormente de Génesis 12, lo que dicen los siguientes capítulos, nos vamos a dar cuenta que Lot se convirtió en un grave problema para Abraham.

 

Hubo un momento en el cual aunque el llamado era para Abraham, Abraham se detuvo y le dijo a Lot: mira, estamos siendo prosperados, no podemos continuar juntos porque vamos a chocar, va a haber conflictos, escoge tú si te vas a la derecha o a la izquierda, y yo me voy para el otro lado. O sea, en lugar de Abraham decir yo sigo por este camino que Dios me dijo, se sujeta al sobrino y le dice al sobrino: Escógele, y lo que tú me dejes eso está bien.

 

Y después leemos lo que pasó en Sodoma y Gomorra, tuvo que Abraham interceder por Lot y su familia para que no fuera destruido junto con todos los habitantes de esas ciudades. Fue un problema, fue un conflicto; ¿y cuál fue el conflicto más grave? Que esto ocasionó que la bendición, que la promesa que Dios le había dado a Abraham se retrasas 25 años. ¡Está fuerte!

 

Nosotros vemos aquí de un versículo por ejemplo de Génesis 11:31-32 y brinca a Génesis 12:1; parece como que todo está continuado, y no nos damos cuenta así de cuánto tiempo pasa para que las promesas se cumplan. ¿Por qué no se cumplen las promesas? Porque nosotros no estamos haciendo lo que debemos de hacer de acuerdo a la voluntad de Dios. Si Dios me dice que tengo que hacer algo, lo debo hacer.

 

Génesis 12:2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás  bendición. Esto se lo está diciendo Dios a Abraham, le está diciendo lo que va a ser y hacer, cuál es el propósito por el cual lo va a llevar a otro lugar. Yo te voy a bendecir, yo te haré grande, yo voy a multiplicar lo que tú eres y después, le muestra cuánta descendencia va a tener. 

 

Y además en el versículo 3 le dice: Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.  La descendencia que saliera de Abraham debía ser un pueblo que obedeciera la voluntad de Dios. Un pueblo que lejos de ser influenciado por los demás pueblos, ellos influenciaran a los pueblos que estaban a su alrededor.

 

Ese es el propósito de Dios para su pueblo, que nosotros no nos dejemos influenciar por los de afuera, que nosotros seamos los que ejerzamos influencia sobre ellos. Por eso Dios le está diciendo lo que le dice. La gente con la cual tú vas a tener contacto, es gente que tú debes influenciar, no te dejes influenciar.


Todos somos influenciables, todos, todos en un momento determinado hay quienes ejercen una influencia sobre nosotros, por lo tanto nosotros tenemos que escoger de quiénes nos vamos a dejar influenciar. O nos vamos a dejar influenciar de gente pecaminosa, de gente que no tiene temor de Dios, de gente que está en la idolatría, de gente que se dicen ateos, o agnósticos o lo que sea, o nosotros vamos a ejercer una influencia sobre ellos.


Dios por eso se estaba llevando a Abraham, por eso Dios le dijo: te voy a engrandecer, voy a hacer que tú tengas una gran familia, una familia que haga lo que yo establezco. Y de Abraham, de su descendencia nació Jesucristo, ¡gloria a Dios! Nuestro Señor Jesucristo vino a salvar a la humanidad, nos vino a salvar a ti y a mí, a todos los habitantes de este planeta, y a través de Jesucristo nosotros tener una relación constante con Dios.


Esta relación que nosotros mantengamos con Dios va a permitir que nosotros seamos bendecidos, que las palabras proféticas de promesa que Dios tiene, se cumplan en nuestra vida. Que no nos debilitemos, porque muchas ocasiones cuando no vemos que algo se cumple, pues lo más fácil es criticar a Dios, estar en contra de Dios. Ah pero si Dios es el todopoderoso, ¿por qué no hace? Es sencillo eso, culpar a Dios de que no hace algo cuando yo no estoy haciendo lo que yo debo hacer.

 

Entonces, ¿qué tengo qué hacer? Yo debo hacer lo que Dios dice la Palabra que haga. Yo tengo que obedecer a Dios. Yo hoy ya pertenezco a la familia de Dios, estas promesas que estamos leyendo, esta palabra que estamos viendo aquí en Génesis 12:3 Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.  Es algo que a nosotros nos llega, ¿por qué?

 

Gálatas 3:28-29 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

 

Qué maravilloso, ve lo que nuestro Señor Jesucristo hizo. A mí me llama mucho la atención cuando hay personas, cristianos que dicen que no podemos tomar del Antiguo Testamento las promesas de Dios, que porque éstas solamente son para los judíos. Y cuando veo citas como éstas que dice el apóstol Pablo, si eres de Cristo, eres linaje de Abraham. Y si eres linaje de Abraham, entonces eres heredero de todas las promesas que se le hicieron a Abraham.

 

Entonces, ¿somos o no somos? Sí somos, por supuesto. Y las promesas que dice la Palabra de Dios son para nosotros por Cristo Jesús. Por eso es importante que nosotros entendamos qué tenemos qué hacer para que estas promesas vengan. Abraham recibió un llamado, Dios le dijo: deja la casa de tu padre, deja a tu parentela y ve a donde yo te muestre. Salió con su papá y con su sobrino; en el camino se murió el papá pero se siguió con el sobrino.

 

Hubo un momento en el cual por las mismas circunstancias Abraham lo tuvo que soltar y decirle: Escógele, no podemos seguir los dos juntos. Pero retrasó su promesa. Y yo puedo ver que en nuestra vida hay promesas que no se han cumplido porque no estamos obedeciendo lo que Dios establece, no estamos haciendo lo que Dios dice. Decimos que sí, pero en realidad no.

 

Cuando yo leo estos versículos de Génesis 12:2 y 3, yo puedo entender que Dios nos está hablando de una manera bastante clara, y nos está diciendo, tal vez que no físicamente, nosotros dejemos a nuestro padre, pero sí que nosotros dejemos las prácticas que ellos llevan a cabo.

 

Mis padres, mi padre ya falleció, él falleció a los 91 años de edad perfectamente bien afirmado en su religión. Y cuando yo le hablaba algo de Jesucristo, algo de la Palabra de Dios siempre chocábamos. Y me decía: Es que yo hago lo que dice Dios que haga, yo no he matado a nadie, yo soy una buena persona, yo no tengo problema, o sea, y como era una buena persona, él se sabía bueno, entonces pues consideraba que no necesitaba a Jesucristo de la manera que dice la Palabra de Dios. Él creía que solamente creyendo en Jesús ya la había hecho. 

 

Él una vez al mes, el primer día de cada mes prendía una veladora en la iglesia para que durante todo ese me le fuera bien. Yo digo: qué cómodo, la verdad qué sencillo. Préndele una veladora a la Santísima Providencia, el día primero, mantente un ratito ahí en la iglesia y ya la hiciste por todo el mes. Bueno, eso no lo dice la Palabra pero así lo hacen. Y yo entendí que yo tenía que dejar las prácticas que él llevaba a cabo, al igual que mi mamá.

 

Mi madre a pesar de ver un cambio, una transformación en mi vida de todo lo que yo hacía, un cambio al otro extremo, sigue en su idolatría. Es su decisión. Oro por ella, oro por su salvación no lo dejo de hacer, pero ya no hago lo que ella hace, ya no sigo las prácticas que ella llevaba a cabo. Y es lo que yo entiendo qué es lo que tenemos qué hacer. Que si hay prácticas en la casa de nuestros padres que chocan con la Palabra de Dios, no las debemos de hacer.

 

Que dejemos a la parentela.  No es que no les vuelvas a hablar, es que no te dejes influenciar ni por la parentela, ni por los amigos ni por los conocidos. Son los más difíciles, son los que con más trabajo tenemos que luchar para que no nos jalen. Para que a pesar de lo que nos digan, a nosotros no nos afecte y nos mantengamos como nos tenemos que mantener. Nosotros hoy somos de Cristo, nosotros podemos reclamar al linaje de Abraham, que nosotros somos linaje de Abraham y por lo tanto, somos herederos de la promesa. Somos estos herederos.

 

Y como una cosa lleva a la otra, la bendición que yo reciba es algo que va a pasar a mi descendencia. Pero también tengo que mirar el ejemplo de Abraham. Génesis 12:1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

 

Tenemos que dejar lo que estaba yo comentando, y ¿cuál es la tierra que el Señor nos está mostrando? La tierra en la que espiritualmente nosotros tenemos que crecer. Ese lugar en donde nosotros tenemos que recibir del Señor para afirmarnos, para conocer de su Palabra, para crecer. Es prácticamente la iglesia donde nosotros estamos a donde el Señor nos lleva.


Cuando Él nos lleva, porque muchas ocasiones tomamos como pretexto porque algo se dio mal con algún hermano, con algún líder, con algún pastor, y entonces dicen: ah es que Dios ya me reveló que  me tengo que ir de la iglesia, ya me reveló otra iglesia a la cual tengo que ir. Yo dudo tanto eso en verdad, pero bueno.

 

Y vemos cómo hasta que obedeció Abraham separándose de su sobrino, tuvo bendición. Hay creyentes en Cristo que se quejan mucho, ¿por qué? Porque las promesas de Dios no se cumplen. Hay creyentes en Cristo que están enojados con Dios porque no ven la mano de Dios, no saben por qué, no saben qué está pasando, no saben a qué se debe.

 

Y cuando nosotros analizamos nuestra vida, nuestro entorno, nos vamos a dar cuenta de una cosa, la mayoría de nosotros los mexicanos, descendemos de padres y abuelos envueltos en tradiciones religiosas, en idolatría, en ocultismo, en cantidad de ritos que se llevan a  cabo en donde aún en muchas ocasiones a través del ocultismo hicieron pacto por nosotros, y nosotros ni siquiera sabemos que lo llevaron a cabo.

 

Desconocemos lo que familiares nuestros hicieron a nuestro nombre, no sabemos cuándo pactaron por nosotros, no tenemos conocimiento ni tuvimos consentimiento para que se llevara a cabo. Pactos ocultistas que nos afectan, pactos religiosos que nos afectan y nosotros seguimos con ellos.

 

Una ocasión predicándole a mi mamá, yo le decía que era necesario no solamente creer en Jesucristo, sino que de acuerdo a la Palabra de Dios se tenía que bautizar en agua y en espíritu. Y entonces me dijo: Es que yo ya fui bautizada. Y le dije: ¿cuándo fuiste bautizada? Cuando tenía unas semanas de nacida. ¿Y quién te bautizó? Mis padres. Ah bueno eso fue algo que pactaron tus padres, no que hiciste tú con tu voluntad; no renunciaste tú a tus pecados, no hiciste lo que dice la Biblia que tú tienes que hacer; fue algo que hicieron los demás, que hicieron tus padres.

 

Fue un pacto religioso que ellos llevaron a cabo. ¿Para qué te bautizaron? Para que si te morías no te fueras al Limbo, esa es una realidad. Y nosotros nos bautizamos como arrepentimiento de nuestros pecados, para tener una nueva vida, para recibir el Espíritu Santo, para formar parte de la familia de Dios, para ser hijos de Dios, hijos del Altísimo. ¡Gloria a Dios! Entonces hicieron pactos los padres, en algo tan sencillo establecieron un pacto religioso.

 

Y mi madre me decía: y yo no puedo renunciar a ello, es más, yo lo doy por válido. Dije: Ah bueno está bien que tú lo des por válido, nada más dime en dónde dice la Biblia que tú puedas hacer válido algo que Dios establece de otro modo. Pues no, aquí me quedo. Bueno. Dios nos dio, a veces digo que afortunadamente, y a veces digo que desgraciadamente, libre albedrío para escoger lo que queramos. ¿Eso quieres? Ok, yo sigo orando por ella por su salvación.

 

Creyentes en Cristo sin obediencia a Dios que siguen viviendo como vivían y bajo la influencia de los que están a su alrededor, sobre todo parientes y amigos. Cuántas ocasiones no te ves presionado aun por personas como los jefes en un trabajo, los mismos compañeros en el trabajo que te involucran en tradiciones, en pactos y cosas religiosas.


Vamos a partir la rosca de reyes, y se parte en la oficina, y a los que les toca el muñeco tienen que comprar tamales para el próximo dos de febrero. Y si te toca el muñeco y porque participaste y porque no tuviste de otra porque prácticamente estabas obligado por tu jefe, y los compañeros, ni modo, ese día vas a tener que hacer algo en el cual no estás de acuerdo, pero lo vas a tener que cumplir si no, vas a tener problemas con ellos. Y nos involucramos de un modo o de otro, y esto es a lo que Dios dice: ¡NO!

 

Tú tienes que revisar tu vida, tú tienes que ver cómo estás haciendo las cosas; porque tal vez no llegan las promesas de Dios, las promesa que Dios te ha dado o las promesas que la misma Biblia establece porque seguimos atados a las prácticas de nuestros padres, porque no les podemos decir que no a algo, o a nuestros parientes. Que los parientes y a lo que se refiere cuando dice la Palabra; parentela, parientes, no es la familia, tengámoslo claro. Tíos, primos, sobrinos esos son familiares. Mis hermanos con los que vivo si vivo con ellos es familia.

 

¿Quién es mi familia hoy día? Mi esposa y mis hijos. Los demás ya son familiares, ya son parentela. Y lo confundimos: ah, es que la familia me exige, ¡cuidado, igual es la parentela! La que Dios dice que no te dejes influenciar por ellos, ¡aguas! Porque son los que impiden que nosotros obedezcamos la voluntad de Dios, para llevar la fiesta en paz. Pues no creo, pero con tal de no tener problemas, está bien yo llevo el pavo. Bueno, así no hay problemas.

 

Oye es que tráete a tus niños, trae a mis sobrinitos, se la van a pasar bien, vamos a romper dos piñatas. Sí, tú nada más tráete 20 bolsitas de dulces. Y como ya dijiste que sí, vas a tener que llevar las 20 bolsitas de dulces, o lo que te pidan, o el chicharrón en salsa verde, qué sé yo. Pero vas a tener que llevar algo, y si es la fiesta mundana ya no te piden el pomo o el vino, ése ya se lo encargan a otro que es igual de mundano, y tú ya la libraste, pero bueno, así es.

 

Cuando nosotros obedecemos a Dios, traemos la bendición, traemos las promesas a nuestra vida, viene sobre nosotros lo que Él prometió, lo que Él dijo. En Isaías 58, vamos a leer varios versículos. Aquí el contexto es lo que Dios está hablando en relación al ayuno, porque ya habían caído ellos en una práctica tradicionalista, religiosa de llevar a cabo el ayuno.

 

Y Dios entonces habla con el pueblo y les dice que están equivocados en el ayuno, en la forma que lo están haciendo; no es el ayuno lo que ellos hacen. Y les dice Dios: El ayuno es otra cosa, y les dice en dos versículos ¿cómo tienen que ayunar, qué deben hacer?

 

Isaías 58:6-7 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?

 

Dice el Señor. Este es el ayuno que yo quiero, esto es lo que tú tienes que hacer. Porque queremos bendición en nuestra vida y hacemos lo contrario de lo que dice aquí la Palabra en estos dos versículos. Qué fáciles somos de mantener enojos y problemas con los demás. Ah es que me cae gordo. Bueno, eso no le afecta a la otra persona, te afecta a ti. Debemos cuidar nuestro corazón, debemos cuidar cómo nos encontramos, cómo estamos.

 

Porque la Palabra lo establece, si yo no hago lo que debo hacer, las promesas de Dios no van a venir. Bueno es que yo así soy de enojón. Pues cambia, no sigas así de enojón porque vas a tener problemas. Y no problemas con una persona, vas a tener problemas con Dios, por lo tanto, tú debes cambiar. Y entonces después de hacer estos dos versículos de qué tenemos qué hacer, el Señor nos habla de cuáles son las promesas de bendición si nosotros hacemos lo que Él establece.


Si nosotros cumplimos con esto que dice la Palabra, el resultado va a ser el siguiente:

 

Isaías 58:8-12  Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. 9Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; 10y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. 11Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. 12Y los tuyos (tu familia, tu descendencia) edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.

 

Ve toda la bendición que Dios va a traer cuando nosotros hacemos su voluntad, cuando nosotros somos obedientes a Él viene toda esta bendición. Nosotros siempre tenemos que hacer algo para que venga la bendición. Dios es misericordioso, Dios es amoroso, Dios está en medio nuestro y está con poder, y Dios está abriéndonos los caminos de una manera constante; pero hay cosas que Él no puede hacer por nuestra falta de obediencia.

 

Y nosotros necesitamos ser obedientes, hacer lo que Él establece, para que entonces la bendición no tenga obstáculo, para que fluya. Cuando nosotros nos vemos y nos analizamos y no somos sinceros con nosotros mismos, consideramos que estamos muy bien. Ah pues yo estoy muy bien, hay hermanitos que están peor. Pues sí, pero el caso no es estar peor o no; el caso es que yo no puedo tomar a ninguno de los hermanos como un parámetro para ver cómo estoy yo.

 

Tengo que tomar la Palabra de Dios, tengo que tomar a Jesucristo como ese parámetro, y tengo que ver lo que dice. Pues la verdad sí me va bien, tengo mi chamba, tengo mis ingresos, las cosas van caminando bien, van normal, entonces pues ahí la llevo. Pues la puedes llevar mejor, te puede ir mucho mejor, ¿qué tenemos que hacer? Obedecer, no obedecer a medias.

 

Abraham obedeció a medias. Sal de la casa de tu padre y de tu parentela. Ah, dejo a toda mi parentela pero me llevo a mi sobrino. Deja a tu parentela. Es que pobrecito, su papá, mi hermano se murió muy joven, no tiene una figura paterna, yo soy. Obedece. Cuando Lot le dijo voy contigo. O por iniciativa propia o porque Abraham le dijo, o porque Taré lo invitó, Abraham debió haber dicho: No, no, no. Cuando ya habla en Génesis 12:1, Dios a Abraham le debió haber dicho: pues sobrino te quedas aquí en Harán, yo me voy, y me voy con mi esposa que es mi familia a donde Dios me lleve.

 

Tenemos que mirar bien nuestro corazón, tenemos que mirar cuáles son nuestras actitudes, no engañarnos, no justificarnos. Porque nos podemos justificar de una manera muy sencilla. Ah es que yo le contesté feo a Rolando pues porque él me vio feo. Yo le contesto feo pues porque él es bien mala onda conmigo; eso es lo de menos.

 

Sí pero dice la Palabra que yo debo de mostrar el fruto del Espíritu, yo. Si él lo muestra o no lo muestra, ése es su problema. Mi problema es hacer la voluntad de Dios, no hay de otra. Tu problema es hacer la voluntad de Dios. Qué fácil fue para Adán, Adán, ¿por qué pecaste, por qué comiste del fruto prohibido? Ah Señor, porque esta mujer que tú me diste, que tú hiciste para mí como ayuda idónea, ¡no es cierto, ella falló, ella me llevó al pecado!

 

Qué fácil es echarles la pelota a los demás, es lo más sencillo. Podemos justificarnos de una manera muy fácil, y siempre lo podremos hacer, y siempre vamos a encontrar la forma de hacerlo, siempre. Eva, ¿por qué comiste del fruto prohibido? Ah Dios, ¿cómo que por qué? Pues porque la serpiente que tú pusiste en el huerto me dio, ella me habló, me habló bonito y me convenció. No podemos estarnos justificando.

 

El pueblo de Israel por su desobediencia a Dios, siempre tuvo problemas. Tuvo problemas de rebeldía, tuvo problemas de idolatría, no recibía las bendiciones que Dios tenía para ellos por sus actitudes. La desobediencia del pueblo a pesar de que los profetas fueron y les hablaron una y otra, y otra y otra vez, y como no obedecieron estuvieron en cautiverio setenta años, setenta años de cautiverio. ¿Cómo es posible? Y siempre era lo mismo, siempre era repetitivo, era reiterativo.


Dios los perdonaba y otra vez. Y venía el profeta y les hablaban, y como no les gustaba lo que decían, entonces: es que este profeta no es de Dios. A ver Jeremías métanlo a la cárcel, métanlo al cepo, y péguenle, y háganle. ¿Ya vas a cambiar tu profecía Jeremías? No, esto es de Dios y Dios me ha dicho que los va a castigar. Ah que siga aquí, no le den de comer ahora. En lugar de hacer la voluntad de Dios, culpaban al profeta de que les estaba mintiendo, de que era una profecía de corazón, una profecía falsa.  Qué fácil, qué fácil.

 

Qué varón Nehemías, qué bárbaro.

 

Nehemías 1:1-11 Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, 2que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. 3Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

 

4Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. 5Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; 6esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.

 

7En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. 8Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; 9pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.

 

10Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. 11Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.

 

Qué tremenda oración de Nehemías, Nehemías confiesa delante de Dios no solo sus pecados, sino los pecados de todo el pueblo. Igual que lo hizo Esdras, Esdras un hombre santo, un hombre que caminó en santidad, un sacerdote de Dios, él dice también hemos pecado; aunque él no había pecado. Y se pone a interceder por el pueblo para que Dios lo saque de la cautividad en la cual llevaban setenta años. Y la ciudad estaba toda destruida, el templo de Jerusalén está destruido, las puertas del muro estaban quebradas, quemadas, el muro estaba derribado, y ellos eran esclavos en Babilonia. Qué situación.

 

Y le dice Nehemías a Dios: Señor yo necesito de tu bendición, por eso vengo y confieso todo esto e intercedo por mis hermanos, intercedo por todo el pueblo que está en cautiverio y te pido que me des gracia delante del rey para que escuche mi ruego, para que libere a tu pueblo, para que tu pueblo tenga libertad, para que tus promesas se puedan cumplir en tu pueblo.

 

Nehemías 2:1-5 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, 2me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.

 

3Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? 4Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, 5y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.

 

Y el rey Artajerjes le da a Nehemías lo que había pedido, y va y empieza a trabajar en la restauración de la ciudad, del templo, del muro y sobre todo vino la libertad para el pueblo de Israel. Las palabras que Dios habló a Abraham, son palabras que se cumplen en nuestra vida. Porque nosotros como lo vimos, como lo dice el libro de Gálatas, somos linaje de Abraham, ¿por qué? Porque nosotros somos de Cristo Jesús, así de sencillo.

 

Todas las promesas que Dios habla, se deben cumplir en nuestra vida, pero para que se cumplan nosotros tenemos que hacer lo que dice la Biblia, lo que dice nuestro Señor Jesucristo, lo que dice su Palabra. No podemos dejar de obedecer. Que si nos cuesta trabajo, haz esfuerzos; es preferible esforzarte y hacer lo que debes hacer, obedecer a Dios que estar en una situación en la cual aún hasta molesto y enojado estés con Dios porque no recibes las bendiciones de Dios.

 

La Palabra es clara, Dios quiere nuestra obediencia, nuestra obediencia completa no a medias. A medias no funciona nada, todo funciona cuando hacemos las cosas bien y completas, no hay otra. Tenemos, de acuerdo a lo que estamos viendo, que para que las bendiciones de Dios vengan sobre nuestras vidas, que para que sus promesas de bendición se cumplan en nosotros hay algo que debemos hacer para que no haya obstáculos:

 

Primero: Ten fe,  créele a Dios, no dudes. Que no venga el enemigo a hablarte de una manera contraria a lo que Dios te está diciendo, créele a Dios.

 

Segundo: Obedécele. Haz lo que Dios dice que tienes que hacer.

 

Tercero: Rompe con toda idolatría, con toda tradición, con toda herencia de maldición recibida de nuestros antepasados. Ve la idolatría que hay, hoy aun la idolatría ha cambiado un poco, se ha actualizado ya está en los celulares, en los juegos, cantidad de cosas que no nos damos cuenta. Revisa a qué tienes idolatría.

 

Cuarto: Mantén relación con el Señor. Es decir, tiempos de oración. Necesitas tiempos de comunión con Dios, estar en una estrecha relación con Él. No dejes de orar, es importante que lo hagas todos los días.

 

Quinto: Ora por la familia de la fe. Ora por la unidad como dice la Palabra en el libro a los Efesios, como dice el Nuevo Testamento, como dice Colosenses; necesitamos estar en unidad porque la unidad es lo que nos da la fuerza, es lo que va a impedir que el enemigo traspase nuestras vidas.

 

Sexto: Apártate de las personas que te inducen al pecado.  Aunque sean tus parientes, aunque sean tus amigos, aunque sea gente que quieres mucho desde hace muchos años. Apártate de las influencias que van en contra de lo que Dios establece en su Palabra, y entonces las promesas de Dios vendrán.


Abraham se aventó 25 años para recibir la promesa de su hijo, 25 años. ¿Cuántos años estamos nosotros dispuestos a esperar que la promesa llegue? No creo que muchos.

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Cristo Jesús, nombre que es sobre todo nombre; en esta hora levanto delante de tu presencia este remanente dándote gracias por la vida de cada uno de mis hermanos. Señor yo sé que tú tienes promesas que aun tú deseas cumplir en nuestra vida, que tú deseas que se manifiesten en nosotros.

 

Yo te pido Padre que cada uno de nosotros tengamos la capacidad  para ver las cosas como tú las estableces, y hacer las cosas como tú dices; para que no haya obstáculos para recibir tu promesas. Y que Señor, las ventanas de los cielos sean abiertas, y las bendiciones lleguen a cada uno de mis hermanos.


Gracias te doy Señor por tu Palabra, por tu amor, por tus promesas cumplidas, te alabamos y te bendecimos en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.