INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

LA FE TRAE LAS PROMESAS

 

José Antonio Cano Mirazo

 

 

 

Romanos 4:13-16 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. 14Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. 15Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. 16Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.

 

Hace una semana veíamos también en relación a la fe de Abraham, veíamos cómo esa fe permitió que todas las promesas que Dios le había hecho a Abraham se cumplieran. También en el mismo contexto que habla el apóstol Pablo en relación a Abraham de cómo se cumplieron esas promesas, y veíamos siete puntos importantes; nosotros podemos advertir el día de hoy cómo el apóstol Pablo habla de dos aspectos que son trascendentes: 1.- La ley y 2.- La fe.

 

Normalmente luego tenemos confusiones en cuanto a la ley, en cuanto a la gracia, en cuanto a la fe. Muchas ocasiones no alcanzamos a entender plenamente cómo es posible que unas choquen con las otras, o luego también cómo nosotros nos tenemos que recargar en una para que se cumpla la otra o viceversa, o qué es lo que está pasando. Tenemos luego problemas en este sentido.


Pero la Palabra de Dios nos va guiando y nos establece algo que es bastante claro: El cumplimiento de las promesas de Dios, todas esas promesas que Dios le hizo a Abraham, dice la Palabra que se cumplieron por la fe que tuvo Abraham. No porque estuviera establecido en la Ley, son dos cosas diferentes. Aun, ni siquiera estaba la ley en la época de Abraham, todavía no se escribía.

 

Debemos dejar algo bien claro hoy que nosotros conocemos y tenemos lo que es la Biblia y conocemos lo que es la Ley, lo que dicen los Mandamientos del Señor, lo que dice su Palabra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, para que nosotros seamos bendecidos.

 

Debemos establecer el hecho de que existe una Ley que Dios dio para que el pueblo la cumpliera. Pero, el cumplimiento de la ley trae consecuencias positivas a la vida de toda persona que la cumple. Una persona que es obediente para con lo que Dios establece, va a tener consecuencias de bendición de acuerdo a lo que dice la Palabra.


Es muy sencillo esto, esto es como cuando nosotros como padres les decimos a nuestros hijos que deben tener un determinado comportamiento para que tengan determinadas consecuencias. Por ejemplo, yo le puedo decir a mi hijo que estudie que saque buenas calificaciones, porque esto además le va a traer a él un beneficio de mi parte, le voy a da yo algo, una recompensa.

 

Pero también tenemos la otra parte en la que nosotros pues prácticamente les decimos a nuestros hijos: Si no haces esto como yo lo establezco; porque nosotros los padres dictamos nuestras normas en nuestra casa, si no haces las cosas como yo lo digo, entonces vas a tener estas consecuencias negativas. No vas a salir, no vas a tener recursos, vas a tener esto y esto, cada quien sabe cómo reprende a sus hijos.

 

Entonces la ley, las normas son precisamente para que las cosas funcionen como nosotros queremos que funcionen. Yo no le puedo decir a mi hijo que si cumple todo lo que yo le establezco dentro de mis normas en mi casa, no va a tener recompensa, ¡por supuesto que las debe de tener!  Y la ley de Dios así lo establece, tú haces lo que Dios establece, en la forma en que Dios lo establece y va  a haber una consecuencia la cual Dios también establece, es sencillo.

 

No es por la fe, esas consecuencias son parte de lo que Dios dictó para cuando nosotros somos obedientes, que es diferente a la fe. Si nosotros hacemos lo que dice la Palabra, lo que dice la Ley, vamos a tener consecuencias positivas, consecuencias de bendición punto. Así de fácil, así de maravilloso es Dios; me porto bien con Él, hago lo que Él establece, tengo consecuencias de bendición. No lo hago, la misma Palabra me dice: si no haces lo que yo te establezco, vas a tener estas consecuencias negativas.

 

Yo ahí no necesito de la fe, la fe sale sobrando porque están establecidas las cosas de un determinado modo de parte de Dios. Si yo no hago las cosas como Dios dice en la Ley, no voy a tener bendiciones; pero tampoco puedo decirle a Dios: bendíceme aunque yo no cumpla lo que dice la Ley. Las consecuencias de la Ley son unas y tenemos que entenderla.

 

La Palabra de Dios nos establece que las promesas que Dios le hizo a Abraham no fueron el cumplimiento de ellas por la ley sino fue por la fe. Es decir, que todas las promesas que nosotros tenemos, todas las promesas que Dios nos ha hecho Dios las va a cumplir en nuestra vida por nuestra fe, no por nuestra obediencia. Si yo tengo fe en el Señor, yo creo lo que Él dice, yo hago conforme y lo que Él dice, y el Señor me dice que va a venir una bendición sobre mi vida, yo la tomo, yo le creo a Dios, yo me mantengo firme de que esa bendición va a llegar, y la bendición llega.

 

No tiene nada que ver con la Ley como dice aquí la Palabra. No importan las circunstancias, no importan mis circunstancias, las circunstancias que están a mi alrededor, mis situaciones, no importa nada; importa que Dios dijo que nos va a dar esa bendición y se cumple, y ya, es todo, no hay más. Dios es maravilloso. Y las promesas se cumplen precisamente en quienes tienen una fe firme en el que hizo las promesas.

 

Yo tengo fe en Dios que me hizo esta promesa, tengo fe de que Él va a cumplir todo lo que Él ha dicho; y lo va a cumplir. No es de otra forma, la Palabra así nos lo enseña. Y por ello dice la Escritura, dice el apóstol Pablo en este caso, que las promesas de Dios se cumplen por fe, para que sea por gracia, por la gracia de Dios, por el amor de Dios, por la misericordia de Dios a nuestra vida, por eso se van a  manifestar.

 

No se van a cumplir por tu buen comportamiento, no se van a cumplir por tus circunstancias favorables; se van a cumplir por la gracia de Dios. Dios trae esas promesas a nuestra vida porque nosotros primero creímos en esas promesas, creímos lo que Dios nos estaba diciendo, y por gracia van a llegar, lo dice la escritura. Por tu fe las promesas se cumplen en ti.


Ah es que yo he visto que un hermano sí recibe promesas, y Dios a mí me ha hecho promesas y no se cumplen, ¿por qué? Revisa tu fe, ve cómo está tu fe, cómo estás tú actuando delante de Dios en cuanto a tu fe, para que Él pueda traer esas bendiciones. O la otra también, Dios tiene tiempos para manifestar cada una de las bendiciones.

 

Dice la Palabra del Señor que nosotros tenemos todas las bendiciones en las áreas celestiales, que Dios ya nos las dio, que lo único que nosotros tenemos que hacer es traerlas de esa parte espiritual a esta parte material, a esta parte física. Tenemos que orar para que cada una de ellas se cumpla.


Dice el Libro de los Hechos, que a Pablo lo llevaban detenido a Roma, para que el César lo juzgara. Pablo pasó por una serie de situaciones muy complicadas. Y ya casi al final del Libro de los Hechos cuando sucede esto.

 

Hechos 27:9-11 Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, 10diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas. 11 Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía.

 

Pablo les estaba haciendo ver los inconvenientes de seguir este viaje. Pablo no era un experto navegante, Pablo no tenía ningún barco, no era capitán, no era marinero; Pablo de acuerdo a la Palabra de Dios hacía tiendas, él estaba muy firme en la tierra, no sabía nada de navegación. Sin embargo Pablo está haciendo y está diciendo esto por una razón, porque su comunión con Dios le permitía tener revelación de parte de Dios de lo que estaba sucediendo.


Cuando nosotros vemos que hay problemas, aun cuando vemos que el tiempo no es agradable, nosotros oramos y ponemos las cosas en las manos de Dios, y hablamos con Dios y le expresamos a Dios lo que pensamos, lo que sentimos, lo que creemos, lo que esperamos, lo que deseamos, nuestras inquietudes, nuestros problemas, lo ponemos delante de Él; y Dios siempre tiene una respuesta.

 

Muchas ocasiones nosotros no tenemos la capacidad de escuchar esas respuestas, pero Dios nos da respuestas. Y aquí yo puedo advertir cómo Pablo recibe revelación de parte de Dios, recibe una palabra en donde le dice que va a haber problemas con el tiempo, que las cosas se van a poner más difíciles, y aún le dice Pablo a los del barco: va a haber perjuicio, va a haber problemas, va a haber muchísima pérdida, el cargamento que llevamos va a sufrir pérdida. Y es más, les dice: no solamente el cargamento que llevamos sino también va a haber pérdidas humanas; necesitamos detenernos.

 

Y no es porque Pablo no quisiera llegar a Roma donde lo llevaban, eso no le preocupaba a Pablo. A Pablo le preocupaba la vida de la gente que estaba arriba de esa nave, es lo que le interesaba. Entonces, él no quería retrasar algo para salir él beneficiado; él quería retrasar algo para que la gente no tuviera pérdida, para que no hubiera pérdidas humanas, y aún el cargamento que llevaban no se perdiera.

 

Pero resulta que el centurión que era del ejército romano, él tuvo su propia interpretación y no le creyó a Pablo y dijo: yo al que le creo es al capitán de este barco, yo le creo al dueño del barco, al propietario, al patrón y si él dice que seguimos, no hay problema vamos a seguir, y seguimos. Y siguen en su camino, siguen navegando y con ello siguen los problemas, el mal tiempo se agrava.

 

Hechos 27:20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.

 

Lo que Pablo le había dicho al centurión que podía ocurrir, estaba a punto de suceder. Todas las personas que estaban a bordo de esa nave, algunos que iban detenidos, otros que eran soldados, otros que eran marineros, todos estaban en peligro. El sentimiento de todos los que iban era uno muy sencillo, no tenían esperanza de salvar la vida. Es terrible la tempestad en el mar, no tienes ni para dónde hacerte.


Y continúa diciendo al Escritura en el Versículo 21  Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida.

 

Casi, casi el apóstol Pablo les está diciendo: “Te lo dije”. Les comenté: no tenemos que zarpar, va a haber problemas, se los advertí, nos teníamos que detener. Hay perjuicio, hay problemas, va a haber pérdidas. La gente estaba ayunando, y entonces el apóstol Pablo ahí hablando delante de todos, el punto no era precisamente recriminarles que no le habían hecho caso, eso ya había quedado atrás, lo importante era algo más. 

 

Versículo 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.

 

Qué maravilloso es Dios. La situación está crítica pero hay alguien que está intercediendo, alguien que está orando por toda la tripulación creyente o no creyente, eso no importa. Dios manifiesta bendición donde hay un creyente que ora y que mantiene comunión con Dios, ahí hay bendición. Y entonces Pablo en su oración había clamado al Señor por esta situación, y Dios le había revelado y prácticamente era una promesa esta revelación que Dios había hecho: No va a haber pérdidas humanas, no las habrá; solamente de la nave, lo material. Las 276 personas que viajan en esta nave van a vivir. Los exhorto por lo tanto, dijo Pablo, a que su ánimo sea bueno.

 

Hay una promesa de Dios, y una promesa que se va a cumplir ¿por qué? Porque Pablo tenía la fe suficiente para saber que la promesa de Dios se cumple, que la Palabra de Dios se cumple, que se iba a cumplir y que no iba a haber muertes. Entonces les dice: tengan buen ánimo. Qué difícil es tener buen ánimo cuando las cosas están tan negativas, cuando tenemos problemas, cuando no sabemos ni siquiera qué hacer, ¿cómo voy a mantener buen ánimo?

 

Cuando las cosas están difíciles y vienen y me dicen: pues ten buen ánimo. Me dan ganas de decirles: ¿qué no te estás dando cuenta cuál es mi condición? ¿Qué no estás viendo todos los problemas que tenemos? ¡Y todavía me pides que tenga buen ánimo, que sonría! Pues sí. Claro. ¿Por qué? Porque existen promesas de Dios de que todo esto es pasajero, que todo esto va a pasar, que esto es momentáneo, que las cosas van a ser diferentes, ¡cree eso! No creas en las circunstancias que en este momento estás viviendo.

 

Qué difícil convencer a 275 personas que están viendo una crisis, que están a punto de morir, y decirles. Come, aliméntate, ten buen ánimo, échale ganas. Qué difícil. Pero Pablo lo está diciendo por una razón, no es solamente por la cuestión de animarlos, de impulsarlos a que estuvieran bien, sino porque había una palabra de Dios de bendición. Porque Dios le había dicho: Nadie va a morir.

 

Esta palabra la toma Pablo, la expresa e impulsa a toda esa congregación, por llamarle de este modo. ¡Vamos, Dios es fiel, Dios cumple, Dios se va a manifestar y no va a permitir que ninguno de nosotros se muera! ¿Por qué? Porque Él ya lo dijo. No es porque ustedes valgan la pena; muchos iban presos, iban los soldados romanos que no eran cristianos. No era porque fueran creyentes, porque creyeran en Cristo, porque adoraran a Cristo. ¡No!

 

Era por lo que leímos en el libro a los Romanos, era Por la gracia de Dios. Por su gracia, por la fe en Pablo Dios se mueve, Dios actúa. Y continúa diciendo en el Versículo 23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo. Dios me lo ha dicho, me ha revelado, tengo comunión con Él, he estado platicando con Él y me dice que no se preocupen, que van a vivir.

 

Y el Señor nos dice: no se preocupen los problemas que ustedes tienen, van a salir de todos ellos, de cada uno de ellos, se van a levantar porque Dios está con ustedes. Esa es una palabra, es una promesa que Dios nos ha dado, y tenemos que tomarla. Y yo la creo, y creo lo que Dios me ha dicho, yo creo lo que Dios nos ha revelado y yo sé que esta crisis es pasajera. Lo que no es pasajero es Dios y su bendición; Él aquí está y está con nosotros. Y lo que tú estás viviendo va a pasar, van a cambiar tus circunstancias.

 

Claro, quisiéramos que cambiaran en un instante, quisiéramos despertar y que ya nuestras circunstancias fueran otras; quisiéramos que todas las cosas estuvieran arregladas. Pero no, hay tiempos para que las cosas se cumplan, se corrijan, entren en donde tienen que entrar.

 

El apóstol Pablo le está diciendo a  toda la gente: el Ángel de Jehová a quien yo sirvo me ha hablado y me hizo esta promesa, y yo al creo y ustedes van a vivir. Tengan buen ánimo, coman, háganlo. Todos nosotros sabemos lo difícil que es tener un buen ánimo, creer que Dios nos va a bendecir cuando todas las cosas están difíciles.   

 

Versículo 24 Diciendo (lo que le dijo el Señor): Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César.  Es decir, es importante que tú vayas delante de César y que tú le des testimonio a él de que Cristo Jesús vive, y de que Cristo Jesús es el Salvador, que él es Señor. Es importante, tienes que llegar hasta allá y te voy a llevar hasta allá. Pero Pablo, mi misericordia le dijo el Señor, va más allá; No solamente vas a llegar tú.

 

Y continúa diciendo: y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Insisto, el lugar en donde tú estés es bendecido aunque los demás no sean creyentes, ¿por qué? Por ti. Si tú estás firme en el Señor, si tú le estás creyendo al Señor, el Señor te va a bendecir a ti y a los que están a tu alrededor, así es Dios.  Dios para bendecirte a ti no necesita cambiarte de lugar, no tiene que hacerlo.


Si todos los que están a tu alrededor son impíos, son pecadores, no son creyentes, son de lo peor; eso no importa, a Dios no le interesa, Dios te bendice a ti y los bendice a ellos, y a ellos los bendice por ti, por tu fe, por tu fidelidad, los va a bendecir así. Aquí así se lo dijo el Ángel, esto va a suceder no te preocupes.


Ve nada más qué situación tan delicada de muerte estaban viviendo todas estas personas. Pero reciben una palabra, una promesa de Dios  través de Pablo; Pablo vivirá y junto con él todos los de esta nave. Me gusta cuando le dice: se te ha concedido. Porque yo puedo advertir aquí también la relación de Pablo con Dios, la intercesión de Pablo; Pablo no era egoísta, no estaba pensando por él: ay Señor mira mi condición, pobrecito de mí estoy en este barco, estoy a punto de naufragar, las cosas se han agravado, ¡sálvame!


Dios lo pudo haber salvado a él, de algún modo lo pudo haber rescatado a él y que todos los demás se murieran. Pero Pablo conociendo a Dios intercede por ellos, toca su corazón, y Dios le dice: te lo concedo. Cuando ores, ora por los que están a tu alrededor, ora aún por los hermanos que están a tu alrededor, por los hermanos en Cristo.


Tú no sabes en términos normales quiénes tienen problemas, ni qué tipo de problemas tengan. Ponlos delante del Señor, pídele a Dios bendición por ellos. Normalmente vemos que alguien no está, que ya faltó a algunas reuniones y entonces nos preocupamos y empezamos a preguntar, ¿y por qué ya no viene? ¿Y por qué fulano o mengano ya no vino, y qué está pasando, y qué hay? Y empezamos una situación difícil. Mira, cuando veas que alguien no está, ora por ese hermano, ora por esa hermana para que Dios lo bendiga, no sabes por qué no está viniendo, ¡ora!

 

No se trata tampoco de chismear y de ver por qué no vinieron. Oye hermanita y ¿por qué no viniste, por qué no has ido? Ora por él, ponlo en las manos de Dios así como lo hizo el apóstol Pablo, intercede por ellos. Los pongo en tus manos Señor para que tú los bendigas, yo no sé por qué no viene, pero yo los pongo delante de ti pidiéndote que tú los bendigas. Y Dios te va a conceder tus peticiones.

 

Y continúa diciendo: Versículo 25  Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. Es decir, la promesa que Dios a mí me ha hecho, se va a cumplir porque yo tengo fe, porque yo conozco a Dios y porque yo sé que lo va  a hacer. Ustedes tal vez no les ha de haber dicho, pero eso no importa, eso es lo de menos. Dios a mí me lo concedió y yo me mantengo firme en el Señor sabiendo que esto se va a cumplir.

 

Tenía Pablo la promesa de Dios y sabe por su fe que nadie morirá. Que todos los que iban en ese barco iban a vivir, que Dios iba a preservar su vida. Yo sé que en este barco estamos todos nosotros, vamos a salir de los problemas, así, ¿por qué? Porque Dios lo ha dicho, Dios nos lo ha revelado, Dios me lo ha dicho y oro para que esto pase, y tengo la fe que esto va a suceder.  Y si estamos en este barco, no nos va a pasar nada.


Como cuando despertaron a Jesús, cuando dice la Escritura que había una tempestad muy fuerte, y él estaba durmiendo sobre un cabezal. Me imagino ese barco moviéndose terriblemente, y él de una manera bastante plácida durmiendo, descansando. Yo no sé si en alguna ocasión que tú has estado en el mar te ha tocado algo de mal tiempo, ¡es terrible, es de lo más terrible que te puedas imaginar porque no tienes qué hacer, a dónde ir, no tienes absolutamente nada, estás a expensas del clima, del tiempo!

 

Y sabes que esa frágil nave en la que estás, se puede romper en cualquier momento, se puede hundir y ahí terminan tus días. Pero cuando tienes una palabra de Dios, y dice: todos, todos se van a salvar. La nave no, no me interesa la nave, que la nave se pierda, que se pierda el cargamento, son cosas materiales. Le dijo el Señor a Pablo: a mí me interesa la gente, y la gente va a vivir. Y la promesa que yo te estoy haciendo se va a cumplir. Y Pablo le dijo: Sí, yo lo creo, yo confío en ti Señor, mi confianza está en ti y sé que tus promesas se cumplen.

 

Y sigue el relato aquí en este libro de los Hechos 27; y todo lo que tienen que vivir durante 24 días. Estar en un naufragio debe ser terrible, pero todo lo previo y todo lo que sucede, 24 días dice la Escritura, les han de haber parecido una eternidad. Un tiempo como leímos en done no vieron ni el sol ni las estrellas. Un tiempo en donde no lo vieron venir, para nada.

 

Y muchas ocasiones así estamos nosotros con nuestros conflictos, y tenemos una promesa y no llega la promesa; pero sabemos que el que prometió es Fiel y Verdadero, y sabemos que tenemos que esperar, y sabemos que tenemos que sostenernos, no tenemos que claudicar. En el momento en que claudiquemos las cosas no van a funcionar, van a estar mal, no va a salir bien.


Viene el naufragio, se da este naufragio y dice en el Versículo 42  Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando.  Ahí están en medio de una tempestad, llevan 24 días en una situación difícil, y los soldados dicen: mátenlos para que no huyan, qué tal si saben nadar, son muy buenos nadando y se escapan. Hay pensamientos especiales, pensamientos que luego no son muy congruentes con las realidades.

 

Versículo 43  Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo. Fíjate cómo el Señor pone en el centurión algo especial para con Pablo, es decir, Pablo halla gracia delante del centurión. ¿Qué le importaba al centurión Pablo? Nada, como ninguno de los otros presos, no le interesaban. Pero el centurión no quiso que mataran a los presos porque entonces hubieran tenido que matar a Pablo.

 

Si se hubiera opuesto de una manera directa el centurión para que no tocaran a Pablo, entonces le hubieran dicho: bueno, ¿y de qué privilegios éste goza? ¿Por qué éste sí quieres que viva? Entonces para que no hubiera problema, Dios toca el corazón del centurión para que haga esto y que no maten a ninguno de los presos para salvar a Pablo, y de esta manera Dios lo utiliza para preservar la vida de todos los presos, y para que se cumpla la promesa de Dios de que nadie moriría.

 

Dios hace cosas muy extrañas, muy especiales que no nos imaginamos luego ni a quién va a utilizar para traernos bendición. Y dice: Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra;  44y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave.

 

Es decir, busquen por su vida, no importa, váyanse a la orilla, los que sepan nadar naden, los que no, agárrense de tablas, de algo y sálvense, vayan para allá.  Y continúa diciendo el Versículo 44  Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.  ¡Wow! La fe de Pablo, esa fe hace que Dios cumpla una promesa, que una bendición llegue, ¿por qué? Porque hay alguien que lo creyó, alguien que dijo: Sí, yo te creo Señor, yo creo que vas a hacer esto, y eso se hizo.

 

Así es el Señor, por eso dice la Escritura cuando estábamos leyendo en Romanos 4:13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.  Como él creyó, Dios le concedió todo lo que le había dicho. Si Abraham no hubiera creído a Dios lo que le dijo, Dios no estaba comprometido a cumplir. La fe de Abraham nos muestra cómo hace que las promesas vengan y se cumplan.


Tu fe es lo que va a hacer que lo que te ha prometido Dios, se cumpla. Que la situación difícil de crisis, de enfermedad, de lo que estés viviendo cambie, porque crees que Dios está actuando. Yo no creo que sea algo que Dios va a actuar, de acuerdo a como es Dios, yo sé que cuando venimos delante de Él y ponemos una petición, Dios en ese momento la escucha y la responde. Su tiempo de manifestación es uno.

 

Y muchas ocasiones nosotros no sabemos cuándo es ese tiempo, no tenemos idea cuándo se va a manifestar esa bendición. Pero Dios cuando la ponemos delante de Él, la responde y trae la bendición en ese momento. Es decir, que cuando tu petición y la promesa que Dios hizo, ya está cumplida, falta su manifestación física, su manifestación aquí en la tierra, pero ya se cumple. Dios es maravillosos, y nosotros necesitamos tener esa fe para que las cosas sucedan.

 

Vamos a mirar otro pasaje que me gusta mucho, un pasaje muy conocido por todos. 

 

Juan 11:1  Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. 2(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos. 3Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.

 

Lo primero que ellas hacen es al ver la situación de su hermano, mandan por Jesús. Jesús hacía milagros, hacía señales, hacía prodigios, echaba fuera demonios, sanaba enfermos, multiplicaba los panes, hacía grandes milagros delante de la gente de las diferentes ciudades. Lo conocían a Jesús, era amigo de la familia, estaba en su casa constantemente, cuando se enferma Lázaro lo ven tan grave que dicen: vayan y díganle a Jesús que su amigo; así como queriéndole hacer manita de puerco; no es cualquiera eh Jesús, es tu amigo, ese que está enfermo, entonces ven, ven a verlo.

 

Y una vez que le dicen a Jesús lo que está sucediendo, dice el Versículo 4  Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

 

Yo creo que cualquiera de nosotros interpretaría: Lázaro no se va a morir, ya lo dijo Jesucristo, Lázaro va a vivir. Es una promesa de bendición de parte de Jesús, Lázaro va a vivir. ¡Qué maravilla, no nos preocupamos entonces! Interpretamos esto y sabemos que no importa la gravedad de la enfermedad, si el Señor lo dijo, se cumple.

 

Versículo 5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.

 

Es decir, no solamente Jesús sentía amor por Lázaro sino también por María y Marta. Y el Evangelio destaca precisamente esto por razones importantes. Muchas ocasiones creemos que podemos mover la mano de Jesús para que bendiga a alguien porque lo ama, y el Señor dice: también yo amo a los demás. Y también no solamente a Lázaro lo amaba, sino también amaba a Marta y a María, o sea, no necesitaban ellas haber dicho: El que tú amas está enfermo.

 

Señor yo te lo estoy pidiendo, ven a ver a mi hermano porque está enfermo. Pues sí, a ti te amo pues vamos a ver ¿no? Cuántas ocasiones tienes que ir a un lugar para orar por una persona a quien tú no conoces, pero vas porque conoces al familiar o a la persona que está ahí. Vas por eso, no vas realmente por el enfermo.  A mí no me gusta ir a sepelios ni ir a velorios, no me gusta. Es algo que si yo pudiera, cuando me muriera yo lo evitaba, pero como no lo voy a poder evitar pues voy a tener que ir. Pero sí les puedo decir: ustedes no vayan, no tienen por qué ir, no vayan.

 

Hay cosas que no nos gustan y sin embargo tenemos que hacer, por amor no del muerto porque tal vez al muerto ni lo conocíamos, sino por la persona, por el familiar del muerto que es quien nos dice: se murió mi familiar fulano, está en tal velatorio. Y bueno pues vamos por amor a ti; y vamos.

 

Y yo aquí puedo advertir cómo el Señor hace énfasis en esto del amor para que nosotros sepamos que el Señor nos ama y que él trae bendiciones a nuestra vida porque nos ama. Y entonces dice la Escritura en el Versículo 6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.

 

Ah está enfermo, que se espere. ¿Cuál es el problema? Que se espere, él ya había cumplido diciéndole a los enviados que le dijeran que la enfermedad de Lázaro no era para muerte.  Entonces, no salió corriendo en busca de Lázaro. Y después de los dos días que pasaron, porque se quedó en ese lugar dos días más, se cumplen los dos días y entonces les dice a los discípulos:

 

Versículos 7-11  Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez. 8Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? 9Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.

 

Los discípulos interpretaron y entendieron lo que tú y yo hubiéramos entendido en este momento, Lázaro está dormido. Sí, tal vez sigue enfermo pero está descansando, está dormido; como sucede en términos generales con toda enfermedad que te tumba en la cama, te duermes, despiertas comes algo, vas al baño, te vuelves a dormir.

 

Y dice el Señor Jesús vamos, o sea, no importa que me quisieran apedrear allá en Jerusalén, vamos para Betania, tenemos que ir ahora allá, ahorita está dormido Lázaro, pero tenemos que ir a despertarlo. Qué curiosa respuesta ¿no? Está dormido pero vamos a despertarlo, que se levante, vamos a hacerle ruido. Como cuando te caen las visitas, te sientes bien mal, estás en la cama y te llegan las visitas.


Ah qué pena hermanito pero venimos a verte, esperamos que te sientas mejor. Y uno ahí todo enfermo. ¿Qué quisieras muchas ocasiones? Muchas ocasiones quisieras que no te visitaran, pero te caen, y lo peor es que muchas de las veces te empiezan a hacer la plática, la plática y la plática y ya le tienes que decir a alguien que está sano: oye, prepárales algo de comer. No, no, no, cómo crees. No, sí, sí, vamos a comer.

 

Y dicen las visitas: bueno está bien, nos quedamos a comer. La idea era venir a orar por el enfermo, venir a visitarlo y hasta te quedas a comer y a veces hasta a cenar. Así somos, nos gusta la chorcha. Y nos quedamos, somos especiales en estos casos.

 

Y aquí el Señor Jesús me agrada, les dice: vamos a despertarlo, vamos a hablar con él, vamos a levantarlo. Y dice en el Versículo 13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro. O sea, Lázaro se había muerto, ya estaba muerto. Y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.  Ellos entendieron una cosa de acuerdo a lo que les decía Jesús. Y dice el Versículo 14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto.

 

No me puedo imaginar el conflicto mental, espiritual de los discípulos. Jesús había dicho que la enfermedad de Lázaro no era de muerte. Y en este momento Jesús les está diciendo: Lázaro está muerto. A ver Señor, pero tú dijiste que no era de muerte, ¿qué pasa?

 

Cuántas ocasiones Dios nos da una palabra, nos da una promesa, la estamos esperando firmemente porque tenemos fe así como los discípulos; y de repente vemos que las cosas son diferentes. Y entonces es como si te movieran el piso y no sabes ni qué hacer. ¿Y ahora para dónde me muevo Padre? O sea, yo creí en tu Palabra, yo creí en tu promesa, yo creí lo que tú me dijiste; y ahora resulta que no es así. Imagina a los discípulos de Jesús ahí en ese momento cuando les dice con toda tranquilidad, porque así es el Señor; y se los suelta sin ningún problema, ah no entienden: Lázaro ha muerto.

 

Bueno, yo me imagino a más de uno de los discípulos haber entrado en shock. Pobrecitos, ahora ya no van a creer en ti, y empezaron de seguro a cuestionarse, ¡qué fuerte! ¿Y sabes? Muchas ocasiones oímos una parte de las promesas, oímos la parte que nos es fácil digerir, o la parte que nos es fácil entender, o nos vamos solo con una parte y olvidamos y no escuchamos lo demás.

 

Cuántas ocasiones estamos en situaciones en donde estamos esperando una promesa porque oímos una palabra, interpretamos una cosa y resulta que no llegó en ese momento. Y sucede algo aparentemente contrario a lo que Dios nos dijo, y lo revisamos y nos damos cuenta que no es nuestra interpretación. Aquí no era la interpretación de los discípulos, los discípulos oyeron que Jesús dijo: esta enfermedad no es para muerte. Es decir, en otras palabras: No se va a morir Lázaro, va a vivir, esta enfermedad no lo va a matar. Y de repente Jesús les dice: Ya se murió.

 

A ver Jesús perdón, ¿qué pasa? Cuántas ocasiones no has entrado en un conflicto espiritual y en un conflicto con Dios, porque tú entendiste las cosas de un modo y sabías que iban a ser de ese modo, y resultan de otro modo. ¿Qué pasó por la mente de los discípulos que oyeron que esa enfermedad no lo iba a matar? No es para muerte.

 

Tú vas a tener una bendición te dijo el Señor, y Dios te hace una promesa, y va a venir esto, o va a venir lo otro o te dice algo más. Entonces tú tomas una parte y te agarras de esa parte, y dices: sí, y oro Señor para que se cumpla lo que tú dijiste, y tengo la fe para que esto suceda. Imagina los enviados de Marta y María; vayan y regresen y díganle a Marta y a María, que esta enfermedad no es para muerte, es para que la gloria de Dios se manifieste, para que el Hijo del Hombre sea glorificado.


Y entonces regresan y les dicen a Marta y a María: dice Jesús que no es para muerte esta enfermedad; y no viene Jesús. Entonces ellas han de haber dicho: ah pues gracias a Dios, qué bueno, Lázaro va a vivir, ¿de qué nos preocupamos? Y de repente se muere. Imagina lo que ha de haber pensado Marta y María, de seguro Jesús lo único que quiso hacer fue consolarnos, fue que nosotros estuviéramos tranquilos pero sucedió lo inevitable, ¡ya se murió! 

 

Es que Dios me dijo que iba a pasar esto, y no sucedió, no pasó, ¿y ahora? Hay quienes por promesas no cumplidas, porque esperaban algo de parte de Dios, se enojan con Dios, dejan de asistir a la iglesia, rompen su comunión con Dios, mantienen una actitud negativa, vuelven a la vida que tenían porque algo no se cumplió. ¡Qué difícil! Porque vemos y la gente cree que por culpa de Dios las cosas no suceden.


Es que yo tenía fe para que sucedieran, y no sucedió. Yo le creí a Dios y estuve firme, y no sucedió, como en este caso. Marta, María, los discípulos y todos los demás que sabían de la enfermedad de Lázaro, y que no era para muerte por lo que había dicho el Señor; había fallecido. Y desde su punto de vista Jesucristo falló, falló, dijo algo aparentemente que no era lo que debió haber sido, falló.

 

Pero también había dicho algo más el Señor cuando dijo que no era para muerte. También les dijo que era para que Dios y Jesucrsito sean glorificados. Y se refería a algo más profundo que nadie interpretó, que nadie entendió, todos se fueron con la primera parte nada más.

 

Versículo 16 Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

 

No es para que se mueran de la tristeza con Lázaro eh, ¿a qué se refiere Tomás? Nosotros recordamos en términos generales a Tomás como el discípulo que dudaba, el discípulo que dudó, el discípulo que no creyó en la resurrección de Jesús, y que dijo: Yo voy a creer hasta que yo lo vea, hasta que  vea su costado y meta mis dedos en su costado, vea sus manos y vea el orificio en ellos, hasta entonces yo voy a creer.


Y tenemos esa imagen cada vez que oímos Tomás, y hasta el dicho: no pues yo como Santo Tomás, hasta no ver no creer. Y aquí está diciendo Tomás algo muy importante: vamos. Los discípulos antes le habían dicho a Jesús: cómo quieres ir a Jerusalén cuando ahí te quieren apedrear, cuando te quieren matar, ¡no puedes ir!  Y el primero que dice lo contrario es Tomás, ¿sabes qué? Les dijo a los discípulos: no vamos a dejar solo al Señor, al Rabí, no se va a quedar solo; vamos con él y muramos con él. SI lo van a matar a él, también que nos maten a nosotros, ¡vamos!

 

Y vemos una actitud de Tomás de valentía, de valor, de fidelidad y de amor por Jesucristo. No importa lo que te pase Jesús, vamos contigo. No fue como cuando Pedro le dijo al Señor: No voy a permitir que a ti te toquen, primero que pasen por mi cuerpo, primero que me maten a mí. Aquí estaba hablando de algo bien real, y los convence y dicen: bueno está bien, vamos, y vamos a ver qué es lo que sucede.

 

Versículos 17-21 Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. 18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; 19y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. 20Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

 

Ve la reclamación que hace Marta. Cuántas ocasiones nosotros le reclamamos al Señor de una manera muy sutil. Sabemos que es Dios y no podemos reclamarle muchas veces de una manera directa y fuerte, sino como que le disminuimos a nuestro reclamo. Y aquí le están reclamando a Jesús y le dicen: Mira, si hubieras estado, no hubiera muerto.  O sea, lo que tú nos dijiste no fue verdad. Lo que tú me mandaste decir que no era para muerte, sí fue y se murió.

 

Y la situación está mal y lleva cuatro días de muerto y está en el sepulcro muerto. Ya lo sepultamos desde hace cuatro días. Yo te lo pedí a ti: Señor, si hubieses estado aquí. Señor si tú me hubieras oído, me hubieras respondido y las cosas serían diferentes. No me respondiste a mi petición, yo creí que sí, me dijiste que sí, pero siempre no. Y muchas ocasiones tomamos el camino que decimos: de seguro no fue culpa de Dios, fue culpa mía y no sé por qué no se dio lo que Dios dijo.

 

Pero de todos modos hay una afectación en nosotros y no mantenemos esa comunión con Dios, se rompe esa comunión porque inconsciente y conscientemente aunque no lo reconozcamos, estamos culpando a Dios de que no se dieron las cosas. Así se lo dijo Marta: si tú hubieras venido cuando te dije, porque todavía estaba vivo mi hermano; no se hubiera muerto, estaría vivo. ¡Qué fuerte!

 

Versículo 22 Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.  Qué curioso, por una parte Marta le está reclamando que no estuvo ahí para que viviera, pero por otra parte le está diciendo a Jesús, que ella ahora sabe, ahora está consciente de que lo que Jesús le pida a Dios, Dios se lo va a dar. Lo que tú, Jesús le pidas a Dios, Dios te va a dar. Es decir, Jesús yo creo que tampoco le pediste a Dios que viviera mi hermano.  

 

Jesucristo nuestro Señor dice que todo lo que nosotros le pidamos al Padre en su nombre, Él nos lo va a dar. Y es lo que le dice aquí Marta: Yo sé que lo que tú Jesús le pidas a Dios, Dios te lo va a dar a ti. Lo que yo le pida por mis propios méritos no va a funcionar, pero lo que tú le pidas sí funciona y Dios te lo va a dar.

 

Versículos 23- 32 Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 25Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

 

28Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama. 29Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él. 30Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. 31Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. 32María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.

 

Si hubieras escuchado mi oración. Si hubieras hecho tú lo que tú tenías que hacer, las cosas serían diferentes; yo no estaría pasando por esta crisis, por esta enfermedad, por estos problemas.

 

Versículos 33-37 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, 34y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35Jesús lloró. 36Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. 37Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?

 

O sea, finalmente también los incrédulos opinan. Los incrédulos vienen y te dicen: pues ahí está  tú Dios, pues no ha hecho tantos milagros, si a Fulano le hizo esto y lo otro; ¿y por qué a ti no? Y vienen y te atormentan, y te hacen sentir culpable, te hacen sentir mal, te hacen sentir que tú estás pésimamente mal en comunión con Dios, y que Dios sí actúa para actuar milagros con otros pero no contigo. Qué curioso así son los incrédulos. ¿Qué pasó con tu Dios? Ese que sanó al ciego, pues ¿qué le constaba sanar a tu hermano? ¡Nada, nada!

 

Versículos 38-40 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?

 

Dios le había dicho: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y aquí le vuelve a decir: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? ¿No te he dicho que si crees y estás firme en tu fe, vas a ver la gloria de Dios y va a ocurrir lo que Dios te ha dicho que va a ocurrir? ¿No te ha dicho Jesús lo que va a pasar y ha venido a corroborar las promesas de bendición que te ha dado? ¡No te muevas, cree en Dios, créele a Dios y va a suceder y va a pasar lo que te dijo!

 

El Señor Jesús le dio una palabra a Marta y a María sobre su hermano, y el Señor se lo ratifica y le dice: ¡No creíste! Te he dicho que si crees va a suceder el milagro. ¡No le creyó, no lo creyeron! Se dejaron ir por las circunstancias. No entraron en una lucha al ver que su hermano se ponía más enfermo, de decir: El Señor me dijo que vas a vivir y en el nombre de Jesús vas a vivir.

 

Luego ante las cosas somos muy apáticos, y pensamos que Dios está cambiando de opinión. Ah de seguro Dios ya pensó mejor las cosas y ya no va a ser así, va a ser de otro modo. ¡NO! Yo sé que lo que Dios nos ha dicho y lo que Dios nos prometió que sería la iglesia hace 34 años, se va a cumplir, va a suceder. Y estoy firme sabiendo que va a pasar lo que Dios dijo que va a suceder, no hay otra. Y no me muevo y no me voy a mover hasta que se cumpla.

 

Versículos 41-44 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

 

Jesús trajo a la resurrección a Lázaro. Dios dice que todas las promesas que Él ha hecho, se van a cumplir. Todo lo que Él ha dicho, va a suceder. Créelo, no te muevas de tu fe, créelo y va a suceder. Lo vemos en la Escritura, cuando Dios dice: va a pasar. ¡Sucede, no te muevas, sigue creyendo firme en que las cosas van a ocurrir, y que Dios puede utilizar lo que sea para traer la bendición que te dijo que iba a venir, lo va a hacer, espéralo!

 

Bendito Dios y Padre eterno, en el nombre de Cristo Jesús nombre que es sobre todo nombre, en esta hora levanto a este remanente delante de tu presencia dándote gracias por la vida de cada uno de mis hermanos; dándote gracias por la vida de cada una de las familias aquí representadas. Y te pido Padre, que tú te manifieste con poder y que esta palabra permita que nos afirmemos en la fe, que tengamos una plena consciencia de que todo lo que tú has dicho, se va a cumplir, que siempre habrá el tiempo en el cual se cumpla.

 

Te damos lo honra y la gloria en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador; y pongo delante de ti la vida de mis hermanos pidiéndote que esta semana también sea una semana en donde tu gloria resplandezca en sus vidas, que tú vayas delante de ellos allanándoles el camino. Y Padre, en el Cristo Jesús a ti sea la honra y la gloria para siempre, amén.

 

Dios les bendiga.