INSTITUTO LEVANTARÉ, A.R.

 

EL ESPEJO DEL ALMA

Pastor Chris Quiñonez

Irving Dallas

 

 

¿Cómo están? Buenos días. Buenos días a todos. ¿Cuántos estuvieron aquí estos últimos dos días? Hubo bastantes. Ahora el plan es poder hablar con ustedes acerca de unos temas que se relacionan básicamente con lo que el pastor estaba diciendo estos últimos dos días que estuvimos aquí, espero que este mensaje de hoy les pueda bendecir un poco y ayudar un poco en reconocer la diferencia entre nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu.

 

Bueno, si no me conocían, soy el que traduje ayer y antier para el pastor. Hemos estado caminando en el ministerio juntos casi cinco años ya y ha sido un padre espiritual para mí, me ha guiado en muchas áreas espirituales en mi vida y le doy gracias a Dios por muchos hombres y mujeres que nos pone en nuestras vidas para guiarnos, para mentorarnos, ara ser padres espirituales para nosotros y que en realidad te retan día tras día, tras día te están retando a ser la persona que tú puedes ser. ¿Amén?

 

¿Cuántos le dan gracias por sus pastores que los han guiado en esta iglesia? Y por Jess y Rebeca, Jess con la alabanza y también a todos los líderes que no conozco, también vamos a darle un aplauso a todos los líderes de esta iglesia ¿amén?

 

Le decía a Iván que el pastoreado es bien difícil, yo no sé quién en su mente correcta quiera ser pastor y por eso tiene que hacer un llamado, ¿no? Porque nadie se ofrece. Nadie se quiere ofrecer para ese trabajo, vamos a empezar en 2 Corintios 5 y hoy quiero hablar sobre lo que le llamo el espejo del alma, ¿sí? El espejo del alma, quiero que tengamos esto en mesto mientras estemos escuchando y leyendo estas Escrituras y voy a hablar sobre el espejo del alma.

 

El alma es un espejo y vamos a ver de qué estoy hablando cuando lleguemos a esa parte de la Escritura, pero quiero iniciar aquí en 2 Corintios 5. Este versículo yo creo que es muy importante para nosotros entender cómo nosotros deberíamos de ver a los demás, ¿ok?

 

Ayer y antier nosotros estuvimos viendo que el pastor nos enseñó que somos justificados solamente por la fe basado en lo que dicen las Escrituras que somos salvos por gracia por medio de la fe y no por obras para que nadie se gloríe. ¿Amén?

 

Así que, nosotros hemos sido justificados por la fe, entonces el contexto aquí de lo que vamos a leer es dentro del contexto de la iglesia, dentro del contexto de aquellos que están ya salvos, ¿amén?

 

2 Corintios 5:16-17 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 

 

Lo interesante aquí que Pablo está mencionando es que, no nos conocemos basados en la carne, de manera que de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne, no conocemos a nadie según la carne, ahora esto suena un poco raro, ¿verdad? Porque casi siempre cuando tú conoces a alguien estás viendo su carne.

 

Cuando conoces a alguien lo primero que ves es la carne, no ves el interior de la persona, cuando tú vas por la plaza, cuando tú conoces a alguien no estás viendo el espíritu de la persona sino tú ves la carne, pero aquí Pablo enseña que ya no nos conocemos así.

 

Ahora, esto es un reto para cualquier ser humano, porque el ver la carne es bien fácil, y el ver la carne es lo que naturalmente se nos viene. Dicen los científicos que podemos distinguir detalles tan pequeños en el rostro de las personas que así se nos graba en la mente a quien conocemos.

 

Las demás partes del cuerpo casi no se nos graban tanto como la cara de una persona y es interesante que Pablo dice que ya en la carne no conocemos a nadie, y este principio es tan importante porque si tú te fijas solamente en la carne, va a ser bien fácil encontrar los defectos.

 

Si tú solamente te dejas guiar por lo que estás viendo con tus ojos, vas a encontrar detallitos que no te van a gustar, vas a encontrar faltas en las personas; si están casados, de primero se ve muy bien esa persona, luego pasan los años y como que… mmm

 

Y si el amor que tenemos hacia esas personas es un amor “eros” real, que en el griego significa que es un amor solamente para mí, es un amor egoísta, ese amor solamente está basado en lo que quiere la carne, si nosotros nos basamos en eso va a pasar muy poco tiempo para que nos demos cuenta de que la carne y nuestra triste realidad tiene que estar mucho más allá y mucho más profunda de lo que está enfrente de nosotros, de lo que podemos ver.

 

Si nos basamos solamente en eso, la gente nos va a fallar siempre y siempre nosotros vamos a estar fallando. Así que, no conocemos a nadie de acuerdo a la carne. Vamos a ir a Juan 8:1-12 y aquí vamos a ver un ejemplo, el ejemplo más extremo que yo puedo ver en las Escrituras, donde vemos a una mujer adúltera que fue traída a Jesús que fue encontrada en el mismo acto del adulterio. Y quiero que veamos esto juntos:

 

Juan 8:1-11 Y Jesús se fue al monte de los Olivos. 2Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida (digan: sorprendida) en adulterio; y poniéndola en medio, 4le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

 

8E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11Ella dijo: Ninguno, Señor. (Esto es clave) Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

 

Yo quiero que escuches de Jesús estas palabras diciéndote: Yo tampoco te condeno, yo tampoco de condeno, yo no sé en que área de tu vida tú te encuentres en este momento, yo no sé en qué área de tu vida tal vez tú has fallado, no sé que tan profunda sea la depresión o el pecado en el cual tú te has encontrado, pero quiero que tú escuches directamente de Jesús decir estas palabras: yo no te condeno, yo no te condeno, yo no te condeno, escucha esto en tu corazón: yo no te condeno.

 

Jesús aquí cuando le traen los fariseos; yo quiero que ustedes vean la gravedad de lo que está sucediendo aquí y las preguntas que le están haciendo a Jesús y la importancia que esto tiene para nosotros, es que cuando le traen la mujer adúltera a Jesús que fue en el mismo acto de adulterio, se muchos teólogos creen que a la mujer la trajeron desnuda delante de Jesús, se encuentra la mujer delante de Jesús, en el mismo acto de adulterio la trajeron.

 

Y a Jesús le hacen la pregunta. Jesús sabía la ley de Moisés ¿ok? Jesús era un hombre judío, seguía las tradiciones judías, entonces Jesús sabía lo que la ley decía de este tipo de mujer. Y le preguntan a Jesús: Jesús la ley de Moisés nos indica que la tenemos que apedrear hasta la muerte, pero, ¿tú que dices? ¿Tú qué dices, Jesús?

 

Ahora nosotros podemos ver esto, ¿verdad? Y si no entendemos el contexto de lo que está sucediendo en esta Escritura, se nos pasa por la mente el propósito que tenía esa preguntarle esa pregunta a Jesús.

 

¿Tú que dices que hagamos? Porque lo que están diciendo aquí es que, Jerusalén durante este tiempo de Jesús está bajo el imperio romano, está siendo operando por el imperio romano y los judíos en realidad no tiene autoridad como gobierno amatar a nadie.

 

Es decir que las gentes dentro de Jerusalén en este tiempo, están viviendo dentro de una provincia romana y porque es una provincia romana otras tribus, religiones, los judíos o cualquier otra religión no podían traer juicio a una provincia romana, si alguien iba a traer el juicio eran los romanos, porque era su gobierno.

 

Entonces cuando le preguntan a Jesús: la ley de Moisés dice que la apedreemos, ¿tú que dices? Aquí es una trampa, es una trampa, es una trampa. Porque si Jesús dice: no, no la apedreen, entonces está quebrando la ley de Moisés y ahora tiene algo de que culpar a Jesús.

 

Pero si dice: si, vamos a apedrearla, se convierte en un crimen de Roma, en un criminal de Roma, por lo cual ahora pueden acusarlo con los romanos y decirle: el causo la muerte de la mujer. ¿Si ven?

 

Así que, si responde que sí, le va mal, pero si le responde que no, le va mal también. ¿Tú que harías? Porque si responde que si la apedreen, entonces a Jesús lo matan antes de tiempo y no puede finalizar su trabajo aquí. ¿Sí ven la pregunta, el significado, el peso que tiene la pregunta que le hacen a Jesús?

 

Y lo más interesante que a mí se me hace de esta historia es que Jesús en vez de responder empieza a escribir en el piso. Jesús siempre responde bien raro, ¿verdad? Vimos la otra vez que vienen los griegos, dijo el pastor, que vienen los griegos y le hacen una preguntan a Jesús, y empieza con un poema Jesús. Siempre usa respuestas bien raras nuestro Dios.

 

No sé si ustedes han tenido oraciones como: Señor, úsame, Señor úsame. Y luego te ponen a barrer. ¿Qué onda con esto? O a limpiar los baños. Señor úsame, pero no en esto. Y luego te ponen a llevar a gente o a recoger a gente en el autobús, y ¿pero por qué esto? Y siempre como que el proceso, es bien difícil porque el proceso en realidad es como un lugar que te incomoda.

 

Y siempre recibimos la promesa como Abraham la recibió pero pasan 24 años de proceso y a nadie le gusta ese proceso. A nadie le gusta ese proceso. Sin embrago, yo tengo una teoría: que el proceso es mucho más importante que la promesa. El proceso es mucho más importante.

 

El proceso es el que te va a moldear, haciendo una mejor persona, ya cuando llegaste al final, ya es como que: pasaste todo el proceso y como que valoras el proceso más, porque ¿qué crees? Ahora hay otra meta y empezar otro proceso. La promesa es buena y la promesa es el punto final.

 

El proceso es lo que en realidad trae el carácter fuerte en la persona, trae el carácter que te establece en Cristo y el proceso es algo que se hace muchas veces a escondidas, cuando nadie te ve. Aquí no es el proceso. Aquí todos se ven bien, viene a la iglesia, sonríen, hermano, todo bien, gloria a Dios, esto el otro, se meten al carro, y te dije, ¿por qué estás hablando así? O ¿por qué quieres burritos otra vez? Ahora quiero ser americano. (Eso nadie lo ha dicho en México, eh, ni en los Estados Unidos decimos eso).

 

Pero venimos a la iglesia y a veces pensamos: el ir a la iglesia es suficiente. Pero el proceso en realidad es donde se empieza a pulir uno. Y el pulir cala, el pulir duele, el pulir es incómodo, el pulir va a sacar lo peor de ti. Va a sacar lo peor de ti.

 

Y vemos que en esta historia Jesús está entre mal y mal. Si responde que sí, le va mal, si responde que no, le va mal. Ahora, algo que notar es que en esta historia si alguien tiene el derecho a apedrear a esta mujer, es Jesús. Cuando Jesús escribe en el piso, luego que se para, les dice a los hombres: aquél que esté sin pecado que tire la primera piedra.

 

Yo me imagino esto, ahora, yo tengo una imaginación bastante grande y lo que no está en las Escrituras yo me lo puedo imaginar, así es mi regla: si no está en las Escrituras, mientras no sea contrario, yo me puedo imaginar lo que me dé la gana de las Escrituras, que pasa entre las líneas.

 

No sé si ustedes han hecho eso, ¿verdad? Por ejemplo, tengo una teoría, se las voy a decir de volada, que cuando Jesús da los latigazos, ¿si se acuerdan? Que da los latigazos en el templo y que los saca a todos, dicen las Escrituras que hizo una cuerda, que hizo Él la misma soga, ¿si lo han notado? Que Él mismo la hizo, eso toma tiempo. Dice que hizo una soga y los golpeó a todos.

 

Ahora, yo pienso, mi imaginación es: que Jesús estaba así en la esquina del templo y empieza a hacer una soga y mientras que la empieza a hacer está viendo a cuántos les va a pegar. Así como que: a ese, a ti también, a ti también, y también a ti. Porque dice la Escritura que la hizo. Ahora yo sé que era Dios, pero tampoco dice: y se apareció la soga. La hizo.

 

Esa es una de mis imaginaciones, ¿verdad? Ésta es otra, con esta Escritura es otra. Yo tengo la imaginación, si están aquí de visita, por favor, perdónenme, pero esta es mi imaginación: yo creo que cuando a Jesús le traen esta mujer y escribe en el piso, yo creo que Jesús levantó una piedra en su mano, esa es mi imaginación, yo creo que cuando Jesús empezó a escribir en el piso y estaba viendo a éstos ¿verdad? Y agarró una piedra, así, y les hace la pregunta, si alguno de ustedes está sin pecado, tire la primera piedra.

 

Pero, ¿quién la va a tirar? ¿quién va a tirar la piedra? Y otra vez baja y empieza a escribir. Imagínense el hombro de Dios, si aquellos que tiran bien rápido a 98 millas por hora, imagínense, ¡es Dios! Este es el brazo fuerte encarnado. Y tiene una piedra en la mano, y tú te puedes imaginar que aquí están estos fariseos delante de Él y tiene la piedra detrás, ¿verdad? La tiene como escondida y hace la pregunta: ¿quién la va a tirar?

 

¿Quién va a tirar la primera piedra? ¿Quién va a tirar esa piedra? Y me imagino que si alguno de ellos en ese momento hubieran tratado de levantar una piedra, me imagino que ahí mismo hubieran caído muertos de otra. Ahora esto no está en la historia, lo digo otra vez, es mi imaginación, déjenme imaginar.

 

Pero esto es importante, porque lo que Jesús hace aquí es algo increíble, es que cuando Él les hace esa pregunta: ¿cuál de ustedes está sin pecado? Aquél de ustedes que esté sin pecado, tire la primera piedra, en realidad lo que les acaba de responder. Denle vuelo, denle vuelo, tiren la piedra, pero, ¿quién lo va a hacer?

 

Tiren la piedra, apedréenla, pero, ¿quién de ustedes lo va a hacer? Ahora las Escrituras no nos dicen qué es lo que Jesús escribió en el piso pero, yo me puedo imaginar, otra vez, basado en las Escrituras, en el Antiguo Testamento encontramos una escena donde Dios con su propio dedo está escribiendo en tablas, en el monte Sinahí y veo en mi mente un paralelo.

 

Donde aquí encontramos otra vez, Dios mismo escribiendo en la tierra, con su propio dedo y yo me imagino cuando Jesús estaba escribiendo cosas en el piso, en el corazón de cada uno de los fariseos, estaban recordando el pecado de sí mismos. Porque la ley cuando fue escrita, aunque la ley era perfecta aunque la ley era santa, jamás podía limpiar al individuo.

 

La ley servía como un espejo, la ley te puede demostrar que tan sucio estás, pero no te puede limpiar, tú te ves en el espejo y dices: ay, me manché la camisa, pero el espejo en sí no tiene la capacidad de limpiarte, solamente te puede mostrar la suciedad que tienes.

 

Y yo me imagino que cuando Jesús está escribiendo estas palabras ahí, estos hombres fariseos en su corazón empiezan a recordar las fallas y los pecados que ellos habían cometido basado en la ley porque recuerden que le mencionan a Jesús: basado en la ley de Moisés nos dicen que apedreemos a este tipo de mujer.

 

Entonces Jesús lo que hace es: ok, van a utilizar la ley de Moisés, ¿acaso se les ha olvidado? Que si van a tratar de mantener la ley de Moisés hay que mantenerla toda, porque si en una parte de la ley, ustedes fallan han fallado en toda. 635 mandamientos que encontramos en la ley de Moisés, 635 mandamientos, si quiebras uno, la quiebras toda.

 

Entonces aquí Jesús lo que está haciendo es preguntarles: ¿quién va a tirar la piedra? ¿Quién va a presionar para activar la ley? ¿Quién va a presionar ese botón?  Para activar la ley en la vida de la otra persona. ¿Quién va activar la ley del juicio hacia otra persona? ¿Quién lo va a hacer de entre ustedes?

 

Porque al momento que tú presionas ese botón, al momento que tú presionas para la ley y quieres activar la ley para la vida de la persona que está cerca de ti, por las fallas, por los errores que ellos han cometido, al momento de presionar ese botón, tú, automáticamente te estás activando la ley para ti mismo y pobre de ti que te encuentres culpable. Están muy callados.

 

Entonces están recordando: yo me acuerdo cuando presioné ese botón, ¡chin! Me fue muy mal. ¿Cuántos hemos hecho eso? Yo lo he hecho, yo lo he hecho, yo sé que lo hacemos. Porque en lo natural, la carne es débil, lo primero que vemos es la carne y lo primero que analizamos es la carne y la primera falta que vemos es en la carne.

 

Pero aquí Jesús va más allá: si tú vas a presionar ese botón, vale más que estés listo al responder a la ley. La ley es débil por causa de la carne, la ley no se puede cumplir por causa de la carne, y Pablo dice: no conocemos a nadie ya basado en la carne, ya estoy empezando eh, vamos a seguirle aquí.

 

¿Están bien? ¿Si van conmigo? Vamos a seguirle. Romanos 7:14. Quiero cambiarle un poco, quería establecer ese principio que basado en eso, vamos a girar a lo siguiente: Romanos 7:14, yo sé que con el pastor leímos parte de este capítulo, pero quiero recalcarlo con ustedes desde otro ángulo. No que el del pastor estaba mal. ¿Cuántos disfrutaron las predicaciones del pastor? ¿Amén? Siempre te retan, ¿no? Siempre hay un reto increíble. Vamos a ver:

 

Romanos 7:14-19 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. (Pablo aquí está hablando una realidad: que hay pecado. Hay pecado, el pecado existe, el pecado existe, ¿ok? Eso es importante.) 15Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. (¿Cuántos de ustedes se pueden identificar? Siempre hay ese taco extra que no me quiero comer, pero lo hago de todas maneras.) 16Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 

 

Ahora, ¿Pablo está diciendo que practica el mal? No es una trampa esta pregunta, ¿ustedes que dicen? Es lo que acaba de decir, Pablo el apóstol de los gentiles, Pablo, ¡San Pablo! Pablo: esto mejor lo hubieras dejado fuera de la Biblia, esto mejor no lo hubieras escrito. ¡Qué atrevido, eh! Esto nos debería de enseñar algo de nosotros mismos. Nos debería de enseñar algo de nosotros mismos.

 

Si el apóstol, nuestro apóstol, el apóstol de los gentiles, es capaz de hablar así, no sé cómo nosotros a veces actuamos bien santos, eh, si el santo, yo creo que el más santo de los cristianos para nosotros puede hablar así, yo creo que si, nos debería de abrir un poco la mente, ¿no?

 

Dice: eso practico, y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hago, sino el pecado que habita en mí. Y esto el pastor, los que no estuvieron aquí dijo: este es el mejor versículo que hubiera podido aprender de niño, porque así cuando hiciera algo mal, él podría decirle a su mama´: mamá, no soy yo, sino es el pecado que habita en mí.

 

Es una buena excusa ¿no? Es bíblica. Chavos, aprovéchenla. Porque no creo que tus papás vayan a decir: no, no, estás mal. Má, está en la Biblia. ¿Qué vas a hacer? Cuidado papás, eh.

 

Romanos 7:22-23 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23pero veo otra ley en mis miembros, (de mi cuerpo ¿ok? Entonces aquí vemos dos leyes: la ley del hombre interior que es la ley del espíritu y luego vemos la ley que está en los miembros, en el cuerpo, en la carne. ¿Ok?) que se rebela contra (escuchen bien: que hace guerra) la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

 

Que guerrea contra le y le mi mente, Pablo introduce la tercera ley: la ley de la mente. Así que, está su cuerpo y ahora habla sobre la ley de la mente, el cuerpo es pecaminoso, el cuerpo es donde practica el pecado, el cuerpo es el que está más sucio de todos. El cuerpo está tratando de tomar posesión del alma. ¿Verdad?

 

Romanos 7:24 ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Wow, ¿cuántos nos hemos sentido así? ¿Cuántos han sentido cuando la riegan, o cuando fallan o cuando cayeron en algún pecado, a poco no te cala? ¿A poco no sientes el peso del pecado sobre ti? Dice las Escrituras que la paga del pecado es la muerte.

 

Al momento que tú pecas, algo sucede en donde un peso viene sobre ti y esto es donde tú ves lo que Pablo está hablando, que la ley del cuerpo, la ley que se encuentra en la carnalidad, en lo físico está guerreando contra ley de mi mente. Vamos a ver cómo responde Pablo, es como si recordara de repente Pablo, así como que, ¡ah! Me acabo de acordar de algo.

 

Romanos 7:25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado.

 

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 

 

Espíritu. Así que, aquí Pablo menciona que la carne está tratando de infiltrar la mente e influenciar al espíritu y el espíritu está guerreando y tratando de controlar la mente y la mente también está tratando de controlar la carne.

 

Así que, la carne está luchando para acá, y el espíritu para acá, y donde todo sucede es en la mente, en la ley del alma, porque aquí en el alma es donde se encuentran estas tres cosas: tu mente, tu voluntad y tus emociones. Tu mente, tu voluntad y tus emociones. Si me escucharon, díganlo conmigo: tu mente, tu voluntad y tus emociones.

 

Este es el área de tu alma, tu alma está compuesta por estas cosas: tu mente, tu voluntad y tus emociones, me encanta que Pablo en el versículo 1 dice que no hay aquí condenación. Fíjate, el pecado influencia al alma a través de la condenación.

 

Cuando tú pecas, lo que sucede es que en tu alma, si tú eres religioso, lo digo ligeramente, si tú eres religioso, alguien que ha sido influenciado por religión toda su vida, lo primero que sucede es que tu mente entra en condenación, en cuanto fallas o haces cualquier cosa, que tal vez la riegues, ¿verdad? Tu mente automáticamente: ¡chin! Soy un pecador, soy un ratero, en el caso de la mujer: soy adúltera.

 

En cuanto tu pecas, lo que sucede es que das permiso a que el cuerpo empiece a influenciar tu alma y en tu alma se encuentran, ¿qué?  Tu mente, tu voluntad y tus emociones. Pero aquí Pablo dice: no hay condenación para aquellos que andan en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino que andan conforme al espíritu.

 

Romanos 8:2-4 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4para que la justicia.

 

Escuchen bien: el requisito de la ley, ¿qué es el requisito de la ley? El requisito de la ley era mantenerla toda para ser justificado, ese era el requisito de la ley. La meta de la ley era que la persona fuera justificada, pero tenían que mantener la ley, si no mantenían la ley no podían ser justificado, no podían ser justificados.

 

Es por eso que Pablo dice: no hay ni uno justo, ni uno solo. Pablo que era fariseo de los fariseos, que estudió con el sanedrín y con Gamaliel, los mejores de los mejores cuando se veía la teología de los fariseos. Él sabía quiénes eran esos sacerdotes y él sabía porque lo había visto de mano de ellos.

 

No había ni un justo entre ellos. Para que el requisito de la ley se cumpliera entre nosotros, es decir, que la ley de la justicia de Dios se pudiera cumplir dentro de ti, Cristo descendió de los cielos, se hizo hombre para poder salvar tu alma y por causa de lo que Él hizo, tú eres justificado. No por tus propias obras, sino por lo que Jesús hizo en la cruz.

 

Jesús lo llevo todo a la cruz, Jesús te mantiene salvo, te hizo salvo, te va a mantener salvo hasta ser glorificado por causa de Jesús y nada de lo que tú hagas o pudiste hacer pudo justificarse delante de Dios. Nada.

 

Este es el evangelio: que Cristo vivió una vida sin pecado, dicen las Escrituras que Cristo murió y fue enterrado en una tumba pero al tercer día, Cristo resucitó de los muertos y ascendió al Padre y ahora está a la diestra del Padre haciendo intercesión por nosotros.

 

Dicen las Escrituras que tenemos abogado con Dios en Cristo Jesús. ¿Qué es lo primero que te dice un abogado cuando estás en problemas? Calla tu boca. No hables. Porque los abogados saben que a veces somos bien bobos. Y que a veces decimos detalles de la historia y especialmente somos bien elegantes con nuestras palabras, sacamos demasiado un chisme y a veces y terminamos viéndonos peor que cuando empezamos.

 

Y acá en los Estados Unidos es la primera cosa que te dicen los abogados: tú no hables, para eso me contrataste. Y las Escrituras dicen que tenemos un abogado con Cristo Jesús. así que, para de hablar y deja que Él interceda por ti. Cuando se trata de tu pecado lo único que tú tienes que confesar es a Cristo Jesús como tu Señor y Salvador.

 

Y deja que Él y la sangre de Él trate con el pecado en tu vida. Vamos a ver aún más, ¿ok? Porque lo interesante que Pablo menciona aquí es que Pablo mismo está hablando de ciertas realidades que hay una ley del pecado que se encuentra en mis miembros y esa ley está guerreando contra ley de Dios y la guerra sucede en mi mente, en el ama.

 

Y ahí está nuestra mente, nuestra voluntad y nuestras emociones. Porque si todo se tratara de simplemente ser salvo para ir al cielo, al momento de ser salvo, moriríamos todos. Señor, ¿para qué me salvaste? Si aquí estoy pasando ya veinte años salvo y parece que hay problema, tras problema, tras problema y todos dicen: tu vida será mucho mejor cuando te entregues a Jesús. Pero luego te entregas y viene los problemas.

 

Y las demás misiones evangelísticas son: entrégate a Jesús, te va a dar toda la paz del mundo. Y en ellos, ¿verdad? Porque nosotros sabemos que la paz es algo espiritual, pero lo que ellos piensan es que la paz es material.

 

Así que lo que sucede es que la gente se entrega, esperando tener una vida mejor, una vida de paz, mejorando en los problemas, todo eso. Y luego cuando llegan al cristianismo se dan cuenta que la vida continua. Y que aquél que siempre te estaba molestando en el trabajo sigue igual, molestando. Sigue oliendo feo, no se peina.

 

Llegas a tu casa después de ser salvo y le dices a tu mujer que conociste a Jesús como Señor y Salvador y te mira como que te lavaron el coco y ya no te quiere ni cocinar. No lo digo por experiencia. Se los prometo.

 

Pero, ¿por qué la vida es así, no? ¿Por qué Dios lo tuvo que hacer tan difícil? A veces es nuestro pensar. ¿Por qué si Dios me salvó sigo batallando con estas cosas? Y la razón es porque es el trabajo de tu alma el conquistar tu cuerpo. ¿Ves?

 

Al momento de ser justificado, que es de lo que estuvo hablando el pastor estos dos últimos días, tratando específicamente con la justificación; la justificación es solamente el inicio a tu salvación. Es verdad que somos justificados de una vez para siempre al momento de poner nuestra fe en Cristo Jesús y nada más que eso nos justifica.

 

Al momento que eso sucede el sello del Espíritu Santo está impreso en tu espíritu. Y en el espíritu se encuentra la semilla de Dios que las Escrituras le llaman: la semilla incorrumpible. Entonces tu espíritu al momento de ser justificado, es completamente santo, completamente, no 50%, no 60%. 100% santificado tu espíritu. El sello del Espíritu Santo es eterno.

 

Dicen las Escrituras que nadie, dice Dios nadie tengo en mi mano que me lo puedan arrebatar, a nadie. Pero luego después de ser justificado, vienen unos días después y te das cuenta: todavía tengo que lidiar con muchos problemas.

 

Fuiste justificado en tu espíritu significa que tal vez no estés batallando en ciertas áreas de tu vida y muchos yo creo que se pueden identificar con eso. De hecho, yo tengo la teoría de que si usted está aquí ahorita es porque muchos siguen lidiando con estas cosas. Porque van a seguir lidiando con ellas hasta la muerte. Esta es la segunda parte de la salvación, que se llama santificación.

 

Y la santificación es el proceso, la santificación es ese proceso del que hablamos. Entras justificado, pero luego sucede que hay un proceso en tu vida. Este proceso es la santificación. Y lo que sucede es que, en tu mente, tu voluntad y tus emociones aquí ya es la guerra.

 

Ahora vamos a ver una manera práctica de ver esto, ¿ok? ¿Ustedes si han tenido este problema? Donde tu espíritu ya siendo justificado hay algo dentro de ti; tu intuición. La intuición dentro de uno que se encuentra en el espíritu empieza a influenciar santidad en tu mente y en tu carne.

 

Fíjate, al momento de ser justificado, antes te gustaba robar, vamos a decir que eras un ratero, ¿verdad? Eras un ratero que te robas hasta los chicles, aunque tuvieras en tu bolsillo. Tú te robas las cosas no porque necesitas las cosas, sino que lo haces de hábito.

 

Y me encanta lo que el pastor dice. Él dice que todos al momento de nacer nacemos con todas las capacidades de pecar. Es decir, al nacimiento tú ya eres ratero, eres homosexual, eras adúltero, eras pecador de pecadores, no tuviste que hacer nada, simplemente naciste pecador. Entonces lo que sucede es que cuando vienes a Cristo, tienes un encuentro con Dios y luego si eres ratero, vas a la tienda y ves esos chicles que siempre te robabas. Y haz de cuenta que tú ves los chicles ¿verdad? Y esta vez, la piensas dos veces.

 

Ya no es igual, porque algo ha sucedido en tu espíritu, y lo que sucede es que tú ves los chicles como que: ah, caray, ¿por qué me siento así? Nunca había sentido esto en mí. (Y así no pensamos ¿verdad?) Pero en el momento es como que: ¿cómo que no estoy agarrando nada de volada y metiéndomelo)

 

¿Por qué como que no me los estoy robando? Si antes no me importaba, ¿por qué ahora estoy sintiendo una inquietud a no hacerlo? Esta es la influencia del espíritu, ¿ves? El espíritu que ya ha sido santificado se llama Espíritu Santo.

 

Así que, el trabajo del Espíritu Santo es promover santidad, o sea el Espíritu Santo que vive dentro de ti que ya fue sellado con tu espíritu está influenciando tu alma para que tu mente, voluntad y emociones empiecen a cambiar cuando se tratan de los chicles.

 

¿Ves? Tu mente, voluntad y emociones empiezan a cambiar. ¿Por qué como que ya no se me antojan? ¿Por qué estoy pensando tanto en a lo mejor no tomarlos? No los necesito, antes el sentimiento era: me los voy a robar, los quiero robar. Pero ahora el sentimiento es: no los necesito. Y el Espíritu Santo que está influenciando tu mente y tu mente es donde haces tus decisiones porque aquí está la voluntad.

 

Y la voluntad de uno ahora es, que el Espíritu Santo está influenciando la voluntad de uno, y esa santidad no permite que la carne actúe como quiera actuar. Y lo que sucede es que ahora tu menta está siendo controlado porque tu alma está reflejando o que hay en lo interior, que es el Espíritu Santo.

 

Y aquí es donde vengo con el ejemplo del espejo del alma, porque yo estoy convencido que el alma es como un espejo. El alma es como un espejo en esta manera: el espejo tiene una función: es como reflejar lo que está delante de él, reflejar lo que está delante de él. ¿Ok?

 

Así que, si el alma es un espejo, cuando tu mente, tu voluntad y tus emociones están ocupadas en las cosas de Dios es porque tu alma está reflejando la santidad que está dentro de ti. ¿Si? Cuando tú empiezas a leer las Escrituras, empiezas a leer los evangelios, empiezas a leer las cartas de Pablo lo que sucede es que en tu mente está sucediendo una renovación, tu mente está siendo lavada con el agua del Espíritu Santo y lo que sucede es que tu mente, tu voluntad y tus emociones se empiezan a alinear con el Espíritu Santo que está dentro de ti y en esos momentos tu alma está reflejando santidad.

 

Entonces lo que sucede aquí es que tu alma está reflejando santidad y ahora en tu cuerpo ya no quieres robar los chicles, ¿ves? En tu cuerpo ese pecado que antes hacías tan frecuente de repente como que ya no tienes ganas de hacerlo, y esta es la función del alma, es que está reflejando la santidad de Espíritu Santo que hay dentro de ti.

 

Pero lo que sucede es que el alma como es un espejo, también puede cambiar de posición, porque el espejo refleja lo que tú tienes delante de ti. Si vienes a Cristo, eres justificado y ahora estás siendo influenciado por el Espíritu, lo que sucede es que al pasar el tiempo, cuando tú empiezas a negar las cosas de Dios en el espíritu, cuando tú empiezas a no ponerle tanta atención a las Escrituras como lo hacías antes, de repente como que los milagros ya no te atraen como antes, ya de repente orar ya no me interesa, ya no quiero evangelizar porque esta aburrido y ya nadie se entrega.

 

Ya no quiero hacer esto porque no veo el fruto. Y lo que sucede es que tu alma empieza a cambiar de posición y lo que sucede es que tu alma de repente empieza a girar hacia la carne. Ahora, tu espíritu sigue siendo santo, el espíritu sigue reflejando lo mismo porque del espíritu sale toda luz, todo el espíritu es luz.

 

Así que, el espíritu sigue dándote luz, pero como tu espejo es el alma, empiezas a moverlo y ahora lo que empieza a suceder es que encontramos a cristianos que son cristianos y que tienen al Espíritu Santo en ellos pero huelen a carne. ¿Sí? Lo que sucede es que usted ve a cristianos que siguen en pecado. Que siguen en las mismas cosas.

 

Y lo estoy diciendo ligeramente porque nuestro trabajo es no ver esas, pero eso es lo que vemos en lo natural y eso lo vemos todo el tiempo, que usted ve que están bien apasionados por Dios, pasa un año y como que ya nada les interesa, o tiene influencias en la escuela o con los amigos del trabajo y ya no les interesas la santidad.

 

Y lo que sucede es que en su espíritu aún siguen siendo santos, pero su alma está reflejando la carne donde está su mente, su alma y sus emociones. Ahora, todos piensan en la carne: ¿que vamos a comer?, ¿con quién vamos a dormir, a quién vamos a robar?, ¿qué más vamos a hacer? Todo eso.

 

Porque su alma ahora está siendo ocupada e infiltrada por la carne, porque es ahí donde tú le estás dando tu voluntad, tus emociones. Y es por eso que vemos a tantos cristianos, que, como digo: huelen a carne. Usted los ve y no puede decir si son cristianos o no. Cualquier persona que los vea, no dice: ah, él es cristiano, algo tiene dentro de él, hay santidad en él, hay algo en él que me atrae.

 

El Espíritu Santo atrae a las personas, pero sucede que están reflejando la carne. Cuando alguien, escúchenme bien, cuando alguien cae en pecado; cuando tú caigas en algún error es importante que tú sepas esta verdad: alguien tiene que pagar. Porque el diablo las va a cobrar. Alguien tiene que pagar la deuda.

 

Al momento en que nosotros abrimos nuestra alma; nuestra mente, voluntad y emociones, al momento en que nosotros recibimos el beneficio de la carne, el placer que sea, porque hay un beneficio, hay un beneficio. Tu recibes el beneficio de la lujuria, tú recibes el beneficio del placer instantáneo, tú recibes el beneficio del robo, al momento en que tu recibes el beneficio, se te tiene que cobrar. ¿Amén? ¿Aún me quieren?

 

Miren les estoy hablando de esto, porque yo no entendía esta verdad y siempre me hacía bolas cuando se trataba de cómo tratar con el pecado y yo no entendía cómo hacerlo y yo lo que pensaba es igual que Pablo: miserable de mí. Si yo veo que gente, pastores, líderes, que yo conozco tanto de ellos. Si yo veo que fallan, ¿yo qué chance tengo de hacerle? ¿Yo que oportunidad tengo de hacer un mejor trabajo que ellos?

 

Recuerden esto: al momento de que tú tomas el beneficio del pecado, alguien tiene que pagar el precio. Sucede una transacción y alguien tiene que pagar. Y hay solamente dos cosas que pueden pagar eso. Dicen las Escrituras que la paga del pecado es muerte. ¿Sí? Todos digan esto conmigo: la paga del pecado es muerte.

 

Alguien va a pagar el precio y el cobro es la muerte, lo que sucede cuando tu pecas, es que cuando tú recibes ese beneficio, ahora tu mente, voluntad y emociones (si tú eres el que la vas a pagar) tu mente, tu voluntad y tus emociones ahora van a estar ocupados en ese pecado. ¿Cómo?

 

Miren esto: vamos a decir que tú fallas en el adulterio, ¿verdad? Fallas en el adulterio y al momento en que tu adulteras, lo que sucede es que tu mente, voluntad y emociones, algo cambia. Porque se tiene que cobrar. Ahora tu mente cuando regresas con tu esposa, está en lo que hiciste. En tu mente ya no puedes pensar bien, porque tu mente ahora está siendo influenciada por la carne, ni puedes pensar bien. Ya no sientes como demostrándole ese amor a tu esposa. ¿Ves?

 

Y en tu voluntad: ay, ¿sabes qué? Como que ya no quiero ir a la iglesia; por causa de la condenación que te causó ese pecado. El pecado tiene ese efecto porque el diablo viene a matar, robar y destruir. Y lo que sucede es que cuando tú pecas, él va a matar tu mente, tu voluntad y emociones, él va a robar tu mente, tu voluntad y emociones, y él va tratar de destruir tu mente, tu voluntad y emociones también.

 

Y al momento en que ese beneficio es tomado, alguien va a pagar, así que, ¿quién va a pagar? ¿Vas a pagar tú? Porque si tú eres el que va a pagar por el pecado, vas a seguir en pecado, porque tú no tienes lo suficiente para pagar, es por eso que cuesta la muerte, es por eso que cuesta la muerte.

 

Entonces si la paga del pecado es la muerte y tú no vas a pagar, el único que puede pagar es Cristo Jesús, la sangre de Cristo Jesús es lo único que puede pagar el pecado que tú le debes a satanás. Hay una deuda y se tiene que pagar. ¿Amén? ¿todavía me quieren o no? Los veo muy callados, eh. Todos están contando así como: ¿cuánto le debo? ¿Cuánto le debo?

 

Algo que me encanta de Jesús es que cuando nosotros vemos a Jesús en la cruz; Jesús antes de entregar su espíritu usa esta frase que en el griego es: telestai. Telestai significa: consumado es. ¿Si han escuchado eso? Cuando Jesús está en la cruz y entrega su alma al Padre, que en realidad es el acto más grande de fe que vemos en Cristo Jesús.

 

El decir en ese momento: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, consumado es. Eso es el acto más grande de fe que Jesús pudo tener, porque en ese momento, el Padre estaba soltando toda su ira sobre él. El Padre se había separado de Jesús, y por la primera vez Jesús y el Padre no están en la misma unión, por la primera vez en la historia de la vida de Jesús, Jesús siente la desconexión entre Él y el Padre.

 

Y Jesús está cargando con tu pecado en ese momento y el Padre lo está latigando y el Padre lo está castigando y el Padre lo que ve en Cristo es el culpable. En ese momento Dios le da la espalda a su hijo, en ese momento, Jesucristo, nuestro Señor, nuestro Salvador, es el adúltero, en ese momento Él es el ratero, en ese momento Él es el asesino, en ese momento Jesús es el culpable de todo el pecado, no solamente el tuyo, sino el del mundo entero.

 

¡En ese momento Jesús no está experimentando la paz del Señor! Jesús en ese momento no está viendo la luz, Jesús en ese momento se encuentra en lo más oscuro de los oscuros. Convirtiéndose en la condición del pecado mismo, para que el Padre pudiera desatar toda su ira en este hombre. Porque en este momento no era su hijo, sin embargo vemos que dice: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu.

 

¿Cómo Jesús pudo decir eso si estaba separado de Dios? el acto más grande de Jesús fue decir eso momento de la oscuridad, que en el momento en que Él se convirtió en el pecado mismo tuviera la confianza y la fe decir: Padre, en tus manos, en tus manos, en tus manos encomiendo mi espíritu.

 

Y nosotros sentimos: Jesús no pecó. Nosotros cuando pecamos, la carga que sentimos es porque lo merecemos, porque eso es lo que la carne recibió, su beneficio. Sin embargo, Jesús inocentemente carga nuestro pecado y el pecado del mundo entero en sí mismo.

 

Si nosotros cuando la regamos, lloramos y sentimos depresión y a veces hasta pensamientos de suicidio porque fallamos. Y aquí Jesús que nunca falló decide cargar tu pecado por ti, decide ser convertido en el pecado mismo para que tú jamás seas culpable del pecado de nuevo.

 

Y nuestra estupidez, a veces, de decir: ahora Cristo me liberó, me hizo libre. Pero luego caes en un pecado y te sientes como que: ahora tengo que trabajar, tengo que obrar, tengo que hacer algo, tengo que orar más, tengo que diezmar más, para ser justo delante de Él de nuevo, como si algún día pudieras hacer algo para salvarte.

 

Y no te das cuenta de que escupes a la misma sangre de Cristo al hacerlo. Si Él dio su misma vida por ti, ¿qué derecho tú tienes a culparte de nuevo? Si Cristo no hizo nada para ser convertido en pecado y tú no hiciste nada para ser convertido en la justicia de Dios, sino simplemente Dios lo decidió. ¿Cómo es que ahora tú piensas que puedes hacer algo para ser injusto de nuevo? Si nunca hiciste nada para obtener tu justicia.

 

Cuando Jesús dijo: consumado es, telestai. Esa frase en el griego era una frase financiera, era lo que se escribía en los recibos cuando la deuda era pagada por completo y en el momento de la muerte de Cristo proclama: consuma do es. El precio está pagado por completo. E precio del pecado en tu vida ha sido pagado por completo, por completo. Tú no debes nada.

 

Si te das cuenta que para que el Padre, para que Dios venga y te traiga culpabilidad de pecado, tendría que pisotear toda la sangre de Cristo, su hijo. Para que Dios venga y te trate de meter condenación de pecado, Dios tendría que venir primero y pisotear la sangre de su propio hijo.

 

¿Tú crees que Dios va a hacer eso? Ves que tan mensos somos a veces, que tan egoístas somos al pensar que cuando fallamos vamos a tratar de hacer algo para mejorar. Como si fueras capaz de hacer algo.

 

Dicen las Escrituras: maldito el hombre que confía en el hombre. Maldito el hombre que confía en el hombre, tú eres un hombre y si confías en ti mismo, maldito eres. Porque la peor forma de injusticia es la justicia propia, es le justificarte a ti mismo, ése es el pecado más grande del mundo; no es el ratero, no es el homosexual, no es eso. El peor pecado del mundo es la auto justificación.

 

Al momento en que alguien falla, tú le apuntas el dedo. Al momento que alguien falla, tú dices: gracias Señor porque no me hiciste como él. Al momento donde tú te elevas a una posición donde tú te conviertes en tu propio salvador, allí tu caes muerto.

 

Romanos 5:16-18 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. 17Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 18Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 

 

Así que, Jesús pagó todo el precio por ti, Jesús lo pagó todo. Nosotros en realidad, tenemos que aprender a hacer esto: reinar en esta vida, ¿ok? A reinar en la vida. Dios si te salvo y tu sigues vivo, es para que reines.

 

Miren, yo no sabía reinar en mi vida. Yo batallaba mucho con el pecado y aún sigo batallando en muchas áreas de mi vida que sé que Jesús está trabajando. Y si fuéramos honestos, así somos todos nosotros. No me apunten el dedo tan rápido. Aprendan algo.

 

Pero, lo que sucede es que nosotros reinar en la vida. Ustedes han leído ese versículo que dice: Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores. Yo antes pensaba que cuando decía: Rey de reyes y Señor de señores, se refería a reyes terrenales. Pero en realidad esta Escritura se trata de los santos.

 

Los reyes somos nosotros, los señores somos nosotros, porque cuando entremos en el cielo, tomaremos nuestra corona, dicen las Escrituras que se la entregaremos al Rey de reyes y Señor de Señores. Los reyes no son mundanos, los reyes son cristianos, los señores son cristianos. Tú eres el rey, el sacerdote de tu vida, tú eres el rey, el profeta de tu vida, tú eres el sacerdote de tu vida y si tú decides pensar que eres pecador, eso vas a reflejar.

 

Pero si tú decides que tú eres el espíritu y ese espíritu es Santo, eso es lo que vas a reflejar las cosas del Espíritu. Y la clave para reinar en tu vida si quieres ser rey y quieres ser señor, aquí te va: vamos a leer el versículo 17:

 

Romanos 5:17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida (escuchen bien, aquí está la clave, ¿tú quieres reinar? El apóstol Pablo, tu apóstol, te va a enseñar lo que tienes que hacer, ¿ok? ¿Están listos?) por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 

 

Ok Pablo, ¿Qué tengo que hacer? ¿qué tengo que hacer Pablo? ¿Cuánto tengo que orar? ¿Cuánto tengo que diezmar? Dice Pablo: ¿quieres reinar en tu vida? Recibe la abundancia de la gracia y el don de la justicia. ¿Qué?

 

Recibe la gracia de Dios y recibe la justicia de Dios, ¿quieres reinar en tu vida? Ah, es que tengo que trabajar hermano tengo que orar… No, no, no. Escucha las palabras, esto está en la Biblia y si no estás de acuerdo, rompe esa página, me vale. Pero está en la Biblia.

 

Si quieres reinar en ti vida aprende a hacer dos cosas: a recibir la gracia de Dios y a recibir a justicia de Dios, no tienes que tratar con tu propio esfuerzo. Mira que tan opuesto es a nuestra mente natural. ¿Quieres reinar? Hay que conquistar. ¿Quieres reinar? Hay que hacer esto, hay que hacer lo otro. Hay que salir a evangelizar, hay que hacer todo esto.

 

Sin embargo, la clave que dice Pablo es: recibir la gracia de Dios y recibir la justicia de Dios, porque cuando tú entras al reino de Dios a través de Cristo Jesús tú no eres el esposo, tú eres la novia del cordero y la novia, Dios no quiere que trabaje, Dios quiere que reciba.

 

Lo que sucede es que aquella mujer que vive su vida con un marido, pasan los años y después lo que sucede es que se divorcia por equis razón o tal vez el marido se muere y lo que sucede es que la mujer ahora es soltera, es liberada de la ley que la mantenía a ese marido, ¿verdad? Y ahora tiene el derecho ella a casarse con otro.

 

Entonces lo que sucede es que viene otro hombre, conquista su corazón, se casan y cuando se casan llega la primera mañana ya juntos después de la boda. Y el marido con el que estaba casada anteriormente cada mañana se levantaba y le hacía el almuerzo a su esposo. Todas las mañanas se levantaba y le hacía su almuerzo: su tocino, su huevito, sus chilaquiles. Y cuando se casa de nuevo, ella pienso: ah, me voy a levantar y le voy a hacer su almuerzo, porque eso es lo que yo hacía antes, pero lo que sucede es que cuando ella se levanta y le quiere hacer el almuerzo, el esposo la para y le dice: no chiquita, aquí yo te lo preparo.

 

Pero fíjense, esto es lo que Dios hace con su novia, esto es lo que Jesús quiere que su novia haga: es que aprenda a recibir la gracia de Dios y a recibir la justicia de Dios que ya se la ha dado. Tú no tienes que trabajar chiquita. Aquí te lo doy todo. Miren nada más que tan bien la tenemos.

 

Y lo increíble de esto: hombres, miren, nosotros los hombres somos novias “bro”, ni modo. Nosotros somos novia, somos parte del cuerpo de Cristo. Y nosotros tenemos que aprender a recibir la gracia de Dios y recibir la justicia. Nota que tú no tienes que hacer nada de obras, esto no se trata de obrar, se trata de recibir. ¿Quieres reinar en tu vida? Aprende a recibir, aprende a recibir la gracia de Dios, y para con tus propios esfuerzos y recibe.

 

Sabes que nunca se me va a olvidar, cuando le puse atención a este versículo, me subo al tren para ir al trabajo ahí en Dallas y me acuerdo que estaba en el centro del tren, y leo este versículo y es como que me cayó el veinte, siento que Dios me dijo: aquí está, aquí está lo que has estado buscando, ¿quieres reinar? Aquí está.

 

Y lo que sucedió es que no podía creerlo, y lo leía, lo leía, lo leía y decía: Señor, ¿a poco? ¿A poco esta es la clave? Y no me lo van a creer después de que leí ese versículo, en mi alma y en mi espíritu fíjense que ha sido como ligerito. Ligerito, le decía al pastor: pastor, no me siento como presionado a ministrar, no me siento presionado a hacer nada, me siento como si estuviera en la playa descansando en mi caminar con Dios. Siento como que es un descanso en mi alma, pero aquí adentro siento como una paz.

 

Fíjate, empezar a descansar tanto, que no les miento, fui al doctor a hacerme un chequeo anual y el doctor estaba entrenando a una asistente de doctora y la doctora me dice: Chris, no puedo encontrar tu pulso, dice: lo siento pero está bien lento y yo pues me asusto ¿no? Pues, ¿qué está pasando? Y le digo: pues tómelo otra vez, y me lo toma otra vez y dice: está bien lento, está bien lento y dice: ¿sabes qué? Déjame le hablo al doctor.

 

Así que, le habla a mi doctor y el doctor viene y me tiene que poner un aparato y está tomando la presión del corazón y me dice: Chris, está bien lento. Y le digo; doctor, ya me estoy poniendo nervioso no entiendo porque está tan lento, si siento que me está latiendo muy rápido el corazón, porque me seguía diciendo que estaba bien lento.

 

Y luego le digo: doctor, ¿esto es malo? O ¿qué está pasando? No entiendo. Y me dice: no, de hecho esto es increíble, esto es muy bueno. Dice: esto significa que tu corazón no se está esforzando para nada, esto es como si estuvieras acostado descansando y ni pensé en eso sino que le dije: gracias doctor, ok, bye.

 

Y en el camino a la casa, recuerdo el versículo. Y Dios me recuerda que hay una paz tan grande en mi alma que aún mi cuerpo está empezando a reflejar lo que hay en el espíritu, que aun en lo natural, mi cuerpo empieza a reflejar la paz y el descanso que es ser la novia de Dios. Y le doy gracias a Dios porque ahora vivo una vida de descanso, de paz, donde no estoy conmovido ni por el ministerio ni por lo carnal, me vale gorro.

 

Es como: ¿se te antoja? Ya no sé. Lo único que me ha importado es caminar con mi papá, con mi Padre. He sentido como que he estado caminando simplemente con Él haciendo nada, es como disfrutar simplemente uno del otro. Es más, una vez en el tren, como a las dos semanas, le digo: Dios, Padre, ¿sabes qué? Si yo nunca predico otra vez, bien. Estaría bien, si no predico de nuevo, está bien. Y ¿sabes lo que me dijo el Padre? Chris, si tú no quieres predicar, está bien conmigo también. A mí me importas tú. Y le dije Señor: gracias, tú dime cuándo parar.

 

Cristo pagó el precio para darte una libertad mucho más allá de lo que tú te puedas imaginar. Y yo te reto a que la próxima vez si tú llegas a fallar, yo quiero que tú recuerdes quién tú eres en Cristo Jesús. Es que, eres la justicia de Dios en Cristo Jesús. Cuando tú caigas, cuando tú falles yo quiero que tú te mires al espejo y te digas a sí mismo: soy la justicia de Dios, soy la justicia de Dios en Cristo Jesús.

 

Cuando acabo de fallar, no requiere fe ver mi pecado, pero requiere fe en ese momento el verte al espejo y decir: soy la justicia de Dios en Cristo Jesús. ¿Amén?

 

Yo te pido Espíritu Santo que marques con tu sello el alma de cada uno de los individuos que se encuentra aquí en este momento y te pido Espíritu Santo que tú rodees sus vidas completamente y que reconozcan la paz verdadera que hay en Cristo Jesús, que Padre no importa cuál fue la acción o el hecho que haya sido, Cristo ya fue crucificado y murió por nuestro pecado para que nosotros podamos ser en vez de eso la justicia de Dios aquí en la tierra.

 

Repite esto conmigo: soy la justicia de Dios en Cristo Jesús, repite conmigo: soy la justicia de Dios en Cristo Jesús, soy justificado, soy santificado y voy a ser glorificado en el nombre de Jesús, amén.

 

Dios los bendiga.