INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

VENIR A MÍ

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

Mateo 11:28-30 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

 

Hace un momento el Señor hablaba en la profecía precisamente sobre este pasaje de la Biblia, y una vez más nos decía que todos aquellos que estén cansados y agobiados vengamos a Él, y Él nos hará descansar. Yo creo que el ser humano es fácil que con el tiempo, con las circunstancias, con las situaciones se vaya deteriorando.

 

Que muchas ocasiones la situación se vuelve tan especial, tan rutinaria, tan fuera de algo especial que cada mañana al despertar encontramos que la vida sigue igual. Volteamos a nuestro alrededor vemos las noticias y nos damos cuenta que sigue la misma corrupción, hay la misma pobreza, el mismo yugo de las deudas, muchas ocasiones traemos las mismas tristezas, las mismas enfermedades, los mismos problemas, las mismas situaciones, las mismas circunstancias, etc., etc., etc. Y todo esto sabemos que nos va desgastando.

 

Cuántas ocasiones no volteamos nuestros ojos al Señor y le decimos que ya esto se termine, que ya esto se acabe. Y luego pareciera que hay momentos que lejos de que las cosas se arreglaran, siguen peor o al menos se mantienen igual. Y he escuchado a muchos hermanos que dicen: bueno, la verdad es que estoy cansado. Estoy cansado de vivir esto y esto, estoy harto de lo mismo y no veo respuestas, soluciones, no veo absolutamente nada.

 

Vivimos tiempos difíciles, muy difíciles; todo lo que hay nos mueve a que nosotros nos sintamos precisamente como dice el Señor: trabajados y cansados. Que nos sintamos bastante cargados con todo lo que vamos llevando. Hay momentos en los cuales sentimos que no podemos más, que quisiéramos decir: ¡ya, hasta aquí! Otras ocasiones le decimos al Señor: Señor, ¿ya? No puedo más, esto lo pongo en tus manos, tú resuélvelo, yo ya no puedo, me declaro incompetente ante esta situación.

 

Y cada uno de nosotros vive situaciones diferentes, vive circunstancias distintas que nos ponen precisamente en esta condición de trabajados y cansados. Hay momentos en los cuales quisiéramos levantarnos y que todo fuera diferente, que hubiera diferencias, y no las vemos, y entramos en una rutina desgastante. Y más en esta ciudad en donde para ir a un lugar luego tienen que pasar en el transporte horas para que lleguemos. Y llegamos hartos.

 

Transportarnos de un lugar a otro, nos lleva una hora, dos horas, tres hora; en espacios donde en términos normales se hacen veinte o quince minutos; hacemos hasta casi dos horas. Y todo esto nos va desgastando y aquí seguimos como diciendo: Pues ni modo, no hay de otra.

 

Y miro a la Palabra y puedo advertir que nuestro Señor Jesucristo nos dice exactamente lo mismo. Lo mismo que dijo hace dos mil años es lo que viene a decirnos: Venid a mí. Y yo por esta palabra yo puedo advertir que si nosotros estamos viviendo en la misma condición, en las mismas situaciones, con las mismas enfermedades, con los mismos problemas; no es por culpa de Jesús nuestro Señor, es porque nosotros no hacemos lo que debemos hacer. No estamos haciendo lo que él dice para que las cosas sean diferentes.

 

En la antigüedad nosotros podemos advertir que Dios habló a través de los profetas; 800 años antes de Cristo, nuestro Señor estaba anunciando que vendría el Mesías, que habría bendición, que traería bendición no solamente a su pueblo sino a la humanidad.

 

Isaías 53:4-5 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

 

Yo puedo ver como esta palabra era una profecía, una promesa de bendición muy grande. Cómo Dios le está diciendo a un pueblo lo que iba a vivir años después, qué es lo que podía hacer, lo que iba a recibir ante lo que estaba viviendo, ante su situación personal, ante sus conflictos, ante todo lo que tenía, venía algo que iba a cambiar las cosas. A pesar que era algo que iba a suceder, como es una profecía de parte de Dios, algo que se iba a cumplir y todo lo que el Señor declara ¡ya es! Aunque todavía no se vea, ya está hecho.


Está dando el profeta esta palabra en tiempo pasado; es curioso, el Señor es algo que va a ocurrir después, pero como Él lo declara, y como Él lo anuncia, y como Él lo va a hacer ya es como si fuera hecho. Por eso dice: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades. Y cuando analizamos las Escrituras nosotros nos damos cuenta que entonces ¿por qué estamos enfermos si Jesucristo ya llevó nuestras enfermedades?

 

Jesucristo dice la Palabra: sufrió nuestros dolores. Todo dolor que nosotros tenemos, físico, espiritual, emocional, el dolor que sea, un dolor del alma, dice la Escritura que Jesucristo sufrió por esos dolores. Es decir, que hoy día nosotros no tenemos porqué sufrir de dolores, no tenemos porqué tener enfermedades, Jesús ya las llevó, ya pagó por ellas, ¡qué maravilloso es nuestro Señor!

 

Él ya hizo una parte muy importante por cada uno de nosotros. Pero sin embargo, nosotros seguimos viviendo las mismas situaciones, seguimos viviendo las mismas circunstancias, ¿por qué? Ahorita vamos a ver cuál es la razón.

 

Lo que el Señor estaba profetizando que iba a hacer y que ya era un hecho, y que ya había pasado, era que: toda enfermedad, todo dolor, toda angustia, toda depresión, toda fatiga, todo absolutamente todo que nos pudiera afligir, que nos hubiera afligido, que nos iba a afligir, Jesús ya lo llevó en la cruz del calvario, ya lo llevó. El profeta Isaías habla de los tiempos de bendición del Señor.

 

Isaías 55:1 A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.

 

Qué palabra tan fuerte y tan hermosa de parte de Dios. Si yo estoy sediento de cualquier situación yo puedo venir al Señor, venir a Él y de las aguas que Él tiene yo tomar y saciar toda necesidad que tenga, la que sea. Es que no tenemos dinero, estamos viviendo en un país que está en crisis constante, por una razón o por otra, siempre está en crisis, y las crisis se acentúan y cada sexenio el pueblo piensa lo mismo: ojalá y ahora sí funcione el nuevo Gobierno. 

 

Y empieza a pasar el tiempo y otra vez volvemos a lo mismo y vemos que las cosas no funcionaron como nosotros hubiéramos querido. Nosotros Juan Pueblo, no vemos que algo realmente funcione. Y nos damos cuenta que ahora las cosas cuestan más, que ahora no nos alcanza para suplir todas nuestras prioridades, no tenemos dinero suficiente para nuestro gasto, y andamos prácticamente tronándonos los dedos.

 

Pero la Palabra dice algo diferente: los que no tienen dinero, vengan, compren y coman. Es decir, el Señor me está diciendo: ¿no tienes dinero? No te preocupes, eso para mí no es problema, yo te voy a dar lo que tú necesites. ¿Qué te hace falta? Ven y cómpralo. Ven conmigo dice el Señor, vas a tener para comprar y para comer. Puedes venir y comprar sin dinero y sin precio, y vas a comprar alimento, lo que tú necesites.

 

No importa la situación que estemos viviendo, las circunstancias, no importa la economía, no importa si hay corrupción o no hay corrupción, o lo que sea, no importa absolutamente nada. Lo que te aflige si son los recursos económicos, lo que te angustia, todo tiene una solución dice el Señor. Y hay una solución y lo había dicho dos capítulos antes, una solución en el Mesías en el Cristo que habría de venir y que ya era, y que ya nos bendijo.

 

Y entonces años después de estas profecías nace el Mesías Jesucristo, y nosotros vemos en la Palabra que las promesas de bendición, precisamente Jesucristo las repite y dice: aquí estoy. Y como fue profetizado así está ocurriendo. Aquí estoy para bendecir. Jesucristo sabía perfectamente bien cuál era el propósito de Dios para su vida.

 

Mateo 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

 

Es decir, lo que se profetizó en Isaías, aquí estoy yo para cumplirlo. Los sedientos, trabajados, cansados, cargados, enfermos, desesperados, depresivos, fatigados, los que se sientan desfallecer, quienes no tengan fuerzas, aun quienes sientan que se están muriendo física, espiritual o anímicamente, dice el Señor: Aquí estoy, y aquí estoy para bendecirles.

 

Casi, casi me imagino que Óscar Athié se inspiró ahí cuando cantó la canción que dice: flaco, cansado, ojeroso y sin ilusiones. Si así te sientes o si así estás, ¡ven al Señor! No hay problema Él te va a bendecir, él te va a levantar. Vengamos al Señor Jesucristo que dice él mismo que él nos dará descanso.

 

Yo creo que todos tenemos diferentes problemas, yo creo que todos estamos pasando por diferentes situaciones que nos afligen, que nos quitan incluso nuestra tranquilidad, que nos roban nuestra paz, que nos preocupan. O tal vez tenemos enfermedades, crisis, qué sé yo, todos tenemos algo. Y nosotros a nuestras necesidades, no importan cuáles sean, queremos una solución, una respuesta pronta, oportuna, milagrosa.

 

Muchas ocasiones nosotros en nuestros problemas se los pasamos a los demás para que oren por ellos. Esto no es malo, esto es bueno; que varios nos unamos en oración y oremos por situaciones bien específicas, ¡está bien! Lo que no está bien es que yo le diga a alguien que ore y yo me desentienda de mi oración, yo no hago ningún esfuerzo por estar en comunión con Dios para que me bendiga, ¡eso es lo que está mal!

 

La bendición y promesa de nuestro Señor Jesucristo es que dice: si estamos trabajados y cansados, él nos dará descanso. ¿Cómo puede ser esto posible? Pero nosotros queremos que esto ocurra milagrosamente. Señor, me siento cansado, me siento harto, me siento trabajado, me siento enfermo, me siento en crisis, no tengo dinero, ¡soluciónalo! Y las cosas siguen exactamente igual, no sucede nada milagroso para que yo me levante y las situaciones sean diferentes, no pasó absolutamente nada.

 

Y nos damos cuenta que seguimos con los mismos problemas, las mismas angustias, los mismos conflictos, las mismas crisis económicas, seguimos exactamente igual. Porque nosotros estamos perdiendo de vista algo que dice la Palabra, algo que dijo Jesús: Venid a mí. Esta es la condición: Venid a mí. Para que nuestro Señor Jesucristo nos pueda hacer descansar necesito venir a él. Y venir a Jesús no significa venir y hacer una larga lista de peticiones de lo que yo requiero para que él lo supla. ¡No se trata de eso!

 

Cuando Jesucristo dice: Venid a mí, no es ven y quéjate conmigo de la tremenda situación que estás viviendo, para que yo te comprenda y yo te entienda. ¡No, a eso no se refiere! Cuando Jesucristo dice: Venid a mí, está hablando de una relación estrecha, está hablando de comunión íntima, está hablando de que nosotros estemos con él y abramos nuestro corazón para expresarle lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos, lo que hay en nosotros; para escuchar lo que él piensa, lo que él dice y lo que él quiere que yo haga.

 

No es venir con una cartita de: éstas son mis peticiones, tómalas y arréglalas. Como se hacen los contratos colectivos de trabajo, o en las revisiones contractuales o incluso, en la idolatría el 24 de diciembre con la cartita para Santa Claus, o el 5 de enero la cartita para los Reyes Magos. ¿Qué quieres? Y el niño: ah yo quiero esto, esto y esto; y hacen la cartita. Y muchas ocasiones el papá empieza a ver la cartita del niño, lo que quiere; y rápidamente empieza a interceder por Santa Claus y los Reyes Magos: ¡No, no, espérate no seas abusivo, bájale! Hay muchos niños en todo el mundo, hay demasiados, entonces no pidas tanto, pide dos cosas.

 

Y entonces el niño: ah es que yo quiero equis muñeco que estaba anunciado en la televisión, y un cochecito tal que está anunciado. Y en la mañana se levanta el niño todo emocionado para ver los dos juguetes que le dijeron sus papás que podía pedir, y se encuentra con el cochecito de madera y con un muñequito que compraron en el mercado; y el niño se decepciona. ¡Yo no pedí esto, yo quería tal cosa, yo quería lo otro! Y empieza a vivir en crisis.

 

Y muchas ocasiones nosotros actuamos del mismo modo, venimos con Dios y le decimos. Necesito esto, y esto y esto; y quiero que cambies esto, y esto y esto, y mis hijos esto, y  esto y esto. Y hacemos unas largas listas, ¿y después? Pues se la repetimos al Señor, y cada vez que podamos se la repetimos y no hay problema. Pero no venimos y nos sentamos con él a platicar con él, a tener comunión, a tener una relación estrecha. No venimos y nos sentamos a sus pies en una actitud de humildad a platicar con él.

 

Y además dice nuestro Señor Jesucristo que para poder tener descanso es necesario que aprendamos dos cosas: Mansedumbre y humildad.  Dijo nuestro Señor Jesús en Mateo 11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde. Es decir, yo tengo que aprender a ser manso y humilde porque lo más probable aunque yo lo crea, no lo soy. Y si voy a venir a tener una relación con el Señor, aun buscando que mi condición cambie, yo tengo que venir en esta actitud.

 

Jesucristo es una persona que se manifiesta manso y humilde, así lo hace. Es necesario que nosotros dejemos a un lado toda soberbia, todo orgullo para poder venir delante de él, y reconocer no solamente que necesitamos de él; reconocer que hay cosas que nosotros estamos haciendo mal, y que nosotros hemos provocado o que estamos provocando lo que estamos viviendo.

 

No nos fijamos luego lo que hacemos, por ejemplo con las enfermedades, hacemos cosas que afectan nuestra salud, y a la hora que tenemos la enfermedad entonces estamos llorándole al Señor por la condición en la que nos encontramos. Hoy mi esposa no vino, ayer pasó una noche pésima con problemas estomacales. ¿Por qué? Por una razón, porque no comió lo que debía de comer y exageró, y le hizo daño, se enfermó. Ella se trajo esa consecuencia, ella se trajo la enfermedad.

 

Todavía ayer hubo un momento en el cual ya casi en la nochecita me dijo: oye ¿cómo ves me podré tomar una media taza de café? Sabe que no debe tomar café, que le afecta al estómago, y le dije: Mira, pues tú sabes que te hace daño pero si te la quieres tomar pues allá tú, es tu problema, tú sabes. No verdad, no tiene caso. Pero ya había comido cosas que le causaron un conflicto, porque comió de más, le hizo daño. Claro se trajo una consecuencia y ahora tiene que afrontar esa consecuencia.

 

Y así somos en muchas cosas y tenemos que venir delante del Señor y reconocer que nosotros estamos muchas de las veces haciendo las cosas equivocadamente, no las estamos haciendo correctamente; necesito la humildad para ello y necesito la mansedumbre para dejarme guiar por el Señor conforme y su propósito. ¿Qué tengo qué hacer? Dejarte guiar y hacer lo que dice la Palabra que hagas. Tengo que reconocer su voluntad y hacer de acuerdo a esa voluntad santa y perfecta para mi vida.

 

Lo que Él dice luego no lo queremos hacer, nos cuesta trabajo, no queremos. Y el Señor te dice: Humilde y manso. Humilde para reconocer que lo que estás haciendo mal. Manso para dejarte guiar y hacer lo que debes hacer. Porque entonces, dice Mateo 11, hallarás descanso a tu vida.  Pero queremos venir delante del Señor, seguir haciendo exactamente lo que hacíamos, pero queremos que nuestra condición, nuestra situación cambie. ¡No es posible!

 

Tenemos que entender lo que dice el Señor y tenemos que buscar comunión con el Señor Jesús y ser humildes y mansos para que las cosas cambien; si  no van a seguir mal, vamos a seguir mal y las cosas se van a empeorar, y vamos a tener más conflictos, y va a llegar el momento en que nos sintamos peor. Y donde volteemos a ver las promesas de la Palabra y veamos que en nuestra vida no se cumplen y no entendamos por qué.  Y es claro cómo está marcado, como está profetizado y cómo sucedió.


Vamos a hablar de dos personas que estaban cerca de Jesús, Marta y María, muy conocidas.

 

Lucas 10:38-42  Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39Ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

 

Marta prepara una reunión con cena incluida. Maravilloso, su hermana María hay un punto en el cual le deja de ayudar para escuchar a Jesús, sencillo. Sucede en las casas, vamos a recibir a alguien y hay que trabajarle y hay que hacer. Y están en un principio, en el mejor de los casos, todos apoyando, pero de repente alguien se desafana y ya no ayuda y ya no hace nada, y ya le deja las cosas a los demás.

 

En este caso María, cuando llega Jesús y empieza a hablar y a enseñar, María se aparta y deja a Marta solita; no le interesa lo que está haciendo Marta, no le importa, deja de ayudarla porque tiene una prioridad en ese momento. Ambas, Marta y María quieren agradar a su Señor, ambas quieren hacer las cosas bien para agradarle a él, pero cada una lo busca hacer a su manera, una manera diferente.

 

Por lo tanto, Marta y María representan dos tipos de creyentes. Marta, preocupada por el servicio, que esté todo en su lugar, perfectamente bien en orden, que todo funcione correctamente, que todas las cosas estén donde deben estar para que todo salga como ella lo tiene pensado, bien. Afanada dice la Escritura, en las tareas materiales, y se olvida del Maestro, se olvida de su Señor.

 

Pero hay algo importante, que es necesaria esa parte en cada uno de nosotros para servir en la Iglesia, para servir a nuestros semejantes, para servir en cualquier lugar. Esa parte que tenía Marta que era dispuesta, activa, trabajadora pero que, no se debe olvidar de la relación, de la comunión con el Señor.

 

María, dice la Escritura que estaba sentada a los pies de Jesús. Y representa a aquellos creyentes que quieren estar en las áreas espirituales, que desean escuchar a Dios. Que quieren conocer más de la Palabra para entenderlo en su mente, ponerlo en su corazón, actuar y poner por obra todo lo que el Señor dice, todo lo que la Palabra dice. Para crecer no solamente en el área espiritual, sino crecer como personas.

 

Pero también hay algo importante, no deben olvidarse del servicio en la obra. Porque es importante, no podemos desligarlo, no podemos decir: Ah, es que yo soy muy espiritual y no trabajo en las áreas materiales. O, es que pues sí, yo me afano porque las cosas estén en orden y me preocupo por las cosas materiales y me olvido de las cosas espirituales. Y muchas ocasiones nos vamos a los extremos.


Estar a los pies de Jesús es tener tiempos de comunión con Jesús, y hay tiempo para hacerlo. Hay un tiempo en cual nosotros necesitamos venir con el Señor y estar en una relación estrecha con él. Debemos dedicar en nuestros tiempos todos los días, un tiempo para poderlo hacer. Un tiempo en el cual como dijo nuestro Señor Jesucristo, apártate a un lugar íntimo, tu habitación, y ahí ora, clama al Señor. Ten ese tiempo de comunión con el Señor, con Dios, ¡no lo hagas a un lado! Necesitas fortalecer esa parte espiritual.

 

Tienes que hacer lo que hizo María, venir al Señor, sentarte a sus pies y estar ahí. Lo tenemos que hacer sin dejar de hacer lo que debemos hacer, la obra, el trabajo, las áreas materiales. Tenemos que poner atención en las dos partes, pero cada una en los tiempos que deben ser. En los tiempos de oración yo no puedo dedicarme a atender áreas materiales, ni cuando estoy en las áreas materiales debo desatenderlas para dedicarme a las áreas espirituales.

 

En Eclesiastéslo dice, todo tiene su tiempo. Todo tiene un tiempo, todo entra en un orden, hay un tiempo para comer, hay un tiempo para no comer, hay un tiempo para trabajar, hay un tiempo para descansar, hay un tiempo para todo, tenemos que ser sabios y entrar en esos tiempos. ¿Cuál es mi tiempo para estar en comunión con Dios? ¿Cuál es el tiempo que yo debo ocupar o que yo tengo o donde debo hacer un tiempo para estar en una perfecta relación con Él? No para venir con una larga lista de peticiones, sino para platicar con Él, para estar en comunión con Él.

 

Y ese es un tiempo especial que yo debo buscar en donde nada me distraiga, en donde aún, aunque me cueste el mayor esfuerzo en la vida, ¡apagar mi celular! Porque luego no podemos y luego estamos en la comida y es un tiempo para comer y se está con el celular, contestando mensajes, viendo lo que llegó en el Face, viendo lo que está en instagram, y nos vamos olvidando de las comidas. Y comemos y no le hacemos caso a ninguno de los que están a la mesa.

 

Hay tiempo para todo y tenemos que entrar en los tiempos. María entró en un tiempo que desde el punto de vista de Marta estaba fuera de tiempo. Y viceversa, yo creo que María cuando Marta le dijo: Ven, ayúdame. María le ha de haber dicho: no, yo ya te ayudé, ahora es mi tiempo de estar con el Señor, yo ahorita no voy a hacer nada, ni voy a servir ni nada; voy a oír al Señor. Y se sentó a sus pies y le escuchó. Hay un tiempo para todo, así lo tenemos que hacer.

 

Y hay muchos ejemplos en la Biblia, hay ejemplos en el Evangelio. Dice el Evangelio de Lucas, que el Señor Jesús y sus discípulos fueron a una tierra muy especial, a la tierra de los gadarenos. Ya con el puro nombre de los gadarenos sabemos qué pasó, sabemos quién estaba ahí esperándole. Y dice la Escritura que cuando estaban ahí les salió un hombre, un hombre que estaba endemoniado, terriblemente endemoniado desde hacía mucho tiempo.

 

Todo mundo lo conocía a este pobre hombre, un hombre que estaba desnudo y que no vivía en una casa, sino que vivía en los sepulcros, ahí estaba. Este hombre tenía, de acuerdo a la Escritura, tenía no un demonio, tenía toda una legión, muchos demonios y desde hacía ya mucho tiempo. La gente lo ataba, ahora sí porque era como dicen: un endemoniado de atar; lo ataban con cadenas, pero hacía algo, se desataba, se zafaba y ahí andaba haciendo barbaridades y comportándose como solamente el demonios sabe.

 

Y dice aun la Escritura que, los demonios que tenía este hombre lo llevaban al desierto. ¡Pobre hombre! Cuando llega nuestro Señor Jesucristo y el aparece este tipo todo endemoniado, el Señor Jesús lo ve y el pregunta ¿cuál es tu nombre? Y le contesta: Legión, ¿por qué? Porque había muchísimos demonios dentro de él. Entonces sigue la historia y hay un momento en el cual nuestro Señor Jesucristo libera a este hombre, echa fuera todos los demonios que este hombre traía. ¿Y qué hace este hombre cuando es liberado?

 

Lucas 8:35 Y salieron a ver lo que había sucedido. Imagínate, toda la población ahí conocía al endemoniado gadareno, todos sabían lo que hacía, el tiempo que llevaba en las condiciones en las que estaba, sabían perfectamente bien. Y de repente, ya no sucede esto, se corre la voz de que ya no está endemoniado, que Jesucristo lo liberó. Y dice entonces que salen a ver lo que había sucedido, y continúa el versículo diciendo: Y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo.

 

¡Qué fuerte! Qué maravilla este hombre, después de vivir en la condición en la que se encontraba recibe liberación de parte del Señor, él lo reconoce, él es humilde para reconocer su condición y entonces, viene a Jesús para ser enseñado, para ser ministrado. Él lo que quiere es estar en esa comunión con el Señor, y por eso dice la Palabra que lo encuentran sentado a los pies de Jesús.  No estaba sentado a un lado o más para allá, un poquito más lejos para que nadie lo notara. ¡NO! Vino y se sentó a los pies de Jesús.

 

Sentarte a los pies de una persona significa señal de humildad, estás siendo humilde, estás reconociendo que esa persona es mayor y te sientas a sus pies. Este hombre reconoce la condición en la que estaba y la condición en la que ahora está, y busca mantenerse en el lugar donde debe de estar.

 

Que ese es uno de los grandes problemas del cristiano, viene al Señor, empieza a conocer de Dios, pero no se aparta de lo que antes era, sigue con las mismas amistades, sigue con las mismas personas, sigue haciendo exactamente lo mismo. No viene o no venimos a los pies del Señor a sentarnos a él y recibir de lo que él tiene para nosotros. Este hombre busca mantener esa relación estrecha, esa comunión íntima con Jesús.

 

Estuvo endemoniado, muy endemoniado, cuando Jesús lo libera su condición cambia completamente; ya no era aquel hombre que tenían que atar con cadenas y con grillos, ya era un hombre diferente. Como dice la Palabra todas las cosas viejas pasaron, todas estaban siendo hechas nuevas. Nuevas porque también él quería cosas nuevas, y por eso viene a Jesús a escucharlo para aprender. Era un hombre ya sano, en pleno juicio y con un comportamiento correcto.

 

Y aquel hombre que andaba desnudo porque el demonio así lo tenía, ahora es un hombre, dice la Escritura, que estaba vestido, que estaba bien. Era alguien que sus acciones ya eran diferentes a las de antes, era un hombre que ahora su pensamiento estaba en Jesucristo, y quería aprender más del Señor, alguien que quiso estar en comunión, en relación con Jesús, con su Libertador, con su Sanador, ahí está.

 

Y muchas ocasiones aunque nosotros vemos los milagros de Dios en nuestra vida, aunque vemos lo que Dios ha hecho y sigue haciendo en nuestra vida y aun queremos que haga, no hacemos nosotros lo que debemos hacer. No mantenemos relación, no mantenemos comunión con el Señor, no venimos y nos sentamos a sus pies, no somos humildes a sus palabras, porque el Señor nos dice: Haz esto, y no lo hacemos. No somos mansos para dejarnos guiar por Él, seguimos haciendo lo que queremos hacer, ¿por qué? Porque así soy, porque no cambio, así soy, y seguimos igual.

 

Y me maravilla este versículo que termina diciendo que la población tuvo miedo. O sea, como que ya se habían acostumbrado al endemoniado ¿no? Y aunque el endemoniado les causaba por supuesto miedo, y lo tenían que atar para que no fuera agresivo, ya que lo ven sentadito, tranquilo, vestido, recibiendo las enseñanzas del Maestro, entonces a la gente le da miedo, éste ya no es lo que era, hay que apartarse de él.

 

Yo no sé si mucha gente te dejó de hablar porque te hiciste cristiano, si se dio la vuelta y ahora no quieren saber nada, ni se te acercan, y si tú te vas a acercar para saludarlos, hasta se voltean y se van, no los vayas a contagiar. Así nos pasa.

 

En el Evangelio de Juan dice que el Señor Jesús estaba en la casa de Lázaro, aquel que dice la Palabra que había resucitado. Con Lázaro vivían sus dos hermanas, Marta y María. Jesús era amigo de ellos, y cuando estaba en Betania los iba a visitar, era muy su amigo.

 

Y más o menos concretando la historia que hace un  momento leímos, pero viendo otro ángulo, dice que le prepararon una cena a Jesús, Marta servía y dice la Biblia que Lázaro era uno de los que estaba pero sentado a la mesa, estaba en un lugar cómodo, agradable. Imagina la escena: un comedor, el Señor Jesús sentado en una de las sillas ahí, y en las otras otros discípulos, otras personas, entre ellos estaba sentado Lázaro; y creo que es una escena maravillosa, recibiendo ahí.

 

Juan 12:3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 

 

Dice la Biblia que este perfume tenía un costo de 300 denarios. Un denario era el equivalente al salario de un día de un trabajador. Es decir que, este perfume tenía un costo de 300 días de trabajo de una persona, casi un año. Si nosotros consideramos el salario mínimo, en 90 pesos hoy día, resulta que este perfume costaba 27 mil pesos. Un perfume demasiado caro, excesivamente caro para una persona que gana el salario mínimo, ¿cómo le podría hacer? Muchos problemas.

 

Pero, esta actitud de María ocasionó que uno de los presentes, Judas Iscariote protestara, se queja y dice que ese perfume se debió haber vendido para que el producto de la venta se les regalara el dinero a los pobres. ¡Qué curioso! Qué generoso, qué dadivoso. No desperdicies algo en Jesucristo, no desperdicies tu dinero en Jesús mejor dáselo a los pobres, hay muchos pobres en el mundo, hay muchos pobres a nuestro alrededor. ¡Qué fácil!

 

Para empezar era el perfume de María, podía hacer con su perfume lo que ella quisiera, y si ese perfume ella que lo tenía para una ocasión especial, lo quiso utilizar en ese momento para lavar los pies del Maestro, ¿cuál era el problema? ¿Qué le había costado a Judas como para andar opinando qué tenía que hacer con el perfume?

 

Pero así es la gente, tú te pones a trabajar para el Señor, vienes y tienes comunión con Dios y entonces hay quienes están a tu alrededor que te van a criticar, que te van a decir que estás mal, que no lo hagas, que por qué lo haces. Hay quienes se quejan de que por qué das ofrenda, por qué das diezmo a la Iglesia. ¿Por qué lo haces? Dios no necesita el dinero. Pues no, el dinero es de Dios y todo le pertenece a Dios, y el planeta es de Dios y todo lo que en él hay, ¡es de Dios! Como para qué va a necesitar mi diezmo, la cantidad que sea.

 

Y entonces hay gente que dice: ¡no des! Y gente que busca iglesias en donde no se diezma ni se ofrenda, en donde cada quien da lo que quiera dar; andan limosneando, se quedaron con la conciencia de la iglesia idólatra de dar limosna. Y andan limosneando, bueno pues que lo hagan, cada quien es libre de hacer lo que quiera hacer.

 

Aquí yo veo como María está a los pies de Jesús disfrutando un momento. Ella no estaba a la mesa, ella no se enojó porque no había un lugar para ella. Ella buscó finalmente el mejor lugar, estar a los pies del Maestro y escuchar todo lo que él hablaba, o lo que él ministraba o lo que él enseñaba; ahí estaba ella recibiéndolo. Estaba feliz, estaba contenta.

 

Yo no sé si tú serías capaz de 300 días de tu trabajo de venir y decirle al Señor: Señor aquí está 300 días de trabajo. Claro de inmediato vamos a pensar: no puedo, tengo que comer, tengo gastos, tengo que dar esto, tengo que suplir lo otro; no lo vamos a hacer. No critiquemos a quien sí lo pudo haber hecho, dejemos que lo hagan. No critiquemos a aquel que va y trabaja para el Señor, a aquel que busca estar en comunión con Dios.

 

¿Y éste qué, por qué se va de misionero? Perdón, ¿tú le estás pagando? No. Entonces ¿a ti qué? Es que ¿por qué tienen que ir a Europa? ¿A ti qué, te está costando? ¿Tú le pagas para que vaya a Puebla, a Oaxaca o a Xochimilco? No. Entonces ¿a ti qué? ¿Le estás pagando para que vaya a Europa? No. Entonces, por qué tenemos que molestarnos por lo que hacen los hermanos en Cristo. Somos como Judas luego, es que mejor… Mejor ¿qué?


El Señor Jesús dejó que María estuviera a sus pies escuchándolo, dejó que Lázaro estuviera entre todos los que estaban sentados a la mesa, entre los que ahí estaba Judas. Y dejó que Marta le sirviera la comida, ¿cuál es el problema? Pero hacemos problema aun de lo que no nos afecta, aun lo que no nos afecta nos hace daño. Ah ese hermanito no entiende, otra vez se fue de evangelista quién sabe a dónde. ¿Y? No entiendo.

 

Siempre cuando hagas algo para el Señor, desde tener comunión con Dios, desde pasar tiempos de relación estrecha con Dios en tu casa, va a haber quién te critique aun los de la misma familia. Uy quién sabe qué tanto le está diciendo, ha de estar cargadito ya lleva más de media hora con el Señor orando, con razón anda raro. ¿Cuál es tu problema? Y si alguien lo hace déjalo que diga lo que quiera, tú mantén comunión con Dios.

 

Ah, es que, ¿qué tanto hace en la iglesia el domingo? Pero no fuera en el antro porque entonces ni te quejas. Conozco papás que así son, ¿qué haces todo el día en la iglesia, qué te pasa? Oye me invitaron a un antro, ¿puedo ir? ¿Y a qué hora llegas? A las 3:00 de la mañana. Está bien puedes llegar como a las 5:00 ¡Cómo! Es cierto. Y son especiales, ¿por qué? Pues porque no conocen nada del Señor y les afecta que los demás tengan comunión con Dios.

 

Y yo imagino y yo creo firmemente que a esa gente le afecta lo que haces, cuando tienes comunión, cuando trabajas para el Señor, porque ellos no tienen la capacidad para hacerlo y se les está demostrando que si se puede y que sí hay tiempo para ello, entonces, pues les duele. Me están demostrando que sí puedo hacer lo que quiera hacer en comunión con Dios. Así somos, pero bueno.

 

María, nosotros vemos en la Escritura, entendió muy claramente que tenía que dedicarle tiempo a su relación con el Señor, lo tenía que hacer no había de otra. Que tenía que estar a los pies del Señor alabándolo. No importa que los demás no lo hagan, importa lo que tú hagas para el Señor, importa lo que tú hagas para tener comunión con Dios, eso es lo importante. Que nadie más lo hace, ese es problema de los demás no es tuyo; ni los vas a obligar a hacer algo que no quieren hacer, ni vas a dejar de hacerlo porque los demás no lo hacen.

 

Tú te tienes que mantener en tu convicción y tienes que seguir buscando esa relación, esa comunión con Jesús. El Señor por supuesto también quiere que sirvamos en su obra, también quiere que nosotros estemos en el servicio. Nosotros no podemos perder tiempos de comunión con el Señor, no podemos perder la oportunidad de trabajar para la obra, son dos cosas que tenemos que hacer.

 

No porque tengo yo mucho trabajo para la obra me voy a olvidar del Señor de la obra. El Señor de la obra siempre va a ser mi prioridad, y siempre debo de mantener comunión estrecha con Él. En segundo lugar, las áreas materiales. Tengo que trabajar para la obra, son las dos cosas que quiere Jesús. Jesús no quiere que porque yo me afano en su obra, yo olvide mi relación con él, ¡no es posible!  Yo tengo que mantener relación con él porque esa es la prioridad: relación, comunión con Jesucristo.

 

De nada sirve que trabajemos mucho para él, que todo el día trabajemos para él si no tenemos comunión con él. Hay quienes piensan que el trabajo para la obra es comunión con Jesús, ¡no lo es, son cosas diferentes! Mi comunión con él es platicar con él, estar con él, expresarle lo que pienso, lo que siento, lo que quiero, escuchar lo que él quiere para mi vida y lo que yo tengo que hacer. El trabajo para la obra es otra cosa.

 

Mateo 11:28-30 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

 

¿Quiero que mi situación cambie, quiero que lo que estoy viviendo sea diferente? Entonces tengo que hacer lo que dice el Señor, tengo que venir a Él, y tengo que hacer tiempo para estar en comunión con Él, para tener estrecha relación con Él. Y si yo lo hago, todo lo que me aflige, todo lo que me atormenta, todo lo que me preocupa, toda la crisis que tengo va a ser quitada, es una promesa de Jesús.

 

No es venir y decirle: Señor quítame el hastío. Me siento cansado porque ya llevo muchos años trabajando. ¡No, no es así! El Señor te va a quitar el cansancio conforme y tú tengas comunión, relación con Él. Entre más tiempo pase yo en comunión, en oración con el Señor, voy a ser más fortalecido, es lo que dice la Palabra.

 

Bendito Dios y Padre Eterno, en el nombre que es sobre todo nombre, en el nombre de Cristo Jesús levanto delante de tu presencia a este remanente dándote gracias por la vida de cada uno de ellos. Que entendamos plenamente que venir contigo es tener comunión, tener relación, que venir a ti es dedicarte un tiempo específico para expresar lo que pienso, lo que siento, lo que quiero, para decidirte todo aquello que hay en mi corazón; pero también para escuchar lo que tú quieres de mí, lo que tú piensas, lo que tú deseas.

 

Y Señor siendo humildes y mansos dice tu Palabra que vamos a recibir descanso. Ese descanso que tanta falta nos hace, ese descanso que requerimos, que necesitamos, porque de un modo o de otro estamos cansados. Por una razón o por otra, por una circunstancia o por otra, pero Señor, sabemos que tu Palabra es fiel y verdadera y que se cumple como está escrita.

 

Que lo podamos entender, y que podamos buscar un tiempo en nuestra vida diaria un tiempo para estar en esa relación contigo, para que podamos tener esos tiempos de comunión y aun Señor, cuando sea necesario tener esos tiempos para servir, para trabajar en lo que tú estableces. Y Padre, te doy gracias por la vida de cada uno de mis hermanos, llénalos de tu gloria, de tu paz, de tu amor y de tu revelación, y en Cristo Jesús a ti sea la honra por la eternidad, amén.


Dios los bendiga.