INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

ENCUENTRO VERDADERO

 

Rolando Zúñiga

 

 

 

Lucas 19:1-5 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.

 

Es una historia que narra la Biblia, creo que casi todos conocemos cuando acá había un señor medio chaparrito, sabe que va a llegar Jesucristo a la ciudad, va y se trepa a un árbol. Zaqueo era el jefe de los publicanos, entonces me imaginó yo, no lo dice la Biblia pero yo me imagino que no era un chavo, ha de haber sido ya una persona adulta, más o menos grandecilla, pues era el jefe de los que recaudaban impuestos, no iban a poner a un chavito, ¿no?

 

Yo creo que era una persona mayor, y él se entera que viene o que va a pasar Jesucristo, y se sube al árbol sicómoro para ver a Jesús. Yo siempre que escuchaba esta palabra, decía: ah pues qué chido este árbol sicómoro. Pero nunca me di a la tarea de saber qué era el árbol sicómoro, de hecho hasta me imaginaba que era como gangoso ¿no? Sicómoro. Pero no. El árbol sicómoro es una clase de higuera, peros u fruto no tan apetecible como el higo común. De hecho este fruto del sicómoro, se lo daban a los cerdos para alimentarlos; entonces no era como un fruto muy sabroso.

 

Algo llama la atención e Jesucristo porque le habla a Zaqueo. En primera yo creo que no le fue tan fácil subir al árbol, porque si una persona digamos no muy chavo, no tan fácil te trepas a un árbol. Además de que era un árbol que a los judíos como que nos les causaba así como que era muy padre. ¿Por qué? Porque era un árbol donde se alimentaban los cerdos, y los cerdos para los judíos es algo impío.

 

Yo creo que Zaqueo cuando escucha que va a llegar Jesucristo, le da ahí como que curiosidad; él no tenía alguna necesidad. O sea, él como jefe de los publicanos lógicamente tenía dinero, no tenía necesidad económica. No dice que estaba enfermo o así, él simplemente yo puedo ver que Zaqueo tuvo curiosidad y tal vez dijo: ¿quién es este tipo que va a pasar, por qué tanto arguende? ¿Quién es este cuate que va a pasar? Y que Jesús y que esto, y que lo otro.

 

Entonces él lo quiere ver pasar, quiere ver quién es. Y esto que hace Zaqueo, a Jesucristo le impacta tanto, le llama tanto la atención lo que hace Zaqueo que le dice: oye Zaqueo, ven, bájate, ven rápido, baja. Y el Zaqueo se baja y llega con Jesús, qué onda Jesús. Y Jesús le dice: ¿Sabes qué? Pues necesito pasar la noche en tu casa. ¡Wow, qué padre! Imagínate que tú estés haciendo tus quehaceres diarios, y que de repente sabes que va a pasar Jesucristo, lo ves pasar y te asomas por ahí.

 

A Zaqueo me lo imagino chaparrito así como yo ¿no? Y no alcanza a ver, y de repente que Jesús te diga: Oye, Rolando ven. Y yo: ¿Qué onda?  Jesús: oye pues prepara tu cas aporque voy a ir a dormir ahí. ¡Wow! Qué impacto tan grande para Zaqueo que el Señor le diga: ¿sabes qué? Necesito que prepares tu casa porque voy a dormir ahí, voy a pasar la noche en tu casa. Lógicamente no faltó ahí el tipo o muchos tipos que dijeran: Ah mira a ese Jesús, no inventes, según muy santo y se va con el jefe de los publicanos, o sea, ¿qué onda? Y lo empiezan a criticar.

 

Pero a Zaqueo le da tanta alegría, que en ese preciso momento empieza a cambiar su vida. O sea, Zaqueo ni se lo esperaba, no estaba buscando así como que: ah, me levanté y como que quiero cambiar mi vida, ¿no?  ¡NO! Simplemente curiosidad, Jesús le llama y ¡pum! Cambia su vida.

 

Lucas 19:6-10 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

 

Entonces, llegan a su casa de Zaqueo, me imagino que comen, de repente Zaqueo se para; y yo veo aquí como que un arrebato de alegría, de emoción; y le dice: ¿sabes qué Jesús? Estoy tan contento contigo, que estés aquí conmigo que voy a regalar la mitad de mis bienes; ¿y sabes qué? Si he defraudado a alguien, se lo voy a dar 4 veces todo lo que le he defraudado.  Y Jesús pudo decir: ¡wow! Qué bueno.

 

Pero ¿sabes qué es lo que está haciendo Zaqueo? Zaqueo era un rufián, era el jefe de todos los rufianes, era el jefe de la mafia del poder en aquel tiempo, ¿no? Era Zaqueín, riquín, ricón, ¿no? Era el mero jefe de toda la mafia, me imagino yo que era millonario, porque aparte de recoger los impuestos para los romanos, también se clavaban la feria, o sea, también pedían más impuesto todavía y ellos se quedaban con ese dinero.

 

Por eso es que los judíos odiaban a todos los recaudadores de impuestos, porque o solamente les tenían que dar el impuesto para los romanos, sino también para el moche, para ellos; los odiaban, eran personas detestables. Hacienda es un pan de Dios a comparación de estos cuates, de estos publicanos. Entonces, imagínate a todas las personas que había defraudado este cuate, este Zaqueo. ¿A quiénes les iba a regresar cuadriplicado? A todos.


Además de la mitad de sus bienes, la mitad de su riqueza la iba a donar a los pobres, a parte iba a dar 4 veces lo que había defraudado. Este cuate se iba a quedar sin lana, sin dinero. O sea, se iba a quedar sin lana; pero no le importó, a él lo único que le importaba era que Jesucristo había llegado ese día a su vida. Y ese mismo preciso instante, lo cambió, así de plano.

 

Nosotros cuando tenemos un encuentro con Jesucristo nuestra vida cambia, tiene que cambiar como lo hizo Zaqueo. No puedes ser lo mismo, no puede ser igual tu vida cuando conoces a Jesucristo. Cuando Jesús sale al camino, es algo que impacta nuestra forma de ver las cosas, de ver la gente, de ver la vida, de ver las situaciones que pasan en la vida.  Y yo te puedo asegurar que ya nada es igual.


Zaqueo conoce a Jesús y su vida cambió, no fue solamente un impulso, un arrebato; su vida cambió. De tener la opulencia, no le importó, él se volvió pobre; a la mejor sí quedó con un dinero, con una lana, quién sabe; pero no le importó dar todo lo que tenía. ¿Por qué? Porque Jesús había dicho: Oye, dame chance de entrar a tu casa.

 

Y hay algo que yo veo aquí, Zaqueo por curiosidad va y busca a Jesucristo; pero el Señor lo llama, llama a Zaqueo para que se acerque, ¿pero qué crees? No lo llama y le dice: Oye Zaqueo, ha qué chido que te subiste ahí, vuélvete a subir, a ver. No, no lo hace así, lo llama para un propósito. Siempre que Jesucristo se muestra en tu vida tiene un propósito, no es nada más así de que hay qué chido, el Señor vino y ya. ¡NO! Siempre hay un propósito para eso. El propósito en este caso es que pueda alojar a Jesucristo en su casa, es que lo deje entrar a su casa y alojarse. Ese es un propósito que tuvo Zaqueo en ese momento.

 

Un verdadero encuentro con el Señor siempre va a cambiar tu vida. Si tu vida sigue igual que antes, si tú sigues pensando igual que antes, sintiendo lo mismo que antes, actuando igual que antes, hablando igual que antes, viviendo igual que antes, ¿sabes qué? Lo que tú necesitas es un verdadero encuentro con Jesucristo. No un encuentro solamente a medias, en donde algunas cosas cambian, algunas no y algunas o muchas hacen falta cambiar por completo, o cambias nada más a la mitad.

 

Bueno es que sí, yo soy grosero; conocía Jesús sí pero ¿sabes qué? Me encanta decir groserías, son pelados de nacimiento ¿no? ¿Sabes? Sí conocía  Jesús pero es que soy cleptómano. Sí conocí a Jesús, pero sí digo mentiras, pero ¿sabes? Son mentiras piadosas, de esas mentiras blancas. Y eso no puede ser posible cuando tú tienes un verdadero encuentro con Jesucristo, no te puede pasar esto.

 

Cuando tú tienes un encuentro con Jesucristo cambia tu forma de ver la vida, la perspectiva que tenías antes, no puedes tener el mismo corazón, el mismo pensamiento, ¡tiene que cambiar! Si no, en verdad que no lo has encontrado, de verdad. O ese encuentro o le diste la vuelta o fue un medio encuentro, nada más lo viste pasar.

 

Tal vez podamos nosotros provocar ese encuentro con Jesucristo, pero no siempre es así, no siempre nosotros provocamos un encuentro con Jesús.

 

Hechos 9:1-19 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, 2y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. 3Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

 

6Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 7Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. 8Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 9donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.

 

10Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.

 

13Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. 15El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.

 

17Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.18Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. 19Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.

 

Entonces esto es algo que también ya por lo regular sabemos, Saulo que respiraba amenazas, era bien malote con los cristianos ¿no? Y de repente él va acá cabalgando y se le aparece Jesucristo, ¡pum! Yo me imagino que se cae del caballo y empieza a gritar ¡no veo, no veo! Pero escucha una voz que le dice: Hey Saulo, ¿por qué me persigues? Y el Saulo se ha de haber quedado así: ¿qué onda, quién me habla? Es el demonio ¿no? Saulo en esta ocasión él no buscaba a Jesucristo, al contrario estaba buscando a los cristianos para castigarlos, para meterlos a la cárcel.

 

Pero, a Jesús le place pasar por ahí y decirle a Saulo, ¿sabes qué? Yo soy a quien tú estás buscando, tengo un propósito para ti. Y aquí viene de nuevo el propósito, cuando Jesús le sale al encuentro a Saulo le dice: Tengo un propósito para ti: necesito que lleves mi Palabra a los reyes, a los gentiles. Saulo se ha de haber sacado mucho de onda ¿por qué? Porque primera, él dice que se había educado ahí a los pies de Gamaliel, sumo sacerdote, un docto en la Palabra.

 

Lógicamente para él esa nueva forma de pensar de los judíos de Jesucristo y que era el Mesías, a él no le cuadraba. Y de repente llega Jesús y le dice, ¿sabes qué? Soy Yo, soy real y necesito que hagas algo. Saulo ha de haber dicho: ¿y yo por qué? Si yo te odio. ¿Yo por qué? Si yo lo que quiero es acabar con esta nueva forma de pensar. ¿Yo por qué? Si yo así estoy bien amenazando a todos los cristianos, yo soy feliz, ¿por qué me quieres cambiar?

 

Pero Jesús sale a su encuentro, tiene un propósito. Yo creo que sí fue medio fuerte el encuentro que tuvo, pero ¿sabes? Él cambió, él empezó a cambiar desde ese día, su vida ya no fue la misma desde ese encuentro, su vida cambió totalmente, su forma de pensar que la tenía bien arraigado empezó a cambiar. Empezó a cambiar su forma de ser, empezó a cambiar su vida, ¿por qué? Por el encuentro que tuvo con Jesucristo.

 

El encuentro con Jesucristo no solo es para que sientas bonito al conocer a Jesús. Ah qué bonito es, uy y levanto mis manos y empiezo a llorar. Sí está chido eso, sí es, porque el Señor viene te sana y empieza a hacer cosas en tu vida. Pero no solamente es para que sientas bonito y que lloro, y que mientras más lloro más bonito. ¡NO! A veces se llora y se siente uno bien aunque no tengas un encuentro con Jesucristo. A veces simplemente es sanar tu alma, y no precisamente tiene que haber visto Jesucristo a tu vida.

 

Entonces hay veces que nos equivocamos en eso; de hecho cuando oramos por alguien si llora es porque sí vino el Espíritu; y si se cae es porque uf, no el Espíritu está bien poderoso y se cayó. A lo mejor es porque tenía hambre y se desmayó y no sé ¿no? Y tú orando en vez de darle un taco. ¿O no Miguel? A veces lo que necesitan es comer.  Les voy a contar esto, se sube un tipo aquí a la iglesia y empieza a gritar majaderías, y empieza con sus cosas y a amenazar a todos. Entonces el tipo empieza a decir. Yo soy el diablo y eso. Y yo me acerco a él y le digo: Cálmate ¿no? Y me avienta la mano.

 

Y entonces llega un muchacho fuerte, alto, barbudo varonil de aquí de la iglesia; y lo agarró y lo baja de volada. Y el tipo este amenazando y venía como bien enojado; claro venía bien borracho y bien drogado, todo cruzado. El tipo dice el hermano este que hasta parece de los 300, dice: bueno ¿qué quieres? Pues tengo hambre. Yo voy y compro algo en la tienda y se lo doy. Pero ¿sabes? La necesidad de este tipo era comer.

 

Venía bien cruzado porque no había comido, claro también se había drogado, pero él venía dolido en su corazón ¿por qué? Pues porque nunca tiene qué comer. Y ese día tubo comida y todavía se oró por él y se fue yo creo muy tranquilo el chavo, claro se fue chillando ¿no? Pero este hermano pudo detectar la necesidad que tenía este tipo. Porque a veces pensamos ah ¿por qué será tan malo? Pues es malo porque tiene un resto de broncas, y a veces le damos la espalda en vez de ayudarlo. Yo por eso desde ese día yo me cuadro ante acá el de los 300.

 

Qué bueno que Dios luego nos revela lo que la gente necesita; y yo creo que ese tipo se fue impactado ese día. Venía aquí como a amenazar pero se fue impactado de lo que Dios hizo ese día en su vida. Pero vamos a retomar aquí el punto, Jesucristo va sanando y ministrando, y restaurando nuestro corazón y nuestra vida; pero tenemos siempre un propósito en este encuentro. ¿Cuál es ese propósito? El llevar fruto. Tenemos que llevar fruto; el fruto de nuestra vida siempre se va a ver, ese no lo podemos esconder. 

 

Es como un fruto de un árbol, el árbol no esconde su fruto, de hecho siempre el fruto cae cuando ya está bien maduro, se cae, por si no lo puedes alcanzar se cae y te lo comes, al justo tiempo que ya está, cuando está más sabroso, más rico, más jugoso, más dulce es cuando se cae el fruto. Y aunque ese fruto parezca imposible de alcanzarlo, el mismo fruto cae.  Y el fruto que damos nosotros no es para que nos lo comamos nosotros; el fruto que damos es para que la gente se beneficie, los demás a nuestro alrededor se beneficien.

 

El árbol no se come su fruto, nunca se lo come. De hecho ese fruto si no se come se pudre, sale una semilla y da otro árbol. Entonces el fruto nunca lo puedes esconder, y el fruto no es para ti ni para que lo guardes, el fruto es para que lo des a los demás, para que la gente vea que Jesucristo vino un día, tuvo un encuentro contigo, cambió tu vida y que puede cambiar la vida de los demás, para eso es ese fruto.

 

Este fruto no se esconde y es un cambio de pensamiento, sentimiento, forma de ser, forma de actuar, forma de hablar. Este cambio e s evidente, la gente a tu alrededor lo tiene que notar, ¿y sabes qué? La gente a tu alrededor también necesita este fruto. Tenemos que dar este fruto, no podemos esconder ni nos lo podemos quedar, no nos lo podemos comer. Si tú has tenido un encuentro con Jesucristo debes de dar ese fruto.

 

Porque a  veces podemos decir. Ah sí, conozco a Jesucristo, qué chido y me lo guardo. ¿Y sabes? No estás haciendo la voluntad de Dios. La voluntad de Dios es que si tú ya lo encontraste, si Jesucristo salió a tu encuentro y cambió tu vida, no nada más es para que digas. Ah Jesucristo cambió mi vida. Es para que digas. Jesús cambió mi vida pero también puede cambiar la tuya. Pero también puede cambiar tu forma de pensar.


Pero si tú eres esto, ¿sabes qué? Jesucristo vino un día a mi vida, yo también era, un día vino y me cambió así de fácil. ¿Tú has querido cambiar? Sí pero no puedo, y es que la droga o la pornografía, equis cosa, las mentiras, no he podido cambiar. Si mira, ya he rezado 20 Padres nuestros y 50 Ave Marías y no, no cambio ¿no?  Y ese no es el caso, tienes que cambiar solamente con el poder de ese encuentro que tuviste con Jesucristo, solamente así puedes cambiar, no hay de otra.

 

Y hay algo chistoso aquí, porque a veces decimos. Bueno es que yo tengo una necesidad, voy a llegar y voy a buscar a Jesucristo, y él me va a ver y uf, va a ser todo bien padre. Pero ¿qué crees? Que nosotros no escogemos el momento ni la hora, ni el lugar de ese encuentro. Jesucristo mismo es el que nos escoge a nosotros.  Todos los que estamos aquí Jesucristo llegó un día y dijo: Ah yo voy a ir sobre ese hombre, sobre esa mujer; voy a tener un encuentro con esa persona y le voy a cambiar su vida, si ella quiere, si él quiere.

 

Juan 15:16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

 

Dice Jesucristo, ¿sabes qué? Aunque tú creas que me estuviste buscando aquí y allá, y más allá. La verdad es que Yo te escogí a ti, yo puse mi mirada en ti no solamente por la necesidad que tenías, no solamente porque me estabas buscando; simplemente porque me plació ir y salir al encuentro a  tu vida.  ¿Podemos provocar ese encuentro? Sí, sí lo podemos provocar, pero no solamente es el que yo provoque ese encuentro sino que el Señor mismo también está buscando a la gente.

 

¿Para qué te busca, para qué tiene ese encuentro? Para un propósito, dice aquí para que lleves fruto, y también ice que para que todo lo que le pidas al Padre, el Padre de lo dé. Todo lo que le pidamos al Padre dice Jesucristo, que el Padre nos lo va a dar. Pues qué padre, qué chido. Si tú piensas que algún día has estado orando por algo, y el Señor no te responde, no te preocupes te va a responder siempre.


Jesús no es mentiroso, Dios no es mentiroso y si Él dice que el Padre te va a responder,  el Padre siempre te va a responder, ¿qué crees? El Padre te va a responder.  ¿Y qué crees? Es lo que Dios quiere hacer en nuestra vida, es lo que Dios quiere hacer en nuestra iglesia pero tenemos que pedirle y pedirle con fe; tenemos que llevar fruto, tenemos que provocar ese encuentro.  No porque estemos aquí significa que hayamos tenido un encuentro con Jesucristo.

 

A veces cuando se evangeliza o cuando se comparte de la Palabra, llega alguien y te dice: oye qué bonito oras. No pues sí es que mira yo voy a una iglesia cristiana y no hombre, es el poder de Dios a todo lo que da. ¿A poco sí? Y yo ¿cómo le puedo hacer? Muy fácil, vas a repetir conmigo esta oración que dice así.  ¿Y sabes? La repiten o la repetimos en su momento, y dicen una oración, está chido, no tengo nada en contra pero eso no significa que tu vida vaya a cambiar. Eso no significa que Jesucristo te haya salido al encuentro y te haya cambiado tu vida.

 

Antes íbamos a un centro de Rehabilitación, bueno hemos ido a varios, e íbamos también a algunos hospitales, yo creo que he orado con gente así como unas 100 personas. De esas 100 personas ¿cuántas creen que han llegado a esta iglesia? Ninguna, nadie. Yo no sé si esas personas cambiaron o no cambiaron su vida, simplemente a veces unos e va por la emoción, por el sentimiento de ese día. Ah si es que este brother habla bien chido, ora bien chido y yo digo sí te acepto Señor. Y saliendo de ahí va y se droga de nuevo ¿no?

 

Entonces hacer una oración por alguien, no significa que vaya a cambiar tu vida. Cambia tu vida cuando tienes un verdadero encuentro con Jesucristo, lo hayas provocado o no lo hayas provocado, cambia tu vida cuando tienes ese verdadero encuentro con Jesucristo.

 

Estamos viendo la vida de Zaqueo, estamos viendo la vida de Saulo de Tarso, cuando Jesús les salió al encuentro, cambió sus vidas radicalmente. Yo nos é si yo hubiera sido Zaqueo, le diga a Jesús: ah sí me voy a volver pobre por ti ¿no? Ha de ser muy difícil para gente que tiene mucha, mucha, mucha lana como este cuate Zaqueo, decir: voy a regalar todo, ¿sabes por qué? Porque tuve un encuentro contigo Jesús. ¡Qué difícil ha de ser eso! ¿No lo crees hermano?

 

No sé si tú lo harías, chance y yo no sé, necesitaría ser millonario, así que Señor hazme millonario y ahí me pruebas ¿no? Bueno, perdón. Vamos a ver otro encuentro que alguien tuvo con Jesucristo.

 

Mateo 28:9-10 He aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

 

Igual aquí, van estas mujeres a buscar a Jesucristo y no lo ven, y de repente Jesús les sale al encuentro y les dice: ¡he, aquí estoy! Y ellas se arrojan a sus pies y dice ¿qué? y le adoraron. Hay otro propósito aquí: la adoración a Jesucristo, la adoración a Dios. Cuando nosotros tenemos un encuentro con Dios, lo púnico que podemos es adorarle. Y no solamente es cantarle porque si fuera así, yo canto horrible, entonces dijera: éste su adoración es horrible.

 

La adoración a Jesucristo es más allá de una canción, más allá de venir aquí a la iglesia y cantar; que también es muy padre, muy bonito y todos lo tenemos que hacer, pero es más allá, la adoración con tu vida, con ese cambio radical que puedas tener. Con compartir de su Palabra, con verdaderamente entregarle tu vida. No como aquellos que se van y se encierran, se enclaustran toda su vida y según  le están adorando y flagelándose. ¡NO! No quiere Dios eso de tu vida, quiere que verdaderamente le entregues tu vida pero es a final de cuentas para nuestro bien.

 

Para que lleves también de su Palabra. Dice la Escritura: Ve y avísales que ya resucité. Y eso es lo que Jesús está esperando que tú hagas, que vayas a aquellos y les digas: Hey, Jesucristo ya resucitó, él murió por nosotros, dio su vida a cambio de la tuya. Y esa es una de las cosas que tenemos que hacer cuando tenemos un verdadero encuentro con Jesucristo.

 

¿Sabes qué? El encuentro con Jesús es un encuentro siempre directo y personal, siempre, y jamás vuelves a tener la misma vida. Siempre hay una transformación de fondo en tu vida, desde el corazón y hacia todo lo que te rodea. Y en ese encuentro hay un rescate, ¿cuál es ese rescate? Tu vida. Ese es el rescate Jesucristo cuando te encuentra, cuando sale a tu encuentro. En este encuentro hay poder, y por eso es que tu vida cambia, la vida cambia, tu forma de pensar cambia, porque hay poder en Jesús.


Jesucristo es poderoso, es Dios mismo y tiene el poder para cambiarte a ti y a cualquier persona que aunque digan: ah es que éste no cambia ni aunque yendo a bailar a Chalma. Pues a lo mejor yendo a bailar a Chalma no pero si tiene un encuentro personal, directo con Jesucristo, yo estoy seguro que esa persona cambia, no hay de otra. Desgraciadamente no todos quieren tener ese encuentro con Jesucristo; desgraciadamente a veces Jesucristo sale a tu encuentro y tú le das la vuelta a él.

 

Yo quisiera contarte un poco de mi testimonio cuando yo llegué aquí a la iglesia. Y siempre que me acuerdo me dan ganas de llorar, no sé por qué. Yo tenía ya como un mes viniendo a la iglesia, a mí me invitaron un día a una célula con una hermana, y sí sentía bonito y7 ese día me dijeron: oye ¿quieres recibir a Jesucristo? Y yo dije: sí. Yo ni sabía qué era eso, ni siquiera me explicaron qué era recibir a Jesucristo, pero pues yo dije que sí, como todos lo reciben pues yo también.

 

Y acá un hermano me dijo: repite conmigo. Sí, yo confieso, que tú, que allá, etc. La oración muy bonita que se hace. Y yo la hice, yo la repetí y al último dije amén, sí. Y al último oraron por mí y sentí ganas de llorar ese día, sí, pero como yo era bien machinrín, pues no lloré. Dije: cómo me van a ver aquí llorando éstos. No, no. y además había muchas mujeres, entones dije: no, no, y hasta me raspe los ojos.

 

Y ese día sí sentí bonito, qué padre y todo. Y mi esposa y yo dijimos: ¡qué padre, qué chido! Esta hermana cómo sabe ¿no? Y mi esposa me dijo: yo voy a venir el domingo que viene. Y yo dije. Ah pues que Dios te bendiga, yo no. Yo tenía antes un negocio de inflables y carpas y cosas así, entonces yo trabajaba los domingos, los sábados y domingos son los días más fuertes. Y yo le dije: pues si quieres para que veas que soy bien chido, te dejo ahí en la iglesia y ya después voy por ti.

 

Y así me decía. No es que tienes que entrar, se siente bien bonito ahí, la alabanza, uf. Pues a la otra semana yo vine un poco tarde pero vine, sí me tocó lo último de la alabanza  y estaban brincando como chapulines, y yo dije: pues que saquen estos para andar igual ¿no? Pues ¿qué les pasa? Y yo así de: ah, chido, bueno. Pero mi esposa me decía: Ah es que tienes que ir. Y ella siempre lloraba y yo decía: chale pobrecita de mi esposa, véngase es que sufres mucho tú.

 

Pero no es que ella ya había tenido un encuentro con Jesucristo, y yo me negué ese día de tenerlo ¿no? Hasta que paso como un mes y cacho, no recuerdo bien. El chiste es que yo estaba sentado ahí donde está Zizu, más o menos por ahí; y una semana antes había yo llegado temprano y dije: wow, pues sí es padre esto pero es que eso de saltar no se me da a mí ¿no? Y eso de que ah como que se ven muy aleluyas ¿no? ¿Qué onda con estos tipos?

 

Pues ese día me dice mi esposa: ponle atención a las canciones. Ok., y yo estaba disque cantando porque ni cantaba, y pensaba: chale ¿a qué hora se acaba? Y de repente yo recuerdo que había una profeta aquí cantando y pues no sé si en realidad me dijo a mí o no, pero yo lo sentí y a mí me llegó. Y dijo: ¿Sabes qué? Esa falsa coraza que tú tienes hoy te la derribo en el nombre de Jesús, y me empezó a decir muchas cosas así.

 

Y yo caí postrado y me puse a llorar, no sé por qué, no tengo la más remota idea por qué lo hizo Jesucristo, por qué siento así no sé. En realidad no lo sé, no sé ni siquiera porqué ese día se complació a tener ese encuentro conmigo, pero gloria a Dios. Desde ese día ¿qué crees? Mi vida cambió y el pelafustán que yo era antes, Jesucristo empezó a hacer cosas en él. Es bueno el Señor, es bien bueno y me rescató ese día, y me dio identidad y me empezó a abrazar y me dio amor y me dio muchas cosas de las cuales yo pensaba que estaba lleno.

 

Porque yo decía: no tengo necesidad, tenía mi negocio que no me iba tan mal, estaba yo casado, tenía mis hijos mi familia, y vivía bien, no me peleaba yo con mi esposa, y decía. No me hace falta nada en mi vida en realidad, ¿qué me puede hacer falta? Tengo dinero, tengo a mi familia, tengo salud, tengo mi negocio, hago lo que yo quiera, cotorreo donde yo quiera, puedo decir lo que yo quiera. Y en realidad yo pensaba que estaba bien, pero estaba bien equivocado.


Cuando Jesús llega a mi vida, tengo un encuentro frontal con él; algo pasó en mi vida no sé qué, y empecé a cambiar; y lo digo para honra y gloria de Dios. Estaría de más contarte mi vida pero fui de lo peor. Jesús ya tenía un plan para mí y un día llegó a mi encuentro y me cambió. Y no me da vergüenza llorar, me da vergüenza las cosas que hice, eso sí me da vergüenza; pero para la honra y gloria de Dios te digo que un día yo tuve un encuentro con Jesucristo, y ese encuentro tuvo poder.

 

Yo no lo busqué, yo no busqué ese encuentro pero Él lo hizo. Y bueno quedé ahí como, después de que acabó la alabanza, yo recuerdo que escuchaba yo al pastor hablando, bla, bla, bla, así como los Simpson, así como cuando Marsh le habla a Homero, bla, bla, bla, así estaba yo. Pero algo en mi vida decía: No manches, es cierto, no es falso, ¡Jesucristo sí existe! Y yo me reía de estos tipos y les decía: aleluya.

 

¿Y sabes qué? Yo le voy a entregar mi vida a Jesucristo porque él es de verdad, porque él existe. Y eso es lo que hace Dios en nuestras vidas cuando tiene un encuentro con nosotros. Y después de eso, ups, no hombre yo era el primero en decirle a mi esposa: Vámonos porque tenemos que llegar temprano a la iglesia, es bien chido estar ahí. Y saltaba y brincaba, claro estaba más chavo, ahorita ni brinco, eso hace como unos 10 kilos ¿no?

 

Y no hombre, yo sentía puf, y a todo al que yo veía le decía: ¿qué crees? ¡Que Jesucristo sí existe! Y mis cuates me decía: Tú estás loco, ya te lavaron el cerebro, ya te hicieron el coco wash en esa iglesia, venta acá mira si aquí estaba bien chida la tocada del 12 de Diciembre ¿no? Y nos emborrachábamos y uf. Y me dijeron que estaba yo loco. Y dice: Sí estoy loco ¿y qué? ¡Estoy loco por Jesús! Porque yo sé que sí existe, porque yo sé las cosas que hace en la vida de la gente, sí.

 

¿Y sabes qué? Yo te voy a empezar a predicar, y me vale si crees o no crees. ¿Y qué crees? Que muchos me batearon, pero algunos me hicieron caso, algunos no vienen a esta iglesia pero van a otra, y eran bien católicos y bien acá de la virgen, pero bien groseros, bien pelados, bien borrachos, bien mujeriegos, bien todo ¿no? Pero Jesucristo igual, o sea, tuvo un encuentro con ellos y me lo platicaron y dije: Wow, qué padre, no nada más a mí.

 

Después de ese encuentro, pasé así unos años bien animado, bien prendido, pero como todo ser humano se va apagando. Y dije: Ya no siento lo mismo, a veces llego tarde, a veces ya no quiero leer la Biblia; ah porque al principio me la comía. Y yo dije: quiero tener otro encuentro con Jesucristo. ¿Y qué crees? Ahora yo provocaba ese encuentro. Ese día no lo provoqué, ese día Jesucristo llegó a mi vida y ¡pum! Pero ahora yo lo provocaba porque yo lo amaba, ahora yo quería tener más.

 

Y lo bueno de esto es que no puedes tener nada más un solo encuentro, puedes tener y de hecho tu día debe de estar plagado de estos encuentros poderosos con Jesucristo, porque es cuando te empieza a cambiar. Y si tú crees que debes de cambiar otras cosas, dile al Señor que te encuentre de nuevo, dile que salga de nuevo a tu encuentro para que vuelva a cambiar tu vida, para que tu vida tenga un cambio radical y que no seas; bueno que yo decía en aquel tiempo: que ya no quiero ser el mismo pelado de antes, no quiero ser el mismo borracho, no quiero ser el mismo tipo que he sido siempre ¿no?

 

¿Y qué crees? Que Jesucristo volvía a salir a mi encuentro, y me volvía a tocar, y volvía a hacer cosas, y volvía transformando mi vida. Pero ahora yo lo provocaba; primero fue así como Saulo, me llegó y ¡pum! ¿Qué pasó aquí? Eso le pasó a Saulo, así como a mí; pero después yo lo provocaba, después yo lo buscaba. A veces tardaba días, a veces emanas pero siempre ha salido a mi encuentro, siempre que lo he buscado siempre ha salido a mi encuentro.

 

O dime tú mi hermano si algún día tú le has pedido algo a Jesucristo estando en una urgencia y no te ha sacado de la bronca. Siempre lo hace. Y si tengo algo en mi corazón y le digo: ven Señor porque te necesito. ¡Siempre sale! Y a veces tarda, sí, pero ¿qué crees? Que nunca ha sido después de tiempo, siempre ha sido a tiempo, y yo todavía le digo: Oye, tú siempre llegas barriéndote. Pero no importa a través de los años he aprendido que Jesús, que Dios siempre llega a tu rescate, siempre lo hace y nunca te va a dejar.

 

Que tal vez a veces sí a lo mejor ahí rayando pero llega, pero también está probando tu fe, está probando de qué estamos hechos, a ver si de verdad crees en él o solamente lo que quieres es el paro o no, que el Señor te haga ahí fuerte.

 

El Señor quiere irnos moldeando, quiere irnos cambiando, quiere una iglesia diferente, quiere gente convertida. Está bien si no has tenido un encuentro con Jesucristo, no importa; lo puedes tener, lo puedes buscar, o simplemente algún día llega y ¡pum! Lo hace. ¿Cómo te das cuenta cuando Jesús llega a tu vida? Fácil, tú empiezas a cambiar, eso es inevitable. Y hacer el propósito que tú tienes en tu vida, depende de ti, depende de mí no depende de él. Es si queremos o no queremos.

 

En estos encuentros siempre hay un propósito. En mi caso yo te puedo decir que sí cambio mi vida e igual te digo que es padre y es bonito, no tiene nada de malo; pero es también cumplir el propósito. Siempre hay un propósito, todos nosotros tenemos un propósito, y si tú crees que no tienes un propósito en tu vida, si crees que Dios no tiene un propósito contigo ¡estás equivocado!


Creo que es hora de pararnos, de hacer, de movernos, de hecho la Iglesia se está moviendo y a mí esto me emociona mucha porque igual estuvimos un tiempo ahí medio dormidos, sí. Pero ¿qué crees? En este momento Dios quiere que la iglesia se mueva, quiere que Jesucristo salga a tu encuentro, cambiar tu vida y hacer el propósito que él tiene para tu vida, eso es lo que quiere el Señor en este momento.

 

No quiere una iglesia sentada, no quiere una iglesia que nada más esté escuchando, que se esté alimentando. Quiere una iglesia que de fruto, quiere una iglesia que esté dando esos frutos pero ¡no aquí en la iglesia!  ¿Para qué? Aquí en la iglesia todos somos bien chidos. Aquí todos nos amamos, aquí todos nos echamos esquina, aquí todos nos hacemos el paro. Quiere una iglesia allá afuera, quiere una iglesia que esté impactando aquella gente que esté con necesidad.

 

Por esos esas despensas, por eso esa ropa, por eso esas cosas que se están haciendo aquí; porque es el momento que la iglesia se levante y diga: Hey, Ciudad Lago, Bosques, Cuchilla, no sé las demás colonias alrededor; aquí hay una iglesia con el poder de Dios, aquí hay una iglesia donde Dios se mueve, y no nada más en una oración y que sientas muy bonito en la alabanza, que también es bueno.  No, para ir a impactar a aquellos no lo no conocen.

 

Tú ya eres salvo hermano, ¡qué chido, qué bueno! Pero hay millones de gente que están muriendo sin conocer a Dios. Hay millones de gentes que se están muriendo esperando conocerlo. Y se mueren sin esperanza. ¿Cuánta gente no conoces tú que se ha muerto últimamente? Aquellos que no conocen a Dios, aquellos que no han tenido un encuentro con el Señor.

 

¿Sabes? Aquellos que se acercan a  ti y te piden ayuda, y si tú no los has ayudado el Señor te lo va a reclamar. Yo te voy a contar una anécdota que me pasó hace como 2 ó 3 años. Cuando yo tenía el negocio de los inflables yo los ponía los domingos, y tenía una chica ayudándome. Esta muchachilla pues la descubrí robándome y la corrí yo enojado; ah rata, ¡sáquese de aquí!  Al poco tiempo la mataron en una fiesta, y dije: qué bruto soy ¿por qué no le compartí de la Palabra?

 

Y el Señor me dijo: Tú le hubieras compartido, estaba en tus manos, me hubiera conocido, ya hubiera sido de ella si me quiere aceptar o no; pro tú le hubieras dicho. ¿Y sabes? Yo me sentí mal, mal, mal. ¿Qué estamos haciendo? Si tú piensas que tu vida no ha cambiado lo suficiente, si tú piensas que puedes dar más, si tú piensas que Jesús no ha llegado a  tu encuentro, ¿sabes qué? Es el momento que se lo pidas, es el momento para hacerlo.

 

Es el momento en que tú puedas decirle al Señor: quiero cambiar mi vida, quiero ser diferente. De oídas te he conocido nada más, pero ahora quiero vivirte, quiero sentirte, quiero hacer, quiero pararme de mi silla.  No sé si tú tengas ese deseo, no sé si tengas el verdadero deseo de hacer la voluntad de Dios. No es casualidad que tú estés en este momento en esa silla escuchando, ¡el Señor te está llamando!


De hecho yo sé que algunos de ustedes están deseando un verdadero encuentro con Jesús. Tal vez el deseo empieza por cambiar tu vida, pero ese deseo se puede convertir en cambiar la vida de los demás. En que un día que regrese Jesucristo y nos diga. Buen siervo y fiel, pásale, sabes que hiciste mi voluntad. Eso es lo que Jesucristo espera, eso es lo que Jesucristo en este momento está deseando, tener un verdadero encuentro con él. Y si ya lo tuviste qué bueno, vuélvelo a tener. Si no lo has tenido, búscalo.


Cuando Juan estaba exiliado en la isla de Patmos, allá estaba “preso”, y tuvo un encuentro genial, sorprendente con Jesucristo.

 

Apocalipsis 3:20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

 

Jesucristo en este momento está tocando a la puerta de tu vida, de tu corazón; está saliendo al encuentro en tu vida. ¿Sabes? Quiere una iglesia gloriosa, sin mancha, sin arruga; si tú estás escuchando la voz de Dios en este momento, si tú estás escuchando la voz de Jesús en este momento, ¡ábrele la puerta! Tiene cosas maravillosas para tu vida, cosas extraordinarias que tú no te imaginas, tiene cosas sorprendentes.

 

A veces le negamos la entrada, pero este es el momento de abrirle, es el momento para que entre a tu vida. Es el momento para que cene contigo y tú con él; para que haga cambios radicales y no solamente en ti sino también en tu familia en la gente que te rodea. Es el momento para que hagamos verdaderamente la voluntad de Dios. Yo sé que muchos de ustedes lo hacen, qué bueno, gloria a Dios, sigan así.

 

Pero para aquellos que no lo están haciendo, ábrele, es lo mejor que puede pasarte en tu vida, de verdad, no el niegues la entrada. No te digo que van a acabar tus broncas, tus problemas; creo que ahora tengo más broncas que antes. Antes las broncas me valían, ahora no. Pero ¿qué crees? Que no veía la salida para esas broncas, sin embargo ahora sí las tengo, ahora sí tengo la salida. Es mi Padre el que la da.

 

Porque no desde tu corazón le pides al Señor que cambie tu vida, tu corazón, tu mente, tu alma, tu situación; porque no le pies a Jesús que salga a tu encuentro en este momento. Porque no le dices que lo has estado esperando, porque no le dices: ah Señor te he estado buscando desde hace tiempo y no te encontraba. Pero qué bueno que llegas hoy, qué bueno Señor que este día vienes a mi vida y tienes este encuentro conmigo, y me tomas de mi mano y transformas mi corazón, transforma mi pensamiento, transformas mi vida, mi entorno.

 

Gracias Jesús, gracias por ese encuentro, gracias porque te ha placido a ti encontrarnos a nosotros. Gracias porque tú eres bueno. Gracias por esa cruz. Señor tú eres digno de la honra y la gloria, yo te alabo y te bendigo. Y te doy gracias porque pagaste con sangre mi vida, y te doy gracias porque cambias nuestros corazones y nuestro pensamiento. Y te doy gracias por la iglesia que estás haciendo, esa iglesia gloriosa que tú esperas; es esta iglesia Señor.

 

Gracias te doy porque realmente existes y así nos lo haces saber. Gracias por ese encuentro, gracias por tu amor. Gracias Espíritu Santo por moverte en este lugar. Gracias Padre por ser tu hijo, a ti sea dada la honra y la gloria por la eternidad, en el nombre de tu Hijo Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.